Capítulo 1:

Me estaba empezando a arrepentir de las tortitas azules con sirope de arándanos. Estaba a punto de echarlo en la tapicería del coche de mi madre.

— Percy, sé que estás nervioso, pero presiento que este va a ser un gran año, de verdad.

Desvié la mirada del nuevo colegio.

— No sé mamá, no las tengo todas conmigo.

Ella me cogió de la mano y me dedicó una de sus mejores sonrisas. Hoy iba vestida con un traje azul, con una sencilla capa de maquillaje. Iba a ir a presentar un libro que había escrito durante los últimos tres años. Estaba nerviosa, pero tenia ganas. Es lo que más le podía apasionar en el mundo. Me encantaba cuando era niño y me acostaba en la cama mientras me contaba pequeñas historietas que se inventaba sobre la marcha para que me durmiera pronto.

— Percy, sé que todo esto es muy duro para ti, que es un sitio demasiado nuevo y que no conoces nada, pero de verdad, en esta ciudad nos va a ir bien, podemos rehacer perfectamente nuestras vidas. Dale una oportunidad.

Le devolví la sonrisa. Quizás tenía razón y California no estaba tan mal. Nos habíamos ido de Nueva York después de que mi madre se separa de padrastro, un hombre sin ninguna clase de escrúpulos que se había pasado mis últimos catorce años (es decir, toda mi vida) haciéndome la vida un poco imposible. Cuando mi madre lo descubrió, lo denunció a la policía y se divorció de él. Después de eso nos mudamos a California para rehacer nuestras vidas. Pero yo sabia que eso no se me iba a olvidar tan fácilmente.

— Escúchame Percy, si necesitas lo que sea, sólo tienes que llamarme y estaré aquí en seguida.

Sé que puede sonar raro que una madre le diga eso a su hijo de catorce años, pero yo no era ni mucho menos, un chico cualquiera. No sólo tenía THDA y dislexia, sino que además, mi padrastro se había dedicado a machacarme por el simple hecho de existir a encomendarme una serie de "actividades secretas" como él solía decir.

Miré de nuevo hacia aquellas puertas negras que se cernían a tan sólo diez metros del coche. Tenia miedo de toda esa gente nueva que estaba a punto de conocer. Pero mirando a mi madre sabía que debía ser fuerte por los dos, ella también lo había pasado mal, eso seguro. Tenía que ser fuerte por los dos.

— Tienes razón mamá, esto es nuevo comienzo, todo va a salir bien.

Y dicho esto salí del coche con la mochila a la espalda. Escuché el viejo coche de mi madre salir del aparcamiento. Me quedé mirando el edificio y tragué saliva. Tenía miedo, pero tenía que empezar a vivir, me merecía un nuevo comienzo. Avancé decidido a la puerta.

Cuando entré, me vi envuelto en una marea de adolescentes que se gritaban unos a otros reencontrándose después de tres meses de vacaciones y de experiencias veraniegas.

— No te puedes ni imaginar lo increíble que es ver el Gateway Arch. Es impresionante.

— En serio Annabeth, no me puedo creer que te guste tanto un monumento sin ningún tipo de utilidad.

Dos chicas de mi edad discutían delante mía. No terminaba de saber que era eso del Gateway Arch, pero sonaba a algo no demasiado entretenido. La chica que estaba alucinando con ese monumento, Annabeth según había dicho la otra, era rubia y llevaba el pelo agarrado por una gorra oscura de los yankees. Era ligeramente más alta que yo y tenía unos ojos tormentosos que no dejaba de mover. La otra era ligeramente más baja que Annabeth, y llevaba unos simples tejanos con una camisa blanca. Su pelo rizado y pelirrojo estaba recogido en una cola. Su tez era bastante pálida y estaba cubierta de un montón de pequeñas pecas que dibujaban constelaciones en sus rostros. Sus ojos verdes se posaron ligeramente en mí persona. Yo desvié rápidamente la mirada y seguí andando.

Los pasillos estaban llenos de gente, aunque para mi suerte, había carteles indicando dónde estaban situadas las distintas clases. Los seguí sin ningún tipo de problema tratando de no llamar demasiado la atención, cosa que no se me daba demasiado bien. En todos los institutos a los que llegaba, de una forma u otra, acababa haciendo algo para llamar la atención. Como el año pasado, que el primer día no miraba bien por dónde pisaba y me tropecé con unas escaleras que el conserje había dejado en el pasillo en frente de una vitrina con trofeos. Evidentemente la vitrina se rompió y a mí los profesores me tacharon inmediatamente de problemático.

Me paré ante la puerta de mi nueva aula e inspiré profundamente. Me disponía a entrar cuando una chica grandullona entró dándome un rachón que me tiró al suelo.

— Aparta novato.

Me levanté con la cara roja como la grana mirando fijamente cómo la muchacha se iba a un grupo de chicos con cara de malotes en el centro del aula.

— No es nada personal, Clarisse es así de amable con todo el mundo.

A mi lado había un muchacho afroamericano con una pequeña barba de chivo y unos intensos ojos marrones, del color de la tierra mojada. Unos ricitos oscuros se dejaban ver por debajo de una gorra verde.

— Por cierto, soy Grover, orientador. Bienvenido a la escuela secundaria Olympus.

El muchacho tenía pinta de ser por lo menos un par de años mayor que yo, como mínimo.

— ¿Orientador?

— Sí bueno, con orientador quiero decir que ayudo a los alumnos nuevos en su primer año en lo que sea que necesiten. Hay un consejero por cada alumno nuevo (sin contar los de primero porque todos son nuevos claro) que les ayude a insertarse en su clase.

Vale, un chaval encargado de que yo me instalara bien en aquel colegio. No es que fuera eso muy normal. De todos los colegios a los que he ido (y han sido unos cuantos) era el primero que veía que tenía orientadores tan competentes.

— ¿Cómo sabes que soy nuevo?

— Bueno, eso no es muy difícil, sin ánimo de ofender. — Se rio discretamente. — En realidad el director ya me advirtió, además de que yo estaba en el despacho del director saliendo cuando tú entraste con tu madre en a entrevista de inicio de curso.

Ahora que lo decía, me sonaba de algo. Hace cosa de una semana, mientras entrábamos al despacho del director Grover estaba saliendo, claro que yo en ese momento estaba tan nervioso que no me fijé demasiado en nada más.

— Bueno, yo en realidad soy de último curso, así que me tengo que ir casi que ya. Te dejo tu horario y después en el recreo, vengo a por ti. Te dejo mi número por si necesitas lo que sea.

Acto seguido me dio una hoja con el horario y me garabateó unos números en el papel.

Mientras hacía esto, sonó una campana que indicaba el comienzo de clases.

— Hora de irse. Mucho ánimo.

Y sin más me dejó otra vez a solas ante el aula, que en el rato de conversación que había tenido con mi orientador había acabado de llenarse. Inspiré hondo y entré con una seguridad que estaba lejos de sentir. Sabía por experiencia, que el primer impacto era muy importante. Si entrabas muy asustadizo chico nervioso, los matones en seguida te echaban ojo para hacerte un par de "bromas de bienvenida". Así que lo mejor era no mostrar lo asustado y nervioso que estaba aun cuando sentía veintiocho pares de ojos inspeccionándome a fondo. No fue una situación agradable, pero para mi desgracia estaba demasiado acostumbrado.

Me senté rápidamente en un pupitre al fondo del aula. Dejé la mochila en la mesa y suspiré casi imperceptiblemente al ver cómo me miraba la gente. Bajé la vista al horario y suspiré con resignación. Menudo día me esperaba. Primero Historia clásica con nuestro tutor, Literatura inglesa, Matemáticas, Castellano (aún no entendía muy bien para qué estudiar otro idioma si con el suyo ya tenía más que suficiente), Ciencias naturales y (la peor de todas) Física. Iba a ser un día muy largo.

Buenos amigos, es la primera historia que escribo y no tengo demasiada experiencia (cómo ya habréis notado ^^) así en primer lugar me disculpo por si no he conseguido plasmar algo bien.

Evidentemente LOS PERSONAJES NO ME PERTENCEN, SON TODOS DE RICK RIORDAN.

Espero que me dejen muchos reviews y me digan todo tipo de mejoras :)