Declaimer: Bleach y todos los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.
La historia es propiedad de Saffron A Kent, esta es solo una adaptación con fines de entretenimiento.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Rukia
He absorbido demasiados sentimientos últimamente. El dolor de Ichigo es mi dolor. Y la situación entre Momo y Toshiro no ha mejorado. Todo esto me hace sentirme deprimida.
Esta mañana he quedado con Toshiro para vernos en la Soul Society, no le conté nada a Momo pero de todos modos no presta mucha atención últimamente. El sonido de pasos apresurados me avisa de la llegada del novio de mi amiga. Está serio, jadeando y agarrando fuertemente una taza de café mientras se acerca.
—Hola, lo siento. Me demoré un poco—. Me quedo mirando la taza y extrañamente, no tengo ninguna urgencia por robarle un sorbo de café. Ichigo es la única persona a la que quiero robarle cosas ahora mismo.
—Bueno, ¿qué pasa? ¿Dijiste que era algo importante?— pregunta Toshiro.
—Sí. ¿Por qué estas siendo tan estúpido?—. Sus cejas se fruncen.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? —.
—Me refiero a lo imbécil que estás siendo con Momo—. Entrelazo mis manos y me apoyo contra la pared. —¿Por qué siguen peleando? —.
—No estoy peleando con ella—.
—¿De verdad? ¿Entonces por qué siempre está deprimida? ¿Y por qué ya no vienes al apartamento? —. Ha pasado un tiempo desde de su pelea y Tohiro no se ha pasado por el apartamento. Siempre es Kira, y siempre me roba mis dulces, lo cual es molesto, pero mayormente, estoy preocupada por Momo. Me preocupa que algo que ni siquiera es culpa de ninguno esté causando este distanciamiento ellos. —Creo que están siendo verdaderamente estúpidos y dramáticos— añado, sin darle a Toshiro la oportunidad de hablar. —Quiero decir, ustedes se aman. ¿Saben lo raro que es eso? ¿Por qué no pueden superarlo? —.
Dios mío, podría abofetearlo por estropear algo tan precioso.
—Oye, eso me parece bien, ¿está bien? Me parece bien arreglar las cosas, pero ella está siendo irrazonable. Hasta me disculpé por todo, ¿y qué hace ella? Acepta irse a Florida con Izuru para las vacaciones de primavera—.
—¿Qué?—.
—¿No lo sabías?—. Niego, atónita —Bien, al parecer Izuru y Momo van a ir a Florida por unos días para relajarse, todo porque tuvimos una estúpida pelea. Si me quiere poner celoso, puede seguir con eso—.
—Pero eso no parece propio de ella. No suena para nada como ella—. Él niega.
—Ni siquiera me importa. Nunca debimos empezar a salir—.
Me incorporo y lo miro con los ojos muy abiertos. —¿Qué? ¡No! Ustedes son geniales juntos. Y tú la amas. Y ella te ama—.
Toshiro se queda callado y me mira fijamente. Es raro, la forma en que me está mirando. Se ha puesto todo tímido y raro mientras pasa su mano por su nuca.
—Tus ojos son… enormes—.
—¿Eh?—.
—Quiero decir, son… son hermosos—.
—B-bien. Toshi…—.
—Tenía un enamoramiento contigo el semestre pasado. Quiero decir, me gustabas. Enamoramiento suena tan juvenil—. Suelta una risita nerviosa y de alguna manera se acerca más a mí.
—Toshiro, eso es…—.
—Siempre pensé que eras preciosa, y bueno, cuando te vi en la clase del Kurosaki sensei, q-quise pedirte que saliéramos…—.
Se detiene e inclina su cabeza hacia mí. Sé lo que viene. Sé que va a besarme incluso antes que ponga su boca sobre mis labios. Huele a café y frío, y sus labios son suaves, quizás un poco demasiado secos.
Me quedo helada debajo de él. No es miedo; sé que no me haría daño, es algo más. ¿Quizás conmoción? Estoy atónita por su acción, pero mientras desliza su lengua para lamer las comisuras de mis labios, me echo hacia atrás.
Está dolido; puedo verlo en sus ojos, y un poco avergonzado, no porque no le respondiera, sino por su pelea con Momo. Está celoso y quiere algo de control. Dios, los hombres son tansimples.
Antes de poder decirle mis conclusiones, siento que alguien nos está mirando. Toshiro también lo siente, y se mueve de enfrente de mí dándose la vuelta. Es Ichigo. Su mirada está fija en mí y su mandíbula está duramente apretada.
Es obvio que vio el beso. Mierda. Me separo de Toshiro porque no ha pasado nada entre nosotros. Quiero ir hacia Ichigo y decirle que no significó nada. Doy incluso un paso adelante, pero entonces recuerdo dónde estamos, y más importante, lo que somos el uno para el otro.
No puedo cruzar el espacio y lanzarme a sus brazos. Tengo miedo hasta de sonreírle. Mis labios podrían desvelar nuestro secreto. Caigo en cuenta que no podemos hacer esas pequeñas cosas que hacen las parejas normales. Ni siquiera somos una pareja.
—Hola, sensei —saluda Toshiro, nerviosamente.
Ichigo apenas y lo mira mientras comienza a caminar hacia nosotros. ¿Qué está haciendo? Trago el nudo de mi garganta al ver su expresión severa, sus pasos determinados. Mis piernas se mueven por iniciativa propia y dan un par de pasos atrás.
Se detiene frente a mí. Sus ojos son tan ardientes. No puedo soportarlo. Abro la boca para decir algo; cualquier cosa es mejor que este silencio agresivo, pero Ichigo me interrumpe.
—Disculpa—. Parpadeo ante él.
—¿Qué?—.
Me estudia durante un lapso de cuatro segundos. —Estás en mi camino—.
Lamo mis labios y sus ojos arden, se vuelven incluso más oscuros, si eso es posible. Una respuesta tira de mi estómago haciendo que quiera arquearme hacia él; y ese es exactamente el tipo de cosa que no puedo hacer. Me sirve como recordatorio y miro a mi alrededor. Yo, de hecho, estoy en su camino. Estoy bloqueando la puerta.
—Lo siento— digo, mirándolo.
En cuanto me muevo, pasa por mi lado y entra en el aula. La clase pasa rápidamente. Ichigo no me mira ni una vez. Se le ve normal, sin signos de enfado ni nada de eso, como si la escena de antes no hubiera sucedido. ¿Soy yo quien está dándole mucha importancia? Quizás a él no le importó. Quizás ni siquiera se dio cuenta. Debería de estar contenta por esto, ya que, de hecho, no fue nada, pero no lo estoy. Estoy todo lo contrario a contenta ahora mismo. Estoy… no puedo decir cómo estoy, pero no es bueno.
Cuando la clase termina, decido hablar con Ichigo al respecto, pero no tengo la oportunidad. Un par de chicas; cuyos nombres ni siquiera sé, lo rodean, haciéndole preguntas. Normalmente, Ichigo es reservado. Nunca fomenta una discusión, saliendo rápidamente de la clase antes que alguien tenga posibilidad de preguntarle algo, pero hoy se queda, contestando a todas sus preguntas con paciencia. Les está sonriendo, asintiendo y hablando. Él nunca hace eso. Nunca.
Me está haciendo sentir peor a cada segundo. Tengo demasiada energía inquieta, malgastada dentro de mí. Me está poniendo caliente. Me está volviendo loca. Solo quiero que él me mire una vez. Solo una vez.
Cuando ya no puedo soportarlo más, me levanto de mi asiento y salgo de allí. Corro a través del campus hasta mi próxima clase. Me siento junto a la ventana, mirando al campo nevado. La serenidad de todo ello está empeorándolo. ¿Por qué no explota el mundo conmigo? Sé que debería canalizar toda esta frustración en algo productivo, como escribir. Pero al diablo con escribir. Al diablo con todo.
¿Por qué no me miraría? ¿Por qué hablaría con esas chicas? ¿Por qué ese beso sin importancia no lo afectó? Me pongo de pie y mi silla chirria con fuerza. El profesor para a media frase. La gente me está mirando fijamente, pero por una vez, no me importa. Recojo mis cosas y me dirijo al profesor, diciéndole precipitadamente:
—Yo, eh, no me encuentro bien así que me voy a ir—.
No espero a su respuesta mientras bajo corriendo las escaleras del aula y salgo corriendo de allí. Diez minutos más tarde, estoy dentro de la Soul Society, esquivando a la gente que siempre ronda en los pasillos como si las aulas fueran demasiado pequeñas para acoger a tanta gente. Un segundo más tarde, estoy parada afuera de su oficina, con mi mano en el pomo. Abro la puerta y encuentro a Ichigo en su silla, con la cabeza inclinada sobre unos papeles.
Cierro la puerta tras de mí, dejando afuera los sonidos, o por lo menos ahogándolos. Su atención me calma normalmente. Relaja algo dentro de mí, el animal que ruge cuando no está cerca. Pero hoy no me está calmando.
—No significó nada— digo, sin ningún preámbulo. —El beso. Toshiro tan solo estaba enfadado y… bueno, me besó, pero yo me alejé—.
Aparte de poner su bolígrafo sobre la mesa, continua en silencio, pero algo acecha en su rostro, su expresión se está relajando. No puedo descifrar qué significa. Mi mente está confusa. Ichigo se pone de pie y rodea su escritorio, pero no se acerca a mí.
—Estás enfadado, ¿verdad? Estás enfadado porque él me tocó, ¿cierto? Tienes que estarlo. Tienes que estar enfadado y… y celoso, porque yo estoy enfadada—. Estoy tan jodidamente enfadada que no puedo pensar bien. Me planto frente a él. Su olor invade mis pulmones y tiemblo. —Nunca hablas con las estudiantes. Nunca eres simpático con ellas. Entonces, ¿por qué has sido agradable con esas… chicas? Ni siquiera sé sus nombres, pero las odio—.
—Rurika— dice con voz grave.
—¿Qué?—.
—Ese es el nombre de una de las chicas—.
—Es un nombre estúpido—.
—¿No te gusta?—. Sus labios se abren en una sonrisa burlona.
—No. Lo odio. Y te odio a ti ahora mismo—.
Sus cejas se arquean y me acerco más. Las puntas de nuestras botas se están tocando. Lleva las mismas botas de esa noche hace tiempo, hace una eternidad cuando yo creía que tenía un enamoramiento por él y cuando pensaba que él era un hombre que lo tenía todo.
Era un pensamiento estúpido. Nunca tuve un enamoramiento, e Ichigo podría ser el hombre más mediocre que existe. Lo que siento por él es indescriptible, y no tengo ganas de pensar en ello ahora mismo.
—¿Entonces qué nombre te gustaría que dijera?—.
—El mío. Di mi nombre—.
Tiemblo pensando en ayer, cuando me forzó a recordar su nombre mientras le hacía una mamada. Oh Dios, su polla. Su sabor. La longitud de esta, el peso. Podía escribir poemas al respecto, y ni siquiera soy una poeta legítima aún. Y sus palabras. Mi coño sigue mojado por su poesía sucia, como si mi lujuria nunca se durmiera. De hecho, ha evolucionado a algo más fuerte, más furioso. Mis dedos agarran su camisa y lo acercan más a mí.
—Estoy hambrienta—.
Él me mira con sus ojos entornados. —¿Es eso cierto? —.
Engancho mi pierna alrededor de su cintura, poniéndome de puntitas, y hago un mohín. —Sí. Muerta de hambre. Y quiero comerme tu polla. Prometo no usar mis dientes—.
Me pregunto cuándo me volví tan atrevida para decir todas esas cosas. No fui tan atrevida ayer por la noche. No era tan osada hace un minuto. Quizás sea él. Quizás sea esa sensación de dolor en mi interior.
—¿Por qué debería dejarte hacer eso? ¿Qué hay ahí para mí? —. Quiero abofetearlo. Darle un pisotón. Sacudirlo. ¿No puede ver lo molesta que estoy ahora mismo? ¿Lo celosa que estoy? Estoy fuera de control, pero ahora sé qué juego jugar, qué juego le hará perder la cabeza.
Meto mi cabeza entre su hombro y su cuello, y juego con el botón superior de su camisa.
—Porque lo voy a hacer muy bueno para ti—.
—¿Sí? ¿Cómo vas a hacer eso?—. Su voz perezosa e indulgente me está haciendo ver doble ahora mismo. La lujuria es tan pesada y potente en mis venas.
Me convierto en poeta ahí mismo y le describo mis sucios pensamientos en detalle, con una voz mimada; la voz que tanto le gusta.
—Primero le daré una lamida. Hay este… este surco en el medio. Al que voy a prestarle atención de forma especial, y luego voy a mordisquear para que esa cosa blanca; ¿ya sabes esa cosa salada y resbaladiza? ¿El líquido pre seminal? Saldrá, y luego lo lameré también. Después voy a succionar y succionar hasta que reciba mi premio al final, y luego me lo tragaré todo—.
Nuestras respiraciones se han acelerado. Sus dedos en mi trasero se flexionan y presionan, haciendo círculos. Cada vez levantan más mi falda. Desearía no llevar mallas. Desearía estar desnuda debajo. Dios, ¿qué me pasa?
Es mitad del día. Este edificio está lleno de gente. Se oye el tap, tap, tap de los ordenadores. El sonido de un teléfono en algún lugar. Pasos. Todo esto debería hacer que quisiera parar y dar la vuelta, pero solo me pone más caliente. El hecho que haya gente a nuestro alrededor inconsciente de la depravación dentro de estas cuatro paredes lo hace aún más atractivo.
Su rostro es serio, sus fosas nasales están abiertas. Quizás las mismas cosas están pasando por su cabeza mientras gruñe:
—Si esta es tu manera de volverme loco, entonces será mejor que lo hagas bien, Rukia. Porque mi polla está hambrienta también, y no se saciará hasta que se alimente de tu coño y se coma también todo tu orgasmo—.
Quiero sonreír con victoria, pero estoy ocupada estando súper excitada. Me separo de él y veo como se relaja su cuerpo, como si estuviera rindiéndose a mí. Es un momento tan irreal que me siento mareada, con poder, con lujuria. Él sabe lo que yo quiero.
Puede ver lo excitada que estoy por su polla, y en movimiento muy, muy sorpresivo, está cediendo, me está dejando tener el control. Lo empujo hacia atrás y se mueve fácilmente. Sigo haciéndolo hasta que cae en su silla, haciéndola chirriar con fuerza. Casi gimo en voz alta. Me agacho, con cuidado de no golpearme las rodillas, y me meto bajo su escritorio. Está cerrado por tres lados, convirtiéndose en un lugar oscuro y eróticamente claustrofóbico.
Pongo mis palmas sobre los muslos de Ichigo, acercándolo más. Sus músculos se tensas bajo mis dedos y no puedo evitar recorrer sus fuertes músculos con mis manos. Arriba y abajo. Arriba y abajo. Sus músculos se endurecen con cada segundo. El bulto de su polla es más grueso.
En este momento, mis manos lo moldean. Soy la escultora que lo crea. Consigo abrir su cinturón, siguiendo con la cremallera. Él maniobra y me ayuda a sacar su polla. Sisea cuando lo recorro con mis manos. Le contesto con un largo suspiro.
Anoche, él tomo mi boca virgen y abuso de ella, pero hoy, la usaré en su contra. Hoy mi boca está hambrienta, caliente, es una bestia sedienta con dientes y lengua que lo chupa y lo chupa como si mi vida dependiera de ello.
Las venas de sus antebrazos están a punto de atravesar su piel con la necesidad de tocarme, aun así, no mueve sus manos del reposabrazos. Mi cuerpo se siente lleno de poder. Me arranco el abrigo y la blusa exponiendo mis tetas.
Ichigo casi salta de la silla ante mis acciones. El crujido de esta golpea mi coño, haciéndolo pulsar de necesidad. Él esta hipnotizado por mi cuerpo, hipnotizado por ello, y monto un pequeño espectáculo para él. Juego con
mis pezones y él maldice, dice mi nombre con un penoso quejido.
Una inyección de poder me llena y el mundo pierde su significado. No me importa nada más que seguir chupando su polla para siempre. No quiero parar nunca, por nada en el mundo.
Ni siquiera por los golpes en su puerta.
Ichigo aparta mi boca de su miembro y se endereza. Se escucha un clic y me doy cuenta que olvidé ponerle seguro a la puerta. Mierda.
—Kurosaki— dice un hombre.
—Ishida—. Su voz es tensa, más tensa de lo normal, pero nada que sugeriría que hay una estudiante escondida debajo de su escritorio. Pongo un puño sobre mi boca para ahogar los sonidos de mi respiración. Como si Ichigo supiera que estoy hiperventilando, coloca una mano sobre mi cabeza para calmarme.
Una corriente eléctrica recorre mi espalda mientras él sigue hablando, mientras mantiene contacto conmigo a la vez.
—¿Qué quieres?—.
—Vaya, ¿así es cómo le hablas a tu jefe?—.
Ichigo acaricia mi cabello, acariciándome mientras toma aire y contesta.
—¿Qué quieres, Ishida? Estoy un poco ocupado ahora—.
—¿De verdad? ¿Demasiado ocupado para ir por un café?—. Hay sospecha en su voz.
Dios, estoy aterrada y tan jodidamente excitada a la vez. Su dura y mojada polla está frente a mis ojos y quiero tanto tocarla.
—¿No te vas a morir sin tu dosis de chocolate?— continua Ishida sensei.
Mordiendo mi labio, miro la hinchada cabeza de su pene, brillando con mi saliva. ¿Qué haría Ichigo si la lamo ahora mismo? ¿Si la chupo? ¿Estaría molesto por hacerle perder el control enfrente de su colega, su jefe? ¿O estaría tan excitado como estoy ahora?
Mientras avanzo hacia él, me doy cuenta que no me importa. Solo quiero chupar su polla. Tengo hambre. La necesito en mi boca, y si pierde el control, que así sea. Él me hace sentir fuera de control la mayor parte del tiempo.
—Creo que sobreviviré— dice Ichigo —Ahora, si me disculpas, tengo trabajos que calificar—.
—¿Por qué demonios estás sudando? —.
Me aferro a su pene justo cuando la pregunta llena de sospecha del Ishida sensei es hecha a Ichigo. Un crujido suena justo cuando salta bajo el doble asalto provocado por la pregunta y por mí, su mano empuña mi cabello.
—¿Estás bien —.
—S…sí.— Ichigo se aclara la garganta y aprieta su puño en mi cabello hasta el punto que duele, y me desquito con su palpitante polla. —Estoy un poco tenso, eso es todo—.
—¿Por qué?—.
—La próxima auditoria— dice. Chupo y chupo y juego con sus bolas. Los siento tensarse en mis manos para alertar el inminente orgasmo. Incluso aunque es mi boca la que va a recibir su semen, mi coño está excitándose, expulsando sus jugos.
Ishida sensei dice algo para calmar las falsas preocupaciones de Ichigo y le dice que estará bien. Hablan un poco más, pero los ignoro. Nunca he estado más excitada en mi vida. Imágenes gráficas de Ichigo soltando su semen en mi rostro destellan a través de mi mente, imágenes de él perdiendo todo el control y sacándome de abajo del escritorio, y cogiéndome enfrente de Ishida sensei y todo el jodido mundo como decía anoche. Atrapo un furioso gemido en mi garganta. Imagino su trasero flexionándose mientras me penetra y miro a cada persona a los ojos, en especial a esa Riruka, y le digo lo bueno que se siente su pene dentro de mí. Me lastima tan bueno. Muy bueno. Soy una zorra por su polla.
Es extraño que mis celos no se extiendan a su esposa. Tal vez porque siempre he sabido que Ichigo es de ella, pero verlo con alguien más enloquece mi jodida cabeza. Soy la única otra mujer en su vida.
Y entonces mi corazón salta en mi garganta y todos los pensamientos son olvidados. Ichigo me jala del cabello y soy sacada del agujero oscuro en que he sido metida. Pánico y emoción se apoderan de mí en medidas iguales mientras me da vuelta y me empuja sobre el escritorio, aplastando mis tetas desnudas sobre la superficie. Ishida sensei se ha ido. La puerta está cerrada. ¿Cuándo sucedió eso?
—Quédate ahí— ordena. Lo veo caminar hacia la puerta y ponerle seguro. Entonces está rápidamente detrás de mí, su mano en mi cabello y me jala lejos del escritorio. —¿Te gusta jugar, Rukia?— sisea en mi oído, su pecho moviéndose contra mi espalda arqueada. —Te gusta que me enoje, ¿eh?—.
Su voz hace que mis pezones palpiten y no tengo opción más que apretar mis senos y responder.
—Yo solo… solo quería mostrarte cómo me siento a tu alrededor—.
—¿Y cómo es eso?—.
—C…como un arma cargada. Como si pudiera dispararme en cualquier segundo. Solo quería que supieras qué se siente ser tan salvaje—.
Su amarga sonrisa remueve mi cabello. —¿Salvaje así?—. Empuja su polla contra mi trasero cubierto con la falda, dejándome sentir su hinchado deseo. Sus manos cubren las mías, donde estoy apretando mis senos y los junta.
—¿O así? Como si no pudieras dejar de jugar con tus tetas ni por un segundo. ¿Crees que así es como se siente ser salvaje?—. Está aplastándolas y me arqueo en las puntas de mis pies para acercarme a él. Siempre más cerca. Quiero arrastrarme bajo su piel. —No tienes ni idea, ¿verdad?— dice ásperamente. —Voy a mostrarte qué se siente ser salvaje, lo que se siente cuando tú estás a mi alrededor—.
Un sollozo sale de mí cuando me vuelve a pegar contra el escritorio. Sube mi falda, abre mis muslos y baja mi ropa interior, exponiendo mi trasero. Mis nalgas están temblando por la anticipación cuando él pone sus dos manos sobre ellas, y las aprieta como hizo con mis senos. Giro mi cabeza a un lado para poder verlo
Está bañado en sudor. Baja por su frente, el costado de su rostro, y desaparece por el cuello de su camisa. Incluso sus pestañas brillan con los fluidos salinos. Se ven tan densas enmarcando sus ojos entornados.
Suelto un suspiro cuando agarra mis nalgas y las abre. Mis ojos se cierran, imaginando lo que debe estar mirando: mi coño y mi… culo. Me pongo de nuevo en puntitas, está vez alejándome de él mientras rodea con su pulgar el lugar prohibido. Se aprieta y afloja con cada una de sus caricias. Su risa es oscura, me produce escalofríos.
—¿Eso es lo que quieres? ¿Quieres que te folle por el culo ahora? ¿Es por eso que me estás ofreciendo tu apretado culo? —. Gimo cuando presiona su pulgar, preparado para entrar.
—Respóndeme, Rukia. ¿Eso es lo que quieres ahora?—.
—No— susurro —No… no lo sé. Va… va a doler—.
—Sí. Así es—. Se inclina sobre mí. —Pero te diré qué, no te arruinaré la diversión. No tomaré tu culo ahora. Un día cuando estés tan enloquecida con mi polla penetrando tu coño que no distingas el arriba del abajo, me meteré en tu apretado agujero, haciéndote gritar—. Estoy temblando debajo de él, hipnotizada por su voz, por él. —¿Recuerdas cuando te dije que te prendería en llamas y que ni siquiera voltearía a mirar?—. Acaricia mi sudoroso cabello y susurra en mi oído. —Así es como lo haré, mientras follo tu culo. Derramaré la gasolina, encenderé el fósforo, y te veré arder, Rukia… y confía en mí, te va a encantar. Voy a arruinarte para cualquier otro hombre ahí afuera y vas a amar cada segundo de eso—.
Dios. Dios. Creo que estoy muerta. Estoy en el cielo e infierno. Estoy en otra estratosfera. Estoy en todas partes. Me ha destruido con sus oscuras promesas, me ha roto, y no creo que estaré alguna vez entera de nuevo.
—Pero no hoy—. Se aleja, una mano sobre mi nuca, manteniéndome agachada. —No. Hoy voy a mostrarte algo más. Hoy voy a mostrarte cómo ardo yo—.
Con eso, empuja su polla dentro de mí y muerdo mi labio para evitar gritar. No es gentil. No me da tiempo para ajustarme a su tamaño. Está lastimándome; mi coño estará adolorido por mucho tiempo, pero nada importa cuando sus caderas están chocando con mi trasero con cada penetración de su polla, mientras está gruñendo sobre mí, probablemente sudando y jadeando. Desearía poder abrir mis ojos y mirarlo, pero el dolor es tan bueno.
Enredando su mano en mi cabello, me endereza, cambiando el ángulo de sus embistes. Está presionando contra la pared superior de mi coño, haciéndome sentirlo en mi vientre. La fuerza de su agarre es tan tensa, tan poderosa que mi cuello está arqueado y estoy mirando su feroz rostro de cabeza, mi barbilla metida bajo la suya.
—Siento que estoy enfermo, Rukia. Ardiendo. Sudando. Como si cada célula de mi cuerpo estuviera vibrando—. Sus dientes están apretados, sus palabras llenas de lujuria y esfuerzo. —Empieza en mis entrañas. Luego sube por mi pecho y hombros, y siento un fuerte dolor en la parte de atrás de mi cráneo. Es entonces cuando sé que voy a prenderme en llamas en cualquier segundo si no me controlo, si no dejo de pensar en ti—.
La presión en mi estómago es implacable. Se siente como si fuera a estallar o ir al baño o algo así.
—Ichi..Ichigo. Es demasiado. Es…— Me callo y cierro los ojos.
—No lo suficiente. No es suficiente—. Empuja su polla dentro, probablemente tocando mi insano corazón, y rota sus caderas. Es algo bueno que su otra mano cubra mi boca porque no puedo contener los gritos dentro esta vez. Ni tampoco puedo contener mis lágrimas. Caen, mojando su palma.
Sus fosas nasales se abren ante la visión, pero no se detiene. Dios, no se detiene. Sigue, sigue penetrando, y yo…
—Te encanta, ¿verdad?— jadea, completando mi idea. —Tal vez es por eso que te olvidaste de cerrar la puerta con seguro la primera vez. Tal vez querías ser atrapada, querías que las personas vieran lo mucho que amas mi polla. ¿No es cierto? Querías que todos te vieran así—.
Parpadeo estando de acuerdo. Para eso es lo único que tengo fuerzas. Él suelta mi cabello con un gruñido y deja caer mi frente en el hueco de su cuello. Sus caricias son erráticas ahora, como si estuviera acercándose a su clímax.
Ahora que mi cuello no está tensado, puedo respirar bien. Mis dedos se hunden en su cabello. Así es pacífico. Su violencia, su agresión me tranquilizan. No quiero nunca abandonar sus brazos, este cuarto. Quiero estar con él para siempre.
Mis ojos se abren ante la idea. No. No para siempre. Esto no es para siempre.
—Frota tu clítoris. Quiero que te hagas venir—.
Todas las ideas se evaporan ante su orden y hago lo que dice. Toco mi clítoris y juego con mis hinchados pezones.
—Esto es lo que pienso al respecto— masculla. —Ni siquiera importa si estás cerca. Esto. Derribar cada puerta para poder llegar a tu coño. En lo único en que puedo pensar es en follarte, Rukia. Todo el tiempo. Cada hora. Estás en mi jodida sangre, y despedazaré a cualquiera que se atreva a tocarte—.
Es entonces cuando me vengo. Mi cuerpo se tensa, se pone rígido mientras me corro con su confesión… una confesión que parece ser arrancada de su misma alma. Eso agudiza mi orgasmo, lo hace mucho más poderoso y satisfactorio.
Lo siento correrse dentro de mí. Es solo entonces que me doy cuenta que está usando un condón. Estaba tan pérdida en la lujuria que ni siquiera supe cuándo se lo puso. Su orgasmo es uno silencioso, probablemente porque dijo mucho antes de este.
Me suelta y acaricia mi sudorosa espalda en círculos tranquilizadores. Su toque finalmente me calma, y sonrío adormilada.
Ichigo estaba celoso. Sí lo afectó. No recuerdo haber estado tan feliz desde hace mucho, mucho tiempo.
