Hola, chicos, gracias a todos los que recibieron con cariño mis dos Shots anteriores de verdad que me motivaron demasiado.

En esta ocasión me animé a escribir una historia un poquito más larga, un AU ambientada en Japón en los años 1600, estamos en un momento de relativa paz.

Voy a incluir términos en el idioma original, por ejemplo, en el nombre de la ropa, las partes de los Kimonos, las notas aclaratorias las dejo en la parte de abajo.

Soy muy mala con los honoríficos, así que no los usaré, pero trataré de hablar con respeto.

Utilizaré de manera indistinta el termino Maese o Maestro para referirme a los médicos ya que en Japón se les suele decir Sensei

Espero que les guste

Los personajes de Sakura CardCaptor no me pertenecen son una idea original de Clamp


Maese Li

Japón siglo XVII

Provincia de Owari

— Maese Li, dígame ¿mi esposo se va a salvar? — preguntaba angustiada la mujer, mientras observaba a su esposo recostado en el futón.

El médico concentrado tomó el pulso del anciano, revisó su lengua e interrogó al mercader, posteriormente revisó, las ronchas que se encontraban en su piel, sacó un pequeño frasco de su caja de medicamentos y colocó el ungüento sobre la piel del hombre.

—Es solo una reacción a las plantas ornamentales de su jardín, debe colocar el ungüento tres veces al día y dentro de unas horas estará bien — Indicó el médico a la esposa del mercader — De lo contrario, pueden buscarme en mi consulta.

—Muchas gracias, maese—dijo la mujer entregándole un par de monedas, las cuales guardó en el saquito que colgaba de su obi(1), realmente no necesitaba de ese dinero, ya que gozaba de una buena estabilidad económica, bien le pudo decir a la mujer que no era necesario, pero Shaoran pensaba que si las personas tenían el recurso para comprar cualquier otra cosa banal, también deberían tener el recurso de pagar por su salud, es importante darle un valor al conocimiento y más si es en pro del bienestar físico y mental, claro que si se encontraba con un enfermo que no podía pagar sus servicios, nunca se iba a negar a atenderlo.

—Me retiro, que tengan buena tarde—Se despidió el médico abandonando la casa del comerciante. La esposa lo despidió con una profunda reverencia.

Al salir de la construcción transitó a paso ligero hasta el centro de la ciudad, deseaba comer algo delicioso, pero antes debía realizar unas cuantas compras, Shaoran Li disfrutaba de caminar en el centro de la ciudad, él era el médico más solicitado de la provincia de Owari, a pesar de que en un inicio las personas le rehuían por ser un gaijin, es decir un extranjero.

Él era un joven muy peculiar que conocía además de la medicina china tradicional y las variaciones de la medicina japonesa, contaba con instrucciones sobre procedimientos que resultaban poco ortodoxos para la entonces población japonesa.

Shaoran encontraba en la medicina alivio a un mal diagnosticado como curiosidad, animado por este peculiar padecimiento abandonó su natal China, cuando tenía 18 años de edad, era un muchacho muy disciplinado, miembro de una larga tradición de comerciantes y artistas marciales.

Las artes marciales solía practicarlas con regularidad, pero su verdadera pasión se encontraba en la medicina, a la corta edad de 8 años fue admitido como discípulo del médico de su pueblo natal, donde quedó maravillado, con la acupuntura, las técnicas de masaje, la herbología y el Qigong, que es la relación de la mente, la respiración y el ejercicio físico.

Aprendió cada parte y centro de energía del cuerpo, información que conocía desde el punto de vista de las artes marciales, en las cuales también era un destacado guerrero, aunque no le gustaba alardear de sus habilidades

Sin embargo, de la ciencia médica la herbolaria era una disciplina que disfrutaba de sobre manera, salir al alba a recolectar plantas y flores medicinales, era una actividad que relajaba su espíritu.

La familia Li gozaba de gran estabilidad económica, debido a que se dedicaba al comercio de la seda, negocio que no interesaba para nada al más pequeño de la familia.

Sus padres al ver su potencial lo alentaron a convertirse en médico, por lo que fue discípulo de renombrados médicos gracias a la enorme influencia de su familia en la dinastía Ming, día y noche Shaoran vivía estudiando y saciando su curiosidad, inventando nuevos métodos, experimentando en su pequeño laboratorio.

Leía sin parar los libros que le conseguían sus padres, los cuales en su mayoría provenían del apogeo de la Dinastía Sui y Tan, aprendía sobre el uso de la mandrágora, la mirra y el opio. Escribía en su diario sus descubrimientos y teorías, hasta altas horas de la noche.

A la edad de 18 años, comunicó a sus padres su deseo de trasladarse a Japón, tenía entendido que existía un grupo de médicos de origen portugués que se habían asentado en una comunidad y estaba deseoso de aprender de ellos, sus padres, sabían del hambre de conocimiento de su no tan pequeño lobo.

Apoyaron su deseo, no sin antes recordarle que, si su presencia era requerida en China, debía regresar inmediatamente, sin ninguna excusa ni pretexto. Él aceptó el trato con tal de seguir saciando esa curiosidad y ayudando a las personas que sufrían de algún mal.

Estudió algunos años con los misioneros Jesuitas y aprendió técnicas como la sutura con hilo de tripa de animales, actividad que a los ojos de los japoneses era una barbarie, aquellas artes estaban consideradas como irrespetuosas para el cuerpo, pero más allá del respeto hacia el cuerpo, Shaoran podía observar tratamientos eficaces para sus pacientes.

Después de dejar a los Jesuitas, Shaoran viajó por Japón, aprendiendo y enseñando, atendiendo a los enfermos, sin importar la clase social. Esta vez se había establecido en la provincia de Owari, donde puso una pequeña consulta y atendía a la población, había estado en esta provincia por dos inviernos, planeaba quedarse hasta que la primavera terminara, aun no tenía en mente su siguiente destino. Pero de lo que si estaba seguro era que deseaba disfrutar de la floración de los cerezos.

Después de la consulta de ese día con el mercader y antes de dirigirse a almorzar, decidió acudir abastecerse de algunos cuencos, para realizar ungüentos, así que se dirigió al comercio indicado, el cual estaba muy concurrido, el ambarino estaba revisando cuidadosamente los recipientes de madera de bambú, cuando un par de hombres que se hacían pasar por ronin(2), es decir, samuráis sin amo, que más bien parecían maltrechos vagabundos, se acercaron a él, claramente estaban bajo los efectos del alcohol.

—Pero mira que tenemos aquí— dijo en tono hosco el más alto de los hombres —El gaijin que cree que puede venir a nuestro país a aplicar sus técnicas barbáricas.

—Buenas tardes caballeros, ¿les puedo ayudar en algo? — Cuestionó Shaoran en tono tranquilo.

—Claro que nos puedes ayudar, lárgate de Japón o muere bajo mi espada—Increpó el segundo vagabundo.

—Lamento desilusionarlos, pero mi camino en Japón aun no llega a su fin —Indicó Shaoran —Si me disculpan debo pagar estos cuencos— Dijo mientras daba la vuelta para dirigirse con el dependiente.

—Alto ahí estúpido gaijin, si no te retiras de Japón por las buenas, mi espada tendrá que retirarte por las malas— El primer hombre desenvainó su desvencijada espada y la dirigió hacia la garganta del joven médico.

Shaoran no se inmutó, su respiración permanecía tranquila, buscaba el camino más sencillo para retirarse sin tener que armar un alboroto en el lugar, las personas que se hallaban en la tienda se alejaron hacia las paredes, por miedo a la espada del vagabundo.

—Si me permiten caballeros, deberían dejar de beber, los signos de enfermedad por culpa del alcohol están presentes en su apariencia, su energía vital se nota menguada— Explicó Shaoran tratando de desviar la atención.

—¿Quién te crees que eres?, maldito extranjero — dijo el hombre más pequeño, tomando la caja de medicina del lobo y lanzándola a al suelo, el ruido de frasquitos rompiéndose, terminó con la paciencia del castaño, de un rápido movimiento pateó con la pierna izquierda la mano del vagabundo que le apuntaba con su espada, provocando que la katana cayera junto con un gran ruido metálico

—¡Prepárate para morir! —dijo el otro hombre, ante el asombro de su compañero, al verse desarmado.

—¡Alto ahí vagabundos! —se escuchó una voz recia, desde el otro extremo de la tienda, la cual fue acompañada por una reluciente katana aun envainada, empuñada por un joven de la edad de Shaoran, aproximadamente 27 años, ataviado con el emblema del Shogun Clow— Retírense en este momento y no vuelvan a molestar al Maese Li— Indicó de forma imperativa y con una mirada amenazante.

Los dos hombres al observar el emblema de Clow, realizaron una profunda reverencia en tono de disculpa hacia el médico y salieron como dos cobardes. Posteriormente el samurái regresó su katana a su cintura y dirigió su mirada misteriosa y azul hacia Shaoran.

—Buenas tardes Maese Li, lo he estado buscando, aunque no pensé encontrarlo en semejante situación— Saludó con una reverencia el Samurái recién llegado— Es un gusto conocerlo soy Hiragizawa Eriol, Samurái de la guardia del Shogun.

—Buenas tardes, Señor Hiragizawa, permítame terminar mis compras, espere a fuera si quiere conversar conmigo, está asustando a las personas — dijo Shaoran en tono serio, no le gustaba para nada tener asuntos con los samuráis, además le molestó que interfiriera, él podía hacerse cargo de ese par de patanes, sin la ayuda de ninguna espada.

—Como deseé Maese Li—Aceptó el Samurái — Pensé que era un hombre con buenos modales— dijo para sí mismo, mientras salía de la tienda con una sonrisa en sus labios.

El médico realizó el pago al dependiente de la tienda, quien lo despidió con una reverencia, además le recomendó que no tuviera tratos con los samuráis, todos sabían que meterse con ellos no traería consigo nada bueno, la mayoría del pueblo respetaba a Shaoran porque a pesar de los prejuicios contra los extranjeros, el médico chino, era una persona pacífica, con un carácter estoico, había salvado varias vidas y no se negaba a compartir el conocimiento con quien estuviera dispuesto a aprovecharlo para bien de la comunidad.

Hiragizawa se encontraba en la parte exterior de la tienda, esperando al médico, en cuanto Shaoran hizo su aparición esbozó una sonrisa confianzuda.

—Nuevamente le digo Maese Li que me alegra conocerlo y me agrada saber que usted puede defenderse solo— Dijo palmeando su espalda como si fueran amigos, lo cual descolocó al castaño.

—¿A qué debo su visita? — pregunto el lobo de forma seria y frunciendo el ceño.

—Tal como me lo describieron, un extranjero con clara ascendencia china, alto, sedoso y desordenado cabello castaño, ojos color ámbar, con porte de la realeza, malhumorado, excesivamente serio, ¡ah claro! casi lo olvido su característico ceño fruncido que le da un aire tan atractivo— Indico sonriente y burlón el peliazul.

—¿Quién me describió de esa manera tan estúpida? — Preguntó malhumorado el castaño.

—Un sinfín de mujeres de esta provincia y de las provincias vecinas, yo solo exteriorizaba que buscaba al Maese Li y después de unos cuantos suspiros me daban esa descripción, debo decir que tiene muchas admiradoras—Siguió jocoso el Samurái.

—Si vino a burlase de mi es mejor que se vaya, estoy muy ocupado— corto Shaoran dispuesto a marcharse, en el mismo momento su estómago lo delató gruñendo en señal de hambre.

—Acepte una invitación a comer, Maese Li, requiero hablar con usted, son asuntos de estado— Dijo el joven Samurái sonriendo ante tan peculiar extranjero.

—Tal parece que no me podré deshacer de usted, hasta que lo escuche, entonces comamos algo rápido, que tengo cosas que hacer— acepto Shaoran a disgusto.

Llegaron a un pequeño local a las afueras de la ciudad, aquel par de hombres no pasaban desapercibidos para la población, Shaoran siempre llamaba la atención por sus facciones foráneas y su curioso acento, además era muy atractivo e inteligente, la mayoría de las mujeres suspiraban a su paso, aunque él no reparaba en ellas, si no era para indicar algún tratamiento médico.

Por su parte Eriol, estaba ataviado con una hakama(3) y un haori(4) azul, color oficial de la guardia de Clow, que hacía resaltar sus profundos ojos del mismo color, el Samurái era un poco más alto que el médico, también era un hombre muy atractivo, cabello azul oscuro y una sonrisa enigmática, dos espadas colgaban de su cintura, listas para la acción, se sabía que los samuráis de la guardia de Clow, eran guerreros excepcionales, grandes estrategas con una disciplina inquebrantable fieles a su señor.

Al llegar al pequeño comedor, una señora de edad avanzada los recibió.

—Buenas tardes, Señora Keiko— Dijo Shaoran al entrar en el lugar realizando una reverencia, el samurái también se inclinó en señal de respeto, lo cual tranquilizó a la señora Keiko, a nadie le gustaban los samuráis.

—Bienvenido Maese Li, veo que trajo un amigo, ¿qué les puedo servir? —indicó la mujer con una cálida sonrisa.

—Gracias, dos órdenes de soba y sake, por favor—Dijo imperativo Shaoran, la anciana se retiró a la cocina para servir lo solicitado.

—Maese Li, no pensé que tuviera tan malos modales, no me permitió ordenar nada— Se quejó Eriol.

—La persona que tiene hambre soy yo, la persona que desea hablar es usted—expresó cortante el médico.

Dando un vistazo rápido al lugar y verificando que no los escucharan oídos curiosos Eriol decidió hablar.

—Muy bien Maese Li, iré al grano, me encuentro aquí por orden directa del Shogun Clow, el cual solicita su presencia inmediatamente en el castillo de Edo— Indicó el Samurái.

—¿Para qué me necesita?, no quiero tener nada que ver con asuntos de política, si desea que regrese a China, con gusto lo haré —Comunicó Shaoran de forma solemne.

—Eso lo deberá hablar con él, pero es imperativo que me acompañe, de lo contrario, la familia Li se quedará sin sus rutas comerciales. —Indicó en tono amenazante el Samurái.

—Siendo así creo que no me deja otra opción, debo aclarar que los negocios de mis padres no tienen nada que ver con mis prácticas médicas—Esbozó resignado Shaoran, no se quería ver involucrado con los samuráis y mucho menos con la corte del Shogun, pero tampoco quería perjudicar las rutas comerciales de sus padres, ya bastante habían hecho al permitirle marcharse de China, sin exigirle tomar el puesto de su padre en el negocio de la seda.

En ese momento las ordenes de comida y sake fueron servidas por una jovencita que rondaría los 15 años, sonriente dejó los platos sobre la mesa, guiñando un ojo al Samurái.

—Mañana partimos con el primer rayo del sol, lo buscaré en su consulta— Indicó el joven Hiragizawa comenzando a comer e ignorando a la joven, la cual se fue cabizbaja— Esto está delicioso, tiene buen gusto Maese Li, creo que nos llevaremos bien—Expresó felizmente Hiragizawa tratando de relajar el ambiente.

—Usted es muy molesto— Agrego Shaoran sirviendo Sake en un par de cuencos de cerámica— Pero le doy la razón la comida de la señora Keiko es deliciosa.

Terminaron su comida en silencio y se despidieron con una leve reverencia. Si bien Shaoran pensaba abandonar la provincia de Owari, nunca creyó que se tuviera que ir de un día para otro, suspiró resignado, caminó a su consulta que también era su casa y comenzó a empacar, acostumbrado a viajar constantemente era un experto en llevar solo lo necesario.

Al parecer conocería al Shogun y tendría una plática con él y derivado de esa conversación pondría poner en peligro las rutas comerciales de sus padres, debería presentarse ante el gobernante como un digno miembro del Clan Li.

Continuara...


1 Obi. Faja ancha de tela fuerte que se lleva sobre el kimono

2 Ronin. Era un samurái sin amo durante el período feudal de Japón

3 Hakama. es un pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás) cuya función principal era proteger las piernas, se convirtió en un símbolo de status o posición, algo que permitía distinguir rápidamente a un samurái.

4 Haori. Es una chaqueta tradicional japonesa que cae a la altura de la cadera o los muslos, de forma similar a un kimono

Bueno hasta aquí el primer capítulo, espero haber logrado llamar su atención, nos leemos el próximo sábado :)

¡Gracias por leer! (hace una gran reverencia)