Aquella mañana Draco salió a la calle a tiempo, como gustaba de hacer cada día. Acostumbrado al tiempo nublado no se sorprendió de la falta de claridad:

"Parece que hoy lloverá" pensó sin molestarse en levantar la mirada al cielo.

Caminó con paso firme y seguro hacia la clínica. La brisa fresca pero agradable siempre le ayudaba a despejar las ideas y mentalizarse del nuevo día y sus proyectos. Su abrigo muggle disimulaba bien su condición de mago, había tenido que aprender a encajar en aquel mundo a la fuerza, pues el negocio que había montado estaba dedicado a ellos principalmente.

Perdido en sus pensamientos no pudo notar que la textura bajo la suela de sus costosos zapatos era diferente hasta que pisó algo que casi le hace tropezar. Maldiciendo miró al suelo y se encontró con un amasijo de tela desmadejada.

Molesto, trató de apartar la del paso con el zapato pero algo envuelto en el interior se lo impidió.

Quiso pasar de largo e ignorarlo pero algo le dijo que se quedara. Se agachó y levantó con cuidado los jirones de tela sucia.

Casi pierde el equilibrio por la sorpresa cuando descubrió lo que había debajo.

Quién estaba debajo más bien.

Potter parecía inconsciente, tenía muy mal aspecto y nuevamente tuvo aquel impulso de irse de allí y dejar las cosas como estaban, pero nuevamente no pudo hacerlo. Sacó su teléfono y llamó a Charity, su joven y eficiente secretaria.

Tras unas breves instrucciones colgó el teléfono y trató de valorar el estado de salud de su antiguo rival. No veía contusiones evidentes, sin embargo estaba manchado de sangre y demasiado delgado.

Todo resultaba muy extraño, nadie había reparado en el montón de tela ni en él tampoco, agachado mirando aparentemente a la nada. La gente pasaba de largo sin prestar más atención. Incluso él mismo le había pisado antes de verle.

¿Algún hechizo de ocultación?

Sea como fuere no podía sacar la varita y empezar a hacer comprobaciones en mitad de una calle muggle.

Charity llegó en su pequeño coche azul como buena Ravenclaw. Aparcó en un lado de la calle y salió rápidamente a ayudar a Draco.

- Charity, ¿puedes ver lo que hay en el suelo?

- Veo un montón de telas desaliñadas - dijo parpadeando confusa con sus largas pestañas.

- Abre la puerta trasera, por favor.

- ¿Va a llevarse ese montón de telas?

- No es lo que parece, ayúdame.

Charity miró el montón de tejido sucio y roto con aprensión, no quería meter algo así en su coche pero sería mejor no llevarle la contraria a su jefe. Entraron al coche y la chica condujo hacia la clínica.

Draco supo que estaba nerviosa porque era una chica muy correcta conduciendo normalmente y esa mañana sin embargo ya se había saltado 3 semáforos en rojo y casi atropellado a una anciana en el paso de peatones.

Finalmente llegaron a la clínica y ella aparcó su coche en el garaje de la casita en la que había montado su negocio. Afortunadamente el garaje privado les proporcionó la intimidad necesaria para poder sacar el cuerpo de Potter sin levantar sospechas.

- Charity, ayúdame a llevarlo.

- ¿Quién es, señor Malfoy? ¿Y por qué se toma tantas molestias?

- Ahora te lo explico, ni siquiera yo estoy seguro de estar haciendo lo correcto.

Draco suspiró y pasó los brazos por debajo de los brazos de Potter. Le sintió increíblemente liviano y huesudo.

Atravesaron el pasillo hasta el laboratorio de investigación de Draco. Allí colocó a Harry sobre la camilla donde atendía a los pacientes que necesitaban que él mismo les aplicara sus soluciones.

- Gracias, Charity. Abre la tienda y permanece atenta a cualquier cosa extraña. Que no entre aquí nadie que no seas tú.

- Si, señor.

Obediente, Charity salió del despacho de su jefe sin hacer más preguntas y cerró la puerta. Hacía un par de años que la chica había terminado sus estudios en Hogwarts y había tenido la suerte de encontrarla gracias a unos amigos de sus padres. Estaba agradecido de haber encontrado a alguien tan eficiente en su trabajo, discreta y elegante.

Observó el desastre sobre la camilla y se preguntó qué demonios le habría pasado. Inseguro sobre estar haciendo lo correcto no pudo dejarle así.

Con cuidado sacó su varita y comenzó a retirar los harapos enredados que cubrían a Potter. Hizo un par de comprobaciones para asegurarse de que no hubiera maldiciones. Parecía todo normal excepto... Repitió el rastreo y encontró, tal como sospechaba, restos de un hechizo básico de ocultación. Esa era la razón por la que no le había visto hasta que le había pisado.

No entendía los jirones de la ropa, parecían rasgadas por algún tipo de animal salvaje. Sintió la respiración superficial del chico bajo las telas, parecía débil. Al apartar el último trozo de tela pudo verle entero.

Harry Potter estaba irreconocible.

Múltiples heridas abiertas sangraban a lo largo de su cuerpo semidesnudo. Estaba enfermizamente delgado. Se apresuró a limpiar las heridas la mitad de las cuales empezaban a infectarse. La otra mitad a lo largo de los brazos debían de tener algo más de tiempo porque estaban a medio cerrar pero sin señales de haber sido curadas.

Las más importantes parecían heridas de garra, alargadas y agrupadas de tres en tres. Unas más profundas que otras. Aplicó diferentes pociones que humeaban al entrar en contacto con la infección y las cerraban. Debía aprovechar que estaba inconsciente pues de no haber sido así el dolor le habría hecho desmayarse.

Tras revisar el torso repasó los brazos, fue limpiando poco a poco las heridas. Se sorprendió cuando al llegar a sus manos las encontró manchadas de tierra negra.

El brazo derecho había salido peor parado que el izquierdo. Por su mente pasaron imágenes del pobre desgraciado teniendo que defenderse de alguna bestia. Suposo que sin magia pues no había rastro de su varita por ninguna parte y el gran auror Harry Potter habría tenido alguna oportunidad frente a un animal salvaje.

¿Cómo había intentado defenderse sin magia?

¿Habría perdido su varita?

Harry Potter debía haber aprendido a usar la magia sin varita hacía mucho tiempo.

¿Qué demonios le había pasado entonces?

- ¡Charity!

La chica golpeó la puerta con suavidad.

- ¿Me llamaba?

- Si, busca por favor información reciente sobre Harry Potter, lo que sea que puedas encontrar y tráemelo.

- En seguida.

Repasó sus piernas y encontró unas rodillas despellejadas por la fricción y con más arena. Parecía haber tenido que gatear semidesnudo por algún campo de tierra. Cogió algún granito de muestra de la tierra de sus rodillas para investigarla más tarde. Una herida de mandíbula bastante importante rodeaba su tobillo derecho. Limpió la herida y pudo ver lo cerca que había estado el chico de perder el pie.

Notó que habían pasado los años cuando su curiosidad se transformó en lástima. Su empatía había aumentado a lo largo de los años atendiendo a pacientes necesitados de sus cuidados. Había encontratado gran satisfacción en verles sanar desde el primer momento gracias a sus brebajes y ungüentos.

Charity llamó a la puerta.

- Señor Malfoy, ¿tenemos esencia primaveral?

- Sí, pasa.

Con su delicado caminar atravesó la sala y abrió el armario de reposición de esencias.

- ¿Cómo está? - preguntó curiosa.

- Bastante mal, no sé si podré estabilizarle sin ayuda médica.

- Seguro que sí - dijo ella con una sonrisa confiada.

Con pasitos cortos salió de la sala y cerró la puerta.

Aparentemente no tenía ninguna lesión más. No presentaba mucha fiebre y aparte de la deshidratación y la delgadez no parecía enfermo. Le cubrió con cuidado con una manta suave y le dejó descansar. Esperaba que despertase pronto para poder darle algo de comer.

Le echó una última mirada recelosa y se fue hacia su escritorio. Abrió un informe, colocó su nombre pero tras unos segundos de reflexión lo borró. Iba contra su ética profesional pero tenía un mal presentimiento con todo esto. Anotó de manera anónima toda la información acerca de lo que había visto.

No recordaba haber escuchado nada acerca de su desaparición. Y estaba claro que no había sido cosa de dos días, el estado de su cuerpo denotaba una grave desnutrición. Tenía trabajo que hacer pero las preguntas eran demasiadas.

No podía dejar de mirar al chico ahí tumbado, como si tuviera miedo de que de pronto entrase en shock y le diera un ataque o algo. Hacía muchos años que había desconectado de todo lo que le recordaba su pasado en Hogwarts, ignoraba las noticias sobre Potter y sus amigos. Su círculo informativo había quedado reducido a su familia y su negocio. Ahora lamentaba aquello.

Encendió el ordenador y comenzó a repasar facturas, pedidos, contratos de proveedores y albaranes.

Pasaron un par de horas sin ninguna novedad. Potter no se había movido.

¿Qué haría cuando despertara y le preguntara?

En realidad no tenía ni idea ni de las razones por las que él mismo estaba haciendo aquello pero una vez más su intuición le dijo que debía hacerlo así. Unos suaves golpecitos en la puerta le sacaron de sus reflexiones.

- ¿Señor? Le traigo la información que me pidió.

Miró a Charity como si hiciera un mes que no la veía.

- Cierto, gracias Charity.

- La señora Plum pregunta si podríamos adelantar su cita a mañana. No hay citas cogidas, sin embargo la camilla está inhabilitada, le dije que lo consultaría con usted. ¿Qué le digo?

Malfoy miró a la camilla.

¿Estaría Potter listo para moverse mañana?

¿Podría atender su negocio con normalidad hasta que así fuera?

Qué demonios, por supuesto que sí. Este tipo no podía aparecer de repente en su vida y alterarlo todo.

- Por supuesto, Charity, cambia la cita.

La chica se levantó y se acercó a Potter.

- Está algo sucio, ¿no le vendría bien un baño?

- Por Merlín, que dé gracias que le he recogido de la calle sin cobrarle nada, ¡no voy a ducharle también! Cuando despierte que se duche él mismo.

Con un gesto críptico Charity volvió su atención hacia Harry.

Draco se sintió una mala persona, Potter no le había pedido nada, todo lo había hecho por su cuenta y riesgo pero aún así se sentía terriblemente molesto. Además de sospechar que todo este tema tendría repercusiones antes o después.

- Nunca había visto a Harry Potter tan de cerca, es muy guapo, ¿verdad?

Draco no esperaba aquel comentario.

- Eh, bueno, no lo sé. ¿Qué más da? ¿Y por qué has dejado la tienda sola?

- Ay! Perdón!

La chica voló de vuelta a su puesto de trabajo olvidando cerrar la puerta. Con un suspiro Draco se levantó para cerrar y poder centrarse en la información que le había traído la chica.

Efectivamente no había ninguna información que hablase sobre su desaparición ni nada parecido. Lo más sospechoso al parecer era el hecho de que no había noticias últimamente sobre él. Ni buenas ni malas.

Entrecerró los ojos y se levantó hacia la camilla. Observó a Potter descansando. Tenía la barba algo crecida, totalmente descuidada y sucia. El pelo tenía restos de ramas y suciedad. Realmente tenía pinta de haberlo pasado mal.

Su corazón de sanador se apiadó de él y con cuidado le aplicó unos hechizos de limpieza en el pelo, recogiendo las hojas y las ramas como muestra. Le limpió el rostro, encontrarlo siempre había supuesto un grano en el culo pero ahora, años después, aquel sentimiento se había desvanecido.

Mirándolo bien Charity tenía razón, incluso en ese estado, delgado, descuidado y herido estaba guapo. Había madurado bien.

¿Seguiría conservando el brillo en sus ojos verdes?

De pronto sintió la necesidad de ver lo que aquellos ojos le contarían ahora. Se sentó a su lado y le observó. Un pequeño espasmo hizo que Harry cerrase la mano que acto seguido empezó a temblar.

Instintivamente Draco la sujetó con la suya para tranquilizarle pero no lo consiguió. El chico empezó a retorcerse como tratando de despertar de una pesadilla. Draco se levantó y fue en busca de una poción calmante por lo que pudiera pasar cuando despertara.

De pronto Potter abrió los ojos que le observaron llenos de pánico. Después miró la sala, la manta, presa de un ataque de nervios trató de cubrirse y pegarse contra una pared, pero la camilla estaba en el medio de la sala, por lo que cayó al suelo con un sonoro golpe. Desde allí se arrastró a gatas hasta una esquina donde se quedó encogido agarrando la manta como si fuera un salvavidas en medio del mar.

Draco trató de acercarse pero él gimoteaba que no lo hiciera. Vio aquellos ojos verdes que hace años le miraban llenos de vida y coraje, le rompía el corazón ver ahora esa expresión de miedo y dolor. Por un momento olvidó que se trataba de su antiguo enemigo y rival y sólo vio el dolor de una persona maltratada y asustada hasta niveles imposibles.

- Tranquilo Potter, soy yo. No te haré daño.

- Aléjate! No te acerques más o...

- ¿O qué, Potter?

No pudo responder, la ansiedad se adueñó de él y empezó a respirar demasiado rápido. Gruesas lágrimas resbalaban por sus delgados pómulos.

- Potter, no voy a hacerte daño. Tómate esto - dijo extendiendo la poción hacia él.

- No no no no, no voy a tomar nada - se agarraba las rodillas mientras se balanceaba a sí mismo.

No se dio cuenta de que Charity había aparecido hasta que habló.

- ¿Necesita ayuda?

- Inmovilízale, Charity.

Rápida de reacción sacó su varita y petrificó a Harry, quien cayó sobre su costado aún encogido en sí mismo. Draco se acercó y le dio la poción calmante. Inmediatamente después le devolvió la movilidad. En posición fetal Harry dejaba caer las lágrimas, ya sin histeria en los ojos.

- Tranquilo, Potter. Te pondrás bien.

- No... No sé quién es ese Potter, ni tampoco sé quién eres tú.

Malfoy miró a Charity que seguía asustada.

- ¿Qué dice?

- Creo que Potter ha perdido la memoria.


Esa mañana Draco no pudo hacer nada productivo en la oficina. Había calmado a Potter y le había dado algo de agua que este había bebido como si llevase días sin probarla, después volvió a quedarse dormido. Al menos gracias a la poción calmante y las gotas de poción restauradora que le había añadido al agua sabía que estaría bien y estable durante unas horas.

Casi era hora de comer. Cerraron la tienda y pasaron al comedor de la casita para almorzar y descansar.

- ¿Qué tal la mañana? ¿Ha venido alguien? - preguntó a la joven.

- Han venido un par de señoras a por sus remedios para el reuma.

- Eso está muy bien. Que sean fieles.

El negocio de Draco se basaba en proporcionar medicinas "no mágicas" a los muggles. Entre la mayoría de muggles era considerado un curandero charlatán pero no le importaba. Él sabía que sus remedios eran totalmente efectivos y sus resultados estaban demostrados por sus pacientes. La clave estaba en que nadie supiera la procedencia real de aquellos ingredientes.

Había montado su negocio de manera discreta tras escudriñar los límites de la ley mágica y muggle, pues no quería arriesgarse a una denuncia del ministerio mágico, y había empezado a proporcionar sencillos remedios sin efectos mágicos llamativos. Por las dudas él siempre se aseguraba de que cualquier botánico muggle fuera capaz de conseguir lo que él hacía. Era su salvoconducto.

Este límite impedía que fueran tan efectivas como las pociones que usaban los magos pero funcionaban mejor que las medicinas tradicionales muggle para tratar ciertas dolencias. Tampoco quería llamar la atención con remedios milagrosos.

- ¿Cómo está Harry? - preguntó Charity de repente.

- Se ha dormido de nuevo. A ver si consigo que descanse y se tranquilice para que coma algo cuando se despierte.

- ¿Ha perdido la memoria de verdad?

- Eso parece, aunque quizá sea temporal. Tiene que recuperarse de momento.

- ¿Qué hará esta noche?

- ¿Esta noche?

- Si, tiene una cita con la señorita Greengrass.

- Ah, eso...

Sus padres seguían presionando para que formalizara de una vez la relación con Astoria pero algo le decía que no debía hacerlo. No se sentía cómodo con la chica. Habían salido varias veces a cenar y en alguna ocasión ella iba a buscarle a la clínica pero algo no terminaba de encajar. Seguía posponiendo el momento de formalizar aquella pantomima aunque no sabía cuánto tiempo más podría alargarlo. La chica ya había intentado besarle varias veces y él había conseguido esquivarlo con elegancia alegando estar en público. Esta noche habían quedado de nuevo.

- Me temo que tendré que cancelar la cita, mi trabajo es lo primero. Y tengo un paciente grave.

La chica le miró con una sonrisa pícara.

- No tiene muchas ganas, ¿me equivoco?

- Charity… - dijo Draco en tono de advertencia suave.

- Perdón.

Entonces suspiró.

- Es obvio que no las tengo.

La carcajada de su empleada le hizo sonreír con complicidad. Draco se pasó una mano por la frente.

- Me trae de cabeza ese asunto.

- Se lo noto. ¿Ha pensado en la razón?

Draco la miró sorprendido.

- ¿La razón?

- Si, la razón por la que no se siente cómodo con ella.

- Pues no, la verdad. ¿Acaso sabes algo que yo desconozco? - preguntó con malicia.

- Bueno, siempre ha sido un absoluto caballero con las mujeres pero jamás le vi mirar a una como... ya sabe, como se mira a una mujer normalmente.

- Charity, tienes una lengua muy afilada y la mente demasiado despierta.

- Por eso estoy aquí trabajando para usted - dijo ella con una sonrisa muy Granger.

- Eres incorregiblemente Ravenclaw.

Tras otra carcajada de ella terminaron de comer. Era hora de abrir de nuevo.

Draco paseó por la clínica revisando que todo estuviera en perfecto orden, que las pociones estuvieran en buen estado y estuvieran bien etiquetadas. Aún con las palabras de Charity en la mente reflexionó.

¿Por qué no estaba cómodo con Astoria?

Era una chica elegante, delicada, muy hermosa. Le recordaba mucho a su madre, pero si Astoria era su madre eso le convertía a él en su padre y eso ya no sonaba tan bien. Respetaba y amaba a sus progenitores como el que más pero no quería repetir la vida que había tenido su padre siempre saturado de responsabilidades y con ese toque inhumano que aparentaba debido a la rectitud de su comportamiento.

Por Merlín, si su primera gran decisión en la vida ya le había acarreado la más grave de las discusiones con su padre.

- ¡¿Trabajar para muggles?! Eso es lo que te he inculcado?¡ Tienes unos orígenes nobles por Morgana, no puedes degradar el apellido Malfoy dedicándote a hacer de "curandero" muggle!

- Padre, son personas igualmente. Deberías dejar de lado esos principios rancios y abrir tu mente a los nuevos tiempos. Me inculcaste la visión de negocio y eso es lo que busco, un terreno totalmente inexplorado y desconocido.

La conversación se había alargado durante horas. Finalmente su padre había comprobado que su idea realmente era una buena inversión y había terminado aceptando a regañadientes.

Definitivamente deseaba ser diferente a su padre y establecer su vida con una persona como Astoria no le dejaría mucho margen de maniobra para ese cambio.

- Señor Malfoy, estoy escuchando movimiento en la sala.

- Habrá despertado Potter, gracias Charity.

Draco terminó de colocar el remedio para las verrugas en su estante y fue hacia la sala.

Efectivamente, Potter estaba despierto, sentado sobre la camilla, mirando a su alrededor como un niño. Draco dio un golpecito suave para no sobresaltarle. Harry le miró sin entender y volvió a su exploración.

- ¿Cómo te encuentras?

- Bien. ¿Dónde estoy? ¿Y tú quién eres?

- Me llamo Draco Malfoy, ¿de verdad no me recuerdas?

- Lo siento pero no. ¿Dónde estoy?

- Estás en mi clínica de terapia.

- Ah, qué bien.

Y sin decir más volvió a observarlo todo. Draco fue a por algo de comida que había dejado preparada para este momento.

- ¿Tienes hambre?

Draco le mostró el plato de sopa caliente y el chico volvió a cambiar de expresión, como si no entendiera nada. Dudó por un momento pero el olor le hizo coger la cuchara con la mano temblorosa y llevársela a la boca para probar. Con esa primera cucharada cerró los ojos y suspiró de placer lo cual hizo sentir extraño a Malfoy. Tiró de profesionalidad y dejó que se alimentara con paciencia, escuchando suspiritos de placer con cada cucharada.

- He comido esta sopa varias veces y nunca me había parecido tan maravillosa - comentó Draco divertido.

Harry le miró a los ojos y pudo ver que estaban vidriosos, al borde de las lágrimas.

Pobrecillo.

Cuando terminó se bajó de la camilla con un gemido de dolor. Levantó el pie y trató de ir cojeando.

- ¿El baño?

- Ven conmigo.

Salieron de la sala y cruzaron el pasillo hasta las escaleras que daban a la primera planta. No iba a llevarle al aseo de clientes, lo mejor era que no le vieran aún. Subió sujetándole con cuidado, su pie derecho seguía muy malherido. Una vez en la puerta se quedó a esperar. Potter entró y cerró la puerta.

Mientras esperaba fuera, Draco se sintió un poco idiota.

"Ahora resulta que soy la cuidadora de Harry Potter, pues qué bien."

La cabeza de Charity apareció por el hueco de la escalera.

- ¡Señor Malfoy! ¡La señorita Greengrass al teléfono!

La que faltaba.

- Dile que ahora la llamo, que estoy con un paciente, por favor - golpeó la puerta. - ¿Has terminado?

Entonces la puerta se abrió y Harry salió oliéndose las manos mientras se sujetaba en el marco de la puerta.

- Me gusta tu jabón.

Charity volvió a aparecer por el hueco de la escalera.

- ¡Tiene terapia con el señor Willberg en 10 minutos!

El señor Willberg era uno de sus mejores clientes. Tenía una calvicie irrecuperable de manera natural pero un día Charity le había dado a probar la poción de "vigor capilar" y al día siguiente había vuelto a por más.

- ¡He recuperado algo de mi cabello!- les había gritado emocionado. Y después había querido llevarse todos los botes disponibles.

Draco pudo constatar que su "cabello" no era más que una leve pelusilla, pues la esencia de vigor capilar en realidad era una gota de poción crecepelo disuelta en agua para minimizar sus efectos. De modo que si el hombre sobrepasaba la dosis la esencia tendría un efecto similar a la poción real. Para evitar ese riesgo le informó de que ese era un tratamiento que se debía realizar de manera periódica en la clínica. Así controlaba la dosis que el emocionado hombre se aplicaba.

Por supuesto no podía tener a Potter ahí y debía acondicionar la sala para el tratamiento.

- Potter, descansa en esta habitación, que tengo trabajo.

Sin mediar palabra entró en el cuarto de invitados que Draco le indicaba y se sentó en la cama.

- No tardaré, si necesitas algo… Bueno, tú descansa, no tardaré.

Pero Harry ya estaba dormido. Mucho más tranquilo Draco bajó las escaleras y preparó el tratamiento del señor Willberg.

Una hora más tarde el señor Willberg salía de la clínica, le había costado lo suyo pues el hombre quería pagar todo el tratamiento por anticipado. Parecía tener un auténtico trauma con su calvicie. Ya era de noche y prácticamente la hora de cerrar.

- Charity, tengo la cabeza como un bombo, cierra cuando sea la hora y márchate a casa.

- ¿Se va a quedar aquí?

- No puedo dejar a Potter solo.

- Entiendo.

La chica parecía concentrada en su trabajo pero a Draco no se le había escapado el tono de su respuesta.

- Llamó de nuevo la señorita Greengrass.

- ¿Otra vez? ¿Es que no entiende que estoy trabajando?

La chica se encogió de hombros y siguió ordenando papeles.

- La llamaré desde mi despacho.

Subió a ver a Potter, el cual seguía tumbado en la cama durmiendo. Draco comprobó si tenía fiebre colocando la mano en su frente y Harry abrió los ojos perezosamente.

- Creo que tienes algo de fiebre. ¿Cómo te encuentras?

- Tengo sueño - dijo cerrando los ojos de nuevo.

Sin darse cuenta Harry se había agarrado a su mano justo antes de quedarse dormido de nuevo.

Le preocupaba que alguna herida se hubiese infectado. Así que aprovechó que estaba dormido para volver a revisarle.

Soltó con cuidado la mano que le sujetaba y apartó la manta con la que se cubría. Las heridas de los brazos estaban mejorando, las del torso también. Revisó sus piernas y encontró el problema. La herida de su tobillo no era superficial, debía de haber una lesión interna, probablemente una fractura. De ahí su cara de dolor al pisar el suelo y el aumento de tamaño del tobillo.

Draco se veía atado para aplicar pociones curativas más serias. Si encontraban aquel material ahí dentro le podían cerrar el negocio como mínimo.

Necesitaba ayuda de alguien de confianza para llevarle a un médico. No podía esconderle más tiempo.

- ¿Señor Malfoy? - resonó la voz de Charity desde la planta de abajo.

- Sube, Charity.

Cubrió a Potter con la manta. La chica entró despacio en la habitación.

- Ya he cerrado, tengo que irme. ¿Está bien?

Creo que tiene algo de fiebre. La herida de la pierna tiene mala pinta pero llevarle a San Mungo es un riesgo.

Charity se quedó pensando.

- ¿Son heridas mágicas?

- No lo parece.

- Llévele a un hospital muggle, allí no harán muchas preguntas.

- ¡Charity! ¡Esa es una gran idea! ¿Puedes acercarnos?

La sonrisa forzada de Charity le respondió.

- Te daré libres las horas que te robe hoy.

La chica suspiró y asintió.

- Supongo que ha llegado la hora de devolverle el favor al héroe.

Draco sonrió y levitó a Harry dormido hasta el coche.

Se sentó detrás y sujetó a Harry con el cinturón de seguridad. Empezaba a sudar ligeramente con el rostro contraído. Su ayudante puso el coche en marcha y salieron hacia el hospital más cercano.

A pesar de las horas el hospital seguía lleno de gente esperando, al fin y al cabo las urgencias no tenían hora. Cuando vieron el estado de Potter le atendieron rápidamente.

Draco explicó en recepción que le había encontrado así y que realmente no sabía quién era, pero que se haría cargo de la factura de su tratamiento. La recepcionista le había mirado recelosa, al parecer no había muchos buenos samaritanos en aquellos tiempos, aunque su información fue suficiente.

Una vez le llevaron a la consulta para atenderle Draco aprovechó para tomarse un café en la cafetería del lugar. No era muy bueno pero los había tomado peores.

Quien le hubiera dicho esa mañana que terminaría el día bebiendo café de mala calidad en un hospital muggle habría terminado hechizado sin duda.

Miró su reloj y vio que había pasado una hora, volvió a la sala de espera y justo le llamaron. Entró en la sala y habló con el médico que aparentemente le había tratado.

- Señor, no me andaré con rodeos, me preocupa el estado de salud del paciente, además de las múltiples heridas a medio cicatrizar que trae por todo el cuerpo hemos observado signos graves de desnutrición y una fractura de tobillo que hemos tenido que escayolar. Si no le molesta me voy a quedar con sus datos de contacto para hacerle un seguimiento a este hombre.

Ah, el doctor pensaba mal de él. Encima.

- Doctor, aquí tiene mi tarjeta, trabajo en una clínica de terapias alternativas no muy lejos de aquí, cuando quieran pueden ponerse en contacto conmigo para que pueda informarles sobre la evolución del paciente.

El doctor le miró por encima de sus gafas.

- ¿Es usted terapeuta?

- Si, señor, encontré a este hombre y traté de curar sus heridas, pero al ver que aparecía la fiebre preferí traerle para que le revisaran en profundidad.

- De acuerdo señor Malfoy, el paciente tendrá que tomar estos antibióticos durante el tiempo que figura en el informe con la dosis indicada. Parecen heridas de algún tipo de lucha con algún animal, no deje de vigilarlas y volver si lo considera necesario. Además tendrá que añadir estas proteínas para ayudarle a mejorar su desnutrición.

- De acuerdo, doctor. Muchas gracias por su ayuda.

Potter había estado sentado escuchando toda la conversación sin entender nada al parecer. Al menos tenía mejor cara. Se acercó a él y le ayudó a levantarse para que caminase apoyado en él.

Salieron del hospital y volvieron al coche de Charity, la cual dejó inmediatamente su libro para salir a ayudarle.

- ¿Ha ido bien?

- Si, se piensan que soy un maltratador y un farsante pero he conseguido que le curen.

Draco estaba aburrido de aquella reacción y ya la ignoraba por completo.

Tras conducir un cuarto de hora salieron del pequeño vehículo y dejaron a Harry con su pierna escayolada en la cama de invitados. Charity salió de la clínica y se fue a casa.

El teléfono empezó a sonar cuando se cerró la puerta.

- ¿Diga?

- ¿Draco? ¿Se puede saber dónde estás? Llevo esperando media hora en el restaurante.

Mierda. Se había olvidado de llamar a Astoria para cancelar su cita.

Media hora de discusión sin sentido finalizó con ella colgando el teléfono.

De pronto Draco se sintió agotado. Aseguró las barreras mágicas de la clínica y apagó las luces de la planta baja. Entró en la habitación de Potter, que seguía sentado en la cama.

- ¿Va todo bien? - preguntó Harry preocupado.

Draco le miró, parecía sinceramente preocupado.

- Si, todo va bien. ¿Cómo estás tú?

Harry se encogió de hombros por toda respuesta. Draco no dejaba de sentirse extraño por esa situación. Estar sentado en la misma cama que Potter y charlando con él con total naturalidad. No dejaba de tener la sensación de que en cualquier momento volvería a ser como antes y Harry empezaría a reírse de él por haber sido tan pardillo de haberse tragado todo el cuento de la memoria. Pero cuanto más tiempo pasaba, más débil se hacía aquella sensación.

- ¿Quién soy, Draco?

Ahí estaba la pregunta. ¿Qué debía hacer? ¿Darle la información completa? Esperar? No estaba muy seguro.

- Eres Harry Potter. Nos conocimos cuando teníamos once años, en la escuela.

- ¿Eras mi compañero de clase?

Tampoco recordaba Hogwarts.

- No, bueno, en ocasiones si, pero pertenecíamos a diferentes casas. Éramos algo así como rivales.

Potter puso una cara triste.

- Gracias por ayudarme a pesar de ser tu rival.

No supo si había sido cosa de verle tan vulnerable o del hecho de que le estuviera agradeciendo su ayuda que se acercó a él y le abrazó. Harry se dejó casi como un perro maltratado y le devolvió el abrazo con suavidad.

- Ven, deberías comer algo.

Tomaron una cena ligera. Harry no hablaba demasiado, así que pudo disfrutar de un poco de calma al final del día.

Al terminar le dio sus medicinas y le acompañó a la cama de invitados. Ya en su dormitorio se quitó la ropa y se dejó caer en la cama, agotado. Quería poner sus ideas en orden antes de dormir pero no fue capaz. Se durmió sin darse cuenta.

Aún no había amanecido cuando un ruido le despertó. Se quedó escuchando para ver de donde provenía. Parecía sonar dentro de la casa. Salió de la cama y lo escuchó más claramente en la habitación de Potter. Parecían sollozos. Asustado abrió la puerta pero no vio a nadie más que a Harry moviéndose inquieto bajo las sábanas. Se acercó a él, parecía estar llorando en sueños.

Había olvidado darle la poción calmante antes de dormir.

Menudo terapeuta estaba hecho.

Bajó rápidamente las escaleras y cogió un poco de poción, la mezcló con agua y volvió a subir. Harry estaba hecho un ovillo tembloroso, debía tener cuidado al despertarle. Preparó su varita y le movió con cuidado para despertarle. Cómo había esperado Harry dio un grito y trató de alejarse de él. De nuevo esa mirada de pánico, esos ojos espantados que dejaban entrever el horror al que se había enfrentado antes de terminar ahí.

- Harry, tranquilo, soy Malfoy.

La respiración agitada de Harry fue calmándose al recordar dónde estaba. Para sorpresa de Draco volvió a llorar.

- Pensaba que él estaba aquí de nuevo.

- ¿Quién, Harry?

No sé quién es. Me arrojó a sus garras, eran muchos y sus aullidos eran aterradores. Parecían hombres lobo.

- ¿ Hombres lobo?

- Ya que sé, esas cosas no existen.

- Cómo que… - Una idea loca atravesó la mente de Draco. - ¿Harry, recuerdas la magia?

- ¿Qué clase de pregunta es esa?

- Responde, por favor.

- Si, recuerdo haber visto gente con cartas y cosas así, ¿qué tiene que ver?

El peor de los escenarios se presentaba ante él. Con un enorme acto de confianza le entregó su varita a Harry.

- Haz algo, Harry.

Harry sostuvo la varita un momento y la dejó en la cama sin entender nada.

- Si vas a reírte de mí mejor vete, Malfoy.

Y cansado de aquella conversación simplemente se tumbó en la cama y se cubrió con su manta.

- Harry, toma un poco de agua, te ayudará a dormir.

Con desgana agarró el vaso y se bebió el agua. Suspiró profundamente y se volvió a tumbar. Rápidamente su respiración se calmó indicando a Draco que estaba dormido. Salió del cuarto y volvió a su cama con un sólo pensamiento en la mente.

Harry Potter se había olvidado de la magia.


¡Buenas!

Aquí estoy de nuevo con una historia corta esta vez. Está basada en un sueño que tuvo una amiga que nada tiene que ver con esto pero me sirvió de inspiración.

Necesitaba escribir algo más cotidiano y relajado tras Blinded in Chains, aunque ya veis que no le falta ese punto de drama que tanto me gusta darle.

Constará de aproximadamente 6 capítulos algo menos extensos que este, 5 de los cuales ya están escritos. Así que publicaré cada domingo durante el mes de Agosto.

Como siempre agradezco mucho los comentarios sobre qué os parece la historia, conjeturas, etc.

Quiero aprovechar para agradecer a mi beta Thatyuupon toda la ayuda que me ha dado con sus reacciones acerca de cada escena. Si os gusta la mitad que a ella ya estaré satisfecha :D

Aprovecho para recordar que los personajes conocidos no me pertenecen, sólo los inventados como la adorable Charity.

Muchas gracias a todos por leer.

¡Hasta el próximo domingo!