Aflojó su corbata con un poco de fastidio, mientras que cerraba la puerta con su pierna derecha y se apresuraba a quitarse los zapatos que dejó con sumo cuidado en el mueble de la entrada. Se quitó el saco lanzando maldiciones por lo bajo, mientras caminaba por su departamento descalzo hacia su habitación.
Su malhumor continuó incluso cuando se daba un baño, pero cuando se puso su pijama de seda azul y buscaba en su refrigerador todo lo necesario para hacerse unos sándwiches pareció calmarse. Petra le había informado que la última reforma que había pedido su empresa había sido rechazada, y necesitaba con urgencia buscar una solución en la que no se perdieran la mitad de sus productos. Levi trabajaba como secretario personal para el jefe de la empresa Rose, también conocida como la mejor en productos tecnológicos. Pero si algo salía mal, era en parte de las negociaciones en las que él mismo intervenía y aquello caería sobre su persona rápidamente si no lograba solucionarlo.
Colocó cuidadosamente el plato con dos sándwiches de jamón y queso, junto a un vaso con agua mineral, en una bandeja, decidido a olvidarse por unos minutos aquello que tanto le traía dolores de cabeza. Se fue directo a su habitación, apagando las luces a su paso, con cuidado se sentó en la cama con la bandeja entre sus piernas y encendió el televisor. Mientras comía, miró las noticias aunque luego de unos minutos dejó de prestar atención, su mente divagó a las empresas japonesas que se estaban volviendo un estorbo y luego a Farlan Church, el hijo de su jefe, quien no había dejado de acosarlo incluso después de haberle dicho millones de veces que a él no le atraían los hombres.
Levi llevaba una vida bastante normal, su madre lo había educado bien, nunca fue de aquellos que hablaran mucho ni tampoco de los que resaltaran, él siempre había creído mejor seguir la corriente y mejorar paso a paso. Había estudiado comercio exterior cuando tuvo que decidir que haría por el resto de su vida, ya que Kenny le había comentado que podría conseguirle empleo en la empresa en la que trabajaba, y no se equivocó, salvo que en su entrevista de trabajo habían quedado muy impresionados por lo increíble que había estado y no por su conexión con alguien que trabajaba allí.
Cuatro años como secretario personal no estaba tan mal, él por fin había podido demostrar todo lo que sabía, ya que su ahora nuevo jefe Farlan, jamás aportaba nada. Ya estaba fuera del alcance de las personas molestas que preguntaban en la administración hasta donde se encontraba el baño, lejos de los teléfonos ruidosos y los demás empleados que la mayoría del tiempo bebían café. Se sentía bien, hasta el traspié que dieron las nuevas computadoras al ser rechazadas.
Dejó la bandeja en su mesita de noche y soltó un gran bostezo, aunque no tenía demasiadas ganas de moverse, se ordenó a sí mismo a ir hasta el baño y cepillarse los dientes. Se miró al espejo durante unos minutos e hizo una mueca de desagrado al notar sus grandes ojeras, apenas con veintitrés años y con el estrés que traía siempre, temía quedarse calvo antes de los treinta.
Cuando estuvo listo, se dirigió a su habitación, apagó el televisor y se acostó en su cama, cambió de posición varias veces hasta que encontró la adecuada, cerró los ojos y pronto se vio envuelto en un profundo sueño.
El sonido de grandes pisadas lo despertaron, abrió sus ojos despacio y vio a Jean en la celda que estaba enfrente de la de él mirando hacia el lado izquierdo, restregó sus ojos y se enderezó en el colchón que tenía sobre el suelo, despacio y carcomido por la curiosidad que le daba su compañero, se acercó arrastrándose y consigo a las cadenas que apresaban sus tobillos e intentó mirar hacia la izquierda.
- Oye Jean ¿Qué sucede?
El alfa lo observó unos segundos y luego levantó sus hombros en respuesta.
Los pasos volvieron a oírse por aquel oscuro pasillo y pronto Reiner Braun se detuvo frente a sus celdas.
- Déjenlo aquí - el castaño observó al rubio y a sus dos seguidores fieles que arrastraban consigo a alguien más. - Va a estar en la celda con el recluso 104 hasta que consigamos una para él mismo.
Lo primero que sintió fue el aroma dulce de frutilla antes que el sonido de la reja siendo empujada con fuerza lo distrajera, se quedó en su lugar y observó a Annie dejar un pequeño cuerpo del otro lado de la celda y apresar los tobillos del mismo con los grilletes que estaban en las paredes. Se retiró sin siquiera mirarlo y volvieron a cerrar la reja con llave. Miró con atención y curiosidad el pequeño cuerpo que estaba a su lado izquierdo, se veía demasiado pálido con la poca iluminación que se filtraba de las luces del pasillo, su cabello negro caía desordenado sobre su frente, pestañas largas, nariz respingada y labios finos. Era un omega por donde se lo mirase.
- Y tú bastardo - dejó la atención dada hacia su nuevo compañero cuando Reiner se dirigió a él - llegas a tocarle incluso un solo cabello y te cortaré la garganta ¿Oíste?
Asintió varias veces y esperó a que se retiraran, volvió a mirar al omega que estaba en su celda y lanzó un suspiro prolongado cuando su aroma lo envolvió nuevamente. No era común que trajeran a la casta más baja a Shiganshina, porque según los betas que controlaban el lugar, normalmente era una gran pérdida para ellos.
El mundo se había vuelto un caos desde que los betas habían tomado el control, siendo de una casta en la que los celos y el aroma de los demás no les afectaba, no les costó demasiado escalar a la cima, a escondidas de aquellos alfas que tomaban las riendas hace más de cincuenta años.
Ahora, sólo podían quedarse tranquilos aquellos que habían encontrado a su pareja destinada, que comprobaban a través de largos estudios, si algún alfa mordía a un omega solo para poder vivir en paz, salía en los resultados médicos y el final de ambos, era la ejecución pública.
Recordaba a su madre y a su padre, habían tenido la suerte de ser destinados, y así, pudieron tenerlo. Tuvo una infancia tranquila, hasta que comenzó a tener todos los síntomas que lo llevarían a despertar como alfa en algún momento, cuando lo hizo, le dieron un año para encontrar a su pareja y cuando no tuvo éxito alguno, los betas del gobierno lo fueron a buscar.
Nadie sabía que pasaba con aquellos que el gobierno se llevaba, más que ellos mismos. Algunos eran asesinados inmediatamente, otros como él, eran encerrados en diferentes establecimientos donde los betas más adinerados iban a divertirse, algunos en el sector de prostitución y otros, en la zona de juegos.
Él había sido separado en la segunda opción, donde tanto alfas como omegas, debían luchar hasta la muerte. Era increíble la gran cantidad de personas que disfrutaban de aquellos actos, Eren llevaba ya cuatro años allí, siempre saliendo vencedor y siendo el objetivo de los apostadores que tiraban grandes cantidades de dinero para verlo acabar con alguna que otra vida. Era él o ellos.
Ahora, encerrado con aquel omega que no despertaba, sentía una cierta inquietud en su pecho, las castas inferiores siempre eran los primeros en morir, no sabía a qué se debía pero la mayoría de ellos se echaba hacia atrás cuando les informaban que debían atacar a un contrincante. Se acercó despacio, con un vaso de metal en la mano que le habían dado a la hora de la cena, aún tenía un poco de agua, y si aquel hombre aún no despertaba seguramente ya había recibido las inyecciones necesarias para las pequeñas transformaciones que tendrían su cuerpo. Garras y nada de celos.
Levantó el vaso y sin cuidado alguno lo vació en el rostro del azabache, éste al sentir aquel líquido frío abrió los ojos con rapidez, al principio algo desorientado pero cuando sus ojos azules chocaron con el par de orbes verdes su expresión se llenó de terror.
- ¿Dónde estoy? - se movió un poco tratando de mantener una distancia prudente con aquel hombre que emanaba un aroma a menta y tierra mojada, no sabía lo que estaba pasando y aquel sentimiento que sintió en su pecho fue extremadamente extraño - ¿Quién eres? - el sonido de las cadenas y los grilletes en sus tobillos lo asustaron aún más - Si quieres dinero lo siento, pero solo soy un simple empleado, no tengo lo suficiente y mi tío tampoco.
Eren lo miró curioso, era normal que se sintiera aterrado, pero no era eso lo que llamaba su atención, sino que lo recordaba ¿Dónde lo había visto antes?
- Livair - el alfa sonrió satisfecho al caer en cuenta de quien era.
Levi lo miró un rato largo, sin decir nada, aunque su cuerpo empezó a traicionarlo cuando comenzó a temblar y soltó algunas feromonas que delataban el miedo que tenía en ese momento.
- Oye no, no tengas miedo, soy Eren ¿No me recuerdas?
- ¿Qué quieres de mi?
- ¿Yo? Nada, deberías preocuparte más por lo que te dirán los de afuera.
Levi estaba realmente confundido, recordaba haberse acostado a dormir después de un largo día de trabajo y luego había sido despertado bruscamente por un joven que decía llamarse Eren y para sus mayores temores, se encontraba en una celda y encadenado junto a un desconocido.
Eren no tardó en explicarle lo que sucedía, tuvo que comenzar desde el principio ya que el azabache no tenía idea realmente de lo que le explicaba, pensó que tal vez le habían borrado sus recuerdos, ya que le resultaba imposible que alguien no conociera las castas siendo un omega.
- Pero no te preocupes Livair, puedo ayudarte.
- Levi, mi nombre es Levi.
- Oh lo siento, fue difícil acordarme de tu nombre. - Eren se acercó un poco más, le agradaba el aroma de aquel omega, se sentó a su lado como si fuesen cómplices de toda la vida y al azabache lo puso realmente nervioso.
- ¿De dónde me conoces? Digo, no recuerdo haberte visto antes y tampoco haber estado en el mundo que dices.
- ¿Tampoco me recuerdas? Jugábamos juntos de pequeños, incluso hablamos un par de veces cuando estábamos en secundaria, hace cuatro años Kuchel te había nombrado en su boda, aunque luego de eso terminé aquí.
- Eso es imposible, mi madre murió hace seis años.
Eren lo miró confuso ¿Seis años habían pasado ya? No, cuatro años, llevaba la cuenta, sabía que dos días después de la boda, el gobierno lo había mandado a buscar. Sin embargo no dijo nada, no quería agobiar a Levi, ya tenía demasiada información que digerir.
Nuevos pasos afuera y Bertholdt se paró delante de su celda.
- Jaeger, tu turno.
Eren se levantó y esperó a que fueran a quitarle los grilletes, cuando comenzó a caminar, miró de soslayo a Levi, que parecía más aterrado de lo normal.
- Descuida, estaré de vuelta en una hora.
Lo llevaron por el pasillo hasta el final, donde un ascensor lo esperaba junto a Erwin Smith, director general del establecimiento, una vez dentro el rubio lo miró de arriba a abajo y le comentó al otro beta que los acompañaba con voz fuerte y firme.
- Al parecer el nuevo fármaco puede usarse con tranquilidad, por lo que veo el alfa ha sanado mucho más rápido que la última vez.
Hoover asintió y una vez que llegaron al piso superior empujó a Eren incitando a que comience a caminar.
El castaño así lo hizo, estaba acostumbrado a esos tratos, se preguntó como estaría Levi ante aquella situación y un malestar se hizo presente en su pecho.
Le hicieron la revisión necesaria para verificar que no llevara ningún objeto con él antes de entrar al campo y también le dieron el uniforme que bastaba tan sólo con un simple pantalón azul y nada arriba, dejando su torso marcado al descubierto. Algo que las mujeres betas y los hombres agradecían, al ver cuando ocurría algún que otro acto sanguinario.
- Sabes las reglas Jaeger, intenta jugar con la presa antes de matarlo, si lo haces rápidamente las personas pierden el interés y eso no será divertido. - Erwin presionó el botón rojo que estaba al lado de una compuerta, la alarma y la luz verde comenzó a sonar indicándole que debía ponerse en posición.
Los dos hombres lo dejaron solo y pronto la compuerta comenzó a abrirse hacia arriba, las aclamaciones del público no tardaron en llegar al igual que la luz de los reflectores cegándolo por un instante, caminó despacio haciendo su entrada y pronto las personas que rodeaban el campo comenzaron a gritar su nombre.
Miró hacia adelante y del otro lado volvió a repetirse tal acción revelando a su contrincante.
Lo sabía, apenas vio el rostro de Nile, sabía que ganaría. El omega se removía inquieto y miraba con sus ojos cargados de terror hacia todos lados, al público, al campo y luego a él. Intentó enfocar su mente en algo que valiera la pena para continuar con esto y no dejarse matar allí mismo. Entonces el rostro del joven y temeroso omega que aún estaba en su celda se hizo presente y de nuevo aquel malestar que le inquietaba, no podía dejarlo solo, no después de haberle dicho que volvería.
- ¡DAMAS Y CABALLEROS! ¡ESTA NOCHE TENEMOS EL HONOR DE PRESENTARLES A NUESTRA NUEVA ADQUISICIÓN, NUESTRO PEQUEÑO OMEGA NILE DOK!
El público comenzó con abucheos, claramente los betas sabían que cualquiera que se enfrentara al castaño no lograría tener el apoyo de aquellas personas, por lo que esperaban una buena pelea de parte del alfa.
- ¡Y A SU IZQUIERDA EL ALFA A QUIEN TODOS LE TEMEN! ¡CAMPEÓN POR CUARTO AÑO CONSECUTIVO CON USTEDES EREN JAEGER!
Entonces el publico explotó con vítores hacia su persona, Eren no los miró, tenía que enfocarse en la presa que no dejaba de temblar. La alarma volvió a sonar dando a entender de que la pelea comenzaba.
Eren se acercó despacio, observó como Nile también lo hacía, aunque no atacó. El castaño no sabía si aún podía controlar las modificaciones que seguramente le habían hecho a su cuerpo, pero no importaba, el omega tenía que morir.
Dejó su cuerpo relajarse y sus manos se fueron transformando hasta parecerse a las patas de una bestia, con grandes y largas garras negras y filosas, sus ojos cambiaron de color, pasando del verde al dorado y fue ahí cuando su alfa interior rugió y su mente quedó en blanco.
Dio unos pequeños saltos en el lugar y giró su cuello haciéndolo tronar, miró al omega una vez más, Nile había elevado sus brazos y en ellos podían verse las pequeñas garras que poseía, cada modificación actuaba diferente en el cuerpo de cada persona, por lo que sonrió al tener una ventaja más.
De un momento a otro, cortó la distancia que los separaba con una velocidad impresionante, levantó su puño y le dio de lleno en el rostro del omega quien trastabilló hacia atrás debido al impacto, de su nariz comenzaron a caer pequeñas gotas rojizas que pronto quedaron opacadas cuando el castaño extendió su mano y le hizo un largo corte desde el ombligo hasta los pectorales, no fue profundo, esperaba que Nile al menos, se incentivara después de eso.
El omega dio un brinco hacia atrás y lanzó un pequeño quejido, Eren no volvió a atacar, más bien lo miró desafiante y le sonrió.
- ¿Tan rápido quieres morir? Vamos pelea.
Nile levantó sus puños, un ligero temblor en su cuerpo lo traicionaba, las feromonas estaban llenando el ambiente y Eren sabía que él era el único que podía notarlo allí dentro, su alfa interno quedó confuso y en un pequeño descuido el omega lo golpeó en la mandíbula.
El castaño se alejó por instinto mientras que el público gritaba en desaprobación. Decidió que no daría vueltas, si querían sangre eso es lo que tendrían.
Cuando Nile intentó dar el segundo golpe, Eren tomó su brazo derecho y lo torció, haciendo que el sonido de los huesos al romperse alegrara a la multitud. El hombre apresado gritó al sentir como se quebraba cada parte de su brazo bueno y luego el dolor en su espalda cuando recibió una patada que lo tiró al suelo.
El olor del alfa lo había confundido y aterrorizado cuando sus feromonas comenzaron a envolverlo, intentó levantarse pero se sentía mareado, las garras de Eren lo apresaron de los tobillos y se incrustaron en su carne sin compasión alguna, comenzó a llorar y a suplicar para que lo dejara con vida, pero el castaño tenía otros planes.
Lo giró y dejó a su contrincante cegado por unos minutos por las luces de los reflectores, el público había quedado en silencio observando con emoción aquella escena sin perderse detalle, después de todo la mayoría había apostado por el alfa y ya veían en sus mentes la cantidad de billetes que ganarían.
- Mírate ¿Qué clase de hombre suplica por su vida?
- Por favor no me mates, por favor.
Eren caminó y quedó en cuclillas sobre el abdomen del omega, se acercó peligrosamente a su rostro y le sonrió.
- Si no lo hago, no podré volver.
Con ambas manos tomó la cabeza de su contrincante y con una fuerza mayor tiró hacia arriba, había hecho lo mismo incontables veces y al público le encantaba, sabía que gracias a los experimentos que hacían con sus cuerpos se habían desarrollado mucho más de lo que esperaban, por eso cuando los gritos de Nile se oyeron sobre aquel silencio infernal, supo que era el momento.
Jaló un poco más haciendo presión sobre el cuello con una de sus rodillas y pronto el sonido de los huesos quebrándose junto a la piel y la carne siendo desgarradas se oyó seguido por los vítores de los betas y la aclamación de su nombre.
Sostuvo la cabeza del omega entre sus manos y luego la arrojó hacia la cápsula que envolvía el campo, detrás de la gran mancha de sangre que dejó aquella funesta carne, estaba Erwin Smith junto a los ejecutivos más importantes de Shiganshina. El rubio sonreía mientras aplaudía el gran espectáculo que había dado su mayor logro.
Minutos después, Eren se alejó del cuerpo, mientras las personas seguían aclamándolo, sus ojos volvieron a ser verdes y comenzó a esconder sus garras mientras observaba al árbitro que bajaba de una pequeña rampa y caminaba hacia él.
Pronto su brazo derecho fue elevado y los betas se pusieron de pie para felicitarlo con aplausos y uno que otro halago.
- ¡EL GANADOR DE LA NOCHE! ¡EREN JAEGER!
Cuando lo soltaron, le dio la espalda al árbitro y comenzó a caminar hacia la salida del campo, del otro lado de la compuerta lo esperaba Bertholdt con una sonrisa.
- Eres increíble Eren.
No dijo nada y se dejó guiar hacia las duchas, donde en silencio soltó una que otra lágrima mientras que con el jabón trataba de borrar las manchas de sangre que se habían pegado a su cuerpo. Volvió a cambiarse con un pantalón sencillo de mezclilla gris y una camiseta negra sin mangas que le habían dejado preparada y nuevamente como un buen chico, se dejó guiar hacia su celda.
Allí, en un rincón en la oscuridad, se encontraba el pequeño omega de ojos azules, éste le sonrió de inmediato y Eren se dejó envolver por el hermoso aroma de frutillas que el azabache traía consigo. No le hizo preguntas lo cual agradeció, muy dentro de él quería guardar a ese monstruo que salía cada vez que debía pelear y deseaba que Levi jamás pudiera verlo así.
7:00 am.
La alarma sonó y Levi tanteó la mesa hasta dar con ella y apagarla, se sentó en la cama soltando un gran bostezo, quitó las sábanas que lo cubrían y miró atento a su alrededor. Estaba en su habitación, con el pijama azul de seda que se había colocado la noche anterior, la bandeja donde habían estado los sándwiches anteriormente aún descansaba sobre la mesita de noche. En su mente aún podía ver con claridad al joven de ojos verdes, y en su cuerpo aún se sentía el olor a menta y tierra mojada.
