[Los personajes no me pertenecen, sino a la mismísima Rumiko Takahashi. Yo solo usé sus personajes y, "su universo"; para poder hacer realidad lo que pasaba por mi mentecilla loca, jaja. Hago esto sin fines de lucro. Esta historia es de mi absoluta autoría.]
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Capítulo 22.
Azotó la puerta de la urna del pozo con la adrenalina corriendo por su cuerpo, abriendo de igual modo la puerta de su casa quitándose sus zapatos, intentando calmar un poco toda esa ira que sentía para con su familia.
Abrió las puerta de la sala, no encontrando a su abuelo, dirigiéndose ahora a la cocina. Su cara se deformó ante el silencio que había tenido en su hogar, pensando.
Se acercó a la mesa donde comían los alimentos al percatarse de que algo reposaba sobre la mesa, dirigiéndose ahí. Con su mano derecha tomó la hoja escrita con la letra de su madre leyendo el contenido de la carta.
"Salieron de viaje"
Pasó saliva cayendo en cuenta de la situación. Estaba sola en casa. Sacó el aire de sus pulmones, saliendo de sus fosas nasales, dejando la hoja en el mismo lugar en que la había dejado su madre para ella, subiendo a su habitación y dejar sus cosas en el suelo. Arrastró sus pies hasta dejar caer su cuerpo en su mullida cama de espaldas, cubriendo sus ojos con su brazo derecho por la luz que se filtraba por la venta, provocándole disgusto.
Se sentía cansada... Cansada e irritada.
Apartó un poco su brazo de su vista, empezando a sentir sus párpados pesados, al punto de que se vista se tornara borrosa sin darse cuenta de que se había quedado dormida.
. . .
Inuyasha seguía en el mismo sitio desde que había salido de la cabaña, aún sintiendo rabia por lo sucedido previamente con aquella mujer complicada.
¿Por qué demonios se había enojado con él?
Solo quería protegerla, que ella estuviera a salvo y que no sufriera algún daño. ¿Tan difícil era que ella comprendiera sus motivos?
Pero pareciera que Kagome nunca lo comprendería. Todo estaba volviendo a reiterarse, el que por un simple malentendido tomaban sus distancias pasando días hasta que uno admita su error y disculparse.
De nada había servido el comportarse, de ser amable, de dejar de tratarla como solía hacerlo al principio, de ser considerado...
¡Al parecer todo había sido en vano!
Sus ojos se achicaron por unos segundos ante la cólera que sentía, apretando con más fuerza su mandíbula comenzando a respirar de manera agitada.
"¡Eres un imbécil desconsiderado!"
Esas palabras eran las que más le provocaban ira. ¿Cómo tenía el descaro de decir semejante cosa? ¿Tan rápido se le había olvidado todo lo que él había hecho por ella en estos días? ¿Así de fácil lo trataba de estúpido? ¿De desatento?
Cada que lo recordaba, hacía crecer su enfado provocando que su sangre hirviera, al mismo tiempo que esas manchas púrpura aparecían a los costados de su rostro, justo en sus pómulos y ese delineado debajo de sus ojos, característico de cuando estaba sufriendo esa transformación bestial y peligrosa.
Miró sus garras que habían crecido considerablemente enterrarse en sus antebrazos, haciéndolo sangrar ante la presión, pero aún así no sentía dolor alguno. Alejó sus manos de él, prestando atención a las garras manchadas de su sangre con sus ojos aún dorados.
Flexionó sus dedos lentamente, hasta clavarnos en la palma de su mano, cerrando sus ojos mientras esas singularidades que solo conocían sus amigos, entre otros; desaparecían volviendo a recuperar un poco de su cordura.
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El sonido de una llamada del teléfono de su casa fue la que hizo efecto en ella, despertándola caminando hacia el vestíbulo para atender al llamado presurosa.
—¿Hola?
—Hola Kagome, ¿cómo te encuentras?
—Bien, gracias. ¿Pasó algo?— era Yuka.
—Bueno, quería saber si gustas acompañarnos. Solo nosotras cuatro, al centro comercial.
—¿A qué hora?
—A las seis de la tarde.
—De acuerdo, me baño y nos vemos allá.
—De acuerdo, adiós.
—Adiós...
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Así los días habían pasado, cada quién en su respectiva época sin tener el pensamiento de que tenían ambos asuntos pendientes no pudiendo evadirlos por mucho más tiempo, teniendo que volver a hacerles frente sin importar las reacciones que ocasionaban en ellos.
—Inuyasha...— lo llamó la anciana por detrás. El mencionado no se movió para mirarla, cosa que ya se había esperado la sacerdotisa continuando con su hablar —Ya han pasado días y Kagome no regresa.
—¿Y eso qué?— dijo, sin ocultar su indiferencia y molestia ante lo dicho por la anciana.
—Que no pueden seguir evadiéndose.
—¿Y eso en qué te afecta, anciana?— la retó el medio demonio, por fin encarándola.
—A mí no, pero a ti sí— lo confrontó ganándose una irascible mirada, agregando más razones por las que su aprendiz tenía que regresar —Y también porque ella no ha completado su entrenamiento y tú eres el único que puede hacerle llegar el mensaje— le recordó —Sin mencionar que aún les falta recolectar los fragmentos faltantes.
Inuyasha bufó en contestación, haciendo a un lado la presencia de la anciana, cruzándose de brazos. Su resentimiento contra Kagome aún no se había desvanecido, de hecho; el no verla solo le provocaba más frustración y todos eran muy consientes de eso, pero sabían lo testarudo que era su amigo y él no iría por ella, a menos que lo obligaran.
. . .
Kagome caminó sin prisa alguna hacia la urna del pozo, recordándose que no tenía porque hablar de nada con Inuyasha. Aunque siendo sincera, sí tenían pero no lo quería hablar por el momento. No se sentía lista y tampoco sabía cuánto duraría esto. Daba igual si con eso solo ocasionaría enojo en él, ella tenía la capacidad de callarlo y castigarlo para ponerle punto y final a todo. Era injusto y cruel, pero su enfado no la dejaba ver aquello. Además de que se sentía avergonzada de sus actos.
Inuyasha miró el techo de madera de aquel lugar, tomando un respiro tratando de aparentar que la ausencia de la chica no le había afectado en lo absoluto. No le iba a dar el gusto de que ella pensara que la razón por la que había venido, era para disculparse de algo que él no había hecho, saltando fuera del pozo hasta ser capaz de aterrizar de forma sigilosa en aquellas gradas.
Sin esperarlo ambos, al momento en que deslizaron la puerta simultáneamente, se encontraron ambas miradas con un asombro reflejado en ellos. Solo pasaron unos momentos en que ellos volvieron a entrar en razón, cada quien mirando hacia otro punto, incómodos.
Ambos retrocedieron, sin decir todavía palabra alguna, con los nervios a flor de piel. Kagome apretó los labios, acomodando su cabello en un movimiento de cabeza, caminando hacia el pozo cuando Inuyasha le había cedido el paso, saltando de forma literal al pasado seguido de su compañero.
. . .
—Kagome, no te reclamaría tanto, de no ser porque has mejorado notablemente con sacar a flote tus poderes— la anciana endureció levemente su mirada.
—Lo siento Kaede...— inclinó su cabeza, apenada por su actitud.
—No sé el motivo por el que pelearon, pero no debes permitir que tu sentir tenga control sobre tus acciones. Esa es una de las principales responsabilidades de una sacerdotisa y lo debería ser también para todo el mundo, el de no dejarse dominar por sus emociones, porque eso solo acarrea complicaciones.
—Discúlpeme, lo que hice fue muy irracional de mi parte— mencionó con mortificación —Trataré está vez de que el enojo no me haga perder la cabeza, Kaede.
—Espero que así sea, porque sabio es aquel que cuida sus palabras— le recordó aquel mandato, mirándola asentir —De acuerdo, comienza con tu entrenamiento.
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Inuyasha la vigilaba siempre a la distancia, sin dejar que ella lo viera aunque sabía que Kagome sabía de su presencia. El estar al pendiente de ella era algo habitual en él y las peleas entre ellos nunca fueron motivos suficientes para dejarla vagar por ahí, no. Él se sentía mucho más tranquilo estando cerca de ella, eso nadie lo podría cambiar.
Estos días la había notado algo distante con él, cosa que lo había confundido. Kagome actuaba extraño, ni siquiera era capaz de mirarlo a los ojos y siempre trataba de evadirlo a toda costa.
¿Por qué?
La última pelea que habían tenido, no había actuado tan distante, ni mucho menos tan esquiva. No lo comprendía, ella se había mostrado normal con lo del asunto del beso. Le dirigía la mirada, le avisaba dónde estaría, le preguntaba cosas "necesarias" y se dirigía a él cuando lo necesitaba.
¿Pero por qué se comportaba así ahora? No creía que fuera por la pelea, era una que casi siempre tenían.
Tal vez había algo más...
En eso, su mente desbloqueó aquellos recuerdos subidos de tono, abriendo los ojos aterrado. ¿A caso ella estaba así por... Lo que pasó? Hizo memoria de todos los gestos y comportamientos que había tenido con él, en el momento en que regresó a la aldea después de...
Se regañó mentalmente por desviar su atención a cosas que no debía pensar ahora, volviendo a lo inicial. El último contacto visual que tuvo con ella fue en la urna del pozo, ya de ahí se alejó de él. Ni siquiera aceptaba las sugerencias que le decía Kaede en cuanto a su persona. Ella al parecer no quería saber nada de él y para colmo ese era un tiempo indefinido, cosa que no iba a soportar por mucho tiempo.
Sangre.
Ese fue un destello en su mente, como si fuera la respuesta a todo lo que le ocurría a la muchacha, preocupándolo. ¿Le había hecho daño? ¿Le había afectado tanto ese momento? ¿Tendría consecuencias?
La única consecuencia que podría pensar y era la más probable, era que ella quedara embarazada. Pero no notaba ningún cambio en ella, más que en su actitud. Su olor... Bueno, su olor admitía que había cambiado, pero solo era el que su aroma estaba impregnado en ella.
En su piel.
Bueno, el embarazo podría ser una posibilidad, haciendo una lista de las posibilidades de las cuales Kagome lo ignoraba, pero todavía quedaba mucho por analizar y saber cuál sería la razón a todo esto, antes de entrar en un colapso nervioso ante la probabilidad de que sería padre dentro de unos meses...
Sacudió su cabeza con un sonrojo en sus mejillas, procediendo con la otra idea que tenía que ver con su sangre.
No había sido gran cosa, era lo que se podría decir a penas una gota, pero aún así no iba a desechar ese detalle que posiblemente tenga que ver con ella. ¿Y si le había causado un daño en su cuerpo? ¿Tendría algún malestar?
No podía pensar con cordura, la ansiedad y el miedo estaban jugando con su mente. Esto era demasiado para él, nunca había analizado tan a fondo sobre algo y no estaba acostumbrado a pensar en tantas cosas que solo hacían preocuparlo cada vez más, no consiguiendo nada más que hacerlo pasar por una gran tribulación. Tenía que hablar con Kagome, eso lo daba por hecho, necesitaba saber si... Le había hecho algún daño. No iba a permitir que ella lo ignorara, no cuando estaba preocupado por ella y en su bienestar.
También la culpa comenzaba a irrumpirlo, porque él no se había hecho responsable de ella como correspondía, después de que se habían entregado. Él estaba bien, mientras que Kagome posiblemente estaba padeciendo algo malo y probablemente sea el motivo por el que lo ignoraba.
Sería vergonzoso, pero era mucho más importante el saber cómo se encontraba ella después de haber hecho lo que hicieron.
. . .
Kagome se deshizo de su ropa, entrando al lago que estaba a varios metros de la aldea. Estuvo por varios minutos, hasta que ya era hora de salir del agua y regresar a descansar.
Uno de sus tantos sentidos fue capaz de notar una presencia maligna, mirando instintivamente a la perla que colgaba en su cuello. Actuó ante la situación, tomando su arco y lanzar la flecha hacia aquel intruso. Otro más había hecho presencia estando lista para disparar, solo que Inuyasha se apareció de un salto, sacando su espada y desintegrar al otro cómplice del primero con su famoso ataque.
Kagome contempló lo sucedido, terminando de ponerse sus zapatos, tomando sus cosas y marcharse a descansar a la cabaña.
—Espera...— pronunció, sintiendo un leve temor a que ella no le cediera la palabra, pero se recordó que no debía permitir eso.
Kagome frenó sus piernas, mirando por sobre su hombro al chico, con los ojos mirando el piso esperando a que continuara.
—Quiero hablar contigo...— se forzó a decir, algo preocupado.
La chica se atrevió a girarse sobre sus talones. Aún sin poder verlo a la cara, pero habló:
—¿De qué?
—De ti...— simplificó, sintiendo su corazón acelerarse por los nervios.
—Estoy bien, si es lo que te preocupa— respondió algo tosca.
—¿En verdad te sientes bien?— dio un paso hacia ella.
—Sí, ahora déjame...
—No he terminado, Kagome— la tomó sorpresivamente del brazo, sobresaltado a la chica.
Kagome fijó sus ojos en los del muchacho, volviendo a mirar hacia otro lado que no fuera su rostro, comenzado a ponerse inquieta.
—Suéltame...
—¿Por qué estás así?
—Suéltame— repitió está vez usando un tono de advertencia.
—Dime por qué me ignoras.
— Déjame ir, o sino te diré ese conjuro— forcejeó, pero Inuyasha la apretó contra él, inmovilizando sus brazos, clavando su mirada en ella.
—Anda, dilo— le insinuó sin pizca de burla —Quiero ver que lo hagas estando así.
—Inuyasha...— frunció el ceño.
—¿Por qué estás enojada conmigo?— soltó el albino, muy seguro de sus palabras, mirándola a los ojos.
—Por favor, déjame ir— giró su rostro, tratando de alejarse de él.
—Dime qué hice mal...— insistió, buscando su rostro.
—¡Déjame ir!— alzó un poco la voz, removiéndose con violencia entre sus brazos, no esperando en lo absoluto aquellas palabras salir de la boca de Inuyasha, haciendo que perdiera los estribos.
—¿A caso te lastimé mientras lo hacíamos?
Kagome detuvo de golpe sus movimientos, abriendo la boca sin creer que le dijera ese comentario tan...
—¡Idiota!— comenzó a insultarlo con la cara toda roja, incrementando más su deseo de apartarse de él —¡Estúpido, eres muy directo! ¡Déjame ir!
—¡No lo haré y lo sabes! ¡Así que ya habla de una vez, maldita sea!— le gritó rabioso el chico.
En el momento en que le había gritado, su culpabilidad tomó la palabra... Explotando y preparar sus cuerdas vocales para decir aquello que le traería más problemas.
—¡Fue un error!
Inuyasha al escucharla decir eso, quedó anonadado librándola del agarre, todavía escuchando esas palabras como si hicieran eco en su mente. Estaba inerte, no sabía qué era esa sensación nueva que empezaba a sentir dentro de él, solo sabía que era un sentir desagradable...
—¿Qué?— logró articular el chico.
—Que esto fue un error— repitió sin verlo —Lo que pasó, lo que hicimos. Fue un error, eso nunca debió haber pasado...
—¿De qué estás hablando?— exigió saber molesto y dolido, sin importarle que ella lo viera en ese semblante.
¿Por qué decía que fue un error?
—Nosotros nunca debimos hacer... Lo que hicimos— tragó saliva, cubriendo un poco su rostro.
—¿Por qué no?
—No seas cínico. ¿En verdad crees que estuvo bien eso?— le reclamó enojada.
—¿Lo dices porque no estamos casados?
—El matrimonio no tiene nada que ver con esto.
—Claro que sí.
—Bueno, en esta época sí. Pero en la mía es... Diferente.
—¿Qué quieres decir?— estaba muy confundido como para que ella sacara de la nada el tema de sus costumbres en su época.
—Inuyasha, no voy a alargar esto. No debimos hacerlo, tú...— acortó sus palabras, no sabiendo qué decir para convencerlo —Tú y yo solo nos dejamos llevar.
—¡Pero lo hicimos!— gritó seguro.
—¡Sí! ¡Pero ya no hay que hablar de esto!
—¿Por qué?
—Porque no significó nada para nosotros— habló por los dos, descartando la opinión de su compañero. Acción que lo enojo, ya que no lo había tomado en cuenta.
—Te equivocas...— la contradijo de forma seria —Para mí, no fue ningún error.
Kagome abrió los ojos sorprendida ante esa confesión. No podía ser cierto, Inuyasha no debía decir esas palabras. No, él... Él se supone que... ¿Qué a caso no sentía remordimiento por lo que hizo? Sabía que no podía enojarse, porque ella todavía recordaba el "Sí" que le había dado. Y ahora estaban ahí, discutiendo por esa impensada respuesta.
—No...
—Sí— afirmó dando un paso hacia ella, con una mirada profunda —No recuerdo mucho, pero yo lo hice muy consciente, porque sabía que a la mujer que sentí esa noche... Eras tú. A la que besaba, eras tú. A la que tocaba, eras tú— decía cada vez más cerca a medida que hablaba hasta ser capaz de sentir su aliento —A la que me entregué, eras tú...
Kagome estaba consternada. No sabía cómo tomar aquello, no sabía ni siquiera qué decir al respecto, estaba en shock por lo que dijo Inuyasha dejándola muda. Lo vio cambiar su semblante de un momento a otro, pasando de estar insistente y molesto, a uno suave y tranquilo. Abrió sus ojos cuando lo observó acercarse de forma lenta hacia ella, dejando que su cuerpo actuara por instinto, apartándolo de ella con fuerza con ayuda de sus manos.
—¡Eres un imbécil! ¡No te vuelvas a acercar a mí! ¡Tú y yo no somos nada! ¡Abajo!— la última palabra se había escuchado tan fuerte haciéndolo resonar en el lugar, provocando que los pájaros que dormitaban en los árboles salieran volando ante el grito y el estruendo de algo, o más bien, a alguien caer en el suelo.
. . .
Siete días habían pasado en la aldea. Se puso manos a la obra para cumplir con su entrenamiento y deberes triviales para cualquier persona, como lo era lavar los trastes cuando comía, lavar de vez en cuando su ropa, practicar con el arco, meditar, preparar ungüentos gracias a las yerbas que traía con ella.
Todo estaba marchando normal. O eso estaba ocurriendo, cuando Sango y Miroku hicieron presencia en su camino cuando iba de regreso a la casa de Kaede, después de un largo día. Supuso que sus compañeros hablarían con ella, al ver esos rostros con algo de seriedad.
—Hola Kagome— saludaron a su amiga con una leve sonrisa.
—Hola chicos, hace mucho que no los veía— quiso hacer plática, antes de ir al asunto de todo —Aunque creo que es algo normal, quieren pasar más tiempo juntos.
El monje sonrió divertido, mientras que las mejillas de su amada esposa se teñían de color carmín, exponiéndolos.
—¿Cómo ha estado?— comenzó con su ademán, incitándola a proseguir su camino.
—Muy bien.
—¿Y tú entrenamiento Kagome?
—Va excelente, Sango— les sonrió por un corto tiempo, deteniéndose para que ellos hicieran lo mismo —Pero... Supongo que no es a lo que vinieron, ¿cierto?
Sus amigos intercambiaron miradas, sintiéndose descubiertos. Debieron haberlo previsto, ella los conocía a la perfección, conocía cada gesto de ellos y lo que daban a entender sin mencionar palabras.
—Bueno Kagome.
—Inuyasha ha estado muy extraño— Kagome no se movió, escuchando lo que tenían que decirle —Se ha distanciado y no solo de nosotros, sino de todo.
—Estamos preocupados.
—¿Por qué?— cuestionó sin comprender del todo —Ya saben que él no es una persona que disfruta la convivencia.
—Señorita, usted no lo sabe pero... Como somos sus amigos, sabemos cómo es, cómo actúa.
—Inuyasha está actuando como si no estuvieras aquí.
—Y eso es lo extraño, porque usted está aquí.
—Él estará bien, verán que pronto volverá a hacer el mismo Inuyasha.
—¿Qué fue lo que les pasó?— preguntó perspicaz el hombre. Kagome estaba actuado muy desabrida con respecto al albino, y era la que más se interesaba en el bienestar del albino.
—Lo de siempre, discutimos.
—Creí que lo habían arreglado.
—Pues no— dijo en un tono molesto.
—Kagome, intenta hacer las pases con él— intentó hacerla razonar.
—Ya llevan mucho tiempo disgustados, nunca había durado tanto tiempo.
—¿Es algo serio?
—Está bien— respondió de forma rápida, asombrando a sus compañeros ante su cambio de parecer. No quería hablar del tema, porque era algo que la ponía excesivamente nerviosa y lo que menos quería era delatarse con su actitud —Voy a ir a hablar con él y arreglar todo.
Miroku y Sango abrieron paso a la chica, yendo en sentido contrario para poder buscar a su amigo. Esperaban que al menos se contentaran, puede que la azabache estaba concentrada en su entrenamiento y otras cosas más que ella misma se ponía para dejar pasar lo que estaba pasando, pero no podía evitar lo que había dejado pendiente.
. . .
Logró dar en un frondoso árbol, sintiendo el aura de Inuyasha gracias al entrenamiento que había estado ejerciendo, acercándose sin el afán de querer tomarlo por sorpresa. Lo vio lo que parecía darle a entender que estaba sentando, mirando al frente en silencio.
—Inuyasha— lo llamó estando debajo del árbol, no comprendió lo que había dicho, viéndolo querer agarrar algo pero al parecer había fallado.
—¡Regresa!— gritó.
No había entendido al momento, pero cuando sintió el piquete irritante en su mejilla, comprendió. Se dio un suave golpe, para apartar a la pulga de ella, despegándose de su piel, cayendo como si de una hoja se tratara.
—Anciano Myôga— dijo una vez que había caído en su mano y volver a su estado normal.
—Hola, Kagome— saludó con picardía la pulga.
Inuyasha aterrizó de manera abrupta, gruñendo amenazante colocándose a lado de la chica, retirando la pulga de ella.
—Quiero que te largues.
—Pero amo, es necesario que...
—¡No me interesa! ¡Lárgate!
—¡Alto! ¿Qué es lo que sucede?
—Nada que te interese— lanzó a la pulga —¡Fuera de aquí!— le gritó. Esperaba que con eso no se atreviera a cruzar palabra con Kagome.
Ella esperó a que las cosas estuvieran un poco normales, retomando lo inicial cuando Inuyasha solo se quedó parado dándole la espalda.
—¿Qué pasó?
—¡Keh! Ya te dije que no fue nada— se giró con la mirada desconfiada—¿Viniste por ellos?
—Sí, están preocupados por ti y por mí.
—Pierden su tiempo...— simplificó cruzándose de brazos.
—Lo sé, pero no es justo para ellos— suspiró resignada al ver que no había de otra —Inuyasha, lo siento— el chico juntó demás sus cejas, inseguro —Lamento haberme comportado de esa manera aquella noche. Yo... En verdad lo siento. Tú solo querías, bueno, ni sé qué era lo que querías. Simplemente me comporté como una inmadura, y no quise escucharte. En verdad lo siento.
El muchacho no cambió su expresión, durando así unos minutos, hasta que decidió de igual forma disculparse.
—También lo siento— Kagome lo miró.
—Sé que las cosas están más complicadas e incómodas por...— fue silenciada por las manos de su compañero, que se habían encargado de cubrir su boca impidiendo que hablara.
—Guarda silencio— ordenó en susurro.
Kagome lo observó ladear la cabeza de un lado a otro, como si estuviera vigilando de no ser escuchados por alguien, desviando su atención a sus orejitas blancas cuando las vio moverse como era propio de él, causándole ternura.
—¡Amo! ¡En serio necesito decirle eso!— se apareció la pulga, esquivando los intento de ser lanzado otra vez por el hijo de su antiguo amo.
—¡Te dije que te fueras Myôga!
—¿Qué sucede?
—¡Myôga!
—Abajo— musitó, tranquilizando el comportamiento del chico, sintiendo a la pulga tomar lugar en su hombro —Anciano Myôga, ¿qué es todo este alboroto?
—Pero que barbaridad, este muchachito no sabe tratar a sus mayores— regañó, mientras se sacudía su diminuta vestimenta con su bracitos.
—Myôga— le insistió a la pulga la chica.
—Oh, sí, sí— aclaró su garganta para hablar —Bueno, estoy en la obligación de orientar a mi amo, con respecto al acoplamiento.
—¿Qué cosa?— se sintió muy comprometida, comenzando a hiperventilar con los ojos muy abiertos al entender esa palabra
—¡Myôga! ¡Ella no está interesada!— se levantó con la cara sucia por la tierra —Kagome no...
—¿A qué se refiere, anciano Myôga?— preguntó asustada.
—No tiene porque avergonzarse, Kagome. Es algo normal.
—¿Qué?— ella miró con horror a Inuyasha. Éste solo agachó su mirada —Inuyasha, tú le...
—Usted tiene impregnado el olor de mi amo, así que puedo decir que tuvieron algo— Kagome lanzó a la pulga con ayuda de su pulgar y su dedo índice, no queriendo tener que verse expuesta por otra presencia.
—¿Cómo es que lo sabe?— demandó saber —Yo me he bañado, los jabones pueden encargarse de tu olor sobre mí.
—No funciona así— bajó la cabeza.
—¿De qué hablas?
—No puede deshacerse del olor de mi amo, Kagome— de nuevo se presentó la pulga dando pequeños saltitos hacia ellos y poder continuar con su deber de informarles.
—Pero...
—Lleva su esencia dentro de usted.
Kagome tomó un aspecto pálido, al entender vagamente aquella referencia.
"¿Se refiere al...?"
Pensó consternada la chica, queriendo excusarse. Eso era demasiado para ella.
—¿Y cómo lo puedo quitar?— se adelantó a hablar el miedo, antes que la razón.
—¿Disculpe?— se extrañó de escuchar eso.
—Myôga... Ella no quiere nada, ya te lo dije— se alejó de ellos, no queriendo pasar más humillaciones al ser rechazado.
El anciano se preocupó por su amo, siendo la segunda vez que lo veía tan decaído y derrotado. Nunca esperó volver a verlo así, pero suponía que solo llegaría estar así con la azabache.
—Kagome, ¿por qué está actuando así?
—Myôga yo... No sé cómo decirte esto, pero lo único que te diré es que fue un error.
—¿Cómo que un error?
—Yo... Nosotros nunca debimos— esa era la única excusa que se le ocurría para librarse de esa culpa. Eso es lo que quería pensar —Fue un malentendido.
—Oh, se equivoca. Eso no fue un error— comentó despreocupado la pulga.
—Sí, lo fue— insistió la chica, empezando a enojarse de que le dijeran lo contrario.
—No, discúlpeme que la contradiga, pero no es así— preparó las palabras que le diría, sabiendo que su amo estaba cerca y estaba atento a lo que iba a decir al respecto —Lo que hicieron no fue ningún error. Eso era algo que pronto tendría que pasar.
—No, yo...
—Kagome— la interrumpió —Usted es ahora la mujer de mi amo, así son las cosas. Como verá...
—¡No! ¡Eso no es verdad!— empezó a alzar su voz en un tono inquieto —Lo que pasó fue un error y nunca debió haber pasado, ¡y así se queda!
Esas habían sido sus últimas palabras, para alejarse de ellos con unas pequeñas gotas en sus ojos sintiendo frustración, marchándose al pozo para volver a su hogar y tratar de no pensar en eso.
Inuyasha no intentó detenerla, dejando que tomara su rumbo. Exhaló un profundo suspiro, recargando su espalda en la corteza de un árbol manteniendo los ojos cerrados.
Esto era irritante. Estaba cansado de todo esto y empezaba a creer que la chica tenía razón en cuanto a lo que cometieron, enojándose con él mismo por haber perdido el control de su cuerpo al poseer a la chica. Puede que no lo había hecho en contra de su voluntad, pero el que ella reaccionara de esa manera, solo lo hacía sentir más miserable.
"Soy un estúpido..."
Se maldijo golpeando con fuerza el árbol con su puño, quedando pequeñas astillas incrustadas en su piel, comenzando a verse roja. Myôga observó todo aquello, no comprendiendo la actitud de ambos muchachos. Sabía que eran inexpertos y no sabían nada en base al tema del apareamiento, aunque todavía tenía una duda con respecto a ellos.
¿Por qué no marcó a Kagome?
. . .
(Viernes 18/06/2021)
N/A: Hola, hola. Aquí yo con una nueva actualización. Lo sé, me he tardado y no quiero entrar en detalles aún. Solo quiero aclarar que me tomó mucho tiempo en lograr escribir este cap' por una razón. Y ese es el tema de hacer aquello solo por deseo. Tuve que ponerme a investigar el porcentaje de chicas que se arrepienten por hacerlo y es casi la mayoría. Sé que podría ser una encuesta falsa, pero he sabido casos en donde solo lo hicieron porque sí y... Ya ni se pueden ver a la cara, porque era su mejor amigo/a, al punto de cortar todo contacto y cuanta cosa. Eso es lo que pasa con Kagome, como no siente nada por Inuyasha, se siente muy mal y avergonzada. O sea, su actitud es justificada, lo hizo sin pensar y sin amor. Y el hecho de que alguien más sabe lo que pasó, la mortifica aún más, considerándose casi una descarada. O sea, es demasiado. Cosa contraria a Inuyasha, ya que él sí la ama y pues... Ya tenía las cosas claras con ella, pero nunca consideró que las cosas llegaran a ese grado.
Bueno, en el otro capítulo se verá más a fondo con todo esto. Gracias por seguir leyendo a pesar de que me he tardado mucho últimamente. Tengo planeado publicar otro capítulo para el día de mañana, ya que no les di uno la semana anterior. Así que nos vemos. Y disculpen si hay un error de dedo, lo siento. :(
Se los agradece:
Manzanita.
