Titulo: Alone

Resumen: Después de tanto tiempo, por fin había logrado olvidarse de ese desagradable sentimiento, aunque fuera por unos momentos.


La forma en la que sus piernas recibían la energía necesaria para ganar tiempo mientras una risa incontenible y maniática se hacía presente. No se había divertido tanto desde el innombrable incidente que lo había dejado vacío por tanto tiempo, y mírenlo ahí, disfrutando de su existencia, aun si era una distracción temporal, era lo que tanto había estado anhelando. ¿Quién hubiera dicho que iba a extrañar tanto esa sensación?

Sólo necesitaba devolver el favor, pues ahora era su turno.

—¡Oye, Dib-apestoso!—exclamó y acto seguido soltó una de sus pegajosas bombas trampa lanzándose hacia atrás de su espalda y al estallar, ésta detuvo al humano de inmediato. Sin embargo, opuesto a lo que había estado sintiendo durante los últimos meses, la risa burbujeó cual satisfacción al ver a su enemigo luchando por escapar—. ¡Mírate, sucio humano inferior! ¿Cómo dicen ustedes? ¡Oh, si! ¡Has caído cuadradito en la trampa de Zim! —una carcajada burlesca más antes de sonreír siniestramente—. Gané, Dib-mono.

El chico trató en vano de despegar sus pies del suelo cuando pisó la extraña sustancia verde limón que le impedía avanzar.

—¡Te atraparé, Zim! Además,se dice haz caído redondito en la trampa, no cuadradito ¡Y no dejare que te salgas con la tuya!

—¡Silencio!—exclamó de inmediato—. Cabe decir, humano-larva, que la victoria es de Zim. ¡Mírate has quedado inmovilizado por mis bombas de la condena! ¡Tu condena!—sonrió victorioso.

Sin embargo, en lugar de seguir con su típico diálogo, Dib se quedó inmóvil y ladeó su rostro en un gesto pensativo. En cuanto sintió la intensa mirada del otro, Zim pausó su celebración, sintiéndose repentinamente incómodo ante el silencio.

—¿Qué? ¿Por qué no estás respondiendo? ¿Acaso no vas a preguntar por mi maravilloso plan? ¿O es que Zim te ha dejado tan asombrado con mi invento que te has quedado sin palabras, mono-terrestre?

—Estás riendo…

No fue una pregunta, fue un comentario acertado, lo cual intrigó a Zim, pues ese comportamiento no era normal usual, sino que Dib debía responderle con el mismo ahínco, más decidió no hacerle mucho caso a ese cambio.

—Por supuesto que si, me burlo de tu patético intento por detenerme, lo cual no has logrado y por eso es que gané—. Dib no respondió, sino que continuó en modo pensativo, ésta vez ignorando sus últimas palabras—. ¡Oye, Dib-larva! ¡¿Estás escuchándome?! ¡No ignores a Zim! O la pagarás caro…

Dib parpadeó un par de veces y volvió a la realidad recuperando una postura más seria.

—Con tu tono de voz es difícil ignorante, bicho espacial. Es sólo que habías estado actuando tan extraño últimamente… supongo que es raro que hayas vuelto a ser como antes, aunque debo admitir que fue algo repentino.

—¿De qué estás hablando? ¡Zim siempre fue Zim!

—En eso estoy en desacuerdo. Te volviste muy inactivo por semanas y demasiado temperamental, incluso llegué a pensar que estabas decaído o te habías enfermado…

—Pues para tu información, Dib-bestia, Zim está bien. Y aunque lo estuviera, no tendría porque importarte.

—Si, tienes razón…

Sin entender la causa de porque, eso caló en su squeedly-spooch como una daga, una que le hizo revivir un insoportable sentimiento que había intentado olvidar y eliminar en todo ese tiempo. Lo odiaba, aborrecía sentirse de esa forma tan inútil y vacía debido a la poca importancia de su propia existencia. En lugar de volver a ese terrible hueco del cual intentó salir en incontables ocasiones, concentró sus emociones en la ira y en un movimiento veloz sacó una de sus patas biónicas, para luego apuntar a la garganta del adolescente dispuesto a atravesarlo si es que éste se atrevía a hacer algún movimiento, sin importar que sus pies estaban pegados al piso, no dejaría que él sacara lo que tanto le costó enterrar en el fondo de su PAK.

—¡¿Tú que sabes, humano?! ¡No sabes nada, absolutamente nada de Zim!—habló en un tono despectivo y dominante a la vez. Por supuesto que no le importaba a nadie, eso lo habían dejado claro sus líderes y su raza, pero el hecho de que Dib también fuera uno de ellos le molestaba de sobremanera.

Dib tragó saliva nervioso—. No, no es lo que quise decir, Zim—dijo y alzó las manos en son de paz, probablemente temiendo por su vida. Típico de los humanos pedir misericordia cuando estaban a punto de morir.

—Debería matarte en este momento y terminar con tu patética vida y así eliminar al obstáculo que me ha impedido conquistar este planeta durante tanto tiempo…

Por lo que pudo ser casi un minuto ambos se miraron fijamente a los ojos, Zim alerta de que su enemigo pudiera usar algún truco y Dib implorando piedad implícita en su lenguaje corporal. Algo en esos ojos color ámbar le hizo verse a sí mismo, como un espejo ante sus líderes la noche que lo exiliaron, que le dijeron que su misión y hasta su existencia misma era una mentira. Que no era un soldado ni un invasor, si no un peligro para su gente, uno que debía ser eliminado. La llamada terminó abruptamente con una advertencia de no volver a contactarse con ellos o el Imperio. La pantalla oscura se convirtió entonces en un espejo en el que vio la expresión de dolor que tenía, una que imploraba piedad justo como ese humano, una que imploraba que todo fuera una mentira.

Decir que ambos hechos lo destrozaban era quedarse corto. El recuerdo, la humillación, la traición, quemaban como el calor de una estrella en su pecho. Al mismo tiempo un vacío succionaba sus emociones haciéndolo sentirse entumecido, y lo que quedaba después se transmitía en forma de enojo, como lo hizo cuando destrozó su laboratorio, sólo que ésta vez sería el Dib la víctima de su ira y no los dispositivos en su sótano.

—¡Aghhh!—gritó alejándose y descargando el golpe a metros del chico, enterrando su pata en el suelo de concreto.

Luego sacó una pistola irken.

—Espera, espera, espera, ¡¿qué haces Zim?!

El alíen no lo escuchó y disparó hacia los pies del chico, justo en medio de ambas extremidades. Dib, que había cerrado los ojos temiendo encontrar sus pies pulverizados, se dio cuenta que aún seguía en una pieza y que el líquido viscoso se derretía cual hielo bajo el sol.

—Lárgate—ordenó fríamente Zim sin siquiera dirigir la mirada al chico, sus ojos magentas parecían ver a otro punto en el almacén, dónde curiosamente habían terminado su pelea. No quería ver al otro ni tampoco quería ser visto, no en su estado vulnerable, ese en el que se había hundido las últimas semanas. Pero al parecer su orden no fue suficiente porque en lugar de obedecer, Dib dio un paso hacia él.

—¿Zim?

—¡Te dije que te largaras!

No quería ser visto, no así, se repetía una y otra vez en su mente. Cerró los ojos con fuerza evitando ver a su enemigo, y espero por que el otro se marcharse lo antes posibles, pero sólo obtuvo silencio. Dib no se fue, pero tampoco se movió de su lugar.

—No—dijo firmemente, desafiando su palabra.

—¿Qué dijiste?—preguntó Zim fríamente, alzando la mirada, retando al chico a repetir lo que dijo.

Dib trago saliva nervioso pero no se retractó—. No será así, bicho a decirme que te ocurre.

Hubo una pausa y luego Zim habló—. ¿Tanto quieres morir?

—N-No, pero tampoco es normal que estes tan inestable, Zim. Entiendo que seamos rivales, enemigos si tú quieres, pero eso no quiere decir que ignore todo esto como si fuera nada.

Extraño a su comportamiento, Zim no pudo evitar soltar una risa vacía, casi parecía un simple resoplo.

—¿No hace unos minutos estabas diciendo que Zim no valía nada, Dib-larva? ¿Qué ocurre? ¿Ahora que tu vida está en peligro piensas que hablando con Zim sobrevivirás?—. Dib no respondió—. Eso supuse.

Zim comenzó a marcharse, sino era el humano. Él se iría, no soportaba verlo, la imagen que le hizo recordar de su mismo le causó desagrado y quería volver a la base para distraerse armando algún plan o construyendo alguna arma. Hasta ese día, desde que supo la verdad, sólo habría logrado detener al Dib en esa ocasión y no tenía la misma sensación de victoria. Incluso se sentía humillado y vulnerable. Ja,y lo peor que fue frente a su enemigo. Sin embargo, antes de salir del almacén, Dib dijo algo inesperado que lo hizo detenerse.

—No se que ocurre, Zim. Y quizá no tengamos una amistad en sí, y tal vez nunca lo habrá, pero si hay una enemistad entre nosotros, aunque no quieras aceptarlo. Hemos pasado tantos años luchando el uno contra el otro que nos conocemos y sé con seguridad que algo no está bien y no creas que te salvarás de enfrentarme si crees que esto me detendrá de descubrir la verdad y solucionarlo si debo.

Zim no quiso responder y continuó su camino, ignorando con fuerza la sensación cálida que esas palabras habían creado en su pecho. Y por un segundo, sólo por uno, en el fondo creyó no estar completamente solo.


Pues un lugar donde posteare los drabbles que ya tengo. Me debato si ponerlos en orden o no XD
En fin, eso es todo por ahora.

¡Gracias por leer! UwU