Nota general: Romance Sanctuary es un proyecto compartido con Lesath Al Niyat que ha reinterpretado el universo de Saint Seiya para explorar a los 14 principales caballeros dorados, (se recomienda seguirlo en ambas cuentas). Tiene como base la serie animada y el manga clásico de Kurumada, y toma en cuenta otros trabajos oficiales. Cada capítulo revela los diferentes puntos de vista de sus personajes, abordando etapas de su infancia, juventud, entrenamiento, inter de las batallas, muertes y qué pasa después de que renacen.
Advertencia: La historia es básicamente un BL (chico x chico) y va dirigida a mayores de 18 años. Se especificará al principio de cada entrada si hay contenido explícito. Queda a criterio personal el continuar con la lectura.
I - El brillo de tus ojos
Yaoi, R18.
Aioria x Shaka, Aioria x Milo
Resumen: Después de que Aioros desapareció, Aioria sale en búsqueda de pistas que calmen su torturado corazón. Con lo que no contaba el pequeño y próximo caballero dorado es que encontraría algo que no había planeado.
Personajes: Aioria, Shaka, Milo, Deathmask, Camus, Mü, Aldebarán, Afrodita, Shura.
POV de Aioria
*. *. *. *. *
El Sol se pone a lo lejos, pero no lo veo, está tapado por las nubes de lluvia y sólo los relámpagos iluminan la apagada y ancestral torre de las Doce Casas y los dos imponentes leones que vigilan mi sagrado recinto.
Así luce el mundo desde que mi hermano desapareció.
Los molestos murmullos que pasean por las viejas paredes del Santuario son tantos y tan diferentes, que confunden aún más todo. Al principio creí que Aioros estaría de misión; pero muchos se llenan sus inmundas bocas hablando de traición, fuga, muerte, asesinato; hasta dicen que una vez escucharon el llanto de un bebé a mitad de la noche. Lo cual me parece absurdo, ya que ningún recién nacido ha llegado al Santuario desde que bajamos los tres últimos herederos de las doce constelaciones hace siete años. Estamos completos.
Me abrazo y escondo mi rostro entre las rodillas lleno de coraje, impotencia y confusión; pero los truenos vuelven a hacer que alce la mirada y ubique el primero de los escalones, justo donde aún falta la señal que suele dejarme mi hermano cuando se va a ausentar de imprevisto. Y es que tampoco ha venido a supervisar mis rutinas en estos casi dos meses, algo por demás impropio del respetado Santo Dorado de Sagitario; aunque me suena ridículo cuando él mismo se llama así, me consta que él nunca abandonaría sus deberes sin una buena razón (y tampoco a mí); me inclino a seguir creyéndolo, por más que todo esto logre arrancarme una lágrima, quizá dos. Limpio mi nariz con el dorso de la mano y veo como las nubes negras se siguen acumulando.
Mientras repaso en mi mente los hechos, recuerdo que tampoco hay pista del paradero de géminis y que el Patriarca no se ha pronunciado con respecto a ninguno de los dos Santos Dorados faltantes. Tengo un muy mal presentimiento, pero debo creer en mi hermano. Lo haré, aunque sea el mismo Olimpo el que me ponga a prueba.
De repente me siento con ánimo de retar a los cielos, pero pronto se me pasa; y es que no me puedo engañar. No he ido a preguntar al Patriarca si sabe algo de Aioros, con la excusa de que debe estar con asuntos más importantes para el Santuario. La duda me está acabando, pero tengo más miedo de descubrir la verdad que de continuar con la duda.
Cada día que pasa me hace sentir que sólo me tengo a mí mismo ahora, así pienso mientras me vuelvo a hacer un ovillo. De cualquier manera, no es como si pudiera salir así como así para aclararme las cosas. Tengo que acatar todo lo que mi supervisor (Aioros) me indique, cosas como rutina de entrenamiento, de estudios, y su última orden fue: No dejar este condenado recinto.
Veo a lo lejos y me pregunto qué haría Aioros en mi lugar. Lo imagino afuera luchando feroces batallas en tierras exóticas, aunque no sé cómo son más allá de los cuentos, y empiezo a fantasear con el mundo de afuera, a pintarlo como en las historias de la era del mito, que se encuentran escritas en el cielo y en los registros del Santuario que me leía por las noches sin falta, antes de ir a dormir.
Me sorprende otro relámpago, seguido de un trueno lejano que ilumina mi rostro y hace resaltar mis verdes y húmedos ojos, enrojecidos por los tallones que me he dado para evitar el llanto.
Después de pasar la noche en vela no aguanté más la sensación de mi orgullo herido y, armándome con toda mi rebeldía, pongo mi primer pie fuera de los límites del templo de leo, el cual fue mi cobijo durante este tiempo de incertidumbre. "Estás listo", me digo para calmar los nervios, mientras en lo profundo rezo porque no me descubra en mi primer acto de desacato. Deseo poder encontrar algo que reviva mi confianza en que Aioros volverá, aunque sólo sea para molestarme con sus juegos pesados.
*. *. *. *. *
En mi recorrido por el área reservada a las Doce Casas del Santuario de Athena, me doy cuenta de la alarmante poca vigilancia con la que contamos, y de que los otros niños, que a veces he alcanzado a ver, sí disfrutan de los espacios abiertos.
Al primero de mis compañeros, lo descubro escapándose del cuarto recinto y, guiado por mi curiosidad, lo sigo a hurtadillas hasta los jardines de piscis. Al parecer su propósito es molestar al aspirante del duodécimo templo; al cual veo por primera vez y confundo con una niña.
—¿Otra vez aquí, no te cansas nunca? —dice el bello niño de piscis.
—No te hagas. Si me extrañas cuando no vengo —sonríe malicioso cáncer.
—Otro paso y tus tenazas servirán de abono —le amenaza.
—Entonces mi muerte alimentará tu veneno —suspira—. Moriré satisfecho.
—¡Agh! —exclama con asco—. Dile eso a los gusanos —le amenaza y lanza una rosa preventiva a los pies del no invitado.
Dándose cuenta de que el intruso no tenía intenciones de marcharse, piscis comienza a lanzar flores que hacen saltar a cáncer de un lado al otro.
—¡Ni lo estás intentando! —grita el blanco arremedando los tiros y huyendo a campo abierto.
—¡Vuelve aquí Deathmask, no he acabado contigo! —le grita cabreado mientras lo sigue fuera de los límites de su sagrado recinto.
Me parece que el próximo guardián del cuarto templo disfruta la agresiva atención de piscis y, como ninguno se muestra preocupado por haber pasado sus límites, me pregunto si seré el único con órdenes de no salir.
Por si las dudas, me aseguro de no ser visto; aún cuando la lluvia de rosas parecía alcanzarme y, por evitar el ataque, pronto me encuentro en terreno desconocido.
Vagando sin rumbo fijo doy con un extenso y bello ojo de agua. Con precaución y los sentidos bien alertas recorro la orilla, hasta que escucho las pequeñas voces de dos chicos divirtiéndose; o mejor dicho, uno como de mi edad despreocupado, saltando alegre dentro y fuera del agua, mientras empapa al otro un poco mayor, que se resiste a unirse a su juego.
—Vamos Cam, deja ese libro y ven —insiste el más pequeño.
—Yɑ dije que no —contesta el otro susurrando, mientras protege dicho libro con su cuerpo.
—A que tienes calor, vamos —se sumerge y sale del agua—. Está fresca.
—No, no debɛmos estɑr aquí —contesta con voz chistosa y viendo alrededor preocupado—. ɑnda, rápido, sal ɑntes de que ɑlguien ezcuche.
—Pero si no hay nadie —dice con berrinche y avienta un enorme chorro de agua al más serio.
—¡Milo! —reclama molesto al ver su libro arruinado—. Bicho dezdichɑdo, ¡ahora verás! —deja caer el libro y se lanza al agua para perseguir al culpable.
Tardo más en preocuparme que en lo que empiezan a echarse chorros de agua y luego a competir por ver quién nadaba más rápido. Concentrados en su bulla, ninguno nota mi presencia y, por lo que deduzco de su plática, decido que es mejor que nadie me vea; así que tengo que continuar por mi cuenta hasta poder regresar.
En una colina, no muy lejana, topo con otro muchacho mayor que yo, alto y esbelto, escalando por los empinados riscos con gran concentración y destreza mientras parte rocas con su brazo derecho para modificar el territorio a su favor, en lo que obviamente es parte de su entrenamiento. Lo miro asombrado en lo que como unas pocas bayas que tomé de los arbustos que crecen por todo el lugar.
Después de largo rato, más intrigado por mis vecinos y con el alivio de haber dado con la entrada principal, decido que sería bueno investigarlos y de paso aumentar mis conocimientos del terreno; pero tengo que ir en orden, desde el primero e ir subiendo, y así también encontraría mi templo y podría comer algo.
Llego a lo que serían los terrenos de aries pero no veo a nadie. Al fijarme en su casa me parece que todos los templos son casi iguales, algo que me preocupa, ya que tendré que dar con el mío antes de la puesta del Sol o no podré reconocerlo fácilmente.
Por suerte casi al llegar al segundo recinto, encuentro juntos a los que serían los candidatos de aries y de tauro, ya que llevan las mismas ropas que yo o que el resto. El más pequeño me resulta de apariencia gentil y tierna, y lo distinguen unas marcas circulares en donde deberían estar sus cejas; y es muy contrastante con el otro de cuerpo imponente y voz muy gruesa para su edad.
Me llevo una doble impresión, cuando el más pequeño levita una roca y se la avienta al grandote, quien la hace polvo a puño limpio sin derramar una gota de sudor.
—¡Ya lo dominas! —truena la voz animada del que parece una montaña.
—El Patriarca dijo que aún me falta práctica —se queja triste el psíquico.
—¿Has hablado con él? —indaga el otro acercándose, haciendo que sus diferencias se acentúen.
—No más que tú —le responde frío y distante.
Comienza a pensar el más alto.
—Probemos algo Mü, ven —dice tomándolo de la mano hasta llegar a una piedra que lo triplica en altura.
—¿¡Qué!? —grita confundido y un poco asustado al notar lo que le propone.
—Alza esta roca y aviéntala hacia los arbustos de allá.
El enorme dedo del chico señala justo a mi escondite, paso saliva y comienzo a retroceder lo más discreto que el miedo me deja.
—No lo sé, nunca he levantado una tan grande —dice analizando la roca y la distancia.
—Inténtalo, y yo arrojaré esta otra con mis brazos —se recarga en una piedra similar—, quién llegue más cerca gana —sonríe de tal manera que su prominente ceja sombrea su mirada.
El pequeño ríe para sus adentros.
—No deberíamos —responde—, pero si insistes —la piedra comienza a moverse—. Veremos de qué está hecho.
"¿¡Qué!?", grito para mí al sentir que la mirada del psíquico perfora mi cerebro. No espero más y no me importa hacer polvareda mientras escapo cuesta arriba hasta perderlos de vista.
Pasado un tramo, me detengo para respirar y asegurarme de que no me siguieron; volteo para ubicarme mas no reconozco nada. Me olvidé de contar las casas, y que evitara el camino principal para no quedar expuesto no ayudó.
De repente, noto que todo empieza a volverse de un color blanco brillante; la desvelada, el susto, el esfuerzo y la falta de comida me empiezan a pasar factura, la boca la tengo casi seca y el corazón late de forma anormal. Me parece que estoy a punto de desmayarme.
Como puedo, continuó hasta el templo más cercano y me alegro al notar dos grandes figuras custodiando la entrada. "Los leones", pienso aliviado, aunque no logro distinguir bien del todo; subo las escaleras con esfuerzos y, por instinto, golpeo mi pecho para intentar recobrar una palpitación normal.
Unos pilares dentro, me tumbo sobre el frío piso de piedra y cierro los ojos para descansar. Estoy frustrado por mi poco rendimiento, lo cual a mi parecer sería mejor si saliera más a campo abierto como mis compañeros. Sus recuerdos, en especial los de los chicos del lago, me causan nostalgia, y al recordar a Aioros su imagen intensifica mi dolencia. Lo extraño, y me da coraje porque también gracias a él siempre entrené solo y ahora me doy cuenta de que no tenía que ser así.
Pienso que mi situación sería diferente ahora si tan solo tuviera un amigo, alguien alegre, como el tal Milo, o dedicado como el alto y delgado. Siento como mis emociones quieren salir, algo incuestionable, así que respiro profundo y, justo por eso noto un aroma peculiar. Me concentro e identifico una presencia no invitada en el recinto; aún sin contar del todo con mi vista, me decido por ir a enfrentar al intruso. Me agazapo hasta la sala principal para sorprenderlo, pero el sorprendido soy yo cuando distingo la silueta de un chico rubio, como de mi edad, sentado cruzando las piernas en una posición bastante rara y los párpados cerrados, frente a una estatua que nunca estuvo en mi casa.
Conforme mi vista mejora, pongo mayor atención a los detalles y me percato de la obvia diferencia en el diseño y distribución de los pilares, la altura del techo y los extraños grabados en las paredes, resultando en que soy yo el desvergonzado que está en un templo que no le corresponde. Aún así, la imagen de esa bella aura haciendo bailar esos dorados cabellos, y resaltando las finas y delicadas facciones del dueño del templo, me hipnotiza con su sensación de paz absoluta. Todo me hace querer permanecer en esa sala admirando el momento, varios minutos pasan y ni siquiera me doy cuenta de cuándo mi cuerpo regresó a la normalidad mientras contemplaba al rubio.
¡GONG!
Suena de repente por todas las paredes y salgo de mi trance; de inmediato corro a las afueras del templo para evitar que me atrapen y tomo sendero abajo. Así es que voy a dar, ahora sí, con el quinto recinto custodiado por el par de leones.
A partir de ese día comencé a salir con el objetivo de explorar y buscar pistas de Aioros; pero por alguna razón, de regreso siempre termino en casa de virgo; y es que siempre encuentro un motivo para volver al sexto templo, cuya entrada es custodiada por un par de figuras femeninas. Me da curiosidad ver si mi vecino en algún momento abre los ojos, me pregunto si no estará incómodo cuando hace posiciones raras, o con qué hará que huela tan bien su templo; el mío por lo regular huele a nada o a sudor. Quedé en shock cuando me fijé que siempre le sirven puras hojas y granos, o guisos sin carne. No me lo explico, a mi parecer, y según la tabla de Aioros, es hasta suicida esa dieta con todo el ejercicio que tenemos que hacer.
*. *. *. *. *
Poco después, el Patriarca anunció que ya nadie vigilará el entrenamiento de los próximos caballeros de oro, así que ya soy libre de ir y venir, e investigar mejor y sin preocupaciones. Decido que, para empezar mi búsqueda formal, será mejor iniciar con alguien que me resulte más fácil y seguro de observar, o sea: sirvientes y virgo. Ya iría después, de a poco, con los demás.
Una tarde, explorando los jardines, me parece ver al tal Milo y al cangrejo tramando algo, conclusión a la que llego por la indignación del serio acuario ante los aspirantes del octavo y cuarto templo. Cuando este último está involucrado suele significar problemas, así que en cuanto se van comienzo a seguirlos para averiguar.
No logro acercarme lo suficiente como para escuchar su plática sin ser descubierto, pero por su dirección no tardo en prever que se dirigen a la sexta casa y, por la hora, virgo estaría meditando, indefenso.
Por puro instinto, mis piernas se me adelantaron y me sorprendo al verme, en cuestión de nada, en medio de los sospechosos y la escalinata principal.
—No se atrevan a dar un paso más —les advierto lo más firme que puedo.
El par de chicos se miran un poco sorprendidos de verme, pero ninguno pestañea.
—Quítate —refunfuña cáncer.
—Sí, hazte a un lado —lo apoya Milo, quien lleva consigo un balde de agua sucia.
—¿Qué asunto tienen en éste templo? —gruño insistente y nervioso, deseando que no haya necesidad de alarmarse.
—No tengo que responderte, así que ¡muévete! —me amenaza el cangrejo alzando su puño.
—¡Ya oíste, piérdete! —secunda Milo, y concluyo que no vienen en son de paz.
—¡No! —grito decidido.
—Bueno, tú lo pediste —dice cáncer lanzándose al ataque.
Dejando el balde con agua turbia a un lado, el escorpión siguió a su compinche y empezamos a intercambiar golpes. Cáncer me insulta llamándome "¡Pequeño enclenque!" y el coraje hace que se me facilite seguir el ritmo de ambos. Descubro que os golpes de escorpio son muy precisos y no me dan tiempo para pensar o podrían pasar mi defensa. Y, "¡Carajo!", veo que me falta uno. "¿Dónde está el cangrejo?"
Tiro una patada para alejar al bicho y escucho el — ¡Quítate Milo! — sobre mi cabeza. Bloqueo arriba con ambos brazos para recibir la patada y veo que Milo se acerca a mis cosillas. Aprovecho, me agacho y el que recibe el golpe es cáncer. Milo se desconcentra y alcanzo a colocar un gancho a su mandíbula.
"¡Lo hice, he logrado evitar que avanzaran!", pienso alegre.
—Deberían sentirse avergonzados —digo jadeando.
Pateo el bote y cae sobre el cangrejo.
—¡Agh! —se queja el afectado.
—Esto no se quedará así —amenaza escorpio agarrando a su amigo, para luego salir corriendo.
—¡Y no regresen! —les grito aunque ya están lejos
Ya en calma, me sorprende darme cuenta que, por primera vez, no he salido corriendo de una amenaza latente; pero más adelante veo que no sería la única, ya que regresaron al día siguiente, y el siguiente.
Acostumbrado y confiado de que sólo tenía que pelear con el "bicho" y el "cangrejo", ese día tardé en darme cuenta de que el caballero del décimo templo se les había sumado.
Distraído por la desesperación de evitar que capricornio avanzara, dejo pasar a Milo y cáncer acierta un golpe a mi estómago. Caigo y siento un escupitajo en el rostro.
—Que te sirva de lección gatito —se burla cáncer y se va.
La impotencia se transforma en ira, pero la imagen de virgo rodeado por el trío es lo que hace que me mueva y logre llegar al interior justo a tiempo para ponerme en su camino, de nuevo sin saber cómo.
Siento el cálido cosmos del rubio en mi espalda y a los otros los tengo delante. Estoy completamente decidido:
"Han logrado pasar, pero no cantarán victoria", me juro.
—¿Por qué insistes en cuidarlo? —me cuestiona Milo.
—No necesito una razón para hacer lo correcto, y ustedes, ¿por qué atacan, qué mal ha hecho? —me parece que el escorpión me quiere responder, pero se queda callado.
—Piérdete, o no sólo te sacaré el aire esta vez —vocifera el cangrejo.
—Quiero ver que lo intentes —lo reto plantándome en el suelo para contraatacar.
Capricornio y cáncer avanzan para hacer un ataque combinado, pero en ese momento…
¡FUA!
Una emanación de cosmos nos manda a volar a todos y a penas alcanzo a sostenerme de una columna. Golpeado y confundido, volteo para cerciorarme de lo que ha pasado: he conseguido quedarme en la sala principal pero algo es diferente, hay un par de hermosas pupilas azul aqua mirándome de lejos.
No lo puedo creer, virgo ha abierto sus ojos y me siento totalmente desarmado.
—Me sorprende que sigas aquí —dice el rubio con voz serena.
—¿Sí? A mí también —empiezo a sobar mi estómago.
—Espero que no quieras que te dé las gracias.
—No, para nada. No tienes que hacerlo —"sé que hice un buen trabajo", pienso complacido.
—Qué bueno, porque no quisiera tener que agradecer a un acosador por algo como esto.
Con esa sola frase virgo logra que mi orgullo se convierta en vergüenza; es obvio que sabe de mis acciones hasta ahora, y sería peor si supiera quien soy. De repente mis orejas se calientany me comienzan a doler más que todo el cuerpo.
—Aunque —continúa virgo—, sí podría darle las gracias a un amigo —concluye sereno.
No me atreví a contestar enseguida.
—Podrías, pero tienes razón —respondo finalmente—. No soy mejor que ellos, no merezco que me llamen de esa manera —me volteo incapaz de mirarlo a los ojos y decido que es hora de irme para nunca volver.
—No tienes de qué avergonzarte —sus suaves palabras me detienen—. Hoy, tú me aclaraste una idea que he estado meditando.
Volteo ligeramente intentando evitar que vea mis ojos llorosos y encuentro cerca de mí sus cristales azules, y esa dulce sonrisa que va lavando mis culpas.
—¿Amigos? —pregunta y me extiende la mano.
—Amigos —correspondo a su gesto y limpio el escurrimiento nasal (que espero que sea sólo sangre) con el otro brazo.
Intento sonreír, pero me duele todo.
—Soy Shaka, Shaka de Virgo —se presenta el aspirante cuya mirada me resultaba más preciosa que todos los tesoros del cielo.
—Aioria, de Leo —susurro tímido y dudoso a mi primer amigo.
En ese mismo momento me siento pleno, pero mi felicidad se interrumpe porque ahora de nuevo tengo a alguien a quien perder. Aprieto su mano mientras me juro que me haré fuerte que lo pueda proteger y alguien digno de quien pueda sentirse orgulloso de tener a su lado.
Veo como Shaka me sonríe como si leyera mis pensamientos y suelta un suspiro, que para mí es su aprobación a mis deseos.
Esa misma tarde, comienzo a platicar con él para conocernos mejor y me suelto contándole de los otros chicos; pero en cuanto llego a cáncer sólo hace un comentario.
—No es malo, sólo tiene el corazón herido —señala—. No te agites, no volverá para dar problemas —pronostica tranquilo y contundente, y vuelve a dejar que yo sea el conferencista de la noche.
*. *. *. *. *
Con el cambio de estación, y siguiendo el consejo de Shaka, fui a presentarme correctamente con los demás en el Santuario y me aprendí bien su ubicación y sus nombres: Mü de aries, Aldebarán de tauro, Deathmask de cáncer, Milo de escorpio, Shura de capricornio, Camus de acuario y Afrodita de piscis.
De este modo, se me facilitó irles preguntando sobre sus maestros, esperando que alguno tuviera información de Aioros, pero por las respuestas ahora sé que lo único que hay son rumores. Veo que ya no tengo otra opción, más que rebasar los límites de las Doce Casas e investigar en los otros terrenos del Santuario; por lo menos hasta que reciba mi armadura y pueda ir realmente a buscarlo.
*.Siete años después.*
He modificado varias veces mi rutina durante los años, pero ahora creo que he dado con la combinación perfecta entre estudio, práctica y dieta. Todo de forma diligente como le gustaría a Aioros. A veces hasta puedo escuchar su sarcástico "Muy bien, te mereces un premio", cada que estoy a punto de posponer o suspender alguna actividad, aunque me alegro de no recibir la reprimenda que venía acompañando esas palabras. Quiero asegurarme de que cuando vuelva esté orgulloso de mí; aunque a mi edad él ya tenía su armadura y esto me desanima un poco.
De todas maneras, no puedo distraerme más, hasta tengo mis días de rutinas especiales en el templo de virgo, que no son tantos como quisiera porque bebería tener más al no entender las posiciones de yoga; pero no me ayudan las sanciones que Shaka me impone por demostrarle mi cariño, en mi opinión éstas no deberían ser suspender mis practicas con él... y quisiera complacerlo pero no lo puedo evitar.
Con cada día que pasa crece en mí la necesidad de estar junto a él. Deseo compartir más que sólo los alimentos o algunas sesiones de meditación, me supera la tentación de tocar su piel y de sentir su cuerpo entre mis brazos; y cuando se acerca o me roza siento que podría desfallecer.
Con el fin de encontrar algo que me ayudara a distraer mis impulsos, además de seguir con mi infructuosa búsqueda de Aioros, hubo un tiempo en que extendí mi investigación por el Santuario y sus alrededores más cercanos. Fue en esa etapa que comencé a compartir más con Milo, en quien descubrí un sensato amigo.
Me alegra que se separara de Deathmask y Shura, principalmente porque, a pesar de lo que diga Shaka, insisto en que fue gracias a esto que ambos desistieron más rápido de sus travesuras; y en especial me enorgullece que Milo ahora prefiera enfocarse en su entrenamiento y en dar nombre a la creciente "amistad" con el Caballero Dorado de Acuario.
Camus y Mü son de los pocos que han recibido sus armaduras desde los diez años. Desde entonces comenzaron a realizar diferentes misiones para el Patriarca, lo que los aleja por largo tiempo de las Doce Casas. Gracias a esto ya no tengo que competir contra aries por la atención de Shaka y comencé a compartir mis caminatas con el inquieto y alegre bicho.
En una ocasión, escorpio me enseñó un lago pantanoso lleno de rosas del Nilo que de inmediato se convirtió en mi segundo lugar favorito (por obvias razones).
—Este año solo hay flores rojas. Otra vez —me quejo una tarde en el pantano.
—Sí —responde Milo satisfecho.
—Ya hacen falta unas azules…
—¿De qué hablas? Está perfecto así.
—Sólo lo dices porque te encanta el rojo.
—Lo mejor siempre prospera —señala las flores—. ¿Qué más pruebas quieres?
No sé qué responder ya que no estoy totalmente en desacuerdo, así que guardo silencio.
Nos sentamos para descansar y procuro buscar el lugar con menos lodo pero en eso Milo me empuja y quedo tendido en el suelo con todo el frente mugroso.
—¡Oye! —chillo—. Mi ropa… —me siento todo húmedo y pegajoso.
Milo ríe divertido y acepto su reto.
—Ahora verás —contraataco.
En un instante derribo al escorpión y, entre risas y lodo, comenzamos a forcejear y a rodar por todo el margen del lago.
Con algo de dificultad, Milo logra imponerse y queda arriba de mí; aún agitado, pero ya calmado, siento cómo empieza a limpiar mi rostro y cierro los ojos para que pueda hacerlo bien. Todo iba normal, hasta que me percato de una sutil presión en los labios y al abrir los ojos me cercioro.
Sí, ¡me está besando!
Presa de los nervios y sin saber qué hacer vuelvo a apretar los ojos y siento cómo se acomoda sobre mí, para luego seguir comiendo de mi boca su inocencia.
La sensación es tan agradable que me permito imitar su cadencia y el sentimiento. En cuestión de segundos comienzo a notar su suave lengua aventurarse en mi interior, después de que me quedase quieto para luego succionar mi labio inferior y separar mis labios. Siento cómo Milo explora de mí cada rincón y deseo explorarlo también pero comienza a alejarse, lo sigo por inercia pero no lo siento. Se ha apartado mucho de mi alcance.
Lo siguiente que veo al abrir los ojos es su profunda mirada azul que a veces me pone nervioso y su coqueta sonrisa. Casi me parece atractivo de no ser por el:
—¿Soy bueno, no? — que sale de la misma boca con la que me ha besado.
Sin pensarlo dos veces lo aviento a un lado y me marcho dejando a ese sinvergüenza que ha tomado mi primer beso como si de cualquier cosa se tratase.
—¡Hey, espera! ¿A dónde vas? —insiste pero lo ignoro—. Pero... ¿ahora qué hice? Creí que nos divertíamos.
Esas últimas palabras son su sentencia de muerte. Me volteo con furia y hago que Milo suba la guardia aunque logro controlarme, no como hace rato cuando sí debí hacerlo.
"Soy un idiota", me recrimino. Estoy totalmente avergonzado de mí mismo y desearía desaparecer.
Lo abandono a toda velocidad y me dirijo al coliseo donde entrenan los soldados de plata y de bronce, y ningún posible "Caballero Dorado" se acerca.
Me siento humillado y peor aún, me he permitido besar a alguien que no es Shaka y en el lugar que más me lo recuerda cuando no puedo estar con él. "No puedo llamarme honorable, sé que también he sido injusto con Milo, pero..."
—¡Eh, tú! —me interrumpe una voz femenina—. Sí tú, ¿eres caballero?
—Ah, sí —titubeo.
—Perfecto, nos hace falta un contrincante. Pelearás con él —señala a otro soldado que obviamente es de bajo rango, aunque mucho mayor que yo.
No me da tiempo de aclarar la confusión y ya estoy metido en un duelo, y es justo lo que necesitaba: una verdadera pelea cuerpo a cuerpo. Me encanta cómo los soldados van cayendo uno tras otro, realmente lo disfruto.
Al terminar la tarde ya me tienen por un soldado de plata y soy por todos bien recibido. Me siento mal por no revelar mi verdadero rango pero agradezco que me hayan integrado y me permitieran darme un baño antes de volver a mis aposentos.
Por el camino pienso que he hecho nuevos contactos que pudieran apoyar con la búsqueda de mi hermano con el tiempo. Volteo al cielo y veo las estrellas que están claras en el firmamento. Me siento pleno, relajado y de inmediato viene a mi mente unos dorados cabellos.
Siento de nuevo la esperanza inundando mi pecho y comienzo a saltar de la emoción. Solitos mis pies me dirigen hacia donde reside la fuente de este calor en mi corazón.
Al llegar a la sexta casa, veo como mi querido amigo se pasea en bata de noche cerca de los pilares externos y me estremezco al ver cómo la luz de la luna revela la silueta oculta bajo la tela.
—Shaka —lo llamo aún de lejos.
—Ah, mira, ¿dónde estabas? —reclama—. No llegaste a cenar.
—Se me fue el tiempo entrenando.
—Ya veo. Se te escucha animado —sonríe.
—Sí... —confirmo nervioso—. ¿Quieres salir? El cielo está despejado y se ve hasta la más pequeña de las estrellas —propongo esperando su usual respuesta pero...
—De acuerdo —contesta sin chistar y siento que podría volar.
Nos sentamos juntos en las escaleras y enseguida comienzo a describirle las constelaciones que nos rodean mientras me recreo con su delicado perfil iluminado bajo la luz de la luna llena. "Ninguna de las mujeres que encontré sería tan bella", pienso, "y aunque lo fueran, ninguna tendría el brillo y la pureza de tus pupilas; aunque tengo mucho tiempo sin verlas".
Al ir recorriendo su rostro, descanso mis ojos en sus labios y de inmediato surge en mi un pequeño deseo, que es lo único que no le confieso. Por lo demás, me dedico a contarle las anécdotas más recientes y Shaka, por su parte, me escucha atento y hasta deja salir una risa ocasional.
—Eres hermoso —se me escapa en un suspiro ocultado por el sonido del viento.
—¿Dijiste algo?
—Que es hermoso. El cielo, la noche —titubeo tratando de disfrazar mis palabras con un hormiguero en la boca del estómago—. Sería un desperdicio si no lo ves por ti mismo.
Espero su respuesta pero no llega. Esto me hace creer que es el sutil y rotundo "no" de Shaka, pero en vez de eso todo alrededor se estremece y apenas alcanzo a sujetarme del escalón para no salir volando.
Cuando volteo para mirarlo presencio el centro de mis anhelos: un par de ojos azules aqua marina, más claros y brillantes que un día despejado de enero, y más fuertes que todas las constelaciones juntas.
Se me olvida cómo respirar y mi corazón amenaza con abandonar mi pecho.
—Tienes razón —Shaka voltea para mirarme—, es hermoso —sonríe—. Y por cierto, feliz cumpleaños —me felicita acariciando mi mano.
—Gracias —me limito a decir con una enorme sonrisa que dice: Me has dado el mejor regalo de mi vida.
No alcanzo a reprimir mi entusiasmo y, tomando su gesto de permiso, lo abrazo tan fuerte como puedo procurando no lastimarlo. Pero el instante dura poco porque Shaka se tiene que ir a descansar para levantarse temprano.
*. *. *. *. *
El camino hasta mi cuarto es como viajar en medio de una nube ascendente y pienso que no hay mejor forma de empezar los primeros minutos de mi decimocuarto natalicio.
No recuerdo haber cerrado o abierto los ojos. Todo de repente se ha vuelto un lienzo en blanco sin bordes ni fronteras.
Cuando tomo un poco más de conciencia, me hallo en medio de una densa niebla que al irse despejando revela el pantano que tanto aprecio.
Tardo unos pocos minutos más para poder ver mejor el lugar y, al acercarme a las flores flotantes, noto que el agua está totalmente limpia y cristalina.
No tengo tiempo de sorprenderme ya que de inmediato unas ondas se expandieron hacia mí desde el centro del lago; pero aún ni con los ojos entre cerrados puedo ver entre las compactas nubes.
Lentamente la niebla comienza a develar una ligera silueta. Por el largo del cabello, me parece estar en presencia de una doncella y me quedo pasmado. Algo dentro de mí me ordena que me volteé pero una fuerza superior no me deja mover ni un centímetro de mi cuerpo.
La niebla se sigue limpiando.
Puedo sentir el corazón a la altura de mis oídos y se vuelve peor cuando reconozco por completo la figura que se yergue delante mio: Dándome la espalda, se encuentra Shaka tomando un baño entre centenares de flores de loto rosas y azules, con agua que parece soltar pequeños destellos al ir recorriendo su grácil figura.
Embelesado, relajo cada parte de mi cuerpo hasta caer de rodillas en el borde, alertando así al santo de la virgen de mi presencia. Shaka, no se muestra alterado ni sorprendido, es más parece sonreír ligeramente a los ojos de su imprevista audiencia.
Paso saliva, el mundo queda en silencio y Shaka empieza a acortar la distancia que nos separa, hasta que quedamos a escasos centímetros y entonces me mira.
—Los viejos hábitos nunca cambian, ¿verdad? —habla en lo que acaricia con un dedo mi cien y mis pómulos.
—¡Ah, perdona! —agacho rápido la mirada—. No sabía... no quise —pero antes de poder terminar la frase, mi vista se topa con su completa desnudez y ahora soy yo quien aprieta los ojos. Hasta llevo mis manos al rostro para ocultar mi extrema vergüenza, sin lograr comprender todavía lo que está pasando.
Entonces, siento como mis manos son tomadas lenta y dulcemente pero sigo sin querer abrir mis ojos; así que cuando me atrevo, alzo la mirada lo más alto posible para así evitar ver la desnuda y húmeda piel de mi amigo, o eso intentaba cuando soy atrapado por esa mezcla de azul y verde claro que me resulta tan divina.
El lazo entre nuestras manos, la cercanía y el enlace de nuestras pupilas nos fue llevando a sincronizar nuestros corazones y nuestra respiración, dando como resultado la natural unión de nuestros labios.
No recuerdo haber probado nada tan dulce, delicado y suave en mi vida, ni siquiera el fresco aroma que nos rodea es tan embriagante como el roce con su piel clara. Pruebo con mi lengua la comisura fina de sus labios y no lo resisto. Libero mis manos y tomo su rostro para asegurarme de que lo que está pasando no termine. Shaka, por su parte, me toma por la cintura y comienza a acercarme a él, al mismo tiempo que me jala hacia el interior del lago.
Al sentir el contacto directo con el agua, me doy cuenta de que también estoy desnudo, pero no me importa, al contrario. Me abrazo fuerte deseando estar aún más cerca si es posible y empiezo a recorrer con mis manos sus cabellos, su cuello, su espalda, hasta donde me da el largo de mis brazos.
Shaka se separa un poco para dejarse ver y contemplarme a su vez. Con sus ojos me va paralizando y comienza a recorrer con una sutil caricia mis hombros, mi pecho, mi cintura y mi abdomen. Entonces, lleva un dedo hasta mi ombligo y comienza a subir pasando por mis pezones hasta llegar a mi cuello, levanta mi mentón y comienza a besar mi lóbulo izquierdo para luego, lentamente, ir bajando hasta mi clavícula y comenzar a ascender, hasta que llega a mi lóbulo derecho haciendo que mi piel arda tras su recorrido, y comienzo a hacer sonidos que reflejan el placer que voy sintiendo.
Mientras me besa, me dejo acariciarlo con las yemas de mis dedos, deseando explorar cada poro, cada articulación, cada pliegue de su cuerpo. Siento su pecho subir y bajar junto al mío, apretarse y contraerse mientras nuestra respiración se vuelve más profunda y potente.
Con cada nuevo beso empieza a aumentar el olor a la combinación de nuestro aliento y entonces hasta nuestros pulmones se van llenando de nosotros.
Shaka va recorriendo mi brazo hasta tomar mi mano y la alza para, con un suave movimiento de muñeca, hacerme girar hasta que quedo dándole la espalda. Me abraza y siento un escalofrío cuando su respiración pasa por mi nuca y deposita un tierno beso.
En ese momento, comienza a vertir agua sobre mi cuerpo y mis cabellos, repasando con sus manos mi piel recién humedecida. Pasados unos minutos, el agua deja de caer y desaparecen sus caricias junto con el calor de su cuerpo. Me giro para buscarlo y lo encuentro volteado, con el cabello recogido, indicando que es mi turno de lavarlo.
Me acerco y lo abrazo por la espalda, colocando mis manos en su abdomen y él las toma para posarlas en su pecho. Beso sus hombros mientras lo mojo y lo acaricio; echo su cabello hacia adelante y comienzo a recorrer su cintura, paso por su talle para luego levantar sus brazos y comenzar a devorar su cuello mientras le sujeto ambas muñecas con una mano y bajo acariciando su silueta con la otra, hasta que consigo llegar a su firme intimidad. Empiezo el masaje a su miembro al ritmo de mis caderas, lo libero para abrazarlo, y él empieza a acariciar y a apretar mis cabellos de la coronilla con ambas manos.
El agua, el roce coordinado de nuestros cuerpos, todo el momento dura una dulce eternidad para ambos, hasta que llega el momento en que se estremece, su espalda se arquea y deja salir toda su energía acumulada. Yo ansío más pero él se voltea y acaricia su mejilla con la mía, me toma de las manos y hace que nos sumerjamos juntos por completo bajo el agua.
Después de salir a la superficie, limpia mis ojos y me guía hacia la orilla.
Al salir nos refugiamos bajo la sombra de un frondoso árbol. Mi evidente excitación no lo apresura en lo más mínimo pero, como si sintiera la vibración de mi cuerpo, me recarga en el tronco, se agacha y luego me toma entre sus labios; su danza y la humedad de su boca aumenta mi sangre hasta que alcanzo el clímax y me derramo dentro de él sin poder evitarlo.
Cuando logro volver en mí, me arrodillo a su lado y lo abrazo. Nos acostamos un rato para descansar entrelazados y que nuestros cuerpos vuelvan a tomar su ritmo cotidiano. Estoy exhausto pero al parecer Shaka no se cansa de pasar su mano por mi espalda y por mis glúteos.
Respiro su húmedo aroma mientras siento como acaricia ese rincón oscuro. Me concentro en su mano mientras lo abrazo aún más fuerte y por inercia alzo mi pierna sobre la suya, y él la sube hasta la altura de su cadera. De repente algo se introduce en mí y me empieza a acariciar por dentro; me pongo nervioso, mi respiración se va acelerando mientras aumenta el ritmo, y más cuando llega a tocar un punto que me hace gemir en su oído. Cada vez siento aumentar la sensación de lo que se va introduciendo, hasta que se mueve, se acomoda a mi cuerpo y algo más caliente y grueso empieza a invadirme por dentro. Siento como me está sostenido con ambas manos y acaricia mi pierna mientras la ancla a su cadera y va aumentando el ritmo de su pelvis.
La presión y esa sensación de placer nunca me imaginé llegar a sentirlas; duele un poco, pero no quiero que pare y me sujeto más fuerte conforme me voy excitando. Nuestras voces se combinan y exhalamos casi al mismo tiempo. Me abrazo a su cuerpo mientras algo caliente se esparce en mi interior y comienza a besarme para que relaje mis músculos y pueda por fin descansar entre sus brazos.
Cuando vuelvo a encontrar su mirada, siento cómo mi corazón da un brinco al darme cuenta de toda la dulzura contenida en esas bellas pupilas, y vuelvo a besarlo. No deseo separarme ni un centímetro. Sentirlo en mi interior fue mi prueba de que lo que más necesito es ser parte de él, de su ser, y él del mío. Ningún otro pensamiento o emoción interviene y, colmado de ambos en mi corazón, dejo salir un sutil— Te amo —entre alguno de mis besos.
*. *. *. *. *
El brillo del Sol me obliga a abrir los ojos y es entonces que me doy cuenta del engaño. La sensación permanece y hasta me es posible olerlo, pero mis otros sentidos se empeñan en sacarme de mi artificio.
Cierro los párpados para intentar volver al momento, para escuchar de ser posible la respuesta a mi onírica confesión; aunque fuese sólo un espejismo creado por un ardiente deseo.
Nada.
Todo se ha ido.
No logro volver a dormir, y menos cuando cada parte de mi cuerpo vibra cargado de una energía tan bella y poderosa. Suspiro e intento robar de mi almohada la experiencia, mi cuerpo en definitiva cuerpo se siente diferente. En un instante de luz comienzo a tranquilizarme, todo está claro, tan claro como que sé que soy suyo desde antes de presenciar el intenso brillo de su mirada, desde el primer día, desde siempre y para toda la vida.
El día transcurre como de costumbre: desayuno, estudio y ejercicio por la mañana; comida, exploración y combates por la tarde.
Tal vez sea sólo yo, pero siento que ahora estoy realmente unido a Shaka, todo rastro de timidez ante su presencia se ha ido y fue reemplazado por un sentimiento hermoso, así como intenso y profundo. No necesito que fuera 'real', ya que mi sentimiento es verdadero y me llena por completo. Tanto es así, que reboso confianza cada que nos encontramos, mi trato con él se ha vuelto más dulce y franco, casi hasta creo leer sus pensamientos.
Al atardecer, decido pasar por el pantano antes de que oscurezca por completo. Ciertamente no resulta nada mágico a como lo he soñado, el árbol está menos vivo y el fango no tardó en acumularse en mi calzado. Me parece mentira que la realidad sea tan sucia y... mundana.
—Vaya, creí que no regresarías —reconozco la voz de Milo entre las sombras.
—Sólo estoy de paso —respondo.
—Eso, o buscas recuperar la oportunidad perdida —ríe fanfarrón, saliendo a la luz del ocaso.
—No sé de qué estás hablando —acelero el ritmo.
—Todo sería más fácil si fueras más honesto contigo mismo —señala.
—Mira quien lo dice, el que utiliza a las personas como saco de entrenamiento.
—¿Fui tan obvio?
—Demasiado. Toma tu propio consejo y déjame en paz —desvío la mirada y dejo el lugar.
Después de cenar y bien entrada la noche, regreso a la zona residencial del templo de leo y, al prender la antorcha de mi recámara, me sorprende ver un bicho adentro, recargado en mi ventana, mientras contempla las constelaciones del cielo.
—¿Crees que sea verdad lo que dicen? ¿Crees que puedan decir el futuro?
—Una cosa es predestinar y otra controlar el futuro —respondo mientras comienzo a quitarme la ropa de entrenamiento.
—Supongo, puedes tener razón —se pierde de nuevo en sus pensamientos.
—Ahí no lo vas a encontrar —abro el cajón de la ropa.
—Ya lo sé pero, al ver su constelación siento que lo estoy mirando.
—Serás menso. Entrena más y podrán platicar más seguido —saco la ropa de noche.
—¿Y qué me platique de alguien que sí tiene la oportunidad de ir a su lado? —dice girando al interior con una mirada amarga, mientras me visto.
—Fácil. Recibe tu armadura, y ve a alcanzarlo —termino de cambiarme y lo cacho observándome—. ¿No tienes vergüenza?
Milo niega con la cabeza mientras sonríe.
—Al parecer tú tampoco —se insinúa con su mirada penetrante.
—Ya te lo dije, ve a otro con tus juegos.
—¿Y quién dice que estoy jugando? —se me acerca lentamente—. ¿Tú?
Suspiro cansado.
—Bien —digo serio—. No me gustaría que te echaras para atrás —en un rápido movimiento arrincono a Milo hasta hacerle caer sobre el borde de la cama.
—Oye espera… —noto que por fin cede cuando se ve acorralado.
—Ahora dime, ¿a qué has venido?
—A nada, menso —evita mi mirada y dice con puchero—. Sólo quería ver si ya no estabas molesto conmigo.
Lo suelto y me siento a un lado de la cama satisfecho con su sinceridad.
—No estoy molesto —le confieso.
—¿¡De verdad!? —Milo se sienta a su vez, recuperando un poco de su habitual energía.
—Sí, tenías razón. No estaba siendo honesto conmigo —Milo me sonríe—. Gracias —le sonrío también apenado.
—Ya sé que soy el mejor. Y dime, ¿si te gustó? —de forma coqueta posa su dedo en sus labios y con él me da un beso indirecto; por lo que vuelvo a aventarlo.
—Sí, sí me gustó —río—. menso.
—¡Ah! —se deja caer en la cama—. Todo sería más fácil si no estuviéramos enamorados de alguien más.
Me sorprendo por un segundo pero recuerdo que este alegre bichito es muy perceptivo y me alegra que seamos amigos.
—Supongo que sí —la mirada de Shaka llega a mi mente junto con partes del sueño que me acompañan mientras me recuesto en la cama.
—¿Algún día se lo dirás? —pregunta y volteamos a vernos.
—¿Y tú? —contesto.
Milo se encoge de hombros y vuelve su mirada al techo.
—No sé. Digo, se supone que nuestro deber es amar sólo a Athena.
—Mmm... Por amor a Athena es que podemos amar y proteger al mundo como caballeros. Lo conocí por nacer santo de Athena, así que amarlo sólo me hace amarla aún más. Mi lealtad no se cuestiona.
—Te recuerdo que aún no recibes tu armadura —Milo aprovecha y me avienta una almohada a la cara.
Tomo otra y comenzamos una lucha de almohadazos, insultos y bromas. Jugamos hasta que nos vence el cansancio y en silencio pido por la felicidad de mi amigo, antes de que viajemos con Orfeo sobre el mismo lecho.
*. *. *. *. *
A la mañana siguiente, el Patriarca Arles anuncia de pronto que Shaka ya recibió su armadura dorada de Virgo, que ahora es un oficial Santo Dorado de Athena y que pronto partirá a la India.
Con esta noticia mi corazón se desmorona.
"Esto no afecta en nada", me digo entre los pasillos vacíos. "Todos tenemos que hacerlo un día", sigo repitiéndome, hasta que siento una punzada en el pecho.
—No —sollozo— No quiero que te vayas. No me dejes —suelto en voz queda, mientras me encojo hasta que logro controlarme.
Después del estudio donde no logro tragar ni media palabra, me salto el entrenamiento en solitario para alcanzarlo antes de que se vaya y poder entrenar juntos una última vez.
Al llegar al sexto templo lo encuentro meditando con la caja de su armadura a un lado, listo para partir en cualquier momento.
—¿Interrumpo? —titubeo.
Shaka sonríe al escucharme.
—Para nada —me dice e inclina su cabeza en señal de que puedo pasar.
—¿A qué hora tienes programada tu partida?
—No me dieron hora.
—Entonces…
—Puedo irme cuando lo crea apropiado, pero será antes de medio día.
Ninguno dice más, pero me siento para meditar juntos hasta que llegue su hora, aunque en realidad quisiera preguntarle tantas cosas.
En eso, recuerdo las palabras que me dijo cuando más me esforzaba por conseguir pistas de Aioros: "La mayoría de las preguntas no necesitan respuestas, si podemos aceptarlas"; aún me cuesta pasarlas por ciertas pero hago un esfuerzo.
Me concentro y empezamos a compartir cosmos como acostumbramos, aunque de inmediato noto que la conexión es más fuerte, más armoniosa. Esto me hace cuestionar si el sueño de hace dos noches atrás había sido realmente eso, o si de alguna forma fue real. "¿Qué pasaría si así fuera?", resuena en mi cabeza y de repente toda duda, toda ansiedad, todo lamento empieza a desaparecer.
Respiro lento y veo a mi primer amigo en su posición de loto, le tomo una imagen mental y me retiro en silencio. No necesito decir adiós, estoy convencido de que nos veremos luego y, como si Shaka estuviera esperando esto mismo, de inmediato deja su casa y el Santuario rumbo a la India.
Al verlo alejarse, me prometo ser un caballero también para nuestro reencuentro y pido a Athena por nuestra victoria.
*.Cuatro años después.*
Regreso a mi frío y solitario templo después de supervisar el entrenamiento de los plateados. Todo parece indicar que alguien se esforzó por borrar todo rastro de Aioros. El Patriarca está cada vez más hermético y sólo aparece para los eventos más importantes.
Siento que Shaka también se olvidó de mi. En estos años, no he tenido noticias suyas; aunque a veces siento su cosmos llegar a mi templo no recibo respuesta cuando le hablo. Algunas noches sueño con el día de su partida. Tengo esa constante sensación de que me dijo algo esa mañana, pero deben ser ideas mías.
¿Milo? —suspiro— Milo...
Comienza a nublarse, pero no llueve, sólo los truenos y relámpagos están presentes. Odio esas nubes, prefiero que llueva o que el Sol queme, porque en climas como éste no puedo evitar tener que sacar mi armadura para limpiarla y así poder calmarme.
Mientras pulo la Armadura Dorada de Leo, un pequeño hilo de relámpago comienza a cubrir mi cuerpo.
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*. *. *. *. *
Siguiente:
Spin Off
El brillo de tu corazón.
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