"Partir es siempre partirse en dos"
Kakashi seguía a Sasuke, el ninja apenas podía caminar después de su batalla con Naruto, pero estaba sediento de poder y nada ni nadie lo habría detenido. Había tomado una decisión, y lo mejor que podía hacer era acompañarlo e intentar protegerlo. Claro que pensaba en su otro alumno, en Naruto que había quedado tendido, inconsciente y herido, pero sabía que estaba bien, que se recuperaría y se volvería más fuerte. También pensó en Sakura, esa pequeña niña de ojos jade, lo que sentiría cuando Sasuke no volviera. Quería creer que estaba tomando la mejor decisión, que después de todo era por su bien, para reunirse en un futuro, para asegurarse de que el Uchiha pudiera volver.
-No debió venir conmigo, estoy bien solo – aseguró Sasuke deteniéndose un momento para tomar un poco aire y poder continuar. Necesitaba atención, pero no era nada de gravedad, llegaría por su propio pie hasta su destino.
El ex ANBU suspiró, Sasuke no dijo nada más, no hizo otro comentario, cuando se enteró de que su sensei iría con él, ni siquiera intentó negarse o rechazar su compañía. Le tenía cierto respeto, quizás un poco de agradecimiento por instruirlo, por enseñarle técnicas interesantes, porque después de todo, parecía comprenderlo mejor que ningún otro en la Aldea, Sasuke valoraba su compañía, y posiblemente, en el fondo, tenía miedo de ir solo y presentarse ante Orochimaru. El Uchiha no era más que un niño, aunque tratara de ocultarlo.
¿Por qué no había tratado de detenerlo?, porque los seguían, y muy de cerca, y Sasuke terminaría de llegar, con o sin él. No estaba seguro de quien era, pero la estrategia era obvia, aparecería apenas él tratara de persuadir a su alumno de volver, un nuevo combate como distracción para que Sasuke siguiera su camino, le perdería la pista y no lo volvería a ver, no dentro de años, y en caso de que siguiera siendo él y no Orochimaru en su cuerpo. No, no podía arriesgarse, lo mejor, lo único que podía hacer era seguirlo. Y llegado el momento, intentar salir los dos con vida...
Resultó que quien los seguía era Kabuto, que apareció unos minutos después, se le veía extasiado, con una sonrisa asquerosa y prepotente, como quien ha obtenido dos regalos en lugar de uno. No podía subestimarlo, tenía habilidades que iban más allá de lo médico, habilidades especiales para desarmar e inhabilitar por completo a su oponente, era mucho más de lo que parecía a primera vista, Kakashi había aprendido la lección. Lo mejor era estudiarlo detenidamente, aprender sus habilidades, tratar de encontrar un punto débil y aprovecharlo.
-A Orochimaru-sama le alegrará ver que Sasuke-kun no viene solo – comentó acomodando sus lentes.
-Dudo que le importe algo que no sea Sasuke.
-Orochimaru-sama valora a los ninjas talentosos.
-Estoy seguro de que sí – siguió caminando, consciente de que Kabuto distribuía su atención entre el ex ANBU y el Uchiha, seguro de que en su mente creaba cientos de escenarios distintos, intentaba adelantarse a cualquier situación. No esperaba esa rendición por parte de ambos, vigilaba con especial interés a Kakashi, cada movimiento, el de sus manos, averiguar qué tan armando estaba, pero su principal defensa y ataque estaba en ese ojo que permanecía cubierto por la máscara.
-¿Cuánto tiempo piensas quedarte con nosotros, Kakashi?, si tu plan es acompañar a Sasuke-kun, yo te puedo asegurar que...
-Cierra la boca, Kabuto – ordenó Sasuke tomando un poco de aire para seguir caminando. El subordinado del Sanin se acercó para ayudarlo, chakra verde y luminoso salía de sus manos, pero el Uchiha se apartó inmediatamente sin permitir que lo tocara – Aléjate de mí.
Kakashi sonrió, conocía el orgullo de su alumno. Probablemente terminaría por aceptar la ayuda de Kabuto, la necesitaría si quería estar en perfectas condiciones para entrenar, pero aún era muy pronto. El orgullo por su batalla tan reciente estaba fresco en él, si aceptaba ayuda, admitiría que estaba lastimado, que Naruto lo presionó hasta un punto inesperado, casi hasta detenerlo. Y el Uchiha no estaba dispuesto a aceptarlo. Siguieron caminando, en absoluto silencio, vigilados bajo una mirada no tan discreta de Kabuto, que cuando se aseguró que no huirían, que el ex ANBU no intentaría nada, pareció relajarse y disfrutar del giro tan inesperado de en la historia. Planeaba aprovecharlo al máximo.
Se internaron en el bosque y terminaron frente a una pequeña puerta que parecía estar en medio de la nada. Estaban frente a su destino. El ninja volteó hacia atrás, dejaba a dos alumnos, a su Aldea, por la que su sensei había muerto, la que su padre le enseñó proteger... No pudo evitar notar que Sasuke no lo hizo, en ningún momento se giró para ver lo que dejaba atrás, sus ojos negros se mantuvieron al frente, en la puerta, un destello de emoción se veía en sus ojos. Realmente quería estar allí.
-Sasuke... - susurró su nombre sin importarle que Kabuto estuviera escuchando, que se pusiera alerta y cuidara de sus movimientos, sabía lo que diría, era el último intento.
-Vamos, Kakashi-sensei, entremos – su mirada no desvió ni por un segundo. Kakashi supo que no había vuelta atrás, que su alumno tomó su decisión mucho antes de huir.
Entraron, caminaron por un pasillo oscuro. Era un ninja, y tomaría eso como una misión para mantener con vida a su alumno, para que pudiera volver cuando todo acabara, y si tenía suerte, quitarle esa idea de venganza antes de que fuera muy tarde. No tenía ni idea de cómo acabaría todo, seguramente no de la mejor manera. ¿La Hoja los pondría en la lista negra, como renegados?, su padre un día lo fue... pero él había tenido razones muy poderosas, justificables, lo entendía. Kakashi intentaba salvar a su alumno, la Aldea debía entenderlo y tener piedad por ellos. En el fondo ninguno quería estar allí, Sasuke no estaría allí si pensara que alguien más podría ofrecerle más poder, y él no estaría allí si no creyera que necesitaba redimirse de alguna forma. Esperaba que en algún momento pudieran perdonarlos, en especial los dos alumnos que dejaba atrás.
Sakura estaba en la entrada de la Aldea, todos habían vuelto, todos menos su equipo, estaba sola allí, el resto era atendido en el Hospital. Su sensei había ido tras sus dos compañeros, las horas avanzaron y nada ni nadie apareció. Iruka-sensei fue en su búsqueda y como apoyo, podría traer muy buenas noticias o muy malas, tanto tiempo de espera era un signo engañoso. Quizá estaban muy lejos, quizá estaban heridos y volvían lentamente, todos juntos... Sus dos compañeros y su sensei, ella era la única que quedaba, no podía con la angustia, era demasiado para ella.
Comenzó a respirar con irregularidad, estaba pálida, se sentía fría y no dejaba de retorcerse las manos con nerviosismo, mejor dicho, con desesperación, estaba al borde del llanto, no de dolor, sino de frustración. No podía hacer nada más que esperar, y la espera era eterna, era demasiado solitaria. No pasó mucho tiempo hasta que las lágrimas escaparon de sus ojos jade, resbalaban silenciosa y continuamente, no se detenían, una tras otras, recorrían sus mejillas, se quedaban en su mentón unos segundos y después caían en el suelo.
Divisó una sombra, era apenas un pequeño punto en la lejanía, pero tenían que ser ellos. Corrió tan rápido como pudo, su corazón que ya de por sí latía con fuerza, luchaba por salir de su pecho y llegar primero con su equipo para seguir latiendo, o para detenerse de una buena vez. Corrió tan rápido que estuvo frente a su destino en menos de un minuto, se detuvo como si hubiera chocado con un muro, tomó un poco de aire y renovó la marcha.
-¡Iruka-sensei! – gritó cuando estaba a escasos metros de distancia - ¿Naruto?
-Él está bien, se recuperará, pero necesita ser atendido de inmediato – Sakura asintió, pero se quedó quieta, dudando – Encontré esto – dijo entregándole dos bandas ninja, una con una línea que atravesaba el sello, la otra intacta. Ella las tomó, sabía a quienes pertenecían, no volverían.
-Gracias por traer a Naruto, Iruka-sensei – secó su llanto.
-Estoy seguro de que ellos estarán bien, Kakashi lo debe estar cuidando. No tardarán en volver.
-Ellos no volverán, él dejó su banda...
El ninja también lo sabía, pero intentó darle alguna esperanza a esa pequeña de cabellera rosada y ojos enrojecidos. Sakura se aferró a esas dos bandas, las estrelló contra su pecho y no dijo otra palabra. Llevaron a Naruto al Hospital donde fue atendido de inmediato, Iruka fue directamente con Tsunade para informarle de la situación, de las sospechas que en unas pocas horas se confirmarían, y pronto toda la Hoja se enteraría.
Apenas trasladaron a Naruto a una habitación, Sakura lo visitó para no separarse de su lado. Tenía vendas por todas partes y dormía profundamente. La pequeña tomó una silla y la acercó a la cama de su compañero, aún tenía las bandas, pero ahora descansaban en sus piernas, inmóviles. Sentía el peso, sentía que la quemaban, que ardían y para librarse de ese dolor lo único era lanzarlas lejos de ellos dos, así no podrían lastimarlos. Pero era imposible hacer tal cosa, esas bandas se habían fundido con ellos, no era posible quitarlas de sus piernas, y si lo hacía, seguro habría una marca allí.
-¿Cómo lo lograremos, Naruto? – preguntó con una angustia que cualquiera que la escuchara se habría compadecido y llorado por los últimos integrantes del equipo siete – Ahora estamos solo tú y yo, ¿dos pueden ser un equipo completo? – observó a las dos bandas que descansaban en su regazo y quiso apartarlas – No creo que sea necesario que intentemos traerlos de vuelta.
En su mente, en la mente de esa pequeña, ellos dos los habían abandonado. Conocía las razones de Sasuke, quería poder, destruir a su hermano, restaurar a su Clan y vengarlo, pero ¿y su sensei?, no lo entendía. Podría haber vuelto, aunque fuera solo, después intentarían volver por su compañero, juntos, los tres. Pero ahora todo era muy difícil, se había quedado Sakura, y ella nunca fue talentosa, demasiado débil para intentar algo, además, ahora debía proteger a su compañero.
Las horas pasaron y nada cambió. En el fondo todos lo sabían, Tsunade, Jiraiya, Shizune, Iruka y ella, podrían sentarse a esperar, pero nada cambiaría, ellos no volverían. Cada uno tenía sus razones, pero el hecho era se había ido. Tsunade y Shizune los visitaron cuando la noche había caído en su totalidad.
-¿Cómo se lo voy a explicar? – Sakura no apartaba la vista de su compañero, aún dormía profundamente. La Sanin estaba segura de que no despertaría hasta el día siguiente.
-Lo haremos todos, Sakura – Tsunade puso una de sus manos en su hombro para darle consuelo – No estarán solos.
-Gracias.
-Estoy segura de que Kakashi lo está cuidado – la voz de la Hokage titubeó. Sakura era una genin, demasiado pequeña, pero comprendía todo lo que se avecinaba. La situación tan complicada en la que estaba la Sanin, tendría que decidir cómo declarar a los ninjas, ¿renegados?, un ex ANBU talentoso, cerca de convertirse en leyenda, admirado en otras Aldeas, un verdadero orgullo para la Hoja, con habilidades específicas... y el otro, casi el último de los Uchiha, de un clan talentoso y prometedor... No sería fácil tomar una decisión.
Las mujeres observaban por la ventana, cada una con sus propios pensamientos, analizando el siguiente paso. La noche parecía especialmente negra, oscura y silenciosa. En el fondo seguían esperando que de un momento a otro aparecieran los ninjas, que alguien entrara por la puerta y les dijera que estaban de vuelta, deseaban detener el tiempo, que esa noche fuera eterna para darles más tiempo a volver. Cuando el primer rayo de sol saliera e iluminara la Hoja todo sería real, y entonces se tomarían cartas en el asunto.
Kakashi estaba encerrado en una habitación cualquiera, contigua a la de su alumno que se suponía se recuperaba y tomaba un siesta, descansaba, pero estaba seguro de que no era así. No podrían dormir, aunque se les fuera la vida en ello, por lo menos no esa noche. Se pasó las manos por la cabellera, era una sensación extraña no tener la banda ninja, de alguna forma era como sentirse desprotegido, como un extraño que no sería bienvenido en la Hoja. Se incorporó de la pequeña y fría cama. El primer rayo del amanecer había tocado tierra, no podía verlo, no había ninguna clase de ventana allí, pero era su instinto el que le decía que se quedó sin tiempo y sin oportunidades. Ahora era muy tarde para volver, seguramente la Hoja los había esperado toda la noche, aguardando por su retorno, y ahora que el sol aparecía... Ya no había esperanza, para ninguno.
