Kyoko estaba con los ojos enrojecidos, pero continuó con una sonrisa su asignación Love Me del día.

Ella ya llevaba dos semanas siendo la mentora y a la vez cuidadora de la nueva sección de niños actores de entre cinco y ocho años. Todos los niños de la sección eran muy pequeños pero prodigiosos, por lo cual era un desafío más grande del que pudiera haber parecido en un comienzo. No hace falta decir que, aunque en un principio fue difícil, ahora todos ellos la amaban y la admiraban.

En Kyoko encontraban mucho más que una mentora con un talento inigualable.

Jugaba con ellos y les ayudaba a amar la actuación o a descubrir si es que en verdad era lo que ellos querían... O lo que sus padres querían para ellos.

Kyoko no lo sabía pero era muy especial para muchas personas.

Los pequeños actores de LME la observaban con compasión. Sabían qué estaba sucediendo y se sentían impotentes, pero, a pesar de querer hacer algo, sabían que lo único que podían hacer por el momento era fingir como ella que no pasaba nada.

Mientras tanto la noticia seguía esparciéndose y los comentarios maliciosos iban en aumento al mismo tiempo.

Kuon ya había destrozado su celular y algunas otras cosas en su departamento por la furia que sentía. Sus fanáticas empezaban a darle asco y mucho más ciertas personas del medio que se unieron a aquella campaña de menosprecio al amor de su vida.

Se sentía culpable, no esperaba que los descubrieran con lo cuidadosos que fueron. Pero siempre hubo esa posibilidad, siempre estaban a un paso en falso de caer en esto y eso fue lo que terminó sucediendo.

Él la amaba, era difícil saberse correspondido y no actuar al respecto.

También era duro para ella, verlo fingir algo con Kana o dejar que la gente siga asumiendo que había algo entre ellos.

Ella estaba irritada con eso y él no podía soportar no verla por más de tres días y en el fondo saber que no estaban del todo bien las cosas entre ellos.

La besó, sin pensar en nada más que demostrarle que su amor por ella no hacía más que crecer y que él estaría orgulloso de llevarla a ella del brazo en las alfombras rojas y gritar que la amaba a todo el condenado mundo. No quería que ella piense que debía esforzarse para merecer un lugar que siempre fue suyo y que nadie tenía derecho de cuestionar y darse cuenta de ello le dolía.

"No, Kyoko, no tienes que esforzarte para merecer mi amor, mi amor es simplemente tuyo y ya... Yo no soy como ellos"

Kyoko lloró en sus brazos y se volvieron a besar bajo la lluvia.

Kuon pensó que como estaban en Hong Kong, donde Kyoko estaba filmando unas cuantas escenas para una película. Él le dijo a Yashiro que cancele sus compromisos por un día, solo para encontrarla a ella. No pensó en que la prensa le seguía cada vez más por los rumores de que terminó con Kana, ni mucho menos en que se habían esparcido muchos rumores de tras bambalinas relacionados con Kyoko y con su estrecha relación aparentemente de aprecio de un mentor hacia un talento prometedor que parecía cada vez más sospechosa.

Kuon fue precavido pero acciones pasadas y ciertas situaciones, con la ascendente fama de Kyoko, fueron saliendo a la luz.

Ahora estaba en serio furioso y, aunque entendía por qué Lory lo encerró en su departamento, estaba con mucho rencor.

Yashiro estaba reunido junto a Lory y a Saena, tratando de descubrir cual sería el mejor plan de acción para la situación; sin embargo, lo mejor por ahora parecía ser mantener perfil bajo.

Los presentes no soportaban la impotencia, especialmente Saena que auténticamente estaba preocupada por su hija, a fin de cuentas era su hija y le dolía pensar que esto afecte sus sueños, que esa maravillosa mirada de determinación y seguridad en su brillante futuro se extinga por lo que un montón de gente estúpida y envidiosa opine.

Ante esto la pequeña María Takarada hizo un berrinche aterrador y terminó en la oficina de dirección de su exclusivo colegio por jalarse de los cabellos con chicas de su escuela que con sus lenguas venenosas se atrevieron a hablar de su "hermana mayor".

Chiori tuvo que comprarse cinco libretas venenosos más ese día, pero era difícil contenerse con los repugnantes susurros que escuchaba de actrices mediocres sobajando a su senpai.

Kanae estaba con el ceño fruncido observando con furia lo que se decía en los medios japoneses. Odiaba enterarse de todo lo que pasaba allá en Japón a través de Internet y no por medio de su mejor amiga. Con ese pensamiento comenzó a asustarse sobre por qué ella no la llamó.

Todo era un caos.

Kyoko sabía que quizás sí no fuera una actriz lo que opine la gente no importaba, pero lo era. Ella es actriz y ahora el público la estaba destruyendo por no ser la mujer indicada para Tsuruga Ren. Pero lo más doloroso era que, aún si termina saliendo bien parada de todo esto, ella no sería más "Kyoko Mogami, la actriz" pues todos comenzarían a considerarla "la novia de Tsuruga Ren". No, tal vez ni siquiera eso era lo peor sino los rumores sucios sobre que ella "consiguió papeles y otras oportunidades por acostones con Tsuruga Ren, engañándolo y capturándolo con una actitud de mosca muerta porque imposible que una mujer como ella pueda conquistar a alguien como Tsuruga Ren con métodos limpios". Por otro lado, también se le acusaba de ser la razón por la que Kana y Ren rompieron, lo cual causó también mucha indignación e insultos. Todos compadecían a Kana y estaban completamente consternados por el hecho de que Kyoko se haya atrevido a intentar quitarle el novio a la mujer que todo japonés desea como esposa.

Ella estaba aterrada por su futuro, en su cabeza no paraban de resonar todas las veces en su vida que la pisotearon y le convencieron de que no valía nada.

¿Lo peor?

Les estaba creyendo.

Kyoko observaba a los niños con una sonrisa dolorosa.

Ellos actuaron para ella su cuento favorito: Cenicienta.

Entendió que muchas de las licencias creativas que se tomaron en la improvisación fue para indirectamente darle ánimos. La pequeña Kotoko, que interpretaba a cenicienta, fue muy obvia al ponerse una peluca naranja e imitarla un poco. Y también debía darle mérito al pequeño Tsukasa, él estaba haciendo un buen trabajo interpretando a Ren y eso que solo fue a visitarlos en cinco sesiones.

Al final de la sesión todos los niños abrazaron a Kyoko con mucho amor, incluso los más gruñones y orgullosos.

Kyoko salió con una sonrisa y lágrimas amenazando con salir.

Caminó por los pasillos, intentando ignorar las miradas y susurros, se apresuró en volver al departamento que Lory le asignó, porque los alrededores del Daruma-Ya estaban infestados por la prensa. Observó su nuevo celular, pero se decidió a no volver a revisarlo. Fue suficiente con una noche de no parar de leerlos entre llanto por el anuncio de que perdió la oportunidad en una serie y una película por culpa del escándalo.

#CucarachaTimadora

Kyoko suspiraba recordando que aquel hashtag, el número uno en las tendencias de Japón, junto con otros más que prefería olvidar. Se fue a dormir, esperando poder tener la fortaleza necesaria el día siguiente para encarar la situación de una forma más digna. De todos modos, los niños le dieron fortaleza y sabía que tenía personas especiales de su lado.

Lo que no sabía es lo que aquellas personas estaban planeando hacer.


— ¿Tsuruga-san?

— ¿Señorita Momose? —Yashiro estaba sorprendido por la llamada inesperada.

— Oh, es usted, Yashiro-san —suspira—, qué bueno que me puedo comunicar con usted.

— ¿Sucedió algo?

— En general sólo quería decirles a Tsuruga-san y especialmente a Kyoko-san que tienen muchos amigos que los apoyan, por favor que no se dejen derrotar por este momento duro... Ellos no tienen idea de nada.

Yashiro soltó una sonrisa enternecida.

— A Kyoko-chan le va a conmover su preocupación...

— Es difícil comunicarse con ella, ¿sabe si está bien?

Yashiro suspiró.

— Por el momento necesita tiempo para recuperarse.

— Lo supuse —suspira—, sin embargo, eso no era lo único que tenía que decir...

— Le escucho...

— Acabo de salir de una entrevista y creo que tengo una idea, pero para esto necesito que me ayude a contactarme con otras personas.

Yashiro confundido asintió, y al darse cuenta de que ella no podía verlo contestó.

— Claro, la escucho...