[Los personajes no me pertenecen, sino a la mismísima Rumiko Takahashi. Yo solo usé sus personajes y, "su universo"; para poder hacer realidad lo que pasaba por mi mentecilla loca, jaja. Hago esto sin fines de lucro. Esta historia es de mi absoluta autoría.]

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[Advertencia: smut, leer bajo su propio riesgo]

Capítulo 21.

Habían partido desde hace 5 días, buscando el paradero o rumores sobre aquel monstruo que tenía en su poder un fragmento de la perla. Hasta ahora no habían tenido éxito, hospedándose en una aldea por un día, para continuar con su indagación por la flora del Sengoku.

—¿Aún nada?— preguntó Inuyasha con los brazos cruzados caminando hacia la chica, que se encontraba sirviendo comida.

—No, nada— contestó, entregándole su parte. Ya en la hora de la tarde, habían tomado un descanso del recorrido, para poder alimentar sus estómagos. En silencio comieron y terminaron, prosiguiendo a pie.

Dos días pasaron y era hora de encontrar un refugio para esa noche en específica. Hoy sería luna nueva, y tenían que encontrar un lugar para resguardarse de cualquier acechanza maligna. Pero al parecer no contaban con suerte en ese día, ya que se vieron involucrados en una contienda con un ogro, luego de que el monstruo se había percatado de su presencia.

—Estos son mis dominios, ¡largo de aquí!— vociferó la bestia, atacándolos.

—¡Cállate!— el albino dio un salto, pateando su rostro. El ogro azotó sus puños contra los árboles, alertando a Inuyasha.

Kagome ante eso, salió levemente por los aires, chocando contra el suelo, esparciendo sus flechas, dándose prisa en reunir cada flecha.

—¡Kagome!— quiso ir en su ayuda, pero el ogro aprovechó esto, brindándole un golpe, retachándolo contra un árbol, agrietando la corteza por el impacto.

Kagome se puso de pie, observando a Inuyasha al otro lado. Tomó una de las flechas posicionándolo en su arco, tensando la cuerda apuntando al blanco, acertando hacia el brazo del demonio, a consecuencia de la caída que la había dejado adolorida. Furioso, el ogro lanzó contra la chica un árbol, siendo partido por las garras de Inuyasha, dispuesto a proteger a la chica, aún a costa de su vida, dirigiéndose hacia él. El ogro lanzó de su boca una especie de humo, como contraataque debilitando un poco a Inuyasha. Sonrió al ver que había funcionado, pero su sonrisa había desaparecido casi al instante al escuchar a aquella mujer detestable.

—¡Inuyasha!— se preocupó, lanzando una flecha, purificando el miasma justo a tiempo.

No esperó más el chico, descuartizando al ogro, pero el tiempo se le había acabado sintiendo su cuerpo palpitar convirtiéndose en humano, cayendo estrepitosamente al suelo, una vez que había exterminado al monstruo.

—Maldita sea...— gruñó inconforme el chico, levantándose con un poco de dificultad con sus brazos.

—Inuyasha— llegó a su lado, ayudándolo —¿Estás bien?

—Sí, estoy bien— se levantó un poco, fijando su vista en ella —¿Y tú? ¿Estás bien?

—Sí, solo me caí, pero estoy bien— lo ayudó a incorporarse, aún con sus cosas en el otro brazo.

—Tenemos que encontrar un refugio ahora— decía caminando luego de unos minutos de haber acabado con el monstruo, siendo ayudado por la chica.

Caminaron cerca de un precipicio, notando lo que ante a esa distancia era una grieta entre las rocas.

—¿Crees que sea una cueva?

—No lo sé...

—Nada perdemos con averiguarlo— lo miró la chica —¿Crees poder bajar?

—¡Keh! Por supuesto que sí...— mencionó en un tono mordaz, ofendido el ahora pelinegro.

Antes de que descendieran, Kagome recolectó leña para poder hacer una fogata, y resguardarse del frío nocturno. Una vez concluido su deber, bajaron hacia aquel lugar, con la esperanza de que fuera una cueva, o bien, un lugar para poder resguardarse de la vista de cualquiera. Pisaban con cautela la superficie rocosa, a paso lento, sujetando con fuerza su textura igualmente con las manos no queriendo sufrir un accidente, escuchando el sonido de pequeñas piedras caerse al hacer contacto con sus pies y manos, manteniendo la calma.

Inuyasha fue el primero en llegar al suelo, esperando a la chica un poco desesperado por su lento descenso, sacudiendo sus manos por la tierra que se había quedado en ellos, cruzando sus brazos, rodando los ojos impaciente. Un leve sonrojo apareció en sus mejillas, al ver la falda de la joven elevarse un poco, dejando a la vista por unos segundos la piel de sus muslos y su ropa íntima, girando su cabeza para el lado contrario sintiendo un leve estremecimiento en su cuerpo. Kagome se impulsó cuando fue consiente de que solo le falta muy poco por bajar, cayendo al suelo un poco tambaleante, alertando al chico, tomándola por la cintura.

—Gracias.

—¿Te encuentras bien?— la miró con detenimiento.

—Estoy bien, no te preocupes— se alejó de él, obviando la preocupación del chico caminando hacia ese lugar estrecho.

Buscó en el interior de su mochila, siendo observada por su compañero en silencio, sacando del equipaje una linterna, para examinar mejor la zona y poder caminar con más seguridad. El lugar era lúgubre, pero no importaba, estaba bien para poder descansar por la noche, además de que era profundo, no era una zona subterránea, característica de las cuevas, más bien era una caverna.

No es el mejor lugar, pero bastará.

Dejó sus cosas en el suelo, preparando todo para la cena, mientras que Inuyasha tomaba reposo, recostando su espalda en la pared del peñasco, dejando salir un suspiro. La veía atentamente con los ojos entre cerrados sacando las cosas necesarias para preparar la cena, al mismo tiempo que sacaba un trozo de papel con algún escrito. Frunció el ceño cuando se dirigió a la entrada del lugar, inclinando un poco su cuerpo para ver qué era lo que estaba por hacer. Grande fue su sorpresa al verla hacer algo con sus manos, logrando crear una barrera, dejándolo alucinando. ¿Cuándo había aprendido a hacerlo?

Kagome volvió con una sonrisa en sus labios, orgullosa de haber podido conjurar la barrera, rebuscando en su mochila.

—¿Qué fue lo que hiciste?

—Kaede me había enseñado a conjurar una barrera, y el monje Miroku me dio unos pergaminos hace tiempo, por si pasaba una emergencia— informó, inclinando su cuerpo proporcionándole más aire a los leños para que ardiera más el fuego.

Inuyasha la miraba con atención, notando un defecto en el movimiento de su cuello, intrigándolo.

—¿Segura que estás bien?

—Claro— rebuscó en su mochila una cosa, y una vez en su mano, caminó hacia el chico, sentándose frente a él.

—¿Qué haces?— preguntó perplejo.

—Déjame revisarte— extendió sus manos hacia él.

—Ya te dije que estoy bien, Kagome— cerró los ojos, dejando que la chica revisara un poco.

—No me mientas, vi claramente como caíste al sue...— detuvo su habla, ante ese detalle, estremeciendo al chico ante aquellas palabras —Te caíste, siendo humano.

—Eso no fue nada, ya déjalo así— no tuvo que insistir más, dado que la chica se alejó de él, suspirando. Fue ahí donde Inuyasha notó que sí le pasaba algo a la chica, cuando intentó desviar su mirada —Tú si tienes algo...

Kagome juntó ambas cejas, retrocediendo un poco.

—Ya te dije que estoy bien— recalcó la chica.

—¿En serio?— enarcó una ceja desafiándola —Déjame revisar.

Kagome lo miró por unos segundos, para después ladear su cuello, dándole permiso. Inuyasha no pudo notar a simple vista algún defecto, no teniendo más opción que acercarse más a ella e inspeccionar a la chica con ayuda de sus manos. Colocó una mano cerca de su oreja, ejerciendo un poco de presión con sus dedos para confirmar si sentía alguna molestia, bajando lentamente hasta su cuello.

—¿Lo ves? No tengo nada— dijo con suavidad la chica, ante la cercanía del chico, tomando su mano con delicadeza, apartándolo de ella, sin deshacer el contacto.

Ambos se veían fijamente, sin mencionar palabra alguna. Cambiando de un segundo a otro la atmósfera que había entre ellos.

Kagome se había relamido los labios, al sentirlos algo resecos, pero no esperó que su acompañante se acercara a ella. Se había congelado ante la situación, no evitando la acción que estaba por hacer Inuyasha, tan solo sentía unos nervios desconocidos para ella al momento en que sintió el aliento masculino muy cerca de sus labios.

No creyó que ese gesto inocente de la chica, había sido el detonante para dar rienda suelta a aquel impulso de tener contacto con sus labios, teniendo en cuenta la cercanía que estaban teniendo en ese momento. No había podido evitarlo, ella era, aunque no lo admitiera públicamente, sabía que Kagome era una mujer hermosa, y justo ahora había caído ante sus encantos, se había dejado dominar al momento en que fijó sus ojos en aquellos orbes café, perdiéndose en ellos, dejando que sus impulsos lo manipularan de nuevo.

Solo quería sentirla. Sentir sus labios por solo unos segundos nuevamente. Puede que había fallado la segunda vez que lo intentó, pero está vez no estaba dispuesto en que ella se alejara.

Se inclinó más y más, hasta que sus labios fueron capaces de sentir los labios femeninos en una suave caricia, cerrando sus ojos para luego alejarse de la misma forma a penas unos centímetros de ella, volviendo a clavar su mirada ahora azulada en la achocolatada.

Kagome no podía creer que hubiera permitido aquello, que Inuyasha la besara.

Lo miró directamente a los ojos, sin darse cuenta que estaba empezando a sentir un extraño sentimiento al ver aquellos hermosos ojos negros tan profundos.

Se veía apuesto... Inuyasha era apuesto.

Suavizó sus ojos, siendo ella ahora la que unió de nuevo sus labios con los de él, en un beso, al mismo tiempo en que el chico volvía a cerrar sus párpados, abriéndolos cuando la sintió separarse de él.

Se quedaron así, hasta que no lo resistieron más, inclinándose al mismo tiempo, dejándose llevar por aquella atracción que sienten un hombre y una mujer. Inuyasha la tomó entre sus brazos, besándola con suavidad, escuchando el sonido de su espada caer al suelo, no prestándole atención, mas que en disfrutar el contacto íntimo que tenía con esa mujer. No había sido consiente de que en estos días estaba mucho más atento a los movimientos de la joven, sin darse cuenta que estaba empezando a sentir una extraña atracción por ella a consecuencia de la cercanía que tenían, no íntima, pero sí lo suficiente como para experimentar ciertos impulsos por ella. El escuchar su voz le otorgaba tranquilidad y su risa felicidad, al igual que su aroma le parecía mucho más atrayente que antes.

Kagome poseía un olor magnífico.

Abrazó su cuello con ambos brazos, dejándose llevar, sintiendo como cada vez Inuyasha la aferraba más a su cuerpo, dejando salir de sus labios un gemido sin su autorización. Sus oídos habían captado ese dulce sonido, diciéndole que ella estaba disfrutando de ese momento, al igual que él. Se puso rígido, sin deshacer el contacto labial, proporcionándole caricias a la chica con ayuda de sus manos, aprovechando el hecho de que en ese momento era un humano, tanteando su cuerpo.

Ambos tenían miedo de abrir los ojos, porque sabían que si lo hacían, no tendrían el valor de compartir el mismo lugar en toda la noche, después de haber compartido un par de caricias.

Kagome lo sintió tocar su piel, provocando un cosquilleo al sentir el calor de sus manos, apretando con sus uñas el traje rojo del chico. De forma casi instantánea, ella había abierto sus labios, profundizando más el beso, pero fue en el momento en que ambas lenguas tuvieron contacto, cuando el deseo se incrementó considerablemente.

Inuyasha la abrazó con fuerza, acariciando suavemente su piel, sintiendo como la chica trataba de despojarlo de su haori, tomando el valor de acariciar su espalda por debajo de su ropa, sintiendo su piel erizarse en sus manos.

Cegado por el placer, había logrado deshacerse de su chaqueta, casi desesperado. Kagome abrió levemente sus ojos sonrojada, cuando sintió a Inuyasha removerse algo apresurado, sin separar sus labios de los de ella, con los ojos aún cerrados. No pensó en otra cosa, cuando de nuevo fue presa de sus labios, prosiguiendo con todas aquellas emociones que sentía en ese instante, pasando sus manos por la piel caliente del pelinegro, ya que su kosode había sido removido cuando él se había quitado el haori.

Inuyasha tomó la camisa de la chica, alzándola, deshaciéndose de ella, separándose de sus labios juntándolos de nueva cuenta cuando había retirado la camisa de ella, sintiendo su calor que había subido por el deseo sexual que ambos estaban sintiendo. Pudo haberse percatado de lo que significaría toda esa situación, pero con la mente nublada, no era capaz de razonar en lo que estaba haciendo, estaba muy perdida en aquellas sensaciones tan... Placenteras.

Había logrado recostar a la chica debajo de él, aún sin ser consiente de sus acciones al igual que ella. Tan solo sentía el impulso de querer besarla, sentirla...

De querer más de ella.

No estaba siendo razonable, su instinto le decía lo que tenía que hacer ante esa situación, disfrutando todo contacto que tenía con esa mujer, quedando maravillado al oler de forma más profunda su aroma, escuchando sus suspiros, pasando sus labios a su blanquecino cuello, otorgándole besos y pequeños mordiscos, sintiendo las manos femeninas apretarlo más.

Dejó su cuerpo reposar encima del femenino, cerrando con fuerza sus puños ante un extraño sentir en su pelvis, siendo más eminente ese sentir al escuchar otra vez aquel gemido salir de la chica. No pudo evitar cierto sonido de placer, al sentir la anatomía masculina rozar con su entrada, arqueando su espalda, flexionando su pierna, volviendo a besar sus labios, sintiendo los largos cabellos negros acariciando la piel de sus hombros.

El chico gruñó, rozando por accidente su miembro con la zona íntima de la chica, sintiendo como ella misma le daba paso, abriendo sus piernas sin usar pleno uso de sus facultades mentales. No pudo resistir más, dejando todo su peso recargado en un brazo, notando el contacto de sus manos por su abdomen que bajaban meticulosamente por su cuerpo, deshaciéndose del nudo de su hakama. Inuyasha escondió su rostro en el cuello de la chica, está vez pasando su lengua, saboreando su piel apreciando los movimientos de la mujer debajo de él, tomando el valor de deshacerse de su falda, siendo ayudado por la joven, al no saber con exactitud cómo quitarla, desabrochando el botón, guiando la mano masculina hasta el cierre de la falda, aflojando la prenda, pasándola por sus largas y torneadas piernas, sacándola de su cuerpo.

Continuó la llamarada de besos, acariciando su rostro y su cabello azabache, suspirando por el placer que sentía al tenerla de esa forma. Kagome acarició su cuerpo de su rostro hasta donde se encontraba su hakama, bajando la tela despacio con los latidos acelerados, sintiendo una sensación irreconocible en su vientre. Mordió sin darse cuenta el labio inferior del chico, succionándolo, provocando en él un escalofrío al sentir su miembro liberado ya erecto, acercándose más a ella.

Kagome pasó sus manos por su espalda, deslizando sus uñas por ésta, en señal de no poder controlar aquellas emociones, al mismo tiempo que sus piernas se encargaban de quitarle la hakama al chico, escuchando un gruñido salir de la garganta masculina. Aún había dos pequeñas telas que le impedían poder apreciar al máximo el cuerpo femenino y eso era un problema.

Otro gemido salió de sus labios, al sentir otro roce, retorciendo su cuerpo, acción que excitó a su amante, al verla tan entregada a él en ese momento. Se puso de rodillas a un lado de ella, para así deshacerse de las últimas ropas que llevaba la chica, deslizando tortuosamente aquella tela que cubría su feminidad al mismo tiempo que se deshacía de las calcetas de la joven. Concentró sus ojos en los de la mujer, que se encontraban brillosos por el deseo que sentía, bajando su mirada a los pechos aún cubiertos, que se elevaban ante cada respiración, deleitándose ante las curvas femeninas, incrementando más su deseo por ella.

Kagome no podía pensar en otra cosa, más en lo atractivo que se veía el chico ahora. Ya no era consiente de lo que hacía, ya no le importa lo que era correcto, el deseo ya había tomado su mente, quitando toda razón. Se levantó, encarando al chico colocando una mano en su mejilla, viendo aquellos ojos tan profundos dilatados. Colocó su mano detrás de la cabeza del pelinegro juntando ambas frentes con los ojos cerrados y la respiración agitada. Inuyasha abrazó su cintura atrayéndola a su cuerpo, acariciando con su otro brazo su espalda, jugando un poco con el elástico de la prenda, cosa que terminó cuando reiteradamente, la chica unió sus labios a los masculinos.

No pudo hacer nada ante eso, correspondiendo al beso, abriendo y cerrando sus labios, ladeando su cabeza para mayor profundidad, retirando su kosode blanco, abrazándola. La sintió deshacerse de aquella tela que cubría sus pechos, dejando el resto en sus manos, removiéndolo de sus hombros disfrutando el contacto, dejando la prenda en una parte del suelo. La apretó más contra él al querer sentir más de su cuerpo desnudo, excitándose al escuchar otro jadeo de ella, sintiendo aquellos bultos carnosos pegados de forma exquisita en su torso. Quiso disfrutar más de su cuerpo, acariciando su cintura, deleitándose al sentir sus curvas pasando sus manos por su suave espalda, deshaciendo el beso y bajar ahora a su cuello, brindándole pequeñas mordidas, siendo abrazado por la chica sintiendo sus manos delgadas y pequeñas en su espalda. Sus manos bajaron hasta su trasero, acariciándolo de forma descarada, amasándolo con suavidad, acercándola más a él, arrancando otro jadeo, sintiéndola retorcerse por la pequeña embestida.

Volvió a recostarla, sin separarse de su cuello, bajando más hasta sus pechos besando su piel de forma suave. La chica gimió aún más fuerte al sentirlo lamer sus senos respirando agitada, era una sensación tan placentera que no quería que se detuviera, sintiendo su feminidad humedecerse. Lamió con su lengua el pezón endurecido, subiendo más su ego, por saber que podía otorgarle placer. Placer que él le proporcionaba, sus manos eran las que la hacían disfrutar, sus acciones son las que la hacían estar así, él era capaz de provocar deseo en aquella mujer. Su miembro tocó algo húmedo, provocando descargas en su cuerpo, sintiendo a la chica enredar sus piernas en sus caderas, acercándolo más a esa humedad.

Gruñó de una forma más gutural al sentirse envuelto por ella, succionando su otro pecho como si se trata de un dulce, mientras que las manos femeninas se encargaban de acariciar su melena negra. No sabía lo que quería, pero su cuerpo al parecer sí sabía lo que tenía que hacer cuando volvió a besar sus labios, poniéndose en una posición más cómoda para poder...

Kagome manoseó el cuerpo masculino, arqueando su espalda, para que él pudiera abrazarla de igual forma, sintiendo una especie de espasmo en su cuerpo. Un cosquilleo la recorrió cuando lo sintió acariciar su cintura de forma lenta y sensual, queriendo sentirlo tocar su piel por mucho más tiempo. Su cara se deformó ante una incomodidad en la parte baja, incrementando levemente.

La escuchó jadear como si sintiera alguna molestia, reactivando escasamente sus sentidos, mirándola.

—¿Te lastimé?— susurró en su oreja, haciéndola temblar.

—No...— suspiró con los ojos entrecerrados —Es solo que... Es inevitable que sienta dolor.

—¿Quieres... Parar?— una pregunta que no sabía si podía cumplir, pero de ninguna manera la obligaría a continuar.

¿Que si quería? Por supuesto que no, pero eso significaría... No, no podía hacerlo, pero era tan hermoso sentir lo que estaba sintiendo, como para haberse quedado en la mitad del proceso, pero... Lo miró a los ojos, sujetando sus mejillas para acercarlo a ella y poder preguntar.

Trató de controlar sus impulsos de querer terminar lo que estaba por hacer, pero no podía, aún no perdía del todo su razonamiento como para satisfacerse por su cuenta. Observó como sus ojos se concentraron en verlo, dejándose hacer cuando lo atrajo hacia ella, dejando sus labios solo sobre los suyos, provocando nuevamente que su mente se nublara.

—¿Quieres seguir?

Gruñó al sentir la húmeda lengua femenina, lamer sus labios de una forma extremadamente seductora, haciendo más difícil la situación en pensar en lo que era correcto. Perdió el control de su ser, cuando sintió su lengua, exigirle que abriera sus labios, besándola con desespero, frotando su cuerpo con el de la mujer, enloqueciendo ante sus gemidos. No pudo evitar sentirse posesivo con ella, ante el suspiro de placer que le sacó, al entrar un poco en ella, sintiendo sus uñas enterrarse en su espalda. Deteniéndose por unos segundos para hablar.

—No, si no quieres...— fue su respuesta, mirándola a los ojos, cejado por el placer.

Sus ojos se aguadaron, enrollando con fuerza su cuello con sus brazos, escondiendo su rostro de él por la vergonzosa respuesta que le daría. Inuyasha solo la sintió asentir en su hombro, y de como sus piernas apretaban más aquel cinturón de carne que ella había hecho con ellas.

Una vez que le dio su respuesta, no pudo ir en contra de sus impulsos, introduciéndose de forma lenta en ella. La chica gimió de forma sonora, abriendo sus labios, sintiendo su cara arder como nunca la había sentido antes, ni cuando había participado en maratones por la escuela.

Hizo un sonido incoherente con su boca, al sentirlo un poco más dentro de ella, sintiendo un malestar cada que su miembro se introducía más en su interior.

Apretó sus labios tratando de contenerse, pero no pudo evitar dejarse envolver por el placer, entrando en ella de un solo golpe, ocasionando un grito ahogado por parte de ella. Contuvo las lágrimas, cerrando sus ojos con fuerza, no queriendo preocupar al chico. Sabía lo protector que era, y si se llegaba a enterar de que la había hecho sangrar, se sentiría fatal con él mismo.

—No te... Muevas— suspiró la chica, alejando su rostro de su cuello, dejando que su cuerpo se acostumbrara a aquel intruso que estaba dentro de ella. Besó su mejilla, logrando su cometido de distraerlo, cuando él mismo buscó sus labios, besándola lenta y profundamente, tratando de apaciguar la incomodidad que sentía con sus besos.

Luego de unos minutos de probar sus labios, él mismo comenzó a moverse despacio dentro de ella, repitiendo la misma acción, al escucharla gemir con placer, excitándose nuevamente.

—¿Se siente mejor?— le preguntó entre besos el chico, sin dejar de moverse contra ella, tomando valor de mirarla con los ojos entre cerrados.

Kagome asintió tímida, viendo aquellos ojos azules. Se sonrojó cuando Inuyasha acarició su rostro con deleite, sorprendiéndola sin hacerlo visible ante sus ojos. Probablemente se sentía más en confianza por el hecho de que estaba en su forma humana. Sabía que en su estado era más abierto, más comprensivo y sensible. Si fuera un hanyô ahora, seguramente hubiera huido en cuanto detectara su sangre.

Tal vez, era una probabilidad.

No pensó en más, al sentirlo salir de ella apretando los labios con fuerza, arqueando su espalda, encaprichada cuando había sacado demás su masculinidad. Pero no tuvo más quejas en cuanto lo sintió entrar de nuevo en ella, aferrándose a él con fuerza, sintiendo de nuevo ese calor asfixiante.

Comenzó un leve vaivén, acelerando a cada par de segundos al sentir a la chica mover sus caderas, deslizándose más en ella gruñendo de placer. Volvió a tomar posesión de sus labios, entrando y saliendo de ella, aspirando los suspiros femeninos, comenzando a embestirla con fuerza.

Se separó de sus labios al no poder contener más los gemidos, recordándose así misma que no debía gritar. Sabía que estaban solos, en un lugar apartado y ocultos ante cualquiera que pasara cerca, gracias a la barrera, pero no quería ser alguien escandalosa. Algo en su interior le decía que definitivamente tratara a toda costa en silenciar sus gemidos, cosa que obedecería.

Siguió embistiendo aquel cuerpo femenino, con toda la fuerza que podía siendo impulsado por su instinto, deleitándose al escuchar los gemidos ahogados de la mujer entre sus brazos, sin ser capaz de detener sus embestidas, siendo vasto en percibir la sangre arder por todo su cuerpo, brindándole más energía para llevar acabo ese momento erótico que estaba teniendo con la azabache. Gruñó al sentir el placer tomar posesión de su mente y su cuerpo controlando cada movimiento, besando su cuello, acariciando con sus dientes su piel tortuosamente.

Ya no podía soportar más todas esas sensaciones que su acompañante la hacía gozar, era demasiado, y sentía algo fuerte en su interior que amenazaba con explotar. Un par de embestidas más, y ambos llegaron al final de ese proceso, sintiendo como salía un líquido de él, que se introducía en el interior de la joven, otorgándoles una exquisita sensación indescriptible, dejándolos sin aire, y con sudor en sus cuerpos, dado por el calor de la fogata y más que nada por el movimiento constante que habían ejercido para llevar acabo la culminación del acto.

Exhausto y con las mejillas enrojecidas al igual que su compañera, recostó su frente en la de la de ella, abriendo levemente sus párpados, con la respiración agitada. Sus ojos no se encontraron a pesar de la cercanía de ellos, sin comentar palabra alguna, solo esperando a recuperar un poco el aliento. La verdad no estaban consientes de lo que habían hecho, tan solo dejaron que sus cuerpos se encargaran de todo, no sabiendo las consecuencias de sus actos, mientras que el silencio reinó por ese momento. Sus cuerpos y sus mentes estaban tan cansados, que no hubo necesidad de intercambiar palabras, para hacerle saber al otro que era hora de descansar.

Inuyasha acarició con su nariz la de la chica, para después depositar un beso suave en los labios de la azabache por unos segundos. Solo sus labios sobre los de ella. Salió de su interior, escuchando a la chica tomar aire de forma precipitada, dándole otro beso pero está vez en el cuello. Tomó su kosode blanco cuando Kagome se acurrucó en su torso, cubriendo a ambos para no pasar frío, abrazando a la chica con posesividad, acariciando una última vez sus curvas femeninas. Kagome por su parte se dejó hacer, colocando una pierna encima del pelinegro, abrazándolo flojamente, aspirando profundo ese aroma tan varonil que portaba el albino. Inuyasha comenzó a adormecerse al mismo tiempo que la joven, perdiendo la conciencia de todo una vez que sus cabezas cayeron, durmiéndose casi al instante.

. . .

Su respirar era uno suave y calmado, sin darse cuenta de que había sido víctima de un pequeño letargo esa noche, moviendo un poco su cuerpo por donde se encontraba acostado. Lo primero que percibió fueron sonidos que captaron sus orejas, producto de las aves quienes recibían otro día más en ese mundo, entre otros sonidos producidos por insectos que no se detectaban a simple vista.

Sentía su cuerpo algo pesado, sin tener muchas ganas de levantarse, pero tenía que hacerlo, ya que se había quedado irresponsablemente dormido, recordando a su vez que eran protegidos por una barrera, calmando su preocupación en cuanto al descuido que había tenido. Cosa que no duró mucho tiempo, al percatar cierto olor de una forma tan intensa despertándose de forma abrupta de donde estaba descansando. Miró a su alrededor, dando por hecho primero que nada, que había vuelto a ser un hanyô y que ya había amanecido. Lo segundo fue, que había pasado la noche en la cueva que había visto Kagome.

Kagome...

De forma casi instantánea buscó a su acompañante que se encontraba tendida a su lado, aún profundamente dormida. Sus mejillas se tornaron de color carmín a una velocidad increíble, al verla a ella semidesnuda. Semidesnuda, porque su kosode se encargaba de cubrir lo necesario, dando gracias al hecho de que se encontraba de espaldas.

Su nariz captó otro olor que terminó por alarmarlo. Sangre. Era lo que se podría decir, a penas una gota, pero pertenecía nada más y nada menos que a la chica. El terror lo dominó al pensar que la había lastimado, pero su mente se le adelantó, recordando vagamente los hechos anteriores ocurridos en la noche.

Se había dormido con Kagome. O más bien... Había... La había besado, la había acariciado, había probado su piel...

La había hecho suya...

Se cubrió la cara con sus manos, avergonzado por lo que había hecho. Bueno, casi. No recordaba precisamente todo, pero con lo poco que recordaba, estaba completamente seguro de que la había hecho suya ¿Y ahora qué demonios iba a hacer? Se había acostado con la mujer que juró proteger de todo, pero al parecer no había podido protegerla de él mismo, y del deseo que crecía cada vez más con tan solo estar cerca de ella. Vio con atención que su parte masculina comenzaba a reaccionar ante sus recuerdos, y en la imagen de la chica gemir debajo de su cuerpo, al dejarse complacer por él.

Lo cierto es que estaba en un dilema, y ese era el: ¿y ahora qué? Después de haber compartido caricias... MUY subidas de tono con la chica... ¿Cómo sería su relación a partir de ahora?

Sus orejas se removieron, poniéndolo en alerta, olvidando por completo los pensamientos que tenía en ese momento, prestando atención a su alrededor.

—Un fragmento de la perla...

Escuchó decir a la mujer, ahora despierta, ignorando por completo el estado en que se encontraba. Lo más importante en ese momento, era aquella presencia que cualquier otra cosa.

—¿Qué dices?— preguntó el chico, constatando las palabras de la chica.

—Es un fragmento— convalidó ella, cubriendo su cuerpo con la ropa del chico —Está... No... Se está alejando.

—¡¿Qué?!

Inuyasha se levantó de golpe ante lo dicho por la mujer, yendo por su ropa, no tomando en cuenta su desnudez, ni el hecho de que fuera visto por la chica. El fragmento era en este momento lo más fundamental. Se puso su hakama lo más rápido que podía, amarrando el obi, gruñendo ante el proceso. Kagome terminó de ponerse su ropa interior apresurada, dejando el kosode, cambiándolo por el haori, sabiendo que Inuyasha querría más que nada el kosode para salir rápido tras el monstruo.

—Espérame aquí, Kagome— ordenó mirándola a los ojos, agradeciendo el gesto considerable de intercambiar el kosode por el haori para cubrirse.

—Pero...

—Es probable que haya sufrido una transformación por el fragmento.

—Eso lo sé, Inuyasha— lo miró incrédula —Pero no sabes en dónde está el fragmento para poder atacarlo.

—No necesito saber eso, yo me encargaré de destruirlo— le gruñó ofendido.

—Te recuerdo que ya han pasado ocasiones en que te adelantas y acabas mal herido por no escucharme— lo miró enojada, al saber que de nuevo no la tomaría en cuenta.

—Estamos perdiendo tiempo— dijo como ultimátum, dándole la espalda saliendo del lugar, persiguiendo al monstruo de un salto.

Kagome contuvo la respiración, llevando su mano a donde se encontraba su corazón. Siempre era lo mismo, Inuyasha nunca la escuchaba, y ya estaba harta de eso. De que no confiara aún en ella, de ser capaz de ayudarlo en la tarea de exterminar un yôkai, cosa que la hacía sentir frustrada por querer demostrarle que ella también podía.

. . .

El yôkai que caminaba entre la maleza, logró esquivar un ataque, girando a medias, poniéndose en posición de pelea. Se rio al percibir que su oponente era nada más que un miserable ser híbrido.

—¿Te atreves a desafiarme, híbrido?— preguntó burlón el yôkai, alistando sus garras. Inuyasha no se inmutó ante el insulto, provocando que la sonrisa del monstruo se extendiera —Yo mismo me encargaré de deshacerme de ti.

—¡Keh! Quiero ver que lo intentes, imbécil— preparó su espada sintiendo su palpitar, mientras que la sangre en sus venas ardía a causa de la adrenalina.

El monstruo rugió, balanceándose presuroso hacía el peliplata. Inuyasha dio un gran salto en el momento justo, cuando el monstruo intentó tomarlo entre sus garras. Rugió sonoramente cuando recibió el ataque de aquel estúpido híbrido en su espalda, enfadándolo en sobremanera.

El monstruo lanzó bolas de fuego de su boca como si se tratara de un arma de fuego, ante la velocidad en que salían de éste. Inuyasha logró evadirlos estratégicamente, pero no contaba con que el monstruo de un rápido movimiento le insertó un puñetazo, estampándolo contra el suelo.

Se apresuró en salir de donde había caído, antes de recibir otro golpe del yôkai. Su espada tomó la apariencia de ser hecha de diamantes, lanzando el mismo material hacia el demonio. Sonrió victorioso, pero desapareció cuando lo vio regenerarse de forma acelerada en el lugar donde lo había atacado. El demonio sonrió perversamente, caminando hacia él.

—Jamás me vencerá un mitad bestia como tú— le enojó el hecho de que el híbrido se riera, perdiendo la paciencia.

—De no ser por el fragmento que llevas contigo, ya estarías muerto, idiota— sonrió con superioridad, provocando al demonio.

Comenzó la persecución, como si de un juego se tratara, salvo por los golpes que se daban el uno al otro, incrementando considerablemente las ganas de matar al otro, perdiendo casi la cordura. Inuyasha recibió un golpe por parte del monstruo en su estómago, dejándolo inmóvil por unos instantes. El yôkai aprovechó eso, tomándolo entre sus manos acercándolo a su rostro, sintiendo el poder del fragmento hacer efecto en él, incrementando su tamaño.

—Me das lástima, híbrido— lo estranguló por el cuello, elevándolo ante su altura —¿Pensaste que de verdad tenías una oportunidad contra...?

No pudo proseguir con su sermón, cuando sintió una flecha sagrada inyectarse en su cuerpo, logrando hacerlo rugir de dolor, soltando a su oponente, que estaba recuperándose ante la falta de aire. Se giró bruscamente para matar al causante de eso, exigiéndole que se hiciera presente.

—¡Muéstrate, maldito infeliz!

Se sorprendió al ver a una mujer, no dándole tiempo a más, en cuanto ella le disparó una flecha, justo donde se encontraba su fragmento. El yôkai lanzó un alarido agonizante, al sentir todo su cuerpo arder por dentro y por fuera, desintegrándose al instante, quedando solo el fragmento en el lugar.

Kagome caminó hacia el fragmento, tomándolo entre sus dedos, siendo éste purificando al instante en que lo había tomado. Escuchó pasos detrás de ella, ignorando por completo al que sabía era su acompañante, sacando de su falda el frasco en que guardaba los fragmentos, quitándole el corcho, introduciendo el cristal en el, colocando de nuevo el tapón, poniéndose de pie.

—Terminamos por ahora— alegó en un tono hostil la joven, sin atreverse a mirar al chico, comenzado a caminar en dirección a la aldea.

. . .

Todo el recorrido a la aldea habían mantenido su distancia, después de que Kagome le había dejado en claro que no quería hablar con él por ahora, si es que no quería decirle aquel conjuro hasta que se cansara de repetirlo. Inuyasha se enfureció ante la actitud irritante de la chica, jugando el mismo juego que ella. Estaba loca si pensaba que le rogaría para que le dijera qué es lo que tenía, haciendo lo mismo que ella.

Llegaron a la aldea de manera prematura, gracias al enojo que no había disminuido desde ese encuentro con el monstruo. Era bastante evidente lo orgullosos que podían llegar a ser ambos jóvenes. Kagome se bajó de la espalda del muchacho bastante presurosa, sin importarle que todavía no habían aterrizado correctamente, quebrando la paciencia del albino.

—¡¿Qué demonios te pasa?!— la reprendió en un gruñido.

—Dije que no quería hablar contigo— pasó de largo su enojo, entrando en la cabaña donde se encontraban Kaede y sus demás compañeros que los recibieron con una sonrisa y una cordial bienvenida.

No había creído que estarían presentes en este momento, había considerado que se tomarían solo unos pocos días. Además de que no quería amargarlos por el disgusto que tenía.

—Ya regresaron.

—Hola a todos— saludó con una sonrisa fingida la chica, notando a último momento la ausencia del niño.

Seguramente se encontraba en su entrenamiento.

—¡Ya deja de ignorarme, Kagome!— le recriminó el albino una vez adentro de la cabaña, dando rienda suelta a su enfado, sin importarle en lo más mínimo la presencia de sus compañeros.

—Te dije que no quería hablar, Inuyasha.

—Maldita sea, ¡ya basta!

—¿Y ahora por qué están peleando?— preguntó curiosa la anciana. Nunca había visto a Inuyasha tan furioso, demasiado, diría ella.

—Lo que pasa, es que Inuyasha no puede ni siquiera esperarme por tan solo unos momentos.

—La prioridad era exterminar al monstruo, ¡no tenía tiempo para esperarte!

—¡Y mira cómo te dejó por no escucharme!

—¡Estoy perfectamente bien, Kagome!— le gritó acercándose de forma peligrosa hacia ella. La chica no se dejó intimidar, sosteniéndole la mirada.

—¡Sí, perfectamente bien! ¡Por eso nos retrasamos un día!

—¡¿Qué prisa tienes por regresa?!

—Por si todavía no te pones a pensar, Inuyasha... ¡Tengo mi propia vida!

—¡Demonios, Kagome!— se contuvo inútilmente, prosiguiendo —¡Tú y tus malditas excusas!

—¡Eres un imbécil desconsiderado!

—Muy bien, ya basta los dos— se interpuso Miroku, tratando de sosegar a su amigo.

—Cálmate Kagome— le aconsejó su amiga, poniéndose frente a ella.

Estaban mucho más irritados de lo normal, cosa que era muy extraño, y más en Kagome que era la que más tolerancia tenía en tanto en estás situaciones. No sabía qué es lo que había ocurrido entre ellos, pero dentro de unos momentos ambos cantarían la verdad a gritos.

—Es culpa de él, no mía— se defendió la azabache, evadiendo la mirada acusadora que el albino le propuso ante esa acusación.

—¡¿Mía?!— avanzó irascible a penas un paso, ya que Miroku no lo dejó seguir más adelante —¡Yo podía solo contra esa escoria!

—¡Eso no fue lo que vi, cuando te tenía entre sus manos!— le gritó sin medir sus palabras, siendo controlada nuevamente, solo que está vez, por el sentimiento de la ira.

—¡Tenía que protegerte, idiota!— le recalcó su deber que tenía con ella, desde el momento en que había tenido esa lucha con el imbécil de su hermano, en la tumba se su padre.

—¡Ya te he demostrado que puedo defenderme por mí misma! ¡Siempre haces lo mismo en medio de una pelea!— comenzó a decir la chica enojada —¡Yo quiero ayudarte, pero tú alegas con que me calle y me esconda!

—¡Deja de ser necia por una vez, maldita sea!

—¡No, no es necedad! ¡Estoy harta de que no me permitas participar! ¡Yo también soy capaz de hacer cosas, Inuyasha! ¡Salvé tu estúpido trasero!

—¡¿Y qué?! ¡¿Quieres que te lo agradezca?!

—¡No, claro que no! ¡Porque eres muy orgulloso e imbécil como para hacerlo!

—¡¿No te habrás mordido la lengua, idiota?! ¡Mira quién está encaprichada por no recibir un agradecimiento!

—¡Nunca espero desde hace tiempo un agradecimiento tuyo!

—¡Y entonces por qué demonios sigues enojada!

—¡Porque yo me preocupo por ti, y tú siempre actúas de forma imprudente, ganándote una paliza que te hubieras ahorrado!

—¡Nunca pedí tu preocupación!

—¡¿Ahora es mi culpa por preocuparme por ti?!

—¡Nunca dije que lo fuera, Kagome!

¡Tú sola estás malentendiendo todo y haciéndote la víctima!

—¡Suficiente!— espetó Miroku, poniéndole fin a la discusión que por lo visto, no llevaba a nada —No sé qué es lo que se traen ustedes dos, pero a gritos no van a resolver nada.

—Lo mejor es que me vaya— hizo saber la chica sin apartar la mirada de aquellos ojos dorados que destilaban rabia.

—Hazlo, lárgate. Es lo único que sabes hacer— escupió colérico el albino.

—¡Inuyasha!— lo reprendió Sango, enojada ante su comentario nada grato.

—Adiós— fue su última palabra para salir de la cabaña, no mirando a los demás, más que al albino que seguía con el mismo semblante de furia incontenible, deshaciendo el contacto visual en cuanto salió del lugar, para ir en dirección al pozo.

Una vez que ella había salido, Inuyasha imitó a la chica, saliendo a zancadas, en dirección contraria. Alejándose de los regaños de sus compañeros ante lo poco delicado para hablar.

—¿Y ahora qué fue lo que les pasó?— preguntó Sango, al jamás verlos discutir de esa magnitud.

Miroku por su parte, suspiró frustrado, no sabiendo qué responder ante la interrogante de la castaña, tomando lugar.

—No lo sabremos dentro de un tiempo tal vez.

—Es extraño que se encontraran muy explosivos en cuanto a un asunto que ya había pasado anteriormente.

Todos meditaba lo ocurrido con sus amigos, no encontrando ninguna lógica por el momento. Sabían que eran muy temperamentales, pero como lo había dicho Kaede, ya habían discutido por algo así, solo que está vez, fue mucho más centellante, preguntándose la razón por el que fue mucho más impetuosa la discusión.

—Estoy seguro de que algo más, pasó entre ellos.

. . .

(Jueves 03/06/2021)

N/A: Tal como había dicho, aquí les traigo el capítulo de esta semana. ¿Qué les pareció? Espero sus comentarios.

Y de paso para decirles que creo, CREO... Que ya se acerca el final y pues me he puesto a pensar en la posibilidad de crear otros fanfic's. Claro, son InuKag. Pero también he pensado mucho, demasiado, en un crossover entre InuYasha y Ranma ½. Me dio curiosidad cuando hicieron una votación de esas parejas, pero los intercambiaron; es decir, Inuyasha con Akane y Ranma con Kagome. Los comentarios con respecto a Inu y Akane fueron negativos. Todos negativos, por el simple hecho de que ambos tienen un carácter muy explosivo, aludiendo que ellos solo se la pasarían peleando y no quedaría. En cambio, con respecto a Ranma y Kagome fueron comentarios positivos, diciendo que ellos bien, podrían ser una pareja. Kagome es comprensiva y amable con las personas, Ranma pues... Lo hemos visto ser amable con las chicas, motivo por el cual es perseguido. Bueno, solo tomaré en cuenta a Ukyo, pues ella al principio solo quería venganza, y ya al final, Ranma le dice que ella es bonita y ella se interesa en él. Si ¿no? No he visto el anime, perdón si digo cosas que no. XD El caso de las otras ya es algo a la fuerza. Shampoo por esa tradición y Kodachi solo es una loca. :v

Y pues bueno... No estaría mal el que yo creara un RanKag. Me interesa mucho, la verdad. Creo que ya tengo que poner las ideas en orden para tener una idea del comienzo y el final si es que lo quiero escribir.

Bueno, eso sería todo personitas. Cuídense y nos vemos en la próxima actualización. Gracias: julietasarard y Annie Perez por sus comentarios tan lindos y considerados.

Se los agradece:

Manzanita.