Declaimer: Bleach y todos los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.
La historia es propiedad de Saffron A Kent, esta es solo una adaptación con fines de entretenimiento.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Ichigo
Me toma unos minutos salir de mi estupor. Se ha ido.
Se fue, sola, en mitad de la noche. La veo correr por calles oscuras, llorando, sus salvajes cabello volando, hecha un desastre. ¿Y si tropieza y cae? Tiene facilidad para hacer eso. ¿Y si choca con un chico? ¿Un borracho que no puede ver bien, mucho menos entender el significado de la palabra no?
Rukia es sólo… una niña. Tan joven y frágil, pero valiente también… lo bastante valiente para estar conmigo, para soportar mi abuso. Su coraje me deja atónito. Su valentía ilumina mi cobardía.
No puedo dejarla ir así. No puedo. No puedo dejarla. Punto. Mientras tiro el cigarro por la ventana y abotono mi camisa, me quedo quieto. Me asusto. ¿No soy siempreasí? Todo este tiempo, todas esas noches que ha venido a mí, siempre ha estado sola. Ha caminado esas calles sola, desprotegida, probablemente sin una preocupación porque estaba ansiosa por llegar a mí.
Y he estado igual de ansioso. He estado igual de loco porque llegue a mí, por lo que nunca ni una vez lo cuestioné. Nunca ni una vez cuestioné cómo llegaba aquí. Nunca le pregunté si era cuidadosa o si se encontraba a alguien de camino, o si es seguro para ella caminar de noche.
Nunca le pregunté nada. Sólo tomé y tomé, como siempre hago. Estoy tan envuelto en mi cabeza que nunca me preocupé por nada más… ¿pero no se lo dije ya? ¿No le advertí? ¿Por qué siguió volviendo? ¿Por qué continuó ofreciéndose a mí como un jodido sacrificio? Le dije que lamentaría esto.
Mi cabeza duele, arde. Necesito arreglar esto, pero tercamente no me muevo de mi lugar. No me moveré. Se lo dije. No es mi culpa que se fuera llorando, que creyera que esto era más de lo que era.
Estoy arraigado en mitad de la habitación cuando hay un clic y la puerta se abre. Por una fracción de segundo, pienso que es Rukia y mi cuerpo sale de su mortal quietud… pero no lo es. Es Bambietta.
Tiene un montón de papeles metidos en los huecos de sus brazos. Incluso tan tarde en la noche parece serena, su cabello perfecto.
—Vine para tomar algunos papeles de último minuto a mi oficina para mañana— explica, haciendo un gesto hacia los papeles. Mañana Bambietta y yo vamos a Nueva York a una convención de poesía. Volveremos el lunes, con suerte con un montón de inscritos para el semestre siguiente, dado que soy el cebo, el poeta más joven en ganar una beca para genios.
—Rukia Kuchiki— dice, su comportamiento frío. —Estás teniendo una aventura con ella—. La llama aletea a la vida en mi abdomen y tenso mi cuerpo por la primera descarga eléctrica de calor. No importa cuál es la situación, su nombre es lo bastante poderoso para afectarme profundamente.
Ni confirmo ni deniego. Aventura no es cómo describiría lo que Rukia y yo tenemos. No, es más… complicado que eso, con más capas. Sórdido. Puro. Es más de lo que podría alguna vez poner en palabras.
Y ahora mismo, está ahí fuera sola por mí. No es mi culpa.
—¿Qué, no hay respuesta? ¿Qué sucedió con todo tu humor sarcástico?— Bambietta sonríe con suficiencia, negando.
—Ve al punto— me las arreglo para farfullar, rechinando mis dientes.
—Así que no lo niegas, entonces. Estás, de hecho, acostándote con una de tus estudiantes. Jesucristo. Sabes, no lo creía. Sabía que había algo sospechoso con todos esos encuentros que tenían aquí que extrañamente requerían que ella fuera al baño de mujeres después, y entonces, imagina mi sorpresa cuando te encuentro aquí en mitad de la noche después de ver a Rukia salir corriendo del edificio—. Sus ojos me disparan dagas de hielo —Enhorabuena, Kurosaki-sensei. Eres tanto un profesor incompetente como un ser humano patético—.
Estaba corriendo. Eso es todo en lo que puedo pensar. Estaba corriendo cuando se fue, y sé que se resbalará o tropezará y caerá. Necesito llegar a ella antes que suceda. Mis pies se mueven, pero entonces se detienen en seco ante las siguientes palabras de Bambietta.
—Qué pedazo de mierda eres, Ichigo. Estás casado. ¿Acabas de tener un hijo y esto es lo que le haces a tu esposa? ¿Dormir con una estudiante a sus espaldas?—.
Sí, un pedazo de mierda. Eso es lo que soy. Soy un puto pedazo de mierda que sólo piensa en sí mismo. Soy egoísta, incompetente, patético. Sus insultos suenan como mi propia conciencia, la conciencia que estaba enterrada bajo mi ira hacia Orihime y mi necesidad por Rukiaa. Está surgiendo ahora, junto con la náusea.
—¿Qué quieres? —.
—¿Qué quiero? ¿Es eso todo lo que tienes que decir? Has roto un millar de reglas de la escuela, por no mencionar romper con éxito tu matrimonio. Orihime nunca te perdonará por esto, lo sabes, ¿verdad? —.
—Lo que Orihime haga no es asunto tuyo—. Me dejó. Empuño mis manos para retener mi impaciencia. —Lo que quiero saber es qué planeas hacer con la información—.
—Claro, déjame darte una descripción detallada—. Sonríe tensamente. —Primero, voy a ir con Ishida y contarle todo. Estoy segura de que, siendo tu amigo y todo, intentará salvarte de alguna manera, pero no me detendré ahí. Después de él, iré al decano. Estoy segura que tendrá algo que decir cuando le cuente que su poeta estrella está acostándose con una estudiante—.
El dolor de cabeza explota. —Te lo pregunto de nuevo, ¿qué quieresde mí? Su rostro está manchado con rojo por su ira—.
—Lo que quiero es que dejes tu trabajo. Merezco ese puesto más de lo que jamás lo merecerás—.
—¿Y si no lo hago?—.
—Entonces prepárate para ser despedido de todos modos, porque no voy a callarme esto. Así que, es realmente tu elección, Ichigo: ¿quieres ser despedido y deshonrado, o quieres irte en silencio?—. Antes de irse, añade —Vuelve al lugar del que viniste, Ichigo. No perteneces aquí—.
Cierro mis ojos con fuerza. Estrellas blancas pulsan detrás de mis párpados, temporalmente cegándome con el dolor y la ira. No puedo volver. Necesito este trabajo. Necesito quedarme en esta ciudad. Los pensamientos flotan dentro de mi cabeza por defecto, como algún tipo de recuerdo que no dejará de reproducirse. Continúan una y otra vez, hasta que las palabras cambian y se convierten en algo más. No quiero regresar porque de donde vengo, no está Rukia.
La sorpresa es suficiente para que mis piernas dejen de funcionar, y salgo corriendo. Corro y corro, haciendo exactamente lo que Rukia ha estado haciendo todas las noches, exactamente lo que hizo esta noche. Me detengo en seco, justo delante de su edificio de apartamentos. No sé cuál es su piso porque nunca me molesté en detenerme lo suficiente para averiguarlo. La dejaba y me largaba de allí. Jadeando, estiro el cuello y miro a la cima del edificio. No puedo imaginarla viviendo en ninguna otra parte que en la cima. Pertenece al cielo. Pertenece con las estrellas. Es brillante y llamativa.
Pero más que eso, es aterradora. Rukia Kuchiki es jodidamente aterradora, y no sé qué hacer con eso. Ahora que estoy aquí, no sé por qué vine. ¿Cuál es el propósito de todo ello? ¿Qué estaba esperando hacer? ¿Subir a su apartamento y tocar hasta que abra la puerta? ¿Y luego qué? ¿Disculparme? ¿Por qué? ¿Por decirle la verdad? ¿Por corregirla? No, esto es mejor. No tenemos futuro. Tal vez le dije esas cosas porque quiero que nunca regrese a mí.
No soy valiente. No sé cómo ser valiente, y no sé cómo hablar. Rechinando los dientes, me doy la vuelta y me alejo.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Me despierto por los ligeros pasos. Se están aproximando a mí. Los reconozco, esa ligera pisada. Orihime.
¿Estoy soñando? Ni siquiera recuerdo quedarme dormido. Mi cuerpo está curvado en un ángulo poco natural en el suelo. Abro mis soñolientos ojos y me doy cuenta que estoy en la habitación de Kazui, sentado bajo la ventana. Anoche, por primera vez en un largo tiempo regresé a casa antes del amanecer. Revisé a Kazui y luego caí en el suelo.
Parpadeo y encuentro a Orihime en el umbral. Ha vuelto. Me pongo de pie, cualquier sueño olvidado, todo el mundo olvidado ante la vista de ella. Susurro su nombre. Ahora que está aquí, su ausencia brilla incluso más. Recuerdo todas esas llamadas que hice, frenético y en pánico, los correos de voz que dejé ese primer par de días. Nunca volvió a mí. Después de eso, estaba demasiado cegado por la ira para llamarla.
O tal vez no era ira. Era el peso de todas las cosas incorrectas que he estado haciendo. Era mi lujuria, mi necesidad por alguien más. Cuando se fue, fue un pequeño beso, pero ahora mi lujuria tiene vida propia. Tiene un cuerpo, un corazón y un alma. Es fuerte y vibrante y ella necesita saber. Necesita saber la persona en la que me he convertido en los últimos diez días.
—Ichigo—susurra Orihime, avanzando. Nos encontramos en medio de la habitación.
—Orihime, necesito…—
—¿Me abrazas?— pregunta, delicada y vulnerable. Sus palabras me sorprenden. Es un golpe para mi ya caótico sistema. Es todo lo que he estado muriendo por hacer. Abrazarla. Mis brazos, mi pecho, hormiguean con recuerdos de sostenerla… pero hay algo más también. Hay alivio. No tengo que contarle sobre Rukia ahora mismo. Puedo abrazarla. Quiero abrazarla.
Egoístamente, tomo la salida que me da. —Sí—.
—Te extrañé…— susurra.
Asiento, pero las palabras recíprocas no salen. Me rodea con sus frágiles brazos y hago lo mismo. Se desliza en el lugar, metiendo su rostro en mi cuello, y la inhalo, su dulce y femenina esencia. Dejo que su desplomada postura se hunda en mí. Olisqueo la suave piel de su nuca y mi mirada cae sobre mi hijo. Suspira en su sueño como si supiera que esto es todo. Es donde mamá y papá lo han arreglado y ahora todo estará bien.
Al final, lo tengo todo. Este abrazo tiene todos los ingredientes para un nuevo comienzo. Esto justo aquí es lo que he estado esperando. Aun así, mi estómago se revuelve. Aun así, jadeo por aire. Aun así, mis pulmones se asfixian como si estuviera aferrándome con demasiada fuerza. Aun así, me siento como si esto fuera el final de algo y estoy muriendo.
