NARUTO PERTENECE A MASASHI KISHIMOTO.


PREMATURE

Prologo

Faldas arriba


Recordó la música fuerte que la aturdió y a los adolescentes que bailaban de manera sugestiva, frotándose unos contra otros bañados en sudor y otros fluidos, recordó la forma en que la empujaron al pasar y como ella los empujó de vuelta.

¿Por qué llegó ahí en primer lugar? Porque había tenido otra discusión con su madre y no quería estar un minuto más en casa así que salió con la falda escolar todavía puesta, las medias arrugadas debajo de las rodillas y un suéter negro. Konoha era una ciudad en la que hacía frío al menos trecientos días del año y esa noche no fue distinta. Caminó con la nariz colorada sorbiéndose los mocos, aguantándose las lágrimas y tiritando de frío con las manos dentro del bolsillo delantero del suéter oscuro.

Quizá sólo había necesitado un pretexto para huir y caminar durante cuarenta minutos en la oscuridad de la noche hasta esa ruidosa fiesta en la que sabía habría alcohol, sexo y drogas. Era así como muchos de los adolescentes de su edad se comportaban, aun más quienes estaban por graduarse y marcharse a la universidad.

Mebuki la tenía harta intentando controlar su vida, viéndola como una extensión de sí misma y no como una persona independiente, completamente capaz de tomar decisiones acerca de su cuerpo y su vida. Quería controlar la forma en que se vestía, su comportamiento, elegir a las personas con quienes se relacionaba y manejar su tiempo libre. Su madre era una mujer devota y conservadora, mientras que ella era una adolescente deseosa de vivir su sexualidad, usar faldas cortas y hacerse perforaciones, quería beber, bailar y conocer personas.

Se le detuvo el corazón esa tarde, cuando descubrió a Mebuki con su móvil en la mano, cubriéndose la boca y leyendo los mensajes que ella había intercambiado con él. Mensajes que incluso a ella le daba vergüenza leer.

"Yo no críe a ninguna puta" escupió su madre con desprecio y ella, herida, se dio la media vuelta y salió de casa dando un portazo.

Volvió a sorberse los mocos y frunció el ceño sin dejar de caminar. No quería llorar, a pesar de tener los ojos cristalizados. Se limpió el rostro con la manga del suéter y maldijo a Mebuki por lo bajo.

No estaba buscando nada en particular cuando llegó al lugar. No pensaba encontrarse con él, pero apenas entrar se golpeó el hombro con alguien y al ver de quien se trataba lo encontró.

Sakura Haruno era fiel creyente de las energías, el horóscopo y el destino. Pensó que era así como tenía que ser, que en el destino estaba escrito que esa noche tendría el valor de sostenerle la mirada y mostrarse coqueta en persona.

Lo notó distinto a simple vista, pero no supo definir por qué. Él se acercó a su oído y murmuró algo.

—… uya…— alcanzó a oír y no entendió nada, pero asintió.

La música alta y los adolescentes tratando de hacerse escuchar por encima de ella volvía difícil el lograr entender algo.

Llevaban semanas intercambiando mensajes de texto. Comenzó por asuntos escolares, a pesar de que él iba un grado delante que ella y un día repentinamente todo cambió. No hablaban acerca de su día, ni siquiera se dirigían la palabra en el colegio y ella pensó que quizá era mejor así.

Habían sido amigos siendo muy niños y lo fueron hasta que ocurrió aquel desafortunado incidente, pues luego de ello él se alejó. Era bueno tener a su mejor amigo y amor de la infancia de vuelta, aunque fuera mediante fotos y mensajes eróticos. No dijo nada a Naruto, a pesar de que había querido decirle que Sasuke Uchiha había vuelto a hablarle luego de cinco años distanciados, pero aquella revelación traería demasiadas preguntas que no quería responder.

No iba a decirle que la única interacción que tenían era decirse lo calientes que estaban e intercambiar algunas fotos en ropa interior, especialmente ella, que no sentía vergüenza de su cuerpo. Las mismas fotos que envió a Sasuke noches atrás fueron las Mebuki vio y la causa de que le gritara que era una cualquiera, una niña indecente y sin dignidad.

Sasuke había cambiado tanto en tan pocos años. Abandonó el deporte, el club de matemáticas y a sus mejores amigos; consiguió amigos nuevos de mala reputación y su nuevo hobby era jugar videojuegos y fumar, o al menos eso sabía. Luego de cinco años sin tener contacto con él, lo único que sabía con certeza era que tenía echa la circuncisión.

Caminó detrás de él, tomándolo de la mano y sin saber exactamente qué iba a suceder o quizá sí. Pensó en algunas cosas, por supuesto, pero nada como lo que verdaderamente ocurrió.

Creyó que, al seguirlo y entrar detrás de él a la habitación de un desconocido, era su manera de decir: ¿Crees que soy una puta, mamá? ¡Voy a mostrarte lo que es ser una puta!

Quizá la crianza conservadora sí la había vuelto ingenua y estúpida ante ciertas circunstancias, porque pensó que demostrar ser una puta era besarse con un muchacho y permitirle tocar debajo de su falda, pero fue más lejos.

Mebuki le había vendido la idea de la castidad, la espera y el matrimonio, aunque nunca estuvo de acuerdo con nada. No había iniciado su vida sexual con un hombre, pero sí que amaba leer relatos eróticos y masturbarse debajo de las cobijas, así que tenía noción de lo que podía suceder. No fue ni parecido.

No hubo besos en los labios, pero sí se dejó tocar debajo de la falda y no puso objeción alguna cuando Sasuke le bajó las bragas. Se acomodó uno de los largos mechones rosas detrás de una oreja y, en la oscuridad, reconoció claramente el sonido metálico de la hebilla de un cinturón siendo aflojada y luego el sonido de una cremallera.

Pronto sintió un objeto carnoso y húmedo tocarle los labios.

— Chúpamela.

Sasuke Uchiha fue su amor platónico desde que tuvo uso de razón, fue así durante toda su infancia, pero ya con dieciséis años no aspiraba a tener un asunto romántico o formal con él, pero quizá sí algo sexual. A pesar de estar dispuesta a estar con él y no esperar romanticismo, se vio sorprendida y asustada ante su falta de tacto.

— Sa-Sasuke...— balbuceó, alejándose lo suficiente como para alejar el miembro del muchacho de su rostro.

No pudo ver su reacción a causa de la oscuridad, pero él insistió y ella no puso mayor objeción en separar los labios y recibir una extensión carnosa y dura de Sasuke en su boca; tuvo arcadas y los ojos se le llenaron de lágrimas mientras la punta del pene del muchacho le acariciaba la garganta. Al notar, quizá, que no era buena con la boca, la tomó por la cintura y la puso de espaldas a él sobre el colchón de una cama que no conocía. Ella ya estaba húmeda, él ya tenía el miembro afuera, así que apenas hizo falta levantarle la falda para penetrarla de lleno.

Mebuki siempre intentó convencerla de que la primera vez debía ser especial y Sakura siempre creyó que eso era una estupidez y que el inicio de la vida sexual únicamente debía ser placentero, pero la suya no fue especial ni placentera.

Gimió de dolor, con Sasuke tomándola por la cintura tan fuerte que le dejó marcas, estrellando las nalgas blancas contra su abdomen firme y apenas emitiendo sonidos de placer. Eyaculó pronto, se retiró de ella y se acomodó los pantalones.

A Sakura le ardió la entrepierna y le temblaron las rodillas cuando se puso de pie y se alisó la falda con las manos.

Se encontró decepcionada, adolorida y avergonzada.

La luz se encendió y observó a Sasuke mejor, con las pupilas dilatadas y las manos temblorosas intentando cerrarse el cinturón. Se veía verdaderamente extraño.

Levantó el rostro para verla por primera vez con iluminación y su sorpresa fue evidente.

— ¿Sakura?

Parpadeó confundida y aun más avergonzada.

— ¿Qué…?

— Te llevaré a casa, dame un momento— pidió, sin dejarla terminar de hablar. Tenía la voz ronca y el gesto de incredulidad continuó en su rostro. Terminó de acomodarse los pantalones antes de salir.

No quiso decir más, así que obedeció y esperó algunos minutos sentada al borde de la cama, sintiendo su interior muy húmedo e incómodo, no pudo esperar mucho más así que salió de la habitación y decidió que lo mejor era irse por su propia cuenta.

Salió caminando con las piernas temblorosas, sintiéndose avergonzada y estúpida.

Apenas llegar a casa se lanzó a los brazos de Mebuki, llorando y prometiéndole que no volvería a comportarse de esa forma tan indecente. Subió a su habitación, pensando en que su madre tenía razón, quizá debió haber planificado mejor su primera relación sexual y no simplemente haberlo hecho por coraje. Pensó en que la idea de que la primera vez debía ser "especial" sí se había instalado exitosamente en su subconsciente, pues apenas tocar su cama se cubrió y lloró hasta que se cansó.

Volvió al colegio al día siguiente y tanto ella como Sasuke actuaron como si nada hubiese ocurrido. No volvieron a intercambiar miradas ni a rozarse el hombro accidentalmente. Su primer encuentro fue desastroso, humillante y decepcionante, así que estaba segura de que ninguno estaría más interesado en el otro.

Poco más de un mes después del encuentro, cayó en cuenta de que la menstruación no llegó y la preocupación se convirtió en terror.

Sakura Haruno se encontraba en el retrete de la escuela, recordando los acontecimientos de meses antes, específicamente de una noche que esperaba olvidar pronto; Mantuvo las piernas inquietas, esperando a que pasaran los tres minutos que indicaba el instructivo, con una mano en la frente y recriminándose a sí misma por no escuchar nunca a su madre.

Finalmente revisó el pequeño aparato de plástico que llevaba en la mano y comprobó que en él había dos líneas rosadas que sólo significaban una cosa: Positivo. Y se echó a llorar.


REESCRITO MAYO/2021

Emm, hace nueve años escribí un fanfic llamado Premature cuya trama no pensé mucho, las personalidades eran planas y las situaciones narradas muy infantilmente y que al final fue abandonado, luego lo edité creando una versión completamente distinta que no tenía nada que ver con el original y que tampoco me gustó.

Agradezco a quienes vuelven a leerme luego de haber visto las anteriores versiones, esta vez no las decepcionaré.

Abrazo, que estén bien, bonita vibra.