La historia pertenece a Kylie Scott y los personajes a Hiro Mashima. Mio solo es el tiempo que invierto en hacer esta adaptación.
Sinopsis
¿Puede un acuerdo de conveniencia entre una buena chica y un chico malo de los Fairy Tail salir bien?
Gray Fullbuster, el batería de Fairy Tail, necesita limpiar su imagen y rápido, aunque sólo sea durante un tiempo. Y para conseguirlo, nada mejor que llevar del brazo a una buena chica que le haga el trabajo. Lo que no espera es que este arreglo temporal se convierta en algo permanente.
Juvia Loxar nunca pensó que conocería a una estrella del rock como las que colgaban de las paredes de su habitación… y mucho menos en esas circunstancias. Juvia está mal de dinero. Muy mal. Pero eso de aceptar que le paguen para interpretar el papel de la novia buena que sale con el batería de un grupo no puede acabar bien. ¿O tal vez sí?
Capítulo 1.
Algo iba mal. Lo supe en el momento que entré por la puerta. Encendí la luz con una mano al tiempo que con la otra dejaba caer el bolso en el sofá. Después de haber atravesado el pasillo tenuemente iluminado, aquel repentino resplandor me deslumbró. Unas lucecitas bailaron ante mis ojos. Cuando desaparecieron, vi los huecos… Huecos que esa misma mañana estaban llenos de cosas.
Como el sofá.
El bolso cayó al suelo y se salí todo su contenido: tampones, monedas, bolígrafos y maquillaje. Una barra de desodorante rodó hacia un rincón; un roncón vacío en el que ya no estaban ni la televisión ni el mueble en el que se apoyaba. La mesa y las sillas vintage, que había comprado en una tienda de segunda mano, seguían allí, lo mismo que la librería repleta. Pero la mayor parte de la estancia estaba vacía.
-¿Sherri?
No obtuve respuesta.
-¿Qué coño…? – Menuda pregunta tan estúpida. Era evidente lo que había pasado allí. Justo delante de mí vi abierta de par en par la puerta de la habitación de mi compañera, y allí dentro no había más que polvo y oscuridad. No tenía sentido negarlo: Sherri me había dejado sin nada.
Tragué salive y hundí los hombros bajo el peso de dos meses de alquiler atrasado, y me pasó por la cabeza la idea de que acabaría dependiendo de comedores u otros servicios sociales. Incluso noté cómo se me cerraba la garganta. Así que esto es lo que se siente cuando te la juega un amigo, pensé. Apenas podía respirar.
-¡Oye, Juvia!, ¿puedes prestarme tu abrigo de terciopelo? Te prometo que te lo… - Mirajane, la vecina de al lado, entró como una exhalación. No, llamar a la puerta nunca había sido su estilo. Y, al igual que yo había hecho hace un rato, se detuvo en seco -. ¿Dónde está el sofá?
Respiré hondo y solté el aire muy despacio. Pero no sirvió de nada.
-No sé. Supongo que se lo habrá llevado Sherri.
-¿Sherri? ¿Se ha marchado?
Abrí la boca, pero en realidad, poco podía decir.
-¿Se ha marchado sin avisarte? – Mirajane ladeó la cabeza, provocando que su larga melena blanca se ondulara en el aire. Siempre había envidiado su pelo. El mío era azul y demasiado fino. Me llegaba hasta algo más debajo de los hombros y era demasiado lacio, como si lo hubiera impregnado de aceite. Por eso no me lo dejaba crecer nunca demasiado.
Aunque tampoco me importaba el pelo. Qué demonios.
Lo que me importaba era poder pagar el alquiler.
¿La falta de estilo de mi peinado? No, ya no me importaba en absoluto.
Me ardían los ojos. Su traición me dolía sobremanera. Sherri y yo éramos amigas desde hacía muchos años. Confiaba en ella. Habíamos compartido confidencias sobre chicos y secretos, muchos secretos; habíamos llorado la una en el hombro de la otra… Aquello simplemente no tenía sentido.
Aunque era real.
Era real de una manera muy dolorosa.
-No. – Mi voz sonó rara en aquel espacio semivacío. Tragué nuevamente saliva, aclarándome la garganta -. No, no me dijo que pensara marcharse.
-Qué raro… Parecía que os llevabais muy bien.
-Sí.
-¿Por qué se habrá ido de esa manera?
-Me debe dinero – admití, arrodillándome para recoger el contenido del bolso. Sin duda no me ponía de rodillas para rogar a Dios. Hacía mucho tiempo que sabía que eso no servía para nada.
Mirajane gruñó levemente.
-¿En serio? ¡Pues menuda amiga!
-¡Cielo, vamos a llegar tarde! – Laxus, el novio de Mirajane, llenó el umbral de la puerta, mirándola con impaciencia. Era un tipo alto y fuerte. Por lo general, también envidiaba a Mirajane por la pareja que tenía, pero en ese momento no lo encontré nada atractivo. Estaba realmente jodida.
-¿Qué es lo que ha pasado? – preguntó Laxus, mirando a su alrededor -. Hola, Juvia.
-Hola, Laxus.
-¿Y tus muebles?
Mirajane levantó las manos en el aire.
-¡Sherri se los ha llevado!
-No – la corregí -: Sherri se llevó sus muebles y, además, mi dinero.
-¿De cuánto dinero estamos hablando? – preguntó Laxus. El enfado hacía que su voz fuera todavía más grave.
-Bastante – confesé -. Yo he estado pagándolo todo desde que perdió el trabajo.
-Joder… - murmuró Laxus.
-Sí. – dije casi en una exhalación.
Busqué la billetera dentro del bolso y la abrí. Sesenta y cinco dólares y un reluciente centavo solitario. ¿Cómo había llegado a esto? Después de pagar en la librería, había agotado el saldo de la tarjeta de crédito. Levy me había pedido dinero para pagar los libros de texto y jamás se me hubiera ocurrido negarme a ello. Lo más importante para mí era que mi hermana acabara sus estudios universitarios.
Recuerdo que por la mañana le había dicho a Sherri que teníamos que hablar. Después pasé un día horrible por ello, incluso se me había revuelto el estómago. La charla que tenía pendiente con ella implicaba pedirle que recurriera a sus padres, o incluso al estúpido de su nuevo novio, para poder devolverme el dinero. Yo no podía mantener el apartamento y además pagar la comida de las dos durante más tiempo mientras ella buscaba otro empleo. Así que también debía pedirle que se buscara in nuevo alojamiento. De manera que sí, realmente mi intención era ponerla de patitas en la calle. Y la culpa hizo que sintiera una piedra en el estómago.
Lo cuál era realmente irónico: pensaba decirle que se marchara, pero ella se marchó antes. ¿Qué posibilidades existían de que ella sintiera remordimientos por haberme dejado tirada? Seguramente ninguna.
Terminé de recoger el contenido del bolso y cerré la cremallera.
-Mirajane, por cierto… - dije, volviendo a la realidad -, el abrigo está en mi armario. O al menos espero que siga estando allí. Puedes buscarlo tú misma.
Dentro de ocho días tenía que pagar el alquiler. Quizá ocurriera un milagro. Tenía que haber alguna manera de que una mujer inteligente de veintitrés años pudiera ahorrar algo de dinero, ¿no? Únicamente necesitaba un lugar donde vivir. Antes de esto, todo iba bien, pero siempre supe que mi hermana y yo necesitábamos cierta estabilidad financiera: libros, ropa, salir a cenar… Todas esas pequeñas delicias que hacen que la vida valga la pena. Ya nos habíamos sacrificado suficiente. Sin embargo allí estaba, arruinada y de rodillas.
Supongo que si lo miraba retrospectivamente, debería haber tenido otras prioridades… ¡Qué asco!
En el peor de los casos, si nos lo montábamos bien, podía dormir en el suelo de la habitación que Levy ocupaba en la residencia universitaria. Estaba claro que nuestra madre no tenía dinero, así que pedírselo estaba fuera de toda cuestión. Tal vez si vendiera las perlas de la tía abuela, podría hacer frente al aval de otro apartamento más pequeño, uno cuyo alquiler pudiera pagar yo sola.
En fin, ya arreglaría esto de alguna manera. Claro que lo haría. Solucionar problemas era mi especialidad.
Pero, eso sí, como volviera a ver a Sherri, la estrangularía con mis propias manos.
-¿Qué vas a hacer? – preguntó Laxus, que estaba apoyado en el marco de la puerta.
Me levanté y sacudí el polvo de las rodilleras de los pantalones negros.
-Ya me las arreglaré.
Laxus me miró con intensidad. Le sostuve la mirada con toda la calma que pude reunir. Más valía que lo próximo que él dijera no fuera una frase compasiva. El día ya estaba siendo lo suficientemente malo. Me forcé a sonreír con determinación.
-Bien, ¿a dónde tenéis pensado ir?
-¡Hay una fiesta en casa de Natsu y Lu! – contestó Mirajane desde el interior del dormitorio -. ¡Deberías acompañarnos, Juvia!
Lu era la hermana de Laxus y antigua compañera de piso de Mirajane. Se había casado hacía pocos meses con Natsu Dragneel, dios del rock y guitarrista del grupo Fairy Tail. Era una larga historia y, si he de ser sincera, todavía me costaba bastante entenderla. Lu era la rubia simpática de la puerta de al lado, iba a la misma universidad que Levy y preparaba un café de infarto en Ruby's Café, y de repente la calle se llenó de paparazzis. Sherri llegaba a hacer declaraciones en la puerta, como si supiera algo, mientras yo me limitaba a entrar por la puerta trasera.
En general, mientras vivió en el edificio, mi relación con Lu se limitó a saludarnos cuando nos cruzábamos en las escaleras, y también le solía comprar una café doble en Ruby's camino del trabajo. Así que no es lo que yo consideraría una amistad. Además, dada la costumbre de Mirajane de pedirme ropa prestada, era a ella a quien conocía mejor.
-Lax, ¿no crees que debería venir con nosotros?
Laxus soltó un largo gruñido. No sé si de afirmación o desinterés. A veces era difícil interpretar a ese chico.
-Da igual – protesté. Vi bolsas de cosas para tirar a la basura, apoyadas en la pared donde habían estado el sofá y la librería; los deshechos de Sherry -. Tengo un nuevo libro para leer, pero seguramente me pasaré el rato limpiando. Parece que hacía tiempo que no pasábamos el aspirador por debajo del sofá. ¡Bueno! Lo mejor de todo es que no tendré que trasladar muchos muebles cuando tenga que mudarme.
-Vamos, acompáñanos, Juvia…
-Mirajane, a mí no me han invitado – repliqué.
-Tranquila. La mitad de las veces tampoco nos invitan a nosotros – argumentó Laxus.
-¡Nos adoran! Claro que quieren que vayamos. – Mirajane salió de la habitación y le lanzó una mirada airada a su novio. La cazadora negra vintage le sentaba mucho mejor de lo que jamás me quedaría a mí, pero, a pesar de eso, no la odiaba. Si eso no me hacía ganar puntos para acceder al cielo, nada lo haría. Quizá se la regalara como despedida antes de dejar ese apartamento.
-Venga, Juvia – me animó, rodeándome con un brazo -. A Lu no le importará.
-¿Preparada? – Laxus hizo tintinear las llaves del automóvil con impaciencia.
No creía que alternar con estrellas del rock fuera la respuesta adecuada a mi situación; estaba claro que pronto me encontraría en la calle. Puede que algún día, cuando estuviera en mi mejor momento y la suerte me sonriera, asistiera a una de esas fiestas. Pero hoy no. Definitivamente no era mi mejor día. Sobre todo porque me sentía cansada y derrotada. Aunque, pensándolo bien, llevaba sintiéndome así desde que cumplí los dieciséis, de modo que esa tampoco era la mejor de las excusas, claro que Mirajane no tenía por qué saberlo.
-Gracias – me excusé -. Pero acabo de llegar a casa y estoy muy cansada. De verdad.
-Mmm… Cielo, en este momento tu casa no es un buen refugio – aseguró Mirajane, mirando de soslayo las pelusas de polvo y los espacios vacíos que habían dejado los muebles -. Además, ¡es viernes! ¿A quién le gusta quedarse en casa un viernes por la noche? Venga, ¿Qué te parece? ¿Vas a ir con el uniforme del trabajo o te pones unos jeans? Yo te recomiendo los últimos…
-Mirajane, es que…
-No, ni hablar – me cortó, tajante, pero sonriente.
-Pero…
-No. – Mirajane me agarró los hombros y clavó los ojos en los míos -. Escucha. No tengo palabras para expresar lo furiosa que me siento. Pero precisamente por eso mismo vas a venir con nosotros. Si quieres, al llegar allí te quedas el resto de la noche en un rincón. Pero al menos no estarás aquí sola, pensando en esa maldita ladrona. Ya sabes que nunca me gustó. Y te lo dije, ¿recuerdas?
Í, lo sabía. O al menos lo comprobaba ahora. Bah, me daba igual.
-¿Verdad que te lo decía a veces, Lax? – insistió Mirajane, mirando a su novio.
Él se encogió de hombros e hizo sonar las llaves un poco más.
-Venga, ve a arreglarte. – Mirajane me empujó en dirección al dormitorio.
Dada mi situación actual, esta podía ser la única oportunidad de conocer a Natsu Dragneel. Sabía que Lu todavía seguía viniendo de vez en cuando por aquí, aunque nunca lo había visto a él, a pesar de que a veces me entretenía en las escaleras a propósito, por si acaso. No era que Natsu Dragneel fuera mi favorito de los cuatro miembros de Fairy Tail. Ese honor estaba reservado para el batería, Gray Fullbuster. De hecho, hace años estaba totalmente colgada por él. Aún así, Natsu Dragneel era Natsu Dragneel. Por eso tenía que acudir a esa fiesta, aunque sólo fuera por la oportunidad de conocer a uno de ellos. Tiempo atrás había sido una incondicional admiradora del grupo, lo que se dice una auténtica forofa, pero no porque fueran unos magníficos dioses del rock, no, sino por otros motivos. Yo era una purista en lo referente a la música.
-Está bien, dadme diez minutos. – Era el tiempo mínimo que requería para prepararme mental y físicamente, si quería alternar con gente rica y famosa. Por suerte, en ese momento estaba tan baja de moral que nada me alteraba ni me importaba demasiado, así que sin duda era el momento óptimo para conocer a alguien guapo y famosos como Natsu Dragneel. Estaba segura de que podría mantener la calma y no comportarme como una admiradora embelesada.
-Cinco minutos – regateó Laxus -. Va a empezar el partido.
-Oye, ¿por qué no te relajas? – Mirajane le dio un codazo cariñoso a su novio.
-Porque no – replicó él, haciéndola reír, y la besó.
No los miré, no quería saber más de lo que ya sabía. Las paredes de aquel edificio de apartamentos eran demasiado finas, y las costumbres de apareamiento nocturno de Mirajane y Laxus no resultaban precisamente un secreto. Por suerte, durante el día solía estar trabajando. Así que desconocía lo que hacían durante esas horas e, insisto, tampoco quería saberlo. Bueno… ¡de acuerdo! De vez en cuando me lo imaginaba porque hacía mucho que no disfrutaba con nadie en la cama. Además, al parecer, poseía una vena voyeur reprimida que necesitaba dejar salir de alguna manera.
¿De verdad me apetecía pasar la noche viendo como algunas parejas felices se metían mano?
Otra opción era llamar a Lyon, aunque me había dicho que esa noche tenía una cita. Como no, Lyon siempre tenía alguna cita. Era perfecto en todos los sentidos, por no hablar de que era un auténtico mujeriego. A mi mejor amigo le gustaba compartir su amor con todo el mundo, por decirlo con suavidad. Parecía mantener una relación de primer grado con la mayoría de la población femenina de Portland entre los dieciocho y los cuarenta y ocho años. Es decir, básicamente con todo el mundo menos conmigo.
Lo cual estaba muy bien. Yo lo prefería así.
No estaba mal eso de ser amigos. Aunque, para ser sinceros, tenía la esperanza de que algún día acabáramos siendo la pareja perfecta. ¿Por qué ocultarlo? Era fácil estar con él y, con todo lo que teníamos en común, seguro que mantendríamos una relación duradera. Pero mientras tanto, me sentía feliz esperándolo, concentrada en mis cosas. Tampoco es que últimamente él hubiera estado saliendo con alguien en serio… En fin, yo me entendía.
Por otro lado, a Lyon no le importaría alentarme en un momento así. Estaba segura de que cancelaría su cita, vendría corriendo a mi casa y me haría compañía mientras limpiaba. Sin embargo, acabaría soltándome un te lo dije. Sherri nunca le gustó del todo. Se enfadó cuando descubrió que yo le prestaba dinero. De hecho, la acusó de utilizarme. Y al final resultó que tenía toda la razón.
Aún así, la herida era demasiado reciente para que nadie, ni siquiera él, hurgara en ella. Así que no, Lyon quedaba descartado. Levy, por su parte, me recriminaría con la misma vehemencia. Porque, por lo visto, a ninguno de mis amigos nunca le gustó demasiado mi plan de salvar a Sherri. Después de darle vueltas, tomé una inteligente decisión: iría a la fiesta y me divertiría antes de que mi mundo se fuera a la mierda.
Muy bien.
Podía hacerlo.
Hola a todos! He vuelto con la continuación. Esta vez un Gruvia.
¿Un review para esta pareja?
