N/T: Este es el primer fic que hago, el primero que me inspiró esta bella ship y al que le tengo más aprecio. De antemano me disculpo por todos los posibles errores e incongruencias que pueda tener, ya que por más esfuerzo que haya puesto en él, se nota la inexperiencia con que está hecho. Agradezco que le den una oportunidad a este intento de ficker, y apreciaría conocer su opinión, disfruten y arriba el Yullen! n0n
Fic Yullen
Declaimer: Los personajes de DGray-man pertenecen a Katsura Hoshino
I
El dinero lo era todo para aquellos que correspondían a la alta sociedad, era el fruto de su trabajo disfrutar de una vida acomodada y de prestigio, sin embargo, en dicha categoría también anidaban las personas más viles e inhumanas, puesto que valoraban todas las cosas dependiendo de la cantidad monetaria que poseían. En medio de esta sociedad en la que no todos estaban incluidos, había cierto chico algo bajito de estatura que, a sus quince años de edad, era el objeto de desprecio por parte de una gran mayoría.
Este niño había tenido la suerte de ser el hijo adoptivo de un rico y joven hombre de negocios, un hombre con valores y escrúpulos, educado, amable y decente, mucho más de lo que se pudiera decir de cualquier otro en este medio; desde muy pequeño era desechado, aborrecido y maltratado por los demás miembros de las diferentes familias que sólo aparentaban un comportamiento agradable cuando tenían que atender asuntos con Mana Walker, su padre.
Dicho joven recién iniciaba su educación preparatoria en un prestigioso instituto exclusivo para los hijos herederos de las más grandes y adineradas familias de aquel país; entre ellos, él era uno de los más ricos, razón por la cual también todos creían que sólo se trataba de un oportunista que anhelaba adquirir el control de los negocios de su padre; ninguno de ellos, padres o hijos, creían en su bondadoso y dulce carácter, sino solamente que se trataba de una actuación, una muy buena, que ocultaba sus verdaderas intenciones ambiciosas. Como era de esperarse, las murmuraciones en las que él era el protagonista iniciaron como una lluvia de antipatía en cuanto dio su primer paso dentro de la institución.
A medida que avanzaba hacia su dormitorio, situado en el mejor pent house del edificio, las miradas de desprecio y arrogancia aumentaban golpeando su abatido corazón cada vez que levantaba la vista, sin importar hacia donde divisara, esas miradas eran fulminantes y, si pudieran, seguramente ya lo hubieran asesinado varias veces. Trató de comportarse tan cordialmente como pudiera, aún tenía la esperanza de encajar en aquel lugar y de encontrar a alguien digno de afecto a quien llamar "amigo", este sueño iba alejándose cada vez más con el paso de los años, pero el cariño que su padre le brindaba era lo suficientemente fuerte como para mostrar una linda sonrisa en todo el recorrido que, más bien, parecía que se dirigía a la horca en vez del lugar donde pasaría los próximos tres años de su vida, muy a pesar de la disconformidad que tuvieran los demás presentes ante aquel hecho, estudiarían y convivirían con él, les guste o no.
Después de algunos días de su instalación y orientación de todos sus quehaceres, iniciaron las clases formalmente, había un área obligatoria que debía cubrir con la inclusión en algún club sin importar su temática, se percató de uno llamado "libertad de pensamiento" y al ver que sólo tenía que asistir dos o tres veces por mes le pareció buena idea tomarlo, así tendría tiempo de organizarse y dedicarse a todas las demás actividades en sus estudios.
También vio que había pocos alumnos inscritos, varios de otros grados por lo que le pareció más interesante, quizás escucharía mentes más maduras y brillantes, y se reducía la posibilidad de ser hostigado al no tener más personas alrededor, por último dio un vistazo a los nombres inscritos pero ninguno le resultó conocido, esto lo entristeció y lo tranquilizó al mismo tiempo.
Era absurdo estar en más de un club siendo tan restringido e involuntariamente antisocial, pero ya tenía clases privadas de piano en la sala de música por petición de su padre, por lo que quiso algo fácil que no lo agobiara más de lo que estaba, de cualquier manera, ya estaba hecho y se dirigía hacia su primera sesión del mes mientras leía el reglamento y muchos otros detalles más de sus asignaturas. Cuando llegó a la puerta del salón, se quedó unos momentos mirando el vacío frente a él, tratando de darse ánimos de entrar pues sus otras clases habían sido algo desagradables y deseaba con todas sus fuerzas que esta fuera menos dañina e intimidante.
Estaba por conseguirlo, cuando escuchó la voz grave de alguien, en un tono bajo que daba a entender su mal humor, provenir detrás de él, sacándolo de sus pensamientos y derribando el poco entusiasmo que había reunido para por fin entrar por la puerta; dio un pequeño brinco por el susto, y luego se giró para ver de quien se trataba.
-Quítate de en medio, enano. - dijo sin mirarlo aquel joven que era más alto que él, dándole un fuerte empujón con la mano, aventándolo para que se apartara de la entrada.
El pequeño peliblanco quedó impactado por lo sucedido, puesto que, a pesar de lo grosero que se comportó ese chico, era el primero en su vida que se había dignado a hablarle; entre tanta hostilidad y frialdad de parte de los demás estudiantes, era realmente impresionante que alguien quisiera dirigirle algunas palabras, aunque no hayan sido muy agradables, pero tampoco fueron discriminatorias como las que estaba acostumbrado a escuchar a lo lejos. Permaneció conmocionado de tal manera que no había hecho un solo movimiento para adentrarse en aquella aula, era más su sorpresa que su conciencia.
-Buenas tardes, jovencito, ¿vas a entrar a este salón? - preguntó amablemente una mujer castaña cuyo cabello rizado llegaba abajo de los hombros, parecía tener más de 30 años; sostenía un portafolio en su mano derecha y varios documentos en la izquierda, además de que vestía formalmente, por lo que dedujo que era la profesora.
Asintió rápidamente sin decir una palabra, la mujer le sonrió extendiendo la mano derecha hacia adentro del aula indicándole que pasara y así lo hizo él, dentro pudo ver los pocos estudiantes que había aliviándose de que ninguno parecía prestarle atención, al fondo estaba el joven grosero de hace un momento apenas sentándose en el escritorio más alejado de todos, lo miró por un instante sólo para presenciar la indiferencia que éste mostraba levantando el libro que traía en su mano derecha para comenzar a leerlo, ignorando deliberadamente a todos los demás individuos que había en ese lugar.
Encontró un asiento libre junto a la pared a escasos dos lugares al frente, se sentó y levantó la vista esperando que la profesora diera inicio con la clase. Ésta dio la bienvenida a todos, explicó que el propósito de esa materia era dar un espacio a los jóvenes estudiantes donde pudieran expresar sus opiniones sin prejuicios determinados ni restricciones. Los escritorios formaban un semicírculo permitiendo que todos en el lugar pudieran verse sin problemas; sin más demora, dio la indicación para que uno a uno se presentaran de acuerdo a la rutina del inicio de clases.
Llegó el turno de él, se levantó de su asiento, el peculiar tono blanco aperlado de su cabello captó la atención de todos los presentes por un momento, elevó un poco el rostro mostrando unos bellos ojos plateados muy brillantes y la pálida piel en tono rosado que poseía. Vestía el uniforme del instituto el cual consistía en un saco negro con botones de oro y el emblema distintivo del colegio al lado izquierdo, un chaleco tipo suéter amarillo vainilla, una camisa blanca de manga larga adornado con botones de oro, un precioso listón rojo en el cuello atado en forma de moño y un pantalón en tono cappuccino para los hombres, mientras que las mujeres portaban una falda esgada arriba de la rodilla con mallas negras y zapatos negros.
-B-buenas tardes, soy Allen Walker, hijo de Mana Walker, conocido por ser el director del bufete jurídico Walker, t-también es el dueño y gerente de la cadena de bancos Walker. E-estoy cursando el primer grado en la carrera de contabilidad...y-y... - se detuvo notando que algunos murmuraban mientras lo veían, el nerviosismo se apoderó de él y no fue capaz de decir nada más. La profesora se dio cuenta, silenció a los culpables y dio por terminada la presentación de Allen logrando hacer que éste se tranquilizara y volviera a tomar asiento.
Los expectativos ojos del chico japonés se colocaron en él todo el tiempo, el libro cubriendo su rostro fue una buena barrera para que nadie sospechara que era él quien había atrapado toda su atención desde el primer momento en que lo vio, cuando comprendió que había sido él a quien había aventado en la entrada, pues estaba tan molesto por el fastidioso inicio del ciclo escolar que, verdaderamente, había hecho lo mismo desde hace un par de días con todos los que estorbaban su camino, cuya molestia era provocada por los mocosos mimados malcriados que creían poder mandar sobre todos y las chiquillas chillonas con voz punzante de rata que comenzaban a acosarle declarándole su amor.
Las cuales terminaban rindiéndose a los pocos días puesto que sabía que ninguna solía hacer más esfuerzo por conseguir algo en su vida y el inmenso maltrato de su parte hacía que rápidamente dejaran de molestarlo. Así había sido todo para él, esa miserable rutina que siempre volvía a empezar ya lo tenía bastante harto, fue hasta que levantó el libro que portaba para retomar su lectura que logró ver en su rango de visión a cierto niño de cabellera blanca que lo miraba fijamente, pero tan pronto como elevó los ojos, él ya había girado para acomodarse en su asiento por lo que no pudieron cruzarse sus miradas.
Entre todo su hartazgo y mal humor, se había sorprendido de volver a ver a ese chiquillo, hacía ya 10 años que se lo había topado de frente sin que se hubieran vuelto a acercar, y ahora lo había encontrado de esta manera, no es como si se arrepintiera de haberlo aventado, el chico de verdad estaba estorbando con su mente perdida en algún lugar del universo; pero sabía que quería otro tipo de cercanía con él, meditaba siendo consciente de que se estaba aproximando su turno para participar en esa tonta presentación, a pesar de su asombro por rencontrar a Allen, no tenía ni la menor intención de congeniar con los demás por lo que su pésima actitud no cambió.
Cuando la profesora lo observó, entendió que él era el siguiente, no iba a interactuar con nadie de esa ni de ninguna otra manera, pero los temerosos ojos de Allen voltearon lentamente mostrando interés hacia su persona y, sin más remedio, suspiró cansadamente sin apartar sus ojos del libro. El joven de diecisiete años era alto, de cabello oscuro negro azulado largo y lacio, recogido en una coleta alta, con un flequillo al ras de los ojos y dos mechones enmarcando su rostro, tez clara denotando su origen oriental así como los ojos negros rasgados, acentuando aún más su severa apariencia y su rebelde carácter. Portaba el mismo uniforme sólo diferenciándolo con un chaleco tipo suéter color vino y un corbatín a la inglesa color azul oscuro con un broche de oro en la base del cuello.
-Kanda, hijo del magnate dueño de las empresas, farmacias, hospitales y hoteles Kanda. Curso el tercer grado de la carrera de contabilidad. - dijo apresuradamente y bastante molesto, esperando que eso bastara para que la profesora dejara de prestarle atención y pudiera seguir en paz con su lectura.
-Oh, vaya sorpresa, qué agradable tenerte en mi clase, joven Kanda; sin duda este año será muy interesante, pero te quiero pedir que cuando estés aquí dejes un poco tu libro y trates de incluirte en las actividades con los demás. - dijo a modo de introducción y regaño ante la interesante información que el peli azul acababa de dar además de su manera poco social de hablar.
-Heh, creí que este curso era para la libre expresión. - dijo burlón y desafiante, bajando un poco su libro pero sin mirarle. Sin duda, con esa respuesta se había ganado el desagrado de todos los presentes que, con sólo escuchar su nombre, voltearon el rostro para dejar de verlo en señal de que el chico tenía un mal carácter con el que nadie estaba dispuesto a tratar, si no fuera porque él era el hijo del hombre más rico del lugar, ni siquiera se rosarían con él; pero la ambición en sus negocios familiares los obligaba a tratar asuntos con él de vez en cuando.
-Bien, hagamos algo, te permitiré que hagas cualquier cosa en el tiempo que duren mis clases, pero debes estar atento a lo que sucede alrededor y escuchar las opiniones de tus compañeros, ¿aceptas? - dijo la maestra con respetuosa autoridad, aquella que Kanda había notado y, por lo tanto, le molestaba, no había muchos que lograran someterlo sólo con palabras.
-Tch, es lo que estoy haciendo. - dijo todavía molesto y serio, pues el comentario audaz de la profesora no le había parecido gracioso, de igual manera pudo captar la pequeña figura blanca que aún lo miraba, a diferencia de los demás, no había apartado su vista de él en ningún momento; sino que lo veía con grandes ojos de asombro, como si estuviera presenciando alguna batalla épica, el asiático sólo se recargó sobre su asiento despreocupadamente continuando con la inmersión de su mente en su libro.
La profesora prosiguió, dando por ganado aquel enfrentamiento con el joven más adinerado del colegio, entre los demás estudiantes había miembros de asociaciones gubernamentales, dueños de joyerías, fábricas, industrias y otros más negocios exitosos, pero ninguno le pareció más impresionante a Allen que la presentación e información que tenía del que ahora conocía como Kanda. La campana sonó dando término a la clase, el primero en abandonar el lugar fue Kanda atropellando a unos pocos en su apresurada salida y clavando su recia mirada en Allen apenas perceptible para el ojiplata, haciendo que se sintiera muy intimidado por aquella muestra de desagrado, "Me he ganado otro enemigo..." pensó sumamente entristecido, mientras sentía una dolorosa punzada dentro del pecho.
Un par de clases más tarde la jornada escolar llegó a su fin, todos los estudiantes se retiraban para celebrar o hacer cualquier otra actividad recreativa en conjunto, muchos ya habían abandonado el edificio, solamente quedaban algunos estudiosos organizando e incluso terminando trabajos que recién les habían asignado, entre ellos se encontraba Allen, aún sin salir del edificio principal, releyendo sus horarios y pensando qué hacer para ese proyecto de Administración que el profesor les había encargado, del que dependía aprobar todo el curso.
Era lo único que había en su mente, ya que él no tenía a nadie con quien convivir un momento y mucho menos celebrar su ingreso a esa nueva escuela; no, no había nadie, nadie con quien salir, nadie a quien ver, nadie con quien platicar, nadie que no fuera su padre que lo llamaba por teléfono todos los días en punto de las 8pm, así que, ¿qué más podía hacer? Solamente atender sus estudios, si se distraía o pensaba en otra cosa que no fuera eso, sin duda terminaría llorando. Caminaba por el pasillo principal rumbo a la salida cuanto vio cinco sujetos frente a él que le tapaban el paso...
-Hey, ¿qué tenemos aquí? Pero si es el bastardo que se cree hijo de Walker. - al oír eso Allen se tensó a cierta distancia de ellos, no sabía qué querían, pero podía asegurar que no era nada bueno. - ¿Qué te pasa? ¿No dirás nada para defenderte? ¿O acaso eres mudo además de ser un mal nacido que busca dinero fácil? - desde el otro pasillo cierto oriental estaba escuchando todo lo que decían, pudiendo notar que se trataba de uno de los tipos que había murmurado basura cuando Allen estaba presentándose en la clase de libre pensamiento.
A pesar de que estaba en el pasillo detrás de Allen, podía ver perfectamente sus expresiones, todo indicaba que, en efecto, tenía miedo, pero su semblante era retador, con la mirada firme y el entrecejo fruncido, siguió observando desde "las sombras" para saber qué sucedería a continuación. El fulano se le acercó lentamente con un semblante de altivez y arrogancia, levantando su mano para tratar de tocarlo...
-Con esa cara, seguramente podrías ganar mucho dinero de otra forma... - cuando se acercó lo suficiente, Allen saltó y le dio una patada voladora justo en el rostro haciéndolo regresar con su caída todo lo que había avanzado, los otros cuatro quedaron estupefactos viendo cómo el líder caía de espaldas medio noqueado y con la nariz sangrando.
-Prefiero seguir siendo como soy a ser una porquería como tú. - dijo con firmeza para después echarse a correr tan rápido como pudo saliendo por otra puerta antes de que pudieran hacer algo más.
Al ver que no lograban reaccionar para seguirlo, Kanda los dejó sin darles más importancia y fue tras Allen, no sin antes abrir los ojos con asombro ante aquella muestra de valentía que había presenciado; nunca, nunca, pero nunca pensó que el pequeño tuviera el coraje necesario para defenderse por sí mismo, eso le dio la satisfacción de pensar que, a pesar de ser tan dulce y educado, tenía su lado agresivo y estaba dispuesto a usarlo cuando fuera necesario.
Pero eso no era lo que le interesaba a Kanda en ese momento, sino la terrible mirada que tenía el menor en su rostro cuando hubo escapado de aquel lugar; tenía cierta inquietud, y eso no era normal en él, aquella imagen lo hizo recordar el momento en el que lo conoció, la razón por la que no había podido olvidarlo, esa que no le permitía sacarlo de su mente; no quería que dejarlo así, lo siguió aun en contra de sus propios pensamientos y la molesta sensación de saber que tenía asuntos qué atender, solamente quería asegurarse de que regresara a la normalidad, nada más.
Allen corrió lo más rápido que pudo, se sentía desesperado y sabía que si no se calmaba, brotaría su llanto inevitablemente, no quería llorar, no quería que alguien lo viera así, sabía que no importaba si lo veían herido y llorando, nadie haría algo para ayudarlo, por eso no quería mostrarse así ante nadie. Trataba de pensar a donde podría ir para calmarse mientras corría, los dormitorios estarían llenos de los estudiantes, seguramente se encontraban celebrando y embriagándose, así que no era un buen lugar, si llegaba en ese estado todos lo verían y se burlarían, justo en ese momento no tenía las fuerzas necesarias para enfrentarlos de esa manera, así que siguió pensando: "¿Dónde? ¿Dónde? ¿Adónde puedo ir?"
Miró hacia ambos lados buscando con la vista algún edificio en el que pudiera refugiarse y vio un poco alejada, una vieja biblioteca que, según recordaba en la orientación, como tal estaba en desuso, pero contenía muchos libros valiosos además de ser usada por muchos en la institución como referencia, aún era temprano por lo que debería estar abierta.
-"Sí, es un buen lugar, incluso podría averiguar un poco para mi proyecto..." - pensó sintiéndose un poco feliz, a comparación de lo que había pasado hace un momento, esta vez podría sentir que estaría seguro, ahí nadie lo molestaría.
Cuando por fin llegó, entró bruscamente por la puerta, como si estuviera siendo perseguido, incluso cerró ambas puertas detrás de sí, jadeó un poco para recuperar el aliento perdido y levantó la vista lentamente, en efecto, era una vieja biblioteca que solamente los amantes de la lectura sabrían apreciar, había más libros de los que pudo imaginar, así como varios muebles de madera bellamente tallados además de los libreros y por la decoración parecía ser perteneciente a la nobleza, como debía esperarse de un lugar de prestigio como ese; de lado izquierdo de la habitación había mesas y salas completas en las que cualquiera se acomodaría fácilmente disfrutando la lectura de algún buen libro, a lo largo de la entrada había un gran pasillo que recorría a simple vista todos los estantes hasta topar con la pared donde terminaba, y a su lado derecho pudo ver un sistema de cómputo, comprendiendo que aquel lugar ya no necesitaba de una bibliotecaria, sino que quien necesitara un libro lo tomaba, lo registraba junto con sus datos y confirmaba con su identificación.
Al sentir el silencio que el lugar le brindaba, se llenó de él y logró tranquilizarse, caminó pesadamente buscando los temas de su interés, tomó dos, tres, cuatro libros, llegando al fondo donde topa la pared se dio cuenta de que había una puerta más al terminar el pequeño pasillo frente a los últimos libreros, se acercó con curiosidad y abrió la puerta con algo de temor, no debería estar haciendo eso sin permiso, pero estaba solo en ese lugar, además había cerrado la puerta principal por lo que, aunque hubiera alguien cerca, no podría entrar... a menos que fuera el intendente.
Al entrar por aquella puerta, vio un pasillo que abarcaba lo largo de la pared con 5 pequeñas puertas frente de él, siguió caminando y se asomó a la primera, donde pudo entender que se trataba de cubículos privados; entró en el primero y cerró la puerta, mas volteó rápidamente hacia el pasillo por donde había entrado pues le pareció que la puerta principal se había abierto, "No, no puede ser, estoy escuchando cosas..." se dijo restándole importancia.
Comenzó a ver uno por uno los libros que había tomado, todos de acuerdo a la materia de su proyecto; sin embargo, aún cuando intentó distraerse su mente simplemente se mantuvo atenta al desagradable suceso que acababa de pasar, llegaron de golpe los malos recuerdos que tenía, los momentos tristes que había vivido, los de ese día junto con muchos otros que no había podido olvidar; el corazón comenzó a dolerle fuertemente y apretó el libro que tenía en sus manos, "No, no, otra vez no... ¿Cómo me voy a calmar ahora?" pensó tratando de ignorar las lágrimas que empezaban a caer de sus ojos y bajaban por sus mejillas, sin poder aguantarlo más, sollozó fuertemente rompiendo el silencio que había en ese lugar con sus gritos de dolor, ya que el aire que trataba de contener lo estaba ahogando.
Por un momento sintió la libertad de poder llorar de esa manera pues, en casa, con su padre, muchas veces aguantaba el llanto para no ser descubierto ya que no quería hacer que se preocupara, pero justo ahora se encontraba completamente solo, no recordaba si alguna vez había podido gritar de esa manera, justo ahora no se preocupaba de que alguien pudiera escucharlo, estaba seguro de que no había nadie cerca, todos estaban muy ocupados divirtiéndose, justo ahora sólo quería sacar todo ese dolor de sus adentros.
Se recargó sobre sus antebrazos para poder recostar su cabeza sobre la mesa donde estaba sentado, de no haber sido por el llanto y los gritos que emitía, Allen podría haber escuchado los pasos que se acercaban, la puerta que se había abierto; no se había dado cuenta de que estaba siendo observado por alguien mientras estaba llorando todos sus pesares, su voz se apagó a causa del esfuerzo que había realizado, aún gimoteaba, el pecho le dolía tanto que apenas podía respirar, comenzó a marearse por la hiperventilación y perdía poco a poco el conocimiento cuando, de pronto, sintió una mano que lo tomó de su muñeca derecha jalando de ella, obligándolo a levantarse y volteándolo para quedar frente a quien estuviera interrumpiendo el momento de desesperación en el que se encontraba.
Rápidamente miró unos ojos profundamente negros con una extraña expresión en ellos, estaba tan desconcertado por el cambio que esos ojos reflejaban que, por un momento, no supo de quién eran; algunas lágrimas y dolorosos sollozos todavía provenían del pequeño albino mientras permanecía pasmado, no era consciente de lo que estaba pasando, pero pudo comprender que esos ojos azabaches recorrían su rostro una y otra vez, siguiendo cada una de las marcas en sus mejillas causadas por sus latimosas lágrimas, las cuales irritaban sus ojos por la gran cantidad de éstas, parpadeaba constantemente, la luz lastimaba su vista haciendo que sintiera mucho ardor en ellos por lo que, incluso sentía que el tiempo se había detenido.
Los ojos negros captaron otra vez cada rasgo en el rostro de Allen, finalmente se detuvieron mirando ligeramente hacia abajo, y antes de que Allen pudiera preguntar qué era lo que estaban viendo, se vio siendo empujado hasta quedar contra un pequeño espacio de pared que había dentro del cubículo, sintiendo la firmeza con la que su muñeca era sostenida a la altura del rostro y la calidez de la mano de aquel intruso colocándose sobre su mejilla izquierda, dándole leves roses a modo de caricias; seguía gimoteando, mas ahora lograba entender de quién se trataba, ya reconocía ese rostro aunque con buena razón, no creía que fuera él en verdad, hacía poco tiempo que lo había visto con un semblante completamente diferente, uno de mucho enojo, y justo en este momento, casi podía asegurar que era amable, aunque no lo conocía realmente, de otro modo no se atrevería a pensar presipitadamente.
Quedó más perplejo cuando sintió una suave presión sobre su boca que fue ligeramente abierta, abrió grandes los ojos, lo más que podía, ya que aún le ardían bastante; no supo cuánto tiempo duró aquel contacto, solamente notó que había podido calmarse, ya no estaba llorando, eso era lo único que sabía, de nuevo sintió esa oscura mirada sobre él y pudo entender un poco lo que estaba pasado: Kanda lo había besado. Lo tomó del rostro con ambas manos causando que Allen se estremeciera encogiendo los hombros y cerrando instintivamente los ojos al tiempo que hacía un pequeño respingo por la sorpresa, esas cálidas manos limpiaron sus ojos y mejillas, cada toque le provocaba un pequeño susto expresándolo lo mejor que podía, pero se sentía muy cansado y débil como para que su cuerpo expresara con más viveza aquellas emociones.
-No llores... te ves mejor cuando sonríes. - dijo en el tono más suave que pudo, no lo hacía apropósito, pero podía sentir que era sincero; por un momento, Allen se perdió en su mirada sin entender el porqué de su comportamiento. Kanda lo soltó, y se marchó de ahí cuando vio que el otro se encontraba mejor, dejando a Allen completamente sin habla.
Aún con la leve sensación de calor en su boca, Allen elevó ambas manos para cubrirla, como si tratara inútilmente de protegerla del ya sucedido beso forzado, permaneció de pie un largo rato más, hasta que por fin pudo moverse; lentamente se enderezó, tomó los libros, hizo el registro pertinente y salió de la biblioteca completamente inconsciente. Su mente no lograba reaccionar y solamente se movía por lógica e inercia, ni siquiera notó cuando volvió a su dormitorio, sino hasta que llegó a su recámara sentándose en la cama aun con los libros en sus brazos. Dejó ahí todas sus cosas y fue al baño para mojarse el rostro, el cual vio en el espejo cuando lo hubo hecho solamente para notar en su reflejo lo sonrojado que estaba, sin decir nada más, con la mente confusa y las imágenes muy borrosas en ella, se recostó sobre su cama y quedó profundamente dormido, habían sido demasiadas emociones por un día. _
Me encantan las bibliotecas, sobre todo cuando están completamente vacias... n.n
Dedicado a Yu Okawa por concentirme con su fic Office Boy
Gracias por leer
Bladegaur
