Regina ha estado enferma y Emma tiene una teoría. Regina está embarazada. Regina piensa que es ridículo, pero descubren que Emma tiene razón. A partir de entonces, Emma y Henry trataran de ayudar a Regina a superar un embarazo que no le entusiasma mucho. SwanQueen. Momentos familiares Swan-Mills. Recuerdo de OutlawQueen

No soy dueña de estos personajes; Disney/ABC lo son.

(S/L) N/A: Esta historia tiene lugar después de la temporada 4, pero ignora toda la temporada 5. Como de costumbre, no tengo un beta, así que disculpen mis errores.

N/A en segundo lugar: Sé que este concepto ha sido utilizado hasta el cansancio, pero aquí está mi aporte. Al principio iba a usar esta historia para tratar de explorar al personaje de Robin Hood y un ambiente SwanQueen doméstico, pero deseché ese plan tan pronto como comencé a escribir. Espero que todos se queden aún así. Habrá SwanQueen, así están las cosas. Por último, pero no menos importante, si quieren estar pendientes de las actualizaciones sobre la historia, pueden revisar mi página de Facebook (enlace en mi "biografía") o simplemente revisen mi perfil. Bien, entonces, después de todo esto, ¡Vamos a la historia!

Justo aquí.

1: Negativo y positivo

Henry despertó esperando encontrar el desayuno aguardando por él. Como era lo norma en la residencia Mills. Pero, antes de que incluso dejara su habitación, pudo decir que algo estaba mal. No había ningún tipo de olor a comida en el aire y no podía escuchar a su madre moviendo en el piso inferior. Arrugó su frente mientras asomaba la cabeza por la puerta. No había signos de vida en la casa.

–Pensé que estaba mejor –murmuró. Su madre había estado un poco enferma durante el último par de meses, lo que suponía que tenía sentido.

Para comenzar, su madre acababa de perder a una hermana que ni siquiera sabía que tenía. No conocía la historia completa sobre lo que sucedió con Zelena, pero por lo que pudo escuchar de los rumores, Zelena se había suicidado. No estaba seguro del por qué o si era cierto, pero su tía ciertamente estaba muerta y eso definitivamente afectó a su madre. No estaba seguro, pero sospechaba que a su madre le hubiera gustado tener una hermana, pero lo peor fue que Zelena tratara de borrar la existencia de Regina.

Por supuesto, descubrir que tenía una hermana que intentaba matarla no podría haber sido bueno para su madre, pensó Henry. Su madre intentó disimularlo, pero no podía imaginarse descubrir de repente que tenía un hermano que lo odiaba lo suficiente como para quererlo muerto a pesar de que no se conocían. Para empeorar las cosas, había más con lo que su madre tenía que lidiar, más cosas por las que afligirse

Estaba el hecho de que su madre también perdió a su supuesta alma gemela. Era peor por el hecho de que su madre biológica era la razón por la que su madre perdió a su alma gemela. Emma evito que la esposa de Robin Hood fuera ejecutada en el pasado. Robin Hood regreso conMarian. Nadie sabía realmente cuánto afectó a su madre. Sí, había pasado por un período de no hablar con Emma, pero todos asumieron que lo había superado cuando pasó un infierno para salvar a Marian del coma de hielo en el que había estado gracias a Ingrid la Reina de las Nieves. La gente incluso había declarado que su madre era una heroína por hacerlo, pero realmente nunca había parecido que ella lo creyera.

Pero, después de detener a algunos demonios en Storybrooke, las cosas habían estado tranquilas y su madre había estado aún más tranquila. Trató de ponerse una máscara, para fingir que era la misma persona que solía ser, pero no era muy buena para pretender en su opinión. El resto de la ciudad parecía comprar la máscara, parecían pensar que Regina estaba bien, pero Henry podía ver el dolor debajo de la superficie, en las finas grietas, esperaba que no se rompiera pronto. Su madre pasó por los acontecimientos de la vida. Trató de vivir, pero estaba fallando en su opinión. Algunos días eran mejores que otros.

–Hoy parece que va a ser uno de los días malos –suspiró, con el corazón pesado.

Bajó las escaleras para ver si podía estar equivocado, para ver si tal vez su madre simplemente hacía sus tareas rutinarias tan silenciosamente que los ratones de la iglesia estaría envidiosos, pero no había ocurriendo ahí abajo. Regresó al segundo piso y fue a ver si su madre salió de la cama. Sabía que los días en los que se quedaba con Emma, su madre permanecía en la cama todo el día y luego fingiría lo contrario cuando él regresaba a casa. Pero, no era un idiota y lo podía ver por su cama tender, su no tan perfecto cabello y su maquillaje apresurado.

–¿Mamá? –llamó Henry cuando tocó la puerta de su habitación.

No hubo respuesta, por lo que tocó de nuevo. La carencia de sonido martilleó a través del silencio y pareció golpear contra sus costillas. Podría ser todavía peor. Entonces, escuchó un leve sonido. Parecía como tos. Presionó su oreja contra la puerta y escuchó más que solo tos. Era más violento. Su madre estaba vomitando.

–¿Mamá? Mamá, ¿estás bien? –Henry abrió la puerta y asomó la cabeza lentamente. Quería darle tiempo de sobra para recuperarse si era necesario. –¿Mamá?

El sonido de más vómito alcanzó sus oídos, él hizo una mueca. Entró en la habitación y echó un rápido vistazo a su alrededor. Su madre no estaba allí. La puerta suite de su baño estaba cerrada. Fue a la puerta y escuchó arcadas violentas.

–¿Mamá? ¿Estás bien? –preguntó mientras la tocaba.

Regina se quejó. –¿Henry?

–Sí, mamá. ¿Estás bien?

–Estoy... –hizo una pausa y hubo un impío gorgoteo. –Estoy bien.

–No suenas bien, mamá.

–Saldré pronto... –vomitó de nuevo.

Henry estuvo tentado a asomar la cabeza en el baño, solo para verla, pero escucharla fue suficiente para que supiera que no estaba bien. –Está bien, mamá –se aseguró de hacer ruido cuando salía de la habitación, por lo que sabría que estaba sola una vez más. Pudo escucharla vomitando aún más y quejándose como si le doliera.

Henry se quedó fuera de la habitación de Regina, esperando. Después de un par de minutos, no salió, así que volvió a entrar. No había ruido. Tocó la puerta del baño.

–¿Mamá? –No hubo respuesta. Su corazón pudo haberse detenido. –¿Mamá? –y podía haber olvidado cómo respirar.

Henry puso su mano en el pomo, casi esperando que la puerta estuviera cerrada. Resultó que estaba equivocado, abrió la puerta lo suficiente como para ver a su madre boca abajo en el suelo. Jadeó, un terror helado se dispersó a través de su cuerpo. Por una fracción de segundo, estuvo congelado.

–¡Mamá! –Cayó a su lado mientras su corazón saltaba a su garganta. –¿Mamá?

Regina solo gimió. No parecía estar inconsciente, pero tenía los ojos cerrados. Estaba sudando y su piel era blanca como tiza blanca. Henry se levantó de un salto y corrió a su habitación. Tomó su celular. ¡Gracias a ti Emma por darme un celular! Llamó a Emma sin pensarlo dos veces.

–¿Qué pasa, niño? Es temprano –se quejó Emma con un bostezo.

–¡Es mamá! ¡Hay algo mal!

Emma jadeó y pudo escucharla sentarse. –¿Qué está mal con tu mamá? Estaré ahí.

–Estuvo vomitando toda la mañana y ahora está tirada en el piso. ¡No creo que pueda levantarse!

–Está bien, niño. Relájate. Estaré allí justo después de ponerme pantalones.

–Sí por favor.

Henry colgó y corrió de vuelta hacía madre. Seguía en el suelo del baño, tan pálida y sudando como antes. Se inclinó a su lado y puso sus manos sobre ella. Quería tocarla, abrazarla, asegurarle que todo iba a estar bien, pero estaba demasiado asustado. No quería arriesgarse a empeorar las cosas.

–Mamá, todo estará bien –dijo Henry, jadeante, incapaz de controlar su respiración. Su corazón latía con fuerza en su pecho y todo en su cuerpo parecía fuera de control, como si estuviera a punto de desmoronarse, pero no importaba. Su madre necesitaba ayuda y era lo único que importaba.

–¿Henry? –murmuró Regina y luego apoyó la mano en el suelo, como si estuviera a punto de levantarse. –Debería... debería... preparar el desayuno...

–Mamá, no te muevas. Emma estará aquí en cualquier momento –o eso esperaba. Emma no era la mejor en magia, pero estaba mejorando. Esperaba que recordara que tenía magia. Si decidía tomar el volkswagen en lugar, podría tener que llamar a la policía... además del alguacil de todos modos.

–¿Emma? –Regina dijo el nombre como si no supiera quién era. Su ceño se frunció como si estuviera tratando de recordar a su madre biológica.

–Sí. Todo estará bien. ¿Estás herida en alguna parte? ¿Puedo hacer algo por ti? –preguntó, sus manos todavía se cernían sobre ella, listas para entrar en acción si era necesario. Sin embargo, estaba temblando, trató de convencerse a sí mismo de que no era ansiedad, sino solo preparación hacía lo que le provocaba temblar. Necesito ayudarla.

Antes de que pudiera obtener cualquier respuesta, Emma dio a conocer su presencia. –¡Estoy aquí, niño! ¿Dónde estás? –Su voz sonaba como si estuviera en el piso de abajo. Debe haberse teletransportado para llegar a la casa tan rápido. Bien.

–¡El baño en la habitación de mamá!–respondió Henry.

–No tenías que llamarla –murmuró Regina. Su voz era débil y áspera. Probablemente le dolía la garganta por vomitar.

–Mamá, estás enferma. Necesito ayuda y tú también –señaló Henry.

Regina soltó un gemido ahogado, pero no se replicó. Emma irrumpió en la habitación, golpeando la puerta contra la pared. Los ojos de Henry se abrieron cuando Emma cayó a sus lado.

–Regina, ¿estás bien? ¿Es mágico? ¿Fuiste atacada? –Inquirió Emma.

–Estoy bien –Regina gimió mientras intentaba levantarse una vez más. Llegó más lejos que antes, sentándose parcialmente con el apoyo de ambas manos, se inclinó un poco hacia Henry.

–No estás bien, mamá. Has estado vomitando toda la mañana –replicó Henry.

Regina gruñó y sacudió la cabeza. –No es la primera vez. Estoy bien. No era necesario que corrieras aquí, alguacil.

–¡Al diablo con eso! Tienes al niño exaltado y preocupado, sinceramente, a mí también, estás acostada en el piso del baño después de vomitar –dijo Emma.

–Simplemente estaba descansando. Mi estómago estaba un poco alterado. No es nada –insistió Regina. Tomó una respiración profunda y luego se sentó completamente. –Ahora, si ambos me pudieran dar un poco de privacidad, podría terminar mis rituales matutinos. Después, Henry, comenzaré el desayuno.

Henry sacudió la cabeza. –Puedes tomarte tu tiempo, mamá. Puedo comer cereal o algo más –no quería que se sobre esforzara demasiado y se sintiera aún peor.

Regina inhaló –me niego a enviarte a la escuela con la barriga llena de azúcar –frunció el ceño como si fuera lo peor que una madre podría hacer.

–Escuchaste a tu mamá, niño –dijo Emma y le revolvió el cabello. Luego señalo hacia la puerta con su cabeza. No era muy sutil, era lo que esperaba de su otra madre, pero Regina estaba demasiado distraída por su enfermedad como para darse cuenta.

–Bien. Está bien mamá, te dejaremos sola por ahora, pero esto no ha terminado –dijo Henry.

Regina lo desestimó, pero no hizo ningún movimiento para ponerse de pie. Henry la miró por un momento, pero no dijo nada. Había algo de color volviendo a sus mejillas, lo que le dio un poco de esperanza. Emma se levantó y Henry la siguió. Salieron de la habitación y bajaron las escaleras.

–Muy bien, ponme al corriente. ¿Con qué estamos tratando aquí? –preguntó Emma en un susurro, mirando hacia las escaleras.

–Es como la cuarta vez que está enferma en el baño. No sabe que puedo escucharla cuando está lo suficientemente tranquilo. Usualmente, es más temprano en la mañana. Puede que tenga gripe, pero no quiere admitirlo –replicó Henry.

–¿Por qué crees que tiene gripe? ¿Ha estado estornudando o tosiendo?

Él sacudió la cabeza. –No, pero definitivamente está enferma. Se ha ido a la cama más temprano de lo habitual. No cree que lo sepa, pero hay momentos en los que no puedo dormir o solo quiero leer y noto que todas las luces están apagadas.

–¿Algo más?

Puso la mano en su barbilla e intentó pensar en algo. –Oh, tomó una siesta hace un par de días. Dijo que estaba cansada, pero que nunca toma siestas.

Emma asintió –Tal vez su edad la está alcanzando. Tiene como sesenta –rió disimuladamente.

Él resopló, entonces miró a su otra madre. –Esto es serio, Emma. Su edad no la enfermaría así.

–No, tienes razón. ¿Algo más?

–No puedo pensar en nada más, pero no es algo de hoy. No es algo nuevo.

Emma asintió –veré si puedo convencerla para que vaya al médico.

Henry dejó escapar un fuerte suspiro. –Buena suerte. Lo sugerí la semana pasada y pensarías que le dije que saltara de un puente.

–Bueno, es Regina. Si no fuera melodramática, ninguno de nosotros estaría aquí.

–Sí, pero esto probablemente sea serio, ¿verdad? –Henry no podía recordar un momento en que su madre estuviera enferma. ¿Qué pasa si alguien la maldijo? No era como si fuera exactamente popular en Storybrooke, a pesar de que había salvado la ciudad y la vida de las personas varias veces.

Emma se frotó la barbilla. –Quizás. Quizás sea algo relacionado con la magia. Quién sabe. Intentaré hablar con ella y ver qué pasa, ¿de acuerdo?

Henry arqueó una ceja. –¿Crees que hablará contigo? Quiero decir, sé que las cosas están mejores entre ustedes dos, pero todavía se estremece cada vez que ve a Robin caminando con Marian –no estaba seguro de que sus madres estuvieran cerca después de que Emma cambió el pasado. Entendió por qué lo hizo, pero también entendió que su madre lo veía como perder su última oportunidad de tener alguna forma de felicidad más allá de él.

Emma se rascó la nuca. –Me imagino que esa picadura durará un tiempo, pero parece que estamos bien. Demonios, ¿no casi me convertir en el Oscuro por ella?

Henry se burló. –Tuviste suerte de que las hadas rompieran ese sombrero y contuvieran la Oscuridad.

Emma se encogió de hombros. –Supongo.

–¿Supones? ¿De verdad piensas que mamá estaba impresionada con tu heroicidad? –Demonios, apenas estaba impresionado con la heroicidad. Casi pierde a Emma por el Oscuro. Fue en ese momento que entendió que a veces ser el héroe no siempre era lo mejor o incluso algo grandioso que hacer. Estaba bastante seguro de que su madre sentía lo mismo. Pero, si mamá siente lo mismo, entonces Emma significa algo para ella, ¿verdad? Así que, tal vez puedan ser cercanas, ser amigas de nuevo. Esperaba eso.

–Hey, se paró frente a un dios demonio para salvarme. ¿Cómo es eso diferente? –Emma respondió con una mirada petulante.

Henry no tuvo respuesta para eso. Emma tenía razón. Si bien su madre podría no haber estado en el camino para convertirse en el Oscuro con su sacrificio, había estado más que dispuesta a dar su vida por Emma hace un par de semanas. Quizás sean cercanas. No estaba seguro ahora. No podía entenderlos. Adultos Hicieron que le doliera la cabeza.

–Está bien, pero ¿realmente crees que te hablará de esto? –Henry preguntó. Su madre no hablaba, a menos que se jactara de algo o fuera sarcástica.

Emma se encogió de hombros otra vez. –No podría hacer daño intentarlo.

Esa respuesta no le dio a Henry con mucha confianza. Su conversación se detuvo cuando Regina bajó las escaleras. Ambos corrieron hacia el sofá para tratar de actuar de forma natural. Regina los miró con los labios fruncidos, pero no les dijo nada que insinuara que escuchó la conversación.

–Henry, deberías cambiarte la ropa. Sé que llegaremos tarde, pero no es excusa para hacer todo lo que esté a tu alcance para hacernos llegar aún más tarde –dijo Regina. Parecía casi normal, pero estaba tratando demasiado en sonar normal. Sin embargo, le había ido mucho mejor con su apariencia. Parecía como lo hacía todos los días, lista para gobernar Storybrooke con un puño de hierro con manicure y zapatos Prada.

–Sabes, podría llevar al niño a la escuela –ofreció Emma con una sonrisa –lo llevaré a Granny's para el desayuno.

Regina curvó su labio. –¿Entonces dejaras que tenga una malteada en la mañana y paseé con tu amigo pirata?

Emma se quejó. –¡Te digo que no es mi amigo! –Hasta donde Henry sabía, Emma había hecho todo lo posible para evitar a Hook, pero no estaba seguro de por qué. Le dijo que a veces la gente se separaba, pero no sabía lo que significaba. Otra vez, adultos. Deseó que simplemente dijeran el verdadero significado a veces.

Regina inhalo –todos hemos escuchado eso antes –Continuó su camino. Henry se rió hasta que Emma lo fulminó con la mirada. Él le sonrió y luego se apresuró a vestirse.

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Emma observó a Regina mientras Henry salía corriendo. ¿Regina estaba enferma regularmente o era algo serio? Si Emma hubiera entrado en este momento, nunca hubiera sospechado que Regina estaba tendida en el baño hace unos minutos, debilitada por el vómito. Quizás era resaca. Excepto que una resaca no terminaría tan pronto.

–Entonces, Regina, dime qué está pasando realmente –dijo Emma, mientras se dirigía a la cocina.

–¿A qué te refieres? –respondió Regina como si realmente no tuviera idea de a qué se refería Emma.

–¿Por qué estabas en el piso del baño como si hubieras estado en una despedida de soltera anoche? ¿Has estado ahogando tus penas con sidra fuerte?

Regina la miró de arriba abajo, como si no fuera nada. –No me confundas contigo y la forma en cómo resuelves los problemas.

Emma le dio una sonrisa descarada. –Oh, ¿entonces fue alguien más con la que brindé en el bar de Granny's?

Regina hizo una mueca y rompió algunos huevos. Aparentemente, estaba preparando el desayuno, sin importar qué –no fue nada. Me he sentido mareado de vez en cuando. Creo que podría estar desarrollando una alergia.

–¿A qué? –Emma no estaba segura de cuándo y cómo las personas contraían alergias, pero lo buscaría cuando terminara la conversación.

Regina sacudió la cabeza. –No estoy segura. No he podido determinar qué he estado usando o comiendo, pero ¿qué más podría ser?

–Henry cree que estás enferma. ¿Qué piensas?

–Lo dudo. Siempre estoy bien después, tal vez un poco cansada ya que no estoy acostumbrada a eso –dijo Regina.

Emma se rió, demasiado divertida de que Regina no usaría las palabras "vomitar". Observó a Regina trabajar por un segundo, queriendo ver cuán "cansada" estaba. Regina era ciertamente lenta. Al ir a recoger una sartén para los huevos, su mano tembló un poco, como si estuviera tensa.

–¿Sientes que una fuerte ventisca podría sacarte volando? –Preguntó Emma.

Regina se rió entre dientes. –¿El estudiante ya está desafiando al maestro?

Emma sacudió la cabeza. –No creo que llegue a ese punto, pero estaba preguntando porque puedo llevar a Henry a la escuela si quieres. Lo digo en serio. No tienes que hacerlo todo y puedes pedirme ayuda, especialmente con él. Yo también soy su madre, ¿verdad? Estamos haciendo esto de críalo juntas, ¿verdad? –Nunca lo dijeron en voz alta, pero esa había sido su comprensión general de las cosas ya que Regina no le negaba la oportunidad de ver a Henry o hacer cosas con él.

Regina suspiró. –Tienes razón. Me he acostumbrado a hacerlo todo yo misma y... bueno, quiero que vea que puedo hacerlo todo.

El corazón de Emma dolió un poco. Todavía está preocupada de perderlo. –No irá a ninguna parte, Regina. Puedes dejar de preocuparte.

–Incluso después de la forma en que lo traté por todo este... desastre –más eufemismos de Regina. Con "desastre" siempre se refería a Robin Hood.

–Él lo entendió, Regina, al igual que yo. Está bien. Ahora, ¿quieres que lo lleve a la escuela?

La boca de Regina se cayó un poco mientras pensaba en ello. –Sí –dijo suavemente.

Emma no pudo contener su sonrisa y se paró un poco más derecha. Nunca dejó de hacerla feliz cuando Regina mostró confianza y fe por ella. Además, tenía una excusa para regresar y ver a Regina más tarde, lo cual era bueno. Tenía una pequeña idea sobre lo que podría estar mal con Regina.

Cuando Henry regresó, Emma le hizo saber que lo llevaría a la escuela. Tenía que irse mientras él desayunaba, para poder ir a buscar el volkswagen. Cuando regresó, Henry le entregó un sándwich de huevo mientras subían al auto. Emma lo miró.

Henry se encogió de hombros. –Mamá dijo que deberías tenerlo. Supongo que es una recompensa por llevarme a la escuela ya que perdí el autobús.

–Bueno, ambos sabemos que no voy a rechazar la comida gratis –Emma sonrió y puso el sándwich en el asiento trasero. La mayoría de las veces, comía mientras conducía, pero no con Henry en el auto. Regina nunca perdonaría a Emma si algo le sucedía a Henry a causa de un sándwich y Emma nunca podría perdonarse a sí misma. De camino a la escuela, Emma tuvo la oportunidad de garantizarle que se aseguraría de que su madre estuviera bien.

–¿Cómo? –preguntó Henry.

–No dejaré que se salga de esta con su "Estoy bien" –le prometió Emma.

Henry sonrió. –Gracias ma.

Emma sonrió radiante, muy feliz de finalmente tener un título propio. No llamó la atención sobre eso. No pareció darse cuenta de que lo había dicho, lo cual estaba bien para ella. Quería que lo hiciera cuando se sintiera cómodo dándole un título.

Henry abrazó a Emma cuando llegaron a la escuela y luego se fue. Tenía que ir a trabajar, pero primero tenía que hacer una parada. Llamó a David para avisarle que llegaría tarde y luego se detuvo en la farmacia. Esperaba que el enano a cargo no la notara y esperaba que no estuviera trabajando en el mostrador o tendría que responder demasiadas preguntas de sus padres. Por supuesto, su suerte estaba maldita, así que no solo estaba un enano en el mostrador, sino todo el maldito paquete. Debería robar la maldita cosa, pero soy la maldito alguacil aquí.

–Jódete, Destino Jódete mucho –se quejó Emma y luego caminó hacia el mostrador con la cabeza en alto. Ignoró todas las miradas mientras cobraban sus artículos y salía del edificio. A la mierda con ellos. No estaba haciendo nada malo y no era asunto suyo.

–¿Emma, estás embarazada? ¿Eso significa que has vuelto con Hook? –dijo David, en su cara, en el momento en el que cruzó la puerta de la oficina del alguacil.

Emma saltó hacia atrás. –¡Maldita sea, papá! ¿Puedo abrir la puerta antes de que me hagas saber que los estúpidos enanos son unos chismosos?

David levantó las manos en modo de rendición. –No estoy juzgando ni nada.

–Bien, debido a que la prueba no es para mí. Así que, no, definitivamente no he vuelto con Hook e incluso si lo fuera, no me haría volver con Hook. ¿Te llamaron y te felicitaron o algo? –La próxima vez, saldré de la ciudad para hacer esto.

David hinchó el pecho. –Eso hicieron. Están felices de que vuelva a ser abuelo.

–Bueno, como dije, la prueba no es para mí. Así que, puedes guardar tu orgullo –se dirigió a su escritorio y se dejó caer.

–¿No es para ti? ¿Entonces para quién? –preguntó, sus cejas se fruncieron juntas. Indudablemente, en su mente estaba pasando por una lista potencial. Con suerte, no lo descubriría.

–Nadie de quien debas preocuparte.

–No puede ser Ruby. Quiero decir, simplemente iría a comprar la suya.

–Sin mencionar que Ruby tiene una novia, quien querría saber cómo diablos Ruby se quedó embarazada –por supuesto, con magia, quién demonios sabía si era posible. Tal vez podría querer preguntarle a Ruby sobre eso. Con suerte, no es demasiado personal o algo así.

David asintió con la cabeza. –Oh, sí. ¿Entonces quién? –la miró fijamente, como si eso la hiciera ceder y decirle.

–No importa. La persona estaba demasiado nerviosa para ir a comprarla y yo, como una idiota, me ofrecí voluntariamente –era casi la verdad –solo sé que no es para mí y los enanos necesitan aprender a ocuparse de sus asuntos. Quiero decir, ¿qué pasaría si fuera para mí e intentara mantenerlo como una sorpresa? ¿Quiénes son ellos para meterse en mi vida así? –Emma bufó.

David asintió con la cabeza. –Cierto, cierto. Hablaré con ellos sobre eso. Además, no quiero saber todo en tu vida, especialmente lo referente a la farmacia.

Emma se rio y sonrió. –Gracias, papá. Prometo no comprar nada demasiado escandaloso para evitar darte un ataque al corazón.

–Es todo lo que pido.

–Estoy segura que no. Ahora, vamos a trabajar.

David asintió y luego comenzó el día. Era sobre todo tranquilo, papeleo, y llamadas ocasionales sobre vandalismo. Tuvieron una pausa durante el almuerzo. Por lo general, Emma almorzaba con su padre o iba a molestar a Ruby en el restaurante, pero en ese momento, tenía otros asuntos que manejar.

Emma fue a la oficina de la alcaldesa y se limitó a sonreírle al asistente de Regina. No estaba fuera de lo normal que pasara de vez en cuando. A pesar de lo que Henry pensaba, ella y Regina se llevaban bastante bien la mayoría de los días. Sí, podía decir que Regina estaba haciendo un gran esfuerzo para no perderlo sin razón, pero había algo más. Regina estaba en su escritorio, luciendo un poco verde.

–Regina, ¿estás bien? –Preguntó Emma.

Regina no tuvo la oportunidad de responder. Se apresuró a levantarse de su asiento y se dirigió al baño privado en la esquina. Emma puso los ojos en blanco al escuchar a Regina vomitar. Fue y se paró junto a la puerta cerrada.

–Preguntaré de nuevo, ¿estás bien? –Emma negó con la cabeza, sabiendo cuál sería la respuesta.

–Bien –gimió Regina y luego vomitó un poco más.

–¿Segura que no estás enferma?

–Te aseguro que no lo estoy.

Emma puso los ojos en blanco. Se alejó del baño cuando escuchó a Regina abrir el agua del lavabo. Unos segundos después, Regina salió, luciendo un poco peor por la ropa desarreglada.

–Entonces, ¿qué provocó esto? –Preguntó Emma. ¿Ya le dan nauseas los olores o es una de esas pobres almas que tiene náuseas todo el día?

–¿Qué estás haciendo aquí, Emma? –Regina contrarrestó con una mirada aguda. Su molestia probablemente no era un acto. Seguramente la Reina odiaba que alguien fuera testigo de su debilidad.

–Estoy aquí para ver cómo estás y ofrecer mi granito de arena sobre lo que te está haciendo derramar tu estomago de esa manera.

Regina la desestimó mientras tomaba asiento. –No es nada. Algo debe haberse echado a perder en mi almuerzo.

Emma se burló. –¿Con eso vas a ir? ¿Almuerzo en mal estado?

–Es la única forma de explicar por qué no puedo soportar el olor.

–No, hay otras explicaciones –murmuró Emma. –¿Qué olor te lo provocó? No puedo imaginar que haya muchos olores en una ensalada.

Con un brillo perverso en su ojo, Regina sonrió. –Quizás deberías intentar comer una de vez en cuando. Aunque, si debes saber, fue el aderezo. Se debe de haber echado a perder.

Emma puso los ojos en blanco. –De alguna manera dudo que dejes que algo de tu casa se eche a perder, excepto quizás tú.

Regina la fulminó con la mirada. –No eres tan linda como crees que eres.

–Dices eso, pero ambas sabemos que no es cierto. Ahora, tengo algo que creo que podría aclarar tu misteriosa enfermedad.

Regina arqueó una ceja. –¿Qué tienes?

Emma sacó una caja de la bolsa de plástico y la dejó sobre el escritorio. Se aseguró de colocar el nombre del producto justo donde Regina pudiera verlo. Regina se inclinó para verlo bien y curvó su labio.

–Le aseguro, señorita Swan, que no tengo uso para eso –dijo Regina, levantando la nariz. Emma hizo una mueca de dolor. Las cosas no iban bien si de repente era "señorita Swan".

–¡Aw, vamos, Regina! Tienes que admitir que se alinea. Las náuseas, el cansancio, el hecho de que no puedes soportar el olor de algo –Emma marcó cada punto con un dedo.

–Podría ser el caso con otras mujeres, pero no conmigo.

Emma inclinó la cabeza. –¿Por qué? ¿Naciste como virgen otra vez o algo así? –Oh, espera, ¿y si es una tontería mágica?

Regina le gruñó. –No me obligues a arrojarte por la puerta.

Emma levantó las manos en señal de rendición. –No tienes que ser tan malvada, Regina. ¿Qué tal si solo aceptas mi momento de locura? Si no es nada, como tú dices, entonces no significa nada, excepto que solo desperdicié dinero que no tengo un producto que no necesito.

–No tengo nada que probarte.

–Por supuesto que no. De hecho, me estarías demostrando que estoy equivocada y me sacarías de tu espalda –señaló Emma. –Ambos sabemos que voy a seguir así hasta que me demuestres que estoy equivocada o hasta que obtenga otra teoría sobre lo que te pasa. Después de todo, creo que soy linda.

Regina gruñó, pero agarró la caja, sabiendo cuán persistente podía ser Emma. Ayudó que Emma supiera, que sin importar sobre lo que Regina amenazara, lo que más llegaría a hacer en realidad era un tratamiento silencioso. Dolía como el infierno, sí, pero definitivamente era mejor que ser incendiada. Además, siempre podía contar con una amenaza peligrosa para juntarlas y hacer que Regina la perdonara.

Regina fue al baño una vez más. Emma no se habría sorprendido si hubiera dejado marcas de quemaduras en la alfombra. Emma suspiró tan pronto como Regina cerró la puerta del baño. Si Regina estaba embarazada, ¿quién demonios se había atrevido a acostarse con ella? Ciertamente no tú, gato asustadizo. Emma golpeó su frente. Nadie te preguntó, cerebro.

Emma estaría mintiendo si la idea de que Regina estuviera embarazada no le retorcía el estómago y le quemara un poco la garganta. Dolía respirar más de lo que debería. No tenía derecho a sentirse así, no después de arruinar la relación de Regina con Robin Hood y hacer lo que quisiera con Hook. No es que Hook fuera un factor importante en su vida ahora. Fue uno de los errores más tontos que he cometido. ¿Cómo demonios las cosas se pusieron tan mal que realmente dejé que un chico me enredara? ¿Qué tengo, diecisiete otra vez?

Sus pensamientos se desvanecieron cuando Regina salió del baño nuevamente. Había un ceño en su rostro, lo que Emma esperaba. Tomó asiento y Emma se sentó frente a ella.

–Esto es absurdo, sabes –declaró Regina.

Emma se encogió de hombros. –Creo que hay cosas más locas en este mundo. Después de todo, hemos luchado contra ellas. Demonios, casi era el Oscuro no hace mucho. Casi te devora un Chernobog. ¿Qué tan loco fue eso?

La cara de Regina ni siquiera se contrajo. –Sí, pero eso es mágico. La magia para mí es tan loca como lo sería la física para un científico aquí. Esto que estás sugiriendo es casi ridículo.

Emma frunció el ceño y entrecerró los ojos, tratando de entender por qué Regina pensaba que su teoría era ridícula. –Porque ¿eres monja ahora?

–Pareces bastante interesado en mi vida privada.

Emma rio. –Nah, sé que no tienes una. Olvidas, que probablemente soy la persona más al tanto de tu vida después de Henry. Sé que no haces malditamente nada y evitas a la gente como si tuvieran la peste. Demonios, tú apenas has hablado con Maléfica desde que terminó tu pequeña operación. Espera, ¿ella es el padre?

El ceño de Regina se profundizó y se masajeó las sienes, como si tratar con Emma le causara dolor de cabeza. –Te odio tanto.

Emma sonrió abiertamente. –Me amas.

Regina no perdió el ritmo. –Amaría arrojarte por esa ventana.

–Estás muy malhumorada hoy.

–Creo que pasa todos los días que me someto a tus tonterías. Apenas eres así con otras personas. ¿Por qué soy tan especial para merecer tu estupidez e ingenio?

Emma rio. –Creo que eso es lo que hacen las mejores amigas.

–No puedes simplemente declararme tu mejor amiga.

–Oh, pero ambos sabemos que es verdad. Tengo muchos amigos, pero tú me tienes a mí y tienes a Maléfica. Estoy bastante segura de que soy la rubia favorita en esa ecuación.

–¿Estás segura? No intenté poner a Maléfica bajo su propia maldición para dormir –señaló Regina.

–No, pero tampoco le diste a Maléfica a tu persona favorita en todo el mundo y no me has maldecido para ser un dragón durante veintiocho años. Entonces, creo que tengo esto.

Parecía que Regina quería prender fuego a Emma, lo que solo hizo que Emma quisiera provocarla más. Regina necesitaba un poco de alegría en su vida y a Emma le gustaba la oportunidad de ser tonta de vez en cuando.

–¿Ya almorzaste? –preguntó Regina, cambiando el tema con toda la sutileza de un martillo al cráneo.

–¿Quieres que me coma tu ensalada?

–Por favor. Ya le puse el aderezo encima. Ahora, solo mirarlo me da ganas de... –Regina se cayó y sus ojos se desviaron hacia el baño.

–No puedes decir vomitar, ¿verdad?

Regina solo frunció el ceño aún más. Emma quería decirle que fuera cuidadosa o su cara se quedaría así, pero decidió no presionar su suerte. Emma rió disimuladamente, pero tomó el control de la ofensiva ensalada. Era bastante buena. Había nueces, bayas y pollo. Podría tener que comer ensalada con más frecuencia.

–Deberías revisar la prueba –sugirió Emma, tratando de no lamer el fondo del recipiente de comida ahora vacío.

–Y mientras desaparezco en el baño, ¿planeas comer el plástico? –preguntó Regina.

–Deja de evitarlo y ve a ver qué dice. Puedes frotármelo en la cara si tienes razón.

–Cuando tenga razón.

Emma hizo un gesto hacia el baño. Regina se levantó y fue a revisar la prueba. Emma escuchó el fuerte jadeo y el ruido sordo de algo golpeando el suelo de baldosas.

–Es imposible –susurró Regina. –Imposible.

Emma se levantó y llegó a la puerta rápidamente. –¿Qué es imposible? ¿Qué pasó? ¿Tenía razón?

–No es posible –gruñó Regina. –¡Ve a comprar otro! –ordenó con un fuego en sus ojos. Fue una sorpresa que no le hubiera prendido fuego a todo.

Emma dio un paso atrás, sin esperar tan ardiente respuesta. –¿Dijo que estabas embarazada? –Como respuesta, Regina empujó el palo en sus manos. Miró hacia abajo y vio un pequeño signo de más.

Regina empujó un dedo en la cara de Emma, casi tocando su nariz. –No puedo estar embarazada.

–Como dije, han sucedido cosas más locas.

–No, no lo entiendes. Esto está claramente defectuoso. Ve a comprar otro para refutarlo.

–Uh... claro –Emma no estaba segura de por qué Regina estaba tan enojada. Cuando pensaba en ello, era buena con los niños, especialmente cuando no los estaba preparando para ser comidos por la Bruja Ciega. Mejor no digo eso en voz alta.

Emma se apresuró antes de decir algo estúpido y fue a comprar otra prueba de embarazo. Tomó tres marcas diferentes y cuando llegó al mostrador, miró al enano. Él saltó hacia atrás.

–Ni una palabra sobre esto. ¿Esta claro? –gruñó para hacerle saber a lo que se refería.

Él gimió y asintió. Agarró la bolsa y regresó con Regina en lugar de regresar al trabajo. Si hubiera un problema, su padre la llamaría. Dejó caer la bolsa sobre el escritorio de Regina.

–¿Feliz ahora? –bufó Emma.

Regina hizo una mueca y tapó una botella de agua que estaba bebiendo. Aparentemente, se había preparado para el regreso de Emma. Regina tomó las pruebas y desapareció en el baño. No volvió a salir. Después de veinte minutos, Emma decidió arriesgarse y tocar.

–Regina, ¿estás bien allí? –preguntó Emma y una vez más, sintió que sabía la respuesta.

–No... no es posible –Regina sollozó.

–Voy a entrar, ¿de acuerdo? –Emma giró el pomo y encontró la puerta abierta. Regina estaba desplomada en el inodoro cerrado, con una prueba en la mano y la otra acariciando el puente de su nariz.

–No es posible –insistió Regina. –Todas deben estar equivocadas.

–Regina, no creo que sea así como funciona.

–¡Entonces, es un truco! ¡Alguien los hechizó! –Regina cerró el puño y rompió la prueba que tenía a la mitad.

–¿Por qué harían eso? –Emma no quería decirle a Regina directamente que estaba agarrando el absorbente.

Regina sacudió la cabeza y se frotó toda la cara con la mano, sin preocuparse por su maquillaje. –Es la única explicación. Es la única forma de que todo esto tenga sentido.

–¿Qué quieres decir? ¿Por qué la explicación más simple no puede ser la correcta?

–¡Porque no es la explicación más simple! ¡No puedo estar embarazada y es cruel que alguien o algo sugiera lo contrario! –Regina arrojó la prueba rota al suelo. Las mitades se hicieron añicos al impacto y Regina se cubrió la cara con ambas manos.

Emma tenía muchas preguntas, pero decidió no hacerlas. En cambio, se movió con cautela y envolvió sus brazos alrededor de Regina. Regina lloró en sus brazos. Emma no estaba segura de sí era por felicidad, tristeza o por todo lo demás. Nunca es un momento aburrido por aquí.

-8-8-8-8-

La próxima vez: una visita al médico para confirmarlo.

N/T: Esta historia se complementa con otra así que estaré poniendo indicaciones en la separaciones (-8-8-8-8-) por si gustan leerlas al mismo tiempo ;)