¡Bienvenidos al adviento de navidad de este año! Es kiribakudeku por tres razones: con los tríos de BNHA yo voy en plan gotta catch them all; porque me aburrieron las peleas kiribaku vs bakudeku (en serio, son ships de personajes ficticios y me gustan las dos) y mi mente sólo dijo «¿por qué no los dos?», y porque me dejaban comentarios en un fic con kirideku como pairing de fondo que no les gustaba ese ship (eh, pues no necesitaba saber) y yo muero por escribirlo. Está basado en una tabla de adviento que me hizo hitzuji y es un au de almas gemelas.

El ícono de portada es de tetramancer (en tumblr).

Palabra: festejo.


1. Una pelea sobre su piel

Hold your heart into this darkness
Will it ever be the light to shine you out
Or fail and leave you stranded
Or are you gonna be the one left standing?
You're gonna be the one left standing

Bulletproofheart


No es un festejo como tal, pero hay un ambiente tranquilo esa noche entre los estudiantes de la clase 1-A. Casi todo está bien.

Y el casi es sólo por un Shouto Todoroki mucho más callado de lo normal y un Katsuki Bakugo que estuvo todo el viaje de regreso a punto de explotar y al que Kaminari intentó hacer sonreír cuatro o cinco veces. Eijiro lo buscó antes de irse a dormir, pero ya no estaba por ninguna parte.

De todos modos, tampoco pensé con anterioridad lo que quería decirle.

Bakugo odiaba que le tuvieran lástima, así que un «lo siento» estaba fuera de toda consideración.

(Tampoco que a Eijiro lo motivara decirle eso, por supuesto).

Pero no lo encontró y ahora está viendo a su techo.

Es ahí cuando siente el primer golpe. O el primer amago de un golpe. No sabe cómo describirlo porque no hay nadie más en su habitación y nadie lo está atacando a él.

Simplemente, comprende, ese es el momento.

No suele pasar tan pronto. La mayor parte de la gente espera hasta pasados los veinte años para sentir por primera vez el dolor de su alma gemela. Algunos no lo sienten nunca. Hay historias de quienes lo han sentido desde niños. Y unos pocos lo sienten en la adolescencia y pasan años esperando encontrar a su alma gemela.

Hay estudios sobre cómo funciona esa predestinación, pero todos coinciden en que no tiene mucho sentido. Sólo se sabe, salvo que excepciones estudiadas hasta la saciedad, todo el mundo encuentra a su alma gemela. O almas gemelas. Existen esos casos.

Se ha intentado hacer mucha ciencia alrededor del concepto, pero, a diferencia de las singularidades, donde la investigación ha avanzado demasiado y a pasos agigantados, no se ha logrado casi nada. La existencia de vínculos como las almas gemelas es algo todavía mágico e inexplicable y quizá lo sea así para siempre.

Eijiro ha soñado demasiado con saber quién es la suya.

Lo único que puede adivinar, entre un golpe y el siguiente, es que está en medio de una pelea.

Y cuando lo piensa, lo que sintió no fue un puñetazo. No, así no se sienten los puños sobre la piel de alguien más. Fue algo más. Otro tipo de roce que se repite varias veces antes de detenerse. Y dolor en las piernas, como si alguien hubiera aterrizado de manera muy brusca.

«No me vas a dejar dormir, ¿eh?», piensa.

Ese es su regalo por haber conseguido su licencia provisional: Hola, Eijiro Kirishima, tienes un alma gemela que se está peleando en este momento en alguna parte del mundo.

Bueno, espera que sea de Japón.

(Las investigaciones poco fructíferas sobre las almas gemelas revelan que casi siempre suele haber cercanía geográfica, aunque nadie sabe todavía cómo funciona esa variable).

No vuelve a sentir nada durante un momento, y luego algo lo ataca en la cara.

Entierra su grito de sorpresa en la almohada, sobre todo porque Bakugo debe de estar dormido y odia que lo despierten (no duerme bien y Eijiro lo sabe porque puede oír las explosiones involuntarias que a veces suelta por la noche). Piensa un poco en el golpe. ¿Un puño? No. No. No era eso.

«¡Una patada!»

Y los golpes siguen, unos tras otros. En algún momento siente un puñetazo en la cara y luego alguien le pisa un brazo y sólo se le ocurre pensar que puede distinguir lo que está ocurriendo porque sabe pelear y lo ha hecho muchas veces desde que entró a la UA.

Entonces sólo se detiene y sólo se queda una leve sensación de malestar en las palmas de las manos. No sabe describirlo, pero quizá se parece a algo que…

Oh. No.

Oh.

Oh.

No.

«A veces duelen». Las palabras de Bakugo se clavan en su mente. «Después de demasiado esfuerzo. Se supone que estoy entrenando para que eso no pase, idiota».

A veces duelen.

«Es cómo un cosquilleo».

Y vuelve a repasar la secuencia de los golpes en su piel, una y otra vez, durante quien sabe cuántos minutos, hasta que se da cuenta de que ocurrió una pelea completa sobre su cuerpo. Y piensa en la patada en la cara. Y.

Oh.

Sí. Eso.

Midoriya patea.

Casi puede imaginárselo en su mente. Y las explosiones de Bakugo se sienten como roces extraños, debió de haberlas distinguido desde el primer momento. Pero nunca, ni en sus peores momentos, se imaginó que eso podría pasar,

Bakugo y Midoriya.

Ambos. Los dos.

Y Eijiro en el centro, sintiendo en su propia piel como se matan a golpes.

Lo repasa una y otra vez y se aguanta las ganas de gritar, porque no sabe si grita de emoción, de frustración o de pura desesperación, porque se siente muerto y agotado.

No reacciona hasta que oye a alguien caminar por el pasillo, intentando no hacer ruido. Al principio no se mueve, pero cuando se da cuenta de quién puede ser salta de un brinco de la cama.

Abre la puerta y, aunque ya sabe perfectamente que Bakugo no estaba en la cama, se sorprende de encontrarlo allí, intentando entrar a su habitación desapercibido. De un vistazo ve los rasguños y los golpes empezando a marcarse.

Se queda sin respiración y, cuando Bakugo voltea a verlo, ceñudo, no sabe cómo reaccionar.

«Hola, acabo de descubrir que eres mi alma gemela. Y que no eres la única y…»

—¿Estás bien? —pregunta, intentando no entrar en pánico por algo tan estúpido. ¿Habrá empezado para el también?, se pregunta. ¿Podrá sentir el dolor de Midoriya? ¿O sólo lo habrá confundido con el suyo?

—Tsk.

—Creí que estabas dormido —añade Eijiro—. Te estuve buscando.

—Tsk.

Quiere decir «¡seguro lograrás conseguir tu licencia la siguiente vez!» y sonreírle para animarlo, para demostrarle que no duda de él —porque nunca lo ha hecho, desde el primer momento Bakugo fue alguien que brilló frente a él—. Pero con tan sólo un vistazo se da cuenta que está destruido y que hay una desesperación en su rostro que probablemente lo está rompiendo a pedazos.

—¿Estás bien? —insiste Eijiro.

«Dime que no y entonces podremos hablar de esto», piensa. Pero desde antes que la boca de Bakugo se abra, ya sabe que no lo conseguirá.

—Sí, idiota —responde—. Estoy suspendido —agrega, después de un momento—. Tres días. Asegúrate de tener unos apuntes decentes.

Eijiro sonríe, pero la sonrisa no le llega a los ojos.

—Claro.

En ese momento, agradece que las almas gemelas sólo sienten el dolor físico, no el sentimental. Si sintiera el de Bakugo, sospecha, estaría hecho pedazos.

Desea abrazarlo. Pero no se mueve de su puerta, porque no quiere ser invasivo.

—Duerme bien —agrega.

—Tsk.

Y Bakugo abre su puerta antes de que Eijiro tenga tiempo de decir algo más y la cierra detrás de sí. Eijiro se queda con un montón de palabras no dichas y deseos que no sabe todavía formular viendo la puerta cerrada sin entender qué ocurrió.

Sólo queda, en su memoria, el testimonio de la pelea entre Bakugo y Midoriya —no pudo ser nadie más— que en algún momento existió también en su piel.


Notas de este capítulo:

1) Síiii, todo va a estar narrado por Kiri. Quiero mucho a Kirishima y quiero probar a escribir algo largo todo entero desde su punto de vista. Así que esto son veinticinco capítulos narrados por Kirishima.

2) Este es un AU de almas gemelas donde las personas sienten el dolor (físico) de su alma gemela. Está inspirado por el fic Love Him The Most (mi todobakudeku favorito).


Andrea Poulain