Hola a todos!
Lamento haberme desaparecido por tanto tiempo, pero espero poder estar más activa a partir de ahora, por lo menos hasta marzo.
Para todos los que han estado siguiendo mis trabajos, los que no estaán como completados están en proceso de revisión (princapalmente porque los leí de nuevo y el "¿Qué carajo quise hacer acá?" fue una frase demasiado recurrente).
Mientras tanto, traigo material nuevo que pude rescatar de todas las cosas que tengo incompletas sobre esta ship.
Muchas gracias por leer y recuerden dejar sus comentarios, las opiniones siempre son bien recibidas \(^-^)/
El día había comenzado bien.
El sol brillaba afuera, y el profesor parecía no haber destruido su casa durante la madrugada. Megure no lo había llamado a las 3 de la mañana para resolver ningún caso con algún truco pobre y poco elaborado.
Despertó lo suficientemente temprano como para no tener que salir corriendo al instituto, incluso podría comer algo antes de irse y evitarse la bronca que Haibara le haría si descubriese que su espécimen de pruebas solía saltearse la comida más importante del día solo por dormir unos 20 minutos más.
Dejó la cafetera encendida y se cambió mientras el electrodoméstico hacia lo suyo, al igual que la tostadora. Estaba a punto de sentarse a comer mientras pegaba una leída a las noticias en el móvil, cuando escucho la puerta delantera abrirse.
- ¿Shinichi? ¿Ya estás despierto?
- Lo sabrías si te hubieses molestado en tocar el timbre.
La mueca disgustada de su novia se asomó por la puerta de la cocina y Shinichi sonrió como un idiota enamorado. Incluso molesta, era hermosa. Claro que no iba a decírselo directamente, pues era demasiado tímido, pero probablemente ella ya lo sabía. Después de todo, era su mejor amiga, y la había besado, aun si fue solo una vez, cuando ella lo había perdonado por el asunto de Conan. Todavía podía recordar la sensación de sus labios contra los suyos, sus dedos enredados en el cabello de su nuca, sus manos deslizándose por su cintura, el cosquilleo en su estómago, su coraz...
- ¿Me estás escuchando?
El chico Kudo regreso al presente, donde Ran lo miraba con el ceño fruncido y bastante segura de que el no había prestado ni una pizca de atención a lo que estaba diciendo.
- Yo... eh...
- Si o no, escoge.
- ¿Sobre qué?
- Lo dije hace un minuto, si no me hubieses ignorado para pensar en quien sabe qué, lo sabrías.
Shinichi lo meditó un segundo. Tenía dos posibilidades, o le había pedido algún favor o había preguntado algo. Si era la segunda opción, tendría que haberle repetido lo que quería saber, incluso si estaba molesta, por lo que definitivamente, ella quería que el hiciese algo. Y no sería capaz de pedirle algo peligroso o con lo que él no estuviese de acuerdo, porque las ideas peligrosas generalmente salían de él, ¿No?
- ...Si...creo...
Ran sonrió.
- Decidido entonces, me acompañarás a la fiesta de cumpleaños de Sonoko.
- ¿Eh? Pero pensé que para su cumpleaños iban a ir de compras o algo así.
- Sus padres organizaron una fiesta con otros empresarios relacionados con las empresas de su familia para el sábado, y le prometí que iría, pero de seguro estará todo el tiempo hablando con gente importante y no quería estar sola.
- ¿Y no le molesta que me invites sin su permiso?
- Me dijo que mientras no atraigas más cadáveres, estará bien, Shinigami-san.
- ¿Tú también vas a llamarme así ahora?
Shinichi se mostró abiertamente molesto por el tonto apodo que le había puesto el equipo de Megure, y que aparentemente, su querida compañera había decidido adoptar para cabrearlo.
- Es una broma, tonto friki de las deducciones... termina con eso y vamos, que se nos hará tarde.
Y fue después de zamparse el desayuno y salir a la calle que aquello que venía torturándolo desde que había regresado a su cuerpo normal, le atacó. Y su buen día se fue a la mierda.
Ran, como de costumbre, se aferró su brazo mientras caminaban hacia el colegio. Pero el problema no era la sensación de sus dedos entrelazados con los suyos, de ninguna manera. El verdadero problema era que Shinichi se había convertido, de forma repentina e inevitable, en un pervertido.
Y la presión de los pechos de Ran contra su cuerpo lo estaba matando.
No sabía como ni cuando había ocurrido. Pero, de un día para otro, se encontraba totalmente obsesionado con el busto de su novia. Apenas se distraía, se encontraba imaginando como se verían, con sujetador y sin el, como se sentirían en sus manos, que clase de ruidos haría ella si los tocara solo un poco. Claro que, al volver del país de los sueños, usualmente tenía que intentar enfocarse en cualquier otra cosa y ocultar la erección que probablemente tuviese en sus pantalones. Generalmente, el pensamiento del lunar en el trasero del profesor Agasa ayudaba.
Haibara había dicho algo sobre posibles desequilibrios en su sistema inmunológico, y que seguramente sufriría algún problema hormonal, consecuencia de su tiempo viviendo la vida de un niño, con el cuerpo de uno y la mente de un adolescente cuyos impulsos deberían estar reclamando atención, y no precisamente del tipo que involucraba al FBI, o a la CIA, o a la policía, o a alguna organización criminal internacional. Claro que él no había pensado que realmente eso se convertiría en un inconveniente, hasta que cada pequeña cosa le obligó a pensar en cierta parte de la anatomía de su pura e ingenua Ran.
Shinichi intentaba disimular la tensión que le generaba el esfuerzo de no tener pensamientos indecentes otra vez. Estaba recitando "La Señal de los Cuatro" en su cabeza, mientras su novia, tan inocente y ajena a la bestia que caminaba a su lado, parloteaba sobre trajes y vestidos.
El pobre chico necesitaba una solución. Pensó en decirle a Ran que le dejara tocarlos, al menos un poquito. Su imaginación le daba como resultado más probable a su cara estampada en la pared más cercana. También pensó en intentar seducirla, pero se dio cuenta de que no tenía ni idea de cómo hacerlo, y preguntarle a su mejor amigo estaba fuera de discusión, mucho menos a su madre. Por supuesto, Sonoko era una opción, pero no podía esperar realmente que con un "Hey, quiero meter mano a los pechos de Ran, ¿Me ayudas?" algo saliera bien.
Por ello, unas horas más tarde, Shinichi estaba a punto de explotar mientras su profesor de geografía hablaba sobre alguna tontería que seguramente ya sabía.
Ya era suficiente, necesitaba un plan.
Con el discurso sobre economías latinoamericanas de fondo, el reconocido detective adolescente ideó su plan más elaborado, y probablemente, el más estúpido, hasta el momento.
La operación "seducir a Ran".
Ya tenía el nombre, solo faltaba pensar que hacer.
O tener una idea al menos de cómo conquistar a tu novia.
O cómo convencerla para que te dejara tocarla, si iba al grano.
O como sobrellevar los politraumatismos si salía mal y lo mandaba derechito al hospital por pervertido.
