Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.


.Sinsajo.

Peeta Mellark luce de maravilla en su costoso traje blanco marfil. Sus expresivos ojos azules carecen de chispa cuando miran las cámaras frente a él y sonríe por compromiso. Aún se adapta a la prótesis en su pierna, estar de pie no es nada cómodo y ciertamente Snow se está alargando en su discurso. El joven de dieciocho años espera pacientemente a que la multitud aplauda a su gobernante antes de hacer una venia.

Observa a los estridentes personajes del gentío a sus pies, el decorado extravagante y los fuegos artificiales que simulan la silueta de su rostro. El vencedor de los Juegos número Setenta y Cinco, el tercer Vasallaje de Veinticinco ni más ni menos, vitorea Caesar Flickerman en una pantalla y él alza altivo el mentón. El hombre de cabello blanco coloca una corona en su cabeza, un gran aro dorado que bien podrían ser esposas, porque ahora Peeta es un prisionero, uno muy costoso.

La vuelta al Doce es larga a pesar de la velocidad que lleva el tren que según la escolta es una locura. Lleva pantalones largos, piensa que de ahora en más ese será su atuendo. No la ha visto a detalle y aunque se asemeja a una pierna normal, él sabe que es falsa y eso le asquea. Hubiera preferido morir, una y mil veces antes de tener que regresar al distrito minero. No buscaba salir cosechado claro está pero, estando en la Arena, la idea de la muerte parecía una utopía. No volvería a ver a sus hermanos y a su padre pero se libraría de su maldita madre, quien seguramente ahora le consideraría su hijo favorito por todo el dinero que tendría en su cuenta.

La razón principal por la que Peeta deseaba la muerte yacía a casi un kilómetro de la que era su casa antes de ser coronado vencedor del tercer Quarter Quell. Una casita de madera dentro de la zona más pobre del Doce. En realidad, en el hecho de que esa casa estuviera vacía. Ahí se encontraba la razón de su agonía.

Katniss Everdeen vivía ahí y cinco años atrás se había esfumado en el aire, ella y su familia. Pocos lo habían notado, y él no debía ser uno de esos, pero estaba locamente enamorado de la niña de trenzas y ojos color plata. Se había ido y él quería ir con ella a donde sea que estuviera, incluso a la oscuridad de la muerte.

Su madre chillaba de emoción en cuanto puso su pie falso sobre la sucia estación del Doce. Se abalanzó sobre el rubio y le estrujó en sus brazos. El chico buscaba los ojos de la chica con la que soñaba cada noche pero no estaba ahí. Su padre le apretó el hombro y sonrió con pena. Se alejan de la multitud que fue a recibir al vencedor luego de algunos apretones de mano y fotos para las cámaras del Capitolio. El trayecto hasta su nueva casa fue corto y le sorprendió no encontrar allí las cosas de sus hermanos, solo su padre le acompañó a ver la lujosa casona en la Aldea de Vencedores.

— La panadería es nuestro hogar, este es el tuyo, te lo has ganado — el Señor Mellark lucía algunos años más viejo que cuando el rubio se fue.

— Apuesto a que madre no estaba de tu parte… — sonríe con sorna.

— Tu madre está orgullosa de ti Peeta.

— De mi dinero, papá, orgullosa del dinero que tenemos ahora…

— Que tienes, no quiero ni un centavo hijo, es tuyo, lo ganaste…

— No debí hacerlo, debí permitir que Cato me matara —observa la lujosa sala.

— Pues a mí me alegra tenerte de nuevo — el hombre sonríe y en su mejilla se forma el mismo hoyuelo que a él cuando imita la mueca.

~ PEETA POV ~

El final de la Gira es un alivio. Al menos por unos meses estaré en paz. La Serpiente, como le llama Johanna, me lo dejo saber en la fiesta del Capitolio. "Tus servicios no serán requeridos por un tiempo Peeta, hasta que nos volvamos a ver, sé un buen muchacho". Realmente admiro las agallas de Finnick para seguir con esto luego de tantos años. Sé que no habría seguido el camino de la vencedora del Siete, antes de ser coronado nunca me negué a hacer lo que otros mandaban sobre mí, no iba a empezar por negarle a Snow que venda mi cuerpo, mucho menos si es mi familia la que sufrirá las consecuencias.

Le he agradecido al pescador el gesto varias veces. Una carta de su puño y letra llegó a mi casa en la Aldea unos días antes de que la Gira empezará. Su advertencia me heló la sangre y sin embargo no me pareció descabellada, muy propio de este gobierno. Le hice caso, no me negué. Cada noche en cada uno de los distritos excepto el mío, fui usado como un juguete y desechado en medio de la noche. Por suerte acabó anoche con la última mujer del Capitolio.

Hoy me han dado la noche libre y Haymitch me obligó a ir a un bar con él. Tampoco iba a dejarle solo, su control es nulo y debemos salir temprano mañana, alguien tiene que estar con él para recordarle que debe volver al Doce. Nos hemos alejado del lujoso hotel en el que estamos registrados porque mi mentor conoce un buen lugar, dice.

Llegamos a "Nightlock" un rato después, es un pub 24 horas con bailarinas y bailarines para todos los gustos. Una mujer con muy poca ropa y con la piel de un tono amarillo nos conduce a la mesa predilecta de mi acompañante, justo frente al escenario. Haymitch ordena whisky para ambos sin siquiera consultarme y la camarera desaparece. A los minutos, un hombre con un smocking turquesa de lentejuelas se coloca en medio del escenario.

— Bienvenidos sean todos al show nocturno de Nightlock, esta noche tenemos invitados especiales — sentencia con voz firme señalando hacia nuestra mesa, Haymitch alza su copa y le imito — para los honorables vencedores del Distrito Doce y ustedes, queridos amigos... Sinsajo y las aves danzantes.

Se pone oscuro de pronto, quedando encendida solo una luz en medio del escenario. Pronto, ese lugar es ocupado por una bailarina, aunque en la penumbra puedo ver algunas otras. Una melodía rápida llena el ambiente y la mujer empieza un baile provocativo que pone a la mitad del pub a gritar, hombres, mujeres, incluso Haymitch le dedica un silbido. Está apenas a unos pasos de nosotros y puedo ver su incomodidad, su pesar y en algún momento cuando nuestras miradas se cruzan repentinamente algo cambia. La expresión en su rostro se transforma bajo el cargado antifaz. Lo noto en su mirada gris ligeramente más turbia, en la línea fina que son sus labios antes curvados en una falsa sonrisa, está disgustada.

La coreografía perfectamente coordinada se extiende por algunos minutos. Es erótica, eso es seguro. La poca ropa, el rostro cubierto apenas que insta a saber más, las pelucas a juego, rubias y cortas hasta los hombros. Son como diez jóvenes danzando sobre el escenario pero no puedo quitarle los ojos de encima a la que inició el show, siento mí cuerpo responder a las insinuaciones de su danza y me odio por ello. Su danza me altera, su cuerpo moviéndose al compás de la música me distrae por completo del resto de los personajes que me rodean. No puedo quitarle los ojos de encima y no entiendo ni por qué.

En algún momento acabé cediendo al impulso y bebí el brebaje que mi mentor ordenó para mí. Pido algo más ligero y seguimos observando el espectáculo al que se le han sumado bailarines semidesnudos y claramente aceitados para el deleite de las damas y caballeros presentes.

El espectáculo acaba y sigo con la mirada a la bailarina hasta que desaparece tras bambalinas. El presentador vuelve al escenario cuando este ha quedado vacío. Carraspea y el público cesa los gritos.

— Señoras y señores esperamos que el espectáculo haya sido de su agrado — pausa para aplausos y alabanzas del público — excelente, damos comienzo a la subasta.

— ¿Subasta? — le susurro a Haymitch que está tomando su chequera.

— Subastan a las bailarinas y bailarines… ya sabes para pasar la noche — me guiña el ojo y ríe con ganas burlándose de mí, noto el calor volando a mis mejillas.

— No me acostumbrare nunca a este lugar— mascullo intentando borrar la mueca de asco de mi rostro antes de dedicarle una mirada al lugar por donde desapareció la bailarina principal — tomaré aire.

— ¡Pídeme otra copa cuando pases por la barra rubito!

Nunca es de noche en el Capitolio. Es tan diferente a mi distrito, nosotros podíamos pasar días sin electricidad. Estas personas tienen tantas luces prendidas que viven en un eterno atardecer. Estoy fuera casi media hora, esperando que aquella grotesca función acabe, preguntándome si el ebrio de Haymitch habrá comprado alguna jovencita y acabaré volviendo al hotel a solas. Furioso por alguna razón de que aquella chica de ojos grises será vendida al mejor postor para ser ultrajada.

Al entrar de nuevo a Nightlock, el calor me resulta desagradable, igual que el olor a rosas que parece predominar en todo el Capitolio. El presentador ríe a carcajadas, anuncia que la subasta ha finalizado y que los cuartos están dispuestos. Invita a los bailarines a prepararse y a los ganadores a acomodarse en sus cuartos asignados. Suspiro de alivio al ver que ha terminado. Pido un whisky extra para mi mentor y un gin tonic para mí. Cuando el extravagante barman me entrega las copas me dirijo a la mesa. Haymitch sigue ahí, lo que significa que no ha comprado, extraño, si piensas que nadie en este lugar puede tener más dinero que un vencedor.

— ¿Te han arrebatado la compra? — me quita el vaso de las manos.

— Para nada — sonríe ampliamente bebiendo el contenido del vaso de un sorbo.

— Y ¿Por qué sigues aquí? — creo que es una pregunta normal, así que me sorprende la larga carcajada que brinda como respuesta mientras bebo a sorbos mi bebida.

— No he comprado a alguien para mí panadero…he pagado una fortuna para que estés con la principal — me guiña un ojo.

— Estas ebrio Haymitch, pide tu dinero de vuelta y vamos — los ojos grises se me aparecen en la retina, el disgusto en su mirada al cruzar la mía.

— No hay reembolsos — deja con fuerza el vaso vacío sobre la mesa y los hielos tintinean — te he visto, no le has sacado la vista de encima Peeta…

— Estás demente.

— Sip pero también sé que un vencedor puede elegir con quien revolcarse solo de vez en cuando.

— No iré — sentencio dejando varios billetes sobre la mesa — me vuelvo al hotel, pide tu dinero devuelta Haymitch.

— Señor Peeta… su cita le espera — es el presentador nuevamente.

— Es un error — comienzo a decir, me toma del brazo con cierta fuerza — yo no pagué por ella yo…

— Su amigo le hizo un regalo, disfrútelo.

Me arrastra hasta el otro lado del escenario, no le quito la mirada de odio a Haymitch hasta que ya no le veo. Un largo y estrecho pasillo se extiende ante nosotros. Cada unos cuantos metros hay puertas rojas con números. El hombre me tiende un papel y asegura que "Sinsajo" aparecerá en algunos minutos. Camino lento, debí irme cuando tuve la oportunidad, dejar a mi desagradable mentor solo y volver al hotel. Ahora debo enfrentar a una chica y decirle que no me acostaré con ella por más que mi mentor haya pagado una fortuna.

Sinsajo, reconozco el nombre por supuesto. Es el ave más conocida en todo Panem después de su progenitor el charlajo. Son aves bastante comunes, puedes verlas en tu jardín o en la pradera, en casa al menos. Solo hay algo que puede distinguirla de cualquier otra, la capacidad de repetir en un coro infinito la melodía que le cantes. Ella, mi querida Katniss le cantaba a los sinsajos. La vi algunas veces cuando la espiaba después de la escuela. Ella se internaba en el bosque con su padre y cazaban y cantaban. Aún recuerdo que cuando la niña cantaba, los sinsajos oían mudos y luego repetían su canción. Katniss, a veces le extraño tanto.

Entro en el cuarto 23. Luces tenues, una enorme cama circular con sábanas color vino y una música que invita a todo menos a dormir. He estado en moteles antes y todos lucen parecidos. Desagradables y vulgares. Me siento al borde de la cama y desajusto el primer botón de mi camisa, me tiendo en la cama, solo un minuto. La temperatura del cuarto es cálida, quizás demasiado, lo suficiente para mantener el ambiente, supongo.

— Buenas noches… — suspira pesadamente — cariño.

— ¿Perdona? — me incorporo de pronto, está completamente desnuda a unos cuantos pasos de mí, sus manos apostados en sus caderas, lleva un sinsajo tatuado en el inicio del pecho, no le oí entrar.

— Mellark — chilla y se voltea dándome la espalda, otro sinsajo en la parte baja de su espalda parece estar volando por su piel, me detengo en el tatoo antes de correr la mirada.

— ¿Esperabas a alguien más? — me pongo en pie, me quito la camisa y la dejo sobre sus hombros, es realmente hermosa, debo respirar pausado, más lento aún.

— Haymitch Abernathy — murmura, me alejo unos pasos para no intimidarla — el pujó por mí.

— Digamos que eres un obsequio Sinsajo… por el fin de la gran Gira de la Victoria — hay sarcasmo en mi voz, espero lo note.

— Un obsequio para Peeta Mellark, el gran ganador de los Septuagésimo quintos Juegos del Hambre — sigue susurrando, voltea a verme tiene puesto el antifaz, se queda muy quieta al verme semidesnudo ante ella — yo debo sentirme honrada…

— No te preocupes — acoto rápidamente— no me acostaré contigo.

— ¿Qué haremos las siguientes cuatro horas? — fuerza la voz pero me mira a los ojos, y es extraño, me es familiar.

— No sé, charlar — me encojo de hombros antes de volver a sentarme al borde de la gran cama.

— ¿Charlar? — doy algunas palmadas en la cama, sigue parada frente a la puerta sosteniendo la camisa que puse en sus hombros, aun puedo ver el contorno de sus pechos y el ave asomando por la tela.

— Sí supongo que es extraño para alguien como tu….

— ¿Alguien como yo? — musita, creo que le he ofendido.

— No fue mi intención.

— Seguro — termina de abrochar los botones de la camisa y se sienta al otro lado de la cama.

— Bonitos tatuajes — volteo a verle pero me evita.

— Los hice hace un año cuando entré a trabajar aquí.

— ¿Por qué aquí? No pareces a gusto.

— No había otra salida… no estoy a gusto contigo, so-soy muy profesional en mi trabajo.

— ¿Por qué soy un vencedor? — se supone que es algo bueno, todas y muchos quieren acostarse con un vencedor.

— No exactamente, más bien porque eres Peeta Mellark… hijo de los panaderos del distrito Doce, supongo que en tu último año escolar con buenas notas, te encargabas de glasear las galletas para tu padre y pintabas muy bien.

— ¿Disculpa? ¿Quién eres? — me abalanzo sobre ella, algo en su voz me remueve los recuerdos, la forma en la que ha dicho mi nombre.

— Quítate — musita, evita mi mirada pero no hace nada para que me mueva, ni siquiera tiembla.

— ¿Quién eres? — repito, pero no me mira ni responde, arranco la máscara junto con la peluca rubia y me alejo tanto como puedo hasta tocar la pared del cuarto con mis manos— No…

— No sabes quién soy — parece desilusionada, sus ojos grises como la tormenta se funden con mi mirada se sienta en la cama sin quitarme la vista de encima ahora.

— Se perfectamente quien eres — siento el corazón a punto de salirse por mi garganta— Katniss…


Ok I'm back to business. Bienvenidos a Los Juegos del Hambre una vez más. Sé que probablemente nadie lea esto jaja soy consciente, pero estaba en mis borradores y me fascina la historia (tengo dos capítulos) así que quien quiera saber más déjenme un review y seguiremos sumando ffs a este fandom hasta que Collins publique algo más.

Con cariño atentamente, Anna Scheler.