Hajime se sabe enfermizo, contrario a lo que todo él pueda sugerir.
A diferencia de Tooru, quien se tiñe de todas las tonalidades de rojo y rosa posibles en verano; que en invierno invierte todo su dinero en champú reparador y cremas hidratantes y en primavera hace coronas de flores con las cuales llena su feed de Instagram.
Tooru encuentra la forma de mezclarse con el ambiente y volverlo estético. Hajime solamente se enferma.
Y es caótico. En otoño e invierno se lo lleva una gripe con tos y catarros y mocos, que cada vez que estornuda se asusta de haberse rasgado un pulmón; que le pone la nariz roja e hinchada como una cereza, y se empastilla tanto que teme un día le hagan un test de sustancias y salga positivo. Será chistoso, piensa, tener que explicarle a su mamá que técnicamente la medicina es droga.
Luego en primavera todas las alergias le salen a flor de piel, su cuerpo pica y se siente extremadamente irritable, sus ojos lagrimean y no deja de toser. Tiene que ir con un cubre-bocas todo el tiempo, y jura por todos los dioses que si Hanamaki y Matsukawa vuelven a hacer chistes de idols, los va a asesinar en un sitio donde jamás los van a encontrar. Y Tooru va a ayudarlo.
Hablando de Tooru, y para darle algo de crédito donde se lo merece, es buen enfermero cuando no se está burlando de él.
—Iwa-chan no soy doctor, pero te aseguro que luzco como uno de la tele, así que hazme caso —No, borren todo, Hajime lo odia y lo va a matar junto con cosa uno y cosa dos. Pero no puede porque está en cama y una mano en su frente lo mantiene acostado, de alguna forma—. Santa mierda, estás ardiendo.
—No me digas, Bobokawa —susurra, cubierto de frazadas, con escalofríos y sudando. Y cagándose en el invierno.
—Cada año te digo que cuando la temperatura baja tienes que correr en el gimnasio interior y cada año me ignoras —A lo mejor Hajime está enfermo, luce como la mierda y tiene la habitación llena de pañuelos moqueados, pero aun así eso no le debería volver el blanco de los regaños del sujeto más cabezadura que hay en todo Japón—. No me mires así, sabes que tengo razón, ahora bebe esto y no discutas.
Como sea, el mundo es injusto y Hajime debe beberse el consomé que le prepara dicho cabezadura—. Te odio mucho.
—Sí, sí, también te quiero Iwa-chan.
No puede decir con exactitud cuándo ocurrió, simplemente fue así. Así, como nació con alergias primaverales y un cuerpo que le da por enfermarse un inverno sí, uno no.
—Iwa-chan, ¿cuál es tu flor favorita? —Le pregunta él con ojos curiosos, a lo que pasan frente a una floristería mientras pasean en bicicleta.
—¿Ah? ¿Cómo coño voy a saber eso? Sabes que la mayoría de las flores me dan alergia, Mierdakawa —Su mano pica por pegarle. O ponérsela en la cabeza. O tocarlo de alguna forma—. Supongo que será la que no me hinche la piel y me haga moquear.
—... ¿Un cactus?
—¡Los cactus no son flores, Tontokawa!
A veces se pregunta qué pasa por su mente. Debe ser entretenido.
Tooru siempre está pensando.
Desde pequeño, llenaba el silencio con preguntas. Iwa-chan esto, Iwa-chan aquello e Iwa-chan lo otro. ¿Por qué es azul el cielo? ¿Qué es lo único absoluto en esta vida? ¿Por qué es tan irritante Tobio-chan?
Una mezcolanza de ideas, de recuerdos. Se imagina que debe pensar en varios idiomas—porque como si no tuviera suficiente con ser apuesto y bueno en deportes, también es listo y habla en inglés.
Sí, no hay nadie que logre sacarlo más de quicio que Oikawa Tooru.
—Llámame senpai —¿Ahora qué tiene el loco?
—Antes me muero, es más fácil —responde, negándose absolutamente a complacer más locuras y caprichos del otro.
—Iwa-chan —Se le pone en frente para bloquearle la salida, y con mucho fastidio Hajime trata de quitarlo de en medio. Pero Tooru es testarudo como una mula y no cede ni un nanómetro—, te dejo ir si me llamas senpai.
—No.
—¡Vamos, dilo! —canturrea con una sonrisa que apenas le cabe en el rostro, y Hajime no puede entender cómo alguien supuestamente maduro se pone tan feliz de haber entrado a segundo de preparatoria—. ¡Dilo, Iwa-chan! ¡Dilo, dilo, dilo!
—¿Y qué? ¿También notice me?
—Sí.
—Púdrete.
Cuando lo mira en retrospectiva —tiene la mala costumbre de hacerlo—, cree que era tan evidente que debió tenerlo tatuado en la cabeza. Le encontró entonces, sentido a las bromas de Hanamaki y Matsukawa, a las miradas que le daban los del equipo cada vez que comenzaban a discutir por cualquier tontería a cualquier hora del día.
Hajime, que se enferma cada estación y no sabe mantener sus emociones para sí mismo.
Tooru, que se camufla entre dandelios, dientes de león, margaritas y alientos de bebé cada vez que las flores inundan Japón. Y que nunca comparte sus emociones.
A veces se pregunta si la historia no debió ser al contrario.
—Desecha esa idea inmediatamente. No quiere verlo sufrir.—
—Oye —Se le acerca por la derecha mientras trotan. Hajime le lleva más de dos vueltas a todo el equipo y Tooru va pisándole los talones. Pero nunca gana—, Mierdakawa.
—Iwa-chan, no te quedes sin aire —dice el otro, jadeando. A Hajime se le escapa una risa perruna y Tooru lo codea—. ¿Qué pasa?
Una sonrisa se le asoma, y casi se delata a sí mismo. Sin embargo, y con un disimulo impropio, logra acercársele al oído—. Senpai —susurra antes de acelerar y dejarlo comiendo polvo.
—¡HEY! —Unos pasos advierten que ha empezado a perseguirlo, y ríe con más fuerza.
Se persiguen el uno al otro, como si fueran un mismo perro tras su cola. Ríen y ríen, hasta quedarse sin aliento y que les llamen la atención por interrumpir la práctica. Hajime sostiene esas victorias estúpidas, en las que lo hace reír hasta que se pone rojo y se queda sin aire, y se sostiene el estómago muriéndose de dolor pero sigue riendo aún así.
Y cuando salen del gimnasio esa noche, después de incontables "últimas veces" que ninguno de los dos cumplen —porque son adictos al entrenamiento de una forma que no es saludable—, se siguen riendo de la misma estupidez.
Aquella noche la luna brillaba de forma diferente, si lo recuerda. Bañaba a Sendai de plata; la sonrisa de Oikawa lucía honesta y sus ojos estaban repletos de las galaxias que tanto amaba estudiar.
Y quizás, y solo quizás, aquella noche es que comienza a verlo de una forma diferente.
Aquella noche en la que el dolor que siente en el pecho, lo confunde con el cansancio del entrenamiento.
¡BUENAAAAAAS!
Toncs, decidí publicar esto por el cumple del Oikawa. Aunque el protagonista es Iwaizumi. idk, estas cosas suceden.
Me di cuenta que aún no tenía un fanfic apropiado de angst IwaOi y pues, eso no puede ser.
Stay tunned!
;Tamarindo Amargo
