Las masacres de primavera
Apenas comenzó a sanar mi ala y recuperé su movilidad, nos pusimos en marcha, basados en una poni que vimos por el pueblo me disfrazaron, las puntas de mi cabello de colores pastel azul, morado y rosa, sobre mi cutie mark maquillaron otra de un corazón con un conejillo blanco en su interior y un gran listón. Todo esto con ayuda de una maquilladora experta del pueblo, aunado a esto me consiguieron una caperuza violeta de invierno con la cual podría cubrirme. Con este aspecto iríamos hasta la fortaleza cercana a la capital donde discutiríamos que hacer ahora, como actuar para solucionar la problemática.
La estancia en el pueblo había sido incluso tranquilizadora, reparadora, me recordaba por qué hacía esto, debía preservar la forma de vida de estos ponis. Ruby, a quien había tenido tiempo de conocer también salía del pueblo con nosotros, por lo que estaba enterada, los había ayudado a encontrarme y por ello se encontraba en lista de búsqueda de Equestria.
El plan de viaje era directo apenas saliéramos del pueblo iríamos directo a la fortaleza solo parando en un par de pueblos de camino para descansar, partíamos de noche, mientras Sergeí y Amatista, planeaban la ruta más rápida yo observaba una última vez el pueblo ya a la distancia. Janina camino hasta mi lado, acompañándome antes de decirme:
-Tranquila, lograremos cambiar la marea, todo saldrá muy bien.
-Eso espero, trato de mentalizarme para lo que viene, se siente un poco como cuando Tirek, Chrysalis y yo planeábamos nuestro ataque, sin embargo, esta vez, sé que estoy de lado correcto. – respondí.
-¿Crees que ya no haya la posibilidad de una solución pacífica? – preguntó Janina.
-No, lo dudo mucho, con todo lo que está pasando en el palacio, con las rebeliones, solo es cuestión de tiempo, es una bomba a punto de estallar. Incluso si lográramos recuperar el control pacíficamente, en tiempos de paz hay que pensar en la guerra, una vez estemos en la fortaleza necesito encontrar la forma diplomática de contactar a los vecinos inmediatos del imperio, los Jack y los Changeling.
-¿Con que propósito? – cuestionó ella.
-Sí una revolución empieza, Equestria intentara sofocarla antes de que crezca, el ejército equestriano dentro del imperio será la primera amenaza, seguido del ejercito que será mandado desde Canterlot, lo más probable es que Twilight intente traer a sus aliados al conflicto. Debo estar segura, que no seremos atacados por los Changeling y los Jack, que serían una amenaza inmediata, sus naciones no son muy grandes y su frontera colinda con la nuestra, de intervenir sus ejércitos no tardarían nada en estar a nuestras puertas. – respondí.
- ¿Lo has estado pensando verdad? Tienes claro lo que se debe hacer desde aquí.
-En mayor parte sí, pero la planeación solo es la primera parte, la adaptación ante la adversidad será lo que decida como ira todo, al forjar una estrategia siempre debemos estar listos para que esta no funcione y adaptarla a la nueva situación. – terminé.
Sergeí se acercó a nosotras llamando mi atención con su casco, antes de indicarnos que partíamos, ya tenían clara la ruta a seguir, sin embargo, cuando pasábamos junto a Amatista, la pegaso pareció quedare observando en dirección al pueblo forzando la vista como si intentara ver algo con más claridad.
-¿Tienes un catalejo Sergeí? – cuestionó la pegaso.
-No, ¿Por qué? ¿Qué pasa? – preguntó Sergeí.
-No lo sé, esperen un momento.
Todos observamos a la pegaso shire emprender vuelo, observando desde lo alto hacía el pueblo, lo que vio tuvo que haberla afectado, pues inmediatamente tomó rumbo de regreso al mismo. Esto confundió a todo el grupo, Sergeí por su parte intento seguirla mientras gritaba:
-¡Amatista! ¡¿Qué sucede?!
La pegaso no respondió solo siguió volando de regreso al pueblo, el resto del grupo seguimos a Sergeí, sin embargo, algo no iba bien, a lo lejos en el pueblo se comenzó a ver un resplandor rojo, columnas de humo comenzaron a ascender a los cielos, Sergeí se detuvo en secó deteniéndonos a nosotras también.
-Esperen, algo no está bien, iré por Amatista, pero será mejor que ustedes esperen aquí.
-Te podemos ayudar a buscar – dijo Janina.
-No, tanto Ruby como tu Janina quédense con la emperatriz, ocúltense por la cercanía, si no regreso para la media noche se van de aquí. – terminó el antes de correr en dirección al pueblo.
Janina quiso ir detrás de él, pero la detuve, no podíamos hacer nada, si de verdad estaba pasando, algo ir me pondría en riesgo de ser encontrada por equestria, debíamos esperar. Ella me observó confusa, pero lo entendió y salimos del camino ocultándonos entre los árboles hasta que viéramos regresar a cualquiera de los dos.
Pasaron las horas, llegaron a nosotros gritos desde el pueblo, el cielo estrellado de la noche se había teñido naranja y rojo sobre el pueblo, a nosotros llegaba el humo que se producía. Lo que quiera que estuviera pasando, era grave y no había señal ni de Sergeí ni de Amatista. Esperamos, contrario a lo que pidió Sergeí, esperamos pasada la hora que nos indicó, no quería dejar a nadie atrás, esperaría hasta el amanecer, si el caos continuaba nos iríamos, si el sonido del caos había parado iríamos al pueblo a buscarlos.
Pasaron al menos cinco horas antes de que regresara Sergeí, siguiéndolo estaba Amatista, quien no dijo nada solo siguió su camino salimos de nuestro escondite reuniéndonos con ellos, Sergeí al vernos se vio algo sorprendido, tal vez esperaba que ya no estuviéramos, yo me acerqué a él, Amatista se detuvo apenas salimos.
-¿Qué sucedió? – cuestioné a Sergeí.
-Si alguna vez existió la más mínima posibilidad de una resolución medianamente pacífica al conflicto, acaba de desaparecer, apenas llegué la noticia de lo que paso aquí a las ciudades, la rabia popular no hará más que crecer. Equestria se ha atrevido a atacar un pueblo, soldados equestres entraron al mismo, decían que se encontraban dando caza a los disidentes, el pueblo se defendió con la guarnición local, pero no fue suficiente para salvarlo… muchos han muerto, otros se los llevaron durante el saqueó. Para cuando llegué al pueblo buscando a Amatista, el caos ya había dado inició, abrieron fuego contra la población… entraron a las casas, no hubo casi ningún edificio que no hicieran arder.
-¿Qué? Equestria jamás había hecho algo tan brutal – respondí.
-¡Pues lo han hecho, primero arrestos masivos, luego callar la oposición y censurar, ahora finalmente se han animado a atacar a fuerza letal a los que consideran disidentes! ¡Apenas había soldados en mi pueblo! ¡Solo atacaron a sospecha de que había disidentes en el mismo! ¡Llegué al pueblo y los vi atacando todo lo que se movía, mate a todos los que se cruzaron conmigo, maté a todos los equestres que encontré en mi casa! ¡les haré pagar! ¡Hare a Equestria pagar por lo aquí sucedido! ¡Eran inocentes! -sentenció fúrica Amatista.
-Amatista…
-¡Equestria me ha quitado todo lo que tenía! ¡Mi familia vivía en ese pueblo! – terminó con lagrimas en los ojos, su rostro expresaba tanto dolor y odio al mismo tiempo.
La pegasó se volteó caminando hacía el lado opuesto, Sergeí la observó con tristeza, volteó a verme y continuó:
-Entre al pueblo, tuve que abrirme paso a espada, salvé algunos ciudadanos mientras luchaba, no perdonaban a nadie los equestres, era inentendible como seleccionaban que matar y que arrestar. Algunos civiles se refugiaron en el ayuntamiento, pero no les sirvió de nada, los equestres bloquearon la puerta y lo quemaron, no podía hacer nada para detenerlo, eran demasiados.
Continue mi camino, me adentre más en el pueblo, encontré rastros de lucha entre la milicia local y los equestres, no la tuvieron tan fácil como esperaban, se notaba les habían dado combate, avance un poco más y encontré algunos de los soldados, les dije que fueran a la fortaleza cerca de la capital, que sacaran a cuanto civil encontraran, pero que evitaran el centro del pueblo, infestado de equestrianos. Continue hasta la casa de Amatista, solo había destrucción, algunos sobrevivientes sollozando dentro de los edificios o en las calles, entre más me acercaba a la casa de Amatista, más cuerpos de milicianos equestres fui encontrando, todos con heridas de sable, imaginé que era el rastro de Amatista. Logró dar un escarmiento a muchos de ellos, pero, una vez la encontré, era demasiado tarde, la casa había sido reducida a escombros, nadie sobrevivió, la encontré inmóvil, observando el lugar con su espada a un lado, flotando por la magia de su pulsera proyectora, la hoja de la shaska estaba teñida de rojo.
Traté de llamar su atención, pero no me respondía, se encontraba perdida en su pensamiento, me acerqué más a ella, estaba congelada, observando el hogar de su familia, su rostro expresaba sorpresa, confusión, parecía que aun estaba analizando todo lo ocurrido, tal vez intentando negarlo. Lo único que logró sacarla del trance fue el sonido de uno de los soldados equestrianos, aun vivo, Amatista lo observó, alzando la espada lentamente y acercándose a él.
Intente detenerla, le pregunte que creía que estaba haciendo, que lo dejara ser, había sido suficiente sangre, no pude incluso cuando me puse frente a ella, me aparto de un empujó, se detuvo un momento frente a aquel soldado herido, que la miro confundido. Amatista alzo más su espada y con un gritó, entre de tristeza y furia pura dejo caer la hoja sobre el desgraciado, comenzó a alzarla una y otra vez soltando tajos con tanta rabia. Fui a ella intentando detenerla, ella preguntaba "¿por qué?" una y otra vez "¿Por qué hicieron esto?" lo preguntaba con tanta rabia, con tanto dolor en su voz, mientras de sus ojos corrían lagrimas desenfrenadamente. La detuve, le arrebaté la espada, pero siguió golpeándolo con sus cascos, fue entonces que dejando la espada a un lado me puse nuevamente frente a ella, casi tacleándola en un abrazo, alejándola del cuerpo diciéndole: "Ya, basta, basta Amatista, tranquila, ya está"
Sin embargo, rompió en uno de los llantos más desconsolados que eh escuchado en mi vida, nos quedamos así hasta que logré que se calmara, fue entonces que le dije que debíamos regresar. – me explicó Sergeí.
No sabía que decir, una vez terminó de contarnos, solo observé a Amatista, caminando a una distancia un tanto considerable de nosotros, Ruby quiso acercarse, pero Janina la detuvo, negándole con la cabeza, lo mejor, al menos por un rato, era dejarla tranquila. Algo era seguro, Amatista no dejaría esto así, lo que me había dicho, no se iban a quedar en palabras, pero me preocupaba las acciones que pudiera tomar. Si el caos era tal como Sergeí describía, toda esperanza de paz estaba perdida, habría guerra, solo era cuestión de tiempo.
-¿Crees que vaya a estar bien? – me preguntó Janina.
-No, no lo estará, ni siquiera creo estarlo yo – le dije recordando los ponis que me recibieran de aquel pueblo, volteando una vez más la mirada hacia sus ruinas. Preguntándome si pudiera haber hecho algo para evitarlo, si pudiera haber hecho algo para mantenerme en el palacio.
Intente alejar mi mente de esos pensamientos, necesitábamos llegar a la fortaleza, necesitábamos actuar, era claro que Equestria había ido demasiado lejos, no importaba los medios Flurry debía ser depuesta, no quedaba de otra, por más que pudiera ser mi hermana adoptiva, la hija biológica de Cadence.
Algo en mi me decía que ella lo entendería, Flurry no podía seguir al trono, incluso por su propio bien, y Gallus, de quien suponía venia la orden que ocasionara tal barbarie, debía pagar con su vida, cuando la noticia se hiciera conocida, nada en este mundo podría enmendar tal herida, tendría que ser cerrada con la sangre de quien lo ordenara. El pueblo exigirá justicia y yo no seré quien se los niegue, tendrán que pagar por esto, de una forma o de otra.
