Declaimer: Bleach y todos los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.
La historia es propiedad de Saffron A Kent, esta es solo una adaptación con fines de entretenimiento.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Rukia
La nieve se ha derretido; o está en proceso de derretirse, y por debajo de esta, la tierra está emergiendo, cruda, húmeda y fea, pero de alguna manera todavía hermosa. Me gusta pensar que teníamos algo que ver con esto, Ichigo y yo. La fricción que producimos con nuestros cuerpos desnudos creó el fuego que disolvió el mundo helado.
Porque la forma en que nos juntamos fue mágica. Me hizo enamorarme otra vez. Casi podría ser una historia que me contaré cuando me esté muriendo. Era hermoso y correcto. Estaba mal y era feo, como la tierra bajo mis pies. Era trágico y extático. Era todo lo que había esperado que podría ser el amor.
Esta vez, sin embargo, lo haré todo bien. Cambiaré, seré una mejor versión de mí misma. No puedo soportar la idea de mi amor arruinando algo. Es demasiado puro, más puro que cualquier amor que hubiera antes de él o cualquier amor que viniera después.
Me lleva quince minutos llegar a mi destino: la espaciosa casa con un árbol colgando del techo. Sé que Ichgo no está ahí, está en Nueva York para la convención de poesía, pero aun así perdura su presencia. Su desagrado me hace arrastrar mis pasos. No estaría feliz si supiera que estoy aquí, sin ser invitada, pero esto es algo que tengo que hacer. Necesito hacerlo. Este amor es mi fuerza, no mi debilidad.
Golpeo; una vez, dos veces, y me quedo allí, acurrucada sobre mí misma. La puerta se abre y es Karin, la mujer que conocí hace unos días de la forma menos convencional. Le doy una pequeña sonrisa temblorosa, y la responde con un ceño fruncido y confundido.
—H-hola. Soy Rukia— le recuerdo, aunque sé que lo sabe. ¿Cómo iba a olvidarse? La chica que Ichigo trajo por la noche cuando su esposa no estaba en casa.
—Ichigo no está aquí—. Frunce sus labios.
—Lo sé. Es por eso que vine—. Amplío mis ojos con horror por cómo suena. —No. No, no quería decir eso. Se ha escuchado mal—. Suspiro. —Mire, sé que no le caigo bien. No me caigo bien tampoco en este momento. Sólo... necesito ver a Kazui—. Karin abre la boca para decir algo, pero me precipito. —Puede estar allí todo el tiempo. Sé que es una petición inusual y no tiene ninguna razón para confiar en mí, pero le aseguro que no tengo intención de hacerle daño. Amo a ese pequeño chico y él me ama también, ya sabe. Es decir, no soy buena con los niños. De hecho, no sé nada de ellos. Pero es tan... es una especie de amigo, y sólo quiero hablar con él, disculparme, y no tendrá que volver a verme—.
—¿Qué le hiciste? ¿Por qué tienes que pedirle disculpas?—. Me está mirando evaluadoramente.
—Yo, eh, prefiero decírselo a él. Por favor—.
Tal vez mi desesperación por hablar con un bebé de siete meses de edad, se abre paso en ella, o tal vez se apiada de una chica con lágrimas pegadas a sus pestañas. De cualquier manera, asiente y da un paso atrás.
—Cinco minutos. Me quedaré ahí todo el tiempo—. El alivio hunde mis hombros.
—Sí. Sí. Cualquier cosa—.
Doy un paso dentro de la casa de Ichigo, por segunda vez, y se siente peor que mi visita anterior. La luz del sol se derrama en la sala de estar y allí está; Kazui, jugando en su cuna. Los rayos del sol le hacen resplandecer, todo mejillas rosadas y rechoncha nariz.
El pequeño individuo con la barbilla babeante y mechones de pelo naranja demanda toda mi atención, como si la sala empezara y terminara con él. Siento una oleada de amor por él, algo muy parecido a amor materno, que es la cosa más rara que he sentido en toda mi vida, mis brazos duelen por la necesidad de levantarle y acurrucar su rostro en mi cuello. Me pongo de rodillas delante de él y sonrío, mirando sus ojos.
Está masticando un elefante bebé y lo abandona para sonreírme. —Ru... kiaaaa —grita.
—Hola, pequeñín. Te acuerdas de mí, ¿verdad?— Ondeo un dedo hacia él como siempre hago y lo agarra con su mano pegajosa.
Me agacho y coloco un suave beso en el pequeño puño que sostiene el dedo. Él se ríe entre dientes y continúa masticando su elefante. Recuerdo a Ichigo diciéndome que Nicky piensa que todo es comida.
—Oye, tengo un regalo para ti. Toma—. Me quito el sombrero de estilo ruso, éste es de color blanco. —Puedes quedártelo, a pesar que ya tienes mi favorito—. Le soplo besos de pececito, haciéndole reír—. Siento la presencia de Karin así que me apresuro a agregar. —Rompí el acuerdo— digo rápidamente, como hago con Ichigo cuando necesito sacar algo difícil de mi pecho. Me estremezco. —Hice un trato con tu padre. No fue nada formal. Fue sólo... una comprensión silenciosa, y confía en mí, sólo lo hice porque pensaba... que lo necesitaba. Yo lo necesitaba también, pero su necesidad era... mucho más grande que la mía, ya sabes, mucho más potente. Pero, rompí el acuerdo—.
Karin se mueve tras de mí, pero mantengo mi enfoque en el pequeñito. —Sé que no vas a entender lo que estoy diciendo en este momento, y es probable que olvides todo sobre mí, porque no creo que nos veamos más, pero quiero que sepas que no lo rompí a propósito; el acuerdo, quiero decir. Simplemente sucedió, bien. Nunca planeé… planeé, ya sabes, enamorarme de tu padre—. Aprieto mis ojos cerrados y suelto un bufido. —Pero haré lo correcto ahora. Estoy… estoy retrocediendo, Kazui. No tienes que preocuparte, está bien. No te tocaré. Mis errores no volverán para atormentarte—.
Las lágrimas se reúnen en mi garganta y mis ojos y trago para enterrarlas; no es que él bebé se entere. —Tu papá te quiere mucho. Él no es como mi padre. Nunca te dejará, y apuesto a que tu madre te ama igual, si no más. Y sabes qué, tu papá ama a tu madre tanto como te ama a ti. Así que... no te preocupes por nada—. Aspiro. —Lo siento por cualquier daño que te hice—. Me inclino y beso su frente. Él gorjea una risa. —Esta es la última vez que nos veremos, así que ten cuidado, ¿bien? Nunca te olvidaré—.
Con una última mirada a él, me levanto giro sobre mis talones y me encuentro cara a cara con la mujer más bella y de aspecto frágil que he visto en mi vida. Orihime.
Ella está... Ella está de vuelta.
Ella. Está. De. Vuelta. Justo cómo pensaba que estaría. Siempre lo supe, pero, aun así, parece increíble. Quiero reír, y luego me dan ganas de llorar. Soy prácticamente una desconocida y estaba divagando con su bebé como una persona trastornada. Me está estudiando con sus magníficos ojos y me siento tan avergonzada. Tan desnuda.
Soy la chica que se acuesta con tu marido. Yo. Soy la que se enamoró de él, la que sueña con él, la que probablemente seguirá soñando con él por el resto de su vida. Así que, puedes matarme si quieres. De hecho, te lo aconsejo yo misma.
—Eres buena con él— dice en su voz clásica, melódica.
—¿Qué?— chillo. En comparación, soy una hiena con cuerdas vocales rotas.
—Con Kazui. Eres buena con él—. Las notas musicales de su voz tropiezan sobre el nombre de su hijo, saliéndose de tono.
Ahora que la sorpresa inicial de ver al amor de Ichigo en carne y hueso se ha ido, la estudio con la mayor objetividad posible. Sus ojos están hinchados y enrojecidos, y su cabello castaño, aunque bello y suave, se ve demasiado raído. Tiene una gran bata de dormir blanca que se traga su cuerpo menudo. Parece aún más frágil que la última vez que la vi, pero parece en paz. Iluminada con una luz extraña.
—Yo, eh, no tengo experiencia con niños, pero Kazui hace que sea fácil, supongo—. Agrego. —Tienes una hermosa familia—.
Ella se pone rígida ante mi respuesta, y lamento haber dicho la última parte. Tengo que salir antes de estropear la tapadera y causarle problemas a Ichigo. En ese momento, escucho a Karin volver.
—Toma—. Ella me da un libro y lo miro confundida. —El libro. Estaba justo en la mesa y lo estuve buscando por todas partes—. Cuando todavía no lo tomo, continúa. —A Ichigo no le gusta cuando alguien toca sus libros, pero debe ser importante si te lo presto para los exámenes, ¿no?—.
Tomo el libro. —E-este, gracias—. Prácticamente corro fuera de allí y camino a toda velocidad hasta que la casa está fuera de la vista. Entonces paro en medio de la carretera y miro hacia arriba. El sol está fuera, y no puedo recordar la última vez que estuvo así de soleado. Se siente como si hubiera pasado mucho tiempo desde que vi el sol.
Envío un deseo al cielo claro. Por favor, que Orihime esté de vuelta esta vez para siempre. Por favor, dale a Ichigo lo que quiere. Deja que sea feliz. Por favor Dios.
Y entonces lloro todo el camino de vuelta a mi torre. No me gusta el jodido sol.
