Cap. 1: Asalto y lesiones.

El maldito despertador suena una vez más, molestando mi sueño. Me levanto de la cama sin mucho ánimo y suspiro resignada que tengo que levantarme una vez más. Desde que llegué a esta ciudad lo único que hago es trabajar, aunque en verdad eso no me molesta del todo.

—¿Estás lista?.-me llama una voz desde la puerta.

Es increíble lo bien que tiene metido en su cuerpo el papel de policía. Levantándose temprano y estando lista cuando yo aún sigo durmiendo. Le miro en su uniforme de policía habitual, que es aquel vestido purpura y su típico sombrero. Sonrió mientras hago un estiramiento de mi espalda y me levanto.

—Siempre estoy lista, Cupcake.-le digo rascándome la cabeza y desviando al mirada de sus ojos.

—Pues no lo parece. Apresúrate a cambiarte que Jayce llegará en cualquier momento. Ezreal también está de camino y parece que viene gente del reino de Demacia.-me dice antes de dejarme sola.

Suspiro una vez más y me dispongo a limpiarme. En la ducha, no puedo evitar pensar como nos conocimos. Después de aquel incidente en la mina, ella llegó conmigo y me miraba por encima del hombro. Recuerdo su gesto en ese momento. Dubitativo de decirme lo que vino a decirme, pero al final lo hizo. Cuando me ofreció la posibilidad de unirme a las fuerzas de Piltover para atrapar criminales creía que estaba jugando conmigo.

Acepté, ya que de ese modo dejaría de estar en la lista de los buscados y según ella, apoyaría la gran fuerza de la justicia. Los primeros días junto a ella fueron un completo fastidio. Reglas por aquí y por allá, como si todo tuviera un letrero que dijera "Prohibido para Vi". Recuerdo nuestro primer operativo juntas, cuando sin mediar palabra, entré directo rompiendo una de las grandes paredes de la guarida criminal.

Mala idea. Los hombres nos esperaban con armas listas para exterminarnos. Los disparos comenzaron y lo único que pude hacer fue ocultarme siendo herida en una pierna. Mientras me ducho observo la cicatriz que me quedó de aquella bala. Mi mente regresa a ese operativo, donde no quería quedarme sentada pero con una herida así, no me era fácil moverme. Logré ver como uno de estos criminales se me acercó y alzo su arma contra mi, para darme el tiro de gracia. Pero antes de que pudiera siquiera reaccionar, este cayó al suelo. Uno a uno, los vi caer frente a mis ojos.

Me giré y logre ver a Caitlyn sosteniendo su rifle que disparaba con maestría usando la pared como cobertura. No quedó nadie de pie en aquel lugar, o eso pensaba yo. Caitlyn se me acercó para revisar si estaba bien.

—¿Cómo te encuentras?.-

—Esto no es nada, puedo levantarme y seguir peleando.-presumí y lo hice, aunque me doliera aquella herida.

—No debes entrar así a los lugares. Siempre debemos tener un plan para estas cosas y evitar futuros riesgos.-

—No paso nada Cait.-

—Pero, ¿Si hubiera habido rehenes? Debes pensar mejor lo que haces.-

—No me molestes.-

—Me preocupo por ti. Si esa bala te hubiera dado en otro lugar, me hubiera quedado sin compañera el primer día.-

Aquellas palabras turbaron mi mente en aquel momento. ¿Preocupándose por mí? Durante mi vida, lo más cercano que tuve a alguien preocupado fue aquella banda criminal que me resguardó cuando era más joven. Me giré para mirarle los ojos, y su rostro serio me indicó que decía la verdad. Me sentí ofuscada en aquel momento.

Cuando caminaba para acércame a ella, uno más salió de entre aquel lugar y le disparó. La detonación retumbo en mis oídos y la vi desplomarse. Aquella persona que hace unos segundos había dicho que le preocupaba, ahora estaba en el suelo, herida por un disparo. La furia me invadió en menos de un segundo y apreté tanto mis guantes, que el acero rechinaba.

El maleante me miró listo para dispararme, pero no iba a permitir que aquello que le hizo a mi nueva compañera quedara impune. Envuelta en rabia, logré evadir el disparo mientras corría hacia el a toda velocidad. Cargaba con energía mi guante. Llegué con velocidad y le solté el más fuerte puñetazo que había dado en toda mi vida. La energía se liberó y el impacto fue catastrófico. No conforme con eso, levanté al maleante en el aire y lo azoté contra el suelo en la misma maniobra.

El criminal quedó desecho con mi embestida, pero lo que más me preocupaba era la persona que intentaba sentarse a la distancia. Me cercioré que no hubiera nadie más que pudiera darnos otra sorpresa, y luego corrí hacia Caitlyn. La sangre corría por su cuerpo, pero la suerte fue que el disparo había dado en una de sus piernas.

—¿Estás bien?.-pregunté realmente preocupada.

—No es nada. Me descuidé un momento.-

Intentó ponerse de pie, pero su pierna no respondía del todo. Antes de que cayera, la sostuve entre mis manos mecánicas. Comparada con mis artefactos, su figura parecía más delgada y fina. Sin pensármelo dos veces la sostuve con mis manos, levantándola del suelo.

—No hagas eso, tu herida va a empeorar.-me dijo realmente preocupada por mi.

—Te dije que esto no es nada. Por quien deberías estar preocupada es por ti, ya que eres muy débil para estas cosas. Eres como uno de esos pastelillos que usas en tus trampas. Ya sé, ese será tu apodo, Cupcake.-

—Ni creas que permitiré que me llames así.-

—No tienes opción, Cupcake.-

Mi mente regresa al presente, donde termino mi ducha y me cambio con mis ropas habituales. Salgo hacia la sala de aquella casa y observó que Cait está revisando unas cuantas cartas en el buzón. Me mira al darse cuenta de mi presencia y me sonríe, como aprobando que me encuentre lista en tan poco tiempo. El timbre de la puerta suena y al abrirla, me encuentro con ese sujeto.

—Buenos días, Caitlyn, Vi.-saluda apenas entrar sin ser invitado.

—No tenemos basura para que recojas hoy.-le contesto.

—Vi quiere decir buenos días también Jayce.-arregla Caitlyn mi comentario.

—No importa. No es como si sus comentarios me dolieran.-

—Pero te puedo dar algo que de verdad te va a doler.-tomo mis guantes y los golpeo entre sí.

—¡Ya basta!.-Cait se interpone, como un réferi que separa a dos boxeadores.-No quiero que estén peleando. Hoy nos visita Ezreal con noticias de Demacia y creo que alguien viene con él.-

—¿Habrá sucedido algo?.-

—Espero que no. De cualquier modo, me gustaría que ustedes no estuvieran peleando como siempre y por una vez me ayudaran.-

—Yo puedo ayudarte Cupcake, pero dudo que Jayce sepa siquiera como regresar a su casa al terminar el día.-

—Estaré al servicio de lo que surja.-

Esa amabilidad de Jayce me molesta. En realidad, me molesta todo lo que hace, y más cuando se acerca a Cait. Cualquiera diría que estoy celosa de él, y quizás tengan razón. Pero, pensándolo bien, quizás no estoy celosa de su fama, de cómo lo trata la gente o siquiera de sus logros. Reflexionándolo con claridad, solo estoy molesta por una cosa: que esté cerca de Cait.

Sé que quizás no deba sentir algo así, y la vida que he llevado no me enseñó a cómo responder con sentimientos de esta índole, pero es lo único que sé hacer.

—Entonces salgamos, nos veremos con él en la plaza de piltover.-anuncia Cait saliendo de nuestra casa.

Nos encaminamos por las calles de la ciudad. Mientras avanzamos, observó que toda la gente con la que nos cruzamos saluda de buena manera a Cait o a Jayce. Uno que otro se acerca a saludarme, pero no con la intensidad de las demás personas. Supongo que la recompensa que tengo por haber sido una criminal antes.

Llegamos a la plaza y aguardamos en una banca frente a la fuente. Más gente acercándose a Jayce para contemplar su martillo de mercurio. Este les hace trucos baratos mientras la gente aplaude por el entretenimiento.

—Jayce siempre está lleno de personas.-me comenta Cait mirándole a lo lejos.

—Si vas a ser un payaso de circo, entonces es normal que esté rodeado de personas.-

—No seas tan mala con él. Es de gran ayuda cuando tenemos que defender la ciudad. Además es apuesto, joven y un gran inventor.-

El que Cait nombre los aspectos positivos de Jayce me molesta, pero no quiero que se de cuenta.

—Si tanto te gusta, deberías casarte con él.-digo con un mal sabor de boca por mis propias palabras.

—Ni loca. No creo que aguantaría estar con alguien tan educado como él.-

—Lo dice quien es más recta que una regla.-

Cait me mira, fusilándome con la mirada. Luego veo aparecer en sus delicados labios una sonrisa juguetona.

—Te haría bien a ti casarte con él. Quizás aprendas unos cuantos modales.-

—Claro, solo tendríamos que dejar de pelear todo el tiempo.-contesto llenando el aire de sarcasmo.

—Sabes lo que se dice de los polos opuestos…-

Caitlyn, a pesar de ser muy recta y seria en cuanto a casos se refería, también tenía su lado divertido. Uno pequeñito, pero ahí estaba.

—Buenos días. ¿Llevan mucho esperando?.-

—No realmente.-

Yo no contesto al explorador rubio que saluda de la mano a Cait. Yo ni siquiera me levanto de la banca y solo hago un movimiento de cabeza.

—¿Qué es lo que sucede en Demacia?.-

—Es una proclamación del príncipe Jarvan IV. Que bajo la presente, se indica que…-

—Haz un resumen niño.-le digo para que corte el gran discurso y vaya a lo importante.

—De acuerdo. El príncipe solo anunció que requería su presencia para la celebración de un evento. Solicita que los dos mejores agentes de Piltover resguarden Demacia mientras el evento se lleva a cabo, ya que no duda que Noxus intente atacar. Sus mejores guerreros están en misiones por ahora, por eso requiere su presencia.-

—Eso sería una catástrofe.-entra Jayce a la plática.-El reino de Demacia no puede quedar inseguro.-

—Iremos contigo.-resuena con voz de líder la voz de Caitlyn.-Pero alguien debe quedarse aquí para no dejar Piltover desprotegida.-

Su mirada se dirige a mi. Siento un vacío cuando me observa después de aquella oración, como indicándome que debo quedarme.

—Estoy de acuerdo.-apoya Jayce.-Alguien debe estar aquí por si surge cualquier cosa.-

Yo solo asiento con la cabeza sin soltar palabra.

—Entonces, podemos irnos en unos minutos si lo desean.-comenta Ezreal.

—Será lo mejor.-

Sigo en mi asiento y miro el cielo. Está despejado y hace un buen día, aunque no me pone feliz eso. Logro ver unos pajarillos volar libres antes de que aquel obstáculo cubra mi visión. Sentada en la banca mirando al cielo, veo como alguien de pie justo detrás de mí pone su cabeza sobre la mía. Esos ojos me observan con cuidado, tan de cerca que nuestras frentes casi entran en contacto.

—¿No escuchaste que debemos irnos?.-

Es la voz de Cait, quien está mirándome en esa posición. Se levanta mientras yo me reincorporo y desvió la vista lejos de ella. Siento mis mejillas rojas por la cercanía que acabamos de tener, pero no dejo que se entere.

—Ya te oí Cupcake, es solo que el viaje es tan pesado.-

—Jayce va a quedarse aquí. Puedes quedarte con él si es lo que quieres.-

—¿Y dejarte que vayas sola para que alguien te mate? Ni pensarlo.-

—Bien dicho, después de todo, somos compañeras.-

Coloca su mano en mi hombro mientras me mira. Su delicada boca sonríe y asiente ligeramente. Yo le respondo la sonrisa y asiento yo también. Mientras caminamos guiados por el explorador, puedo verla. Su rostro siempre se ha iluminado así cuando tiene una nueva misión o entra en otro caso. Esa decisión en sus ojos es lo que me inyecta de energía cada día.

Llegar a Demacia y servir de vigías no es un trabajo difícil, pero sí cansado. Pasamos más de la mitad del día solo observando y en realidad no ocurre nada interesante. De noche, regresando nosotras solas hacia Piltover, puedo seguir mirándola. El cansancio hace merma en nosotras, y sus ojos se notan entrecerrados por el día que tuvimos.

Observo a Caitlyn todo lo que puedo, y estando nosotras dos a solas, siento la necesidad de decirle algo. Mi mano se levanta por automático, pero dudo. Espero que ella no haya notado eso, pero no es así.

—¿Pasa algo?.-

Le observo con un gesto genuino de curiosidad. Mi corazón se acelera y mi respiración escasea. Agradezco tener en ese momento mis guantes, o vería el temblor de mis manos. ¿Sería buena idea decirle todo ahora? Decirle y agradecerle todo lo que me ha brindado hasta el día de hoy.

—Verás Cupcake, lo que pasa es que…-

Me detengo. No estoy del todo segura, pero ya es muy tarde para echarme para atrás. Busco en mi mente como aliviar la situación pero no llega nada. De pronto, mi estómago gruñe. Fue como si comprendiera mi situación y actuara por mi.

—Tienes hambre.-dijo ella poniendo sus manos en la cintura.

—Estuvimos todo el día ahí y no pude comer nada.-

—Descuida. Cuando lleguemos a Piltover comeremos algo.-

—Perfecto.-le digo mientras levanto ambos pulgares a modo de aprobación.

Quizás tendría que habérselo dicho, quizás ella tendría que saberlo todo. Tuve tantos roces con gente mala, criminales, asesinos, pero nunca tuve tanto miedo como el que tengo con Cait. No porque ella sea mala, sino porque no sé cómo responderá si se lo digo. Quizás, algún día de estos, logre decírselo…

Historia resubida :D

Espero que la disfruten