AN: ¿saben cuando están hasta el tope de cosas por hacer e igual no las hacen? Sí, creo que sacaré un máster en eso.

La cosa es esta. Planeo hacer de esto un "tri-shot" (siéntanse orgullosos, primera vez para mí), ya escribí el segundo (falta corregirlo) y tengo planeado todo el tercero; las próximas dos semanas serán terribles para mí porque tengo miles de entrega para la uni y bueno, caos, pero de verdad no podía dejar de subir este capítulo que tiene DÍAS ya escrito y editado (y MESES pensado). Me llamaba desde su carpeta. Así que aquí está, otro fic de ONCE sin ser el que quiero escribir: un daddy Charming/Emma… Algún día… Algún día. Mientras tanto, ¡disfruten! Y dejen señales de que estuvieron aquí.

Hasta cuando salga del infierno, perdón, de la uni.


AN2: aunque parezca loco, actualizado en 2020. Este capítulo está un poco más editado, de lo que estuvo hace unos años. Todos los capítulos estaban escritos desde hace años, lo que hice fue editarlos. Cuestiones de no dejar fics guindando, cuarentenas, y demás. Pd: sí, logré graduarme de la uni jajajajaja. ¡Gracias por mantenerse aquí! (Si todavía lo están).


Lo primero que sintió cuando recobró conciencia fue frío. Estaba acostada completamente en el suelo y que si bien no lo supiera, diría que estaba tirada en la calle principal de Storybrooke en pleno invierno.

En lo que pudo pararse, tomó nota de que tenía las rodillas increíblemente sucias. ¿Quién rayos se perdía y lo primero que hacía era pensar en lo sucio que tiene el pantalón? Ella, por supuesto. La que se da cuenta de las cosas más inanes en el momento menos preciso. Era bastante probable que fuese algo que le hubiese quedado de sus días como caza recompensas.

Todo lo que tenía en frente era blanco, todo a su izquierda era blanco, todo a su derecha era blanco. Todo el maldito lugar era blanco. ¿Cómo rayos podía saber cuál era el comienzo y cuál era el fin? Tampoco había objetos que le pudiesen dar algún indicio de… algo.

Se sentó en el piso de nuevo soltando un bufido, porque para ser honestos, no tenía ningún plan de escape y seriamente, estaba muy cansada para ponerse a inventar; además, no era como que sabía cómo había llegado a… esto. Le avergonzaba pensar que hasta hacía poco, ¿o acaso era mucho? (¿Cuánto tiempo había pasado desde que había llegado hasta acá?) Se pensaba toda una -con toda modestia- exitosa aventurera.

Había salido con vida del viejo Bosque Encantado (sin contar que había logrado hacer magia, muchas gracias). De la misma manera, había salido sin un rasguño de Nunca Jamás y con su hijo bajo el brazo de vuelta a casa, a Storybrooke. Todo eso se lo debía a las "habilidades" a las que había tenido que recurrir cuando estaba en las calles. Y los trabajadores sociales que trabajaron en su caso decían que si seguía por ese camino no iba a llegar nunca a nada… ¡JA! Miren quién se reía ahora.

Está bien, ella no estaba exactamente riéndose ahora, pero pudiese, si supiese dónde demonios estaba, y cómo rayos podía volver a su hogar. Esto le pasaba por volverse un poco engreída… sí, claro, "La salvadora". La salvadora que no sabía dónde demonios estaba. Pronto sería como Harry Potter. Pero en vez de ser "el niño que vivió y murió luego y vivió otra vez", se convertiría en "la salvadora que se salvó, y luego salvó a medio mundo, pero después no se salvó ella…" Se ríe un poco de su propio chiste, pensando que Henry podría ser el único que disfrutaría de su humor no-gracioso, y solo logra volverse a entristecer.

Henry. Su pequeño ya no tan pequeño. A los 15, seguía siendo el idealista que conoció en un principio, el idealista que no logró imaginarse sería cuando lo sostuvo por un par de minutos cuando nació. Ahora del mismo tamaño que ella, seguramente estuviese donde estuviese, se encuentra preparándose para encontrarla y convenciendo a quien pudiese escucharlo que encontrarían a su mamá lo más pronto posible porque eso era lo que mejor hacen en su familia, encontrarse. Lo que la llevaba a pensar que tendría pendiente decirle a sus padres que cambiasen de lema, porque el actual estaba ya un tanto rayado.

Era por eso que se sentía un poco más valiente de un tiempo para acá. El ser hija de Blanca Nieves y el Príncipe Encantado puede que hiciese eso. Además que el haber transitado por dos mundos paralelos al de ella y salir ilesa le había dado una falsa ilusión que de verdad era algo especial. E incluso con algo de experticia… ¿Dónde rayos estaba?

─Estás en El limbo ─contestó una voz que creía haberse memorizado hasta el cansancio.

Un momento, ¿cómo le contestó si se lo había preguntado a ella misma?

─Vaya, que para hablar contigo misma tienes mucho de qué hablar.

Salió corriendo a abrazarlo ─cosa que sin darse cuenta lo ha convertido en hábito─, pero al no sentir la reciprocidad se alejó un poco.

─¿Papá?

─Ugh, ¡y pensé que eras inteligente!

La voz, esa voz que por costumbre le daba una sensación de tranquilidad, le estaba haciendo sentir un poco inquieta. Pues el tono no era mismo, este era altivo, altanero e incluso si a describir se fuese, un poco arrogante. Y Emma sabía de por sí, que ninguna de esas descripciones se le podía atribuir a su papá. Aunque estaba segura de que era estúpido, se sintió obligada a hacerlo.

¿Cora?

─¿Quién?

Emma no pudo evitar respirar hondo y llevarse una mano al pecho.

─Oh, gracias a Dios.

El alivio, sin embargo, no parecía ser compartido.

─¿Dios? ¿De quiénes hablas? Oh, ¡de verdad! ¿A ti es a quién dejaron mi Reino? Desde acá parecías más inteligente.

La rabia parecía haberse apoderado de ella.

─¡Hey! No tienes derecho a insultarme. ¡Y menos pareciéndote a mi papá!

─Mejor dicho, tu papá se parece a mí. ─Respondió el doble de David.

─¿Qué?

El hombre soltó una carcajada y la miró con incredulidad.

─¿No te han contado de mí? Ahora sí me siento herido… Emma.

Sus defensas –las cuales estaban en alerta desde que se despertó ─se pusieron en máximo nivel y se colocó en posición de resguardo.

─¿Quién eres? ¿Y cómo sabes mi nombre? ¿Y por qué luces como mi papá?

El doble de su papá, quien ya la había hecho sacar de sus casillas varias veces en cuestión de minutos, siguió con su expresión creída y levantó las manos en señal de defensa.

─Wow, wow. Una pregunta a la vez. De nuevo, tu papá se parece a mí.

─Ok, claro. Te faltan dos.

Observante. Me gusta. No te distraes fácil.

Emma volteó los ojos irritada.

─Llamémosle una habilidad… Nombre. Y cómo me conoces. ─Interrogó ella impaciente.

─Estamos en el Limbo. Aquí lo sabes todo… O casi todo.

─OK, al menos sé dónde estoy.

Aunque mirando a su alrededor sentía que no lo sabía tanto.

─¿Aliviada?

─Para nada… Tu nombre, antes de que te tenga de cara al suelo.

Sabía que distraerlo, sin atacarlo, sería una buena táctica para sacarle información, pero no tenía conciencia sobre cuánto más aguantaría, porque aunque sabiendo con seguridad que con tres patadas lo podía tener inconsciente en segundos (gracias a su madre), había algo en él que la inquietaba (apartando que este hombre era idéntico a su padre).

─Te puedes referir a mí como Su Alteza.

─¿Perdón? ─Contestó la rubia en tono de burla y un poco de confusión.

─Su Alteza. ¿Acaso el golpe te dejó algo sorda?

─Huh.

─Algo te tiene que pasar, porque nadie puede ser tan est─

Emma empezó a negar lentamente con la cabeza. Sabía que había tenido encuentros con cosas fabulosas en su vida, pero esto era ya demasiado.

─No puede ser, no puede ser, no puede ser…

El brillo en los ojos de él le hizo entender que por fin ella le estaba siguiendo el paso.

─Debo estar dormida, debo estar dormida, debo estar dormida… ─Emma susurró para sí.

─Después de todo lo que has pasado, ¿vas a dudar de esto? –Contestó el doble de David. La malicia en el rostro de su padre era algo a lo que ella no estaba acostumbrada.

─Oh, rayos. Oh, rayos.

Y así fue como de repente, escuchó las palabras que no esperó escuchar nunca.

─Vamos, Emma. Acércate, haz una reverencia, y saluda al tío James.