Nota de la autora:
He estado ausente por mucho tiempo por lo que voy a subir varios capítulos a la vez. Agradezco a tod s los que me leen y espero le puedan dar oportunidad a las nuevas historias que estoy escribiendo.
Declaimer: Bleach y todos los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.
La historia es propiedad de Saffron A Kent, esta es solo una adaptación con fines de entretenimiento.
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Rukia
Las palabras son poderosas. Las palabras son jodidamente magníficas. Amo todas las palabras. Estoy volando hoy con la voz de Lana en mis oídos, todo porque Ichigo me dijo las palabras. "Estás en mi jodida sangre, y despedazaré a cualquiera que se atreva a tocarte."
Podría besar a Toshiro de nuevo solo para tener la misma reacción de Ichigo. Me hace preguntarme si todos son así, si es normal sentirse así, estar tan necesitado de algo. Llego a mi departamento y abro la puerta en ese momento todos los pensamientos acerca de besar a cierto peliblanco desaparecen cuando veo a Momo llorando en el sofá. Me apresuro a su lado.
—¿Qué pasa?— Ella resopla.
—Toshiro y yo rompimos—.
—¿Qué?— La abrazo de costado. —P-pero ¿por qué? — ¿Es porque me besó?, quiero agregar, pero no puedo, porque le va a hacer daño, ¿y si ella me culpa?
—Porque está siendo un idiota—.
—¿Qué pasó? ¿Qué… qué hizo él?— Le doy unas palmaditas en círculos. En cualquier momento, ella me quitará la mano y romperá esta amistad.
—Él me acusó de engañarlo— Arruga su rostro —Como si alguna vez hiciera tal cosa. No soy una puta—.
—¿Con Izuru? —
—¿Cómo lo sabes?— Momo sospecha.
Mierda. Mi gran boca. No sé si debería contarle lo que pasó esta mañana, que le mentí para poder verme con Toshiro y que luego me besó. Ese idiota. Ya le estoy mintiendo mucho a ella, o, mejor dicho, no estoy contándole nada. Miro el rostro manchado de lágrimas de Momo y pienso en todos los problemas que ha estado teniendo estos últimos días. ¿De quién es la culpa? ¿De los que luchan por algo que sucedió en el pasado? ¿O es mía? ¿Hice algo malo al juntarlos? Pero ellos se amaban. Era tan obvio. Si amas a alguien, deberías estar con esa persona, fin de la historia.
Dios, las cosas ya no tienen sentido. No puedo decir lo que está bien o mal. ¿El amor vale la pena todo este problema?
Decido que no puedo mentirle a Momo más de lo necesario. Ella es mi amiga.
—Eh, yo… bueno, lo sé porque…—
—Sé qué te besó— me informa.
Me tenso. Mi corazón late como un mazo. Por favor, no dejes que me culpe. Todos siempre me culpan.
—Lo siento, ¿está bien? Fue estúpido. No significaba nada. Apenas me tocó. Solo... —Mi voz es estridente por el pánico. —Tienes que creerme. No fue nada—.
—Oye, Rukia, por supuesto que te creo—. Momo es la que me calma, dándome palmaditas en la espalda. —¿Por qué no lo haría? Sé que nunca harías tal cosa, una movida con mi hombre o lo que sea, así que relájate—. Sus palabras son tranquilizadoras, pero mi corazón todavía está corriendo como si no entendiera qué demonios está pasando.
—¿Me crees?—.
Ella suelta una risa triste. —Sí. Es su culpa que te haya besado, la suya, no la tuya, ¿y que me lo haya arrojado a la cara porque cree que lo estoy engañando con Izuru?— Niega —Parece que ya ni lo conozco—.
—Fue estúpido, Momo. Creo que solo estaba celoso. Por favor, no rompan por eso— Estoy avergonzada porque no hace ni diez minutos estaba flotando en la adrenalina que causan los celos. No puedo verla así. No puedo soportar más desamor.
Las lágrimas comienzan a fluir nuevamente mientras Momo susurra.
—Quiero decir, siempre supe que él estaba enamorado de ti, así que tal vez fui estúpida para juntarme con él en primer lugar—.
—No. No eres estúpida. No hay nada estúpido en amar a alguien—. Agarro sus manos. —Tiene que haber una manera para que ustedes puedan resolver esto. Este no puede ser el final—.
—Yo tampoco quiero— Se encoge de hombros —He estado pensando estos últimos días y creo que tal vez, está bien no obtener lo que quieres. Sí, lo amaba, o pensé que sí, pero juntarme con él no era mejor. Pensé que lo sería, pero creo que estábamos más cerca el uno del otro como amigos. No deberíamos buscar historias de amor donde no las hay—.
Tengo una nueva sombra. Su nombre es Bambietta Basterbine. Ella me sigue a todos lados. Un día me sorprendió en el baño de mujeres en el segundo piso de la Soul Society. Siempre he pensado que es demasiado arriesgado ir allí, pero soy conocida por no haber seguido mis propios consejos. Acababa de salir de la oficia de Ichigo y necesitaba recomponerme después que él me hizo añicos. Ella estaba en el lavabo cuando entré y me lanzó una mirada curiosa.
—¿Estás aquí para ver al Kurosaki-sensei?—.
—S-sí. Nosotros, eh, tenía algunas preguntas—.
El agua corriendo llenó el silencio cuando desvié la mirada. Luego ella preguntó.
—Eres nueva, ¿verdad? ¿La escritura creativa no es tu especialidad? —.
—No, no lo es—. Todavía no tengo una especialización, pero no necesitaba saber eso.
Cerrando el grifo, sacó un pañuelo de papel y se secó sus manos.
—¿Así que nuestro poeta estrella te atrajo a esto?—
—No. Tengo un amigo que insistió en que tomara la clase—.
—Bueno, buena suerte. Estoy aquí si me necesitas para algo. Como dije, soy excelente en los roles de género en la literatura—.
Después de ese encuentro, veo a Bambietta en todo el campus. Ella me saluda desde el pasillo o me sonríe desde el otro lado de la calle. No me gusta eso. No me gusta que ella me vea. En esos momentos, es difícil mantener mi promesa a Ichigo sin remordimientos. En esos momentos, desearía poder ponerlo sobre mi piel para que pueda controlar mi ansiedad y este sentimiento pesado y oscuro dentro de mi pecho.
Porque no importa. Ninguna cantidad de acusaciones o miradas o culpabilidad me harán renunciar a esto, lo que sea que Ichigo y yo tengamos. No voy a renunciar a esto, porque Ichigo está feliz. Bueno, no feliz, feliz. Está demasiado abandonado para eso, demasiado en un amor no correspondido, pero ríe sin amargura. Una risa que realmente suena como tal. Pensé que nunca lo vería reír de esa manera.
Pero él lo hace conmigo. Su risa es rica y oscura, como todo lo demás sobre él, y yo saco eso de él.
—Tu oficina es muy aburrida, Ichigo. Quiero decir, beige, ¿en serio?—. le dije una noche cuando estaba allí, sentada en su regazo.
—¿Qué preferirías tú? ¿Morado? —.
—Duh, ¿qué más? ¿O que tal del color de mi tatuaje?—. Moví mis caderas, sintiendo el bulto de su erección entre mis muslos.
—¿Eso es cierto?—
—Ajá—
—Excepto que es mi tatuaje y estás aquí todas las noches y juego con él con mi lengua—. Me lamió el costado del cuello y me susurró al oído. —Hasta que me estás rogando que deje de hacerlo, pero en secreto esperas que no lo haga. ¿Ese es el tatuaje del que estás hablando?—.
—Eres un idiota—.
Él se rio entonces, echó su cabeza hacia atrás y miró al techo. Estaba aturdida. Nunca lo había visto hacer eso antes. El sonido rodó sobre mi carne, empapándome de nueva lujuria y excitación, pero era más que eso. Era el hecho que le había dicho la misma frase innumerables veces en el pasado, pero nunca se había reído de ella. No estaba diciendo nada nuevo o particularmente gracioso, pero lo escuchó de esa manera.
Ichigo estaba feliz. Cuando eres feliz, te ríes de los chistes más patéticos. ¿Cómo puede ser la felicidad incorrecta? ¿Cómo puede algo de esto estar mal si el resultado final es la risa y la paz momentánea? Cuando tengo dudas o cuando no puedo dormirme en mi suave cama y tengo que acurrucarme en mi fría bañera o dentro de mi armario, pienso en su risa. Pienso en cómo se ríe cuando trepo por su cuerpo como un mono en su desesperación. Se ríe cuando me enojo con él por robar mis dulces, como si yo le robara sus cigarrillos. Se ríe cuando ve mis calcetines de lunares. Se ríe cuando insisto en usar esos ridículos sombreros rusos de piel; sus palabras, no las mías. Se ríe cuando le digo que es el peor maestro que haya tenido alguien, que sus asignaciones en casa son estúpidas. Se ríe cuando me folla y me siento demasiado necesitada para mi orgasmo. Se ríe cuando mis palabras tartamudean mientras leo mis poemas y monto su polla. Se ríe, y ríe, y ríe, y me pregunto, si no lo hubiera perseguido con una locura unilateral, ¿se habría deteriorado en la ausencia de Orihime?. Así que tal vez todo esto sea algo bueno, todo el sigilo, romper las reglas, joder al universo. Todo vale la pena. Por Ichigo. Aunque no es aconsejable, sigo construyendo castillos en el aire. Sigo pensando en mí misma como una Cenicienta y en él como mi deslumbrado, roto y perverso Príncipe Azul. Solo me pregunto qué vaa pasar cuando la verdadera Cenicienta regrese y lo haga todo brillante y completo. Él no me necesitará entonces. Él no necesitará a su zorra princesa falsa.
