[Los personajes no me pertenecen, sino a la mismísima Rumiko Takahashi. Yo solo usé sus personajes y, "su universo"; para poder hacer realidad lo que pasaba por mi mentecilla loca, jaja. Hago esto sin fines de lucro. Esta historia es de mi absoluta autoría.]

. . .

Capítulo 25.

Su cuerpo aún no había conciliado el sueño a pesar de que ya eran cerca de las dos de la madrugada, cosa que era de extrañarse, pues no se sentía cansada y sus ojos seguían mirando ningún punto en específico. Su pensar la mantenía despierta vagando en su cabeza cosas que le provocaban ciertas inseguridades.

Inhaló y exhaló profundo acomodándose en su cama con ayuda de sus codos y piernas, para erguirse un poco, teniendo cuidado de hacer movimientos bruscos evitando así despertar a la persona que se encontraba a lado de ella.

El otro día Inuyasha y ella pasaron momentos muy pasionales. Estuvieron juntos gran parte de la mañana y tarde, retomando un leve receso de sus actividades para poder comer y descansar.

Solo había podido dormir por aproximadamente cuatro horas, y ahora estaba ahí despierta. Entrecerró sus ojos, al verlo dormir muy cómodamente en su cama boca abajo, llevando su kosode, escuchando su respirar tranquilo y pausado, haciéndola suspirar.

Se quitó la frazada de encima, saliendo de la cama con sigilo, quedando encima de él por tan solo unos segundos, hasta que su pie izquierdo logró tener contacto con el suelo y así poder ponerse de pie.

Caminó un par de pasos hasta posarse enfrente de su espejo, tomando asiento y ver su reflejo en el cristal. A pesar de que se encontraba a oscuras, podía ver un poco de su reflejo gracias al agrandamiento de sus pupilas que se adaptaban a la oscuridad, portando en su rostro una mirada neutral. Sus ojos café se concentraron en la marca que había en su cuello, acercando su mano y poder tocar con las yemas de sus dedos los dos orificios que formaban aquella marca...

La conciencia y la razón estaban en una lucha constante en su cabeza, haciendo que ella comenzara a mortificarse al considerar lo siguiente: ¿Cómo le iba a explicar a su madre todo lo que conllevaría está marca?

No había pensando absolutamente en las consecuencias de sus actos, solo... Solo se había dejado llevar. ¿Qué a caso no había aprendido la lección la primera vez? Pues al parecer era cierto que: la carne es la carne. Y ella no había podido controlar aquello y tenía que lidiar con eso ahora. Para su compañero era algo totalmente normal y nada de qué preocuparse por venir de otra era, pero ella venía del futuro. Las cosas en cuanto a ese asunto habían cambiado muy considerablemente. Todavía no finalizaba sus estudios en la preparatoria y ella ya estaba... "Casada".

¿Cómo iba a reaccionar su familia en cuanto a eso?

No estaba segura y eso realmente la tenía preocupada. Ella a penas estaba experimentando lo que era la vida y ella ya había dado un paso muy grande en cuanto a formalizar.

Tenía que meditar y pensar las cosas, todavía no podía comentarle a su familia esto. Era un asunto muy delicado y tenía que... Tomar un tiempo y ver la forma en que les explicaría. Mientras tanto, ella se vería en la obligación de ocultar la marca entre su cuello y hombro. Cosa que se veía fácil, gracias a su largo cabello, pero no tenía que confiarse. Tenía que estar muy al pendiente y mantener sus movimientos al margen.

También estaba el asunto de sus amigos, ellos... Podían tomarlo como algo que era de esperarse y posiblemente se mostraran comprensivos. No creía que armaran tanto escándalo de lo que ella e Inuyasha tenían ahora.

"Pero aún así, hay que prevenir"

Pensó decidida en esperar también para decirles la verdad entre ellos, cosa que tendría que comentarlo con Inuyasha y convencerlo de ejercer lo que estaba pensando.

Suspiró por lo bajo, levantándose de la silla, volviendo a la cama y tratar de dormir. Alzó la cobija, con delicadeza cubriendo sus piernas. Cuando ya estaba por recostar su cabeza, lo escuchó hablar paralizado unos segundos su palpitar al saberse descubierta.

—¿Estás bien?— la miró.

—Sí, solo fui por un vaso de agua— sonrió.

Inuyasha imitó el gesto de su amada, ladeando su cuerpo y así poder atraer a la chica entre sus brazos y poder abrazarla, aspirando la combinación de ambos aromas. Kagome se acomodó mejor en su torso, pasando una mano por su cuerpo situándose mejor.

De pronto, su mente reactivó los recuerdos vividos en la aldea de aquel terrateniente, mostrando la figura de aquel muchacho que la había hospedado en su aldea con una sonrisa y un porte emblemático.

¿Por qué estaba recordando eso ahora?

Y sobre todo...

¿Por qué lo recordaba específicamente a él?

No lo entendía. Estaba muy confundida sin saber el motivo por el que comenzó a sentirse nerviosa. Alzó su cabeza para fijar su vista en el albino y volver a regresar a su lugar.

Estaba considerando que había sido muy precipitado el hecho de decirle que lo amaba. Lo quería, de eso estaba segura, le tenía un cariño especial, pero el amar era una cuestión seria, era sin duda una palabra poderosa que podía significar múltiples cosas.

La verdad era que se sentía indecisa de esto cuando volvía a ver y presenciar la realidad, no dándole seguridad de lo que sentía por él por toda la carga que se le venía encima. Pero era algo que tenía que afrontar, porque después de todo ya tenía su marca, y eso...

Era algo que no se podía cambiar.

Ella tenía que hacerse responsable de la decisión que había tomado.

Tenía y debía estar con Inuyasha ahora.

. . .

—Sota, cariño. Ayúdame con esto— decía mientras le daba la bolsa a su hijo.

—Sí, mamá— tomó su bolso, viéndola sacar las llaves para abrir la puerta.

—Está abierta.

—Seguramente Kagome estaba esperándonos— comentó el abuelo.

—Kagome— llamó la madre, mientras los demás integrantes de la familia ingresaban con algunas maletas al hogar.

—Ah, hola a todos— apareció la chica, quien los recibió con los brazos abiertos.

—Hola hija— se acercó a su mejilla para depositar un cálido beso.

—Hola hermana.

—Kagome— saludó alegre el anciano.

—¿Cómo les fue?— cuestionó, mientras ayudaba a su abuelo a cargar sus maletas.

—Bien hija.

—No pudimos salir tanto por la lluvia— comentó con desánimo el niño.

—Es una lástima, tantas ganas que tenía de ir a ese restaurante— reprochó el anciano.

Hablaron un poco de los días que habían estado fuera, cambiando de tema para tomar el tiempo en desempacar las maletas. La familia quiso descansar de su largo viaje, yendo cada quien a descansar a sus respectivas habitaciones, dejando a la chica en la sala mirando los canales de la tele.

. . .

Pasó la página de ese libro que se encontraba leyendo, mientras movía su pie derecho en un semblante muy relajado. Su familia ya estaba descansando mientras que ella había tenido la necesidad de leer un poco de los libros que tenía guardados en su habitación, esperando que con eso su cuerpo comenzara a sentir aquel hábito que necesitaba para no contraer consecuencias graves.

Terminó de leer la página 119 de su libro, dándose cuenta que estaría así un buen rato. Solo que no había previsto la presencia de aquel ser que provenía de otra época entrar por su ventana, recorriendo las cortinas entrando a su habitación. Kagome dejó el libro, tomando asiento en la cama.

—Lo siento— comenzó a decir el chico —Un monstruo complicó las cosas.

—¿Todo está bien?

—Sí, Miroku y yo ya nos hicimos cargo de él— se sentó junto a la chica.

—Me alegro mucho— asintió aliviada —¿La gente está bien?

—Sí, no hubo ningún herido— ella sonrió —¿Tu familia ya llegó?

—Sí, se encuentran descansado por el viaje— Inuyasha asintió.

—Bueno, ¿de qué querías hablar?— preguntó al fin, después de que la chica lo había dejado en espera, diciéndole que fuera a su época favor que no fue mala idea, pues había ayudado mucho a Miroku a combatir contra ese demonio en una de las aldeas vecinas.

—Se trata de la marca— suavizó su voz, evitando así malos entendidos.

—¿Qué tiene?— no pudo evitar que su tono fuera áspero.

—No pienses cosas malas, es solo que... No podemos decirles aún a nuestros amigos, ni mucho menos a mi familia.

—¿Por qué?

—El caso de mi familia es muy simple, sabes que las cosas aquí son muy diferentes— lo miró algo desesperada —Necesito tu comprensión, Inuyasha. ¿Puedo contar con eso?

Inuyasha juntó sus frondosas cejas, sin entender el motivo por el que le decía todo esto. ¿A caso su familia se opondría a lo que ellos tenían?

—¿Tu familia no...?

—No es nada de eso, por favor— lo calló de pronto —Comprende, yo a penas estoy en la preparatoria. A esa edad todavía los jóvenes están cortejando a las chicas.

Explicó, pero al parecer tendría que ser mucho más explícita con respecto a la formalización de pareja.

—Lo que quiero decir es que... Mi familia quiere más que nada que primero acabe con mis estudios, que me concentre en eso. Porque esa es la máxima prioridad para cualquier joven de mi época— no apartó la mirada de la masculina —Nosotros seguiremos juntos, estaremos juntos. Pero hay que ser reservados en cuanto a nuestros acercamientos. Primero hay que planear las cosas.

—¿Qué cosas?

—No puedo decirle a mi madre que yo... Ya estoy "casada" contigo, estaría muy confundida y...— apretó los labios, apartando la mirada —Querría los detalles.

Los ojos del chico se abrieron de golpe, comprendiendo a lo que quería llegar la chica. Era verdad, no podían decirle cómo fue que ocurrió eso. Su madre lo mataría por haber... Desflorado a su hija. Sobre todo porque ellos lo habían hecho fuera del matrimonio y sabía que eso era muy importante para cualquier madre y para cualquier persona.

—De acuerdo— dijo, dándole su consentimiento —No le diremos a nadie.

—¿De verdad?— volvió su mirada a él.

—Sí, lo entiendo.

—Oh, te lo agradezco tanto, Inuyasha— lo abrazó del cuello con algo de fuerza, pudiendo respirar tranquila y muy satisfecha de que Inuyasha la hubiese comprendido a la perfección.

Inuyasha colocó sus brazos al rededor de su cintura, estando feliz de poder ayudar a Kagome con su comprensión. Permanecieron así un rato, hasta que se separaron sin deshacerse del abrazo mirándose fijamente.

Como era de esperarse, ambos acercaron sus labios de manera simultánea hacia el otro logrando así el darse un beso. Inuyasha inconscientemente comenzó a acariciarla, ocasionando un cosquilleo en la fémina, haciéndola apretar sus piernas ante esa sensación deseosa que comenzaba a aumentar, al igual que la pasión de aquel beso.

Kagome ladeó su cabeza, perdida en aquel beso tan dulce y a la vez provocativo, acercándose más a él cuando sintió como Inuyasha la jalaba sutilmente.

—Te amo— dijo entre besos el chico, volviendo a unir sus labios.

Kagome sonrió con ternura, acercándose más a él. Inuyasha comenzó a jadear, ante la sensación en la que estaba, comenzando a sentir su cuerpo entrar en calor, al igual que la joven que estaba comenzando a sentir su entrada humedecerse, inquietándola.

Ambos se separaron de forma brusca, haciendo que Inuyasha se pusiera de pie con el rostro igual de rojo que la chica.

—Lo siento— dijeron al mismo tiempo.

—Yo estaba...

—Yo, eh...— movió su muñeca y cabeza, nerviosa.

Balbucearon, guardando silencio por el incómodo momento que habían sufrido. Si hubieran seguido, probablemente despertarían a las demás personas que se encontraban en la casa, por el ruido que causarían al hacer aquellos momentos casi desenfrenados.

—Es mejor que me vaya— Inuyasha se acercó a la venta, aún nervioso.

—De acuerdo— lamió sus labios, poniéndose de pie para despedir a su amante nocturno —Mañana tal vez vaya al Sengoku.

—Entonces vendré por ti en la tarde.

—Está bien— lo vio ponerse en posición para salir disparado por la ventana —Cuídate.

—¡Keh!

Y sin esperárselo... Kagome plantó un suave y fugaz beso en la mejilla del chico, sorprendiéndolo de una manera muy considerable, haciéndolo perder un poco el equilibrio.

—¡Tonta!— insultó, pero cerró la boca por el volumen que había usado, siendo callado por la chica.

—¡Shhh! ¡Cállate!— regañó —¡Mi familia te va a oír!

—¡Tú tienes la culpa!— acusó con las mejillas rojas —¿Por qué hiciste eso?

Comenzaron una leve discusión en susurros, alegando que era culpa del otro, mientras el chico volvía a ponerse en posición para marcharse del lugar. El silencio reinó en la habitación de la chica cuando su visita ya se había marchado, cerrando la ventana y corriendo las cortinas que cubrían el interior de su cuarto, bostezando.

Bueno, al menos esa discusión había servido de algo.

. . .

Inuyasha salió primero del pozo, olfateando el lugar, poniendo en alerta sus orejas caninas moviéndolas. Una vez asegurado el perímetro, volvió su vista en el pozo.

—Shippo aún no ha regresado— mencionó el chico, ayudando a salir a la joven mientras llevaba en su espalda su mochila.

—Sale mucho a entrenar— comentó una vez fuera del pozo.

Marcaron el paso directo a la aldea, con un poco de ansiedad por parte de la chica, cosa que no había pasado desapercibido por el albino, quien disminuyó el paso para quedar hombro a hombro.

—Lo siento.

—No digas eso, ya lo habíamos hablado— frunció el seño —Estoy bien, es solo que estoy un poco nerviosa. Pero lo sabré controlar.

Aseguró, pasando su cabello hacia delante. Inuyasha la miró en el proceso de acomodar su cabello, llegándole el aroma de su melena sonriendo leve.

—Hueles bien...— dijo sin pensar.

Kagome lo miró sorprendida, deteniendo su andar viendo como su compañero reaccionó a lo que había dicho, sonrojándose.

—Gracias— sinceró con una sonrisa, abrazando el brazo del chico, sin darse cuenta que su compañero se encontraba en una guerra consigo mismo por decir aquello tan abiertamente.

Se separaron cuando ya estaban cerca de la aldea, caminando sin prisa alguna. Se toparon con su amiga quien los recibió muy alegremente, mientras los invitaba a pasar a su hogar.

—Te extrañé mucho, Kagome. ¿Cómo te encuentras?

—Eso lo debería preguntar yo. ¿Cómo te sientes? ¿Has tenido malestares?

—No tanto, solo siento que me canso más rápido.

—Es normal durante el embarazo— le hizo saber a su amiga con naturalidad —He estado estudiando sobre eso, así que no te tienes porque preocupar.

—¿Sí?

—Desde luego, así que cualquier duda. Siéntete en confianza en comentármelo, tienes mi apoyo.

—Gracias, Kagome— le agradeció infinitamente por su apoyo.

—Las dejaré para que puedan hablar— avisó el chico.

—De acuerdo— accedió la chica, mientras lo veía salir de la cabaña —Y bueno, ¿sientes sensibilidad en tu cuerpo?

—Solo la parte de arriba.

—Muy bien— sonrió, bajando la mirada en su vientre —Ya estoy ansiosa de verte con más panza. Lucirás más hermosa con ella.

—¿Lo crees en serio?— su voz sonó dudosa.

—Por supuesto que sí. Miroku también quedará embelesado cuando eso suceda.

—Lo dudo, ya vez como es— decayó su ánimo —Su excelencia siempre ha tenido buenos gustos.

—Exactamente, por eso te eligió a ti para ser la madre de sus hijos— la ánimo —Apuesto a que Miroku se ha imaginado aquella imagen y él está contigo. Él te ama, Sango. Ustedes son marido y mujer.

—Sí, tienes razón Kagome— abrazó a su amiga.

. . .

Fueron informadas de que Inuyasha había salido de la aldea, para hacerse cargo de un monstruo que estaba cerca de la zona. Cuando llegaron con Kaede, la anciana solicitó la ayuda de la muchacha quien había aceptado.

Kaede le había dado las indicaciones de las plantas que iba a necesitar y el lugar al tenía que ir. Sango no pudo acompañarla, teniendo cosas que hacer en su hogar, marchándose sola.

Iba armada con su arco y flechas y un par de pergaminos que le había dado la anciana solo en caso de que apareciera un enemigo. El camino se había alargado debido a la falta de hierbas, optando por ir más lejos esperando que pudiera encontrar la cantidad que requería Kaede.

El viento volaba su cabello, dejando al descubierto la marca no tratando de esconderla, pues ella se encontraba sola y muy alejada de la aldea.

El aire no se había detenido, haciendo que levantara su vista al cielo, notando unas nubes estaros. Al parecer también aquí se aproximaban las lluvias. El aire se volvió fresco, cubriendo así los rayos del sol por la aproximación de las nubes en la aldea, tomando la decisión en volver. Esperaba que con esos ramo serían suficientes.

—Vaya, vaya. Hasta que te dejas ver, niña— habló una voz nasal a sus espaldas, girandose.

—¿Quién es usted?— preguntó la chica algo desconfiada.

—Te diría que una conocida, pero no lo puedes recordar por lo que te hice— habló despreocupada la anciana mujer, mirando con aquellos ojos de hechicera el alma de la joven —Veo que sigues en las mismas, niña. Que desperdicio.

—¿De qué habla?— demandó saber.

—No sé si se deba a que eres una "sacerdotisa", o eres una total bruta.

—¿Qué?

¿La estaba insultando?

—Creo que me voy por lo segundo.

—Oiga usted...— quiso callarla, pero la anciana siguió con su parloteo.

—O tal vez sea un caso inmutable.

—¿Inmutable?

. . .

Miroku se encontraba conversando con los aldeanos con respecto a la cantidad que tenían que pagar por sus excelentes y caros servicios contra los demonios.

Inuyasha estaba alejado de Miroku de brazos cruzados, escuchando como estafaba a los hombres que estúpidamente los humanos terminaban de cumplir las exigencias de su compañero, dándole la paga del día, rodando los ojos.

Un mal presentimiento se manifestó en él, poniéndose rígido acelerando su pulso.

—Bueno, ya terminamos aquí amigo— habló por detrás. El monje notó el semblante serio del muchacho, preocupándolo a él también —¿Qué sucede, Inuyasha?

No respondió a lo que le había preguntado, haciendo que su mente llegará a una conclusión.

"Kagome..."

Fue lo que pensó, y sin decir absolutamente nada, se marchó corriendo a todo lo que daban sus piernas, dejando atrás al monje quien en su momento había gritado su nombre, queriendo una explicación ante su actitud precipitada, mas no tenía tiempo para eso.

En este momento su deber era en ir donde estaba su compañera, y asegurarse de que ella estuviera bien.

En protegerla.

. . .

—No puedo creer que hayas cometido una estupidez— mencionó con repugnancia al notar la marca en su cuello.

Kagome se cansó de todo lo que le decía la anciana, no dejándose insultar por ella. Preparó su arco y soltó la flecha, acción que evadió con destreza la anciana, lanzando una sonora carcajada.

—¿Planeas matarme?— mencionó con burla —Pues de una vez te digo que jamás lo conseguirás.

La amenazó, ambas retándose con la mirada.

La anciana se elevó tan solo unos metros, para así poder ir contra la sacerdotisa, comenzando a atacarla con sus garras, siendo esquivada por la chica sin dejar de reírse.

—Tienes bueno reflejos, niña— dijo, sin dejar de atacar —Pero no tanto.

Mencionó, tomándola por el cuello cortándole la respiración a la chica mientras la elevaba por los aires. Su cuello dolía por la presión que aplicaba la bruja en ella, no perdiendo del todo la cordura.

Está anciana quería acabar con su vida, pero ella misma se encargaría de frustrar sus planes.

La chica, en un momento de desesperación, empezó a golpear el brazo de la anciana. Percatándose de que tenía aún en su mano el arco, propinándole un golpe algo fuerte en el rostro viejo de la mujer, haciendo que esta la liberara viéndola retroceder.

—¡Kagome!— escuchó a penas audible. Dijo su nombre, pero ella no había sido capaz de escucharse cuando lo dijo, viéndolo llegar a su lado.

Inuyasha la vio con su mano en su cuello, tosiendo con algo de fuerza, tratando de recuperar el aire, temblando. Notó que en su cuello, no solo estaba su marca, sino que también había marcas de una mano y un poco de sangre, insinuando así que habían intentado matarla.

El chico miró con rabia y odio a la bruja que se había alejado un poco de ellos, desenvainando su espada apretando con fuerza su mandíbula no permitiendo que escapara esa infeliz mujer.

La mataría por haber intentado matar a su compañera.

—Miserable... ¡Me encargaré de matarte!— le gritó.

—¡Vaya! Hasta que por fin conozco al causante de todo tu martirio— rio la mujer.

—¿Qué?— gruñó.

—Inuyasha— mencionó, casi sin aliento la chica.

—Kagome...— se acercó a ella, ayudándola a levantarse —¿Quién es ella?

—Créeme que estoy tan confundida como tú— dialogaron un poco entre ellos, escuchando a la anciana.

—No puedo creer que por él hayas sufrido todo eso. Es solo un híbrido.

Inuyasha gruñó mirando a la anciana, apretando los dientes demás, al igual que su enojo comenzaba a incrementar, cosa que le deba cero importancia la anciana al tratarse solo de un ser errante.

—Y esa vieja quién es?

—¡Óyeme! ¡Más respeto, bastardo!

—¡Basta!— paró la discusión que estaban por iniciar esos dos, pasando saliva con dificultad por lo anterior —Señora, no sé qué es lo que quiere, pero si su objetivo soy yo, déjelo a él. No tiene nada que ver.

—Oh, claro que sí. Él tiene mucho que ver con lo que tú estás haciendo y déjame decirte que estoy orgullosa.

—Estoy harto— musitó Inuyasha, dispuesto a cortar a la mujer con su espada.

—¡Espera, Inuyasha!— lo llamó en un intento de detenerlo.

La anciana frunció el seño, escondiendo sus manos, mostrándolas en el momento justo, lanzando un hechizo que paralizó el cuerpo del albino, dejándolo caer en seco al suelo, mientras que Kagome corría preocupada por él.

—Inuyasha, ¿te encuentras bien?

—Niña, deja de ser compasiva con ese don nadie. Se merece todo lo que le estás haciendo— se burló la anciana haciendo resonar su risa —Nunca creí capaz a una sacerdotisa de tomar venganza por un hombre.

—Yo no me estoy vengando de él, y si fuera así, ¿de que me estaría vengando?

—Oh claro... No lo recuerdas— comenzó una lenta caminata deteniéndose estando frente a ellos a un par de metros—Permíteme que te ponga en contexto.

La anciana conjuró un hecho donde todo se había vuelto gris a su alrededor, como si estuvieran dentro de un bosque embrujado, mientras era agitado su cabello ante el fuerte viento que había creado para formar tal escena. De la nada apareció un portal en dónde dejaba ver a la azabache en un estado incompetente, mostrando varios momentos en los que la mayoría se la pasaba triste y llorando en completa soledad en un lugar oscuro.

Inuyasha quedó entre aterrorizado y perturbado por todo lo que estaba contemplado, dirigiendo su vista en la chica, contemplado impresión y confusión en su rostro.

—¿Qué es eso?— se atrevió a preguntar.

—"Eso" eres tú— le recalcó como si no fuera obvio —Que miserable eras en esos momentos, hasta que yo te liberé de ese estado— la miró maliciosa —De nada.

—Esa no soy yo, es un engaño— aseguró, no aceptando las palabras de la bruja.

—Ay, por Dios. Esa incompetente eres tú. Y estás así por él. Porque nunca te correspondió.

—¿Qué?— arqueó una ceja totalmente desubicada.

La anciana arrugó más su rostro, elevando su mano para que se abriera de nueva cuenta el portal. Kagome ahora contemplaba el motivo por el que según la bruja estaba actuando de esa manera tan patética, dejando ver a Inuyasha a lado de Kikyo, apreciando unos momentos íntimos de ellos, como lo era ese beso y esos abrazos tan llenos de sentimientos, haciendo voltear su cabeza, totalmente incómoda.

Inuyasha no podía creer el cinismo de aquella bruja al mostrarle aquello a la chica, queriendo que parara de una vez, hasta que escuchó la voz de la azabache.

—Basta, de nada sirve que me muestre todo eso. Sé que es un truco para que haga algo en contra de él, y no funcionará.

—¿Eso es lo que quieres que te haga pensar? Por favor niña, esa eres tú, y estás así por culpa de ese bastardo.

—¡No le permito que le diga así!— le exigió enojada.

—Eso es lo que es. Además de que se merece eso y más, hiciste bien en vengarte

—¡Que yo no me estoy vengando!

—¡Ja!— se burló con descaro, dirigiendo la mirada en el chico —Dime, niña. ¿Él sabe todo lo que hiciste cuando perdiste tus recuerdos? ¿Lo sabe?

Inuyasha estaba totalmente perdido. ¿De qué rayos hablaba? Intentó una vez más deshacer ese hechizo y poder recuperar la movilidad de su cuerpo, pero no lograba nada. Estaba desesperado.

—Todo eso que hiciste a espaldas de él— Inuyasha estaba harto de esto, ¡quería cerrarle la boca a esa bruja!

—¡Ya es suficiente!— gritó, pero a la bruja le parecía de lo más divertido.

—En verdad que eres adorable— refiriéndose al hanyô —Creyendo que seguiría fiel a ti, cuando en ocasiones quería alejarse de ti. Patético— Kagome apretó sus puños, creando una estrategia para liberar a Inuyasha —Yo con mis hechizos no solo le quité aquello. También tengo poder de los que iba adquiriendo y vi ¡todo! Lo que hizo...— insinuó la anciana.

—Kagome...

—No la escuches— habló rápido la chica.

—Dígaselo, señorita...— sonrió de oreja a oreja por lo que estaba provocando en el híbrido —Las aventuras que tuvo bajo mi hechizo.

—¿Qué?— musitó Inuyasha, si poder creer las palabras de la anciana —¿Kagome de qué...?

—Dije que no la escucharas— demandó la chica, con un semblante frívolo y furioso.

—Así que no hablarás, niña. Bien...— dio una media vuelta, para volver con ellos —Pues creo que el hanyô no es el único patán aquí. Ambos viven y vivirán solo para lastimarse el uno al otro. Que sádicos, me dan pena ajena— Kagome siguió con su deber, ignorando cada palabra. Tenía que conservarse —Dime niña, ¿estás segura de que en verdad lo amas? O solo lo usas como una herramienta de protección mientras estás aquí— le dio varias opciones —O quizá... Solo te sientas obligada a estar con él, por lo que pasó.

Kagome tragó duro, batallando en poder ignorar sus palabras. No tenía que reaccionar ante sus palabras con Inuyasha presente, porque estaba segura de que podría hacerle pensar cosas y eso era lo último que quería. Más bien, ni quería.

—Yo puedo ver muchas cosas, déjenme decirles...— aclaró su garganta, lista para desmentir a la chica —¿Qué me dice de ese apuesto muchacho con el que pasó las tardes y algunas noches mientras estaba lesionada?— Kagome abrió un poco sus párpados, mientras que a Inuyasha se le aceleró el corazón —Era un joven muy bien parecido, fiel a sus tierras, y sobre todo DE SU MISMA ESPECIE— resaltó —Aunque no parecía desinteresada en él. Y el beso fue una prueba... ¡Ups!

Inuyasha sintió como el alma se salía de su cuerpo ante la última confesión, quedando en shock.

¿Kagome había...?

No, no, no. ¡No era verdad! Esa bruja solo quería que ellos se distanciaran, pero eso no iba a suceder. Kagome no hizo aquello, ella no pudo haberlo hecho.

¿Pero por qué no lo haría?

La parte insegura estaba saliendo a flote, confundiendo demás la situación. Tenía que confiar, él no tenía motivos por el que dude de Kagome. Solo tenía que...

—¿Lo ven? Solo saben hacerse daño. Deberían terminar con todo esto de una vez por todas, par de niños.

Kagome sacó rápidamente un pergamino, liberando a Inuyasha del hechizo. La anciana se abalanzó contra la sacerdotisa, arrastrándola de en el suelo, rasgando un poco su ropa ante la fuerza que ejercía la anciana sobre ella.

—¡No permitiré que vivas!— le gruñó.

Inuyasha se vio liberado, gracias al pergamino que Kagome le había colocado, deshaciendo el conjuro. Sacó su espada, pero la anciana saltó por los aires, sumamente enfurecida. Inuyasha miró con desprecio a la anciana, mostrándole sus colmillos.

Ambos empezaron a correr hacia el otro, haciendo que ambas armas chocaran entre sí, comenzando una batalla de fuerza y agilidad entre la bruja e Inuyasha.

Kagome se levantó del suelo, con los ojos un poco cristalinos y la espalda totalmente adolorida, hasta podía sentir como las piedras se despegaban de su espalda. Empezó a gatear, reprimiendo cualquier cosa que la distrajera de poder ir por su arco.

Tragó duro, apretando los ojos para despejar aquellas pequeñas lágrimas que se habían derramado a penas un poco. Preparó su arco, conservando la calma y fijar la vista en el enemigo. Soltó la flecha, pero la anciana había podido quebrarla. Gracias a esa pequeña intromisión, Inuyasha le propinó una patada a la bruja, haciéndola caer de bruces al suelo escupiendo saliva. Estaba débil, esa mujer estaba acabando con su vida. Y todo por culpa de ese híbrido.

La bruja no se quiso dar por vencida, retrocediendo con sus codos y pies, cuando los vio acercarse a ella percibiendo la determinación en la chica, sabiendo que ya no tendría escape dejando que la flecha se incrustara en su cuerpo, haciéndola sangrar por la boca sin lograr que el arma se deshiciera de su parte fanfarrona, aún sonriendo con malicia cuando los sintió acercarse a ella.

—¿Así es como me agradeces el de haberte ayudado?— alzó su cabeza, mientras su cuerpo comenzaba a lucir pálido —Aunque yo muera, jamás lograrás un cambio, porque yo solo... Te quité tus momentos— ladeó su cara, escupiendo un poco de sangre dirigiéndole una mirada llena de lástima a la chica. Esa chiquilla estaba por sufrir nuevamente, y todo por culpa de la joya que llevaba con ella y del híbrido.

—Estás condenada... Yo... Lo intenté...

Ese había sido su último suspiro, dejando caer su cabeza ya muerta. Se pusieron de pie, contemplando seriamente la manera en que el cadáver de la bruja se volvía polvo, siendo esparcido por el aire del lugar, dejando solo a ese par de testigos ante la muerte de otra bruja de aquella era.

. . .

(Lunes 19/07/2021)

N/A: Bien, aquí está el siguiente capítulo. ¿Qué aprendimos hoy? Que nunca hay que confiar en los hechizos, luego los chamanes nos salen con sus intereses. :v

Bueno, ¿qué es esa condena que dijo la bruja? ¿Sería cierto o solo era para preocuparla? Lo averiguaremos más adelante...

Pido disculpas por la tardanza y por si hay un error de dedo. Ya saben, por las prisas. Nos vemos en la próxima actualización, gracias por su apoyo.

Se los agradece:

Manzanita.