Salve Cozy Glow
Después de los eventos ocurridos en la protesta de Angelina, tuve que tomar medidas, primero que nada, para evitar cualquier intento de arrestó hacia ella, no solo por el mero hecho de ser amiga mía, sino por la importancia que tenia para los ponis de cristal que la seguían. Los equestrianos veían a Angelina como una instigadora, una molestia, pero, para los ponis de cristal, era la voz del pueblo frente al invasor.
Si la arrestaban a ella solamente los demás cabecillas actuarían causando un desastre mayor, de momento teníamos suficientes problemas para lidiar con algo así. Mande a Angelina a su casa encerrándola en la misma con guardias en la puerta, le dije que era por su bien, para protegerla, a Gallus no le gusto para nada, pronto fui informada por medio de Spike que de no cambiar la situación Twillight se haría presente.
Hice lo posible por explicar que las acciones llevadas acabo eran para mantener el orden y que de hecho había encerrado a Angelina en su propio hogar, fue suficiente para poder satisfacerlos un tiempo. Con todo el problema la semana se pasó rápido, Amatista había preparado el viaje al norte y yo había logrado conseguir el tiempo libre que necesitaba dejando a Ópalo como mis ojos y oídos en la capital, dispuesto a avisarme a penas pasara algo de importancia.
Con esto arreglado fui hasta las puertas de la ciudad donde Amatista ya esperaba con toda la caravana. Esperando por mí, un carruaje real decorado a lo rococo con corazones dorados representantes del corazón de cristal en el centro de sus puertas sobre su madera teñida de blanco colgando de este en la parte trasera y los costados, estandartes rosas con mi cutie mark en los mismos similar al estandarte rosa con la cutie mark de Cadence. Tomé uno de los estandartes lo observé y volteando a ver a Amatista pregunté:
-¿Esto? ¿Cuándo lo mandaron a hacer?
-Fue parte de los preparativos para el viaje, una noble de la caza imperial debe portar su estandarte en el carruaje que viaje, al menos en viajes oficiales majestad. ¿hay algún problema al respecto? – preguntó ella consternada.
-No, es solo que, no lo esperaba, creo que nunca lo espere realmente.
-A pesar de tu estatus, siento que aun no te acostumbras del todo a lo que ahora eres, a pesar incluso de cuanto lo deseaste en el pasado, no te acostumbras a tenerlo – me dijo intrigada.
-¿Sabes lo que llegue a hacer? – cuestioné
-Solo lo que se habla, no los detalles, ya no es importante majestad, lo importante es quien es ahora, por cierto ¿trajo alguna tiara?
-¿Tiara?
-Sí, ¿no se le dio una tiara representante de su estatus de despota? En el pasado todos los rangos de nobleza solían tener una, ahora solo las princesas y la emperatriz portan corona, algunas nobles aun portan tiaras decorativas, pero eso es bastante distinto.
-Bueno, tengo la tiara de princesa de cuando me adoptaron, pero no la traje.
-¿Entonces no tiene corona acorde a su rango?
-No, ahora que lo dices, no la tengo.
-Bueno no importa, traes tu listón, es suficiente muestra de tu realeza.
Amatista me reviso exhaustivamente, mi uniforme siempre solía estar bien, pero esta vez le interesaba mucho que estuviese perfecto, sabía que era importante para ella que esto saliera bien. Una vez termino de revisar se apartó un poco dio una ultima mirada y asintiendo dijo:
-Estamos listos para partir cuando este lista majestad.
-En ese casó vámonos – respondí con una sonrisa antes de aproximarme al carruaje, uno de los conductores me abrió la puerta, subí, tomé asiento y esperé.
Escuché un poco más de movimiento afuera antes de que sintiera el carruaje moviéndose, aparte las cortinas de las ventanas para tener algo a lo que observar en el camino.
Saliendo de la ciudad imperial estaban las granjas que suministraban directamente a la ciudad, así como largos campos de cultivo. Sin embargo, alejándose un poco más encontrábamos nieve por kilómetros, o hectárea tras hectárea de bosque gélido. Debo decir, me sorprendía lo mucho que podían aguantar el frio los ponis de cristal, no parecían afectarse en lo más mínimo.
A pesar de estar acostumbrada a tal clima, aun sentía el frio incluso dentro del carruaje, Amatista era sobre todo la que me sorprendía, pues no tenía casi ningún abrigo aparte de su uniforme y su pelaje, los demás ponis de cristal al menos traían un abrigo extra concorde a su uniforme.
Mientras más al norte íbamos más escasos eran los bosques, más dominaba la nieve, la roca y el hielo. Llegado cierto punto del viaje solamente dominaba el paisaje las montañas y cerros nevados, fue entonces cuando Amatista se acercó al carruaje, tocó a mi ventana, abrí la puerta y pregunté:
-¿Pasa algo Amatista?
-Preferiría que hiciera el siguiente tramo del camino a pie majestad.
-¿Por qué es eso? – cuestioné.
-Tenemos que pasar una zona muy estrecha y el suelo se a congelado ligeramente, prefiero cuidarla de cerca a arriesgarme a que el carruaje se patine y se vaya al barranco, es más fácil salvar a los conductores solos que a usted que estaría dentro del mismo.
-Comprendo – dije bajando del mismo, como siempre un guardia me ofrecía un casco al hacerlo.
Apenas salí del carruaje sentí el fuerte golpe del frio, iba bastante bien abrigada y, aun así, no podía recordar haber sentido tal frio en mi vida, ni siquiera las calles de Canterlot en invierno eran tan frías. Si ya entendía la importancia del corazón antes, ahora era demasiado clara.
Así fui al centro de la formación, marchamos por los caminos helados con cuidado, el carruaje se atraso un poco por las medidas de precaución, pero lograba pasar. En el camino a píe observé a los demás, parecía que era la que más frio tenia de ahí y aun así estaba segura un equestriano recién llegado tendría muchísimo más frio que yo. Nuevamente me llamo la atención lo mucho que resistía Amatista, los demás de vez en cuando se acomodaban más sus ropas abrigadoras o se frotaban para generar algo de calor, pero ella no.
-¿Amatista, como es que aguantas tanto?
-A diferencia de los pueblos del sur del imperio, ligeramente más cálidos en el norte ni siquiera los cristales proyectores, que generan un campo mágico alrededor de los pueblos y ciudades, proyectando el poder del corazón, logran contener el invierno, vivimos en eterna compañía de la nieve, al sur, estos cristales logran que las ciudades en las demás estaciones estén cálidas comparadas con el clima invernal que les rodea, aquí no.
Mi especie, siempre fue apta para vivir en este ambiente y trabajar con especial delicadeza el clima invernal, tenemos pelajes mas gruesos que el poni promedio similar al pelaje Jak, siento el frio, pero no es la gran cosa para mí, en un clima desértico por otro lado o caluroso, aguantaría mucho menos que cualquiera de ustedes.
-Pues, pareciera que no tienes frio para nada, que ni siquiera lo sientes, vistes con el mismo uniforme de siempre, no traes ninguna clase de abrigo extra, bufanda, nada.
-Te sorprenderás cuando lleguemos a la primera aldea, no esta lejos, pasando esta cadena montañosa estaremos ahí. Lo que me lleva a la segunda razón por la que te pedí bajaras del carruaje, seria de gran gusto para el pueblo que en lugar de estar en el carruaje pudieras saludarlos desde la cuadriga mientras pasamos por el pueblo.
Fue entonces que recordé que parte de la caravana era efectivamente una cuadriga imperial, había seguido el carruaje de cerca, lo demás de la caravana eran carretas de recursos, cuatro, sin contar la carreta que transportaba nuestras provisiones.
-Está bien, apenas lleguemos a camino seguro iré a la cuadriga, supongo reformaremos el orden de la caravana para el desfile.
-Efectivamente, la cuadriga liderara la marcha, solo unos guardias irán frente a ella, detrás ira el carruaje con los estandartes seguido del resto de las caravanas, en el centro del pueblo repartiremos algunos de los alimentos y seguiremos nuestro camino. – explicó Amatista.
-Perfecto, me alegra lo bien que planeaste el viaje – le dije, regalándole una sonrisa.
Ella sonrió de regresó y realizó una pequeña reverencia antes de decir:
-Para su majestad, no podía hacer menos.
Dicho esto, continuamos el camino, subí a la cuadriga y entramos al primer pueblo, apenas llegamos se empezaron a acercar con curiosidad, yo saludaba manteniendo la sonrisa, estos pegasos, eran como Amatista, eran shire, algunos de ellos ni siquiera salieron con algo que los abrigara, los edificios eran de puro cristal como en la capital, algunas cosas de madera. Todas las edificaciones decoradas con pequeñas cadenas adiamantadas que les colgaban, copos de nieve representados en arte mural de algunas casas.
Al llegar al centró del pueblo bajé de la cuadriga, ya nos seguía una multitud, se acercó la primera carreta y comenzamos a repartir, lo aceptaban con tal gusto, como si llevaran tiempo sin ver comida fresca, tal vez era así. Algunos potrillos se acercaron hasta donde yo estaba, traían consigo collares, cadenitas de pequeños cristales, algunos de colores, otros azulados, unos en forma de diamante otros en forma de copo de nieve, algunos intercalados.
Volteé a ver a Amatista, quien solamente me señalo que bajara la cabeza, volví la vista a todos estos potrillos de nuevo e hice el gesto, agache la cabeza a su nivel y me comenzaron a poner los collares. Algunos que traían cadenitas de menor tamaño pedían mis cascos para colocarme las pulseras, la cantidad de regalos era tal, parecía que lo habían preparado con tiempo.
Al salir del pueblo le pregunté a Amatista:
-¿Qué fue todo eso?
-Llegaremos a tiempo a la ciudad de Kromapolis para la feria de los cristales, es tradición de los pueblos de la zona las artesanías con los cristales, es su forma de decirte, que te aceptan, que te reconocen como su emperatriz.
-Pero, Amatista, no soy la emperatriz. – dije algo consternada.
-Aun no – terminó ella antes de seguir el camino.
Seguimos así un par de pueblos, pasaba del carruaje a la cuadriga según fuera necesario, en cada pueblo que pasamos me llenaban de regalos, me recibían cálidamente, les entregábamos los recursos que traíamos y seguíamos, incluso los nobles de la zona salían a recibirme y ayudar a repartir lo que traíamos. Emocionalmente, me sentía algo confusa, me encantaba que me dieran esa atención, que me alabaran y adoraran, pero sentía que me pesaba mucho el corazón.
Sentía como si toda la vida hubiera mal entendido mi propio talento, toda la vida pensé que lo que quería era el poder, pero ahora tenia más del que nunca imagine y no me sentía mejor. Cuando iba dentro del carruaje a parar a los siguientes pueblos me encontraba observando los regalos con los que me habían decorado, y no sabía que sentir.
Seguimos el camino y me siguieron llenando de regalos, incluso estatuillas igual cristalinas, estatuillas de pegasos, de ponis, de unicornios, pequeños corazones cristalinos o copos de nieve decorativos. Me entregaron incluso de las cadenas adiamantadas con las que decoraban sus hogares, mis guardias las colocaron en mi carruaje.
Para cuando llegamos a la ciudad de las montañas ya se notaba bastante el resultado del viaje, desde las puertas de la ciudad fui recibida entre flores, saludaba desde la cuadriga sin creerme lo que veía, sin creerme la cantidad de ponis que celebraban mi llegada, linternas de distintos colores iluminaban la calle, hechas enteramente de cristales encantados. Al llegar a esta ciudad ya no sabía si estaba soñando o era verdad lo que veía, la capital era hermosa, pero la influencia tan fuerte equestriana evitaba que se pudieran hacer los festivales a esta magnitud, solo los barrios completamente imperiales se veían así en la capital, pero aquí era la gran mayoría de la ciudad.
Escuchaba los cantos que había oído antes, en la capital, mesclados con otros que jamás había oído, saludaba sonriendo, en admiración de lo que veía. logré ver mientras subíamos a los barrios más altos de la ciudad la fabrica del clima imperial, a diferencia de la que había en clousdale, esta estaba rodeada de auroras, no de arcoíris. Cuando pase por las calles en las que se veía perfectamente hacia esta, de sus entrañas disparo sus colores al cielo, la noche invernal se torno en lo más hermoso que jamás hubiera visto.
Al ver mi casi infantil reacción de asombro puro Amatista solamente rio y me dijo:
-Bienvenida al imperio de la aurora majestad, bienvenida a Kromapolis la ciudad de los mil colores, la segunda más grande del imperio, la co-capital imperial.
Al llegar al centro de la ciudad, bajé de la cuadriga como lo hubiera hecho en todos los pueblos anteriores y me dirigí al centro de la plaza, donde estaba el cristal comunicado con el corazón, que les daba calor a estos ponis. Las banderas ondeaban en la multitud, las linternas danzaban al movimiento de sus portadores, el pueblo aclamaba. Comenzamos la repartición vaciando completamente una de las carretas, se me entregaron más regalos, un poco más y parecería una joyería. Después de la repartición el duque encargado de todo el feudo que habíamos estado visitando, acompañado de algunos de los condes y burgueses locales se acercaron invitándome al palacio local.
Ya había caído la noche así que aceptamos, habían sido tres días desde la salida de la ciudad capital, uno de llegada a las montañas y otros dos recorriendo pueblos y ciudades más pequeñas. No habíamos parado el camino desde que habíamos entrado a las montañas, así que la segunda noche la dormí en el carruaje. Necesitábamos descanso, era indudable así que acepte la invitación, se realizo un banquete y me pidieron, casi me rogaron que viera el desfile del festival.
Claro que no me negaría, sin embargo, antes de que saliera al balcón los nobles me guiaron a un salón donde me entregaron un regalo más, este de su propio bolsillo, una túnica larga, ampliamente decorada, cristalina, de colores blanco, cian y lila, una túnica entre neo-clasica y rococa. Me pidieron si podría usarlo, salir con el vestido al balco, que significaría mucho para ellos.
Acepte, me cambie y salí al balcón del palacio local, después del banquete, viendo pasar el desfile, saludando a cuantos pasaban. En lo que pasaban los carros unos trabajadores llevaron al centro de la plaza frontal al palacio una estructura de considerable tamaño, cubierta en una manta.
Atrajo mi atención muchísimo, pero no estaba preparada para lo que había debajo, una gran torre de ajedrez cristalina con un corazón de cristal encima de la misma y la inscripción en su base diciendo:
-¡Salve la emperatriz Cozy Glow! ¡Reina Aurora! ¡Salvadora del imperio!
El corazón me tembló, no había pedido tal cosa, no había siquiera pensado en ello, ¿Por qué me daban todo esto? ¿Por qué me amaban tanto? Me quedaba claro porque la aristocracia local me había prácticamente rogado salir al balcón a observar su festival, me tenían una sorpresa que no hubiera podido imaginar.
Sentía que me pesaba el alma, terminado todo me retire a la alcoba que se, me presto, un cuarto amplio en el mismo palacio, vestida en la hermosa túnica cristalina que me habían regalado, en las mil joyas de mi pueblo. No lo merecía, apenas me encerré en mi alcoba rompí en llanto, no lo entendía, no lo merecía.
Antes al sentir todo esto, había sentido el poder, me había intoxicado en su dulce abrazo, me había sentido tan segura en la capital cuando se acercaban a mí alabándome, me gustaba, me encantaba que me alabaran… ¿Por qué ahora no lo disfrutaba? Toda mi vida había deseado el poder, había deseado que me vieran hacia arriba, que me alabaran como una diosa.
Ahora que lo tenia todo, ahora que tenia lo que había soñado, estos ponis me hacían dudar, me daban algo mejor que adoración y poder. Me daban su amor, me seguían incondicionalmente, creían en mí, ahora comprendía algo que antes me era tan ajeno:
-Todos estos ponis, mis ponis, ponen tanto sobre mis hombros, no tengo la corona sobre mi cabeza y ya pesa como si trajera sobre mí el mundo entero, no les puedo fallar mis pequeños ponis, simplemente no puedo, me eh enamorado del imperio, pensando que conquistaría, me han conquistado a mí, el corazón de cristal ha reclamado mi corazón como suyo. Oh Cadence, ahora comprendo todo lo que sentiste…
