Hace solo 2 años que descubrieron que el pequeño Shaoran era capaz de controlar más de 1 elemento. El joven, que era huérfano, fue criado por las pocas guerreras Kyoshi que quedaban en la actualidad, en especial se había encariñado con Kanna, ella apreciaba tanto a Shaoran como si fuera su propio hijo:

-¡Shao! ¡Shao ven aquí!

Por desgracia para las guerreras Shao era bastante travieso, sobre todo desde que los ancianos del loto blanco le revelaron que él era el avatar se escapaba con más frecuencia.

No es que le encantase ser el siguiente Avatar, él se conformaba con ser alguien normal pero tampoco podía reprimir su poder, con solo 6 años podía dominar la tierra y el metal a voluntad y con casi 10 años, por puro accidente, pudo manejar el aire como lo hacía con la tierra:

-¡Shaoran! -gritó una de las guerreras- Ah... ¿Dónde estará ese crio?

-Relajate... -Kanna, la guerrera más mayor de toda la isla, estaba bebiendo una taza de café mientras contemplaba como las demás buscaban a Shao- estará jugando por ahí.

-Esta mañana tampoco estaba para el entrenamiento.

Kanna tomó un ultimo sorbo, dejó la taza de café y se levantó:

-Id a practicar, yo buscaré a Shao.

-Pero maestra...

Sin discutir más se dirigió hacia el centro de la isla. En Kyoshi a pesar de su poca superficie y en el poco tiempo que la isla fue mucho más frecuentada por extranjeros de otras naciones creció bastante, las pocas casas que había hace años se convirtieron en altos edificios hechos completamente de metal. Era casi mágico ver como las personas que podían controlar el metal creaban puentes a grandes alturas para visitar a sus amigos o vecinos.

Shaoran no estaba tan acostumbrado a esa zona, o estaba en el templo o estaba en la playa practicando. Kanna pensó que ese sería un buen lugar para buscarle, no tardó mucho en ver al joven sentado en una roca enorme al lado de la orilla. Ella se acercó cuidadosamente y se sentó a su lado:

-¿No vas a entrenar con las demás?

-No me apetece... -Shaoran parecía cansado, como si llevara toda la noche sin dormir-.

-¿Has estado practicando las posturas que te enseñé?

-Un poco...

-¿Puedo verlo?

Él se bajó de la roca de un salto, cuando sus pies descalzos se posaron en la arena empezó con su demostración. Sus movimientos, basados en las primeras maniobras de combate de la propia avatar Kyoshi, eran prácticamente perfectos; incluso ese puñetazo que dio a la tierra bajo sus pies, ese que parecía que no le haría nada a una mosca, fue capaz de levantar toneladas de arena que se extendieron como una onda hasta casi la mitad de la playa. El muchacho miró a la anciana y le hizo una reverencia como símbolo de respeto:

-No está mal, no está mal... -Kanna empezó a dar vueltas al rededor de Shaoran- pero te faltó algo...

-¿El qué?

De repente la guerrera sacó un abanico y le golpeó en una pierna, haciendo que el chico perdiese el equilibrio:

-¡¿A qué ha venido eso?!

Dijo Shaoran mientras se volvía a levantar y se quitaba la arena de la espalda:

-Eh una estará vieja, pero aun puedo molestarte.

Ella empezó a reírse y él también, parecía algo menos tenso que antes.

Ella le convenció para que volviesen al templo, ya casi estaba atardeciendo y quería entrenar algo más con Shao antes de que se hiciese de noche. Por el camino el joven volvió a parecer algo triste, estaba pensando en algo que no le gustaba:

-Oye Kanna...

-¿Si Shao? -respondió ella-.

-¿Mañana vendrán los maestros del aire verdad?

-...

Kanna paró de caminar, parecía que la actitud positiva con la que había encontrado a Shaoran se había desvanecido:

-Sí. -Respondió de forma seca. Siguió caminando-.

Fue una marcha bastante incomoda después de esto, Kanna podía notar que a su hijo adoptivo no le gustaba la idea de marcharse de la isla que le vio crecer. Nada más llegar Shao adelantó a la anciana para entrar cuanto antes pero ella le detuvo:

-¿Quieres que te cuente una historia?

Shao sentía curiosidad, ella le ordenó a que fuera por un par de tazas de café y que se reunieran en el patio trasero. En este lo esperaba Kanna, sentada en una de las sillas y esperando a que Shaoran se sentara para comenzar:

-¿Los maestros del aire te contaron algo sobre los avatares que te precedieron?

-No mucho...me dijeron que la ultima se llamaba Korra y que era originaria de la tribu del agua.

-Bueno, hay algo más que eso. -Tomó un sorbo del café preparado por Shaoran- Antes de ti y antes de ella hubo un avatar, un nómada del aire, que abandonó a su tribu por no sentirse suficiente para enfrentarse a su destino, pasaron muchos años, le había dado la espalda al mundo cuando este más lo necesitaba.

-¿Y eso tiene que ver conmigo porque...?

-No interrumpas a tus mayores. Resumiendo...Hay dos formas de afrontar el futuro Shao, o vas de frente y ves si tu decisión ha sido buena o mala o miras a otro lado y nunca te enfrentas a realidad.

Shaoran se quedó mirándola, todo esto de descubrir que era el Avatar solo le hacía estar cada vez más confuso, pero por una vez en todo este tiempo, le habían dado un buen consejo:

-Creo que lo entiendo.

-Por una vez no eres tan cabeza hueca. -La señora recogió su taza y la de Shao- Venga, ve a hacer el equipaje, no quiero que estés en el ultimo momento guardando cosas en la maleta.

Shao se levantó de un brinco, ni siquiera había probado ni un poco de café, antes de irse a por sus cosas quiso preguntarle una ultima cosa a Kanna:

-¿Vendrás conmigo al templo?

-Ay Shao, podríamos a ver descubierto que eras un avatar antes, con mi edad no puedo hacer viajes tan largos -ella también se levantó- pero más te vale venir a verme cuando termines tu entrenamiento

-¡Lo haré!

Shao se fue pero ahora se sentía algo mejor. Había pasado 12 años de su vida en aquella isla, no conocía lo que había más allá del mar pero en el fondo él sabía que sería emocionante.

Más pronto de lo que esperaba llegó el día de irse. Tanto Shao como Kanna ya estaban esperando fuera cuando en el cielo, volando por debajo de las nubes, se pudo ver a un bisonte volador que empezaba a descender. Cuando aterrizó un monje se bajó de él, parecía que conocía a Kanna:

-Vaya Kanna, la edad no perdona...

-Eso te lo podría decir yo a ti también.

Ambos se rieron y se dieron un abrazo, tras esto Kanna le explicó a Shaoran que ese maestro era Mirro un viejo amigo de ella y uno de los maestros del aire más fuertes del sur:

-¿Y tú eres Shaoran verdad? Kanna me ha hablado mucho de ti.

Al estar tan nervioso no fue capaz ni de dirigirle la palabra:

-Eh bueno...si llevas todo podemos irnos ya.

Mirro llevó la mochila de Shaoran hasta el bisonte y esperó a que él se subiera, ya estaban listos para partir y cuando empezaron a elevarse del suelo el joven avatar se despidió de la forma más ruidosa posible:

-¡Te echaré de menos Kanna!

Ella no se esperaba que se despidiese de esa forma:

-¡Juro que volveré a verte lo más pronto posible!

Él bisonte se fue. Kanna lloraba de alegría mientras pensaba en las ganas que tenía de que volviese lo más pronto posible.

El camino hacía su nuevo hogar fue tranquilo, Mirro le fue explicando como entrenarían durante su estancia, no parecía nada del otro mundo, parecía un simple entrenamiento para alguien que ya era maestro del aire. Tampoco quería quejarse, era el avatar pero también quería llevar una vida lo más tranquila posible, así que mientras solo tuviera que entrenar no le importaba. Llegaron antes de lo previsto, el templo del aire del sur se veía precioso con la puesta del sol de fondo. Tras bajarse del bisonte un par más de maestros se le acercaron:

-Bienvenido avatar Shaoran.

-Prefiero Shao...si no es mucho pedir.

-Vamos Shao, te enseñaré tu nuevo hogar -Dijo Mirro mientras le llevaba con la mano posada en su hombro-.

Su habitación era pequeña y sencilla, tampoco es que necesitase mucho espacio, estaba tan acostumbrado a compartir cuarto con los aprendices Kyoshi que esta habitación le parecía enorme:

-Será mejor que descanses, mañana los demás maestros y yo tenemos que hablar contigo.

-¿Sobre qué?

-Mañana lo averiguaras pero no creo que sea nada malo, no te ha dado tiempo a hacer ninguna trastada.

Cerró la puerta tras darle las buenas noches.

Estaba tan cansado, llevaba preocupado por este día desde que hace dos años que lo nombraron oficialmente avatar y ahora ese sentimiento se había transformado en algo que no sabía definir, a lo mejor solo era el sentirse tan lejos de su hogar, pero aun así esa presión que sentía encima no era la suficiente como para no quedarse dormido nada más tumbarse en la cama.

Muy temprano en la mañana Shao ya había recorrido medio templo junto a Mirro, este se sorprendió porque no se esperaba que el joven fuera a levantarse tan pronto mientras que para Shao era lo normal, las guerreras Kyoshi llevaban unos horarios de entrenamiento muy estrictos, sobre todo con los novatos.

Antes de que se dieran cuenta la reunión estaba por comenzar, Mirro le guió hasta el gran jardín donde solían reunirse, en el centro había una gran mesa redonda de mármol, al rededor solo había plantas exóticas que Shao nunca había visto antes. En algunos de los asientos estaban maestros del aire, del agua, del fuego y de la tierra, todos tenían ya cierta edad menos una persona. Una chica de la edad de Shaoran, tenía el pelo largo y de color tan negro como el suyo, tenía unos ojos color miel al contrario de Shaoran que los tenía verdes y vestía con ropa tradicional de la nación del fuego, él se sentó frente a ella pero ella parecía que ni notaba su presencia. La reunión comenzó. El miembro más mayor del reino de la tierra habló primero:

-Hace unos 20 años que empezamos a buscar al próximo avatar, ya casi habíamos perdido la esperanza de encontrarlo pero nunca perdimos la fe y al final obtuvimos algo mejor -Hizo una breve pausa y señaló a Shao- Shaoran del reino de la tierra -El hombre dirigió su dedo hacía la chica que se sentaba en el otro extremo- y Maylin de la nación del fuego.

-¿¡Qué!? -Preguntó Shaoran muy sorprendido, no era el único de esa reunión que estaba tan sorprendido como él-.

-Nos han dado dos avatares, uno capaz de controlar la tierra y el aire y otra que controla el fuego y el agua, ahora ambos entrenaran, Maylin para poder controlar el aire y Shaoran para perfeccionarlo.

De fondo se escuchaban murmullos, todos sabían que Shao era un avatar pero nadie sabía que existía otro a parte de él. El que estaba más sorprendido era Shao:

-¿Pero como es posible? -preguntó un maestro del fuego-.

-Eso...no lo sabemos

-Solo necesitamos a un avatar, no a dos niños correteando por ahí.

-¡Estas hablando de los avatares!

Los maestros empezaron a discutir, Mirro llevó a Shao a una zona apartada par que este no escuchase como los demás discutían, este se fue a intentar calmar al grupo. Mientras Shao reflexionaba, eso significa que él no tenía porqué seguir con esto, solo necesitaban a uno de ellos y él solo quería volver a su isla:

-¿Así que tú eres el otro?

Era una voz muy dulce, era la voz de Maylin:

-Eh bueno...si, soy Shaoran, tú debes de ser Maylin.

Él le extendió la mano, pero ella ni siquiera se molestó en extender su mano:

-Oye no sé como has conseguido controlar más elementos pero aquí la avatar seré yo.

Tras esas secas palabras regresó a la mesa, él, más confuso que antes, volvió también cuando la pelea entre los maestros terminó. Uno de ellos se aclaró la garganta y dijo:

-Tras...discutir educadamente hemos decidido que él próximo avatar se decidirá en unos años, cuando ambos cumpláis 18 años demostrareis como habéis conseguido dominar todos los elementos y entonces se decidirá quien es digno de ser avatar.

Ambos avatares cruzaron sus miradas, Maylin le miró decidida, mientras a Shao le costaba mantener la mirada. Iban a ser 6 años muy largos.