PRÓLOGO

-Entonces… esto no es un adiós…-

-… Si no un hasta pronto…-

Decíamos mientras lágrimas comenzaban a brotar de nuestros ojos, abrazándonos la una a la otra, no queriendo separarnos por nada del mundo…

Despertó, fue un sueño otra vez. Últimamente soñaba con eso muy a menudo, se preguntaba la razón por la que diariamente aparecía en su mente esa chica peli-rosa, será porque, ¿realmente la extrañaba tanto? Habían pasado ya 15 años, a pesar de que cuando la separaron de su mejor amiga tenía una edad muy corta, seguía recordando a detalle cada parte de su cuerpo y cada facción de su cara.

-¿En dónde estás? - habló en voz alta la chica mientras miraba al techo aún recostada en su cama. -Rayos, tengo trabajo - dicho esto se levantó a lavarse la cara, vestirse y desayunar para comenzar con las labores. Era miércoles, no era tan malo, ya casi llegaba el fin de semana.

Salió de su casa mientras acomodaba su larga cabellera celeste dirigiéndose a la estación del metro. Realmente era agotador tener que ir entre tanta gente en una fresca mañana, pero no tenía otra opción ya que su carro había sufrido una avería y estaba en el taller. Aunque ya eran las 9:00 a.m. para ella era muy temprano.

Finalmente, después de un tedioso viaje llegó a su destino: el hospital. Era la gerente de ese lugar, una razón más para empezar a odiar su día. Llegó a trabajar ahí por influencia de sus padres con otras personas. Ellos querían que tuviese un buen trabajo y una vida sin preocupaciones por el dinero. Los típicos padres que creen que decidiendo tu vida puedes ser feliz. Ella odiaba ese trabajo, su sueño era otro pero por oposición de sus padres no tuvo la oportunidad de hacer lo que realmente quería hacer con su vida.

-No importa, hay que ser positivos - pensó mientras respiraba profundamente, acto seguido entró en las instalaciones del edificio -, este será un largo día.