Editado.
Padre e hijo caminaban por un sendero oscuro y siniestro. El atardecer se acercaba rápidamente, y las nubes en el cielo cubrían cada rincón solitario haciendo que la luz del día se atenuara. Ranma con tan solo cinco años cargaba una enorme mochila, cansado, exhausto y casi sin aliento por la falta de comida. Genma en las mismas condiciones pero no tan mal como su pequeño hijo. Pero sin duda muy hambriento.
El lugar por el que transitaban era un espeso bosque, lleno de animales peligrosos por lo que Genma prefiero salir de allí rápidamente y acampar en un lugar más seguro. A medida que pasaba el tiempo la poca luz de la tarde se acababa y daba paso a la noche. Genma resignado decide acampar pese al peligro. Sin embargo llega a su nariz un olor exquisito, olor a comida. Esperaba que su cabeza y el bosque escalofriante no le estén jugando una mala broma por que de verdad el hambre lo volvía loco.
Dejo solo a Ranma junto a las mochilas en medio del bosque y entre tropezones y malezas que golpeaban su cara siguió el aroma que se impregnaba en su cerebro. No muy lejos de donde estaba nota entre la oscuridad una fogata. Había un hombre de avanzada edad, tenía el pelo largo y blanco, las arrugas en cara delataban lo viejo que era el hombre. Vestía una túnica gastada y sucia. El viejo hombre estaba preparando su cena. Nota por el rabillo del ojo una cabeza que sobresalía de los matorrales.
Genma observaba al viejo hombre, lo notaba algo escuálido. El hombre de mediana edad dado los días que llevaba sin comer al igual que su hijo, tal vez ya no pensaba con raciocinio pues en su pobre cabeza deseaba asaltar al hombre de edad y robarle su comida. Y claro salto hacia adelante… pero no llego muy lejos. De la manera rápida en la que se acercaba al anciano cruzaron su visión. Genma de pronto se paralizo del miedo. Pudo ver en los ojos del viejo hombre una sed insaciable de sangre. Le causo tanto temor que de pronto sintió como sus piernas ya no respondían.
El hombre mayor observo con curiosidad a Genma mientras revolvía su comida y se llevaba el cucharon a la boca. Dio un una sonrisa alegre al saber que su comida estaba lista. Genma seguía en su lugar mientras el hombre mayor servía un plato de comida. Y en seguida sirvió uno aparte. El anciano le hizo un gesto para que se acercara a él. Genma se sorprendió al volver a sentir sus piernas, y se dirigió al hombre. El anciano podía notar que el hombre que tenía delante tal vez llevaba varios días sin comer. Podía notarlo solo al ver como Genma ansiaba ese plato que tenia es sus manos.
El anciano levanto el plato como para dárselo a Genma, pero cuando lo retiro bruscamente de él. Genma se sorprendió por la brusquedad y egoísmo del anciano, posteriormente hablo.
—La comida es un recurso muy valioso… no puedo simplemente alimentar a un extraño solo por caridad. Si quieres comer debes darme algo a cambio, algo que valores.
Sin embargo Genma no tenía muchas cosas de valor. Solo su tienda, mochilas y otros implementos para acampar y solo tenía a Ranma… Ranma… su hijo. Ciertamente tenía a Ranma como algo importante para él.
—Deme un segundo, enseguida regreso—. Genma corrió por el espeso bosque en busca de su hijo. Cuando llego noto a Ranma dormido sobre las mochilas y con cuidado lo tomo en sus brazos y rápidamente lo llevo.
Cuando regreso con el anciano le dijo.
—El es mi hijo, tiene apenas cinco años, es todo lo que tengo. ¿Lo aceptaría en forma de pago?
Al anciano se le agrandaron los ojos, jamás pensó que le llevarían a un niño. Acepto con gusto, un niño era el mejor ingrediente para llevar a cabo un ritual… y también como comida era una exquisitez. Se había ganado el premio mayor esta noche.
El mundo moderno era cosa y cambio demasiado a través de los años. Sin embargo un contrato era un contrato, y a pesar del tiempo era de las pocas cosas que cambiaban. El anciano tomo una hoja de papel escrito de manera casi ilegible entregándoselo a Genma, pero el hombre de mediana edad no tenía la paciencia por leer estupideces por lo que no le dio importancia.
—Escucha jovencito, el presente contrato asegura que me darás a tu hijo. Si no lo cumples el contrato establecido, no puedo asegurar que tengas una vida tranquila…
—Bien ¿Donde firmo?— No presto atención a las advertencias del anciano, lo único que quería es comer.
El hombre mayor saco de su bolsillo una aguja, sin previo aviso tomo la mano de Genma y se lo clavo en el pulgar sacándolo rápidamente, haciendo que una gota de sangre cayera sobre el papel.
—Con eso es suficiente… ahora puedes comer todo lo que quieras, adelante.
Genma no le tomo mucha importancia a todo lo que paso, solo estaba seguro que podría saciar su hambre. Muy a gusto se servía plato tras plato. Hasta que su barriga no podía soportar más. Ya satisfecho se inclina hacia ante el anciano y se despide de él.
Un poco más tarde el anciano observaba con malicia al infante. Hace tiempo no tenía en sus manos a tal cosa deliciosa. Un niño podía usarse para tantas cosas, le costaba pensar en cómo administrar su actual premio.
El anciano algo excitado, toma al menor y lo acomoda en su regazo, comienza a oler al niño, posa su nariz por el pelo, su emoción es tal que le arranca un mechón de pelo. Aprieta al infante con sus manos y zapatea en el suelo con una gran sonrisa en su rostro.
— ¡Esto es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo! Casi nadie me da un niño en forma de pago. Y andar secuestrando niños a mi edad es algo tortuoso.
Ranma se despierta por el repentino dolor que provenía de su cabeza y el movimiento repentino. Abre sus ojos al darse cuenta al ver a un hombre muy mayor con una cara horripilante. La poca luz que ofrecían las llamas de la fogata hacia ver que la arrugas del viejo pareciese que fuera un demonio.
Muy asustado grita llamando a su padre, intenta moverse pero el agarre del hombre esta tanta que queda inmovilizado.
— ¡Papa! ¡Ayúdame! ¡Papa donde estas!— Ranma grita tan fuerte que sus pequeña garganta no puede más quedando afónico. Intenta no mirar al extraño hombre, pero se le dificulta lograrlo. Ya que el endemoniado hombre comienza a tocarlo en varios puntos de su cuerpo, haciéndolo estremecer de terror. "¿Quién es este anciano? ¿Porque me toca? Tengo miedo… ¿Papa donde estas?"
Lamiendo el cuello del infante se deleita ante el sabor dulce de su piel. Mira detenidamente al pequeño niño, sin duda ansiaba cuanto antes probar y desprender la carne de sus huesos mientras rogaba por su vida. Una persona que sabe que morirá libera una gran cantidad de adrenalina, ese es el elixir que él desea. Pero la edad era un impedimento, sus ciento cincuenta años ye le estaba pasando factura y el sueño se le hizo presente.
—Tal vez mañana pueda comerte. Estoy muy cansado en este momento.
Ranma se le congelo el cuerpo y alma al escuchar al anciano. Por lo que forzó su garganta adolorida a gritar aun más fuerte.
— ¡Papá! ¡Sácame de aquí! ¡Seré un buen hijo y entrenare más!... —el dolor en su garganta es tal que apenas un último susurro logra decir con la voz temblorosa. — Papa por favor…
El anciano algo molesto le toca un punto de presión en la garganta y espalda. Ranma ya no puede gritar ni moverse.
Genma estaba cómodo en su tienda. Planeaba dormir un rato y luego veía que hacer. Estaba a punto de quedarse dormido cuando escucho un grito de puro terror que provenía de algún punto del bosque.
Genma abrió los ojos. — ¡Mierda olvide a Ranma!
Rápidamente salió de su cama y volvió por el mismo camino es busca de su hijo. Antes de estar a rango de visión del anciano, entra en el Umi-senken, de manera sigilosa camina cerca del campamento. Mira como esta Ranma. Pero el niño parece estar bien, solo con la mirada aturdida y sin moverse. Genma se oculta entre las hierbas esperando la oportunidad de recuperar a su hijo.
Una hora más tarde, el viejo hombre se acomoda cerca del fuego quedando dormido. Genma a paso lento camina hacia Ranma tapándole la boca sale disparado en un salto hacia atrás.
Llegando al campamento de Genma. El hombre de mediana edad deja a Ranma el suelo. El niño pregunta que paso. Pero Genma le responde que solo guarde silencio. Genma a pesar de la oscuridad guarda todo en su mochila. Ya conociendo su tienda al revés y derecho fácilmente lo arma y desarma sin problemas.
Con una antorcha improvisada que hace con partes de su ropa caminan rápidamente por el bosque. Horas más tarde, Genma calculando que es lo suficiente lejos, decide descansar.
A la mañana siguiente, el anciano se despierta con una sonrisa en su rostro. El día de hoy sería maravilloso. Y todo gracias al hombre que le llevo al niño.
Aunque de pronto siente la ausencia del menor. Gira la visión donde estaba, causando pánico al viejo hombre. El niño no estaba.
Camina por los alrededores y se da cuenta que los matorrales tienen el olor del hombre de mediana edad. En realidad todo el perímetro, y llega a la conclusión que el hombre regreso por el niño, aunque por extraño que parezca no pudo sentir su presencia.
El no se quedaría de brazos cruzados, lo engañaron. Y había un contrato de por medio, el cual fue roto.
El anciano tranquilamente camina hacia su tienda hurgando entre su mochila saca de allí una pequeña vasija de greda con patrones de algún significado, una seria de botellas de vidrio, velas y fósforos.
En suelo acomoda un manto donde se sentaría con las piernas cruzadas y dejaría la vasija enfrente. Tomando el contrato en sus manos lo observa un momento y sonríe al ver la gota de sangre. Revisa sus bolsillos y toma un mechón de pelo, el cual pertenecía al pequeño Ranma. Luego procede a envolver el mechón de pelo en el contrato formando una bola la cual arroja al interior de la vasija.
Toma uno de las botellas de vidrio y lo vierte sobre la el contrato un liquido rojo pastoso con un olor horrible que incluso el viejo brujo cubre su nariz. Después toma otra botella y arroja un polvo gris lo que pareciera ser pólvora.
Seis velas son puestas alrededor de la vasija, las prende y la sonrisa del viejo se ensancha a tal punto que pareciera un animal, un demonio. Lanzando un grito al aire haciendo que las aves salieran volando a través del espeso bosque asustadas.
— ¡La carne y la vida de sus cuerpos perecerán ante anhelo del ansiado amor! ¡La sangre y el sudor se malgastan ante la espera de la paz! ¡Por más que luchen nada lograra que la calma llegue! ¡Hoy maldigo sus vidas, la paz y la tranquilidad solo lo encontraran es sus sueños!
Después del canto arroja en el interior de la vasija un fosforo. De pronto una llama negra enorme sale. Inmediatamente apagándose, las cenizas de la bola de papel se transforman en una nube negra de moscas que vuelan a través del aire.
El viejo hombre ríe con maldad sabiendo que el hombre que lo engaño sufrirá tanto como su hijo.
Un año después.
En algún bosque del norte de Japón lejos de la civilización Ranma corría por los espesos matorrales cargando un conejo muerto, lo había cazado hace unos minutos como le había enseñado Genma. Hambriento por el día ajetreado de entrenamiento el pequeño Ranma no dispone de mucha paciencia, el cuerpo y sus extremidades le ardían por los duros golpes de su padre. Ahora yacía entremedio del largo pasto escondido de Genma, tenía mucha hambre y no podía darse el gusto de hacer fuego y comer su conejo cocido. Sin esperar más arranca a mordiscos en el cuello al peludo animal, escupe el pelo y continúa su labor.
Paso un año desde el incidente del viejo brujo y desde entonces las cosas para el dúo Saotome parecían ir mal en peor. Ranma había sido vendido nuevamente. El entrenamiento eras aun más rudo y Genma parecía que su cordura cada vez le fallaba más. Cada día le recordaba a Ranma por que entrenaban, y el motivo fue que Ranma debía ser un hombre entre hombres.
Ranma le preguntaba que era ser un verdadero hombre, y Genma corto de palabras hacia que Ranma solo quedara más confuso.
Ranma seguía en su "cena". El sabor de la carne cruda de los animales que cazaba se volvió algo normal y no es porque le gustara, era necesario. Tenía que sobrevivir, pelear por su comida se había vuelto algo cotidiano así como el dolor en el cuerpo, sabía que si el hombre mayor lo encontraba sería el fin de su comida y tendría que pelear y perder e irse a la cama con el estomago vacio, Genma le robaría su cena y le gritaría en la cara lo débil que es y que entrene aun más duro.
Era obvio que siempre tenía la ventaja al ser más grande y fuerte pero aun así el pequeño Ranma luchaba por lo que había conseguido.
Ranma miraba con pena al pequeño animalito que se estaba comiendo, tenía ganas de llorar, quería llorar.
Muchas veces el pequeño Ranma lloraba solo en las noches lo mas lejos de su padre para que no lo ollera, el frio recuerdo en su piel de ser tocado por algún depravado lo dejo marcado, no podía ir decirle a su padre y pedirle que lo abrazara y no lo soltara mas, jamás en la vida, ya que los hombres no lloran, solo una niña débil estúpida mostraría sus sentimientos. Además de recibir una paliza si lo hacía, alguna vez lo conto y le imploro que no lo vendiera, ya que un sujeto intento aprovecharse de él. Pero Genma en vez de pedir perdón y consolarlo, le grito en la cara "¡Debes ser un hombre, defiéndete, date a respetar, para eso te crie y deja llorar como un niña débil y patética!".
Tenía que reprimir sus sentimientos lo mejor posible ante su padre.
—o—o—
Años después…
Una noche antes de dormir su padre le hablo sobre algo, de un entrenamiento que en el que si lo aprendía seria invencible, algo en la mente del pequeño Ranma lo animo, si fuera invencible entonces ya no tendría que seguir siendo atormentado por su padre y no tendría que esconderse para comer, en su mente se veía a sí mismo con un Genma en el suelo derrotado y magullado, Ranma como vencedor burlándose y comiendo hasta saciarse. Había aceptado el entrenamiento que ofrecía el viejo.
Nunca antes les había tenía miedo a los gatos, hasta el día que su padre le hizo a aprender el neko-ken. Días después de la conversación antes de dormir su padre estaba ausente no sabía porque, pero lo supo de todas maneras. Su viejo padre había excavado un poso de unos tres metros de hondo, en el interior se escuchaba el maullidos de cientos de gatos, le dio escalofríos la sensación donde tuvo un mal presentimiento al respecto. Pero nada que hacer, su idiota padre, lo amarro de manos y pies, embetunándolo de pies a cabeza con aceite de pescado, sardinas y salchichas alrededor de su cuerpo y una soga en sus pies solo para dejarlo colgando boca abajo.
¿Qué tipo de entrenamiento era ese? Tan brutal, para un niño, ¿Cómo se suponía que debía aprender esa técnica? El dolor de la carne arrancada por los dientes de los hambrientos felinos, los maullidos ensordecedores, un pozo infestado de gatos malditos.
Ranma pensó que moriría.
¿Porqué le hacía eso su padre?
Ranma grito haciendo eco a su agonía. — ¡Papá! ¡Sácame de aquí! ¡Los gatos me lastiman, me duele!
Por más que gritara, el hombre mayor no respondía. Entonces cuando sintió de la soga tirar hacia la superficie liberándolo de los gatos pensó que su padre lo iba a salvar, entonces pudo ver el rostro del hombre, lo único que vio de él fue repulsión, decepción y enojo.
Genma le grito al pequeño Ranma. — ¡Ranma se supone que te estoy entrenando para que seas un hombre! ¡¿Cómo se te ocurre llorar?! ¡Los hombres nunca lloran! ¡Y mucho menos temerle a unos gatitos! ¡Eres una vergüenza! ¡No te dejare salir de ahí hasta que aprendas el neko-ken y seas hombre de verdad!
Ranma fue devuelto con brusquedad al pozo, no pudo recordar cuanto tiempo paso, solo el dolor que provoco estar ahí.
Lloraba por su padre, lloraba por su madre que donde quiera que este, que por favor lo rescatara de ahí.
Y así pasó el tiempo, probablemente estuvo en ese hoyo por muchos días o eso es lo que creía Ranma. Después de todo eso su mente quedó en un estado de suspensión, tal vez para ignorar el dolor causado por los felinos, solo pudo recordar como los ojos de un gato aparecían en su mente, maullando y arañando su cerebro, su visión se apago y todo se volvió oscuro.
Después del incidente del neko-ken despertó en un hospital. Habían pasado semanas desde entonces, apenas recupero la conciencia, Genma se lo llevo de inmediato. El entrenamiento seguiría. No sabía si lo llevaría al pozo con los gatos o no pero sabía que su padre no sería piadoso. El debía convertiré en un hombre, aunque no sepa lo que significa, debía serlo.
—o—o—
Sin embargo la mala vida y el padre de mierda que tenía no era lo único que le atormentaba. También eran las imágenes en su cabeza que se formaban a partir de sus sueños. Después del "entrenamiento" del neko-ken algún tiempo después Ranma comenzó a tener una serie de sueños de los cuales no entendía del todo.
Algunas veces se repetían como por ejemplo podía ver una mujer de mediana edad muy hermosa con el pelo rojizo cepillándole el pelo a una niña de quizás de su misma edad, ella tenía el pelo rojo intenso, y al igual que la mujer mayor era muy bonita. La misma escena una y otra vez por algunas noches. Aunque lo que vía no se escuchaba, eran imágenes de cuales solo apreciaba los movimientos de ellas. Era extraño, ver como solo movían sus labios y entre veces podría jurar que reían pero no había sonido alguno.
Y también los sueños cambiaban, el escenario era otro. La pequeña niña pelirroja camina junto a un niño de pelo negro y un colmillo que sobre salía, dejándose ver adorable. Ambos de camino a la escuela, los dos niños se veían alegres.
Ranma trataba de ignorar lo que soñaba y se enfocaba en su entrenamiento. Todo lo innecesario afectaba el aprendizaje al arte, palabras de su padre. Sin embargo no podía negar en su interior que le asustaba todo eso. ¿Quién eran esas personas? Ranma no tenía idea, pero de todas formas esas personas se hacían presentes cada noche. Tampoco podía ir de decirle a su padre. No podía, temía ser reprendido y debía lidiar con ese problema él solo.
Días, meses y años pasaban, Ranma crecía con el pasar del tiempo así como las extrañas imágenes que adquirían vida por las noches a través de los sueños.
Los días pasaban y la rutina diaria de los entrenamientos era habitual. Así como también a en los sueños, la rutina diaria de la vida de estas extrañas personas de igual forma se volvía "normal". Pero no un sentido común, la verdad inquietaba al chico pelinegro.
Dentro de estos sueños a pesar de ver repeticiones de lo que sería el día a día, muchas veces se actualizaban las escenas viendo cosas nuevas.
Era como ver partes de películas entre cortadas sin sonido, como poner en pausa la videograbadora y volver atrás luego dejar que la película siguiera su curso.
Muchos años solo con su padre en la intemperie viviendo como nómadas y sobreviviendo como podían.
Pero en los sueños se adentraba a un mundo completamente diferente. Ranma se preguntaba cómo podría ser ese tipo de vida, junto a una madre, viviendo una vida tranquila, en una casa cálida y sin pasar hambre.
Ver esta figura materna le hacía preguntar a Ranma si vida actual era normal o no. Ya que como lo hacía con su padre dejaba mucho que desear. El chico ocasionalmente le preguntaba a su padre si tenía madre en algún lugar, pero el hombre mayor nunca daba respuestas. Solo le limitaba a responder que eran solo eran ellos dos y nadie más. Obviamente dejaba en Ranma un sentimiento de incertidumbre. Ranma se preguntaba si su madre podría ser como la mujer que veía en sus sueños, muchas veces sentía la necesidad de hablar con ella, de ser amado por ella. Sentir lo que ser amado y protegido. Vivir como un niño normal, ir a la escuela y tener amigos como lo hacía esta niña pelirroja desconocida.
—o—o—
En Jusenkyo…
Ranma cae directo al estanque, una vez que sale a la superficie se da cuenta de lo que es, abre su gi y nota que tiene un par de senos, contrae un grito ahogado y el cuerpo se le entumece. Observa el reflejo en el agua y un estremecimiento recorre su columna dando paso al terror. Durante los últimos años Ranma se preguntaba quién era esa niña pelirroja. Se le hela la sangre al darse cuenta que la chica que aparece en su cabeza era su lado maldito.
Desde ese día los sueños de Ranma era aun más fuertes, cada vez más detallados, más vividos y las conversaciones podía escuchar. Ahora sabía que el nombre de esta niña desconocida era Ranma Saotome… como él, y Nodoka Saotome como la madre. Pero lo que en estas imágenes no les mostraba era la imagen de Genma, eran solo madre e hija.
Por otro lado cuando Ranma adquirió la maldición, algo en Genma hiso clic en los confines de su psique. Durante los próximos días y semanas mientras recorrían buscando una salida en la espesa selva amazónica Ranma se enojaría, culparía, pelearía y gritaría a su padre. Todo ese conjunto de acciones y palabras destaparían de le memoria de Genma días pasados con los que tenia con cierta mujer.
Ya que la forma y tono de voz de Ranma lograba ver la fiel imagen de su esposa cuando era joven. El color de su pelo y ese rostro redondo y femenino, Genma se adentraba en sus recuerdos más preciados que tenia con su mujer. Cuando aun tenía esa vida tranquila y pacífica en los barrios de Nerima. Cada vez que Ranma se convertía en chica lograba que su cabeza volviera en días atrás, Ranma era como ver la copia de su esposa, ambas con casi el mismo carácter, los mismos rasgos faciales. Eso molestaba enormemente al hombre, pues cada segundo que observaba a Ranma no podía dejar de pesar en su pasado.
El acceso al agua caliente era muy limitado y en las selvas de china la lluvia se presentaba en cualquier momento del día. De esa manera lograr hacer fuego era toda una hazaña y volver a sus formas originales era algo tan apreciado que no habían palabras para describir tales emociones. Ranma volvería a ser hombre, y Genma por igual, pero el hombre agradecido por dejar de ver a esa molesta chica que con sin querer revolvían en sus memorias.
Pero la dura realidad es que la maldición cada les jugaba en contra a lo que ellos deseaban, el agua fría les encontraría a donde vayan.
Ranma pasaría mucho tiempo en su forma de chica cosa que a Genma le molestaba, pues ya mencionado el por quede su molestia.
Genma no dejaba de pensar en Nodoka, cada día lamentándose por irse de casa, ¿Por qué fue tan idiota al hacer ese pacto? Debió irse de casa para cumplir una promesa tan estúpida, ahora con la maldición de Ranma ese pacto estaba roto, si Nodoka llegaba a saberlo sus cabezas rodarían por el suelo.
Extrañaba su hogar, la buena comida, el calor y amor de mujer. Qué no daría para volver a sentir esa piel blanca y suave contra la suya. La extrañaba demasiado.
Todo lo hacía peor por la maldición de hijo, siempre recordándole los errores de su pasado, siempre taladrando entre sus memorias los días felices y tranquilos en su hogar, recordándole a Nodoka. Ranma teniendo el mismo aura de la mujer, todo idéntico en ella, los malos días en que sentía la necesidad de un hombre más la aquella maldición de Ranma no facilitaba para nada las cosas. Siempre presente que era su hijo mas no Nodoka, era la línea que muchas veces quería romper, como deseaba tener ese cuerpo para el mismo, Ranma-chan se asemejaba completamente a Nodoka cuando tenía su edad, por tal razón ansiaba jugar y someter ese cuerpo suyo.
El tiempo alejado de casa y de su esposa jugaron en contra dentro de mente tales pensamientos. La realidad le golpeaba en la cara cuando se daba cuenta de lo que pensaba, se odiaba así mismo, pero que Ranma se convierta en chica y que además se asemeja tanto a Nodoka hacia que su miembro y mente se estremezcan. Y lo odiaba ¡Por dios era su hijo! Sabía que era un mal padre, que cometió muchos errores, y que dejo a su hijo muchas veces a la suerte del destino solo para saciar su hambre. Pero aun así lo amaba, quizás no le pedía perdón o incluso lo culparía de sus propios erres para no admitir la culpa, pero lo amaba, era su hijo. Como odiaba todo esto.
Era solo un hombre con necesidades ¿Quién lo podía culpar? Por cuya razón que siempre le gritaba a su hijo que cambie a hombre, pues la imagen de Nodoka en él hacía que perdiera la poca cordura que se desvanecía con los años. Y a la vez una buena excusa para enseñarle a Ranma que él era y debía convertirse en un hombre entre hombres. Que no pasara mucho tiempo como chica y molestarlo haciéndole saber que solo tales cosas o de tal manera se comportan las mujeres, dándole conciencia que un hombre no comportaría de esa forma. Pero todo era tan alejado de la realidad, ya que la imagen de Nodoka estaba presente cuando aparecía la chica Ranma. Todo era una excusa para no recordarla.
Era como si fuera una maldición para arruinar sus vidas. No sabía quién podría haberle causado algo así, pues la realidad de las cosas, su vida junto a su hijo fue una tragedia tras otra. Tal vez a alguna de las personas que estafo. Si bien parte de su vida de miseria en la intemperie fue una basura, no siempre fue así. Alguna vez cuando Genma vivía con Nodoka en Tokio las cosas iban tan bien, comenzando con cautiverio del maestro Happosai, luego formando su familia con la mujer que ama viviendo una vida tranquila. Aunque al principio la idea llevar a Ranma a un viaje de entrenamiento fue un poco chocante para Nodoka logro convencerla. Desde ese punto no fue tan malo, el transcurso del tiempo fue relativamente positivo, el único factor era la comida que en ocasiones escaseaba pero nada más allá de lo trágico era irrelevante.
Como si fuese poco la lamentable poca cordura y raciocinio del hombre mayor conocido como Genma Saotome llevarían a Ranma a otra serie de problemas. Las amazonas.
Ambos se embarcarían en una lucha de sobrevivencia, Ranma obviamente en este punto no sabía que era peor, la maldición, los sueños o su padre. Sin duda alguna las dos antes mencionadas eran mucho mejor y se podían controlar o ignorar, pero lo demás…
Maldiciones de todo tipo hay en el mundo ¿Que querías? ¿Una maldición de cambio de género o una maldición que hace tu pelo se conviertan en un monstruo que destruye todo a su paso? Y claro la cereza del pastel, durante su buena estadía y escape por selva Ranma obtendría otra maldición de la cual lidiar, y que más, solo Ranma saldría perjudicado. O perjudicada ya que la mayor parte del tiempo lo pasaba como chica. Cosa que detestaba con el alma.
Habían cosas que Ranma quería saber, como por ejemplo el paradero se madre. Una vez intenta hablar con su padre respecto a su madre, pero Genma era caso perdido sin dar una palabra.
Ranma en su forma de chica y su padre en panda estaban a la orilla de una playa en china, descansando después de que por fin despistaran a la chica amazona homicida.
Ambos trabajando en su campamento, el cielo rojo por el atardecer la hacía recordar el pelo de una mujer la cual creía que aquella mujer llamada Nodoka y su verdadera madre eran las mismas. Esa duda lo carcomía por dentro, sabía que el hombre mayor escondía un secreto tras la verdad. Con la paciencia casi agotada que le tenía a su padre decidió una vez trepar por el cuerda de la verdad.
— ¿Oye viejo no me vas a decir quién es mi madre?— Pregunto a su padre quien estaba de cuclillas avivando el fuego para luego cocinar.
Genma dejo de soplar y con dándole una vista cansada a su hijo respondió. Levanto un cartel con algo escrito. — Ranma te lo he dicho muchas veces. No tienes madre, solo somos tu y yo. — Como siempre mintió.
—L a verdad no te creo, de algún modo debí haber nacido y sé que mi madre debe estar en algún lugar de Japón.
—Ranma…
Le interrumpió. — ¡Ya basta panda apestoso! ¿Qué te cuesta decirme la verdad? ¿Nodoka, así se llama verdad?
Genma sorprendido, Ranma no debería saber el nombre de su madre, aun así logro saberlo.
—Eh… no conozco ese nombre muchacho.
—Ok. Olvídalo ni a golpes sacarías una respuesta.
La tarde pasaría en silencio, Ranma volvió a ser hombre cosa que Genma agradecía internamente. Ambos comerían y se irían a dormir.
—o—o—
La noche anterior antes de ir sin saberlo a Nerima. Las imágenes en la cabeza de Ranma comenzaban a dar forma. Unos de los tantos que se repetían.
El sueño comenzaba de la siguiente forma; Ranma –chan se despierta en su habitación. Una sonrisa se hace presente en su rostro. Se levanta y abre las cortinas de su ventana, observa el vuelo de las aves. Sonríe al saber que hoy será un gran día. Después de desayunar camina por la calle llegando a un parque, se sienta en un banquito y mira la gente caminar. Momentos después llega un apuesto adolecente con un colmillo. Ambos adolecentes caminan por el parque tomados de la mano. Hablando trivialidades y riendo.
El día era perfecto, y la brisa del mediodía era refrescante. El día pasaba normalmente pero de pronto el día comenzaba a nublarse. A Ranma y el niño colmilludo no les importaba solo seguían en lo suyo. Una hora más tarde gotas de lluvia se hacían presentes comenzando a llover ferozmente.
Ranma y el chico corrían por el parque, riendo, y empapándose. Lograron llegar a un gran árbol que los protegió de la lluvia. Ambos se abarcaron para calmar un poco el frio. El chico aparto sus cuerpos quedando frente a frente. Ranma cerró los ojos esperando. El chico colmilludo avanzo hacia sus labios dándole un beso. Ranma respondió animadamente, sus delgados brazos recorrieron el cuello del chico, colgándose de él. Mientras que él agarraba con gracia y delicadeza la cintura de la niña.
—Ranma, no sabes cuánto te amo. — Le dijo el niño colmilludo con una sonrisa en su rostro.
—Yo también te amo... — Ranma de pronto se cayó, se volvió consciente dentro del sueño.
—Un momento, yo soy un hombre, esto no puede estar pasando. — Quito las manos bruscamente que la rodeaban dejando al chico aturdido. Ranma con la respiración agitada, exaltada.
— ¿Ranma qué es lo que pasa?, Si hice algo mal solo dímelo. — Le rogo el niño colmilludo.
— ¡Es que no está bien! Nada de esto está bien ¡Yo soy…
Sin alcanzar a hablar, Ranma se despertó de golpe en la tienda sobresaltado. Una gota de sudor recorría su frente y apretaba sus puños agarrando su cama de forma inconsciente. Observo su alrededor y afortunadamente esta era su realidad dejando escapar un suspiro de alivio.
—Ese maldito sueño otra vez…— se tomo la cara con las manos y se frota tratando de despertar.
A menudo el sueño llegaba a su clímax. Sin embargo la chica Ranma disfrutaba esa tarde junto a su amado como si fuese el último día de su vida.
—o—o—
Mucho tiempo después…
Ranma solo quería cerrar los ojos un momento y tratar de dormir un poco, solo unos minutos. Pero de pronto recordó que se acercaba el fin de semestre y si no estudiaba lo suficiente podría decirle adiós a su año escolar. Debía obtener buenas calificaciones desde ahora en adelante por lo que se esforzó en mantener sus ojos abiertos y sobre todo tratar prestar atención a las palabras del profesor. Aunque sin embargo no entendía ni una sola palabra de lo que mencionaba el maestro.
El profesor de física Takeshi, un hombre de edad medio calvo y algo regordete, conocido por ser un profesor recto y muy estricto haciendo honor a su apellido. Escribía en el pizarrón mientras leía el libro que sostenía.
Dejo de escribir para quedar frente a los alumnos, noto como Ranma uno de los alumnos mas rebeldes de furinkan trataba de prestar atención, por lo que decidió a ayudarlo según él, tomo el pesado libro y lo dejo caer sobre la mesa del pelinegro haciendo que el rebelde alumno se despertara y gruñera. Haciendo caso omiso a los refunfuñones del chico procedió a explicar al alumnado.
—Con lo que resta de clase comenzaremos con algo refrescante y nuevo para ustedes, aunque tal vez ya lo han oído hablar o visto en películas de ciencia ficción. Como dice el titulo de que acabo de escribir en el pizarrón trataremos y aprenderemos acerca de la "Teoría del Multiverso", espero que presten atención ya que el próximo examen estará cargado de esta materia.
El profesor había comenzado a explicar, pero Ranma tenía los ojos al frente como si prestara atención a la clase, pero en realidad en su cabeza estaban las ganas de salir y tener un buen round con Mousse o Ryoga, las clases del profesor que en el fondo no entendía ni quería aprender solo era un desperdicio de tiempo para él.
Sin embargo algo que dijo el profesor le llamo la atención.
—Cabe destacar que dentro de los múltiples universos que se teorizan que hay, en cada uno de ellos puede haber una copia de uno mismo. Imagínense ustedes muchachos, en otro mundo muy similar a este pueden estar ustedes, aquí mismo, con el mismo uniforme, con los mismos amigos pero una vez que llegaron a sus casa lo que sería su padre ahora es su madre. — El profesor Takeshi observo como Ranma prestaba atención a su clase. Sin duda esta materia sacaba del aburrimiento a cualquier tipo de alumno. Entonces se dirigió hacia Ranma — O usted señor Saotome, imagine que en otra realidad usted haya nacido mujer y que en realidad su maldición sea para convertirse en hombre.
El profesor dejo de lado a Ranma para caminar y seguir su clase a través de los pasillos de las mesas.
Por otro lado de pronto Ranma sintió su piel entumecer, y sus recuerdos se dirigieron hacia los extraños sueños que comúnmente tenia por las noches. Sus pensamientos se enfocaron en un punto, en los cuales cuando se adentraba en estos extraños sueños la niña pelirroja seria él o su contraparte y además estaba con lo que al parecer era su madre.
¿Entonces lo que soñaba cada noche era una imagen de lo podría ser un mundo alternativo o eran meros sueños sin sentido? Sin sentido podría ser poco ya que la cantidad de información y realismo de estas imágenes eran abrumadores. Y sobre todo cuando en algunas ocasiones despertaba dentro de ellos y además era capaz de interactuar con las personas que la rodeaban.
¿Había alguna explicación lógica a todo lo que veía, a todo lo que soñaba? ¿Eran en verdad sueños?
Ranma tenía los ojos abiertos mientras pensaba, su cuerpo temblaba y el sudor caía de su rostro.
El timbre de la escuela sonó para dar término al día de clases. Ranma no escucho nada ya que estaba en lo más profundo de sus pensamientos. Una mano toco su hombro sacándolo del transe pensante. Miro hacia el lado y se calmo cuando vio a Akane. Ella no noto la preocupación de su prometido así que solo le hablo comúnmente.
—Ranma despierta las clases ya terminaron, vámonos a casa.
Un poco atontado después de salir de sus pensamientos, sentía que debía saber acerca de lo que enseñaba el profesor. El pelinegro estaba a punto de salir de la sala, pero la curiosidad no lo dejaba tranquilo, debía saber más. Se volteo y se dirigió hacia el profesor Takeshi quien ordenaba sus cosas para después irse.
—Profesor… esto yo, eh.
—Saotome en que puedo ayudarte.
—Bueno vera, es sobre la clase. Quede con algunas dudad y querías saber más.
El profesor agrando sus ojos, algo que no podía creer, uno de los alumnos más rebeldes y para estudioso quería aprender, él como profesor estaba más que feliz.
—Pero que bien señor Saotome, me alegro de que por fin haya sentado cabeza y decida estudiar. Dime todo lo que no entiendas y con gusto te enseñare.
— ¡Muchas gracias Takashi-sensei!—se inclino hacia su profesor.
—No es necesario tanta formalidad, solo dime lo que quieres saber.
—Me podría explicar desde el principio.
—Muy bien, aunque lo que trate de explicar en clases era solo la introducción no estará mal darte una clase extra, además esto te servirá como repaso en nuestra próxima clase. Presta atención. —Ranma se fue acomodar en su asiento mientras prestaba atención, — nuestro universo tiene más de 13,700 millones de años aproximadamente. Nuestro universo y todo aquel que pudo haber nacido tras el Big Bang, desde entonces el universo que conocemos está en constante desarrollo y expansión…— No paso mucho tiempo para una alarma sonara, siendo el reloj de muñeca del profesor, — Oh lo siento muchacho pero al parecer ya se me paso la hora. En la próxima clase tendré más tiempo.
—Pero Takeshi sensei aun no me explicaba. ¡Debo saber! — Exclamo el joven estudiante.
—Oh la juventud y la impaciencia, sabes que, tengo algo que podría servirte si quieres saber más del tema, — desde su mochila extrajo un libro, el mismo que sostenía en clases. — Solo te pido que lo cuides mucho.
Un poco resignado y a regañadientes acepto el libro que le prestó el profesor. Como si fuera una antigua reliquia lo guardo es su mochila, al salir de la escuela Akane lo esperaba impaciente.
— ¡¿Qué es lo que te demoro tanto idiota?!— exclamo un tanto enojada la menor Tendo.
—Hey podrías haberte adelantado, no era necesario que esperaras niña boba.
— ¡A quien llamas boba pervertido!
Entonces Akane perseguiría a Ranma, el entre sus bromas hacia enojar más a su prometida. La persecución llegaría hasta la residencia Tendo.
—o—o—
Algunas horas antes…
Mientras Ranma y compañía estaban en clases una joven mujer caminaba por las calles de Nerima.
Nodoka había recibió la noticia que su esposo e hijo habían llegado hace ya un tiempo. Estaba ansiosa por ver en qué tipo de hombre se convirtió su hijo. Durante mucho tiempo las noticias sobre su hijo fueron nulas. Le preocupaba saber si tal Ranma se convirtió en un desviado o algo peor. Ella confió en que su marido lo convirtiera en un verdadero hombre. Alguien recto y sin fallas. Pero prefería no pensar en eso, segura en que su esposo hiciera un buen papel de tutor, padre y maestro.
Kasumi estaba en la cocina cuando escucha la puerta principal siendo tocada. Inmediatamente sale a atender. Cuando abre la puerta ve una mujer de mediana edad con un parecido similar a una media chica que conoce. Entonces Nodoka se presento.
—Hola buenas tardes, mi nombre es Nodoka Saotome, me dijeron que mi esposo e hijo viven aquí.
—Hola buenas tardes, el tío Genma no está, Ranma aun está en la escuela. Adelante pase.
Nodoka fue llevada hacia el comedor. Kasumi gentilmente le sirvió una taza de té.
Soun leía el periódico. El patriarca Tendo levanto la vista al ver a Nodoka, una sonrisa envolvió el rostro de hombre.
— ¡Nodoka! ¿Cómo estas vieja amiga?— Se levanto de su lugar para ir a recibir a la mujer.
—Hola Soun, estoy muy bien. — Hablo en un tono cortes.
— ¿Qué te trae por acá vieja amiga?
—Vine en busca de mi esposo e hijo. Recibí noticias que llevan hospedando mucho tiempo en tu hogar, así que apenas lo supe vine de inmediato. Y a todo esto… ¿Dónde está ese marido mío?— Pregunto mientras inspeccionaba el lugar.
Soun procedió a contarle del porque Genma no estaba en casa, y como llego a tener una "sesión de entrenamiento y castigo" con el maestro Happosai.
Mientras los niños estaban en la escuela los adultos procedieron a conversar y pasar el tiempo. Nodoka conversaba y recordaba días pasados junto a Soun, el tiempo paso rápidamente sin que se dieran cuenta. Historias tras historias se contaban, ambos eran buenos amigos desde hace mucho.
De pronto entre el parloteo se escucha desde fuera de la casa una serie de gritos. Hasta llegar y sentir retumbares como si fueran temblores.
— ¡Tadaima!— Grito Ranma al entrar a la casa, un segundo después se escucha un estruendo cuando anuncio su llegada. Era como si un auto hubiera chocado contra la casa.
—¡Ranmaaa!— seguido por el grito demoniaco de una chica, haciendo que incluso a los vecinos o personas que transitaran cerca del dojo Tendo se les helara la sangre.
— ¿Acaba de decir Ranma?
—Sí deber ser y quizás debe haber hecho enojar un poco a Akane. —Forjo una sonrisa forzada.
Kasumi entro al comedor.
—Tía Saotome le iré a avisar a Ranma sobre su llegada. —la niña mayor dio media vuelta y se fue a buscar a Ranma.
—Muchas gracias querida. — La mujer mayor se dirigió hacia Soun, — tienes una hija muy buena, debes estar orgulloso.
—Kasumi es el orgullo del dojo. No sé qué haríamos sin ella.
Mientras tanto en el segundo piso, en la habitación de los Saotome.
Ranma sujetaba la puerta, ya que una furiosa niña intentaba derribarla.
—¡Ranma abre la puerta ahora mismo o ya veras lo que te pase!
—¡pero si todas formas vas a golpearme! ¡¿Acaso estas loca!?
—¡¿A quién llamas loca?!,—Akane quien perdía mas la paciencia y su ira solo aumentaba, sintió la necesidad de invocar al señor mazo.— ya verás Ranma Saotome.
Kasumi subia las escaleras tranquilamente, las discusiones y peleas en un hogar con artistas marciales era el pan de cada día. algo común, por lo que no le prestaba mayor importancia al alegato de los niños.
Akane quien estaba a punto de derrumbar la puerta, una mano sostuvo su hombro. Akane miro hacia atrás y pudo ver la linda sonrisa de su hermana mayor. Solo la presencia de ella hacía que su enojo calmara.
—Akane necesito hablar con Ranma. me podrías dejar pasar por favor.
—si hermana, es todo tuyo,— Akane se retiro resignada hacia su habitación, pero estaba segura que Ranma pronto pagaría.
Por otro lado Ranma dejo de sentir ese poderoso ki que emitía la niña Tendo, por lo que se calmo. Pensando en que tal vez su prometida se rindió, opto por leer el libro que le prestó el profesor Takeshi. Tenía una corazonada que sus sueños estén relacionados con algo más grande. Después de todo, su vida era un constante caos, y las rarezas abundaban.
Cuando Ranma se sentó en posición de loto y abrió las primeras páginas del libro. No había podido leer una sola palabra cuando Kasumi toco la puerta.
—Ranma, ¿Estás ahí?— Pregunto la mayor Tendo con su típico tono dulce.
—Si, yo… eh, estoy estudiando.
—Que bien me alegro por eso. Bueno te aviso que abajo en el comedor hay una señora que dice ser tu madre. Te está esperando.
"¿Mi madre?" Pensó Ranma y poniéndose de pie rápidamente, la noticia hizo que su corazón comenzar a latir como si fuese el de un colibrí. Muchas imágenes pasaron por su cabeza ante lo recién escuchando. Muchas noches en que se adentraba en el mundo de los sueños, la mayoría de las veces apreciaba la imagen de una mujer mayor con el pelo rojizo. Ranma sabía que ella es la madre de la niña pelirroja que a veces acompañaba y también tenía la corazonada que ella fuese su madre en la vida real por el simple hecho de poseer el apellido Saotome. Dichas escenas dejaron en Ranma una buena referencia de ella. La imagen de una mujer bondadosa, carismática y llena de amor.
Muchas veces deseo que fuese real. Ahora estaba Kasumi detrás de la puerta diciéndole que su madre le esperaba abajo. No lo pensó dos veces y bajo entusiasmado con el corazón en la mano. Estaba nervioso, bajo las escaleras con las piernas temblando mientras pensaba. "¿La mujer con la que sueño será mi madre en la vida real? Debería serlo, estoy casi seguro de eso".
Cada paso que dio el pasillo fue eterno, mientras que Kasumi lo seguía por detrás y Akane quien escucho por casualidad que llego la madre de Ranma. Al llegar al comedor vio a la misma mujer con la que soñaba. El mismo estilo de peinado, el mismo rostro incluso hasta las mismas prendas de vestir. Era la viva imagen de aquella mujer que deseo conocer.
Nodoka vio a su hijo entrar al comedor. Un aire de felicidad la invadió e inmediatamente se levanto y fue a abrazar a Ranma.
El chico de la trenza observo a su madre, y al igual que Nodoka sintió felicidad. Estaba presente esa mujer que tanta falta le hiso cuando fue pequeño. Esas noches frías en las que deseo ser abrazado y mimado, pero por culpa de su padre debía mantener la compostura y demostrar que era un hombre demostrando que nada le atemorizara y dañara.
— ¿Usted es mi madre?— pregunto el chico de la trenza con la voz tensa y temblorosa, sabía que era su madre, pero quería confirmarlo.
—Así es, soy Nodoka Saotome, tu madre. — Nodoka se presento mirando al chico de la trenza a los ojos. Estaba maravillada con lo que veía. El chico delante de ella mostraba ser un ejemplo de masculinidad, bastante guapo para su edad y al tocarlo podía decir que su cuerpo estaba bien tonificado. Eso le daba buenas referencias. Su marido había hecho un buen trabajo. Por lo tanto sonrió.
— ¿Mamá? ¿De verdad eres tú? ¡Oh por dios es enserio! Mi padre nunca me hablo de ti. Solo tenía una idea de cómo eras, pero siempre pensé en ti. Tenía el presentimiento que podría conocerte algún día, ¡estoy muy feliz! — Exclamo abriendo los brazos con mucho entusiasmo el chico de la coleta.
El rostro de Nodoka se endureció un poco, algo que Ranma no noto debido el éxtasis del momento. La matriarca Saotome entrecerró sus ojos al notar el humor de su hijo. No era muy masculino chillar de emoción.
No quería sacar conclusiones precipitadas, pero presentía que algo andaba mal con su hijo, tal vez no había imagen de un hombre real detrás de su masculina figura. Pero de todas formas tenía que conocer un poco mejor antes de juzgar.
—Dime hijo… ¿Me pondrías al día con tu vida, todo lo que te ha pasado?— pregunto Nodoka, tenia curiosidad quien era este muchachito, quizás si le daba respuestas logre encontrar esa falla que le inquietaba. —Quiero que me des todo los detalles posibles.
Nodoka y Ranma se sentaron a la mesa, Ranma dio un suspiro, contarle todos lo que paso tardaría un tiempo. De todas formas su madre debía saber.
Y así fue como paso una hora contando su historia, narrando todos los secesos desde que fue un niño hasta llegar a Nerima. Nodoka se sorprendió tras el relato. No se podía imaginar por todo lo que paso junto a su padre. En especial el tipo de entrenamiento que le dio Genma. Pensó que era ortodoxo y muy duro, ese entrenamiento del neko- ken en particular quizás fue demasiado extravagante, además al parecer le dejo secuelas, pues al ver cómo le costaba mencionar la palabra "gato".
Si bien eso no fue lo único que le sorprendió, sino también en como la vida de Ranma era un completo caos. Múltiples enemigos que quería matarlo literalmente. Como Genma lo comprometió con un sinfín de chicas y como su prometida "oficial" era constantemente secuestrada. Akane no parecía ser digna de ser llamada una artista marcial.
Sin embargo además de lo extraordinario, todo parecía tan irreal. Entre momentos tras escuchar el relato de Ranma y algunas afirmaciones de los integrantes de los Tendo, le parecía tan repulsivo, en especial esa supuesta maldición que adquirieron Ranma y Genma, y añadiendo los amigos ¿Qué persona normal en el mundo se transformaría en un gato, un pato y lo que es mas su marido en un oso panda? Y la cereza del pastel… ¡Ranma se trasforma en una mujer!
Un dolor de cabeza le comenzó a dar a Nodoka por lo estúpido que eran estas historias. Y ahí donde estaban estas fallas que quería encontrar. Genma al parecer fallo en muchos aspectos, por lo que apreciaba, el niño Saotome no tenía mucha educación, noto que en muchas ocasiones lo grosero que es, egocéntrico, pocos valores morales. Y esta maldición suya con la que salía de muchos apuros, fácilmente se le podría decir que una zorra.
—Todo lo que dices Ranma… parece si como si fuera sacado de una película.
—Lo sé mamá, y aunque no lo creas todo es real.
—Hay un contrato que establecí con tu padre, del cual ya debes saber. Con todo lo que me has contado, estoy algo dudoso con lo que me tendré obligada hacer.
— ¿De contrato hablas mamá?— pregunto curioso y presintió algo no muy bueno.
—Así que no te lo menciono… — Nodoka en algún punto comenzaba a exasperarse. Al parecer su marido ni siquiera le conto sobre el contrato. Para ella Ranma no era el hombre entre hombres que se le prometió.
Nodoka extrajo un papel muy viejo de su bolsillo y se lo entrego a Ranma. El chico pelinegro abrió los ojos a leer y ver como que una pequeña palma de mano fue una firma.
—E-esto es absurdo… Apenas tenía dos años ¿Cómo fue posible que papá hiciera algo como esto y tu cómo pudiste aceptar algo así?— Exclamo furioso al leer tal atrocidad. No podía creer lo que estaba escrito en ese papel. Claramente era la letra de su padre la que estaba ahí, y lo peor de todo… su cabeza había estado en juego desde que era un niño ¡y nunca estuvo enterado!
—Confié en tu padre, el demostró ser un hombre de palabra todo el tiempo que estuvimos juntos… ahora por lo que veo, no eres el hombre entre hombre que prometiste, solo veo a un niño malcriado y sin modales. Y muy mentiroso, no sé donde sacaste esas historias tan absurdas… tu padre, un oso, tu una mujer. No creo en cuentos de fantasías niño.
—En primer lugar todo lo que mencione es real… además no prometí nada, era un niño. Y por ultimo soy un hombre. Incluso estoy comprometido.
Akane intervino tras el cambio de humor en el ambiente, cada segundo el aire se tornaba más tenso—Eso es verdad tía. El tío Genma y mi padre nos comprometieron hace mucho tiempo. —y añadió en tono muy bajo, avergonzándose por lo que iba a decir. —Y no tengo problema alguno… ya que, me gusta Ranma. — Akane su cubrió la cara con ambas manos. En este momento deseo estar a metros bajo tierra. Todo era por ayudar a Ranma y que su madre no tuviera una mala imagen de él.
Soun estaba a punto de sacar el confeti y celebrar, pero por el tipo de ambiente no era el momento.
Ranma estaba demasiado ocupado mentalmente como para escuchar a Akane, su mente daba vueltas y vueltas tras leer sobre el contrato, y en un intento de hacer ver y cambiar de imagen a su madre, añadió—Además aunque me convierta en mujer me siguen gustando las mujeres.
— ¿Y sigues con ese estupidez de que conviertes en mujer? Mira jovencito no estoy de humor para tus malos chistes. — Dijo la matriarca Saotome en tono frio y mordaz. Claramente a medida que pasaban los minutos se le terminaba la paciencia.
—Madre te lo vuelvo a repetir… todo es real y te lo voy a demostrar.
Ranma fue un por vaso de agua a la cocina y por una tetera con agua caliente.
—Espero que no te sorprendas mucho y que al final me creas…— Ranma volcó el agua fría en su cabeza activando la maldición, convirtiéndose en mujer.
—Lo ves mamá, ahora mismo soy una mujer, increíble cierto. —Luego tomo la tetera y se trasforma en hombre.
—Y así vuelo a la normalidad, si me salpico con agua fría, soy una chica y con agua caliente vuelvo a ser hombre. Pero de todas maneras sigo siendo yo. — explico Ranma a su madre, como si fuese lo más normal de la vida. Claro que solo era normal para aquellos que estaban envueltos en la locura de vida que llevaba el chico de la trenza.
Sin embargo Nodoka estaba estupefacta. En cualquier momento su mandíbula podría caer al suelo. No podía creer lo que vio. Su hijo se acaba de transformar en una mujer, todo era real.
Entonces todas esas historias locas que le narro Ranma eran ciertas, todo era real. Todo. ¡Su marido era un animal! ¡Su hijo se transformaba en una mujer! Y lo peor de todo usaba esa maldición para jugar con los demás ¡Su hijo era una zorra cuando era mujer!
Nodoka se su cubrió la cabeza con las manos. No quería ver ni oír a nadie, su respiración comenzó a agitarse. Absorta en sus pensamientos, los residentes del dojo Tendo miraban preocupados a la matriarca Saotome.
"Mi hijo no cumplió el contrato… No es el hombre entre hombres que prometió Genma". Tocaba la su paquete envuelto, pero a la vez dudaba. Su cabeza jugaba una mala pasada. "¿De verdad es mi hijo? Una persona normal no se convertiría en mujer de la nada. Y supuestamente mi marido se convierte en un animal. Esto no es normal. Es enfermizo. No puede ser verdad… no lo es, no lo es. Mi hijo es todo un hombre, no esta cosa que tengo delante, mi marido es un hombre honorable y varonil, no es un animal. No puede ser cierto. No es verdad".
— ¿Mamá estas bien?— Ranma camino hacia adelante, se preocupo ante la mirada atónita de su madre y los repentinos espasmos que mostraba.
— ¡No me toques! ¡Aléjate de mí!— Nodoka grito lo más fuerte que pudo estando en la el borde de la hiperventilación. Se levanto y camino hacia atrás mirando a Ranma como si fuese un virus peligroso y horripilante.
Ranma se quedo mirando a su madre sorprendido y asustado, no espero esa reacción tan impulsiva y tajante de la mujer. Cuando las personas conocían su maldición generalmente se sorprendían y se emocionaban o en ocasiones hasta jugaban mojándolo convirtiéndose en chica y chico simultáneamente.
—Genma no cumplió el contrato, si fuese otro caso iniciaría el ritual de seppuku, pero… ni siquiera eres una persona normal ¡Eres un monstruo! ¡Tú no eres mi hijo!— Le grito a Ranma lo más fuerte que pudo, haciéndole saber lo repulsivo que es para ella. Nodoka no podía ver a un humano, solo una cosa extraña que le llamaba madre. El asco de saber que Ranma era parte de su descendencia le causaba a la matriarca Saotome un malestar inimaginable ¿Cómo era posible que un monstruo como él ande suelto por las calles?
— ¡Nodoka! No puedes estar hablando enserio, Ranma es tu hijo ¿Cómo puedes tratarlo de esa manera?—Intervino Soun tras ver a su vieja amiga tratar con su hijo.
— ¡Tú no te metas Soun! ¡¿Cómo puedes decir que esta cosa sea mi hijo?! ¡Es un maldito monstruo! ¡Mi verdadero hijo es un hombre de verdad no está mierda!
La discusión siguió por el pasillo llegando hasta la salida. Soun esperaba que se calmara y que puedan hablar. Le sorprendió y preocupo el repentino ataque de nervios de la mujer, desde que la conocía jamás se había comportado de era manera. Siempre la conoció como alguien calmada y cuerda. Era la primera vez que la veía así.
—Nodoka por favor cálmate, Ranma es todo un hombre, ha hecho tanto por nosotros, ¡a puesto su vida en juego con tan de salvar a Akane y a quien lo necesite! ¡Ranma es un hombre honorable!
— ¡Pues no veo a ningún hombre aquí! ¡¿Dónde está mi hijo Soun?! ¡¿Dónde?!
—Nodoka… por favor…—le imploro Soun, le dolía ver como Nodoka rechazaba a su hijo.
Ranma desde que comenzó a ver a aquella señora de pelo rojizo en sus sueños comenzó a tenerle cierto tipo de afecto. En su mundo interno ella era una persona cariñosa, bondadosa, siendo la mujer más maravillosa e indulgente que pudo haber conocido. Ahora en esta realidad la mujer en frente suyo contrastaba esa imagen.
Nodoka salió de la residencia Tendo murmurando y maldiciendo a su marido por no cumplir con lo que se pactó. Ella anhelaba ver a su hijo, anhelaba ver a un hombre. La verdadera imagen de un hombre. Alguien fuerte y viril. Un líder innato. Pero en cambio su marido dejo que esa cosa llamado su hijo se convirtiera en algo menos que un humano. Una persona normal, un verdadero hombre jamás se convertiría en una mujer y además que este en una relación con otra mujer. Es de lo más enfermizo, que clase de perversiones harán cuando no estén a la vista de los demás. Inaceptable y asqueroso.
Con esos pensamientos siguió su camino hasta llegar a su casa. Se encerraría y no volvería a ver la luz del día. Paso muchos años sin saber de marido y su hijo. Podría muchos más ahora que sabia en lo que se habían convertido ambos, ella ya no tenía familia.
—o—o—
En el dojo Tendo estaba Ranma parado en la misma posición. Con los ojos puestos en la puerta corrediza del comedor donde salió su madre. Aun no podía creer lo que había ocurrido. La mujer que esperaba conocer le dio la espalda y lo rechazo como a una basura. Durante mucho tiempo veía en aquellos sueños como esa mujer era tan indulgente, sabia y amorosa. Sin embargo la persona real que acaba de conocer aplasto esas ansias el deseo de conocer a su madre. Su verdadera madre no lo amaba.
Nodoka y Genma acordaron un pacto en el que si Ranma no se volvía un hombre entre hombres ambos cometerían seppuku ¿Qué clase de madre dejaría a la buena de dios a su pequeño hijo?
Esa era la razón por la que Genma pasó años y años incrustándole en la cabeza lo debía ser. Cada día entrenando arduamente rompiéndose los huesos para poder forjar a un hombre. Y claro también estaba el pacto de matrimonio para unir las escuelas.
Al fin y al cambo su vida se regía en cómo debía satisfacer a los demás, y en este caso para su madre él resulto ser una decepción, un trabajo mal hecho, una abominación de la naturaleza.
Akane vio todo lo que ocurrió, al igual que toda la familia. Nadie pudo creer lo cruel que llego a ser la madre de Ranma. Akane se acerco a su prometido.
— ¿Ranma estas bien?— Pregunto Akane con delicadeza.
Ranma dejo de lado todos sus pensamientos y presto atención a la niña pelo azul. Con la voz temblorosa le respondió.
—Ak-Akane ¿De verdad soy un monstruo?—Le pregunto a la niña mirándola a los ojos. Akane se estremeció al ver a un Ranma tan frágil y destruido. Ranma paso por muchas situaciones protegiéndola, ahora ella debía y quería hacer su parte.
—Escúchame bien Ranma Saotome, puedes ser la persona más terca, odiosa y egocéntrica que jamás haya conocido… bueno a excepción de Kuno tal vez. Pero no eres un monstruo, todo lo contrario eres más humano de lo que te imaginas, eres una persona con un buen corazón. Tu madre no sabe lo que dice, de hecho ni siquiera te conoce o lo que has logrado a pesar de lo que le contaste, pero ella no estuvo ahí como para apreciarlo como todos nosotros. No dejes que te afecte, si te hace sentir mejor ahora nos tienes a nosotros. Somos tu familia.
Soun regreso de la puerta de principal y al escuchar a su hija animar a su prometido se acerco y le puso una mano en el hombro a Ranma. — Akane tiene razón hijo, nos tienes a nosotros, puedes confiar en eso —. Soun se giro a mirar a sus hijas y con un gesto le pidió que animaran a Ranma. Entonces Nabiki hablo.
—Ranma eres mi generador de dinero más eficiente que he tenido, me gusta que estés en casa. — Le dijo a Ranma con una sonrisa y levantándole el pulgar.
Akane miro con incredulidad y con el ceño fruncido a su hermana, con reproche le dirigió la palabra. — ¡Nabiki! ¿Tienes que decirlo de esa forma? Estamos animando a Ranma, ¡Dios se mas sensible por favor!—. Nabiki solo se encogió de hombros y con indiferencia se fue al comedor a ver televisión.
Mientras tanto Kasumi se acerco el pelinegro con un fuerte abrazo y un besándolo en la frente le dijo. —A pesar de que hemos pasado por muchos problemas, tú siempre nos has ayudado. Y ahora nosotros somos quien te debemos ayudar. Te considero mi pequeño hermano o hermana a veces, y debes saber que siempre estaré ahí cuando necesites ayuda.
—Muchas gracias a Kasumi-san y gracias a todos, no era necesario pero de todas formas lo aprecio mucho.
Después de la emotiva reunión Ranma camino hacia su habitación con el paso lento y emanando un aura depresiva. Y como no estarlo, la persona que quería conocer; su madre, le cerró la puerta en la cara. Claro, era un amor condicional, Ranma debía ser un hombre ante sus ojos para ser aceptado como su hijo.
Al llegar a su habitación Ranma se encerró para no salir más. Y dada la ausencia de Genma en la casa era un alivio para el chico pelinegro, ya que al ver al hombre no se abstendría para nada y le rompería los huesos con tal sacar su frustración y obligarlo a decir por qué hiso un trato tan absurdo y atroz. Como poder ser capaz de prometer tal estupidez. Su padre sería la última persona en el mundo que podría ver.
Durante días Ranma se quedaría en su habitación, la mayor parte de su tiempo se la pasaba durmiendo, pues dentro de los sueños su vida era tan pacifica y armoniosa que solo el hecho de despertar le causaba una enorme depresión ¿Cómo era posible que este mundo las cosas sean tan diferentes? No lo sabía pero estaba seguro que cada vez más seria mil veces mejor vivir como chica dentro de aquella ilusión.
Vivir con una madre que lo ama, vivir en armonía. Tal vez vivir como chica no sea buena idea. Y tal vez vivir con un chico como Ryoga tras su falda tampoco. Pero sin duda estar en otra realidad que no sea esta sería mucho mejor.
Casi una semana había pasado tras lo sucedido y en la cabeza de Ranma las frase dicha por su madre se repetía una y otra vez. "Ni siquiera eres una persona normal ¡Eres un monstruo! ¡Tú no eres mi hijo!"
Aun encerrado en su habitación recordando en cada momento el día que en su madre hiso un agujero en su corazón. La mujer que deseo conocer pulverizo sus sueños. Y hablando de sueños solo quedaban en su memoria los dulces momentos que solo vivió dentro de ellos.
Entre uno de ellos había uno, el cual apreciaba, pues la imagen que tenia de su madre era otra. Allí ella seria la persona que Ranma deseaba tener en esta vida.
En el sueño; era de noche y la lluvia acompañada de fuertes venticas que azotaban los tejados de las casas, en la casa Saotome dormía intranquilamente la pequeña Ranma ya que al parecer una pesadilla atormentaba su noche de descanso. Un grito se hace notar entre las paredes de la casa haciendo que una madre se despertara y preocupara. Nodoka rápidamente recorre los pasillos de la casa hasta llegar a la habitación de su hija.
— ¡¿Ranma que paso?!— pregunta con preocupación al ver a su Ranma asustada sentada en la cama.
—M-mamá tengo miedo…
—Oh cariño solo debió ser una pesadilla, cálmate querida todo está bien. — se acerco a Ranma abrazándola, en respuesta la pequeña Ranma se calmaba poco a poco.
—Fue horrible… estaba en medio del bosque y – y había un anciano muy feo que me tenia cargada. Se reía horrible y daba mucho miedo. Me arranco un mechón de pelo y dijo que me iba a comer. — Pero el momento después esa calma se transformo en un llanto. — ¡Tenia tanto miedo mamá y estaba sola!
—Ya amor ya paso, fue solo un mal sueño. Mira estoy contigo nada te pasara, te protegeré de ese sucio viejo que te quiere hacer daño.
Sueños cortos e inconclusos pero que dejaban una huella, por esta razón Ranma deseaba que esta mujer hubiera sido su madre real. No, de hecho querer ser la chica Ranma y vivir dentro de ese sueño. Que importa ahora ser el hombre entre hombres, después de todo fue un intento fallido de su padre y menospreciado por su madre.
—o—o—
Akane estaba preocupada por Ranma, durante casi una semana Ranma estaría en su habitación. Cuando iba a dejarle algo de comer podía ver la mirada perdida en los ojos del chico pelinegro. No era capaz de ver vida en esos ojos. Maldecía el nombre de Nodoka, como fue capaz de rechazar de una manera tal cruel a su propio hijo. Akane pensó que tal vez fue culpa de los muchos años que estuvo sin su familia.
Akane extrañaba ver a ese arrogante idiota, verlo parlotear sobre lo bueno que es en las artes marciales, verlo feliz otra vez, nada más que eso quería. Entonces surgió una idea de ella, solo esperaba que surtiera efecto.
Decidida sale de su habitación y va directo donde su hermana Kasumi que está en la cocina.
—Kasumi me ayudarías en algo por favor.
— ¿En qué te puedo ayudar hermanita?
—Me duele ver a Ranma tan deprimido, lleva casi una semana encerrado en su habitación. Pensaba que tal vez si le preparo una buena comida tal vez se anime. No sé, algo que a él le guste.
—Oh Akane es una buena idea, me alegro que pienses de esa manera, te ayudare en todo lo haga falta.
Pues Akane tendría ayuda, no sabía qué clase de abominación culinaria cometería si la dejaba sola.
Momentos después Kasumi de forma paciente intentaba instruir a su torpe hermana. Ya que al parecer es solo hecho cortar las verduras era todo un desafío para la menor de las Tendo. El sudor goteaba de la frente de la chica pues las zanahorias se dejaban ver como uno de los rivales más formidables contra lo que se ha enfrentado.
La fatiga y el cansancio se presentaban, el sudor empapaba su ropa, los sentidos en todo momento alerta. Pues Kasumi no podía apartar la mirada de que lo que hacia Akane, temía por la salud de Ranma y temía por la integridad de su cocina. Hiso todo lo humanamente posible para guiar a su hermana.
El timbre del teléfono se hizo notar a través de las paredes de la casa. Por precaución le dejo dada una simple instrucción a su hermana menor.
—Akane iré atender la llamada, por favor espera a que vuelva y te sigo ayudando.
Rápidamente la mayor Tendo se dirigió hacia el teléfono. Mientras tanta la peli azul miro a su hermana salir de la cocina. Frunció el ceño al escuchar las instrucciones. "¿Que cree soy Kasumi? No es como si fuera a hacer explotar algo, le demostrare que puedo sola, ya no soy una niña".
Mientras tanto en el teléfono la voz de una persona desconocida para Kasumi
Hombre del teléfono. — ¡Hola buenas tardes! Llamamos desde "Family Supermarket", estamos en un sorteo súper emocionante, fantásticos descuentos y promociones para toda la familia. Productos a muy bajo precio que les van a sorprender ¡Su hogar es una de las pocas que ha sido seleccionada para este sorteo no pierda esta oportunidad! — Hablo la persona desconocida con voz de comerciante, la velocidad de su voz era rápida, haciendo que Kasumi se exasperara, pues no le importaba. Además tenía a una persona esperando en la cocina.
—Lo siento pero no hay dinero en estos momentos. — Rechazo cortésmente.
—Pero espere, aun no le he dado los precios, se lo juro, va a querer comprar todo. — Insistió.
—En serio lo siento pero no puedo comprar nada en estos momentos…
—Pero señora escúcheme por favor…— "¿Señora?" pensó perpleja la mayor Tendo. Apenas estaba en sus veinte y ya la llamaban así, que horrible sensación. Ya harta de escuchar un desconocido charlatán decidió cortar de inmediato, además no era la primera vez que llamaban para ofrecer supuestas ofertas, se sabía que había un grupo de delincuentes en el área que se dedicaban a robar a las señoras que estaban solas en sus casas cuando sus esposos iban al trabajo. Probablemente sean los mismos, esperando saber si la "señora" Kasumi es una solitaria ama de casa.
—Le insisto que no tengo dinero. Adiós. — soltó un suspiro, a veces no sabía cómo la gente podría ser tan descarada.
Cinco minutos antes Akane vio salir a su hermana. Ella decidida y motivada ignora su orden y comienza su labor. Entre pedazos de tabla y verdura hecha todo a la olla. Todo lo que parecía ser comestible según Akane. O más bien creyendo que algunas cosas eran los mismo que otros. Por ejemplo, cloro por vinagre, detergente como sal. Y varios otros ingredientes bastantes que de manera dudosa y poco probable se usarían para cocinar. Pero la joven Tendo estaba maravillada con su forma de cocinar, creyendo firmemente que lograba aprender. Pero nada más alejado de la realidad es que estaba cometiendo los más inimaginables crímenes contra el arte de cocinar.
Agrego agua a la olla donde tenía listo para cocinar. Sobre la estufa puso la olla y la tapo, dejando que comience su hervor y con una sonrisa de oreja a oreja observaba el futuro almuerzo para motivar a Ranma, su prometido.
Kasumi entro a la cocina, vio a su hermana sonreír, la olla sobre la estufa, nada roto excepción de la tabla de picar, nada de fuego, todo parecía normal. Quizás su hermana por fin lograría hacer al bien… en la cocina. Aunque si tenía una duda.
— ¿Akane el almuerzo como lo preparaste?
—Ah sí, solo eche todas las verduras a la olla, luego como me dijiste agregue un poco de sal, agua, aceite. Tal como me dijiste.
—Oh…— tal vez su hermana si tenía esperanza.
Treinta minutos después dos integrantes del dojo Tendo desaparecerían del lugar. La razón era simple, Akane había hecho el almuerzo, nadie quería pasar la tarde en la clínica del Dr. Tofu así que para proteger su salud tanto Soun y Nabiki escabulleron y salieron lo más rápido posible.
Perezosamente Ranma bajaba las escaleras, sus ojos aun mostraban esa falta de brillo, no quería bajar a almorzar pero por la insistencia de Akane de que debía comer para al menos cuidar su salud. Bastante irónico.
Ranma se sentó a la mesa, no esperaba nada y no le importaba nada. El mundo era gris para él, sabía que la cocina de Akane era un asco pero qué más da ¿Cuidar su salud? ¿Alimentarse? Hasta el veneno podría ser mejor… pero, ¿Para qué pelear? Akane iba armar un escándalo por rechazarle algo. No quería escuchar quejas, ni gritos, nada. Quería descansar, olvidar y si pudiera morir intoxicado seria aun mejor…
Akane y Kasumi se sentaron a la mesa, como Akane quien había cocinado procedió a repartir la comida en partes iguales. Lo primero que hacia destacar en su "sopa" era el olor, luego el color. Kasumi observo con profundo asco la "comida" de su hermana. Sin saber que era lo había en el plato. Y lo supo, no debió confiar en las palabras de Akane, y lo más probable es que confundió tal vez el detergente con la sal y no quería saber que otra cosa habría en la "comida", así que dejo el plato a un lado.
Ranma miro hacia abajo, un verde pastoso burbujeante lo miraban, el pelinegro juraría que la sopa tenia ojos que lo juzgarían si no comía. Tampoco quería escuchar a una malhumorada Tendo por ahí jurando y gritando que su comida no es mala. Sin pensarlo dos veces tomo el plato con ambas manos y bebió de él como si fuese lo más delicioso del mundo.
Kasumi observo con genuino asombro al chico de la trenza, él había tragado de un sorbo la "comida" de Akane. Y la chica peli azul igualmente asombrada ya que nunca habría puesto resistencia al comer sus almuerzos. Con curiosidad pregunto.
— ¿Ranma te gusto mi almuerzo?
Ranma con la cabeza agachada con las manos sombre las piernas, trataba de asimilar su entorno. Ya que al tragar la "sopa" sintió como un escalofrió y como puñetazo lo golpeo. Nunca había sido tan extremo probar el almuerzo de Akane. A lo lejos escucho una voz, siendo Akane que le preguntaba.
Una sonrisa forzada adorno la cara de Ranma, como para que todo siga su transcurso y no haya problemas, le respondió a la niña.
—Si Akane, estuvo delicioso. — Hasta hablar le costaba, un extraño hormigueo recorría su lengua.
— ¡Me alegro que te guste! Es la primera vez que me dices algo así, y yo que pensaba hacerte el almuerzo para animarte y resulta que me terminas animándome a mí. ¿Quieres más?
—No gracias Akane, estoy satisfecho. —En realidad mucho más que eso. Ya era una hazaña mantenerse cuerdo.
Genma por fin había aparecido, una semana fuera junto al endemoniado maestro dejo que los recuerdos sobre la exquisita comida de Kasumi invadiera su mente. Camino hacia el comedor, noto que solo habían tres personas. Y un olor extraño que salía de allí. Lo supo inmediatamente. Akane era la cocinera. Se dio media vuelta y se fue hacia el dojo.
Las chicas Tendo miraron con recelo al viejo hombre, no se esperaban que llegara tan pronto, después de todo con solo mirarlo a la cara ya les resultaba molesto. Pues él era el culpable de las penas de Ranma. Por otro lado el chico pelinegro ya no le importaba la vista del viejo ¿Qué gracias a él su madre lo odia? ¿Qué gracias a él tiene una maldición y está comprometido con quien sabe más chicas? Que mas da tal vez hay más cosas de la que ni se entera.
—Saldré a dar una vuelta. — y más que nada, solo quería estar en paz. Si se iba a su habitación lo más probable que llegase a toparse con él, así que mejor salir de casa antes de que la furia se hiciese ´presente.
Cinco minutos después, no camino más que dos manzanas. Un dolor repentino surgió desde su estomago. Y eructos con sabor a cloro recorrían su boca.
Ranma caminaba tambaleándose en la calle, su visión se volvía cada vez más borrosa. Su cuerpo se le entumecía y el sudor en su frente demostraba su esfuerzo que hacía para mantenerse de pie.
Antes de que sea demasiado tarde decidió ir hacia el doctor tofu, antes pensó que sería buena idea morir intoxicado pero el intenso dolor en su vientre y su mente nublada, la duda se le presentaba, no es como si quiera morir de esta forma. Solo debía cruzar una calle y a la vuelta obtendría su alivio. Las vista borrosa del chico no logra apreciar la luz roja del semáforo, el cómo peatón debía esperar unos minutos antes de querer cruzar la calle además no es como si pudiera saltar, no podía, era imposible en su estado. Sin embargo Ranma no pudo darse cuenta de eso así que solo camino en línea recta sin percatarse de su alrededor. Y por los síntomas ya mencionados no logra darse cuenta de un bus que a gran velocidad se acercaba hacia él.
El conductor venia malhumorado, un pasajero anterior armo un escándalo junto a su pareja, añadiendo que el conductor despertó con el pie izquierdo, le había avisado que solo este trabajaría y luego ya no tendría empleo. Muchas emociones cargaba el sujeto, por ende no presto atención al camino, era como si estuviera en piloto automático y solo siguiera el recorrido. Al último momento se dio cuenta de una figura roja con cabellera negra cruzaba la calle con el semáforo en rojo.
El impacto es inminente, no logra reaccionar a tiempo chocando al joven.
Ranma sale volando por los aires, todo parecía ir en cámara lenta. El joven pelinegro aterriza chocando de cabeza contra el duro suelo de cemento rodando en el proceso. El conductor con las manos en la cabeza aterrorizado por el acto creyendo haber atropellado y matado al chico que cruzo imprudentemente la calle.
Mientras tanto la conciencia de Ranma de se va por las nubes, todo a su alrededor se vuelve oscuro.
Dentro la cabeza de Ranma Pequeños destellos de luz entran en escena. Pequeñas imágenes a la distancia comienza a notar. Ranma podía sentirse así mismo, su cuerpo como si fuera de aire, sin forma y a la vez comenzando un recorrido por los parajes de sus recuerdos. Desde cuando era niño hasta volverse el hombre que creía ser. Se detiene ante el recuerdo cuando su madre llega al dojo, su madre le grita que es un monstruo.
El mundo de Ranma se vuelve negro otra vez.
Ranma abre los ojos, recuerda haber caminado por la calle desorientado y con mucho dolor estomacal a causa de la comida de Akane. Vagamente recuerda ser golpeado por algo, aunque solo la sensación del impacto.
Ranma se levanta rápidamente de la cama. Nota que es una chica, dudosa… no recuerda ser una chica. Se da cuenta que no está en un hospital, ni menos en el dojo y además de no estar herida, además vestir un piyama blanco a rayas muy femenino.
Se sienta en la cama mira la habitación en la que esta. El color ver pastel de las paredes, la cama blanda y suave. El orden y limpieza del lugar, claramente la habitación de una chica. Aunque por extraño que parezca a Ranma se le hacía muy familiar.
Ranma suspira por lo bajo. Pensado. "Tal vez cuando algo me golpeo caí al agua. Quizás alguien me ayudo y me trajo a la habitación de su hija o nieta. Lo que sea. Solo daré la gracias y me iré".
Hundida en sus pensamiento no escucha la puerta abrir. Una mujer de mediana edad con el pelo rojizo entra saludando a Ranma.
—Hola cariño, ¿Cómo amaneciste? — La mujer pelirroja con una sonrisa genuina saluda a la niña.
Ranma abre los ojos como si se les fueran a caer. Su respiración se acelera. Mira a hacia la ventana como buscando una salida rápida. Nodoka se preocupa al ver a su hija actuar de manera extraña.
—Ranma… ¿Te encuentras bien?
Ranma responde nerviosamente —Mamá… yo eh… e-estoy bien… ¿Cómo es que llegue aquí, es tu casa? ¿No se suponía que era un monstruo para ti?
Nodoka se cobre la boca ante el repentino ataque verbal de su hija. Sin saber cómo lo ocasiono, muy preocupada atrapa a Ranma en un abrazo. Ranma por otro lado ve a la mujer mayor acercarse hacia ella. Pensando en que tal vez la castigara por hablar así de agresiva solo cierra los ojos esperando el golpe, aunque volvió a abrirlos cuando siente un abrazo suave y cálido por parte de la mujer.
—Ranma mi cielo este es tu hogar, aquí es donde creciste, toda tu vida has estado aquí junto a mi ¿Quién te dijo que te considero un monstruo? Eres mi hija, mi ángel, mi adorada niña, mi pequeña bebe que siempre amare, no vuelvas a decir algo como eso por favor, me duele escucharte decir eso. — Nodoka se separo de Ranma y tomo sus mejillas con ambas manos — Ranma hija dime ¿Que te ha pasado? ¿Quién te dijo eso?
La pelirroja menor sorprendida por la declaración de la mujer mayor. Le acababa de decir que toda la vida vivió con ella. Además le costaba creer que hace poco esta misma persona fue la que lo miro como su fuera un pedazo de mierda. En cambio podía ver a una madre, una persona tan llena de amor, sin saber si eran la misma persona o no.
Aunque… De pronto Ranma se dio cuenta de un hecho, esta mujer que tenía delante suyo se comportaba de la misma manera que la mujer de sueños, aquella mujer atenta y maternal que en más de una ocasión deseo que fuera real. Que fuera su madre de verdad.
Y una última cosa… su maldición, Ranma de pronto se le helo la sangre, tuvo una corazonada muy fea. Se levanto de su cama apartando a Nodoka de su lado. La mujer mayor preocupada por el reciente estado lunático de su hija la sigue. Ranma caminaba rápidamente por los pasillos de la casa. Con vagos recuerdos a base de sus sueños intentaba encontrar el baño.
—Ranma cariño que sucede, me estas asustando. — Con una mano en el corazón observaba como Ranma abría puerta tras puerta. Como si fuese la primera vez que estaba ahí. Eso entristeció y preocupo a Nodoka. Igual recordando que Ranma le dijo "¿No se suponía que era un monstruo para ti?" ¿Qué le paso a su hija?
Ranma finalmente encontró el baño, se dirigió hacia la ducha abriendo la llave del agua caliente, dejo que su cabeza se remojara esperando cambiar. Pero lo que no paso fue el cambio a hombre. Ranma seguía siendo mujer a pesar de estar bajo el agua. Ranma dejo el agua correr empapándose completamente, sin darse cuenta que la estaba quemando.
—E-esto no puede ser… ¿Porqué no cambio a hombre?— Ranma hablo para sí misma con la voz temblorosa y Nodoka quien estaba detrás de la puerta observando y escuchando todo, no asimilaba lo que ocurría por la mente de su pequeña hija, pero estaba segura que tenía graves problemas. "¿Mi hija cree que es un hombre? oh por dios mi niña…" Caminando lentamente con una mano extendida, como si Ranma estuviese lejos se acerco hacia ella.
Ranma se sentó en la baldosa del piso del baño con la regadera botando agua. Intentaba razonar el por qué no cambio. Y pues claro, debía saber que estaba dentro del sueño que habitualmente veía por las noches. "Relájate Ranma Saotome, esto es parte del sueño… solo cálmate nada es real". Le choco saber que estaba atrapado en su forma femenina, en su cabeza trababa de razonar que lo estaba viviendo era un tipo de ilusión, pero el tacto real de las cosas le hacía creer que nada era falso. Estaba en una gran confusión.
Nodoka apago la llave y se sentó junto a ella en el suelo mojado su ropa, pero no le importo. Abrazo a Ranma, su hija no ofreció resistencia alguna. La niña pelirroja con los ojos absortos en la nada, de pronto sintió un par de brazos que la rodeaban gentilmente y la atraían hacia el cuerpo de la mujer mayor. Ranma giro su vista hacia su madre, quedando a cara a cara. Ranma podía ver como la mujer mayor mostraba preocupación. También noto que la mujer estaba llorando y por alguna razón Ranma sintió su corazón estremecer, pudo sentir el dolor de su madre. De pronto la mujer mayor le hablo.
—Ranma, hija mía no se qué es lo que te sucede o lo que te paso… pero debes saber que soy tu madre y puedes contar conmigo para lo que sea, te escuchare, te mimare como siempre lo he hecho. — Hablo Nodoka con la voz temblorosa y la vez sobando con delicadeza y ternura la espalda de Ranma.
Después de escuchar la voz temblorosa de la mujer hiso un clic en el corazón de Ranma. En un lugar muy lejano de la chica pelirroja, deseo mas de alguna vez ser amada por su madre, así como esta imagen ilusoria de lo que podría ser ella. Y Ranma estaba consciente de eso. La mujer que la abrazaba solo una falsa imagen de lo que en realidad es su mamá. Sin embargo el momento emocional y el actual cuerpo de Ranma no ayudaban, de pronto más de alguna lágrima fluía por sus mejillas. Aunque sea una imagen falsa de madre, ella le demostraba amor. Era el amor que siempre anhelo tener. Tantos años deseando tener a una madre, y al final solo saber que su verdadera madre lo pisoteo sin compasión. Aunque ahora era diferente, podía sentir la calidez del abrazo, el amor en las palabas. Ranma no aguanto más esas penas que traía consigo.
— ¿Tu eres mi mamá?—pregunto dudosa, con miedo en sus palabras. Pero quería oírlo, oír esas palabras que tanto tiempo espero, quería sentirse amada por su madre.
—Claro que si mi amor, soy tu madre, y lo seré hasta mis huesos no soporten mi peso. Incluso si llegas a ser una mujer mayor y yo una senil anciana, siempre te amare.
Ranma no lo soporto mas… un rio de lágrimas fluyo desde lo más profundo de su corazón. "Soy tu madre, siempre te amare". Cuyas palabras hicieron un espacio en ella para quedarse por siempre y las cuales eran la razón de sus lágrimas, y ahí estaban, solo eso quería oír.
Entre los sollozos Ranma con la voz hecho añicos y temblorosa trato de hablar. —Siempre quise conocerte mamá. Desde que era pequeño pensé en ti. Pase toda mi vida entrenando con mi padre, pero para mí era como estar solo… ¿De verdad estarás conmigo?
Nodoka le sorprendió lo que dijo su hija, ¿se trataba así misma como a un hombre? ¿Un viaje de entrenamiento con Genma? Quizás en otro momento pueda hablar con Ranma sobre eso.
La mente de Ranma divagaba… ¿Que realidad era esta? ¿Qué tipo de ilusión o broma de mal gusto le estaban provocando? No estaba segura. Pero lo que sentía en este instante no se comparaba con nada. Ni el amor que sentía por Akane se asemejaba a esto.
Realidad o ilusión, no negaría que lo estaba disfrutando. Estaba con su madre. La mujer que siempre deseo tener a su lado, ahora ella estaba acariciando su pelo rojo intenso. Ranma sin darse cuenta comenzaba a ronronear, Nodoka soltó una risita. Aunque por un lado preocupada por la salud mental de la niña ya que Ranma le conto que viajaba con su marido. También noto como lo decía con una autentica tristeza. Pero mientras tanto se calmaba a oír como lentamente se comportaba como lo haría su hija normalmente.
Ranma se quedo dormida sobre las piernas de su madre.
Momentos después Nodoka le saco su piyama mojado y se lo cambio por un seco, la acomodo en su cama y la beso en la frente. Antes de cerrar la puerta observo por última vez para verificar que su hija está bien. Sonrió al ver su rostro sereno. Aun le inquietaba lo que le había contado Ranma. Viajando con su marido en su niñez… entrenando… tal vez su hija despertó aun soñando y eso la confundió. Pero de todas formas dejaría a su hija descansar.
Nodoka cerró la puerta dejando a Ranma sola en su habitación. La chica pelirroja tenía una imagen de serenidad dibujada en la cara. Pero a medida que pasaba el tiempo esa imagen cambio a una de preocupación. En lo profundo de su cabeza escuchaba las múltiples voces que llamaban por su nombre, pero la que más tangible era, fue la voz de Akane. "¡Ranma, despierta por favor! ¡Ya no te obligare a comer mi comida otra vez, por favor vuelve!"
—Akane… no te veo…— Ranma murmuro dormida. Pero en su cabeza gritaba a más no poder, esperando una respuesta. Pero lo único que escuchaba eran los lamentos de la chica Tendo que lloraba en algún lugar.
De pronto esas voces se alejaron, y de paso llegaron ciertas imágenes.
El día era gris y nublado en el cementerio, había una pequeña Ranma vistiendo un vestido negro junto a su madre, la pequeña Ranma no sabía que es lo pasaba, una gran cantidad de gente que no conocía y todos vestían de negro. Así que por la duda le pregunto a su mama.
— ¿Mamá porque papá está encerrado en esa caja de madera? ¿A que está jugando? ¿Porque todos visten así?
Nodoka intentaba reprimir su tristeza y con gran autocontrol contesto a su hija —Sabes que papá es un payaso, el esta solo jugando a las escondidillas. El no sabe que lo estamos viendo. Guarda silencio o nos descubrirá…
La escena cambio, Ranma era más mayor ya de trece años. Caminaba hacia la secundaria y detrás de ella la seguía un chico. Ryoga Hibiki.
— ¡Ranma espera! me sorprende que a pesar de que seas pequeña seas tan rápida. — Se burlo Ryoga, sin embargo a Ranma no le hizo gracia.
— ¡¿A quién llamas enana?! ¡Ya verás que seré tan alta y hermosa como mamá! Solo espera quieres…— soltando un bufido hacia el chico pelinegro.
—De que te volverás aun más hermosa de lo que eres, de eso estoy más que seguro. —Dedicándole una sonrisa a Ranma, y ella sonrojándose por el comentario.
El siguiente escenario.
Nodoka cepillaba el pelo de Ranma–chan, en su rostro adornaba una linda sonrisa. Posteriormente aplico maquillaje en el rostro suave y terso de su hija. Ranma estaba exasperada, no quería destacar demasiado pues solo era su primer día de clases.
—Mamá por favor, solo es el retorno a clases… no un desfile de modas. — le reprochaba con un puchero.
—Lo sé querida, pero quiero hacerle saber a todo Furinkan quien es la niña más hermosa de todas.
—Ouh mamá por favor…— Movió sus ojos hacia su madre dándole una mirada cansada.
— ¿Qué puedo hacer para convencer a mi hija de que sea vea como una princesa?... Oh ya se tal vez para la cena a alguien le puedo hacer su platillo favorito y puedo hacer la vista gorda si trae tareas…
Ranma dejo escapar una gota de saliva mientras pensaba en las delicias de la mano de su madre. —Comida… y una tarde sin tareas… me parece justo… ¿Crees que a Ryoga le guste si me dejo el pelo suelto?
—Oh cariño a ese chico le podrás gustar aunque estés despeinada y con ojeras. Esta muy enamorado de ti. Bien ahora déjame ayudarte con esto…
Una escena más vieja. Una en la que Ranma era una niña.
El día era cálido y soleado Nodoka jugaba con su hija de cinco años en el parque, la mujer mayor estaba sentada sobre el pasto y Ranma saltando a su alrededor. Ambas reían y disfrutaban de su compañía.
Nodoka preguntaba divertidamente a su pequeña Ranma. — ¿Quién es la pequeña niña de mama?
— ¡Yo soy! — respondía estiraba sus bracitos hacia el rostro de su madre.
— ¿Quién es la niña más hermosa del mundo?
— ¡Yo soy mamá!
— ¿Oh donde esta? No la veo— preguntaba mientras ignoraba a Ranma. Haciéndole creer que no la veía. A Nodoka y sobre todo a la pequeña niña le gustaba es ese juego.
Fuera del sueño…
Nodoka preocupada por su hija va su a su habitación a verla. Cuando entra acomoda un poco más el cubre camas, algo que calmo a la mujer mayor fue al ver una sonrisa en Ranma y a la vez logra escuchar un susurro de la niña. —Yo soy tu hija…aquí estoy…
Nodoka sonríe al escuchar a Ranma. —Siempre lo serás querida, te amo mi pequeña. —con un beso en la frente de Ranma sale de la habitación. Logra sacar algo de sus preocupaciones al ver la sonrisa de su hija.
—o—o—
Descargo de responsabilidad: Todos los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko Takahashi.
