Podía notar las miradas y susurros de la gente a su alrededor. Probablemente algunos de los señores que la miraban queriéndola desnudar con la mirada que allí se encontraban, cuchicheaban sobre la presencia de una joven de su edad y belleza en la barra de un bar nocturno a altas horas de la noche, acompañada únicamente de una copa y de su soledad. Posiblemente algunas de las acompañantes de estos señores que también cuchicheaban la criticaban.
Aquella joven no parecía llevar ropa adecuada para el registro en el que se encontraba, un traje de chaqueta femenino y unos zapatos de bajo tacón. Pero poco le importaba después del día que había tenido, presión y más presión por parte de sus jefes de conseguir la fórmula perfecta para una droga que aún se le resistía. Presión y soledad. A eso se reducían sus días, al pensar en ello expresó una sonrisa triste, qué lamentable existencia.
Cansancio era la palabra que mejor la definía, su móvil sonó, era él, el causante de otro de sus problemas. "Dime" contestó tras descolgar el teléfono.
"Quiero verte, ¿estás aún en el laboratorio?" definitivamente pensaban, y así era, que su vida debía reducirse a ir del laboratorio a casa, y así era la mayor parte de los días. Pero aquel día no, quería olvidarse de todo y la presencia de ese hombre no la ayudaría.
"No, pero ahora no puedo atenderte Gin, lo siento" sabía perfectamente que ese no era el tipo de respuesta que él aceptaba.
"Hablas como si tuvieras elección" Suspiró con pesadez.
¿Cuándo había cambiado tanto? Desde el primer momento sabía que Gin era manipulador, apático y sobre todo despiadado, pero al comienzo de su relación, o como pudiera llamarse a aquello que tenían, él no era así. Nunca fue cariñoso ni detallista, pero con el paso de los días su presencia cada vez le parecía más insoportable, unos celos que lo consumían y un control obsesivo hacia ella. Pero ya era demasiado tarde como para cambiar, ella lo sabía, nunca debió meterse en la boca del lobo, y nunca mejor dicho.
"De verdad que quiero descansar, la reunión con ese científico ha sido exhaustiva y sólo pienso en llegar a casa" mintió y rezó porque el sonido leve de las conversaciones que mantenían a su alrededor no llegase a los oídos de él.
"Sólo por hoy Shiho, recuerda que no eres libre" Tras esas palabras se escuchó sólo silencio, él había colgado tras ese recordatorio, lo cierto era que se lo podía haber ahorrado ya que era algo que ella ya sabía.
Sin embargo el conocer su propia realidad no la hacía menos dura, de pronto sintió como el mundo se le venía encima, agotamiento. No podía saber que al otro extremo de la barra en la que ella estaba apoyada, un agente del FBI observa cada uno de sus movimientos, él no había podido escuchar su conversación, pero intuía con quién había hablado. Llevaba un mes siguiéndola.
Shiho vació todo el contenido que le quedaba de copa en su boca y se dirigió al baño, aunque allí nadie la conociera no era el tipo de persona que dejaba verse de forma pública en mal estado. Al entrar cerró la puerta tras de sí y soltó las lágrimas que llevaba mucho tiempo aguantando, estas rodaban por sus mejillas hasta llegar a sus labios y parecían no tener fin. Sin duda el efecto del alcohol era el detonante de aquella pérdida de autocontrol, no lloraba desde hacía años.
Estaba sola, sola en el infierno, atrapada. Su labio inferior temblaba y lágrimas de impotencia continuaban recorriendo sus mejillas, ¿Hasta cuando debería aguantar esta situación? ¿Por qué nunca había podido llevar la vida de una mujer normal? Cualquier atisbo de esperanza que hubiera albergado de salir de la organización se volatilizaba, aunque entregase la droga finalizada, jamás la dejarían ir. Y aunque Ano kata la liberase, Gin nunca lo haría, estaba obsesionado con ella, una obsesión que cada vez iba a más. Las esperanzas eran inexistentes.
La puerta se abrió súbitamente, lo cual sobresaltó a la muchacha de cuyos labios se escaparon una sola palabra "¡Mierda!" creía que había corrido el pestillo tras de sí. Aparecieron unos ojos tras la puerta abierta que nunca había visto, unos ojos de un color verde profundo, unos ojos que la hicieron contener el aliento.
Debía parecer un auténtico desastre con el pelo alborotado y las lágrimas saliendo de sus ojos ante aquel extraño. Era cierto que ella no conocía y posiblemente nunca volviera a verlo, pero odiaba que la vieran en tal situación. La mirada de aquel hombre era inexpresiva, una persona normal habría mostrado pena al verla así.
"¿No sabes que este es el baño de mujeres?" preguntó enfadada mientras eliminaba los rastros de lágrimas de su rostro rápidamente con las manos.
"Creo que no soy yo el que está equivocado" dijo mientras señalaba el cartel en la puerta que indicaba era el servicio masculino. Estaba tan abstraída que ni siquiera había apreciado que había entrado en el baño de hombres, maldijo en voz lo suficientemente baja como para no ser escuchada por él. Y se apresuró a salir, por la puerta empujando al extraño levemente para apartarlo de la salida.
Para ella él era un extraño, para él ella era Shiho Miyano. A sus ojos una asesina y, lo más relevante, una pieza fundamental en la organización en la que pretendía integrarse.
Shiho pasó empujando levemente al extraño para pasar por su lado y salir de aquel lugar, ya no quedaban lágrimas en sus ojos pero sus mejillas aún estaban húmedas y algunos mechones se escapaban de su recogido.
"¿Necesitas ayuda?" Preguntó el hombre, este estaba apoyado sobre la pared del baño y mantenía su mano derecha en el bolsillo del pantalón, Shiho suspiró, como si alguien pudiera ayudarla a salir del infierno en el que se encontraba, dejó escapar un suspiro de sus labios y miró a aquel extraño con desdén.
"No hablo con desconocidos" Sin duda era una respuesta que no esperaba recibir, creía que aquella mujer sería menos desconfiada, después del alcohol que había consumido y lo derrumbada que parecía estar.
La joven salió de aquel antro a un ritmo considerablemente alto, pretendiendo dejar atrás a aquel hombre. Nunca confiar en nadie, era la primera regla de la organización, sobre todo en el caso de aquellos integrantes que estaban en un rango lo suficientemente elevado como para poseer el nombre de una bebida alcohólica, y ella lo hacía. Aquel lugar no se encontraba muy lejos de su casa, en cuanto llegó, se dejó caer en la cama y cayó en los brazos de Morfeo. Había sido un día duro.
Los cerezos comenzaban a florecer, abril había llegado a Tokio inundando las calles del suave aroma de las flores de aquellos árboles, ese que tanto le gustaba. Desde los grandes ventanales que se abrían frente a ella se podían observar muchos de estos, la belleza de las flores de cerezos era tan efímera, tan sólo 15 días duraba la floración de estos, ya eran más que los momentos que podría catalogar como felices en su vida.
Apoyada sobre su mesa de laboratorio observaba como las flores se mecían al son del viento y deseaba estar allí para poder disfrutar de la sensación de pasear libremente. Una sonrisa nostálgica inundó su expresión "como si alguna vez hubiera sido libre" susurró de manera casi imperceptible, de todas formas estaba sola en la sala. Tan cerca parecía estar, pero a la vez tan lejos.
La puerta del laboratorio se abrió de golpe, ni siquiera se inmutó pues sabía perfectamente quien era, a esas horas de la mañana todos sus ayudantes se encontraban en el descanso, sólo él era capaz de entrar así en su instancia, su, como si hubiera poseído algo en algún momento mi vida, pensó.
"¿Cómo van los avances con la nueva droga?" preguntó aquel hombre, ya se encontraba detrás de la joven, a una distancia en la que casi tocaba su cuerpo, ella a estas alturas ya dominaba el miedo que antes la sacudía cuando ambos se encontraban en la misma habitación. Se suponía que Gin no debía regresar a Tokio hasta después de dos meses, quizás había terminado su misión antes de lo previsto.
Ninguna palabra salió de la boca de Shiho, por lo que el hombre volvió a intervenir "Me han comunicado de tus grandes avances, sólo por eso podrás ver a tu hermana hoy al salir de aquí" él sabía que sólo aquello la hacía feliz, jugó con un mechón que se escapaba del recogido de la científica "pero por la noche te espero donde siempre" con estas palabras se giró, pero cuando tenía el pomo de la puerta bajo la mano se volvió hacia Shiho que lo estaba mirando "Sé donde estuviste hace un mes, la noche que no quisiste que nos viéramos, la próxima vez que vuelvas a mentirme me aseguraré de que no puedas hacerlo nunca más" Cerró la puerta con un golpe seco, había sido tonta al pensar que él no se enteraría.
Desde que entró sabía a qué venía, ya lo conocía demasiado bien después de tantos años trabajando para la misma organización. Lo que comenzó como un juego y algo tentador, terminó convirtiéndose en su peor pesadilla, ahora él no podía vivir sin ella, o al menos eso le decía, y ella no quería vivir cerca de su presencia. Pero era demasiado tarde para cambiar las reglas del juego, porque él la dominaba, ese miedo irracional que sentía cada vez que él la amenazaba era incontrolable, quizás porque sabía que no dudaría en llevar a cabo cada una de ellas. Además de él dependía la existencia de la única persona que le importaba en su vida.
No había retirado la mirada en ningún momento de aquellos árboles tras la partida de su superior, pero ahora sí lo hizo para buscar su teléfono y marcar un número.
"¿Nos vemos a las siete en la cafetería de la última vez?" al otro lado de la línea escuchó un alegre allí estaré. La única persona que quería ver, la única presencia que no le estorbaba, su hermana mayor.
La tarde transcurrió con una especial serenidad, quizás era porque él sabía que esta noche se verían que no la interrumpió más en todo el día, los últimos meses se había vuelto especialmente insistente, posiblemente debido a que cada vez lo rehuía más fuera de las instalaciones de la organización que se presentaba un mayor número de veces en el laboratorio de la pelirroja.
En condiciones normales pensaría que la estaba perdiendo, pero ella era tan sumisa ante él que nunca se atrevería a engañarlo con otro ni mucho menos a dejarlo, eso no pasaría nunca, no mientras él tuviera pleno control sobre la vida de Akemi y ella fuera consciente de ello. El miedo era el instrumento de control más eficaz.
"Estas guapísima, tienes el pelo más largo que la última vez que nos vimos" sonrió ante las palabras de su hermana, pero a su mente vinieron imágenes de hacía unas horas en las que Gin había estado jugando con uno de sus mechos y se sintió asqueada, quizás ya era hora de un corte de pelo.
"Te veo excesivamente sonriente, ¿has vuelto a saber algo más de ese chico que me comentaste?, apuesto a que él es la causa de esa felicidad" La iluminación el rostro de su hermana y posterior sonrojo la delataron, Akemi nunca se había caracterizado por saber ocultar sus sentimientos, sus expresiones la traicionaban continuamente.
Durante casi toda la reunión había escuchado a su hermana hablar de aquel joven, lo había conocido a partir de un accidente, no había avisado su presencia mientras conducía y lo atropelló, los días en los que estuvo hospitalizado ella fue a verlo y posteriormente siguieron en contacto, podían decirse que eran algo, ya hacía casi un mes desde aquel accidente y continuaban viéndose casi a diario. Su hermana había insistido mucho en que debía conocerlo, si era algo que hacía feliz a Akemi por qué no darle gusto, podía percibir su felicidad al hablar de él, pero aún era muy pronto.
Cuando era interrogada por Akemi sobre la existencia de algún interés amoroso en su vida, Shiho se limitaba a hacer alusión a la enorme cantidad de trabajo y falta de tiempo. Lo que menos quería era que su hermana supiera de su extraña relación con Gin, además no mentía entre ambos no existía ninguna relación amorosa, solo una de subordinación. Todo iba a estar bien, mientras ambas continuaran respirando un día más todo estaría bien.
La noche de aquel día era especialmente fría, la temperatura era extrañamente baja para la época del año, quizás se había apresurado al guardar los abrigos. Las farolas iluminaban una calle solitaria en la que únicamente se escuchaban sus zapatos contra el suelo al ritmo de su pasó, llegó al edificio en el que siempre se veían. Llamó una vez, nadie contestó al otro lado de la puerta. Deseó que le hubiera surgido algún imprevisto, que se encontrase en alguna misión repentina y no hubiera nadie al otro lado de la puerta. Llamó otra vez y la puerta se abrió, mostrando su sombría sonrisa.
"Te esperaba más tarde" Gin movió su cuerpo dejando pasar a la pelirroja "Debo decirte que me pones más con la bata de científica, la próxima vez podríamos montárnoslo en el laboratorio".
"No seas ridículo" habló con pesadez, cada vez sus comentarios le ocasionaban mayor repulsión "no me quedaré a dormir así que mejor no dar rodeos".
"Te he echado de menos este mes" Shiho sonrió sabía perfectamente que había ido a ejecutar aquella misión con vermut y dudaba que no hubiera pasado nada entre ambos, al fin y al cabo eran tal para cual. Ojalá sus palabras fueran ciertas y la hubiera echado de menos, eso significaría que la querría, y ello que no sería capaz de hacerle daño. Pero Gin no quería a nadie
A él le encantaba cuando ella se le imponía y le hablaba en ese tono serio. Se acercó a ella lentamente y desabrochó la cremallera de su vestido. Era asombrosamente bella, besó su hombro desnudo e inhaló su suave olor a cerezas, sin duda, el olor de Sherry era uno de los mejores placeres.
Cinco meses después
Shiho aún no conocía a la pareja de su hermana, tampoco tenía mayor interés, aquellos breves momentos en lo que podía verla prefería tenerla sólo para ella y no tener que estar en compañía de terceros que la incomodasen. Sin embargo, debido a la insistencia de su hermana le había facilitado a aquel hombre el ingreso a la organización a partir de una cita que había concertado con un miembro reclutador de rango similar al de la científica, tras esta reunión habían decidido que ese hombre poseía cualidades que podrían ser de utilidad para la organización, por lo que a la semana ya se encontraba a las órdenes de uno de los comandos. Pero aún no podía decirse que Moroboshi Dai fuera mínimamente relevante para la Organización.
Había confiado en el buen juicio de su hermana, proponer a una persona para introducirla en la organización sin conocerla era algo cuanto menos no habitual en ella, suponía una falta de responsabilidad que había ocultado a sus compañeros de trabajo mencionando que conocía a aquel sujeto desde hacía meses, y alegando a la relación de este con otra integrante de la organización, aunque si bien de rango muy inferior, su hermana mayor.
Eran las diez de la noche y aún estaba en el laboratorio, se encontraba demasiado cerca de conseguir completar los estudios sobre el APTX3869 como para rendirse ahora. Tampoco quería ir a su departamento, estar allí suponía que en cualquier momento Gin podría llegar, aunque eso también podría suceder en su puesto de trabajo debía reconocer que existía algo de cordura por ínfima que fuera en su superior.
Gin no se excedería con ella en las instalaciones de la organización, no mientras ella aún fuera una pieza clave para la consecución de los fines de esta. Sin embargo hoy había sido un día duro para él y la presencia de ella era lo único que podía mejorar su estado de ánimo.
A diferencia de otras ocasiones en las que había entrado en el laboratorio sin su consentimiento esta vez lo hizo de forma sigilosa, pudo divisar su figura al final de la instancia, de espaldas a la puerta, concentrada en unas probetas. Se acercó por la espalda y la abrazó. Al sentir su frío tacto la piel de Shiho se erizó y tembló. Se apartó de él bruscamente, la había asustado.
"¿Qué pretendes? ¿No ves que estoy ocupada?" estaba sumamente molesta por la actuación de Gin, su presencia nunca era de agrado pero en esas circunstancias lo era aún menos. Podía ver en sus rígidas facciones que le había molestado su actitud, normalmente podía disimular lo asqueada que el contacto con él la hacía sentir, pero ese día estaba demasiado cansada como para ocultarlo. Tras un incómodo silencio Gin puso la mano en la cintura de ella y tiró violentamente hasta aprisionarla contra él.
Ella se resistió e intentó apartarse de su cuerpo con las dos manos, no era tan fuerte como él "tengo mucho trabajo Gin" este siguió buscando sus labios, a lo que ella se resistió, la empujó contra la mesa ocasionando que algunas probetas se derramasen "por favor, Gin" él hacía caso omiso mientras ella ladeaba su cara a fin de evitar el contacto con sus labios. "¡Qué me sueltes!" expresó en una voz más alta de lo que le habría gustado admitir a la vez que utilizó toda su fuerza para quitárselo de encima, la facción del hombre se volvió más oscura que de costumbre, Shiho bajó la mirada asustada.
Gin volvió a acortar la distancia con la mujer, pero esta vez lentamente, su mirada era sombría y no había rastro de ningún sentimiento distinto al odio "nunca Shiho, nunca vuelvas a hablarme así" la mujer consiguió sostenerle la mirada, Gin giró sobre sus talones y salió por la puerta, solo entonces la joven pudo soltar todo el aire que llevaba aguantando, le costó unos minutos más recuperar el ritmo habitual de respiración. Quería irse a su casa, la noche estaba muy fría.
