El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi

Esta historia es invención mía, es mi monstruo demoníaco.

Nota de la autora: Continuación de Demonio. Sigue siendo un AU y las personalidades de los personajes pueden variar a razón de la historia. No existe una sola cultura o religión fuente, estoy haciendo uso de distintas a como me resulte útil para la trama.

Se sugiere leer a discreción.

Música de fondo:

"All I want (Acoustic Cover)" de Rumble Studios Santiago Saez

"Who are you, really?" de Mikky Ekko


Prólogo

La anciana lo había dejado copiando cada palabra del viejo libro frente a él.

Sabía que era un castigo, uno muy raro y el predilecto de la vieja mujer que estaba involucrada a su educación y crianza. Pero para él en realidad no era un castigo del cual no pensara sacar todo el provecho como siempre cuando conseguía entrar a la antigua biblioteca en el último círculo.

Y es que le gustaba en especial el sitio porque ahí estaba su madre.

Tendría 4 años cuando ella le habló por primera vez. Recordaba con vergüenza infantil que había querido abrazarla pero que un cristal invisible se lo había impedido.

Después comprendió que se trataba de un espejo mágico.

Su madre era hermosa, tenía el cabello castaño rojizo siempre recogido y adornado con peinetas hechas de piedras naturales y detalles en oro reluciente. Sus ojos eran azules y misteriosos, sus labios siempre estaban ligeramente rojos por pintalabios, sus mejillas retocadas con un leve rubor para enmarcar sus rasgos. Su cara era ovalada y su nariz un poco alargada de tal forma que podía reconocerla como similar a la suya.

Siempre estaba vestida con algún kimono que parecía muy fino y pesado, pero en algunas ocasiones llevaba vestidos esponjosos que le recordaban a las nubes verdaderas, no como las que había ahí en el infierno.

Estaba seguro que de poder oler a su madre su aroma sería como cerezas en plena primavera y pachuli y naranjas, algo que fuera relacionado con el sol y la calidez.

Pero ese día cuando se aseguró que Cologne lo había dejado ya solo en la biblioteca y corrió ansioso hasta donde se encontraba el espejo su madre no apareció.

Y jamás la volvió a ver.

Tan solo tenía 12 años.

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Yo vi luz, mucha luz. Y luego algo desvanecerse cuando el peso de mi cabeza me dejó con la mirada hacia abajo, hacia donde había estado el estallido de luz. Y sentí un dolor en el pecho y fuego en mis manos.

Pero no estoy segura si en verdad lo vi o solo es un recuerdo inventado, efecto de la fiebre que tuve por semanas.

—¿Cómo se siente esta mañana princesa?

Me giro por completo buscando la voz que ha entrado a mi habitación y escucho que Konatsu se queja amargamente cuando sus manos se ven obligadas a soltar el intrincado trenzado a medio hacer sobre mi cabello.

—Perdóname— comento apenada con los ojos entornados en su reflejo frustrado a través del espejo del tocador.

El chico hace un movimiento de cabeza luego de inspirar para retomar la calma —no se preocupe princesa, ya lo resuelvo— me obsequia una sonrisa blanca y perfecta.

Mientras Hinako, la bruja más antigua y reina de los aquelarres, se acerca hasta donde me sigue arreglando Konatsu colocando con cuidado un té negro en fina porcelana sobre el tocador de concha y madre perla frente a mi.

—Gracias— mi respuesta suena sin mucho entusiasmo por tomar el brebaje amargo.

La mujer no hace observación alguna y se dedica a revisar, como cada mañana, mi temperatura.

—Al menos parece que la fiebre ya ha pasado.

Asiento —me siento de mejor ánimo esta mañana— agrego y ella me mira en silencio, mira mi vestido amarillo con los detalles de flores y cuentas en la cintura y luego mira como Konatsu sigue con su tarea de peinarme. Todo lo mira con su rostro pétreo sin mostrar expresiones —ya he avisado al príncipe que esta mañana le acompañaré a desayunar.

—¿Recibió su confirmación princesa?— pregunta incrédula.

Yo muevo mi cabeza, al menos tanto como las manos de Konatsu me lo permiten, de arriba abajo. Hinako no responde nada y solo pone entre mis manos la taza cuando la toma del tocador.

—Beba, princesa.

—En cuanto terminen de arreglar mi peinado prometo beberlo.

Hinako no parece convencida, pero en realidad no tengo forma de saberlo. Nunca parece mostrar emoción de nada.

Solo hace una leve reverencia con la cabeza inclinada y sale por la puerta.

Espero paciente, y en cuanto dejo de escuchar el sonido de sus pisadas por el pasillo miro a Konatsu y él suelta mi cabello ya listo colocando unas horquillas. Toma la taza y corre al baño para vaciarla.

—Al menos ya no se queda a vigilar que la tome— comento mordiéndome el interior de las mejillas —pero empezará a sospechar.

—Abre la boca— dice Konatsu sacando de su túnica una botellita de cristal y acercándome el gotero deja que caigan sobre mi lengua un par de gotas —es una dosis menor de la mezcla con belladona.

Siento el efecto casi de inmediato y cierro los ojos para que pase.

—¿Has podido averiguar quien dejó la nota bajo mi puerta?

—No, lo lamento. Pero ya hemos comprobado que tenía razón— alza la botellita y yo estoy de acuerdo con él.

—Bueno es un poco complicado recordar la caligrafía cuando ya no tenemos la evidencia ¿cierto?

Konatsu deja salir aire por su nariz y abre el joyero —te pondré la tiara y estarás lista para salir. No hay que hacerlo esperar o vendrá y sospechará.

Asiento poniéndome de pie, me coloco los finos guantes de encaje sin dedos y los aretes de perla a juego cuando Konatsu termina de asegurar la tiara de flores en la parte trasera de mi cabeza.

—Siento que mi tiara debería ir al frente— susurró más para mí que para Konatsu.

—Nunca se han usado así las coronas en la corte Akane— me mira extrañado —pero ya lo has comentado varias veces. Revisaré si en tu colección hay o hubo alguna que fuera como la describes.

Tomo aire y siento el temblor de un escalofrío, como un mal presagio, correr por toda mi piel. Aunque posiblemente sea efecto de la belladona.

—Te veré por la tarde— tuerzo los labios —tengo lecciones con Happosai después del desayuno.

Los dos nos miramos arrugando la nariz con muecas en los labios al saber lo desagradable que puede ser.

—Ve ya— corre a abrirme la puerta y yo me apresuro en cruzar el pasillo como la dama que soy.

No, la dama no, la princesa de El Paraíso y compañera del príncipe arcángel Shinnosuke, conquistador de las quimeras y guardián de todos los planos.

Cuando llego al comedor anuncian mi presencia y Shinnosuke ya está del otro lado de la puerta, listo para recibirme. Va vestido con una levita azul cielo bordada con hilos de oro en figuras a juego con las flores de mi vestido. Y la corona descansando sobre su cabeza, hermana a la mía pero sin las flores. Las flores son mi distintivo.

Estira su mano hacia mí pero lo miro con una sonrisita tonta —discúlpame.

—Esta bien, cuando tú te sientas lista.

Por alguna extraña razón, el roce de su piel contra la mía es insoportable. Mi piel reacciona de una forma peculiar, delgadas ramificaciones aparecen en paralelo a mis venas cuando Shinnosuke me llega a tocar. Ya sea porque lo haya intentado o por accidente.

Todo a raíz de cuando caí enferma. Casi dos meses atrás. De lo que no recuerdo prácticamente nada.

Hinako ya nos ha explicado que se debe a las altas fiebres que sufrí y que es normal. Shinnosuke parece de acuerdo con la bruja.

—¿Cómo te sientes esta mañana?— pregunta cuando me guía hasta mi sitio en la mesa, justo a su lado derecho.

—Mucho mejor.

Quiero preguntarle si ha considerado lo que le he pedido durante la última semana, pero no me atrevo aún. Es muy pronto y por ahora parece muy animado.

—Tu... — trato de empezar una conversación casual.

Me observa atento cuando se sienta en su sitio.

—¿Cómo ha estado tu mañana?

Un intento de sonrisa aparece en su rostro, pero escucho el sonido ronco por no querer reír en su pecho.

—No tan bien como hubiese sido despertar a tu lado.

Me tensó al instante y él cierra sus ojos ya arrepentido de sus palabras —lo siento— mueve su cabeza de un lado al otro —no era mi idea reclamarte.

Estira su brazo hacia mí pero unos centímetros antes de que su mano toque la mía la cierra en un puño igual de tenso que el ambiente.

—Significa mucho para mí que estes aquí conmigo— pasa de mis ojos a mirar la habitación completa —recibir tu aviso de que me acompañarías a desayunar fue maravilloso Akane.

Inspiró —me sentía mejor y quería pasar tiempo contigo— bajo mis pestañas y lo miro entre estas —solo contigo y no rodeados de la corte y los asuntos de la guerra.

Parece complacido —no es una guerra cielo, solo algunos grupos rebeldes que no están de acuerdo con las nuevas disposiciones.

Me coloco la servilleta de tela sobre el regazo —¿has considerado qué tal vez sientan que estas endureciendo las medidas de seguridad innecesariamente?

—Tonterías— imita lo que hago y luego hace un gesto para que nos sirvan los alimentos —todo esto es por un plan mayor, no lo ven bien pero es por su seguridad. Del inframundo no se puede confiar.

Pequeñas venas en su frente se tensan y decido dejar el tema por la paz

—Tus clases de historia con Happosai ¿van bien?

—Gracias— le digo al sirviente que deja un plato con frutas y miel frente a mi. Pero de reojo siento que Shinnosuke espera una respuesta —sí, pero tal vez es por eso que me cuestiono el odio hacia el Inframundo. Es parte de los planos de la creación y tú salvaguardas la creación.

Desde que Shinnosuke ascendio como guardián de la creación he estado recibiendo clases más específicas sobre los planos. El Paraíso, el Mab, la Tierra, el Sopramundo y el Inframundo. Recién las he retomado hace un par de semanas cuando me sentí con fuerzas suficientes para salir de la cama.

Pero Happosai es… es extraño.

Sujeto los cubiertos y tomó un trozo de fruta mientras espero que Shinnosuke me responda.

Vuelve a sonreír condescendiente —Happosai debería llegar ya a las rebeliones demoníacas, así entenderías mejor porque ni entre esos seres existe el honor y la lealtad.

Suspiro —le haré saber tus comentarios.

Los dos comemos algunos trozos de fruta en silencio, sé que debería preguntarle ahora. Y cuando me decido uno de los sirvientes se acerca a él. Susurrando un mensaje en su oído.

Shinnosuke me mira y sus labios se curvan hacia abajo cuando asiente al sirviente —tendrás que disculparme cielo pero hay un asunto urgente— se levanta de inmediato y yo estoy por hacer lo mismo —no, por favor termina tu desayuno.

—Espero que lo que sea se resuelva pronto.

—Parece que son noticias sobre la última misión del Rayo Azul.

—¡Ah! ¿Buenas noticias?

—Creo que no— me mira y luego mira el plato frente a mí —termina tu desayuno.

Bajo la vista cuando pasa tras de mí, siento que su mano se acerca a mi espalda desnuda por el vestido que llevo pero se detiene antes de tocarme.

—Akane— me llama y yo le veo ya en la puerta —¿qué harás luego de tus clases con Happosai?

—Nada, seguramente volver a mi habitación a leer antes de las sesiones de guerra.

Shinnosuke asiente —iré por ti entonces, vístete con la ropa de entrenamiento.

No puedo evitar ponerme contenta —¿de verdad?

Vuelve a afirmar —creo que podemos comenzar con tus clases.

—Gracias— susurro emocionada.

Por fin sonríe de verdad —suerte con Happosai— dice y luego se marcha.

Yo termino rápido con mis alimentos y 10 minutos después salgo corriendo rumbo a mi habitación. Quiero tener listo el atuendo que usaré por fin y cuando abro las puertas de mi cuarto las enaguas del vestido empujan un papel en el piso que vuela casi a mitad del sitio.

Estoy sola así que cierro tras de mí con el seguro de la puerta.

Otra nota.

Me agacho para recogerla y reconozco el papel, idéntico al primero. Luego la abro y la alegría que había tenido por poder al fin entrenar como los demás se desvanece. Dejándome una sensación amarga y de bilis en la boca.

El veneno no solo está en el té,

tendrás que quitarte esos brazaletes

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Hello hermosos lectores! Espero que tengan muuuchas dudas. Les prometo que esta segunda parte esta mejor organizada.

Evidentemente en el prólogo no se va a descifrar mucho todavía. La distribución de los planos yo me los estoy inventando y los iré explicando, lo que les puedo decir es que el Mab es en honor a la Reina Mab (reina de las hadas) y el Sopra en Sopramundo es adrede, es italiano.

Si, ya sé que en el epílogo de Demonio se ve a Akane en la cama con Shinnosuke y aquí estoy diciendo que no puede tocarla. Lo que significa que el epílogo no es lo que ocurrió inmediatamente después de la pelea con Shinnosuke ¿vale?

Quiero agradecer infinitamente todos sus comentarios en Demonio, esta historia la adoro y tengo muchas ideas que voy a incorporar. Respetable si para algunos el final de la primera parte no era lo que querían pero no puedo darles fanservice. Ni ustedes o yo nos lo merecemos ¿no creen?