Lawless Heart
Capítulo 1: Yo te atrapo, ¿tú me atrapas?
Una pequeña migaja de panko frito se deslizó de sus labios e impactó su chaqueta. La mujer de cabellos castaños se quejó de manera gutural, restregando con violencia una servilleta de papel doblada hasta el cansancio sobre la tela oscura.
— Relájate, ni siquiera creo que se note — su compañero contuvo una risita, antes de darle un sorbo a su taza de café negro —, tan típico de ti.
— Calla, necesito alimentar mi cuerpo — replicó
— No creo que el Manchikatsu sea considerado buen desayuno.
Sakura Kinomoto entornó sus ojos. A Yamazaki, su compañero, le encantaba fastidiar sus elecciones culinarias solo para fastidiarla cada que podía pero, después de dos años juntos, aquellos apuntes sarcásticos del joven se habían convertido en parte fundamental de su rutina. Como oficiales de policía, el tiempo era un recurso completamente limitado, cualquier oportunidad que encontraban para conseguir algún pedazo de carne de vez en cuanto era valiosísima, y su lugar favorito era "Chiharu no Koteji", donde tenían una variedad extraordinaria de comida callejera japonesa para escoger, café negro extremadamente cargado para despertar y una dueña carismática interés romántico del joven compañero de Sakura.
Aquella soleada mañana, el restaurante lucía un tanto atiborrado por madrugadores con insomnio que observaban el televisor con gran atención. Sakura se limpió los labios, y revolvió su café con una cucharilla de metal, pendiente de la noticia que anunciaba la desaparición de un grupo de estudiantes en una zona boscosa después de una excursión.
— ¿Esa nos toca a nosotros? — inquirió la castaña.
Yamazaki elevó la mirada con cierto desinterés, para volver a su periódico.
— No es nuestra jurisdicción.
Algo llamó la atención de Sakura, posando sus vivarachos ojos esmeralda en la entrada para ver a la dueña del lugar arribar con aire despreocupado. Casi al mismo tiempo, Yamazaki tensó su cuerpo al escuchar a una de las empleadas pronunciar su nombre, se acomodó el nudo de la corbata, enderezandose al mismo tiempo.
— Buenos días — saludó de manera cordial, pero si son mis clientes favoritos.
— Buen día, Chiharu — saludó Sakura.
Yamazaki dio la vuelta a su cuello de una manera un tanto aletargada. Sakura contuvo las ganas de reírse al verlo actuar como el personaje de una famosa película de terror de exorcismos.
— Hola — musitó, de forma casi inaudible.
— Hola — la mujer sonrió, retirándose inmediatamente para desaparecer en la cocina.
Al parecer, el oxígeno volvió a Yamazaki, respirando de forma irregular.
— ¿Cuándo la invitarás a salir? — la risa desafiante de Sakura caló en el orgullo de Yamazaki, quien se volvió a ver la pantalla del T.V.
— Él día que tú lo atrapes — espetó.
A Sakura se le revolvieron las entrañas de ver la imagen en pantalla. Un tipo sonriente cortaba un listón rojo para la fotografía de rigor; sus ojos ámbar, sonrisa cautivante y traje elegante captaban totalmente toda la atención de cualquiera que lo viera de manera casi instantánea. Apretó los labios en forma de protesta, acababan de arruinar su día sin saberlo. La pura imagen de Li Syaoran le provocaba sentimientos de rechazo tan fuertes, que el sabor de su comida de pronto se volvió insípido. Sakura no era una mujer de odiar, ni tampoco antipática, pero ese hombre quien, para su mala suerte, era un heredero famoso de la ciudad , sacaba lo peor de su humor. No había conocido a nadie que compartiera su opinión sobre Li Syaoran, pero es que tampoco habían vivido la desagradable experiencia que tuvo que pasar con él. Para el resto del mundo, ese joven era un elegante y atractivo millonario con trazas de filantropía; pero para Sakura Kinomoto, no era más que un fanfarrón y embustero que se atrevió a meterse con uno de los seres más sagrados para ella: su padre.
— Algún día, te lo puedo jurar — dijo entre dientes.
— Ya tranquila, sabes que es uno de esos bribones intocables por el dinero.
Yamazaki sintió pena, ella era su compañera, pero también una amiga muy apreciada y por eso conocía a la perfección la obsesión de Sakura por atrapar al misterioso Li Syaoran. Todavía remembraba con suma facilidad aquella noche de viernes, cuando Sakura entró en su oficina bramando incoherencias y maldiciendo a todo lo que se le ponía enfrente. En una narración catártica, la castaña le contaba que su padre -un afamado arqueólogo de la ciudad- casi había perdido la vida en el incendio del auditorio local, previo a la presentación de los resultados de su última expedición. Le costó media hora y numerosos vasos de vodka calmarla, sollozando entre dientes que el mismo Li Syaoran había robado el objeto que su padre presentaría, y quemado el auditorio. Por obvias razones, nadie le creía, incluso en la jefatura hacían chistes al respecto y eso le molestaba, más de una vez tuvo que liarse en alguna discusión por defender a Sakura, hasta que al fin resolvió proponerle que todo lo que descubriera se lo contara única y exclusivamente a él, para evitar murmullos en los pasillos.
Así que, a partir de ese momento, Yamazaki y su mejor amiga Tomoyo eran los únicos que sabían todas las conjeturas que ella hacía en secreto, mientras seguía minuciosamente los pasos del millonario como una actividad extra al trabajo.
— Un día cometerá un error — apretaba la cucharilla de metal tan fuerte, que sus nudillos se pusieron blancos.
Un preocupado Yamazaki le tomó la muñeca levemente, para que ella lo mirara.
— Basta, solo te haces daño, además — dejó salir un suspiro de resignación — , sabes que él está ligado a la policía de alguna manera.
Eso era una de las cosas que más le molestaban, por alguna razón ajena a su conocimiento, Li Syaoran andaba muy seguido en la jefatura, y era un benefactor constante que apoyaba a la fuerza policial de Tomoeda. Un punto más en contra de ella.
La voz de la operadora de policía se escuchó de pronto en la radio portátil. Yamazaki le hizo una seña a Sakura y ambos salieron casi disparados hacia su patrulla encendiendo las torretas bicolores de inmediato.
— Asalto a una tienda — explicaba Yamazaki mientras esquivaba cuando obstáculo encontraba en el camino — , mano armada.
Se dirigieron lo más rápido que pudieron hacia sureste, a uno de los barrios marginales más conocidos de aquel lugar, con una gran cantidad de obreros eventuales que luchaban día con día por alcanzar algún empleo temporal en las construcciones constantes de la ciudades vecinas. Al llegar, una mujer asustada corrió hacia ellos apenas los vio estacionarse, envuelta en un mar de llanto. Los crímenes en Tomoeda rara ves tenían consecuencias fatales, pero en aquella parte de la ciudad, había una gran cantidad de Yakuzas que operaban el barrio de manera sistemática. La castaña miró dentro de un contenedor cercano, y casi de inmediato se puso sus guantes de latex para sacar un cuchillo con onis grabados en la empuñadura, marca inconfundible de las mafias locales.
— Ni siquiera se molestan en deshacerse correctamente de sus armas — apuntó, mientras guardaba la evidencia en una bolsa de plástico.
Le frustraba admitirlo, pero era la verdad. Probablemente este crimen no se resolvería, no por la incapacidad de la fuerza policial, si no por el lugar. Era un secreto a voces que altos mandos de la policía recibían cantidad exorbitantes de dinero por dejar en paz sus territorios para operarlos con impunidad. Lo más seguro es que esto haya sido un cobro de piso que salió mal, pero afortunadamente no resultó nadie herido. Mientras Sakura levantaba el reporte del incidente, advirtió algo fuera de lugar en el paisaje común del barrio. Era un hombre, que aunque vestía ropa deportiva desentonaba completamente con los elementos naturales, resultaba obvio que aquello que usaba costaba miles de yenes sin dudarlo. Atrapada por su curiosidad, la oficial avanzó detrás de aquella figura masculina, quien con pasos rápidos se escabulló a un edifico abandonado con la malla ciclónica rota y vegetación invasora abundante. Su instinto para los problemas le alertaba que algo no andaba bien, así que desabrocho la funda de su pistola, por si tenía que activarla en alguna emergencia.
Dentro, había más de una docena de pilares, y un potente olor a humedad, el hombre que cubría su cabeza con la capucha de su chamarra andaba de pronto en cuclillas, buscando algo entre los pisos llenos de charcos de agua estancada.
— Sé que estás aquí — habló con tono normal, pero el vacío del lugar hizo un eco poderoso.
Sakura arqueó una ceja, aquella voz le sonaba tan familiar, y no sabía por qué. Decidió no ceder en su búsqueda de respuestas, así que avanzaba con cautela, recargandose en los pilares para no ser vista. Hasta que observó aquello, y no podía creerlo.
Un ave de majestuoso tamaño salió de pronto de la oscuridad, debía de tener tal vez dos metros de alto, de color dorado y pico puntiagudo. Aleteaba lentamente frente al hombre, que se quitó la capucha de inmediato, y Sakura no lo podía creer; Syaoran Li extendió sus manos para llamar la atención del ave, y quien sabe de donde, sacó una espada de estilo chino que empuñó con aparentes intenciones de atacar. Un impulso bastó para que la oficial Kinomoto saliera de su escondite y apuntara deliberadamente al joven millonario. Estaba con la adrenalina al tope por encontrarse a su enemigo en una posición de desventaja aparente.
— ¡Deténgase Li! — le gritó —¡Policía!
El rostro de aquel hombre se desencajó, no por miedo, sino más bien era una mezcla entre la sorpresa y la furia. La gigantesca ave aleteó más y más fuerte, tanto que sus movimientos rompían el viento y alojaban un ruido molesto en los tímpanos. Después todo se volvió en un vendaban con la misma fuerza de un tifón enfurecido que mandó a Sakura a volar un par de metros sobre el aire, cayendo bruscamente sobre el piso húmedo. Lo único que reconoció cuando fue capaz de incorporarse de nuevo, fue un par de ojos ámbar que la miraban con tanta intensidad, que una sensación eléctrica recorrió su espina dorsal.
— ¡¿Acaso estás loca?! — gritó, mientras la levantaba con muchísima brusquedad — ¡¿Sabes la tontería que acabas de cometer?!
El repudió que tenía hacia Li incendió su carácter, soltándose de un jalón del agarre que mantenía su brazo aprisionado.
— ¡Usted estaba empuñando una espada contra un ave! — replicó Sakura.
Li llevó sus manos a la cabeza, jalando sus mechones en una clara mueca de enfado e incredulidad.
— ¡Acabas de arruinarlo todo! ¡Maldita sea!
— Estaba a punto de cometer maltrato animal.
Con la palma de su mano, Li paró las réplicas de Sakura, sacando un celular de inmediato y hablado de manera ofuscada pidiendo que lo recogieran en el lugar. La oficial Kinomoto estaba a punto de llamar a Yamazaki por la radio, cuando Li chasqueó los dedos e inexplicablemente un chispazo de electricidad arruinó el aparato.
— No querida — la amenazó — vendrás conmigo.
Diciendo eso, extendió la palma de su mano y Sakura sintió como una fuerza invisible oprimía sus extremidades, incluso cuando intentaba gritar nada salía de su boca. Una camioneta del tipo SUV plata aparcó afuera del edificio, sorprendiendo a la castaña la rapidez con la que atendieron el pedido de aquel malnacido. Su cuerpo actuaba en contra de su voluntad, moviéndose hasta deslizarse al asiento trasero de la camioneta si que nada pudiera impedírselo. El conductor, un hombre de edad avanzada con bigote canoso, miró a la muchacha y luego a su jefe.
— Esa no es la manera de tratar a una mujer, joven Li — le reclamó con tanta naturalidad, que parecía más su padre que un empleado.
— Lo arruinó todo Wei, ¡hizo que se me escapara! — el castaño dio manotazos al aire.
— Comprendo su frustración joven Syaoran, pero demuestre modales y sentido común. Imagine que es una de sus hermanas.
Li protestó con un gruñido.
— Lo mejor es que no vea nada.
No fue un golpe, tampoco alguna especie de sustancia, simplemente su consciencia se esfumó repentinamente dejando su vista completamente negra, con su cuerpo precipitándose hacia el vacío...
Sus párpados se sentían arenosos, pesados igual que un par de cortinas de metal que se resistían a ser abiertos. Poco a poco, y después de gran esfuerzo, logró abrirlos solo pare enfrentarse con la confusa realidad. Paredes grisáceas, un espejo enorme de doble vista, la luz fría de una lámpara que parpadeaba algunas ocasiones por algún defecto, una silla y la sensación de metal frío presionando su muñeca. No era una habitación desconocida, más bien, estaba en un lugar familiar y fue eso lo que la asustó. La sala de interrogatorios que estaba en la parte subterránea de la jefatura no era un secreto para nadie, y a juzgar por el desperfecto en la lámpara, la había metido a la más alejada en el corredor. Quiso zafarse pero un juego de esposas sostenían su mano derecha, gritó pero nadie respondió a su llamado, hasta que la puerta a su izquierda se abrió lentamente.
Yukito Tsukishiro entró en la sala, con la expresión contrariada y los lentes un tanto desacomodados. Él era el comandante de la división, por ende su jefe, y la mirada que le dedicó no hizo sino hacerle un hueco en el estómago.
— Buenas noches, Sakura — su voz era calma, desentonando por completo con su rostro.
— ¿Qué está pasando comandante?
La castaña no recordaba nada más allá del incidente con Li Syaoran en el edificio abandonado, cosa que no le parecía motivo de ser llevada ahí contra su voluntad. Sus dudas no hicieron si no incrementarse cuando el millonario chino hizo su entrada a la sala, más calmado y con los brazos cruzados.
— Las cosas son un tanto complicadas Sakura, y no...
— ¡Acaso usted trabaja también para él! — recriminó Sakura, que con su mano libre apuntó al castaño.
— No, él trabaja junto a nosotros.
Parpadeó perpleja ante la inusual revelación.
— Mira, Sakura, esto no estaba en nuestros planes y lo que presenciaste pues.. es difícil de explicar.
— Ese hombre iba a matar a un ave rara — explicó Sakura —, yo lo detuve antes de que lo hiciera.
— En realidad, arruinaste la investigación de un mes — Li caminó hacia ella un poco, con los brazos cruzados —, liberando a un peligro más en ésta ciudad.
— ¿Y por qué no llamaron a control animal entonces?
Los dos hombres pusieron la mirada atenta en ella, pero Li soltó una risa cínica que no hizo más que enfadarla.
— ¿Lo ves Tsukishiro? — dijo entre risas — Ese plan que tienes no funcionará.
— Hay una posibilidad, ¡ella lo vio! Se supone que una persona normal no puede hacerlo — argumentó el comandante levantándose de su silla — . No podemos solo ignorar los hechos y tampoco pienso dejarla ahí sin supervisión nuestra.
— Tal vez solo fue un hecho fortuito, una falla en el sistema, que se yo. Ella sólo nos va a estorbar.
Sakura se sintió ofendida.
— ¡¿Estorbar?! Le recuerdo que, aunque nadie más en esta maldita ciudad me crea, usted casi mata a mi padre y de paso le robó el trabajo de su expedición.
Igual que un felino, en un santiamén Li Syaoran caminó hacia ella y con la mirada intensa se detuvo a escasos centímetros de su cara. A la castaña casi se le sale el corazón por el movimiento inesperado, y tuvo que desviar la mirada para poder poner sus pensamientos en orden.
— Yo salvé a tu padre de un destino trágico, aunque no lo entiendas ni un poco — se volvió hacia Yukito — . Tsukishiro, dos somos suficientes, tres es un lastre innecesario y no pienso fallar en mi misión. Ella no sabe nada de magia.
Fue ahí, cuando los labios de Li Syaoran pronunciaron esa palabra, que todos los pensamientos de Sakura se detuvieron por un instante, como si acabara de hablar en un idioma incomprensible o decir que dos más dos era igual a pez.
— No tengo opción Li, ese es el trato, ¿quieres mi apoyo? Llévala a tu unidad.
Li se cruzó de brazos y no pudo disimular su completo desacuerdo. Tsukishiro y él salieron de la habitación, pero se escuchaba como continuaban con su discusión en el pasillo, hasta que media hora después, el joven castaño irrumpió de nuevo en la sala de interrogatorios y liberó a Sakura de una manera poco delicada.
— Escúchame bien — advirtió, antes de sentarse en la mesa —, éste es un trabajo para el que no sirves y estoy aceptando tu participación por imposición de tu comandante.
La risa cínica de la castaña rebotó en las frías paredes de la sala.
— ¿Qué le hace creer que quiero trabajar con usted? ¡Los dos solo han dicho disparates desde que desperté!
Decidida, Sakura se enfiló con paso firme hasta la puerta, y logró entre abrirla cuando la voz penetrante del heredero del Clan Li llegó hasta sus oídos.
— Hay dos opciones dulzura, si sales por esa puerta considérate fuera de la policía de Tomoeda, esa es la opción número uno — la castaña estuvo a punto de objetar, pero él la interrumpió —.Tienes familia, ¿no Kinomoto?, tu padre y tu hermano. Pues su integridad y la de cada habitante de esta ciudad está en peligro, y Tsukishiro te está dando la oportunidad de salvarla, ¿dónde está tu sentido del deber? No juego, yo nunca lo hago, y aunque te considere sin talento para la misión, debo apresurarme antes de fracasar.
Sakura se sintió extraña, ¿peligro? ¿magia?, experimentó como que de pronto estaba viviendo en una realidad alterna, igual que un sueño disparatado, pero la verdad era que no se consideraba con la imaginación suficiente para construir un mundo así. Además le preocupaba su familia, un tipo poderoso como Li quien sabe que le podría hacer, si ya tenía una influencia alta en la policía. Una idea se le vino a la cabeza, durante mucho tiempo pensó en la manera de desenmascarar a Li Syaoran pero las pruebas nunca le se presentaron, ¿qué tal si esta era su oportunidad? Estar cerca de él, por más desagradable que le pareciera, era la ocasión perfecta para reunir información suficiente y sacar a la luz lo que ese hombre era en realidad. Lo miró, y con una expresión endurecida aceptó obedecer a su comandante.
Li entornó los ojos, y le hizo un ademán para que lo siguiera. Afuera, en el corredor, Yukito los observó mientras que, sin decir palabra alguna, caminaron hasta las escaleras que los llevarían a la superficie. Una vez afuera, la camioneta que antes los recogió ya los esperaba, poniéndose en marcha hasta un edificio a escasas cinco cuadras de la jefatura. No entendía bien porque, pero era la única construcción que parecía más antigua que las demás, y por alguna razón nadie la advertía, pues ella juraba haber pasado incontables veces por ahí y jamás haberla visto. Un guarda con cara de aburrimiento los recibió, sin quitar mucho la vista de un televisor que trasmitía un partido de béisbol. Se encontraron en una estancia con escaleras que conducían a los pisos superiores, la puerta de un ascensor de pintura desgastada y una rampa extraña que descendía a algún lugar desconocido. Li caminó por la rampa y Sakura lo siguió, la puerta de madera vieja con picaporte dorado desentonaba por completo con la demás estructura, pero no le importó. Al abrirla, la castaña no hizo más que maravillarse con aquello que sus ojos veían.
Estantes de libros pegados a la pared por donde quiera que lo veías, una mesa cuadrada extensa de madera de cerezo oscuro, dónde descansaban objetos de constitución extraña y una antigüedad incalculable. En el techo, un mapa estelar estaba dibujado en tonos ocres, representando a la mayoría de las constelaciones ordenadas según los puntos cardinales y en la silla del extremo del fondo, un hombre de ojos azules, que leía entretenido un libro mientras fumaba una pipa los miró con curiosidad. Al levantarse, se dio cuenta que era alguien alto, con unos curiosos lentes y vestido con un pantalón de lino color café, y un camisa de botones azul rey, que resaltaba más sus mirada.
— ¿Visitas? — preguntó extrañado
— No — Li se dirigió inmediatamente a buscar un libro del estante-, imposición del comandate Tsukishiro, se llama — se quedó pensando unos minutos — olvidé tu nombre, cariño.
Sabía que aquello era hecho apropósito, pero Li ni siquiera tuvo la delicadeza de mirarla cuando le preguntó. A regañadientes, soltó un hosco "Sakura Kinomoto" y se cruzó de brazos.
— Lo siento — el joven de aspecto extranjero se precipitó hacia ella — , mi compañero no es muy cálido — le sonrió, tomando su mano para darle un sorpresivo e inesperado beso en el dorso -. Eriol Hiraguizawa, encantada.
Desconcertada, la castaña sintió como las mejillas se le tiñeron de rojo, no estaba acostumbrada a ese tipo de trato por parte de los hombres y eso fue notado por el Eriol, quien retrocedió para darle su espacio. Segundos después, estiró las manos como señalando todo el lugar, y sonrió ampliamente.
— ¡Bienvenida a la Unidad M! — presentó, igual que un conductor de televisión.
Li se quejó y Sakura no pudo evitar dudar sobre su decisión. ¿En que diablos estaba metida ahora?
¡Hola! Ideas relámpago, escritas en tiempo relámpago pero que no podía dejar pasar. Las aventuras nos esperan, y sobre todo debo decirles que su opinión siempre es bien recibida aquí, siéntanse con la libertad de expresarse sobre esta pequeña historia que apenas comienza, pero que estoy deseosa en contar. ¡Hasta luego!
