Naruto no me pertenece, pertenece a Masashi Kishimoto.

Capítulo uno. La bestia con cola.

La guerra entre los Senju y los Uchiha al fin había terminado. La aldea de Konoha al fin se encontraba fundada y el Hokage escogido, era Hashirama Senju, ciertamente eso a Madara no le había parecido, pero ya no quería más enfrentamientos. Él ayudaba a su amigo en los papeleos al igual que Tobirama. Aunque ellos dos, evitaban estar cerca uno del otro por mucho tiempo.

—Madara hay un asunto del que quiero hablarte —le dijo Hashirama sentado en el escritorio de su ahora oficina.

—¿Sobre qué? —preguntó indiferente Madara sentado frente a él.

—Los Uzumaki quieren unirse a la aldea —respondió el Senju.

Madara alzó las cejas, no entendía a Hashirama.

—Bueno, pues supongo que se pueden unir —respondió él—. Creí que cualquier clan que jure lealtad hacia Konoha se podría unir, además, no entiendo el por qué me lo dices... eres el hokage ahora después de todo —murmuró lo último con algo de resentimiento.

—Hermano, te dije que no había ninguna importancia en decirle a Madara —intervino Tobirama quién se mantenía de pie al lado de su hermano—. Eres el hokage y no debe importarte lo que otros digan —Miró a Madara.

Madara fulminó a Tobirama, ese hombre no hacía más que molestarle la existencia.

—Para tu información —Madara miraba molesto—, yo soy uno de los fundadores de Konoha, tú no eres más que un crío débil que se cree adulto.

Tobirama estaba por responder pero su hermano lo detuvo alzando una mano.

—Por favor, no discutan —pidió Hashirama, no quería oír otra de sus discusiones—. Madara te estoy diciendo lo de los Uzumaki porque, así como tú lo has dicho, eres uno de los fundadores de Konoha, yo no lo fundé solo, por lo que quiero que sin importar quién sea el hokage, tomemos las decisiones que conciernen a la aldea juntos.

—Creo que para eso ya esta tu hermano —le contestó secamente.

—Tobirama es mi mano derecha en cuanto a mi clan —dijo Hashirama sobándose la frente—, pero fuimos tú y yo los que empezamos con la idea de una aldea, donde nuestros clanes vivieran en paz.

Madara no respondió. La gente había elegido a Hashirama como líder, pero él también quería participar en las decisiones de Konoha, después de todo, no lo habían comenzado solo los Senju, sino también los Uchiha. Ambos clanes se habían herido profundamente y era hora de cambiar eso. El único problema era Tobirama, él se encargaba de hacerle la vida imposible, pero bueno, ya sabría lidiar con él.

—De acuerdo —respondió cruzándose de brazos—, al menos tú sí tomas en cuenta a los Uchiha.

Hashirama sonrió ante la respuesta de su amigo.

—Me alegro —dijo.

—Hermano, no te dejes engañar —dijo en ese momento Tobirama—, ¿cómo sabes que después no intentará apoderarse de la aldea?

—Ya te he dicho que yo soy uno de los fundadores —respondió Madara levantándose de su asiento—, y así como lo dijo Hashirama, yo también tube la idea de fundar la aldea para terminar con las disputas.

—¿Cómo sabemos que….

—Tobirama ya basta —dijo Hashirama poniéndose también de pie—, confío en Madara. Será mejor que vayas a revisar si hay pendientes, quiero hablar con Madara a solas.

Dicho esto, Tobirama se marchó de la habitación, no sin antes fulminar a Madara quién no se quedó atrás. Cuando se hubo marchado, Hashirama se dejó caer sobre su asiento.

Madara también tomó asiento de nuevo y esperó a que Hashirama hablara, al ver que no se disponía a hablar, decidió preguntar él mismo.

—¿Y de qué otra cosa querías hablarme? —le preguntó—, sobre los Uzumaki ya te dije que cualquier clan puede unirse, a mí no me molesta si era mi opinión la que querías.

—Ah, sí, claro —dijo Hashirama—. Es de otro asunto del que quiero hablarte.

—¿Y sobre qué? —preguntó alzando una ceja—, dímelo ya de una vez.

—Es sobre una bestia con cola —respondió sorprendiendo a su amigo—, específicamente... sobre el kyubi.

—El kyubi —repitió Madara con total asombro, ese ser era alguien bastante poderoso.

—Desde hace días, he estado percibiendo su chacra no muy lejos de aquí —le explicó Hashirama—. Había estado buscando algunas hojas que sirven como medicamento, pero entonces... lo sentí. Al principio no lo tenía muy claro, pero ahora, no tengo duda. Solo puede ser de él ese chacra tan poderoso.

—¿Y qué piensas hacer? —le preguntó Madara—, ¿irás a capturarlo?

Hashirama negó con la cabeza.

—No creo tener tiempo suficiente para ir a una búsqueda con mis responsabilidades.

Madara se inclinó un poco sobre la mesa.

—Entonces... supongo que quieres que yo lo haga.

—Tú también puedes controlarlo —respondió Hashirama—. Te voy a confiar esto a ti.

—¿Y no tienes miedo de que pueda usarlo para mi beneficio y atacar a Konoha? —preguntó sarcásticamente.

Hashirama solo sonrió ante esa pregunta.

—Tobirama no sabe de eso —le informó.

—¿En serio? —preguntó Madara sonriendo de manera divertida.

—Supuse que no le parecería la idea.

Madara soltó una carcajada al imaginarse a Tobirama Senju, enfadado en cuanto se enterara de que su hermano le hubiera ocultado algo como eso, que según él, ponía a todos en peligro.

—Entonces partiré mañana temprano —dijo el Uchiha.

—Se encuentra al este —le dijo Hashirama.

Y así Madara Uchiha se dirigió a su casa. Caminaba tranquilamente por las calles, oía los murmullos de la gente mientras pasaba, también era consciente sobre las miradas sospechosas que le dirigían algunos, otros lo miraban con temor, a todo esto Madara no reaccionó más que de manera indiferente, le daba igual lo que otros dijeran. Él era él y punto.

Aún era mediodía, así que podía descansar bien antes de ir a esa misión. En cuando entró a territorio Uchiha todo cambió, las miradas y murmullos habían desaparecido, la gente de su clan lo respetaba y lo trataban bien, sin duda, era su hogar, se dirigió a su casa y ahí se encontró a su hermano Izuna.

—¿Qué tal te fue con Hashirama Senju? —le preguntó.

—Me informó que los Uzumaki se unirán a la aldea —respondió Madara mientras iba a la cocina por algo de agua—, también me confío una pequeña misión.

Izuna alzó las cejas.

—¿Así que ahora te dice qué hacer? —preguntó.

Madara suspiró, no le gustaba que creyeran que ahora él obedecería órdenes de un Senju.

—Hashirama me ha confiado algo muy importante —trató de explicar a su hermano—. Sé que Hashirama no es como los otros shinobis, pero no por eso dejaré que me de órdenes.

—¿Entonces es algo peligroso?

—Algo así —respondió inseguro de decirle.

—¿Y si te ha mandado a esa misión peligrosa con la esperanza de que no regreses? —preguntó de nuevo Izuna.

Madara solo sonrió de manera burlona.

—Soy lo suficientemente fuerte como para morir en algo así —respondió—, de hecho, él sabe que no puede acabarme con algo así. Al parecer hay una bestia con cola y me pidió que fuera a buscarlo.

Su hermano lo miró con asombro.

—Tengo mi sharingan y podré controlarlo así que no hay nada que temer —lo tranquilizó—, y Hashirama no me confiaría nada así si no fuera porque realmente confiara en mí.

En verdad le parecía algo bueno que Hashirama confiara en él y que tomara en cuenta a los Uchiha.

—Voy a descansar, mañana partiré temprano y no digas nada sobre la misión —se despidió de su hermano.

—Como digas —respondió él.

Madara se retiró a su habitación en donde se quedó pensando sobre la misión. Si bien era peligroso, ya que se trataba de una bestia con cola, no tenía inseguridad en él, después de todo él era poderoso y contaba con su sharingan, no dudaba en que lo podría controlar, tan solo esperaba que Hashirama tuviera un plan para sellarlo o algo así en cuanto regresara.