CAPITULO UNO
Un golpe en la puerta la sobresalto, su hermana pequeña entró dando cortos y tímidos pasos poco comunes de ella. La castaña se arrodillo al lado de su cama.
— Debemos buscar una solución.
La voz demandante de Hanabi no hizo que la mayor la mirara siquiera, ella ante esto, se sentó en el borde y la sacudió un poco. Hinata no quería oírla, ni verla, no quería estar con nadie.
— Onee-chan, ¿No nos rendiremos, verdad?
Hinata Hyuga ya se había rendido desde hacía tiempo ¿Pero cómo explicárselo a su hermanita? ¿Como decirle que ella ya sabía que ese era su destino?
— Si no haces algo...yo lo haré — La niña se levantó y rápidamente se dirigió hacia la puerta, donde fue interceptada.
Hinata Hyuga tenía una apariencia patética, sus ojos estaban rojos de tanto llorar, su rostro hinchado y sus labios casi de color bordo, seguramente de mordérselos para que no la escucharan.
— ¿Qué piensas hacer, Imouto? — La voz salió sin tartamudeos por primera vez desde hace meses y eso la sorprendió hasta a ella.
— Hablaré con el Concejo, o con el Hokage, alguno deberá escucharme.
— Que vayas a ser la líder no cambia nada porque yo sigo siendo la misma.
La niña acerco su mano al rostro de la mayor y lo acarició, los ojos perlados de Hinata amenazaban con soltar más lagrimas, pero ella lo impidió.
Hanabi Hyuga había sido criada como la legitima líder, a pesar de Hinata ser la primogénita. Ambas habían demostrado ser dignas hijas Hyuga pero los problemas de su hermana mayor para lastimarla habían causado que la rechazara no solo el concejo sino la rama principal, incluido su padre y por muchos años, ella.
Pero la chica había crecido, las guerras habían llegado y cuando tuvo que luchar, así lo hizo.
Luego Neji murió y renació esa antigua niña taciturna que siempre había sido.
El Clan no soportaba tener una heredera que ya no pudiese pelear al lado de los suyos y luego del funeral de su hermano, fue oficialmente destituida de su cargo y tres años luego de ese fatídico día para las hermanas, les habían comunicado que Hinata seria sellada para proteger la línea sucesoria.
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Kakashi Hatake había visto muchas cosas en la vida, desde sus seres amados morir hasta otros revivir, había viajado por todo el mundo, había sido uno de los mejores ninjas y anbus y ahora Hokage, pero nunca fue preparado para ver un Hyuga perder los estribos como lo estaba haciendo ahora.
Hanabi Hyuga le había relatado todo lo que sucedía en su Clan desde el fin de la guerra, sus reglas, las ramas, las muertes, los condenados y Hinata. Todo esto lo llevo a una charla de una hora con una niña de trece años que parecía ser demasiado seria para su edad.
— Lo lamento, Hanabi-chan — Dijo el hombre con paciencia, por cuarta vez— No puedo hacer nada ni por ti ni por Hinata-chan, lamentablemente no tengo control sobre los asuntos de clanes.
La pequeña se sentó de nuevo en su asiento en una posición más digna de su hermana que de ella, y opto por su último recurso.
Kakashi soltó su libro de golpe, había hecho llorar a una niña.
No, había hecho llorar a una niña que encima había sido nombrada líder del Clan más prestigioso de Konoha.
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Hinata caminaba por las desoladas calles de su amada aldea, miró el cielo, era lo suficientemente temprano para no cruzarse ni un alma. Justo lo que necesitaba, pura y exclusiva tranquilidad para digerir todo lo que estaba pasando por su cabeza.
Sus pasos la llevaban inconscientemente hacia el cementerio, como siempre, y no tardo en encontrar la lápida que necesitaba.
Lo que no esperaba era encontrar a otra persona en ese mismo lugar a unos pasos de distancia.
Sus miradas se encontraron, pero no se acercó, al fin y al cabo apenas habían hablado de niños.
Los ojos bicolores no la miraron otra vez, se dio media vuelta y de un salto usó un árbol para salir del lugar, dejando a un confundido rubio que todo el tiempo estuvo detrás de él mirando a otro lado.
— ¿Ah? Hinata-chan — Saludo risueño como siempre, al notarla cerca de él— ¿Has visto al teme? Siempre me hace lo mismo.
— Dio un salto y se fue — La voz no le salió tan dulce como hubiese preferido, pero Naruto no pareció notarlo.
El silencio incomodo hizo que el chico se rascara la nuca con nerviosismo.
Hinata miro a su derecha, donde la tumba de su primo estaba.
— ¡Ah! ¿Vienes a ver a Neji, cierto?
La chica asintió. Y el rubio, más nervioso que antes, se dio la vuelta para marcharse, pero algo lo detuvo. Vio como Hinata se hincaba sobre la tumba y comenzaba a arrancar las hierbas muy crecidas, para emprolijar, y con un trapo, trataba de limpiar la lápida.
Era ahora o nunca.
— ¿Hina-chan?
La Hyuga lo miro desde su posición sin intención de levantarse. Su mirada era aburrida, con un dejo de desinterés que nunca había visto en ella, pero si en otros de su Clan, no parecía la chica que recordaba, tímida pero risueña a la vez. Desde donde el la veía, parecía estar diciéndole lárgate con la mirada.
— ¿Si, Naruto-kun?
— Nunca te...nunca te pude responder.
Siendo sincera, Hinata siempre pensó que, con la tensión o emoción del momento, Naruto no hubiese escuchado su confesión, o la hubiese olvidado con todo lo que vino después. Pero nunca se le hubiese ocurrido que el si la recordaba, pero no le pudiese responder. Sabía que había estado muy ocupado luego de la guerra, ella misma también lo había estado con todo lo que conllevaba su Clan, pero ahora entendió que tal vez todas esas veces que sintió que Naruto la evitaba, no era solo un tonto sentimiento, tal vez él realmente lo hacía porque no sabía cómo responder sus sentimientos.
— Nosotros... somos amigos, Hina... — El rubio se arrodillo a su lado— y yo estoy completamente enamorado de Sakura-chan...Si no te respondí es porque no supe encontrar el momento adecuado... Yo te quiero, Hina-chan, pero, no de esa forma...
Era un poco tarde, tres años tarde.
— Entiendo, Naruto-kun.
Pero Naruto era quien no entendía.
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Un suave golpeteo en la puerta lo despertó, rápidamente dejó el libro en el escritorio y tomo unos papeles para aparentar que estaba trabajando, a su lado, Shikamaru Nara, su nuevo asistente, no pudo evitar reírse por la ironía de la situación.
Kakashi vio entrar a Hinata Hyuga a su despacho, y con una mirada de su parte, Shikamaru se retiró luego de saludar a su compañera.
— ¿Me necesita, Hokage-sama?
El hombre señalo la silla mientras le sonreía con la mirada. Tomó una carpeta y se la tendió a la kunoichi, quien la tomó sin entender, mucho menos al ver una marca de confidencial en la portada.
— Hanabi-sama vino a verme hace unos días...
La Hyuga optó por no contestar.
— Me ha comentado, no, me ha gritado todo lo que sucede en tu clan.
— Hokage-sama, lamento que haya pasado por ese momento, Hanabi-sama debería entender que ni ella ni usted tienen tanto poder como para ser de importancia en este tema interno del Clan.
— Solo necesito que firmes estos papeles, y entonces si lo tendré.
Los ojos blancos fueron de la carpeta al rostro del hombre reiteradas veces.
— Te lo explicaré, Hina-chan — La voz seria del hombre la hizo ponerse recta en su sitio— Hay dos opciones, y las dos deberíamos hacerlas ya mismo...— El hombre tomó la carpeta de las manos de la chica y la abrió— La primera, sería casarte, perderías tu apellido, sus derechos y así, no podrían sellarte.
Hinata quiso reír, sobre todo después de lo ocurrido con Naruto en el cementerio hacía una semana. Casarse, nunca había imaginado haciéndolo con alguien que no fuese el rubio y claramente cualquier dejo de ese deseo si había esfumado. A ella ya no le interesaba nadie y nunca nadie estuvo interesado en ella. Su primera opción ya estaba completamente anulada.
— Lo veo un poco difícil.
— La segunda opción considero que es la más viable ya que es la que está a mi alcance, entra a anbu y quien tendrá poder sobre ti será el Hokage y no tu clan.
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