Aquel día, la raza humana recordó brutalmente que vivía atemorizada por ser objetos de dominio en lo que era conocido como la vida fuera de la jaula llamada: muro.

Año 842

La vida fuera de los muros se desarrollaba entre un sin de cambios abruptos en el vivir de personas, pero existía una cosa que por más opiniones tuviera, solo llevaba a respuestas y contra-respuestas que dejaban en evidencia que la opinión de la gente solo estaba basada en mera historia de miles de año, intentando con poco animo repetir patrones, haciendo que el miedo, la fuerza y el someter sean razones suficientes para establecer las diferencias de unos sobre otros.

— Vamos. . . No seas tan duro conmigo. —Murmuró Tom Xaver, actual portador del titan bestia y encargado de investigación del área militar perteneciente al ejercito de Marley. A duras penas logró frenar la pelota que se estampaba en su viejo guante de beisbol y un paso en falso atrás fue suficiente para que cayera sentado en si mismo.

Un Zeke Jaeger de unos 17 años, vestía una camisa junto a unos pantalones cortos que dejaban en evidencia su entrenamiento como soldado, su cabello era corto y de un rubio claro, donde se notaban ciertas hebras rizadas que comenzaban a nacer. El joven que había lanzado la pelota corrió al auxilio del mayor y lo ayudo para ofrecerle su brazo como soporte para ponerse de pie.

—No era mi intención, señor Xaver.

Continuaron lanzando la pelota de mano a guante por un par de horas hasta que comenzó anochecer. La vida dentro de los campos de entrenamiento era dura, hasta el punto que se ejercitaba sin parar, las condiciones eran extremas con el fin de llevar al máximo la habilidad humana y no se admitían errores de por medio. Al fin y al cabo, estar allí era un símbolo de lealtad a la nación de Marley, que si bien otorgaba está opción, estaba sujeta a terminar de la peor manera. S tus acciones se consideraban una amenaza, falta de respeto o incluso fuera de las normas sociales de una relación jerarquía que llevaba una asimetría de trato a diferencias colosales. El ser condenados a convertirse en titanes sin conciencia mental y física, era el peor de los escenarios que en lo que podía terminar un eldiano sometido, vagar en una constante pesadilla que llevaba tus pensamientos convertirse de una forma retorcida donde no había vuelta atrás.

En eso se basaba la vida fuera de las murallas. Una constante vida entre guerras, corrupción y temor por vivir en un sistema que confiaba en que los poderes titánicos y las creencias antiguas, aun eran lo suficientemente fuertes para enfrentar al mundo e imponerse ante naciones vecinas, derribando cualquier acto de soberanía y seguridad. Bajo esta lógica, mancharse las manos solo podría considerarse un medio más para el logro de objetivos.

La sub-unidad perteneciente al ejercito, más bien eldianos voluntariados asociados a la milicia por esa hora volvían a sus casas luego de extenuantes horas de trabajo pesado y un estresante sistema de presión hacía sus cabezas que los hacían ser sometidos cumpliendo órdenes superiores sin cuestionar ni objetar. Niños y jóvenes de diversas edades, se introducían a las dependencias militares donde son adoctrinados e inculcados en la creencia de que su raza solo le ha traído problemas al mundo, dado que son los únicos seres humanos capaces de convertirse en titanes. Con esto, viven con esperanza de ser lo suficientemente capaces para convertirse en guerreros honorables y dejar las zonas de internamiento para vivir como ciudadanos reconocidos por ser portadores algún poder de los 9 titanes descendientes de Ymir Fritz.

Zeke se abrió paso entre todo la masa de gente. Muchos lo saludaron reconociendo sus habilidades físicas y mentales, como también el hecho que sería el heredero del titan bestia y por que no, una promesa para el ejercito, donde luego de la traición a sus padres, sirvió para empoderar y demostrar su devoción a la nación que no hacía más que cometer actos de injusticia contra su gente, sus padres y hacía el mismo. Era una leyenda viviente y un ejemplo a seguir para muchos, lo consideraban una persona capaz de movilizar a todos por un objetivo en concreto. Pero no por todas esas características brillantes que daba la gente: fuerte, inteligente, honorable, fueron suficiente para que un breve recuerdo de ver a sus padres siendo llevados por los que ahora son sus colegas, desapareció fugazmente y fue enterrado en lo profundo de sus pensamientos, interrumpidos por un gran estruendo que se escucho, siendo capaz de mover el piso y posterior un humo negro que se vio venir de las oficinas principales del perímetro definido por la ocupación militar.

Todos los cadetes, altos rangos y gente presente corrió hasta la zona donde se identifico un tumulto de gente que observaba la escena atónitos.

Se estaba quemando los registro militares de tecnologías e ingenierías aeronáuticas, es decir planos, dibujos, bocetos y piezas creadas por gente al servicio buscando aumentar las posibilidades de desligarse del poder titan o a la vez poder potenciar este con ayuda de la tecnología y evolución de los recursos de la nación. Zeke pasó entre la gente que estaba atenta a lo que se apreciaba y llegó adelante donde vio al señor Xaver que intentaba dialogar a favor de la situación. Entre soldados armados que apuntaban a un hombre que tenía entre en sus manos lo que parecía un artefacto explosivo de alto calibre, altamente destructivo y letal. El hombre prisionero de sus pensamientos retorcidos, llenos de odio y rencor hacia sus superiores, el lugar donde vivía y la libertad arrebatada, que nacieron del someter de Marley ante las habilidades perfectas e intelectuales: Johann Miztler. Un ingeniero y estudioso matemático brillante que fue obligado a prestar su cabeza al ejercito, con el fin de crear las armas más poderosas, únicas y letales, que fueran capaces de brindar poder e imponer un respeto de los demás hacía la nación que juró lealtad.

— Johann, entiendo que estés confundido. . . —Expresó Xaver, buscando el dialogo ante la amenaza que significa esto. Si esa bomba era activada, probablemente afectaría un importante perímetro del lugar y sería suficiente para acabar con toda el área administrativa e inteligencia que ardía en llamas desde el fondo.

— ¡Tu no entiendes nada! ¡Todos somos prisioneros de este maldito circulo vicioso que no terminará nunca! —Gritaba el hombre, como si estuviera envenenado y desesperado por transmitir sus pensamientos.— Lo único que ha pasado en todos estos años es que me vi obligado a colaborar con unas mierdas, apoyando sus ideas de que podrían imponer y matar todo lo que estaba a su paso. . . ¡Adelante! háganlo. Tomen una vida más corrompida que al menos les podrá decir en su cara la mierda que están haciendo en este mundo. . .

El hombre fue interrumpido en su discurso de odio y rencor hacia un país que lo había utilizado en contra de sus propia moral y ética. Un disparo en la frente fue suficiente para que cayera al piso y todos intentaran evitar mirar como el charco de sangre comenzaba a nacer y el sonido de las llamas realzaban la escena, como si fuera una real novela épica, donde el protagonista muere honorable e impune de culpa, al fin y al cabo, cumplió su objetivo.

— ¡¿Qué mierda creen que hacen?! —Gritó Magath bajando el arma que había sido utilizado para aquel trágico final.— ¡Muevan el culo y salven lo que puedan de fuego!

Así todos comenzaron a dejar sus bolsas con pertenencias en el suelo y se apresuraron en traer agua, arena o lo que pudiera servir para cesar las llamas. De paso que entre todos sacaban cajas con archivos que pudieran ser rescatadas y no perder información valiosa en el acto. Todo servía, cualquier pedazo de papel que no fuera consumido implicaba una luz de esperanza para establecer que Marley seguía siendo una potencia en comparación a otros. Zeke corrió hacía el señor Xaver y lo miró con una expresión de horror en su rostro por lo que había pasado. El mayor ni siquiera fue capaz de sostener la mirada y la llevo al piso tomándose la cabeza en un acto de que aquello iba a acarrear problemas hasta las últimas consecuencias para todos.

Ayudaron en lo que pudieron en aquel lugar, debido a que el fuego se propagaba rápidamente por la madera y al ser viejas construcciones, no había mucho que hacer. Vieron como el cuerpo de aquel hombre era sacado y arrastrado fuera del perímetro de visión, para quien sabe donde terminar. Al fin y al cabo, un cadáver más en la pila que existía en los hombros de todos.

El lugar olía a gases contaminantes y si bien se había disipado todo el horror y caos que reinó, había una expresión de tristeza y culpa por parte de todo el grupo eldiano. Razones no faltaban en las palabras del fallecido Johann, pero solo quedaba en eso. Palabras que probablemente jamás se podrán decir abiertamente, como lo hizo el. Claro estaba que aquel episodio brindaba una polémica en como sería recordado, basándonos en dos extremos: como un completo estúpido que sacrifico su vida por un par de gritos de verdad, pero para otros sería un completo héroe que aún así logró golpear a todos donde más le podía doler: en su mismo avance y estrategia.

El cielo estrellado solo servía para hacer más ameno lo que cualquier persona pensaba en ese instante. Sin embargo, el silencio incomodo que había de por medio fue interrumpido cuando unos hombres con armas entraron con dos mujeres que gritaban como si no hubiera fin. Todo el mundo se dio el momento de contemplar la escena que había a continuación. La señora Meztler y su hija, eran llevadas a arrastras por los hombres con el fin de obtener información o algo que pudieran decir acerca de lo que había pasado. Sus voces de terror y auxilio, se escuchaban y retumbaban el corazón de quienes presenciaban la escena, ya que al fin y al cabo todos conocían en que iba a terminar aquello: mañana a primera hora, serían condenadas a vagar como titanes sin consciencia por la isla Paradis.

Zeke se puso de pie inmediatamente, ya que estaba sentado revisando algunas cajas de lo que había sido salvado y siguió con la mirada a Jenell Metzler, hija del tipo que había sembrado el caos. La conocía por que vivía cerca de la consulta médica de los Jaeger y tenía una edad cercana a él. Si bien no dijo nada y tampoco podría encontrar una solución para aquello, un sentimiento amargo presionó su corazón cuando sus ojos se encontraron al ver que sollozaba por ayuda y clemencia de las acciones de su padre.

— Lo entiendo Padre, Madre. Así se siente ser traicionado.

. . .

La luz del cuartel general no se apagó en toda la noche, incluso por la madrugada antes que amareciera el movimiento en las dependencias del ejercito estaban activas. Se rumoreaban entre cadetes información y al final, nadie era capaz de decir algo con certeza y mirar a los ojos en el acto. Todo era especulación y una honda de tristeza por la situación. Nadie podía hacer nada. Al mismo tiempo, tampoco nadie quería hacer algo.

Al primer rayo del sol un grupo de militares del ejercito llevaban a ambas mujeres que tenían signos de tortura y desgaste físico por una posible tortura de información hacia el limite de la isla Paradis. Le sacaron las vendas a ambas y fue así que después de horas separadas, volvieron a verse a los ojos por unos segundos. La gravedad de la situación no les permitió ser capaces de aguantar la mirada de una sobre otra ante el daño que se había cometido en ambas. Sus mentes fueron contaminadas con un sin fin de mentiras para obligarlas a hablar, sus cuerpos fueron maltratos buscando extirpar algo de información útil. Al final no existía nada. Ellas no sabían nada.

El sonido de los pájaros recién despertando adornaban la terrible escena, como si hubieran estado esperando por ellos para ejecutarse. El sonido de la muerte, se tornaba más agradable que de costumbre. Un sollozo proveniente de la mujer mayor y gritos de parte de capitanes que exigían una vez más que dijeran todo lo que supiera, eso resonaba con un eco por el desierto muro que separaba el mar del infierno. Al fin y al cabo, ninguna de las dos tenía el suficientemente conocimiento para entender las razones de Meztler y mucho menos, vivir con el hecho de tener que pagar por el daño que el había cometido al iniciar un atentado contra el ejercito. La chica en cambio miraba el suelo con sus ojos entre cerrados, las lagrimas habían sido borradas de su rostro por no comprender que estuviera pagando el pecado de su padre y mucho menos ser arrastrada a su corta edad a condenarse como una titan. La traición y rabia, habían consumido sus ganas de vivir al punto que probablemente realmente su padre se trastornó y fue preso de la necesidad de hacer algo cambiando lo establecido. Al final a vista de ellos fue lo suficientemente patético para no asumir su posición en el mundo y quedarse callado viviendo una vida que no fuera amenaza a ella y por que no, su madre.

—La cuestión es así. . . —Comenzó un hombre de edad avanzaba con un aspecto fornido, alto y una voz gruesa al hablar, paseándose de extremo a extremo como si fuera a recitar palabras que están grabadas en su mente, como un dialogo o una poesía antes de matar.— ¿Ustedes creen que somos lo suficientemente estúpidos para creer que no saben nada de lo ocurrido? ¡No solo son unas eldianas de mierda despreciables por el hecho de cooperar con un acto de vandalismo y falta a la patria de Marley! si no que además son tan patéticas que tendrán que vivir condenadas pagando la culpa de otro...Ni siquiera son capaces de dimensionar que lo ocurrido no afecta a una persona o un grupo, si no a toda la nación, que lo único que debería hacer es poner esfuerzo en erradicar a todos ustedes. . . No negaré que fue una buena idea utilizar a la mierda de Johann para avanzar en los intereses personales del ejercito, al fin y al cabo el gobierno depende de nosotros. Les deseo una buena vida como titanes en el paraíso. —El hombre saco de su bolsillo una caja metálica que indicaba el terror. La inyección de suero de titan fue sacada de aquella especie y el hombre la tomó con habilidad entre sus dedos como si en el pasado hubiera sido protagonista de múltiples veces repetir este ritual, lo que le permitía en ese momento poder probarla sin siquiera mirar. — Entonces. . . ¿Cual de las dos va a hablar? vamos, muéstrenme que incluso escorias como ustedes pueden traicionarse.

Al pronunciar esas palabras Jenell levantó la mirada espantada hacía su madre y con los ojos atentos la miró sollozar hacía ella y en ese momento supo lo que iba a pasar, una doble traición por la única persona que en ese momento le quedaba en la tierra. Escuchó a la mujer mentir acerca de la situación y la manipulación que existía de nuestro padre hacía nosotras, que eramos constantemente presas de sus cambios de humor y que se evidenciaba un rechazo desde el primer momento hacía Marley incitando a guardar en casa información secreta sobre tecnologías jamás reveladas que había creado. La chica paralizada de ira y cólera comenzó a gritar.

— ¡Eres una mentirosa, padre jamás nos hizo participe de sus asuntos de trabajo! ¡Solo estás diciendo esto por que no quieres morir! ¡Al fin y al cabo eres igual de despreciable que él, solo estás pensando en salvar tu pellejo y dejarme morir ante la presión que nos están colocando! —Escupió la chica, contenida de rabia, sin siquiera controlar las gotas de saliva y el chirrido de sus dientes que intentaban controlar que no dijera algo fuera de lugar.— ¡Si quieren salvar a una de las dos, yo estoy dispuesta a asumir los pecados de mi padre y recuperar todo el trabajo que el destruyo! ¡Yo me haré cargo de diseñar hasta la última arma necesaria para probarles mi lealtad!

Esas palabras fueron suficientes para que el militar clavara la jeringa en la mujer mayor y de un empujón tirarla por el barranco hacía la tierra, donde se sintió su grito de terror y posterior un rayo que nació llevó a contemplar la imagen de madre convertida en un titan que vagaría por siempre en la isla. Jenell observo la escena atónita. Fue un momento infinito y que quedó grabado en su mente, hasta el punto que lo sorprendente de lo que había pasado, liberó la presión de no morir. Fue traída a la realidad cuando sintió como le dieron un último golpe a la altura del estomago y posterior la soltaron de las manos, dando paso a liberarla del cautiverio.

— Se nos olvidaba que tu también tienes habilidades intelectuales. —Murmuró aquel hombre, guardando la caja en su abrigo.— Desde este momento trabajaras para la milicia de Marley como parte del departamento de inteligencia y armamento. . . Cualquier locura que se te ocurra hacer, ni siquiera nos molestaremos en mandarte al paraíso como tu madre o dispararte en la cabeza como a tu padre, posiblemente te quememos viva en alguna parte. Así tu primer encomienda será decirnos donde está la información creada y jamás enseñada.

La chica se puso de pie con dificultad, debido a que no llevaba zapatos y había sido amordazada y torturada por toda la noche, una marca en su boca y algunos moretones en sus brazos fueron suficiente para probarlo. Se enfiló en señal de respeto y desde momento, asumió que su rol en este mundo era otro. Miró la espalda de su madre titan avanzar por la planicie y alejó de sus recuerdos toda imagen afectiva que alguna vez existió. En algunos libros de ciencias de su padre que estaban apilados en grandes estantes, llevaban pequeñas frases que acompañaban o intentaban hacer entender al lector que el material de aquel libro fue creado con un objetivo, un contexto y como tal, podría seguir desarrollado. Todo podía cambiar y no era la verdad absoluta.

—Si señor. —Espetó la chica con voz fuerte y clara, para perderse en el amanecer con el sol imponente y enorme que se hacía ver en aquel momento. "Aquel contenido nace de la necesidad del ser humano por sobrevivir. La curiosidad por saber, el experimento que llevara diversos ensayos y errores, y las hipótesis que formularemos a través de todo esto, solo son cosas que necesitamos tener y hacer, de ese modo lo que logramos probar hasta el momento, puede ser cambiado y mejorado en el futuro." — Con aquel párrafo que existía en algún viejo libro, nació su nueva voluntad en este mundo que está mal: sobrevivir.