Bueno aqui les traigo una adatapcion de la novela romantica Orgullo y Prejuicio de Jane Austen espero les guste


CAPITULO 1 y 2

Es una verdad mundial reconocida que un hombre soltero rico, poseedor de una gran fortuna y necesita una esposa.

Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un Daiyoukai de tales condiciones cuando entra a forma parte de un vecindario. Esta verdad estan arraigada en las mentes de algunas familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legitima propiedad y otras de las de sus hijas.

- Mi querido Señor Higurashi- le dijo un dia su esposa- Sabias que, por fin, se ha alquilado la Casa de la Luna

El señor Higurashi respondio que no.

-Pues asi es- insistio ella- La señora Kaede ha estado aqui hace un momento y me lo ha contado todo.

El señor Higurashi no hizo ademan de contestar.

- no quieres saber quien lo ha alquilado?- Se impaciento la hermosa mujer de cabellos negros semi ondulados.

- Eres tu la que quiere contarmelo, y yo no tengo inconveniente en oirlo- esta sugerencia fue suficiente para la mujer de mira castaña.

- Pues sabras, querido, que la Señora Kaede dice que la Casa de la Luna ha sido alquilado por un joven Daiyoukai muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un lando de cuatros caballos para ver el lugar, y que se quedo tan encantado con el que inmediatamente llego a un acuerdo con el Señor Totosai y que antes de San Miguel a ocuparlo- decia en un tono de emocion la mujer- y que algunos de sus criados estaran en la casa a finales de la semana que viene-

-Como se llama?- pregunto el señor Higurashi mirando de reojo a su esposa- esta caso o soltero?- Bingley-dijo su mujer.

-¡Oh¡ esta soltero, querido, por supuesto. Un Daiyoukai soltero y de gran fortuna cuatro o cinco mil libras al año, que gran partido para nuestras hijas- dijo emocionada la mujer con una sonrisa de oreja a oreja.

-y que? en que puede afectarles?-

-Mi querido señor Higurashi- contesto su esposa- como es que puede ser tan ingenuo? Debes saber que estoy pensando en casarlo con una de ellas-

-Es el motivo que le ha traido?- dijo el hombre sin emocion alguna en su voz.

-Motivo¡ Tonterias, como puedes decir eso? Es muy posible que se enamore de una de ellas, y por eso deber ir a visitarlo tan pronto cuando llegue-

El hombre con una de sus manos se tapo los ojos al escuchar a su esposa- No veo la razon para ello. Puedes ir tu con las muchachas o mandarlas a ellas solas, que tal vez sea mejor, como tu eres tan guapa como cualquiera de ellas, a lo mejor el señor Bligley te prefiera a ti-

-Querido, me adulas- dijo la mujer con las mejillas sonrojadas- Es verdad que un tiempo no estuve nada mal, pero ahora no puedo pretender ser nada fuera de lo comun. Cuando una mujer tiene cinco hijas creciditas, debe dejar de pensar en su propia belleza-

-En tales casos, a la mayoria de las mujeres no les queda en mucha belleza en que pensar- dijo burlon el hombre de cabellos cortos castaños y de mirada azulada.

-Bueno, querido, de verdad tienes que ir a visitar al señor Blingey en cuanto se instale en el vecindario- sigo insistiendo la mujer.


-No te lo garantizo-

-Pero piensa en tus hijas. Date cuenta del partido que seria para una de ellas. Sir Bankotsu y Lady Yura estan decididos a ir, y solo con ese proposito- dijo Naomi como una niña haciendo un berrichen- Ya sabes que normalmente que no visitan a los nuevos vecinos. De veras, debes ir, por que para nosotras sera imposible visitarlo si tu no lo haces-

- Eres demasiado comedida. Estoy seguro que el señor Blingley se alegrara mucho de veros y tu le llevaras algunas lineas de mi parte para asegurarle que cuenta con mis mas sinceros consentimientos para que contraiga matrimonio con una de ellas- hizo una pausa pensativo- aunque pondre alguna palabra a favor de mi pequeña Kagome-

-Me niego a que hagas tal cosa- dijo amenazante la mujer- Kagome no es nada mejor que las otras, no es ni la mitad de guapa que Midoriko, ni la mitad de alegre que Sango. Pero tu siempre la prefieres a ella.

El hombre algo molesto por la actitud de su esposa respondio con noto de enojo- Ninguna de las tres es muy recomendable- respiro mientras miraba a su mujer- Son tan tontas e ignorantes como las demas muchachas pero Kagome tiene mas agudeza que sus hermanas-

- Senor Higurashi¡- levanto la voz la mujer- como puedes hablar asi de tus hijas. Te encanta digustarme no tienes compasion de mis pobres nervios- dijo en un tono dramatico.

-Te equivocas, querida, les tengo muchos respectos a tus nervios. Son viejos amigos mios. Hace mas o menos veinte años que te oigo mencionarlos con mucho consideracion-

- No sabes cuanto sufro- dijo la mujer sentandose en uno de sus comodos sofa.

-Pero te pondras bien y viviras para ver venir a este lugar a muchos jovenes de esos de cuatro mil libras al año-

-No serviría de nada si viniesen esos veinte jóvenes y no fueras a visitarlos.-

-Si depende de eso, querida, en cuanto estén aquí los veinte, los visitaré a todos.- dijo el hombre mientras se sentaba al lado de su esposa.

El señor Higurashi era una mezcla tan rara entre ocurrente, sarcástico, reservado y caprichoso, que la experiencia de veintitrés años no había sido suficiente para que su esposa Naomi entendiese su caracter. Sin embargo, el de ella era menos difícil, era una mujer de poca inteligencia, más bien inculta y de temperamento desigual. Su meta en la vida era casar a sus hijas; su consuelo, las visitas y el cotilleo.


El señor Higurashi fue uno de los primeros en presentar sus respetos al señor Bingley. Siempre tuvo la intención de visitarlo, aunque, al final, siempre le aseguraba a su esposa que no lo haría; y hasta la tarde después de su visita, su mujer no se enteró de nada. La cosa se llegó a saber de la siguiente manera: observando el Señor Higurashi como su hija Kagome de estatura de 1.60 piel blanca y delicada como la misma porcelana cabello largo hasta la cintura de un hermoso color negro que aveces se le veia azulado mejillas redondeadas y algo sonrojadas y unos hermosos ojos azules como los de su padre, El señor Higurashi sonriendo le dijo a su hija:

-Espero que al señor Bingley le guste, Kagome-

-¿Cómo podemos saber qué le gusta al señor Bingley –dijo su esposa resentida– si todavía no hemos ido a visitarlo?-

-Olvidas, mamá- dijo Kagome mirando a su madre con desafio- que lo veremos en las fiestas, y que la señora Kaede ha prometido presentarnoslo-

-No creo que la Señora Kaede haga semejante cosa- se cruzo de brazos -Ella tiene dos sobrinas en quienes pensar; es egoísta e hipócrita y no merece mi confianza.-

-Ni la mia tampoco- dijo el Señor Higurashi- y me alegro de saber que no dependes de sus servicios-

La señora Higurashi no se dignó contestar; pero incapaz de contenerse empezó a reprender a una de sus hijas

-¡Por el amor de Dios, Tsubaki no sigas tosiendo así! Ten compasión de mis nervios. Me los estás destrozando- dijo la mujer

-Tsubaki no es nada discreta tosiendo ––dijo su padre––. Siempre lo hace en momento inoportuno.

–A mí no me divierte toser ––replicó Tsubaki una joven de cabellos largos lacios y negros hasta sus gluteos su piel estaba un poco bronceada sus delicados labios estaban pintados de un ligero labial rojo y sus ojos de color negro como la misma noche.

-¿Cuándo es tu próximo baile, Kagome?-

-De mañana en quince días.- dijo la joven sin emocion-

-Sí, así es –exclamó la madre– Y la señora Kaede no volverá hasta un día antes; así que le será imposible presentarnos al señor Bingley, porque todavía no le conocerá.-

-Entonces, señora Higurashi, puedes tomarle la delantera a tu amiga y presentárselo tú a ella. –

-Imposible, señor Higurashi, imposible, cuando yo tampoco le conozco. ¿Por qué te burlas?- respondio ofendida la mujer mirando a su esposo.

-Celebro tu discreción. Una amistad de quince días es verdaderamente muy poco. En realidad, al cabo de sólo dos semanas no se puede saber muy bien qué clase de hombre es. Pero si no nos arriesgamos nosotros, lo harán otros. Al fin y al cabo, la señora Kaede y sus sobrinas pueden esperar a que se les presente su oportunidad; pero, no obstante, como creerá que es un acto de delicadeza por su parte el declinar la atención, seré yo el que os lo presente.-

Todas las muchachas miraron a su padre fijamente. La señora Higurashi se limitó a decir-¡Tonterías, tonterías!-


-¿Qué significa esa enfática exclamación? ––preguntó el señor Higurashi indignado- ¿Consideras las fórmulas de presentación como tonterías, con la importancia que tienen? No estoy de acuerdo contigo en eso. ¿Qué dices tú, Kikyo? Que yo sé que eres una joven muy reflexiva, y que lees grandes libros y los resumes-

Kikyo una joven de tez blanca ojos castaños cabello negro largo y lacio hasta la cintura mayormente atado en una coleta baja su frente era cubierta por su flequillo quien quiso decir algo sensato, pero no supo cómo.

-Mientras Kikyo aclara sus ideas ––continuó él––, volvamos al señor Bingley.

–¡Estoy harta del señor Bingley! ––gritó Naomi con todas sus fuerzas.

-Siento mucho oír eso; ¿por qué no me lo dijiste antes? Si lo hubiese sabido esta mañana, no habría ido a su casa. ¡Mala suerte! Pero como ya le he visitado, no podemos renunciar a su amistad ahora.-

El asombro de las señoras fue precisamente el que él deseaba; quizás el de la señora Higurashi sobrepasara al resto; aunque una vez acabado el alboroto que produjo la alegría, declaró que en el fondo era lo que ella siempre había figurado.

-¡Mi querido señor Higurashi, que bueno eres! Pero sabía que al final te convencería. Estaba segura de que quieres lo bastante a tus hijas como para no descuidar este asunto. ¡Qué contenta estoy! ¡Y qué broma tan graciosa, que hayas ido esta mañana y no nos hayas dicho nada hasta ahora!- dijo la mujer abrazando a su esposo y dandole un beso pequeño en los labios.

-Ahora, Tsubaki, ya puedes toser cuanto quieras ––dijo el señor Higurashi; y salió del cuarto fatigado por el entusiasmo de su mujer.

-¡Qué padre más excelente tenéis, hijas! ––dijo ella una vez cerrada la puerta––. No sé cómo podréis agradecerle alguna vez su amabilidad, ni yo tampoco, en lo que a esto se refiere. A estas alturas, os aseguro que no es agradable hacer nuevas amistades todos los días. Pero por vosotras haríamos cualquier cosa. Sango, cariño, aunque eres la más joven, apostaría a que el señor Bingley bailará contigo en el próximo baile.

-Estoy tranquila ––dijo Sango firmemente––, porque aunque soy la más joven, soy la más alta.- dijo la joven cabellos castaños atado en una coleta alta tez bronceada y ojos castaños.

El resto de la tarde se lo pasaron haciendo conjeturas sobre si el señor Bingley devolvería pronto su visita al señor Higurashi, y determinando cuándo podrían invitarle a cenar.

Continuara...