- ¡Candy! ya puedes salir - la hermana Margaret miro con una profunda tristeza, el semblante pálido y demacrado de la pequeña rubia - Vamos Candy te acompañare a tu a habitación. Se te ve algo demacrada y no me gustaría verte caer desmayada.
-No se preocupe hermana ¡soy una chica fuerte! - Candy siempre buscaba el mejor lado a sus peores momentos.
- Aun así te acompañare querida, debemos hablar, he roto las reglas del colegio. Pero dios sabe que mi causa ha sido por ayudar al prójimo, que como él fueron juzgados; sin dar una oportunidad de exponer su verdad - la mirada avergonzada de la hermana se encontraba fija en el suelo. Ambas tomaron camino con rumbo a la habitación de la pecosa.
Al ver a Candy, caminando por los pasillos los cotilleos de las chicas no se hicieron esperar. Las risas de bulas y los comentarios mordaces, dejaban en claro que desaprobaba la aun estadía de la joven dentro del colegio.
La mirada de Candy solo buscaba un rostro. No le interesaba lo que sus compañeras pensaran, para ella lo más importante en ese momento era encontrar a Terry. Sin éxito alguno dio alcance a la hermana Margaret, la cual caminaba apresurada por los pasillos.
- ¡Pasa! ¡Candy! - la hermana con toda presura cerró la puerta tras ella. Tomando con brusquedad el brazo de la rubia y la condujo hacia el cuarto de baño - ¡Candy! ¡Escucha bien! Pase lo que pase quiero que seas feliz. Yo no estuve de acuerdo en el castigo que se les impuso. Por tal motivo y violando las reglas del instituto; Mande un telegrama a tu tutor con carácter de urgente.
- ¡Hermana! ¡Esto puede llevar al exilio! será desterrada; pueden quitarle sus votos religiosos y se le desprendería de sus hábitos. Puede ser llevada a un enclaustramiento. ¡No debió arriesgarse así por nosotros! - Las lágrimas de la pecosa rodaban por sus sucias mejillas. Tuvo una semana dentro de aquel lugar sucio y frió.
- ¡Baja la voz! No te preocupes por mi Candy. Sé que ustedes fueron víctimas de un engaño - La rubia miro cuestionarte a la hermana - No preguntes por favor. Solo te diré que no guardes rencores y que sigas el camino que dios tenga preparado para ti.
Con esas últimas palabras, la hermana Margaret salió del cuarto de baño. Mientras se duchaba sus pensamientos la ponían más intranquila: los sucesos negativos que estaban dando por el sendero de su vida, como río desbocado arrastraban a mucha gente inocente.
Apresurada alisto su cuerda, salió a su balcón y con gran ansiedad visualiza la dirección, hacia el cuarto de Terry. Necesitaba ir en su búsqueda, ansiaba mirarlo. Se lo pedía su corazón, ya no era dueña de su razón, a sabiendas que salir en busca de Terry traería más problemas; no le importaba solo quería calmar ese golpeteo rápido de su corazón. Necesitaba verlo, saber que se encontraba bien.
Con miles de preguntas ya listas en su cabeza trepo entre los árboles. Al llegar a la rama que conduciría a la habitación de Terry, solo miro oscuridad. Esa imagen hizo que la piel se le helara. Sus dudas se habían acrecentado. - ¡oscuridad! Terry está aislado como en escocia ¿estará molesto conmigo?
Estos pensamientos le estaban taladrando el seso. La horrible ansiedad que se había instalado en su cuerpo. No le permitía concentrarse y su cuerpo no dejaba de temblar
Dejando atrás sus dudas salto al balcón y se introdujo en la habitación de Terry.
- ¡Terry! - la luz de la luna no era suficiente para alumbrar el dormitorio - ¿Terry? ¿Estás aquí? Sé que no quieras hablarme, pero en verdad yo no ...
Virando hacia el escritorio, pudo visualizar un tozo pequeño de papel. Temblorosa lo tomo entre sus manos. Con lentitud se fue acercando hasta el punto, donde la luz de la luna le apoyaba para leer las tres líneas más frías; que nunca en su vida nadie le había escrito.
- ¡Terry! ¡Te fuiste! Perdóname, yo no quería que tu sufrieras las consecuencias. ¡Terry...! ¡Terry...! - las piernas se le debilitaban, era grande el dolor de su corazón. Sentía que la oscuridad de aquel cuarto, se había metido en su alma. Todo su alrededor giraba, como si estuviera dentro de un remolino. Busco apoyarse de la ventana - ¡Ay! - exclamo, inmediatamente al sentir el dolo miro su mano. Sentía como ardía, tanto o más que su corazón.
La sangre que manchaba su blanco vestido le describía en su mente, alama y corazón, el odio profundo; con el que se imaginaba se había marchado Terry del colegio. Aquél muchacho que algún día la tuvo entre sus brazos y le robo un beso. Ese amor se había cortado y sangraba la herida del adiós.
Las lágrimas de las remembranzas, comenzaron a brotar de sus bellos ojos esmeralda. Todos los recuerdos salían por la venta con la ayuda del viento, que anunciaba la llegada de la fantasmal soledad; la cual tomo la mano a Candy y la hizo salir de aquel lugar, donde estuvo su latente amor.
-Adiós Terry ¡adiós mi gran amor! Espero que algún día me perdones y sé que ese día será, cuando solo sea una triste y mala pasada de tu vida. Terry yo a ti no te olvidare - antes de salir, tomo el marco donde se posaba la fofo de su engreído inglés - buena suerte en tu camino Terry. Mi soledad será un pago justo para ti.
- Te amo, en verdad que te amo - esto último lo dijo tan bajito que solo su corazón lo escucho.
- Llegamos señor. Siento mucho que el vuelo fuera tan pesado pero la turbulencia del aire ... - Albert dio un apretón de mano al piloto, en señal de agradecimiento y corrió hacia la persona que más necesitó ver.
- ¡George! ¿como están los chicos? - Con desespero se encamino hacia los autos que ya lo esperaban
- Aun está bien señor, pero tenemos sácales lo pronto posible del país - Albert solo hizo un asentamiento de cabeza. La preocupación que lo invadía no le daba palabras. Al mirar el estado del patriarca, su secretario y su mano derecha, decidió darle un poco de paz entre ambos caos - Señor ¡su pequeño está bien!
Albert dio un gran suspiro. Esas esas palabras le quitaban un poco de peso, a la preocupación que lo embargaba en ese momento. Pero no el suficiente, necesitamos verla y sacar a sus sobrinos.
Fuera del colegio los autos no dejaban dejar de circular, algunos con rumbo al puerto y otros a algún hangar. Albert sin aviso alguno bajo del auto donde era transportado y con desesperación se introdujo dentro del aquel colegio que se convertiría en trinchera.
- ¡Candy! ¡Candy! - desesperado Albert, corría rumbo al edificio donde sabia estaba su pequeña
- ¡Albert! - La alegría que invadió a la Candy, hizo que saliera corriendo al encuentro de su padre y amigo. Siendo atrapada por él, en un fuerte abrazo protector. Las bombas que ya se escuchaban demasiado cercanas, hacían que los estudiantes refugiados entraran en pánico y sus gritos de terror inundaran el lugar. La guerra se había desatado en su máxima potencia el país.
- ¡Pequeña! ¿Dónde están los chicos? - apenas y la grave voz de Albert se escuchaba. Con su dedo señalo Candy un oscuro pasaje donde se resguardaban
Padre e hija corrieron hacías sus familiares, Candy sintió un fuerte golpe en su espalda. Como si hubiera sido golpeada por un enorme mazo.
- ¡No! ¡No! ¡Espera! ¡Solo ellos! - mirar ese semblante inexplicable hizo que le dieran paso. Del pasaje oscuro, tres personas salieron corriendo para auxiliar a Candy y a Albert - La rubia antes de caer al piso, sintió como su cuerpo era sujetado por unos brazos y esa voz, qué jamas pensó escuchar que suplicaría, ahora pedía a gritos: " ¡Corre! ¡Correr! ¡No detengas! ".
Continuara ...
Hola queridas lectoras del fondón. Les traigo a mi bebe. Si lleva nueve meses cocinando, así que espero que disfrutes de este humilde escrito. Mil gracias de antemano por darme un poco de su vista.
