CAPITULO 1
Felicidad
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Nunca había sido realmente fanático del alcohol.
Aún después de tanto tiempo consumiéndolo en reuniones sociales desde que gran parte de sus conocidos aprendieron a encontrar el gusto en la bebida y en los momentos que esta pueda brindarte. Kenma no lo entendía del todo.
Aunque su ansiedad social fuera cosa del pasado seguía sintiendo especial recelo en hacer el ridículo de forma tan expresa como fue testigo que lo hicieron otros bajo los efectos de la tan alabada bebida. Razón por la que siempre procuraba mantener su ingesta del líquido mortal al mínimo posible.
Sin embargo, si su mejor amigo se presentaba en su casa con un paquete de cervezas y una sonrisa despreocupada estaba claro que le haría compañía sin importar cuanto le desagradara el sabor de esa bebida alcohólica en específico.
Lo que lo llevaba a su situación, escuchando las historias de jugadas interesantes y estrategias intrincadas de algún juego que le hubo tocado presenciar al mayor en alguna provincia de la que apenas regresaba esa semana según tenía conocimiento.
-Te juro que si no fuera porque el chico no le pone ganas a sus juegos ya lo habríamos reclutado- comentó dando otro sorbo a su cerveza después de dejar una risa que se escuchó algo melancólica-. Me recuerda a Tsukishima en preparatoria, con la diferencia de que este parece más del doble de desinteresado.
-¿Por qué siempre terminas hablando de Tsukishima?- le espetó cansino, imitando al mayor y dándole otro trago a su lata, arrugando la nariz inmediatamente después ante el sabor amargo-. Supera de una vez a tu viejo alumno.
-¿Celoso?
Arrugó el entrecejo cuando captó la sonrisa torcida del moreno. Se echó un poco hacia atrás dejando que su cabello cayera de la desordenada coleta mientras bostezaba y enfocaba su celular conectado al enchufe, volviéndose a iluminar la pantalla como lo venía haciendo desde hace ya un rato pero le restó importancia. Se convenció que se trataba de alguna maniobra de fans en sus redes sociales, gajes del oficio.
-¿De qué te comportes como un stalker con nuestro antiguo rival de preparatoria? Claro que no- le miró con el rabillo del ojo mientras tomaba un largo trago de la bebida para pasar el nodo instalado en su garganta y permitirse seguir-. Pero tal vez tu novia tenga algo que decir sobre cómo te pones cuando lo ves jugar por la tele.
Un titubeo casi imperceptible en la mano del mayor y un nerviosismo poco usual mientras alzó su cerveza para darle otro trago le hicieron fruncir el ceño brevemente e intuir que algo andaba fuera de lugar.
-Ya deberías llamarla por su nombre ¿sabes?- trató de mostrarle una sonrisa despreocupada mientras movía la lata indeciso sobre algo que no llegaba al entendimiento del menor-. Pero supongo que tienes razón. Lo siento.
Clavó su mirada dorada en él tratando de analizar algo que le diera más pistas para averiguar por su cuenta qué era lo que salía de lugar, el alcohol ya recorriéndole un poco por las venas e impidiéndole concentrarse en unir las piezas. Por un momento se le aceleró el corazón ante la expectativa y las esperanzas de algo que no quería permitirse pensar, y se maldijo internamente por ser tan susceptible como cualquier humano a esos estúpidos pensamientos.
Y como si fuera una señal enviada del destino su celular se volvió a iluminar, esta vez mostrándole la pantalla de llamada acompañada con la melodía que tenía asignada para el número de Akaashi.
Trató de mantener contacto visual con Kuroo queriendo leer lo que sus ojos trataban de decirle pero terminó por levantarse a tomar el aparato. Lo desconectó y abrió la llamada siendo recibiendo la voz siempre calmada del ex armador del Fukurodani al otro lado de la línea.
-Kozume-san, sé que Kuroo está contigo- oyó un grito lejano seguido de un suspiro del editor del otro lado de la línea-. ¿Podrías decirle ponerlo al teléfono, o aunque sea decirle que conteste sus mensajes?
-¿Eh?
Le dirigió una mirada interrogante al mencionado, intuyendo por la forma en la que lo miraba que sabía el motivo de la inusual llamada. Motivo del que por alguna razón Kenma era el único que tenía información incompleta.
-Por favor, Bokuto-san llegó a mi casa hace un momento y está insoportable- frunció el ceño aún más si era posible y se acercó por inercia a su lugar junto a Kuroo mientras Akaashi al otro lado de la línea parecía calmar al mencionado tras un lloriqueo lejano por parte de este-. Tengo una entrega importante mañana y no se calmará hasta que hable con él.
Miró a Kuroo y acto seguido le entregó el celular en silencio. Este se vio mortificado e indeciso un momento, pero finalmente lo levantó de las manos de Kenma y se levantó para dirigirse hacia el patio tras una mirada de disculpa para el menor.
Por su parte se quedó descolocado tratando de procesar la información que tenía mientras veía a Kuroo caminar y hablar aparentemente exasperado por teléfono. Volvió a tomar la lata que había dejado olvidada momentos antes, más para aferrarse a algo que por otra cosa, un presentimiento desagradable instalándose en la boca de su estómago. Volvió a dirigir la mirada ante al moreno a la distancia, parecía elevar cada vez más el tono de su voz hasta que se revolvió el cabello furiosamente y pareció obligarse a calmarse y a bajar el tono y regresar hacia sí con paso lento.
-…Si, lo que sea. No te preocupes. Iré a verlo y trataré de calmarlo, solo dame un poco de tiempo ¿sí?- llegó a su altura y el cansancio se reflejaba en su tono, el presentimiento extendiéndose ahora hasta el pecho del menor-. Está bien, te veo en un momento. Gracias.
Cerró la llamada y se mantuvo quieto a su lado en silencio. Dejó el celular sobre la mesa frente a ellos y una extraña tensión se hizo presente en el ambiente. Kenma ni siquiera recordaba la última vez que se veían en una situación así o si de hecho alguna vez la vivieron.
Llevó la lata de vuelta a sus labios y pasó de una vez el último poco de contenido. Descubrió de Kuroo lo observaba cuando abrió los ojos y lo miró, aun con esa expresión de nerviosismo antes de que él mismo imitara su acción y vaciara el contenido de su propia cerveza para levantarse inmediatamente después hacia la cocina.
-¿Por qué estás ignorando a Bokuto?
Lo siguió dispuesto a terminar con la charada inútil y pudo presenciar cómo su espalda se tensaba frente a él seguido de un minuto de silencio. Una sonrisa nerviosa lo recibió cuando el mayor se volteó y le ofreció una nueva lata de cerveza, y por primera vez creyó que la iba a necesitar.
Escuchó a Kuroo maldecir el voz baja antes de darle un sorbo a su nueva cerveza y mirarlo seriamente.
-Quería encontrar una mejor manera de decírtelo, pero supongo que cometí un error al contárselo a Bokuto antes- le mantuvo la mirada seriamente antes de recargar su peso en una pierna y sobarse la nuca-. Esto… Me voy a casar, con Hana. Me propuse hace dos días.
Como cuando Fukunaga le había echado el baldo de agua encima para detenerlo de pelear con Tora, se quedó clavado en su lugar, su mente haciendo un esfuerzo extra por tratar de procesar las palabras con el alcohol mermando un poco sus sentidos y sus ojos olvidando cómo parpadear.
-¿Qué?
-En el viaje a Kanto- explicó tratando de disipar la tensión de la situación-. Nos quedamos un día extra y me propuse, Akaashi me ayudó con la propuesta, Bokuto leyó sus mensajes y se puso como loco.
Parpadeó varias veces sin tener necesidad de hacerlo pero tratando de que el mareo que sentía se esfumara de esa forma, aun poniendo en orden sus ideas con dificultad.
-¿Por qué se alteró tanto?
Era incluso algo irónico preguntarlo cuando él mismo se sabía al borde del colapso mental con la noticia y ponía todo su esfuerzo en tratar de asimilar toda la situación, buscando hasta la última pieza para completar el rompecabezas. Kuroo se removió nervioso en su lugar y le envió una mirada avergonzada. Lo maldijo internamente porque ya podía predecir que venía.
-Me preguntó si él sería mi padrino y le dije que no- se le removió el estómago y de repente sintió ganas de vomitar cuando la seriedad se hizo presente en el rostro del moreno-. Vine hoy porque quería pedirte que fueras el padrino.
Se forzó a no mostrar ninguna emoción en su rostro mientras seguía procesando la información, Kuroo interpretó su mutismo de mala manera y se apresuró a agregar más líneas a su petición.
-Eres mi mejor amigo desde pequeño y te estoy agradecido de que me acompañaras en todo esto de vóley- habló tan rápido que parecía que la lengua se le iba a trabar en cualquier momento, recordándole al niño nervioso que fue cuando recién se conocieron-. Puede que ella no te agrade mucho, pero de verdad necesito que me apoyes en esto Kenma. Tú más que nadie.
Como si le clavaran un puñal al corazón, sintió las manos temblarle y respiró profundamente antes de acercarse a su mejor amigo, porque se veía realmente afligido y lo hacía sentirse la peor basura egoísta del mundo. Juntó todo el valor del mundo y respiró profundamente rogando que la voz no le sonara rasposa.
-No es que no me agrade- le aclaró haciendo al mayor conectar sus miradas, y le hizo un poco más difícil continuar, porque sabía la respuesta pero tenía que sucumbir a ese acto de masoquismo para ver si le servía de algo-. Si eres feliz con ella ni siquiera debería importar lo que yo te dijese.
-Kenma…
-Déjame terminar- le interrumpió y se volteó para hacerse más fácil terminar con ello-. Creo que ella es buena para ti. Y si te hace feliz yo estaré feliz por ti también.
Se mordió el labio inferior tratando de mantenerse firme ante el silencio del contrario aguardando por una respuesta que no llegaba. Impaciente se decidió a dignarse a ver a Kuroo y prefirió no haberlo hecho. Las lágrimas caían silenciosas por las mejillas del mayor y una sonrisa radiante que le calaba el alma lo recibió antes de que un segundo después los brazos del moreno lo aprisionaran en un fuerte abrazo que lo descolocó por completo.
-Gracias- le escuchó murmurar encima de su oído y lo sintió temblar en el agarre-. Solo gracias, por todo.
Se permitió destensarse ante las palabras de Kuroo y se relajó entre el calor de sus brazos, el dolor en el pecho no desapareció y se dejó ir, permitiendo que el ardor en sus ojos se aliviara convirtiéndose en líquido y empapando la camisa de tela del moreno.
-¿Te asegurarás que no me arrepienta de ir al altar?
Por un momento incluso pensó que Kuroo era sádico y solo quería seguirle dando patadas con cada oración. Lo golpeó suavemente y rio, le raspó en la garganta y le preocupó que sonara tan lastimero como se sentía, pero el aumento en la firmeza del mayor lo reconfortó parcialmente.
Hundirse en su aroma era un arma de doble filo, pero se permitió correr el riesgo, ocultando sus lágrimas en melancolía y excusándose en el sentimentalismo para disfrutar ese último momento.
Antes que muriera cualquier esperanza que nunca se permitió sentir.
Cuando el mayor se separó, las lágrimas de ambos ya se habían detenido, aunque el vacío en el pecho de Kenma seguía presente. Kuroo le mostró su lata pidiendo un brindis en silencio al que el menor respondió con un atisbo de sonrisa accediendo, y podía jurar que la bebida le pareció aún más amarga que al principio.
-Bien- habló cuando ya se hubo disipado un poco la melancolía en el aire y una cómica expresión cansada ocupó ahora sus facciones-. Siento tener que dejarte aquí, pero tengo que ir a lidiar con Bokuto.
-No hay problema.
Lo observó caminar hasta la sala y tomar su chaqueta y su celular para disponerse a salir de la propiedad. Se detuvo en la puerta de salida para ponerse sus zapatos y se volteó para dedicarle una última sonrisa.
-Mañana le diré a los chicos- le dijo desde su lugar con su actitud usual-. Necesitaré tu apoyo, padrino.
Tuvo el impulso de torcer la boca pero se contuvo.
-Iré, no te preocupes- se esforzó por última vez para dedicarle una pequeña sonrisa porque él se lo merecía-. Nos vemos mañana.
-Hasta mañana.
Kuroo salió por fin y él se quedó clavado en su mismo lugar. Por inercia tomó camino hacia el lugar donde estaba sentado la mayor parte de la noche y observó su celular iluminándose con una nueva notificación.
Lo tomó con una mano mecánicamente y abrió el último mensaje, recibiendo en su pantalla a una alegre y sonriente castaña mostrando un aparentemente modesto anillo, a su lado un sonriente moreno con sus labios apoyados con mucho énfasis el borde de la coronilla de la chica, igual de sonriente que ella.
"No podremos publicarlo hasta que todos los cercanos lo sepan, pero tienes el privilegio de verla."
El mensaje de Kuroo acompañado con la foto y unos emojis ridículos de felicidad y el estómago se le volvió a revolver. Bloqueó el celular y lo dejó sobre la superficie de la mesa.
Volvió a tomar un trago más largo vaciando la casi la mitad de la lata que tenía de cerveza sintiéndose un poco desorientado y mareado, no precisamente por el alcohol. Una mueca de asco mucho más enfática de las que mostraba frente a Kuroo y las manos temblándole frenéticamente.
Aún no entendía que era lo bueno de una bebida tan desagradable como esa. Pero por el momento tal vez era lo único que le quedaba.
Y bueno, este es mi primer fanfic en el fandom de Haikyuu después de obsesionarme recientemente con grandiosa historia y grandiosos personajes. Quise hacer mi contribución al Kuroken porque me enamoré de ambos y necesitaba sacar la idea de mi pecho, con exceso de drama como me gusta. Me siento un poco insegura por como saldrá esto pero habrá que tomar el riesgo.
Aclaro que me decidí publicarlo porque llevo un avance considerable con esta historia y me creo capaz de terminarla siguiendo un horario. Por eso, si todo sale bien estaré publicando un capítulo semanal mientras sigo avanzando con lo que aún no está escrito. Sin más que decir, gracias por llegar hasta aquí y hola al fandom de Haikyuu.
-Menomy
