Capítulo 9 La casa en Malibu.
Aquel hombre considera a esa estación un lugar aburrido, aunque este acompañado de esas diez chicas no puede evitar pensar en que sería más entretenido esperar a abordar algún bote para al menos así tener la vista al mar, con olas constantemente moviéndose y gaviotas volando al horizonte desconocido, más sin embargo está allí, parado frente a rieles estáticos en una estación blanca que solo transmite el sonido del débil viento soplando.
Los minutos en ese silencio espectral son eternas. ¿Cuánto ha estado esperando ese tren? Espera y valga la pena sea lo que haya allí. Deja salir un suspiro, notando que hasta esas diez están aburridas de tanta espera.
−Vaya, no recuerdo que mi espera haya sido tan tortuosa. –Comenta la rubia más grande.
−Que gracioso, tampoco yo. –Añade la castaña de ropas amarillas.
−Nadie recuerda con claridad su abordaje, simplemente abordan y ya. –Responde la pequeña del suéter verde, ajustando sus lentes.
Entre suspiros y murmullos, el hombre sigue sin hablar. Levanta la mirada para ver la actualización de su horario pero nada, solo dice ´´será anunciado´´
El tacto en su hombro alerta al hombre, viendo que es otra vez esa rubia de vestido color menta, quien lo mira con una sonrisa hecha para despejar las preocupaciones e impaciencia del hombre.
−¿No crees que es mejor así? Es decir, ese tren llegara tarde o temprano, deberías aprovechar esa espera. –Aconseja esa rubia al sentarse a su lado, sacando de un bolso que apareció de la nada unas bolas de estambre y agujas, pasándole una a él. –Vamos, el tren llegara pronto y deberías llevarte algo lindo con él.
Sin cuestionarla le ofrece una sonrisa, tomando la bola de estambre. Quizá no sea el mejor diseñador del mundo, pero si ha demostrado tener talento para la costura, sus primeros trabajos profesionales fueron cociendo.
…
−Rita, tu tía Londey vendrá por ti pronto. Alístate de una vez. –Pide Lincoln a su pequeña bisnieta mientras él también se viste para estar presentable.
−Aún me duele el estómago. –Sé queja Rita, frotándose la barriga mientras está gruñe. –No debí comer tres omelette.
−Eso servirá de lección para moderarte, aunque no debí preparar todo ese bufet. –Reflexiona Lincoln al acercársele, terminando de abrochar los botones de su chaleco. –Tal vez debería llamar a la escuela, tomarnos el día y ver películas.
−¿Enserio? ¡Iré por palomitas! –Grita Rita, levantándose y corriendo con entusiasmo hacía la cocina.
Lincoln ríe, se le hace gracioso que apenas hace un segundo estaba retorciéndose por el dolor de estómago y ahora va por más comida chatarra. Debería mandarla a la escuela de inmediato pero ya le prometió el día libre, además ¿Qué es un día fuera de clases?
Prende la televisión, buscando alguna buena película para ver con su bisnieta. Con casi dos siglos de existencia, la cantidad de películas en existencia son más de las que cualquier humano podría ver, él ha contribuido con eso pero le es gracioso cómo entre tanta variedad, a veces uno simplemente ve lo mismo una y otra vez.
Decide ir por un clásico, aunque algo controversial en su época, siente que Rita le encantara la amenaza fantasma, al menos eso espera porqué la vestirá cómo uno de los personajes en Halloween.
Rita vuelve a su lado con un tazón de palomitas y un bote de mantequilla líquida para darles sabor adicional.
−¿Te das cuenta que esa cosa está llena de calorías? ¿Quieres tener un infarto a los veinte? –Señala Lincoln al indicarle que baje el brebaje.
Rita gruñe, él sabe lo mucho que le gusta la mantequilla líquida pero muy pocas veces la deja probarla diciéndole la misma excusa, se preocupa demasiado por ella. No cree que un sorbo haría tanto daño.
−No te la bebas. –Ordena Lincoln al tomar el bote de mantequilla y dejarlo en la mesa, provocando el quejido de su bisnieta pero no le importa eso, no es que no deseé consentirla, pero debe cuidarla, procurar que tenga prosperidad.
Listo para su noche de cine, Lincoln tomar el control. Con su pulgar a punto de oprimir el botón de encendido, el timbre los interrumpe.
−Tu ve la película Rita, veré quien es.
Con un quejido, Lincoln se sostiene de su bastón y se esfuerza en levantarse, gruñendo al tener que cargar con todo su peso frente a los preocupados ojos de su bisnieta.
Al acercarse a la puerta, escucha quejidos desde el exterior. Sin querer arriesgarse, oprime la pantalla al lado de su puerta para activar su cámara de seguridad y ver de quien se trata.
Tras la pantalla, se muestra a una mujer rubia. No es Londey, ella para su edad se ve mejor para su edad. Está por su parte se ve acabada, cómo si la vida la hubiera golpeado con todo lo que tiene, quizá porque así es, él sabe de quién se trata y si bien cualquier otro tendría el sentido común de dejarla afuera, en el frío pero él no, ella es su familia.
Con un suspiro harto, abre la puerta escuchando el alivio de la señora que tocaba. Manteniendo su ceño fruncido por la desaprobación que siente al verla con esas ropas rasgadas, cabello mal peinado y ojeras que reflejan una falta de sueño.
−Tío Linky. ¡Cuánto tiempo! –Grita la mujer abriendo sus brazos para recibir un abrazo.
−Hola Samanta. –Saluda Lincoln sin mostrar el mismo entusiasmo que esa mujer, aunque acepta el abrazo pues se trata de su sobrina.
Al separarse Lincoln nota que en su espalda tiene una maleta ya desgastada pero se nota que está al tope de llena, podría jurar que hasta palpita de tan sobre cargada que está. Antes de siquiera poder reclamarle, también escucha un ruido singular.
Se inclina un poco, aferrándose a su bastón para no caer. Tras la maleta de Samanta hay una pequeña, una niña de despeinados cabellos castaños la cual se trata de ocultar en las piernas de Samanta, le recuerda mucho a alguien especial, sobre todo por ver esas pecas en sus mejillas sonrojadas.
Lincoln le sonríe, se arrodillaría para verla cara a cara pero eso posiblemente destrozaría sus rodillas por lo que solo puede verla desde su altura, tratando de verse lo más amigable posible.
−Hola amiguita. ¿Cómo te llamas? –Pregunta Lincoln tratando de sonar amable ante ella.
−Ella es Ruth, mi angelito. –Presenta Samanta a Ruth al apretar los hombros de la niña y moverla con tal fuerza que casi la empuja.
Ruth se sonroja más y baja la mirada, abrazándose a sí misma sin saber si es por el frío o la pena de presentarse ante un desconocido. Suspirando al levantar su mano temblando para dársela a Lincoln.
−Ruth no le tengas miedo, él es tu tío abuelo Lincoln. ¿Sabías que de niña él me dejaba jugar en el set de sus películas? –Cuenta Samanta al tratar de acercarla a su tío.
−Sammy, si Ruth no quiere acercarse no la fuerces. ¿Pequeña, quieres entrar a mi casa mientras tu mami y yo hablamos? –Ofrece Lincoln, viendo cómo la niña aún con la mirada baja se adentra a la morada.
Samanta se despide temporalmente a la niña, enderezándose para poder ver seriamente a Lincoln quien ya no tiene una mirada amigable, más bien es la que ponía cuando ella o sus primas rompían una cámara del set, no enojado pero sin duda uno debería escoger bien sus palabras cuando está así.
−Es una linda niña. ¿Cuándo la tuviste? –Le pregunta Lincoln a su sobrina, queriendo desviar la mirada hacia atrás para ver a su bisnieta y sobrina nieta, pero teme que si voltea su cartera desaparecerá.
−…Cuando fue el aniversario luctuoso de mamá. –Confiesa Samanta rascando su brazo con tal fuerza que el rasguño se puede escuchar. –Estaba en la casa pero no podía dormir, había tantas cosas y bueno, una botella de vodka en un bar y dos sujetos llevaron a esto y….
−Con eso basta. –Indica Lincoln al señalarle que pare. –Sammy, al menos dime que no….
−Tío por favor. Ni yo sería tan Leni como para intoxicarme en el embarazo.
−Les he dicho a tus primas y a ti que no usen el nombre de mi hermana de esa manera. Seré un octogenario pero este bastón aún es roble puro. –Amenaza Lincoln con el ceño fruncido al escuchar que el nombre de su hermana es usando de una manera tan peyorativa. Se siente satisfecho de ver cómo instintivamente Ruth aprieta su trasero cómo si sintiera dolor. –Hace frío, pasa.
Samanta asiente, avergonzada de haber olvidado que su tío enserio detesta ese apodo, pero en su defensa una vez había visto a su tía Leni poner un pavo congelado en agua hirviendo, la familia entera ceno en un motel ese día. Al pasar, la mujer ve aquella casa muy bien decorada, incluso tiene un candelabro de cristal con diferentes luces que asemejan el arcoíris. Nota las fotografías encima de la chimenea, todas sus tías, primas, primos y una de Linka y Lana en el centro y a su lado una de Leif.
Se acerca a esa en especial, es de las pocas que hay de él. Ambos tendrían la misma edad en este momento. Aún recuerda el funeral, su tía Lola tuvo que apartar a Lana del ataúd para que pudieran enterrarlo, aunque ella no dejaba de patear porque quería ver a su hijo, todas las tías tuvieron que sostenerla mientras pedía ver a su hijo; Su tío Lincoln por su parte tenía una mirada tan muerta cómo Leif, no movía la cara, sus quijada estaba a medio caer y apenas se veía que vivía por los leves movimientos de sus manos y uno que otro sollozo.
No sabe si fue la única que lo noto, pero en la casa, cuando todas dormían, Lincoln estaba parado en el techo, muy en la esquina del techo, mirando abajo cómo si quisiera que lo primero en impactar en caso de caída fuera su cabeza.
−También lo extraño mucho. –Dice Lincoln al apreciar la foto junto a su sobrina.
−… Quisiera haber pasado más tiempo con él. –Responde Samanta al dejar la foto en su lugar.
Lincoln le asiente, no tiene nada que responder ante eso porqué en parte él le arrebato esa oportunidad. Solo suspira resignado, sin poder darse una idea de que camino elegiría él en su adultez, pero solo espera que haya sido mejor que el de Samanta.
−¿Sabes? Aún recuerdo unas vacaciones que todos pasamos juntos en esa cabaña de Colorado, la qué está cerca de South Park. Una vez Leif y yo usamos a Linka cómo trineo humano… No termino bien. –Rememora Samanta al señalar a sus dos primos, esbozando una sonrisa al recordar el cómo tosieron nieve por horas.
−Con qué fue por eso que se le rompió uno de los dientes. –Responde Lincoln al fin resolviendo uno de esos misterios. Las demás primas y primos no paraban de llamarlos escupe nieves. Recuerda ese verano, Lana y él pescaron un salmón y ella crío unos mapaches.
En la cocina, Ruth busca el origen de aquel aroma a mantequilla. De sus alimentos favoritos siempre han sido las cosas con mantequilla o simplemente las barras de está. Cuando su mamá y ella están en el comedor, el que sirve la comida le da media porción extra de mantequilla encima de los panqueques a cambio de un guiño en los ojos, siempre se sintió extraña por eso pero siempre y cuando recibía ese delicioso sabor no le importaba un sonrojo, a su madre tampoco porqué a veces le indicaba que le sonría.
−¿Verdad que huelen bien? Mi bisabuelito a no me deja ponerle mantequilla líquida pero a veces la escurro en el fondo. –Confiesa Rita en un susurro para que el anciano no la escuche. Ni siquiera le importa que esa niña es una desconocida, solo se siente bien poder decírselo a alguien.
Ruth ahoga una risilla, entiende lo que es guardarle secretos a un pariente. A veces ella oculta las agujas de su madre sin decirle para que no se duerma temprano ni hable gracioso.
−Soy Rita Loud.
−Ruth Castle. –Responde la niña, apartando la mirada para que no vea su rubor.
−Es un gusto. ¿Quieres ver una película con mi bisabuelito y conmigo?
−Eso suena a una gran idea, siéntense en el sillón y pongan una película. Tu tía abuela Samanta y yo tenemos mucho de qué hablar. –Indica Lincoln al acercarse a las dos niñas y rascarle la cabeza, provocando la risa de Rita pero un gruñido por parte de Ruth. Aparta la mano al escuchar eso, reconociendo que eso le provoca incomodidad, frunce el ceño preguntándose la razón de eso.
Ruth da tres pasos atrás, ocultándose tras Rita por temor a lo que Lincoln quiera hacerle después, apretando su esfínter y abrazándose a sí misma. No le gusta sentir frio pero a veces prefiere dormir afuera que estar con desconocidos, más si son los que su madre trae.
−Samanta, vamos al balcón. –Indica Lincoln al señalar su puerta trasera.
−Claro. Cariño ve la película con tu… ¿Sobrina? Bueno, lo que sean, solo no hagas desastre. –Dice Samanta al salir con su tío.
Las dos niñas se miran entre ellas, Rita ve que la ropa de Ruth está sucia. De hecho bajo la camisa está rasgada, también tiene la falda manchada y sus calcetines no concuerdan. También tiembla mucho, le recuerda al Chihuahua que su maestra tenía, también esa mirada insegura que parece sospechar de todos, solo le faltan las orejas gigantes y la actitud irritante.
Ruth por su parte juega con su despeinado mechón, viendo el pijama rosado de Rita. Debe ser bastante cómoda, una vez le prestaron una así en un centro de beneficencia pero tuvo que regalársela a una amiga suya, no querría que ella sintiera frío también.
−Tengo otra en mi cuarto, ven y te la presto. Ya sé, tengamos una pijamada. –Dice Rita al tomar a Ruth de la mano y jalarla para que suban las escaleras. Aunque Ruth suspire por la inseguridad, la rubia es ignorante ante sus quejas por querer divertirse con su nueva amiga.
En el balcón de la casa, Lincoln se sienta en su silla de playa siendo que Samanta se sienta en la que está al lado. Él ve eso, recordando la última vez que tuvo una charla con alguien, hablaban sobre la nueva vida que está por venir y que ahora yace en la habitación de arriba, aunque con quien habló no puede estar a su lado.
Al hombre le da cierto pesar que quien tome esa silla ahora sea su sobrina, no quiere ser un mal tío pero estar con Samanta no es lo mismo que estar con Londey o su sobrina Lois, ella siempre ha tenido un historial difícil.
Los dos suspiran, acomodando sus espaldas en sus respectivas sillas mientras ven la luna alumbrar el océano, dejando una estela blanca que pareciera partir el océano. Viendo aquel cuerpo celeste que posiblemente fue la inspiración para el nombre de su hermana, Lincoln se pregunta cómo estarán todas ellas, si es que hay algo después de partir. No se considera a sí mismo un cristiano, católico ni nada, pero la remota esperanza de querer verlas otra vez le es suficiente para orarle a algún poder mayor, poder que espera perdone sus pecados para que así pueda estar a su lado una vez después de todo. Pero cuando ese todo acabe, Rita seguirá en la tierra, seguirá viva y él no podrá cuidarla, nadie podría. ¿Será que tendrá que vivir por siempre para cuidarla? No es capaz de eso, su hermana Lisa jamás termino el algoritmo ´´Zola´´ cómo para alcanzar la inmortalidad.
−¿Nunca te has preguntado si hay alguien allí afuera? Viéndonos desde arriba o abajo, cómo su fuésemos un programa de tele realidad. –Pregunta Samanta al suspirar, mostrando su cansancio por lo que fue un día pesado.
−Mi amigo Zack, era astrónomo por esa razón. Llego a trabajar en un observatorio en lo más recóndito de Chile buscando desesperadamente esa respuesta. Lo más que descubrió fue una masa negra simbiótica, hasta el día de hoy la estudian. Supongo que el haber tenido esa respuesta le bastó, tuvo un infarto a los cuatro meses de recibir su nobel. –Responde Lincoln mientras ajusta sus lentes. Recordando que a una hora similar a la que se encuentra ahora, Zack le había hablado, quería que él fuera el primero en saber, su voz era tan alta que se oía cómo si fuera estuviese en voz. No puede evitar reír al imaginar los saltos que daba un anciano de sesenta y cinco años solo por lodo negro.
−Lo lamento. –Se disculpa la mujer al acerca su mano hacía él.
−No lo hagas. Ya estaba acostumbrado a recibir ese tipo de noticas, además ese impacto que Zack dejó jamás será borrado. A veces me pregunto si de aquí a veinte años, la gente seguirá viendo mis películas. Hoy en día solo historiadores saben quién es Martin Socorrerse, George Lucas, diablos incluso actores que fueron jóvenes en mi época han sido olvidados. ¿Qué me diferencia de ellos? –Se cuestiona Lincoln, cruzándose los brazos pues hace frío, y necesita el consuelo pero no de Samanta.
−…Qué nosotras lo transmitiremos tío. Además, gracias a internet nadie se olvida realmente, algún día pasaran tus películas en tele pública y alguien buscara al director para saber quién es.
−Ja. Supongo que tienes razón, gracias Sammy.
−Gracias a ti tío, me dejaras quedarme aquí un tiempo.
−Sí… ¿Qué? –Pregunta Lincoln al ya dignarse a verla.
−Por favor tío, me desalojaron y no puedo volver al albergue con Ruth. Sí no lo haces por mí hazlo por Ruth, incluso puedo dormir bajo la casa, la arena no es lo peor sobre lo que me he recostado. –Señala Samanta encogiéndose de hombros, resignada a aceptar la indiferencia de su tío para poder estar allí.
El ceño fruncido se manifiesta, al igual que su inhalación profunda por no poder entender la irresponsabilidad de su sobrina. No se enojaría de ser solo ella, pero el hecho de tener una hija y no ser responsable es indignante, y no es excusa la falta del dinero, su padre tuvo diez hijas y un hijo, el dinero siempre era problema allí.
¿Debería obedecer ese capricho? ¿Recompensar esa mediocridad? No, debería dejarla en la calle para que aprenda responsabilidad… Pero es una madre, tiene una niñita que debe proteger, esa es su sobrina nieta, alguien que no tiene la culpa por la irresponsabilidad de Samanta y al final ella es su sobrina también. Solía ir por ella a sus castigos de vez en cuando, estuvo en el funeral de ambos padres, la llevó dos veces a rehabilitación y al final del día no es una mala persona, solo una idiota irresponsable.
−Hay una habitación en mí ático. Te quedaras allí, Ruth estará en la habitación de Rita. No se hable más. –Indica Lincoln al ver a los ojos a su sobrina.
Samanta no sonríe, pero asiente rápidamente para mostrar su gratitud. Se rasca el hombro con tal fuerza que se escucha cada rasguño al punto de que la comezón se transmite a Lincoln cómo si fuese un espejo.
−Te vas a desintoxicar también. –Ordena Lincoln al extender su mano.
Samanta suspira, de su chaqueta saca unas bolsas de cocaína, siendo inmediatamente arrebatadas por Lincoln quien deja salir un quejido por tener que tocarlas. El anciano niega con la cabeza, guardando esas bolsas en su pantalón.
−Debo ir a dormir. Descansa Samanta. –Anuncia Lincoln al levantarse y sostener su bastón. Sin voltear a su sobrina, solo se dedica a cuidar sus propios pasos para que ella se quede en el frío de la noche.
Samanta niega con la cabeza mientras lo ve alejarse, sacando una bolsa extra de cocaína poder sobre llevar el clima, esperando que su tío no se dé cuenta de ello.
…
Rita se encuentra peinando a Ruth, sonriente por probar sus habilidades de cosmetología, aunque no sabe si queda bien poner un flequillo al lado de una coleta, pero se ve linda en ella.
Ruth se encuentra sonrojada por la atención que Rita le pone a ella, es después de su madre la primera persona con la que se encuentra cómoda al ser tocada. El ver aquel rostro rubio frente a ella le da calma, siente que puede descansar con ella.
Tres toques son los que anuncian la presencia de Lincoln en la habitación, efectivamente escuchan la puerta abrirse para ver al anciano quien les sonríe para verse más amigable.
−Abuelito. –Dice Rita al apartarse de Ruth y correr al anciano para darle un abrazo.
Ella entierra su cabeza en el estómago del viejo, moviéndolo de un lado al otro para causarle cosquillas a su abuelo.
−Jaja, gracias Rita pero no deberías tener energía a estas horas. –Ríe Lincoln al apartarla, pero también le toma la mano para guiarla a su cama.
Al llegar al colchón Rita se recuesta, ocultando su cuerpo entero salvo la cabeza en la cobija. Lincoln se acuesta al lado de su bisnieta, acariciando sus mechones rubios mientras ambos se sonríen.
−Descansa Rita, dulces sueños. –Le desea Lincoln al darle un beso en la frente.
El anciano voltea a la niña castaña, notando su pelo muy mal peinado. Arquea una ceja y ríe, sabiendo que fue Rita intentando darle estilo y fallando en el intento, aunque aun así se ve adorable.
La niña se toca el pecho cómo si intentara cuidar sus prendas de ser despojadas, cosa que parece ser respondida con una negativa por parte del anciano, quien se levanta para alejarse y no incomodarla.
−¿Podrías hacerle espacio a Ruth? –Pide Lincoln a su bisnieta.
−¡Sí! –Grita Rita al tomar a Ruth del brazo y obligarla a recostarse. –Con un abrazo, se aferra a su prima, moviendo su mejilla con la de ella, quemándola por la fricción pero no le molesta a Ruth.
−Buenas noches Ruth. –Dice Lincoln al revolverle el cabello y pasar a retirarse.
Al salir de su cuarto, puede ver cómo Samanta gruñe y se tambalea, buscando bajar las escaleras del ático. Suspira decepcionado porqué evidentemente se drogó, pero no la ayudara, tiene que descansar porqué sabe que mañana será igual de largo.
Al entrar en su habitación, Lincoln camina hacía su cama. Sentándose, el anciano saca un álbum de fotografías para rememorar un poco. Quiere ver aquella cronología de eventos que llevó a Samanta a ser cómo es.
Una de las fotos es de Samanta, Linka, Leif, Levi y Lois; Piensa en lo increíble que es qué solo dos de esos adolescentes estén vivos en este momento y son los menos responsables, una es una adicta y el otro es un niñito de mami. La manera en la que Leif y Samanta se sonríe, cómo si hubiese una conexión entre ellos, tal vez debió notarla antes, su sobrino jamás le sonrió de esa manera a Linka, no eran tan unidos.
Al pasar otra hoja, se ve una foto de Luna tocándoles la guitarra a sus sobrinos. Todos se ven felices, incluso en ella Levi tiene entre sus piernas a Londey mientras ambos se ríen. Samanta allí está de brazos cruzados, sonriéndole levemente a diferencia de los demás.
−Luna, no quiero que a tu nieta le pase algo, pero tu hija es un peligro. –Dice Lincoln a la foto, suspirando pensando en cuanto le costaría criar a dos niñas a la vez con su edad. Ya está viejo para todas esas cosas, pero esa niña necesita ayuda que Samanta jamás podrá darle.
…
En el centro comercial de Malibu, Ruth se encuentra boquiabierta al ver tantas tiendas, tantas personas bien vestidas pero sobre todo, los locales se ven tan limpios. Cuando en los centros a los que ella va todo está sucio, la gente fuma adentro incluso si se supone está prohibido hacerlo.
Rita aferra su brazo a la de su tía en segundo grado, aunque la rubia la ve más cómo una prima porqué la diferencia de edad es prácticamente nula. La verdad a ella le confunde un poco cómo es la cronología de su familia, una vez su bisabuelo la ayudo con un árbol genealógico y terminó pareciéndose más a una enredadera de lianas, por eso no se revuelve la cabeza y decide pensar que ella es su prima, lo mismo con Lana y Lori.
−Hay una tienda, donde venden camisas con letras extranjeras. No sé lo que dicen pero se ven lindas. –Cuenta Rita apresurando el paso para guiarla al local.
−Niñas, no dejen atrás a su abuelo, o bisabuelo y tío abuelo… ¿Cómo diríamos en esta situación? –Cuestiona Samanta al jugar con su cabello.
−Con abuelo basta y sobra Samanta. –Responde Lincoln al tratar de apresurar el paso.
−Perdón abuelito. –Dice Rita al frenar para que su bisabuelo los alcance. −¿Podemos ver esa tienda con camisas de caricaturas?
−Supongo que ropa es ropa. Pero dudo que a Samanta le guste usar de ese tipo de prendas. –Comenta Lincoln al darle el gusto a su bisnieta, tomándola de la mano para que no tome más distancia.
−¿Bromeas? Me he conformado con menos, por una semana use solo bikinis. –Recuerda la mujer al reírse, aunque lo único que recibe es una mirada de decepción de su tío y la mirada baja de Ruth.
−¿Qué es un bikini? –Pregunta Rita al ver a su abuelo.
−Algo que jamás usaras. –Responde Lincoln al fruncir el ceño.
Rita nota que es de esas veces en las que su bisabuelo no bromeo, así que no discute con él. Es raro que eso pase, a veces es por cosas simples cómo dejar que este en una pijamada en casa ajena o a veces es por querer hacer algo que él considere peligroso cómo aprender a patinar o algún deporte extremo. ¿Será porque él ya es un viejito que no puede hacer deporte y siente envidia?
Ruth nota esa mirada en la del viejo, le recuerda a las que su madre hace cuando ella toma alguna cosa suya. Una vez se la hizo cuando tomó un tubo con líquido amarillo y otra cuando olio una de sus bolsas con pastillas azules, allí incluso le dio una bofetada. ¿Sera que su tío abuelo le dará una bofetada a Rita también? Ella no merece eso, en especial por ser una niña tan atenta, de intentarlo se interpondría en su camino.
Lincoln nota que ahora es Ruth la que le frunce el ceño a él, confundido decide hacerle una mueca también pero si bien se ve molesta también le da un toque bufonesco, incluso sacándole la lengua. La ve retroceder y cambiar el ceño a unos labios ondulados y mejillas ruborizadas, cómo si contuviera una leve carcajada.
Eso alegra al anciano, tal vez no le hable aún pero le alegra que al menos progrese un poco. ¿Será que no le habla por ser muda? ¿Eso la hace sorda igual? No cree, escucha claramente lo que los demás le dicen. Ojala confiara en él, pero parece confiar en Rita y eso le basta.
−Espero que compres ropa abrigada, el abuelito dijo que nos iba a llevar a un parque de diversiones mañana y en algunos de esos juegos la velocidad es tal que genera vientos congelantes. –Asegura Rita agitando a su prima quien empieza a marearse.
Ruth solo se pregunta qué es un parque de diversiones, además ya está acostumbrada a estar en lugares fríos sin ropa abrigada.
−¿Enserio? Bueno, diviértanse mañana solos porqué yo buscare un empleo. –Anuncia Samanta para sorpresa de Lincoln, quien por primera vez le sonríe con sinceridad.
−¿Enserio Sammy? –Pregunta Lincoln al no poder creerle.
−Si voy a pedirte asilo, debería hacer algo para ganármelo tío. Además, quiero que conozcas más a Ruth, tiempo a solas les ayudara.
Esta vez Lincoln esboza una leve risa, tal vez prejuzgo demasiado rápido a su sobrina. Ahora desea que este sea el inicio de un mejor mañana para todos.
…
Ruth mastica la pizza frente a ella, toda su boca ahora está llena de harina, queso y pepperoni. Ese sabor a grasa, es lo mejor que ha comido en toda su vida.
Lincoln y Rita ven asombrados la manera en la que ella devora una pizza que se supone es familiar. Incluso se avergüenzan pues otras personas también notan la falta de modales de Ruth y el desinterés que le da su madre a eso, pues solo revisa mensajes en su teléfono.
A Ruth no le importan las miradas de desaprobación, la han visto de maneras más incomodas en los albergues, lo único que desea es seguir comiendo hasta que ya no pueda más y después comer más.
El anciano se reiría de esa actitud de no sentir lastima sabiendo que posiblemente es lo más que ha llegado a comer en su vida, una vez que se establezca correctamente en la casa le va a dar más cosas sanas que puedan llenar su estómago, es su deber que no pase hambre nuevamente.
−¿Quieres que te traiga una bebida, Ruth? –Ofrece Lincoln al levantarse pero la niña niega con la cabeza al volver a morder.
−Me pregunto hasta cuando se hartara. –Cuestiona Rita al tratar de tomar un pedazo pero su prima se lo aparta.
−Necesito atender está llamada, es sobre un trabajo. –Anuncia Samanta al levantarse.
Al pasar varios minutos, Ruth abraza su propia barriga al caminar hacia el baño. Esa deliciosa pizza valió el tener que vomitarla, quizá así haya espacio para más. Entra al inodoro para poder devolver el estómago pero aquel vomito no sale, solo se da arcadas que no llegan a nada. Al menos tiene tiempo para poder respirar profundamente, relajarse y esperar a que solo sea un dolor de estómago.
−Te lo digo, la casa estará completamente vacía. No habrá vigilancia, no habrá alarma, solo yo y todo lo que puedas tomar.
La voz de su madre alerta a Ruth, quien voltea pero la pared del baño tapa su vista. Se acerca a ella, pegando su oído en la puerta para escuchar mejor.
−¿Ruth? No será un problema, no ha dicho nada por un año, empiezo a pensar que es retrasada. Además, estará todo el día en ese parque con el viejo, es lo mejor para ella, no quiero que mi hija sea cómplice.
No es retrasada, solo no le gusta hablar; En especial cuando los tipos o tipas le piden que les diga palabras lindas mientras escuchan su risa y frotan sus asquerosas y frías manos en sus mejillas, tan solo sentir eso hace que su piel se enchine y su estómago gruña otra vez.
−Oye, Lincoln sigue siendo mi tío, si por alguna razón llega a venir temprano solo desmáyalo… aunque espero que aguante un puñetazo. Espera, alguien viene, te veo mañana en la tarde, ahora tengo que ir al baño.
Escucha cómo la mujer entra uno de los inodoros, dejando el camino libre para que Ruth pueda salir del baño, pensando en todo lo que dijo su madre. El cómo es capaz de dejar que golpeen a su propio tío por un tonto robo.
La niña aprieta sus puños mientras empieza a gruñir, quizá sea lo mejor. Después de todo tal vez es de uno de esos tipos a los que su madre le debe dinero, ese hombre ya disfruta muchas cosas, una casa linda, un buen auto, tiene tanto que quizá no le moleste perder algo. Se resigna a cubrir a su madre, al final ella le dará otra de esas miradas serias para que no interfiera.
Al salir del baño con la mirada baja, Ruth camina de nuevo hacia Lincoln y Rita, quienes la saludan con sonrisas al ver que está bien. Ella también les sonríe tímidamente, aunque no merece que se alegren por ella o por su madre.
−Saludaos Ruth, ellos ya nos harán un gran favor. –Indica Samanta tocando a Ruth, provocando que la niña se tense y gruña. Eso es extraño para Samanta porqué si bien lo hace con los demás, con ella jamás lo hizo.
…
En la noche, Ruth se abraza a su misma. Viendo una película vieja de robots destrozándose a sí mismos por alguna tontería, cree que es por algún cetro pero ni siquiera le pone atención.
Rita le enseño fotos del parque al que irán, todas esas familias felices. Niños al lado de botargas, trenes en rieles raros que giran de un lado al otro y una gran rueda, todo se ve tan mágico. ¿Por qué no siente que merece eso?
−Sin sacrificio no hay victoria. –Dice el robot azul con rojo en la pantalla.
¿Entonces debe sacrificar las cosas de su tío abuelo para que su madre gane algo de dinero? Ya se dijo a sí misma que Lincoln tiene demasiado cómo para extrañarlo, no debería importar si pierde algunas cosas. ¿Entonces por qué se siente tan mal?
−¿Qué es lo que he hecho? Amigo mío, traicione tu confianza. Perdóname. –Pide el robot a uno amarillo mientras le da mano.
−Ruth, es tarde. Deberías estar en la cama. –Dice Lincoln al entrar a la sala para acercarse a la niña y sentarse a su lado. −¿No puedes dormir por tu dolor de estómago? Tengo anti ácidos conmigo.
Ruth niega con la cabeza, escondiendo su cara en sus rodillas para que no vea el rubor en sus mejillas.
−Está bien, si no es malestar entonces debe ser insomnio. Cómo sea me alegra que estés aquí, te tengo un regalo. –Anuncia Lincoln al tomar una bolsa del suelo.
Ruth levanta la mirada al ver cómo el anciano extiende su mano hacía ella, dándole aquella bolsa morada. ¿Es un regalo para ella? ¿No le va a pedir un beso a cambio, o una caricia?
Al ver que hay dentro, saca una camiseta púrpura con un cráneo en el centro y una falda morada. También una chamarra térmica violeta y una blusa lila, además de ropa interior limpia nueva. ¿Todo eso es para ella nomás? ¿No tiene que compartirla con nadie? No computa el sentido de eso, apenas se conocen. Ella no le ha dirigido nada más que silencio y desconfianza y él le da eso. ¿Por qué?
−Ruth, tu mamá y yo tenemos una historia difícil, ella no ha sido mi sobrina favorita y sin duda yo no he sido un tío cercano; Pero al igual que ella, yo me preocupo por ti porqué te amo incluso si apenas te conozco. Sé que eres una niña buena y mereces el mismo amor que le doy a Rita, así que aunque no confíes en mí quiero que sepas que yo me asegurare de que tengas la mejor vida posible. Eres mi familia Ruth, no voy a abandonarte. –Le asegura Lincoln con una sonrisa, pero mantiene su distancia pues sabe que ella no es fanática del contacto físico.
En ese momento, algo en el corazón de Ruth cambió. Lo que era antes una fría carcaza lentamente se derretía mientras veía esa camiseta que ese hombre al que apenas conoce le regalo simplemente porqué se preocupa por ella, nada más, nada menos. No deseando nada más que su felicidad. Aprieta los dientes, con el rubor inundando todo su rostro y gemidos que tratan de contener llanto saliendo, levanta la mirada hacía Lincoln quien aún le sonríe.
El anciano por su parte ve a Ruth llorar ante ese gesto, temeroso a que quizá se sobre paso al decirle que la amaba, pues tal vez alguien más le ha dicho eso solo para jugar con sus sentimientos.
−Perdóname abuelito… traicione tu confianza. ¡Por favor perdóname! –Llora Ruth al alzar la voz mientras se abalanza al anciano, abrazándolo con tal fuerza que se escucha el tronar de los huesos del octogenario. No quiere lastimarlo, pero en este momento solo desea abrazarlo y enterrar la cabeza en su pecho para que su chaleco seque sus lágrimas. ¿Cómo puede hacerle eso a él y Rita?
Lincoln no entiende que está diciendo, pero le habló. Por primera vez desde que llegó le habló y fue una disculpa que no tiene contexto pero muestra lo verdaderamente arrepentida que se encuentra. No necesita saber la gravedad de su crimen para perdonarla, solo es una niña asustada.
El anciano abraza a Ruth mientras ella moja su ropa, pero no le importa. Su sobrina nieta lo necesita, quiere demostrarle que está para ella.
Ruth no siente que merezca el perdón o si quiera ser consolada, no cuando oculta algo tan grave en nombre de su madre, pero no quiere rechazar el abrazo de su tío abuelo, es el primer hombre en el que realmente confía.
…
Al día siguiente, Samanta se encuentra viendo su reloj mientras diez hombres entran con bolsas, palancas y uno hasta tiene un carro.
−¿Segura que es seguro? –Pregunta un tipo con tatuaje en el cuello, viendo alrededor suyo y silbando con asombro. –Nada mal. Jamás le había robado a un director de cine, creo que con esto estamos a mano.
−Se fueron hace dos horas Santiago, en este momento apenas deben estar llegando a la entrada del parque. –Afirma la rubia acomodándose el cabello. –En su cuarto tiene un Oscar.
−Que bien, siempre quise uno.
Los ladrones se adentran a la residencia de Lincoln, inspeccionando cada una de las esquinas para encontrar cualquier tesoro.
Dos de ellos miran la foto de Lincoln y Lori posando junto a Linka y la Lori junior.
−Vaya mujer que tenía el tipo, Cuco. –Bromea un ladrón.
−A no, esa es mi tía Lori, criaron a sus hijas juntos por necesidad económica. –Aclara a Samanta.
−¿Enserio? ¡Huh! La sonrisa de ambos no parece de hermanos. –Señala el otro ladrón mientras se dirige a la cocina.
Samanta asiente a eso, de hecho viendo bien a Linka y junior si son bastante similares, incluso para estándares de primos. Se encoge de hombros, ira a ver si puede encontrar algo en el garaje.
−¡Policía, levanten las manos! –Ordena un oficial en equipo S. . Al entrar con una metralleta.
Más policías entran al local, provocando que los demás ladrones menos Santiago.
−No volveré a prisión. –Dice Santiago y corre a la puerta, arriesgándose a romper el vidrio. Choca contra la puerta, pero no la destroza. –Es vidrio anti balas. –Gime al caer.
Al pasar las horas, en la comisaria los ladrones son fichados mientras Samanta se encuentra en un escritorio esposada. A su lado se encuentra Lincoln.
−Su tío nos dijo que esos hombres la extorsionaron para que los ayude a robar la residencia de su tío. –Indica el policía al llenar su informe. – ¿Es eso cierto?
Samanta se cruza de brazos, viendo el rostro inexpresivo de su tío quien mueve su cabeza en dirección al oficial, indicando que diga la ´´verdad´´
Ella suspira, pensando en que es lo mejor, si estar en casa de un hombre rico con una pandilla de enemigos o ser fichada y que servicios infantiles se lleve a Ruth.
−Sí. –Responde Ruth en seco.
−Bueno, con eso terminamos. Muchas gracias por informarnos señor Loud, había una recompensa por información sobre esta banda de ladrones, vaya a la recepción para cobrar el cheque.
−Muchas gracias. –Responde Lincoln al darle la mano al oficial.
−Perra. ¡Voy a empezar con tu hija! –Amenaza Santiago desde la celda.
…
En la residencia de Lincoln, el anciano cuenta el dinero que le dieron. Mil dólares en efectivo. No es cómo que no hubiera ganado eso antes, pero para que sea tal cantidad debió ser una banda peligrosa, una que podría no estar toda la vida en prisión.
Vendrán por Ruth y Samanta, no por él o Rita. No puede cuidarla, no puede devolverle el favor que ella hizo al decirle que iba a pasar y nada garantiza que Samanta no vuelva a juntarse con una de las miles de pandillas que hay en Los Ángeles. Ruth no merece eso.
−¡Abuelito! –Grita Rita entrando a la habitación de Lincoln. − ¡Abuelito, la tía Samanta le está gritando a Ruth!
Eso hace que Lincoln se levante y camine con la velocidad de un hombre d mediana edad, no la de un octogenario. Aprieta su bastón hasta que los huesos le calan y gruñe al dirigirse a su nieta.
En la sala, Ruth soba su mejilla con lágrimas en sus ojos, viendo ese rostro furioso en su madre.
−La primera vez que hablas en un año y me arruinas esto. ¿Si sabes que esos hombres son peligrosos enojados? –Grita Samanta cerrando el puño.
−Pero… no podíamos hacerle eso al abuelo. –Llora Ruth al retroceder, pero se tropieza con un escalón y se golpea el brazo.
−¡Tu tío abuelo tiene suficiente dinero para superar esto! ¡Nosotras no! Dios, eres tan estúpida.
−¡La única idiota eres tú! –Interrumpe Lincoln desde las escaleras. Bajándolas con un rostro rojizo de furia, con cada uno de sus pasos resonando ante la madera y su bastón golpeando las tablas cual tambor que anuncia la marcha de los militares. − ¡Tú eres la drogadicta que se metió con esos sujetos!
−Tío, esto es entre Ruth y yo.
−Ahora es entre tú y yo. –Reclama Lincoln al llegar frente a Sam. –Ruth, ve con Rita ahora.
Ruth no duda en hacerle caso, pues no quiere ver a quienes quiere lastimándose el uno al otro a pesar de que lo harán, quiere ignorarlo cómo ignora todos los gritos de su madre con otras personas. Empieza a llorar, queriendo desaparecer y quizá llevarse a Rita con ella.
Lincoln se encuentra frente a su sobrina, gruñendo mientras Samanta lo observa con indiferencia, cruzándose de brazos cómo lo hace siempre que intenta eludir un regaño.
−Samanta, no quiero ver que arruines la vida de Ruth o la tuya. –Dice Lincoln al inhalar profundamente.
−No tengo tiempo para eso.
−¡Sí lo tienes, carajo! –Grita Lincoln al poner su bastón frente a Samanta para que se tropiece.
Ella gruñe al tratar de levantarse, sintiendo miedo al ver que su tío se atrevió a derribarla de esa manera. Ve a Lincoln quien mantiene su rostro furioso, no le ofrece levantarla o algún tipo de clemencia.
−No puedes vivir aquí y por tu culpa Ruth tampoco. –Regaña Lincoln sentándose al lado de ella, sin importarle que sus rodillas crujan. –No quiero que mueras Samanta, no quería creer que Luna hizo un trabajo pero mírate, no has hecho nada más que un desastre tras otro.
−Mira quien habla. Levi está muerto por ti. –Recrimina Samanta tratando de excusarse o no sentirse tan mal por lo que él le dice.
−Y el padre de Ruth murió porqué le causaste una sobredosis. –Regaña Lincoln al poner su bastón sobre el cuerpo de su sobrina quien carece de la condición para quitarlo.
Samanta se calla, sintiendo sus rojos enrojecerse y lagrimeando por esas palabras. Recordando cuando ella despertó y él no.
−¿Crees que no investigaría quien concibió a tu hija? Un artículo con tu nombre y el del fallecido, solo para ver su foto y notar el parentesco con su hija. –Cuenta Lincoln, inhalando profundamente y suspirando, negando con la cabeza por escuchar cómo le provoca el llanto a su sobrina, un llanto que no escuchaba desde que Londey se enteró que su hermano no volvería.
Samanta llora, abrazándose a si misma mientras ve los ojos de su tío, los de alguien que la está rechazando. Su tío Lincoln siempre fue el permisivo, quien le decía que todo estaba bien cuando se equivocaba, ahora solo la desprecia, cómo todos los demás, incluso cómo lo hará Ruth en un futuro.
−Lo lamento.
−No me importa, ya es tarde para lamentarse. –Afirma Lincoln, sabiendo que dice la verdad pero eso no arregla nada.
Samanta baja la mirada, ahora ella y Ruth están condenadas a vivir en la calle, acaba de alejar al último pariente, al que más la perdonaba, a su tío Lincoln.
−Te ofrezco una oportunidad más, solo una. –Anuncia Lincoln, sacando una llave de su bolsillo para dársela a Samanta. –Eres una imbécil Sammy, todas tus decisiones han salido mal y eso perjudica a tu hija, la única persona a la que no le deberían afectar, pero eres mi sobrina y no quiero que te maten así que toma esto.
Samanta reconoce esa llave, es quizá la más especial que tiene Lincoln. No abre una bóveda salvo la de su corazón, el único tesoro allí es lo que aquel lugar representa y se la está dando a ella.
−No es tu casa, pero Ruth y tú van a vivir allí para que esa pandilla no sepa a donde fueron. No se hable más. –Señala Lincoln, dándole la llave a Samanta. –Ya reserve dos vuelos en primera clase, tu primo Daryl te llevara allí.
−Tío, no puedo aceptar la casa de Royal Woods. –Dice Samanta al tomar la llave.
−No, no la mereces pero si eso hace que estén a salvo la tendrás. –Ordena Lincoln al levantarse y darle la espalda. –Samanta, si algo le pasa a Ruth, si alguien la toca, la lastima, le da algo, voy a quitarte a tu hija y créeme que puedo hacer eso. –No se hable más.
Samanta ve esa llave, todo lo que aquel lugar representa para Lincoln, para su madre. Empieza a llorar, pensando en que su tío es demasiado piadoso para este mundo, no le fallara está vez ni a él ni a Ruth.
…
Rita abraza a Ruth mientras ella llora, no sabe del lado de quien estar, no quería fallarle a alguno de los dos y ahora ambos se lastimaron.
−Está bien, el abuelito te perdonara. –Consuela Rita sobando a su prima.
−No, ahora se odian. –Llora Ruth.
−No, no es así, solo estoy decepcionado de ella, pero jamás la odiare. –Dice Lincoln al interrumpirlas.
Sin miedo, Lincoln se acerca a ambas, poniéndose a su lado para también acariciar a Ruth. Guía a su sobrina nieta para que se vean cara a cara.
−Niñas, la familia pelea, nadie es perfecto y a veces se cometen errores imperdonables. –Indica Lincoln acariciando el cabello de Ruth. –Con la edad y madurez, viene la capacidad de admitir que alguien incluso de tu familia puede ser un imbécil, tu mamá es una imbécil Ruth.
−Lo sé abuelo. –Responde la niña limpiándose los ojos.
−Ruth, quiero que vivas aquí pero por tu seguridad no puedes y eso me rompe el corazón.
−¿No puede? –Pregunta Rita con tristeza, quería quedarse con ella.
−No cariño, Ruth ira a la casa en Royal Woods, allí ella y su mamá podrán estar a salvo. –Explica Lincoln al tomarla a ella igual. –Lo lamento Ruth, pero aunque estés lejos no te abandonare.
Ruth no entiende eso. ¿Cómo no la abandonara pero estarán lejos? Ve que el anciano saca una tarjeta de plástico y se la da en la mano.
−Voy a enviarte dinero Ruth, lo suficiente como para que vivas bien, pero no se lo compartirás a tu madre, esto es para ti. –Indica Lincoln al acariciar su cabello. –Con esta tarjeta y la clave cinco, cuatro, siete, dos podrás comprar lo que necesites.
−¿Enserio? ¿Solo con esto?
−Solo con eso. Cómo lamento no poder criarte.
−¡Yo quería una hermana! –Se queja Rita al limpiarse las lágrimas.
−Descuida Rita, para eso están los teléfonos. –Consuela Lincoln a su bisnieta, siendo que ella le sonríe por eso.
−Gracias abuelo, te amo. –Dice Ruth abrazando a su abuelo.
−Yo también te amo Ruth. –Responde Lincoln al aceptar su abrazo, esta vez no siendo uno para consolarla, sino uno para expresar su afecto mutuo. Abre los ojos y ve que Rita está sollozando, pone los ojos en blanco un segundo y después la acerca para unirse al abrazo.
Así, el abuelo y sus nietas se juntan, teniendo que despedirse de una pero sabiendo que se cuidaran porqué son familia, eso hacen. Quizá Ruth no podrá vivir en la casita de Malibu pero una casa en Royal Woods será igual de acogedora.
…
Notas
Han pasado un chingo de cosas desde la última actualización, falle en la escuela, perdí a un ser querido y tuve que volver a trabajar en las tardes. No tengo mucho tiempo libre, y apenas estoy terminando esto. Pero les prometo que la mayoría de fics que están en mi perfil siguen en curso, solo les pido paciencia.
Sé qué es mucho pedir, pero es lo único que hago y tristemente la única garantía que puedo darles es mi esfuerzo al escribir. No tengo nada más que decir, solo ofrecerles de parte de mí y A.Í.M nuestras más sinceras disculpas.
