Febrero 7, 1889.
Esa fue la fecha en la que Jonathan Joestar murió.
Recuerda el haber estado en su luna de miel, Erina estaba embarazada de él y... y entonces Dio sucedió.
Dio. Ese hombre quien fue adoptado como su hermano. A quien llegó por un tiempo a querer como tal a pesar de la crueldad que mostró en su infancia.
Dio quien se convirtió en un monstruo y le arrebató todo lo que tenía, incluyendo la vida. Pero por alguna razón, no está muerto y el mundo es tan distinto a como lo reconoce.
Y ahora está en una decadente fiesta, rodeado de gente desconocida, música estruendosa y una horrible sensación de tener esa constante sed.
Sabe lo que es ahora, en lo que Dio lo convirtió.
Ese bastardo le ha arrebatado incluso el derecho de descansar en paz.
Diciembre de 1999 a cinco minutos del fin de milenio.
Música fuerte, alcohol, drogas, es una fiesta clandestina y salvaje en el centro de Londres para gente rica y decadente que a ojos de Dio Brando no merece ni comer la mugre de sus zapatos.
Pero les sonríe y les trata con toda la elegancia de un hombre de su linaje que seduce a hombres y mujeres por igual con entretenidas conversaciones y claro, la magia propia de los vampiros.
Nació durante el reinado de la reina Victoria como hijo de un ladrón y de una dulce mujer que murió antes de que pudiera conocerla bien. Fue hijo adoptivo del señor Joestar y hermano de Jonathan, a quien odiaba y amaba por igual. Por alguna retorcida razón no estuvo en paz hasta que lo quitó todo lo que tenía. Incluso la vida.
Renació como una criatura de juventud eterna, poderosa y magnifica. Su unión con el cuerpo de Jonathan le dio aún más poder del que ya tenía y una segunda oportunidad para lograr sus planes.
Oportunidad que se fue al carajo gracias a la estirpe de los Joestar. Joseph Joestar, el imbécil nieto de Jonathan y Jotaro Kujo, el imbécil nieto de Joseph. No iba a olvidarse de ellos.
Perdió y a pesar de eso, el destino le ha dado una tercera oportunidad. Con su cuerpo original y un compañero. Mismo compañero que no estaba muy feliz de ello.
Ahora, al inicio de un nuevo milenio y con fuerza recobrada busca alimento entre esa gente pretenciosa, ebria y drogada; un pequeño bocadillo para celebrar. Además no era el único que necesitaba ser alimentado.
Se escucha fuerte la voz de Jim Morrison cantado "People are strange" mientras Dio lleva a dos jóvenes hacia su acompañante. Varones en sus veintes, ebrios, una buena cena de fin de año.
– Jonathan, estos caballeros no han dejado de mirarte. Quieren conocerte mejor y no he podido resistirme a traerlos ante ti. Hay una habitación privada donde los cuatro podremos brindar por última vez. No nos negarás tu compañía ¿Cierto?
Más le valía a Jonathan no negarse, no iba a arrastrar a un vampiro famélico al otro lado del mundo.
– Considero que eres tú quien preferiría brindar con ellos, Dio. Yo no deseo formar parte de esto.
Unas palabras seductoras susurradas al oído y el par de jóvenes se marcha, aguardarían por ellos sin saber que esperan a la muerte.
– Deja de negarte a lo que necesitas ¿Crees que si te niegas al final morirás? – Le habla muy cerca, en confidencia, el año acaba y al parecer iniciará el nuevo milenio peleando con Jonathan. – Perderás el control y con ello esa humanidad que tanto intentas conservar.
Vivir con él no es fácil, pensó que sería un sirviente dócil pero no es así.
– No es una opción, Jojo.
– Nunca lo ha sido, Dio.
Jonathan echa una mirada fugaz al par de jóvenes, parecen ser de la misma edad que él tenía al morir. Veinte años. En su época esa edad ya era de todo un adulto, hoy en día pareciera ser aun parte de la adolescencia. Aun tienen mucho por vivir, pero sabe que estando Dio con ellos eso no va a suceder.
– Ya no tengo humanidad. – La mirada que le dedica es dura, no haya felicidad a su lado, le tiene rencor por haberle hecho lo que es ahora. – Tú me la arrebataste.
– ¿Volveremos a discutir por ello? ¿Vas a lloriquear por todo lo que te arrebaté?
Jonathan no tiene ganas de discutir con Dio sobre ese tema, sabe que no le hará caso.
Dio no solo no le da importancia, sino que se burla de su dolor, se siente orgulloso de sus acciones, le quitó todo a Jojo, solo le queda él. Y su horrenda descendencia, pero Jonathan desconoce de su existencia y Dio no tiene intenciones de decirle.
La música se detiene, alguien grita que es hora de la cuenta regresiva. Dio se le repega, para el resto son solo dos sujetos abrazándose. A Dio le causa gracia; hace cien años, aún arrestaban a los hombres por esas cosas en esa ciudad.
– Vas a ir a alimentarte. – Lame su cuello, delineando la misma zona donde hasta hace unos años, era un cadáver decapitado. – Y me darás las gracias por cazar por ti, se supone que tendrías que haber sido mi esclavo, no al revés.
La cuenta regresiva se acerca. Jonathan siente esa gélida lengua recorrer su cuello y quisiera sentir asco por ser de quien se trata. No puede hacer nada para defenderse. Ni siquiera puede utilizar el Hamon sin herirse a si mismo y si eso no fuera suficiente, Dio tiene ese otro poder que aun no logra comprender.
– No pedí un esclavo.
– Yo si pero tengo que conformarme contigo. Andando.
Hay bastante frustración en Dio pero sabe ocultarlo bien.
Erina y Speedwagon, las dos personas que amaron a Jonathan murieron hacia mucho, ahora sólo le queda Dio. Dio también lo amaba de una forma horrible y retorcida, Dio se burlaba de él, le quitaba todo lo que le importaba, era cruel y solo le importaba él mismo.
La gente en el lugar grita "Feliz año nuevo" en el momento en el que Dio le besa en la boca, Dio se sabe odiado por Jojo y eso nunca le ha detenido, como si sus avances fueran más que otra forma de torturarle.
Jonathan no esperaba iniciar el nuevo milenio con los labios del hombre que lo mató, pero claramente no se puede tener todo en esta vida. Jojo, hastiado, le muerde con esos afilados colmillos y le empuja. Se limpia la boca con la manga de su fino traje.
– Puedes conseguir a cualquier otro que sea tu esclavo, no yo.
Dio se ríe, los colmillos de Jonathan le han abierto el labio y su fría sangre vampírica escurre por su barbilla.
– Pero no quiero a otro, Jojo. Siempre hemos sido tú y yo y siempre será así. No importa cuánto me detestes, me perteneces y vivirás tanto como se me venga en gana.
Se limpió la barbilla lo más decorosamente que pudo.
– Sufre por el hambre si eso quieres. – Y le deja, si Jonathan no quería esas presas, él las devoraría. No iba a desperdiciar la sangre fresca. – Cuando dejes tu rabieta sabes donde voy a estar.
Jojo queda con el sabor de la sangre en su boca. Inconscientemente se relame, aunque no es un sabor del todo agradable.
¿Porqué él? ¿Porqué tuvo que traerlo de vuelta después de tanto tiempo? ¿Cómo fue que Dio obtuvo el poder para hacerlo?
Necesita respuestas y sabe que no las obtendrá permaneciendo a lado de Dio. Tiene que alejarse de él, y si, esa podría ser su oportunidad para hacerlo.
Jojo se marcha perdiéndose entre la multitud.
Dio va a darse un violento festín con ese par de humanos ¿Se desquita por no poder desquitarse con Jojo? Sin duda.
Maldito fuera Jonathan, desearlo de vuelta fue una carga, una idiotez, iba a pagar caro por ello, Jojo nunca le sería leal, le mataría en aras de su tonto sentido de justicia.
Sabe que Jojo huirá pero Dio no lo dejará ir muy lejos, ¿Jonathan creía que podía ser libre? Eso jamás. Pero Dio es malo, retorcido, por unos días guardaría distancia para darle una falsa libertad tan sólo para ver que decisiones tomaba Jojo; luego iría tras él.
Y claro, para ver si sucumbía al hambre ¿cuándo fue la última vez que se alimentó? Debía estar al límite ya.
Las calles de Londres son tan familiares y a la vez desconocidas. Caminar sobre estas se siente como un eterno deja vu. Todo tiene una perspectiva diferente, los colores en la oscuridad se ven más vivos, los aromas son mas intensos.
Está sólo en ese mundo nuevo y no tiene a donde más ir. Lo único conocido que le queda es Dio, pero no planeaba regresar con él.
Podría pensar en donde ir, pero el único pensamiento que hay en su mente en ese momento es el hambre que siente.
Por más caballeroso y buen hombre que sea Jonathan, ya no es humano. Sus reglas biológicas son diferentes, ahora su naturaleza corresponde a la de una bestia sangrienta. Una que no ha comido en días.
Se pensaría que sin alimento desfallecería, pero no es así. Se volvería primitivo, violento, buscaría satisfacer su hambre sin pensarlo.
Se estaba arriesgando.
Los olores más vivos para él serían los humanos, sus presas naturales, en una ciudad tan grande sería imposible ignorar la sangre fresca. Es como si todo su cuerpo le exigiera comer.
Y Dio observa. Se ha acercado lo suficiente para que Jonathan perciba su aroma, en esa ciudad enorme y donde no queda nada de aquello con lo que creció, el aroma de Dio es lo único familiar.
Jonathan considera que tal vez pueda quedarse a ver el amanecer, tal vez aquella luz sea suficiente para matarlo. Pero para el amanecer aun faltan muchas horas y muchas cosas pueden cambiar en todo ese lapso de tiempo.
Y estar rodeado del olor a la sangre fresca no ayuda a su autocontrol. No ha comido en días, no quiere hacerlo pero cada vez es mas difícil el no sucumbir ante la tentación. Ese instinto animal le gritaba, le exigía que se alimentara.
Por si eso no fuera suficiente, percibe el aroma de Dio a las cercanías. Apresura el paso sin rumbo fijo. Huir no es de caballeros, pero tampoco lo es el asesinar a inocentes.
En un restaurante una mujer se ha cortado la mano con una copa de vidrio, eso ha pasado a unos cinco metros de Jonathan sobre la acera de enfrente. El aroma de la cálida sangre brotando llegaría a su nariz como si esta estuviera a un palmo de él. Es embriagante como ningún otro perfume.
El olor le llega como un puñetazo a la nariz. Sus ojos se pasean por el área, buscando el origen de tan exquisito aroma, de esa maldita tentación.
La ve. Una mujer, joven y bella. Se ve a si mismo mordiendo su cuello, saboreando el cálido líquido hasta que toda gota de vida se desvanece.
Otro aroma que se acerca es el de Dio, sin embargo Jonathan está muy enfocado en el restaurante como para notarlo. Pronto esta detrás de Jonathan, a diferencia de este tiene muy bien dominadas sus habilidades.
– Ven conmigo Jonathan.
Se sobresalta, la voz de Dio le saca de esa horrible visión.
– ¿O quieres que te deje ir por tu presa? – Pone la mano sobre su el hombro izquierdo, adora atormentarlo – Causarás conmoción, Jonathan, atacando a una inocente persona en público, quizá tu familia te vea, tantos años, no será el mejor reencuentro.
– Yo no... no pensaba en ir tras ella. – Mentira, una muy mal ejecutada. Jonathan no fue buen mentiroso en vida y eso no ha cambiado.
¿Acaso Dio sabia si su familia estaba ahí? Ahora que lo piensa, nunca supo qué fue de ellos, lo último que recuerda fue a Erina embarazada, huyendo con otro bebé rescatado del fuego del barco.
– Vamos a a casa. – ¿Creerle? Bah, no es tan ingenuo pero dejará, solo por esta ocasión, que Jojo se engañe a si mismo.
Dio le toma del brazo, lo siguiente es un incomodo viaje de casi quince minutos en taxi. A Dio se le ocurre varias veces matar al taxista tan solo para ver a Jonathan humillarse y lamer la sangre de un cadáver. Pero no lo hace, y se dice a si mismo que no lo hace porque ni es tan divertido y se contrapone a sus planes. No tiene nada que ver con el vacío que le causa la ausencia de Jojo.
Para un inmortal el tiempo no es nada, los años se pasan como un mero parpadeo.
Para Jonathan Joestar, ese viaje en taxi se le hace una incómoda eternidad.
Y Dio está demasiado silencioso para su gusto. No hay comentario burlones o denigrantes, Jonathan no sabe si eso es algo bueno o no.
Tal parece que esa sera otra noche mas sin alimento.
Por casa se refiere al lujoso apartamento donde ambos llevan viviendo un par de meses, a Dio no le gusta quedarse mucho tiempo en un lugar, Londres es solo una parada hecha por nostalgia. Es un penthouse bastante moderno, esta del otro lado del Támesis y desde el balcón se puede ver el parlamento y el Big Ben. Dio piensa en ese lugar como un ataúd bastante costoso, un lugar donde refugiarse del sol al amanecer, el día es el único enemigo al cual no puede vencer.
Una vez en sus aposentos, Jonathan sale hacia el balcón, con esa maravillosa vista de la ciudad.
Londres no es como la conoció. Se pregunta si se tira desde esa altura, ¿Acaso sufriría algún daño considerable? Lo duda.
De rato, Dio va a la cocina y vuelve con un termo, se lo lanza a Jonathan. Jojo atrapa el termo sin siquiera verlo; sus reflejos son sobrehumanos como sus sentidos. Y ese mismo sentido del olfato es lo que le revela lo que hay en el interior del termo.
Es sangre y está fresca, lo más que se puede sin haberla sacado directamente de un cuerpo. Antes de poderlo razonar, ya se encuentra bebiendo. Jojo no quiere saber a quien le perteneció esa sangre.
Para Dio esto es una derrota que no va a admitir. Jonathan debió ser humillado, ser reducido a un animal y luego dejarlo libre en la ciudad para saciar su hambre y luego disfrutar de como la culpa lo carcomía.
Esa habría sido su mejor victoria en años. Pero no, Jojo bebe del termo en la seguridad de su "hogar" sin más victima que su orgullo.
Ni haber desollado a la victima que le sirvió pasa llenar el termo le da consuelo.
A Dio le gusta cazar pero le frustra verse a si mismo cazando para Jonathan, aún si hay una sensación que ensalza su ego al saber que Jonathan lo necesita para no perderse a si mismo. Le mira beber un breve instante, luego va a la sala y enciende el televisor, le ha costado adaptarse a la vida moderna pero ha aprendido.
Tiempo para aprender es lo que le sobra.
Anoche compró dos boletos para Japón, es un viaje largo y con varias escalas para evadir al sol. No confía en estos tiempos para enviarse como cargamento, los humanos son muy entrometidos hoy en día.
– Jonathan, quiero que sepas que esto no es una muestra de simpatía.
- Puedo esperar todo de ti menos simpatía, Dio.
Vacía por completo el termo, hasta que no queda ni una sola gota de sangre en este. Beber sangre directamente de un termo es el equivalente a comerse un filete. Su sabor es glorioso siempre y cuando no se sepa a quién perteneció alguna vez.
Debe de investigar un poco más de ese mundo, tal vez pueda encontrar alguna opción alterna para poder sobrevivir.
Entra de nuevo al penthouse, guiándose por la voz de Dio y el escándalo de la televisión. Ese es uno de tantos inventos fascinantes que nunca tuvo oportunidad de ver hasta ahora.
– Eres mío, Jonathan, no importa cuánto detestes la idea. Eres mío hasta el final de los tiempos.
El final de los tiempos se antoja muy lejano a Jonathan.
En la televisión está el noticiario de la noche, el mundo es mucho más agitado que cuando eran humanos. Dio presta atención a la televisión (o finge hacerlo) para no ver a Jojo. Hay una cápsula sobre viajes, gracias este invento pueden seguir apreciando de los amaneceres sin perecer.
– No voy a permitir que mi propiedad sea destruya a si misma.
Jojo se sube a la cama, a distancia de Dio, dejando el termo vacío sobre la mesa de noche de su lado.
– No puedes estar al pendiente de mi todo el tiempo.
– ¿Vas a suicidarte cuando te de la espalda? No lo has hecho en todos estos años, no lo harás ahora. Tal vez temes dejar al mundo a merced de mi. Ya no puedes pelear contra mi, solo quedarte a mi lado.
Y por fin se digna a verlo, su nueva naturaleza le sienta bien a Jonathan, su belleza se ha mantenido intacta.
– Los vampiros tienen vínculos especiales con quienes muerden, no es solo romanticismo barato de las novelas. Sabré si te lastimas.
– Alguien debe asegurarse que no lastimes a tantas personas.
Quedan frente a frente. Dio siempre ha sido de buen rostro, hasta donde lo recuerda Jojo, sin embargo el vampirismo le ha afinado los rasgos.
Ha decir verdad, Jojo no recuerda cuál era el color de ojos original de Dio.
Eran color miel, siempre enojados, arrogantes, mirando a todos como sino lo merecieran, lo único que le llenaba de tristeza en el pasado era el recuerdo de su madre, enferma y postrada en la cama, muriéndose lentamente porque no había dinero para tratarla. Tuberculosis, al final de su vida su padre ni siquiera le dejó estar cerca de ella, no quería lidiar con otro enfermo.
Ya no recuerda la cara de su padre pero si la de su madre. Y la del padre de Jojo.
Fueron felices un tiempo durante el colegio, él se volvió abogado y Jojo estudió lo más inútil que se le ocurrió, a veces piensa que al final en cualquier caso se habría quedado con la fortuna Joestar, jojo se habría casado con Erina y tal vez habría muerto en alguna expedición por el mundo.
Frunce el ceño, le gusta más ese futuro donde él puede acostarse sobre Jojo y este no tiene a nadie más en el mundo que a él.
Jojo quiso ser su amigo. Claro, eso fue hasta saber la clase de cabrón que Dio era en realidad. Debió de sospecharlo, las personas no cambian con tanta facilidad. Y si, en parte Jojo se siente culpable por su propio destino. Estudio antropología por la curiosidad que le causaba esa máscara de piedra.
Ahora está atorado— no, mas bien condenado a la eternidad.
Tampoco le hace gracia saber que no puede deshacerse de él, ni siquiera huir. Desquita su frustración tapándole la cara con una almohada.
Dio agarra la almohada y la avienta lejos, odia tanto a Jojo pero no tiene reparo en acostarse en ir y acostarse en su regazo.
Jonathan frunce el ceño, esa era su almohada. Estaba por levantarse a recogerla, pero eso es imposible teniendo a Dio sobre su cuerpo.
-– Házte a un lado, Dio.
– Cállate, Jojo ¿No ves que ya me puse cómodo?
– Yo no estoy cómodo. - Mentira, lo está, pero no quiere darle ese gusto a Dio.
-¿Y Porqué me interesaría tu comodidad?
Y son ese tipo de comentarios que no ayudan ni un poquito a su convivencia.
– El fin de semana viajaremos a Japón, me he aburrido de Londres.
Podría decirle en ese momento que aún tiene familia en Japón y que esa es la razón por la que van pero siendo como es prefiere decirle hasta que estén enfrente de la casa del idiota de Jotaro Kujo.
– Será un viaje largo, solo así evadiremos al sol. Haremos muchas escalas empezando por Italia. Hace algunos años dejé algunas cosas que quisiera recuperar; luego iremos a Turquía, Rusia, la India, un viaje como en nuestros tiempos ¿Será mucho pedir que no termines cuestionando este viaje?
Es imposible no cuestionar los verdaderos motivos de ese viaje, pero Jonathan quiere darle el beneficio de la duda. Además, nunca ha ido tan lejos.
– Es una ruta interesante, aunque no dudo que tengas tus motivos para tomarla. Uno de los dos debe traducir.
– Cuando estuvimos vivos nunca salimos de Inglaterra – el viaje en barco que arruinó no cuenta – ahora como criaturas superiores nos merecemos el mundo, Jojo. – Levanta el brazo para alcanzar su rostro, le dedica una caricia muy intima. – Tu eres el nerd, traducir es tu trabajo y ya que no puedes cazar es un intercambio justo.
– Inocente de mi en asumir que habría algo de decencia en ti.
– No entiendo porqué perdería mi tiempo en esas convenciones humanas cuando ya no somos humanos.
– Tampoco te importaba cuando eras humano. – Muchos le veían como un hijo de papi, un niñato riquillo, pero Jonathan nunca se sintió mejor que otros. Para él el ser mejor iba más allá de ser millonario. Aun recuerda los regaños de su padre por no mostrar los modales de alguien de su altura.
– Siempre fuimos superiores, Jojo. – Bien, él no pero luego de ser adoptado por los Joestar siempre actuó como si perteneciera nobleza.
Dio es un patán y Jonathan no está de humor para aguantarlo. Su cuerpo está cálido, su rostro muestra un ligero rubor claramente ocasionado por la sangre que acaba de beber y definitivamente no por la caricia o la cercanía de Dio.
Si bien estuvo furioso por tener que darle la sangre él mismo, verlo en ese momento lo hacía valer la pena, aunque no lo admitiera. Mil veces maldito Jonathan, ¿Porqué tenía que conservar todo su atractivo?
– Soy antropólogo, no traductor. – Pero puede aprovechar su condición para aprender del mundo. Tal vez pueda encontrarle algo bueno a todo eso.
– Lo sé, gracias a eso la máscara de piedra llegó a mis manos. – Le pareció divertido recordárselo.
Jojo se pregunta qué habrá sido de esa maldita máscara. Recuerda que se perdió en algún punto de la mansión al incendiarse, pero ¿Habrá sido suficiente para haberla destruido? ¿Acaso cabe la posibilidad que hayan más pobres diablos como ellos allá afuera? La posibilidad le aterra. Demasiadas vidas arruinadas por una estúpida máscara de la cual él es responsable.
Y mientras Dio más lo veía, más lo quería y más rabia le daba, ahora él era el enojado. Le dio un manotazo en la cara y se levantó de golpe, rodó al otro extremo de la cama, le dio la espalda porque no quería verlo.
Un manotazo es suficiente para sacar a Jonathan de sus cabilaciones. Frunce el ceño y sacude la cara. Jala la almohada debajo de Dio para usarla.
En la televisión hablaba algo sobre la fundación Speedwagon, a Dio le hubiera gustado que Jojo no se enterara de ello pero aquel imbécil se había hecho tan importante que era imposible ocultarlo.
Jonathan pasa su atención hacia la tv. Es la primera vez que escucha sobre la fundación Speedwagon. No puede ser esa una coincidencia. Le alegra saber que al menos uno de los dos haya tenido un legado.
Dio pretende no darle importancia a lo que oye en televisión, tiene vagos recuerdos del idiota que acompañaba a Jonathan cuando le perseguían.
– Al parecer tu amante no era tan inútil como parecía. – ¿Celos? Sin duda, Erina ya estaba muerta y le seguía teniendo celos.
– El no fue mi amante. - En realidad nunca sospechó de lo que Speedwagon haya sentido por él más que una fuerte amistad.
Lo que si sospecha es que Dio esté celoso. Cosa que a su perspectiva no tiene sentido porque 1: esta muerto y 2: no tenia ese tipo de sentimiento hacia él.
Jonathan fue muy inocente al no darse cuenta que Robert lo amaba más que a su vida, tampoco se dio cuenta de que Dio lo amaba.
Corrección: lo ama.
Claro que hay un mundo de diferencia entre ambas formas de amar. Robert hacia todo por Jonathan, fue feliz hasta cuando se casó con Erina, nunca tuvo para ellos más que cariño. Dio solo quería que Jonathan no tuviera nada y sólo fuera de él, en la vida y en la muerte. Dio es la expresión de la peor forma de querer.
– Él no era heterosexual. Los "caballeros" hacían muchas cosas en privado en ese entonces, Jonathan. No me queda duda de haber visto a tu amigo acompañando a caballeros de ciertos círculos. Los hombres de bajos recursos se ganan la vida no solo robando.
Eso no era cierto pero era indudable que ese hombre gustaba de Jonathan, lo demás era solo para atormentar a Jojo.
Jonathan murió sin saber la verdad.
Esos eran tiempos muy diferentes a los que se viven ahora, es increíble como la sociedad se ha vuelto más aceptable hacia ciertos temas.
Y si, Jojo sigue siendo tan inocente que aun no sospecha del retorcido amor que le profesa Dio. En realidad cree que lo trajo de vuelta para seguir haciéndole miserable por el simple hecho que puede hacerlo.
El reportaje hace una breve semblanza sobre la vida de Sir Robert, para el final sus "descendientes" son entrevistados. Una mujer muy amable llamada Holy Kujo y su hijo Jotaro Kujo, la mujer parece hacerle señas a su padre que esta fuera de cámara para que se acerque.
Dio se levanta inmediatamente para apagar el televisor.
– ¡Eso no era necesario!
– La televisión es aburrida. – Fue su justificación para apagarla. – Ese hombre hizo su vida, ¿Qué mas quieres saber?
– Robert fue un buen hombre, sin importar los gustos que haya tenido. – Y al parecer siguió siendo un buen hombre, por lo que alcanzó a ver en la tv. – Quiero saber qué más fue de su legado, en vista que hasta ahora sigue existiendo su fundación.
En parte Dio si quería seguir atormentandolo, la cosa es que quería su cuerpo de vuelta, esta vez con todo y cabeza. Dio es un hombre listo pero no es precisamente razonable, tanto así que le arranca el cable al televisor tan sólo para ir a arrojarlo por el balcón.
– A mi no me interesa.
Se levanta de la cama, frustrado de la pésima actitud del rubio, y vuelve a salir por el balcón. Aun faltan varias horas para el amanecer y tal parece que no hay intención de salir de ese penthouse.
Esa noche no sale, ni le dirige de nuevo la palabra como si toda la culpa fuera de Jonathan, las noches siguientes comienza a salir por su cuenta, al regresar siempre hay un termo con sangre fresca para Jonathan.
Si Dio quería ganarse a Jonathan lo estaba haciendo muy mal, simplemente no pueden convivir en paz.
