Bueno lo prometido es deuda después de un buen momento aquí les traigo la segunda parte de
Por una eternidad junto a ti.
Ángeles del Averno nos habla de los guardianes del otro mundo, el mundo de los muertos el ejercito de Hades, así como de Azrael y probablemente otras divinidades asociadas a la teoría del más allá. Ahora continuaremos con las vidas de los Jueces de Hades y las hijas de éste. Este fic contendrá temática Yuri y Heterosexual no se aun que tan fuertes sean las escenas por si las dudas lo clasifique M.
Espero que lo disfruten y ya saben que estoy abierta a sus comentarios.
Archangel of Fire 777
Ángeles del Averno
Capítulo 1 Después de un largo tiempo.
Habían pasado seis meses desde que Alba había dejado el paralelo de los inframundos, y cuatro desde que había iniciado aquel odioso tratamiento que además de doloroso le provocaba ascos y le arrancaba las ganas de seguir adelante. La Doctora que llevaba su caso se escuchaba muy satisfecha de los resultados.
-Es increíble cualquiera diría que tiene usted un buen ángel que le cuida, el tratamiento ha sido todo un éxito.-
La chica respondió con un dejo de fastidio y aires de total indiferencia.
-De cualquier forma yo ya no sigo.-
-Bueno… una que otra revisión mensual nos serviría solo para verificar…-
La chica se puso de pie, las palabras de su médico eran como viejos sonidos que se perdían en un profundo abismo.
-He dicho que se acabó, lo que siga para bien o para mal no pienso poner un solo debo para detenerlo.-
-Con suerte no será necesario Alba.-
La joven prosiguió su camino rumbo a la salida, la doctora sintió pena por ella, tan joven y tan triste.
Por horas la pelirroja camino en los suburbios de aquella enorme ciudad, por barrios en donde ninguna mujer y menos una tan hermosa se aventuraría sin protección. Sin embargo aquel viejo tiempo que paso en el mundo de Hades le hizo modificar su percepción de la vida y sobre todo de la muerte. Todo había cambiado después de aquel corto e inolvidable pasaje. El mundo de los muertos, con el cual siempre estuvo familiarizada había tomado forma, había traspasado las simples visiones de fantasmas que se perdían deambulando en la tierra, mismos que en un pasado ella misma había ayudado a pasar al otro lado. Su contacto con Azrael la había marcado, pero sobre todo su breve pero intensa relación con aquel sádico juez del mundo de los muertos.
Alba está furiosa, con ella misma y con él, sobre todo con él con Minos de Grifon el juez que le había dado la indulgencia de volver a ver a su padre, que la había embrujado con esos aires de descaro y prepotencia, y que después la había devuelto al mundo de los vivos olvidándola. Ella estaba segura que Minos estaba vengándose de ella, quizás desde el principio ese fuese su plan enamorarla y abandonarla. Ahora la joven se odiaba a sí misma, por haber aceptado caer como una ilusa en la trampa de su antiguo rival.
El cielo comenzó a dejar pasar las primeras gotas de lo que se sentía que sería una fuerte tormenta y justo en aquel oscuro edificio, la joven se percató de las sombras que seguían deambulando perdidos y buscando luz para refugiarse. Se aproximó despacio, hasta que aquellos espíritus la percibieron y se acercaron. Alba abrió su mano y una luz dorada se mostró y la dirigió hacia el vacío abriendo un túnel de luz.
-Azrael condúcelos a su próxima morada, libéralos de esta prisión.-
Una luz dorada salió del túnel y las sombras le siguieron dentro del mismo, de inmediato el ambiente antes pesado se aligero.
-Gracias mi Arcángel.-
El túnel se cerró y la chica recibió chorros de agua de la fuerte lluvia que la dejo totalmente empapada, pero así sin inmutarse se dio media vuelta perdiéndose entre las luces que alumbraron aquellas viejas calles empedradas de Paris.
…
En el inframundo las cosas seguían su curso, a su manera en el juzgado del juez de Grifon una joven de cabellos negros y ojos azules se ahogaba bajo el peso de aquella pesada toga. Megera vestida con la investidura de toda una jueza, la pelinegra jamás imagino que el trabajo de Minos fuese así de pesado e insoportable, aquellas almas no dejaban de quejarse, sobre todo aquella tremenda y necia señora.
-No, no, no, no me niego a abandonar la casa de mi hija para dejarla sola con ese degenerado!-
Megera observo a su asistente, Violette, quien permanecía sentada junto a ella encogiéndose de hombros, a sus siete meses de embarazo lo que menos necesitaba la espectro era comerse la cabeza con las historias del fantasma de una suegra loca y posesiva. La diosa intento calmar la furia de aquella estresada "mujer".
-Señora ese degenerado es el esposo de su hija y usted… pues lamento decirle que… bueno esta muerta y…-
-Pues ni muerta pienso dejar que ese desgraciado joda la vida de mi bebe!-
-Su bebe? Si bien leo en su expediente su hija debe tener alrededor de treinta años y…-
-Para una madre los hijos serán siempre sus bebes… ya lo verá usted el día que tenga hijos.-
Megera trago saliva aquella premisa estaba lejos de sus planes, ni siquiera podía encontrar una pareja ni pensar en la idea de adoptar o crear bebes y menos en su caso tan… particular.
-Escuche señora…-
-De eso nada, la que me va a escuchar es usted señorita más le vale que devuelva a casa de mi hija de lo contrario…-
La chica comenzó a molestarse.
-Oiga no le permito que…-
De inmediato la fantasma parecía reconocer a otra alma.
-Guilberto!-
El fantasma de un hombre se aproximó a la tribuna para sorpresa de la juez suplente quien trato en vano de controlar aquella intromisión.
-Pero que…-
El fantasma masculino tomo del brazo a la espectral mujer.
-Aun de muerta sigues siendo una bruja posesiva Guillermina! Deja tranquila a nuestra hija!-
Aquello despertó la furia de aquella fantasmagórica mujer.
-Como te atreves infeliz poco hombre, vas a ver!-
Y ahí se desmadro todo los dos fantasmas comenzaron a pegarse, Megera grito desesperada.
-Violete haz algo!-
La espectro quien además de estresada, ahora tenía un calor hormonal de infierno solo pudo ser sincera con su superiora.
-Lo siento Meg a mis siete meses no es lo más oportuno.-
La diosa menor estaba consciente de ello, así que opto por hacer lo más prudente ósea separarlos. La pobre Megera se llevó como resultado unos buenos codazos, dos que tres patadas que la mandaron de golpe al otro lado del salón.
Ante aquel penoso panorama Violete hizo lo único que vio conveniente, encendiendo su cosmos para comunicar pidiendo ayuda de urgencia y esta no tardó en llegar; en unos instantes ambos fantasmas flotaron por un extraño poder que los dejo momentáneamente paralizados, mientras que desde la esquina Meg dejaba salir su rostro de entre su larga melena que lo cubría del impacto. La joven se relajó al ver de quien se trataba.
-Aiacos…-
De inmediato el moreno se aproximó para darle una mano a la hija de su señor y ayudarla a ponerse de pie.
-Te encuentras bien?-
-No!-
-Quieres que me encargue?
-Si!-
Aiacos tomo el lugar de Megera sentándose en la silla del juez y leyó dos líneas de aquel pesado expediente y así se dirigió al par de fantasmas quienes ahora estaban temblando del miedo.
-Una regresión a la época de las cavernas les vendría muy bien a ambos, tranquilo Guilberto me encargare de que heredes un buen maso para que calmes a la fiera. Y por favor esta vez hazle mínimo una decena de críos, así no podrá obsesionarse con uno solo y joderle la existencia.-
El fantasma miro a su esposa con un aire de triunfo mientras que esta bufo de coraje.
-Ya verás que vida te pienso dar!-
Aiacos cerró su veredicto.
-Vamos los dos a Piedra Dura y espero que no se los trague un dinosaurio pronto, me jodería la vida verlos de regreso tan pronto.-
El libro del estrado se cerró y ambos fantasmas desaparecieron dejando al juzgado bajo una muy apreciable atmosfera de calma al menos para Meg quien se abrazó casi llorando del juez.
-Gracias Aiacos!-
-Meg tienes que hacer algo, cada día va de peor en peor.-
-Lo sé! No sé cómo Minos puede lidiar con este desmadre ¡Yo ya no lo soporto más! Dime que tienes noticias de él y que ya vuelve de sus vacaciones!-
-Quieres que yo me ocupe del juzgado?-
-Pero no puedes, tú tienes el tuyo y estas desbordado. Todos estamos desbordados! No sé cómo papa permitió que Alba volviese con los vivos, si ella se hubiese quedado Minos no se habría ido detrás de ella.-
Aiacos abrazo a la joven mientras observaba a Violete, quien se veía que aquella situación también le pesaba y bastante.
-Vendré por las noches y me ocupare de algunas almas, además hablare con Radamanthys para que él también se sume a la causa.-
-No, no, no, no… qué dirá mi padre de mí? Olvídalo es una mala idea. Yo debo sacar este sitio por las buenas o por las malas.-
-Terminaras internada junto a Zeros en el psiquiátrico.-
Violete no quería ser tan dura, pero el panorama no le dejaba una mejor opción.
-Meg en unas semanas estaré de baja por mi estado y no puedes quedarte sola.-
El puchero de frustración de Megera fue inevitable, pero lo peor eran esas lágrimas traicioneras de desesperación que surcaban sus orbes azules.
-Lo conseguiré, les juro que me daré entera, día y noche.-
Aiacos podía adivinar las razones por las que la joven diosa no se daba por vencida y no podía evitar admirarla, pero conociendo la inestabilidad de un trabajo como el suyo más que insistir tuvo que imponerse.
-Vendré por las noches y no se diga más. Te juro que mi señor Hades ni se enterara.-
-Pero…-
La mirada implacable de Aiacos le dejó en claro que no tenía otra opción que aceptar su ayuda, en el fondo se sintió aliviada, aquel trabajo la estaba dejando seca. Así que solo asintió mientras fue a recoger un poco el desastre que la trifulca de fantasmas le habían dejado en su temporal tribunal.
El moreno aprovecho unos minutos de calma para dirigirse a Violet.
-Gracias por avisarme.-
-De no hacerlo la hubiésemos sacado en ambulancia y si hubiese llamado a Rada creo que se hubiese sentido más humillada.-
-Aún sigue teniendo esos sentimientos por Pandora?-
-No encuentro otra explicación al hecho de que casi pase 24 horas en este juzgado, es una buena forma de evadirse y quizás de probarle algo a su padre.-
-Pobre Meg lo asuntos del corazón son todo un lio.-
Violet miro al moreno con aire de tristeza y no pudo evitar que se le llenasen los ojos de lágrimas.
-Ven conmigo preciosa.-
-Porque me haces esto, ahora que me siento demasiado hormonal y vulnerable.-
-Te prometo que no hare nada que te incomode, solo quiero estar a tu lado y sentir a nuestro hijo.-
-Niña, es una niña…-
-De verdad? Desde cuando lo sabes?-
-Desde ayer, cuando fui con Tessa a hacerme una ecografía de urgencia.-
-Qué?! Pero que ocurrió?-
-Anoche me sentía muy mal y preferí asegurarme que todo estuviese en orden.-
-Porque no me llamaste?! Yo te hubiese llevado!-
-Tuve miedo, sentí calambres… la verdad panique y preferí llamar directamente a Tessa.-
-Violet de verdad me odias tanto que no me dejas ni acercarme en estos momentos a ustedes?-
-Tenía miedo de no encontrarte, de interrumpirte o…-
-Ven a mi casa…-
-Quieres verla?-
-A quién?-
-A la niña pues a quien más. Sabes Tessa me imprimió su imagen, mira ven.-
La morena saco de su bolso un sobre, entregándoselo a Aiacos dentro se encontraba la foto de una bebe perfectamente bien formada que se chupaba su dedo del pie. El moreno sintió que se le saldría el corazón del pecho.
-Si no vienes a casa esta noche desembarco yo en la tuya, pero ni de loco te arriesgo a que algo suceda por la madrugada y te encuentres sola.-
La chica dio un suspiro y a la vez este vino acompañado de un aire de incomodidad.
-Aiacos odio sentirme tan… femenina. –
Le moreno se sonrió divertido, de hecho la Violet que combatía en sus filas distaba bastante de esa bella imagen femenil y maternal. Aunque con todo y eso aún conservaba ese brillo en sus ojos y ese carácter fuerte digno de una guerrera, mismo que se oponía en su lucha por recobrar su confianza.
-A mí me gustas con todo y tus hormonales evoluciones es parte de los ciclos, yo mismo no soy ni la sombra del antiguo guerrero que fui en las épocas de las guerras santas. Así que no se diga más dormiré en el sofá si eso quieres, pero estaré ahí para ambas y ni insistas en que no vaya ya sabes que no necesito llave para tele transportarme a cualquier parte del inframundo.-
Violet sentía muchísimas ganas de discutir por desgracia los gritos desde el estrado de una histérica Megera la trajeron de regreso a su realidad.
-Basta! He dicho que se callen y dejen esas malditas antorchas aquí no hay brujas y ustedes están muertos!-
Aiacos sintió un aire de alivio.
-Que gusto ver que no soy el único que tiene un trabajo de mierda.-
Aunque Violet no era tan optimista.
-Al menos tú los enviabas a reencarnarse en galaxias lejanas o como piedras.-
El moreno se abrazó de los hombros de la espectro y le hablo al oído en voz baja.
-Ese es mi pequeño secreto, ni se te ocurra difundirlo.-
Después le beso suavemente el lóbulo del oído dejando la piel de la chica con un delicioso escalofrió sensual.
-Te veré esta noche al salir de este juzgado de locos.-
-No lo harás, de por si debes ocuparte del tuyo no veo cómo te quedara tiempo para ocuparte de esta jungla.-
-Si lo hare y si no siempre puedo enviar a Pharaon, le pagare triple y no dirá nada.-
Después se escuchó otro grito de Megera.
-Atrás banda de locos! Minos! Juro que en cuanto vuelvas te voy a matar!-
Otro beso de la parte del juez uno tan rápido que pillo a la morena desprevenida y en plena boca, sabia a gloria.
-Hasta la noche mi preciosa.-
Así sin darle tiempo a Violet para reaccionar, Aiacos desapareció del juzgado de Grifon en dirección al suyo, aún quedaban pilas de expedientes por tratar.
…
En los suburbios de Nueva York una joven estudiante de fotografía corría a toda prisa en dirección al kiosco de prensa más cercano.
-Lo tienes John?-
El hombre maduro de aspecto robusto sonrió de simpatía y de entre un bulto de revistas saco una que aun venia cubierta en plástico.
-Aquí tienes Morgan, acabo de recibirla. Tienes suerte no suelen imprimir muchos números, esta vez han hecho una recopilación de un gran artista, supongo que eso les aportara un mayor número en ventas.-
La castaña de ojos miel miro con entusiasmo, aquella revista contenía una colección de fotografías del mismo Ansel Adams, sin duda aquella pequeña asociación solía publicar las mejores recopilaciones de los grandes fotógrafos. Era una lástima que esa fundación no contase con los fondos suficientes para asegurar la constancia de sus publicaciones.
La joven pago su revista y se dirigió rápidamente en dirección a su autobús, tenía que darse prisa o de nuevo llegaría tarde a su curso. Como en todo buen suburbio el autobús se lleno en cuestión de segundos y cuando la chica quiso ingresar lo único que recibió fue un par de compuertas que se le cerraron en plena cara.
-No, no, no, no de nuevo… diablos!-
Así el vehículo tomo rumbo dejando a una decena de personas en espera del próximo, como mínimo quedaba sitio para sentarse en aquella banca metálica. Morgan se dejo caer dejando sin previo aviso y justo al sentarse algo le hizo ponerse de pie como resorte;
-Ahhhh auch! Pero que…-
Se percató de que había puesto su lindo trasero sobre algo demasiado duro para no ser percibido. Vaya era demasiado curioso y demasiado bello para ser así, era verde brillante.
-Es una piedra.-
Una mujer la corregiría.
-Es un jade y es bastante lindo.-
La chica se rio nerviosa.
-Además de resistente porque aguanto mis kilos. Es suya?-
-No. Supongo que es tuya.-
-Ha no le juro que no.-
-Ya que has puesto tu trasero en ella prácticamente eres su dueña.-
Morgan tomo la piedra y la mostro al resto de las personas que esperaban el próximo bus.
-Alguien perdió un jade?-
Todos hicieron un signo de negación así que la chica no se hizo de rogar.
-Vaya parece que es un regalo del cielo, pues bienvenido.-
El auto bus no tardó en llegar y así las personas se abalanzaron como locos hasta la puerta, la joven logro hacerse paso entre aquella trifulca, y así el vehículo tomo rumbo. Del otro lado de la calle un hombre vestido con una gabardina negra observaba partir aquel autobús sus cabellos plateados se movían presos del viento de la mañana y así su rostro protegido solo por sus gafas solares se dejó adornar con una satisfactoria sonría. Miro a su reloj y se adelantó a la cafetería más cercana así tomo asiento en la barra retirándose las gafas, la camarera se sonrió ya que le reconoció en el acto.
-Buenos días Valentín.-
-Cómo te va Melissa?-
-Corriendo como todos los días.-
-Tomate tu tiempo mujer, la vida es un instante.-
-Eso dicen, aunque nadie ha regresado del otro mundo, quizás sea mejor de lo que pensamos.-
Valentin solo negó divertido, esos humanos podían ser a veces tan ocurrentes, si supieran que del otro lado los líos son iguales o peores que en ese.
-Lo que importa es el presente Melissa, el resto es solo fantasía.-
La mujer le sirvió sonriente su café negro, justo para después tomarse su brazo izquierdo con un gesto de molestia, ante el cual Valentin reacción en instantáneo.
-Desde cuando tienes esos malestares?-
-No es nada, no te preocupes muchacho. La mujer se apuró para servirle sus tostadas justo cuando remarco la presencia de algo inusual.
-Otra vez, pero de dónde salen?-
-Qué cosa mujer?-
-Esas plumas negras con dorado, cualquiera diría que están escarchadas en oro.-
Valentin bajo su rostro y se sujetó con su mano las sienes, aquella señal era inconfundible.
-Melissa sabes que te aprecio mucho así que quiero que vayas al médico, si no lo haces por ti hazlo por tus hijos aún son pequeños y necesitan de una madre sana y dinámica.-
La mujer pensaba contradecirlo, pero al mirar el rostro de Valentin sintió un extraño escalofrió, serian esos ojos miel amarillentos que le impactaron había algo en su mirada que le hacía pensar que estaba con una persona totalmente distinta a la que usualmente solía tratar, era la primera vez que el joven le inspiraba ese tipo de energía.
Valentin se tomó todo su café de un solo trago y le dejo un billete sobre la mesa.
-Haz lo que te digo mujer que la vida es un regalo corto que hay que saber apreciar.-
Ella solo respiro profundo algo nerviosa, y lo vio salir por aquella puerta de vidrio perdiéndose entre el bullicio de la mañana.
…
La puerta del departamento de Alba se abria, la joven estaba empapada por la lluvia, tosia a causa del frescor que comenzaba a incomodarle. Lo primero era buscar el maldito interruptor y siempre era un lio encontrarlo, una vez hecho se sorprendió al ver que su departamento estaba ya ocupado por una figura bastante conocida.
-Vaya, vaya con que llegas tarde y totalmente remojada. Es que no tienes el mínimo de cuidado con tu salud Albita?-
La chica se adelantó, mientras que empujo con su pie la puerta y se dirigió rumbo a su visitante, con toda su ira le arrojo su bolso aun empapado de la lluvia.
-Miserable hijo de puta!-
Minos atrapo con destreza aquel bolso antes de que se estrellase en su rostro, ahora solo le quedaba lo más difícil, ósea lidiar con la fiera y es que Alba estaba como alma que lleva el diablo.
-Es tu manera de darme la bienvenida?-
La chica se le tiro encima y este la contuvo de los brazos salvando su rostro de la evidente paliza que la joven deseaba darle.
-Seis meses, me dejaste sola durante seis meses, viviendo un infierno de vida y quieres que te abrace? Debes estar contento, debes estar regocijante de tu gran venganza.-
-Cálmate Alba, no sabes lo que dices.-
-Que no lo sé, claro que lo sé. Hubiese podido quedarme en el inframundo con mi padre, o sirviendo a Azrael o a tu señor Hades, pero no, decidiste traerme de regreso sin siquiera negociar con tus señores!-
-Era por tu bien, estabas enferma! La energía del inframundo podía traer una reacción a tu estado celular.-
-Es mentira lo que pasa es que me odias, me odias por lo de aquella vida donde nos matamos! Querías vengarte de mí, fue tu plan desde el principio!-
-Basta Alba!-
Los rostros de ambos se acercaron peligrosamente, pero ella aún estaba furiosa más bien dicho dolida. Fue la primera vez que él pudo leer a través de sus ojos, y así se percató que sus ojos tenían forma de galaxias, demasiado hermosos para ser de una simple mortal.
-Date una ducha y después hablemos.-
Alba comenzó a sollozar de tristeza.
-Para qué?-
-Para ti fueron seis meses pero para mí solo fueron dos meses y para otras almas han pasado decenas o centenas de años.-
Ella le miro atenta y su voz estaba rodeada de un triste sentimiento.
-El tiempo es relativo, no es así?-
El solo afirmo con paciencia mientras que se maldijo a si mismo por no haber ubicado otro tiempo más corto para rencontrarse con ella. Estaba tan desbordado en su tribunal que no se percató que entre el mundo de los vivos y los muertos la barrera temporal es amovible y extremadamente relativa.
-Bañate y después de cenar charlaremos.-
-Cenar?-
-Te preparare algo, pero tu ve a la ducha y ya!-
Alba hizo un gesto de molestia y se quitó la blusa mojada frente a él quien la miro curioso.
-Sigues teniendo buenas tetas, Albita.-
Esta le arrojo la blusa mojada que por su descuido le cayó directo en la cara.
-Me lo merezco por pendejo la próxima vez me compro un reloj con los mortales.-
Su sonrisa sardónica se extendió sobre todo al ver el dedo de en medio que Alaba le mostraba a la vez que se dirigía al cuarto de baño para seguir las órdenes del señor Juez. Minos se sentía de regreso en una energía bastante agradable, como la de un hogar.
-Esa es mi Albita, mi rosa venenosa.-
Después se dirigió a la pequeña cocina y colocándose un modesto delantal comenzó a preparar la cena, no sin antes hacer una que otra remarca.
-Maldita sea Alaba en qué estado tienes este artefacto, sabes se limpia de vez en cuando!-
-Cállate Minos!-
