"Este fic participa en el reto multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras."
Disclaimer: Sakura Cardcaptor es propiedad de CLAMP.
Prompt: Los celos son malos consejeros, ciudad.
Nadeshiko amaba las flores. Cuando eran niñas solía arrancarlas de los jardines y parques, a veces llegó a meterse en problemas pero los encantó con su sonrisa resplandeciente. También mandaba flores a los que amaba, el abuelo siempre recibía el regalo con dicha y la llamaba «mi nieta favorita». Sonomi no sentía envidia porque si alguien merecía ser feliz era su adorada Nadeshiko.
Un ramo de flores multicolores siempre fue su regalo de cumpleaños. Incluso cuando ella se casó, Sonomi siempre halló la manera de mandarle un ramo variado. Con cada regalo que mandaba y la carta de agradecimiento que recibía por respuesta el deseo de ver otra vez a Nadeshiko crecía, pero sabía bien el abuelo no lo consentiría. Sonomi tampoco tenía ganas de encontrarse con ese hombre, algo hervía dentro de ella cada vez que imaginaba las sonrisas de su prima y recordaba que ahora le pertenecían a él.
Algún día, pensó, la siguiente vez que Nadeshiko recibiera las flores sería en sus manos, Sonomi la escucharía agradecer y ambas saldrían a pasear como cuando eran niñas, antes de que Fujitaka existiera.
No esto, dejar el ramo sobre el ataúd mientras aguantaba las lágrimas.
Sonomi no necesitaba apurarse, muy pocas personas estaban en el entierro y ninguna se acercó al féretro. Mejor de esa forma, Sonomi no se movería aunque se lo pidieran.
«Debí permanecer a tu lado», pensó mientras a su alrededor sonaba una música lenta y opresora que la hacia mirar la tapa pulcra y la fotografía de marcos dorados, un recordatorio de que la espina en su corazón estaba lejos de caerse.
Nadeshiko Kinomoto
Sonreía a la cámara. Su sonrisa siempre había sido hermosa. Pero ahora se había apagado para siempre. El color opaco de su vestido y la ausencia de sombrero enfatizaban la caída de su cabello, una cascada de bucles grises que se deslizaban por sus hombros hasta su regazo.
Si lo hubiera sabido no habría puesto esa distancia. Sonomi respiró hondo, al cerrar los ojos veía su hermosa sonrisa, esos cálidos ojos verdes y su cabello. Largo, vaporoso y gris hasta la cintura, «Ella me dejaba peinarlo, le dije que quería que mi hija tuviera su cabello». No notó la única lágrima que cayó por su mejilla hasta su vestido negro.
―Sonomi.
Ella esperó que no hubiera visto la lágrima, ni que su tristeza la traicionara con ese hombre. Se dio la vuelta, dispuesta a no perder la compostura por toda su familia al enfrentarse a ese hombre.
No le sorprendió que Fujitaka no sonriera, pero no contaba con cuanto la sorprendería ello. Siempre había sido amable con todas sus estudiantes, pero junto a Nadeshiko se transformaba, como si rejuveneciera. Ahora su semblante reflejaba varios años más de los que tenía, «Él tampoco ha podido dormir», pensó al ver sus ojeras. Sonomi había planeado cualquier actitud gélida pero cordial, sin embargo su expresión desolada puso fin a cualquier hostilidad hacia él.
―Lo siento, Kinomoto ―murmuró, solo para que él la escuchara.
Él asintió, murmuró algo incoherente sobre agradecerle por venir, aunque Sonomi prestó más atención al clavel que tenía en la solapa de su traje.
―¿Dónde está Touya?―preguntó antes de que el silencio se volviera incómodo. Eran muy pocas personas las que asistieron, pero Sonomi no veía al niño por ningún lado.
―En casa con Sakura.
«Amaba las flores», Sonomi apartó la vista hacia el féretro, ignorando las lágrimas que se acumularon en sus ojos. No podía llorar frente a ese hombre aunque los uniera el amor hacia Nadeshiko.
―Ella siempre pensó en ti ―dijo Fujitaka en voz baja.
«Yo también», pensó Sonomi, lo miró de reojo pero no halló señales de burla. Lo envidiaba, él si había podido estar con ella. Si hubiera sido capaz de dejar de lado esos patéticos celos…
―Fue feliz contigo ―«Pero yo no»―, eso es suficiente para mí.― «Me la robaste»
Era lo que él necesitaba escuchar. Fujitaka sonrió, Sonomi no soportaría consolarlo si no supiera que era lo que su prima hubiera querido, incluso le pareció que la sonrisa de la foto se iluminó
―Tienes una hija, ¿verdad?―preguntó Fujitaka, Sonomi asintió sin mirarlo―. Espero que alguna vez pueda conocer a Sakura. Tiene sus ojos
«Jamás», pensó. Pero en lugar de eso dijo:
―Alguna vez.
«Y yo también espero poder verla».
De Sonomi se poco y casi nada, pero decidí escribir de ella porque a pesar de sus pocas apariciones en el anime me es difícil olvidarla. La idea para el capítulo vino casi de casualidad, pensé: "¿Qué clase de celos?". Espero que quede claro que su amor por Nadeshiko era algo más familiar o platónico, personalmente creo que es un poco de ambos.
Muchas gracias por leer.
