#disclaimer: Naruto © Masashi Kishimoto
#nota: No tengo idea la razón, pero, últimamente la pareja de Sasuke y Sakura me ha hecho mucho ruido, y no lo malentiendan porque soy sumamente fan de esta pareja, pero me quedó una espinita por siempre y me gustaría sacármela a través de escribir esta historia. Me supongo que cuando Sasuke se fue, Sakura se sumergió en una oscuridad que nunca había estado, por lo que me gustaría desarrollar cómo sucedió, también quiero decir que me identifico mucho con Sakura en esta historia, por lo que podrá quizá parecer un poco de OOC, pero es mínimo. Espero disfruten el capítulo y todos sus comentarios serán esperados.
—Plunge into Darkness.
by Dauw
Plunge into Darkness_
_El amor duele, ¿Lo sabes?
En medio de la noche y en medio de la calentura, escuchó — o alucinó, no lo sabe— unos toquidos en su ventana, continuando con el sonido de la ventana deslizándose y para finalizar unos pasos que se acercaban a su cama, pero sólo lo suficiente como para tocarle la mejilla. Tampoco tuvo idea si esa noche a los 12 años había sufrido una parálisis del sueño por el estrés que le sugería la obligación de ser una kunoichi.
Al despertar de ese sueño/pesadilla, se aseguró, al abrir los ojos, que no hubiera ningún tipo de trampa en su cuarto. Sakura, con 13 años, tuvo el presentimiento más extraordinario del mundo, decidió pasear por la aldea sin ninguna intención de decirle ni a sus papás, ni a sus compañeros de equipo: principalmente porque eran las 2 de la mañana. Era una noche de invierno y había estado lloviendo, si bien la aldea no era un lugar muy frío, la humedad y los vientos que hacían bailar las hojas, afectaban de gran manera en su piel, haciéndole que se erizara en un dos por tres. O era eso lo que ella creía.
Al salir de su casa, caminó sin la intención de hacer saber que su alma estaba paseando por la soledad de la aldea, y en un intento de abrazarse a ella misma, escuchó un sonido, que parecía haberse amplificado involuntariamente. Alguien estaba saliendo a la misma hora que ella. Le pareció una coincidencia romántica y caminó hasta el sonido pesado. Era alguien con una capucha que vigilaba la entrada de la aldea. No se había dado cuenta que había caminado por tanto tiempo sin sentir más que frío — en su corazón—. Reconoció los pasos y en su mente habían tantas palabras que quería decir, pero no salían por su boca. Estaban congeladas por el viento que hacía danzar sus cabellos rosas.
Sakura había estado enamorada de Sasuke Uchiha desde que tuvo la oportunidad de verlo, y cada vez, su corazón se desbocaba de la misma manera como si fuera esa mañana en la que lo miró cruzar la calle frente a la florería Yamanaka. Sakura había hecho todo lo posible para que el Uchiha la mirara aunque sean unos pocos segundos, pero lo único que conseguía eran miradas matadoras y palabras lastimeras. Se apuñalaron en su corazón todas al mismo tiempo. Sakura no podía seguir enamorada de alguien que le hiciera tanto mal, pero, el amor es extraño y nos hace pensar cosas raras. O eso era lo que ella creía.
—El amor duele, ¿lo sabes Sakura-chan?— le comentó su mamá mientras lloraba, después de que papá llegó a la casa, con un profundo aroma a alcohol y una marca de labial en su camiseta.
El amor duele, aseguró en su mente. Sin más, dio unos pasos hacia enfrente y las rodillas le temblaron. Sasuke estaba por salir de la aldea y ella sabía que no podría hacer nada para evitarlo. A menos que.
—Llévame contigo—
Los ojos le escurrieron y el corazón de Sasuke no se ablandó ni una pizca. Bueno, ella lo sabía. Necesitaba ser más fuerte. Sasuke le agradeció en medio de sus lágrimas y fue lo último que supo de Uchiha Sasuke. Sus lágrimas se le congelaron por el frío en esa banca y al día siguiente, despertó con fiebre y el corazón destrozándole la caja toráxica. Apretó los puños y lloró todo lo que había congelado el viento.
Pasaron dos años, en los que únicamente era ella y su entrenamiento. Ni siquiera podía pensar que existía otra posibilidad de vivir que no fuera, despertar, entrenar y dormir. Sakura había vuelto a ser la misma niña retraída que cuando tenía cinco años, pero con las pesadillas carcomiéndole el sentido común. Sus maestros podían concordar que era otra, que era mujer desde que se despertó con el corazón roto y tintineante. En ese momento dejó de pensar en boberías, para concentrarse en lo que necesitaba para traerle de vuelta. Lo único que ahora le faltaba en su vida era: Sasuke Uchiha o un nuevo corazón. Pensó.
Naruto volvería por ella para ir por Sasuke y la promesa se volvería realidad. Sakura se sentía opacada por Naruto y se negaba a creer que él lo haría por ella. Que le devolvería el corazón que secó a lágrimas en invierno de hacía dos años. Ella quería hacerlo por ella misma. Pero ella conocía a Naruto mejor que a sus propios pensamientos y era inevitable que se le negara. Golpeó la última piedra del valle y cuando liberó su chakra, la piedra se hizo polvo y sus ojos se hicieron agua.
Un mes después, entrenó con Naruto y se sintió confundida. Naruto no era el mismo y ella seguía siendo la muchacha que Sasuke había posado en la banca del rechazo, creía. Naruto era más alto y atlético, incluso había cambiado la forma en la que le sonreía. Pero al menos ya no la veía con lástima. Sakura se preguntaba diario si Sasuke comía bien o si seguía vivo. La duda la carcomía. Sakura odiaba tanto o más que Sasuke a Itachi, la persona que los había alejado para siempre. Naruto parecía conocerla mejor de lo que ella lo conocía. Naruto adivinó sus pensamientos y le tomó de las manos.
—Vayamos a Ichiraku con Kakashi-sensei. Será divertido— Naruto la jaló del brazo antes de que se negara y la sonrisa se le volvió a aparecer genuinamente entre sus labios. Como en los viejos tiempos.
Kakashi elogió su fuerza y le comentó que era lo mínimo que podía hacer después de ignorar su perfecto control de chakra, al ser opacada por sus otros dos estudiantes. La máscara de Kakashi seguía en su lugar, al igual que su cabello plateado, pero habían aparecido líneas de expresión en su rostro. Sólo habían pasado 3 años desde que lo conocía. Se sorprendió y vio su reflejo en el caldo de res del ramen que había pedido. Esperaba que Sasuke volviera antes de que las líneas en su rostro se marcaran. Naruto se atragantaba y entre respiraciones comentaba lo preciosa que se había puesto y lo fuerte que se había vuelto. Sakura no hacía nada más que negarlo todo de manera amable y reírse de la buena tarde que había sido, después de dos años separados.
—Ya quiero ver la cara del Teme cuando le pegues un puñetazo como a mí, se sorprenderá. Estoy seguro— Dijo Naruto con un tono maduro, después de acabarse el último bocado de ramen que le quedaba. Los tres se quedaron callados y pagaron sin decirse ni una sola palabra más. En un pacto silencioso, Kakashi y Naruto acompañaron a Sakura a su casa y se despidieron con un fuerte abrazo.
El amor duele, se repitió en su mente.
— Nos vemos mañana, Sakura-chan— Sakura asintió.
Sakura estaba dispuesta a perder su vida con tal de traer a Sasuke de vuelta, lo dejaría todo en la batalla y quizá así alcanzaría la paz. Pensó en que quizá se sentiría incompleta, pues no fue lo suficientemente fuerte como para cambiar el corazón de Sasuke que se teñía con odio por cada segundo que pasara. Y sin más, entró a su casa a llorar hasta que la fuerza se le acabara y quedara dormida sobre el balcón de su cuarto. Esa noche soñó que entraron de nuevo a su ventana y que le acariciaron su mejilla. Soltó una lagrima inconsciente y lo ignoró. Sonrieron entre las sombras.
La mañana siguiente, despertó con su cabello hecho un desastre, los ojos hinchados de llorar y con el cuello doliéndole de la posición en la que se quedó dormida. Los rayos de luz le molestaron en sus ojos y supo que era momento de arreglarse para la misión. Se dio un baño de agua fría y pensó que quizá no volvería a bañarse en su casa. Era una niña dispuesta a morir, porque había olvidado lo que significaba vivir. Al salir del baño, observó el retrato del antiguo equipo 7 y pensó como habían cambiado las cosas. Ya no podía llorar.
Durante el viaje, las noches le parecían más largas que los días y se sentía frustrada al pensar que si seguían parando, no encontrarían a Sasuke Uchiha en la guarida de Orochimaru. Esa noche decidió ir a un lago cercano a pescar para el desayuno y no perder tiempo de la luz del sol. No había nada más que podía hacer. La luna estaba llena y era casi como si estuviera todo iluminado, pero es porque no había árboles a su alrededor, se encontró perdida en el límite de su país y el de Suna. Se vio orillada a llorar, la imagen le parecía tan bonita que quería guardarla para siempre en su mente y así olvidar lo que le causaba dolor. Pero no podía llorar y tampoco podía olvidar. Escuchó un sonido entre los árboles y se vió en la necesidad de esconderse en un arbusto. A lo lejos, miró a un pelinegro de ojos igual de negros que los de su Sasuke beber agua directamente del lago. Su respiración se agitó. Cerró sus ojos y los abrió para asegurarse que no era ningún tipo de alucinación y lo vio, con los ojos negros penetrándole su mente. Se heló completamente y sus ojos se volvieron agua. Si esa persona era Sasuke-kun, no había podido reconocerlo. Cerró sus ojos ante su error, si ese era Sasuke, había pasado tanto tiempo que era natural que tuviera problemas para reconocerlo. Deseó equivocarse y para cuando volvió a abrir los ojos, el hombre que bebía del lago ya no estaba ahí. Salió de su escondite y buscó por todos lados. Ya no podía sentirlo. Escuchó que el viento le susurró con voz ronca que tuviera cuidado, al girarse, un pelinegro alto le había tocado los hombros.
— I-itachi…—
—El amor duele, Sakura Haruno.— Sin más, la silueta desapareció. Sakura frunció el ceño y su frente se achicó.
Si Itachi hubiera querido matarla, lo hubiera hecho. ¿porqué no lo hizo?. Sintió sus ojos pesados y cayó rendida. Al despertar, estaba en una cama improvisada, con una capa de akatsuki cubriéndola del frío. Buscó a alguien y encontró a Itachi sentado como samurai, escudriñándola.
—Necesito de tu ayuda—
La luz del sol hicieron visibles heridas graves en el torso y la pelirrosa no pudo más que levantarse a tratarlas rápidamente. Después de unos 40 minutos, finalizó el tratamiento y se quitó el sudor rápidamente de la cara. Tenía el cabello amarrado y la luz dorada la hacía ver como una santa. Suspiró y no supo si apuñalarlo con un Kunai o hacerle un interrogatorio. Partió por la segunda.
— ¿Qué necesitas de mí? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Sasuke-kun? ¿dónde están Naruto y Kakashi-sensei?—
El Uchiha mayor no pudo más que reír ligeramente y aclarar su garganta para que su voz volviera a la normalidad. Sakura le miró con desconfianza. Encontró que todo estaba en su lugar, incluso el pergamino que tenían que entregar en Suna. Le miró de forma retadora mientras esperaba por las respuestas, pero el silencio se expandía y empezaba a calarle en los huesos. Sintió mucha desesperación. Itachi fue el anbu más joven de la aldea, claro que no iba a contestar nada de lo que una tonta niña le preguntara. Sakura empuñó el kunai cerca de las heridas que le acababa de curar y los ojos de Itachi brillaron de una manera que nunca había visto en un Uchiha. Sakura no podía creer lo cercana que estaba de su muerte y lo lejana que estaba de Sasuke. Sakura vio a Itachi componer una sonrisa de medio lado y supuso que era el momento que su alma partiría de una vez al mundo de los muertos. Bajó el Kunai e intentó escapar, el brazo fuerte del poderoso ninja la detuvo y no pudo más que estrellarse en el amplio y dañado pecho de Itachi, quien se quejó lo suficientemente alto como para que Sakura pudiera escuchar el diminuto sonido. Sakura se disculpó y por dos momentos olvidó que estaba frente al enemigo público más fuerte de la aldea. Itachi volvió a reír ligeramente y pensó que Sasuke e Itachi eran dos personas totalmente distintas, Sasuke nunca se reiría.
—Necesito tu ayuda para recuperar a Sasuke, Sakura-san—
Sakura lloró en el pecho de Itachi y lo único que no podía olvidar era cuánto lo odiaba y cuanto le agradecía por la oportunidad. Lo que más quería en la vida era Sasuke, y ella había decidido perder su vida con tal de traer a Sasuke de vuelta, incluso si significaba que debía hacer las paces con la persona que más odiaba en la tierra. Se erizó al recordar la voz gruesa y ronca de Itachi mencionar su nombre.
—El amor duele ¿Lo sabes Itachi-san?— Itachi asintió, lo sabía en carne propia. No por nada había conseguido el Sharingan. La abrazó contra su pecho y ella continuó llorando sin descanso por los siguientes 20 minutos. Naruto y Kakashi se preocuparían por ella.
