Advertencias antes de leer este capítulo:
Mención de maltrato y abuso infantil.
Descripción de sueños perturbadores.
Mención de tortura
Recuerden que esto solo es ficción y nada más. No apoyo en lo absoluto los temas abordados en este capítulo y en general en el fic, pero sin necesarios para la trama.
Lean bajo si propio riesgo o pasen de largo si los temas anteriormente mencionados son temas sensibles para ustedes cómo lectores.
los personajes que aparecen aquí no me pertenencen, son de Gege Akutami.
Sombras se mueven entre las rendijas de la puerta de aquel estrecho armario, apenas iluminado por la poca luz que se filtra y que hacía ver aquellas sombras aún más aterradoras.
Los ruidos que se oían eran igual de atemorizantes; gritos y jadeos que iban en aumento y un golpeteo en la pared con algo duro, haciendo que quedarse quieto ahí sentado en la esquina, fuera más fácil y no desobedecer la regla tácita que su madre le había metido en la cabeza desde que puede recordar.
—No te muevas de aquí, no hagas ni un maldito ruido y por nada del jodido mundo salgas de aquí, entendiste…si lo haces me las pagarás.
Puede sentir las uñas largas clavarse en sus mejillas y sus ojos escocer al no poder parpadear; para no perder de vista esos ojos oscuros e intensos que lo aterran, el rostro pálido y grácil arrugandose con una mueca de desagrado y molestia, los labios pintados de carmín en un eterno mohín.
Siempre pensó que su madre era hermosa; una belleza japonesa en todo su esplendor, pero solo bastaba verlo a él para que esas suaves facciones se endurecieran y perdiera todo su encanto. Esto siempre pasaba cuando el cielo se oscurecía, porque el resto del día su madre se dedicaba a dormir, mientras él se quedaba sentado en el piso de su pequeña y decadente sala de estar con la pequeña vieja televisión a bajo volumen puesta en las caricaturas. A veces ella dejaba un poco de cereal en un plato con leche para que desayunara y otras veces cuando su estómago no aguantaba el hambre, iba y buscaba en la pequeña nevera algunas sobras de comida para llevar que aquellos tipos que frecuentaban su casa dejaban.
En cuanto escuchaba el traqueteo de los zapatos altos y cosas moverse en la habitación de a lado, se apresuraba a limpiar si había jugado con sus juguetes; los cuales apenas eran dos cochecitos y un rompecabezas de diez piezas que ya quedaba a deber tres, poniéndolos debajo del viejo sofá donde nadie pudiera verlos, tiraba el contenedor de plástico o bolsa donde había encontrado la comida y apagaba la televisión.
—¡Satoru!...¡Satoru! ¡¿Dónde carajos dejaste mi espejo de mano?!. — la mujer de cabello negro ya amarrado en una coleta alta y que ya vestía shorts negros de cuero junto a un top dorado en su pecho grito abriendo la puerta de la habiatacion.
El ruido de los tacones en la baldosa desgastada era un ruido en particular que a Satoru le desagrada, más cuando esté se oye acercarse a él, porque sabe que enseguida sentirá la mano de la mujer en su brazo enterrando sus uñas largas y jalarlo hasta ponerlo de pie y llevarlo a la habitación.
La puerta del armario ya está abierta y nunca está iluminado porque el foco se fundió hace mucho y nadie lo ha reemplazado. La mujer lo mete ahí y Satoru se sienta enseguida, buscando detrás de unas botas de cuero aquel objeto tan preciado y redondo que cabe en sus dos manos, se lo extiende a la mujer y esta se lo arrebata, de paso arañando su mano con esas condenadas uñas largas.
Recarga su pequeña espalda en la pared dejando que parte de su cara se esconda por la obscuridad y la ropa que cuelga sobre de él, y ve como la mujer se termina de arreglar; como pone algo en sus párpados que le dan color —Uno marcado y chillón— junto a otra cosa negra que hace que sus pestañas se vean más largas y amontonadas, ve que por último se pone esa cosa extraña que pinta sus labios de rojo y cuando acaba pone el espejo sobre la cama, se levanta para ir al baño y encerrarse ahí.
Satoru aprovecha para salir rápidamente del armario y tomar el espejo nuevamente. Regresa al interior del pequeño espacio y vuelve a poner el espejo detrás de las botas, se vuelve a sentar como si no se hubiera movido y al segundo siguiente escucha que tocan la puerta con rudeza e insistencia, lo que hace que el aliento se le atore, su pecho lo sienta latir con fuerza y su cuerpo empieza a temblar. Desde donde está sentado se alcanza a ver la puerta del pequeño departamento y puede ver las sombras de alguien afuera parado, aparta la mirada cuando ve que su madre sale rápidamente del baño y se dirige hacia él.
—Ya sabes que tiene que hacer, nada de ruido y por nada del mundo salgas de aquí Satoru o te lo juro que me las pagarás. —su madre susurra molesta.
Cierra la puerta y Satoru hace lo que se le pide.
Después de un rato de estar ahí y al ver que las sombras se ven más cercanas y las risas junto a las conversaciones ahora se hacen en la habitación donde él está, saca el espejo y lo pone frente a su cara; aún le sorprende lo que ve, alguien con grandes ojos azules como el cielo que ve a través de la ventana o en las caricaturas de la televisión, el cabello de esta persona en el espejo es de un blanco como la nieve o lo que sería según también las caricaturas que ve.
En ese entonces si le hubieran dicho que lo que veía no era más que su propio reflejo, se hubiera sentido decepcionado, pues esto le ayudaba a no sentirse solo ni atemorizado por lo que pasaba fuera de esa puerta, le desviaba la atención de cualquier cosa y solo se concentraba en observar a esta otra persona ahí, porque si, para el Satoru de cuatro años este era otra persona que le hacía compañía y con quién tenía conversaciones dentro de su cabeza para conocerse más.
—¡No se de lo que estás hablando!.
—¿Crees que soy estúpido? Si no se te ha dicho nada es porque estamos esperando a que crezca más, sabes que no puedes esconderlo por siempre.
Satoru jadea sorprendido dejando caer el espejo de sus manitos cuando la puerta del armario se abre de golpe dejando ver esa sombra aterradora claramente, a excepción que ya no es una sombra, es una persona alta y robusta con cara seria e intimidante. En cuanto posa sus severos ojos en él, estos brillan con algo que Satoru no sabe que es, pero que le hacen sentir mucho miedo.
—Oh pero si ya ha crecido mucho, ven muchacho déjame verte bien.
Satoru siente como es jalado del cuello de la camisa verde que está usando hacia afuera del armario con facilidad, el hombre lo deja de pie sin problema alguno y se aparta dos pasos hacia atrás y vuelve a verlo; recorre desde su cabeza hasta sus pies y esa sensación de miedo aumenta al grado de que ya está temblando otra vez.
—Apenas tiene cuatro años no te va a servir para nada, no sabe hacer nada, ni siquiera habla, deja que cumpla por lo menos seis…
—¡Callate! ¿Es que no lo ves? tienes una maldita mina de oro frente a ti. Pero qué digo, una puta como tú no sabría distinguir entre la mierda y un tesoro.
El hombre regresa su mirada desdeñosa hacia Satoru quien se tensa cada vez más.
—Quizás no sirva para el negocio pero puede hacer otras cosas, conozco gente que pagaría mucho por él. Míralo, esos ojos son...hermosos y su cara es bonita...vamos, que poniéndole una faldita puede hacernos ganar muchísimo dinero. ¿No Satoru-chan?.
El aliento de ese hombre es desagradable y huele horrible pero Satoru no puede hacer nada ante el agarre de acero en su mandíbula y los dedos del tipo también enterrándose en su piel. No entiende nada de lo que ha dicho pero algo en su interior le grita que corra y se ponga a salvo.
—Pe-pero es solo un niño, no sabe de esas cosas y no servirá de nada, hazme caso, cuando tenga seis años lo podemos mandar como repartidor… —La azabache farfulla un tanto atemorizada, sin embargo no pudo terminar de hablar cuando aquel tipo se endereza en toda su altura y en dos zancadas llega a donde está soltandole un puñetazo en toda la cara, haciendo que chocara con un mueble que ocupaba como mesita de noche.
La mujer se retorcía en el piso mientras sollozaba y no quitaba sus manos de su cara.
—¡¿Que va a saber una perra como tú?¡ ¡dedícate a lo que sabes hacer maldita ramera y al menos enséñale a tu bastardito que es lo que va a hacer cuando mañana lo lleve con el jefe¡ va a estar muy complacido — el hombre dijo riendo por lo bajo regresando su mirada hacia Satoru. —Aaghh que puto asco, ya se orino. Ey tu, limpia las porquerías que hizo tu bastardo, mañana vendré por él así que alistalo y que no vaya a hacer estas porquerías con el jefe o lo van a matar.
Satoru no siente nada en su cuerpo más que algo cálido entre sus piernas que poco a poco se va tornando frío, no supo en qué momento el tipo aterrador se fue, ni cuando su madre se levantó del piso, cuando menos sintió ya la tenía enfrente gritándole tantas cosas que no entendía, haciendo muecas fieriosas mientras meneaba una de sus manos frenéticamente y con la otra lo agarraba de su camisa y lo sacudía con fuerza.
—¡Maldito niño como no te aborte!.
2013
Satoru abre los ojos y se enderezó de golpe jadeando con fuerza en medio de la noche; está sudando a mares mientras respira con dificultad, la boca la siente seca y raspa al tratar de respirar por ella, siente que los ojos le escuecen y sin poder evitarlo gruesas lágrimas empiezan a caer de sus ojos, siente una inmensa tristeza que oprime fuertemente su pecho, así que levanta sus manos y se cubre el rostro en un intento por dejar de llorar. Sin embargo no funciona y de un momento a otro está jadeando desesperado, todo se cierne sobre él; las paredes, sus problemas, los recuerdos, los rostros de personas que ha tenido que matar, todo lo malo que ha tenido que hacer para que sus hermanos estén en paz y tengan lo que se merecen a manos llenas.
—Satorunii ¿estás bien?.
Satoru quita las manos de golpe de su rostro y voltea a su derecha y ve a Yuuji sentado en seiza sobre la cama. Aún con la tenue luz que entra por la ventana cerrada, puede ver bien los ojos café caramelo, la nariz de botón y la boca en una mueca preocupada. Olvidó por completo que había dejado que Yuuji durmiera con él porque había tenido una pesadilla. Antes esto le hubiera irritado, pero ahora le causaba una especie de satisfacción saber que Yuuji a sus diez años lo buscará a él para protegerse y sentirse seguro.
No obstante también le preocupaba que en unas semanas tenía que irse a su propio departamento, pues por fin había cumplido 18, ¿quien sería el que velará por los sueños de su chico favorito? ¿a quienes recurriría Yuuji para poder sentirse a salvo?. La respuesta le llegó al instante, pues a Kento y Yuu les quedaba todavía un año y después quizás Megumi o Nobara. Tenía la intención de decirle a Yaga que él tomaría la tutoría de Yuuji y llevárselo a vivir con él, pero no se lo permitirían de ninguna manera, en especial Utahime. Entendía perfecto porque y estaba bien, solo todo era una mierda y odio un poco más toda su situación.
No había escapatoria ni en sus sueños ni en la realidad.
—Estoy bien Yuuji, solo un mal sueño, —Satoru volteo la mirada para secar sutilmente las lágrimas y ver si se habían despertado Suguru o Shoko. Vio que no había un solo movimiento más que el movimiento de sus cuerpos al respirar acompasados por seguir durmiendo. Notó que esa noche él no era el único acompañado, pues Junpei yacía durmiendo como estrella de mar con Suguru. — Espera tantito, deja me voy a cambiar y regreso.
El albino esboza un sonrisa torcida tratando de transmitir calma, a lo que Yuuji solo asintió y se volvió a recostar en su lado de la cama abrazando un pequeño peluche de forma rara y asimétrica, regalos que hacía Yaga para los más pequeños.
Satoru se dirigió rápido a la puerta de su pequeño armario y antes de abrirlo sintió algo frío recorrer su espina desde la base hasta la nuca, pues el recuerdo de la puerta del armario de su sueño se hizo presente como un destello fugaz y desagradable.
Se detuvo un segundo para respirar hondo, tomó el pomo de la puerta, la giró y abrió, tanteó la pared a su izquierda encontrando el interruptor de luz y fue que el pequeño foco se prendió dejando ver su ropa colgada en el perchero y otra doblada en las divisiones. En el piso una hilera de zapatos deportivos, de vestir y unas botas de casquillo gruesas, esa sensación desagradable nuevamente regresó y sin más la volvió a ignorar. Tomó otra camisa de manga larga negra y unos chándales grises, apagó la luz y cerró la puerta ahora dirigiéndose hacia el baño.
Contrario a la creencia popular que tenían sus hermanos hacía con él, Yuuji era muy perceptivo, tampoco era la primera vez que dormía con su hermano Satoru, he incluso llegó a oír también a Shoko y Suguru gimotear en sueños, a veces despertándose alterados o simplemente llorando, cosa que no entendía porque cuando el tenía pesadillas, solo abría los ojos y rápidamente escaneaba el lugar para darse cuenta que seguía oscuro y en seguida bajar de su cama e ir con quién sabía lo protegería de cualquier sombra o monstruo que quisiera atacar, como el de las películas que luego veían, así que ver así a Su querido hermano le causaba un gran pesar, aunque le dijera que todo estaba bien, dentro de su pecho y su cabeza algo le decía que no era verdad y que debía mantenerse cerca para que Satoru estuviera bien.
Yuuji escuchó la puerta del baño abrirse y cerrarse nuevamente y vio la silueta de Satoru regresar a la cama, subirse y acomodarse a su lado tapándolos con las cobijas.
—Satorunii, si quieres puedes abrazarme como lo hace Suguru con Junpei para que duermas bien toda la noche.
Satoru vio fijamente a los ojos caramelo que se veían negros por la baja iluminación pero que no perdían su brillo, era lo único que veía de su rostro parsialmente oculto por el peluche en sus manos.
—¿Yuuji será mi esponjoso peluche contra los monstruos? —Satoru dijo bajo y cantarino, y rió al ver el ceño fruncido de Yuuji —Está bien, está bien, acepto tu generosidad Yuuji, ven te apretujare mucho .
Satoru atrajo a Yuuji en un abrazo apretado, incluso abrazando sus piernas con las propias, dejándolo inmovilizado, cosa que hizo reír a Yuuji. Satoru en un intento por callarlo para que no despertara a los demás metió su rostro en su pecho, pero solo logró hacer que Yuuji riera más y se removiera para liberarse de su agarre. Satoru se rindió aflojando sus brazos y piernas dejando que Yuuji sacara la cabeza como si hubiera estado hundido en el agua.
Definitivamente la risa de Yuuji era algo que Satoru extrañaría una vez se mudará y esos momentos que compartían.
—Ya, ya es hora de dormir Satorunii — Yuuji estiró sus brazos para rodear la cabeza de Satoru dando pequeñas palmadas consoladoras y recargando su propia cabeza con la del albino, no dejando a Satoru más que acomodarse en el pequeño y menudo pecho de Yuuji. Sintiéndose extraño por ser él el mimado en vez del más pequeño, sin embargo, esto se sentía reconfortante, agradable...y seguro.
Satoru no dejó perder más tiempo para abrazarse al torso de Yuuji y dejar que siguiera palmeando su cabeza mientras tarareaba por lo bajo una canción, quizás de cuna. Pronto dejó que la pesadez del sueño lo venciera, y antes su cabeza hubiera dado inconscientemente un repaso al horrible sueño que tuvo. No obstante, no pensó en nada, ni soñó con nada, durmió tranquilo.
2021
—No tengo nada en contra con que se esté quedando aquí, pero por el amor de dios que haga algo por levantar su trasero de la sala, está haciendo un hoyo en el sofá. —Kugisaki murmuraba molesta aun lado de Megumi quien preparaba el desayuno y su bento para ese día.
Hacía veinte días que Satoru se había auto invitado a pasar el tiempo en el departamento de sus hermanos menores y hacía un mes de la muerte y velorio de Kechizu.
Durante los primero diez días después del velorio, Satoru no durmió en lo absoluto; la cama en su departamento la sentía inmensa y sentía que se lo iba a tragar en cualquier momento, los sofás de cuero blanco de su sala eran incómodos —aunque la vendedora le juro que eran los mejores—, sin contar que en cuanto cerraba los ojos y se permitía descansar, soñaba con el día del accidente de Kechizu. Su cabeza no conforme con eso, le agregaba aún más tetricidad, pues el cuerpo de su hermano se levantaba completamente chamuscado y caminaba hacia el sin detenerse hasta que lo tenía de frente y lo señalaba con un dedo carbonizado y a usadir, le gritaba que todo era su maldita culpa y que el que seguía...sería Yuuji.
Cuando no era ese sueño, era el de Yuu levantándose de dónde lo encontraron en el fondo del puente Yasoyashi, e igual caminaba hacia él, lo señalaba con su dedo roto y le gritaba lo mismo.
Su pesadilla menos favorita y que se convirtió en algo aún más aterrador fue la del armario; ahora no era él mismo de pequeño, era Yuuji; alargandose hasta dónde fue presentado con aquel jefe dueño de su madre y veía como Yuuji era llevado a un cuarto, encerrado ahí con otros sujetos y solo podía escuchar gritos desgarradores y por más que golpeara, patera y arañaba la puerta, está no se abría. Así que definitivamente necesitaba dormir y descansar porque todo eso se estaba acumulando y no lo dejaba trabajar, no podía tener la mente enfocada, así que dejó que Suguru y Shoko se encargarán de todo bajo las sombras y que Yuuta se desenvolviera en el ámbito legal.
Para variar estaban por tener una auditoría, pues de alguna maldita forma unos agentes se hicieron con uno de los autos importados de la agencia Gakuganji lleno de metanfetamina y aún no daban con quién era el responsable ni mucho menos que había pasado, así que Satoru necesitaba recuperarse y regresar con energías renovadas, trazar un plan para que la familia Ryomen pagará por lo de su hermano, resolver el problema del carro confiscado, seguir con la distribución de la mercancía y apoyar a Yuuta con todo lo demás.
¿Cómo encajaba el que él estuviera los últimos veinte días en casa de sus hermanos? Fácil, Yuuji era el único que podía darle la paz y tranquilidad para dormir. Lo malo, que este llegaba a las 7 u 8 de la mañana del trabajo, dejándole solo tres horas de plácido sueño antes de irse a trabajar, o mejor dicho, de ir a torturar empleados que le dijeran qué carajo había pasado para que dicho auto con mercancía importante fuera a dar a manos policiacas.
Satoru era quien se encargaba de los interrogatorios, tenía la paciencia e ingenio para sacar la verdad, contrario a Suguru, quien se aburría rápido y Shoko terminaba por volarles la cabeza frustrada.
Maldita sea, no dormir lo tenía con los nervios y el humor como la mierda.
—Dejalo Nobi, no se ha sentido bien—Megumi le dijo a la castaña pasándole dos platos con pescado salteado y arroz blanco —Yuuji ya no tarda en llegar, por favor dile que hoy viene Choso con Ezou a medio día, yo tengo que irme, tengo clase a las siete y posiblemente no regrese para la comida.
—Si yo le digo —Dijo Nobara con desgana, dejando los platos del desayuno en la mesa —Satoru, ven a desayunar.
Satoru salió de su ensoñación al escuchar la voz de su hermana, estirando todo su cuerpo en automático antes de ponerse de pie y dirigirse hacia la mesa donde sólo vio tres platos para el desayuno.
—¿Megumi no vas a desayunar? — pregunto levantando una de sus cejas albinas.
—No, debo irme, tengo una clase a las siete y de todas formas llevo algo para el camino. Que no se les olvide que Choso viene a medio dia —Megumi dijo, lo último un poco más fuerte para que ambos escucharán, como sabiendo que de alguna u otra forma lo olvidarian y Choso tendría que marcar para ver dónde diablos estaban sus hermanos.
Si, ya había pasado anteriormente y no solo con Choso.
El ruido de llaves contra el metal los hizo voltear a los tres hacia la entrada del departamento, en donde enseguida se abrió dejando ver a Yuuji.
Aún con las ojeras bajo sus ojos y su semblante cansado les dió a los tres una gran sonrisa.
—Buenos días, estoy en casa.
—Bienvenido —Dijeron los tres, siendo Satoru el más animado en cuanto lo vio.
—Que bueno que llegaste Yuuji ya estamos por desayu…— Satoru fue interrumpido por una llamada de su teléfono y que sacó rápidamente de la bolsa de su pantalón de vestir. Tenía una forma de identificar las llamadas del trabajo y las familiares, era algo que Suguru en un principio vio innecesario pues se debían contestar todas las llamadas en general, sin embargo, en el caso de Satoru le era más fácil escaquear de alguna tarea o de contestar en un mal momento, en especial cuando Yuuji marcaba y el estaba en algún trabajo. Así que al escuchar el tono de llamada de la marcha imperial supo que era del trabajo, en específico Shoko.
—Dime.
"Satoru es urgente que vengas...atraparon a uno de los choferes que traslado la mercancía de la familia Ryomen al punto seguro esa noche"
La llamada terminó dejando a Satoru estático en su lugar.
—Satoru ¿Estás bien?, ¿Quién era? —Yuuji pregunto viéndolo interesado, ya se había acercado para sentarse a la mesa después de dejar su chamarra y mochila en el perchero de la entrada y sus zapatos en el genkan, andando descalzo porque Satoru tenía sus mullidas pantuflas.
—Trabajo, lo siento Yuuji, chicos tengo que irme es una emergencia.
Satoru se descalzó la pantunflas dejando señas a Yuuji y en tres zancadas llegó a la entrada poniéndose rápidamente sus zapatos de vestir, antes de salir y cerrar la puerta se detuvo y se volvió hacia los chicos.
—Yuuji a medio día viene Choso...y no me esperen a cenar.
Satoru salió cerrando la puerta. Yuuji, Nobara y Megumi miraban la puerta un tanto impresionados.
Megumi fue el primera en salir de la impresión tomando su mochila y una más pequeña con su comida.
—Entonces me voy, le decía a Nobara que quizás no llegue a comer, así que nos vemos en la cena.
Megumi se dirigió también al genkan cambiándose a unas zapatillas deportivas que lucían bien con su uniforme quirúrgico verde jade y su saco largo azul marino.
—Cierto, a la una tengo una reunión de trabajo con la nueva agencia de modelaje, así que dependiendo igual y tampoco venga a comer, así que Yuuji que no se te olvide que viene Choso a medio día.
Nobara se sentó a la mesa cuando Megumi salió del departamento moviendo su mano como despedida.
Yuuji resopló resignado y también se sentó a la mesa, dando un agradecimiento con sus manos juntas y se puso a desayunar.
—Choso también quería verlos a ustedes. —dijo Yuuji más para sí mismo que para Nobara, quien aún así no puso atención, concentrada en su celular y los mensajes nuevos que le había mandado una de las representantes de la agencia de modelos perteneciente a Zen'in Naoya.
Tomando la palabra del hombre en la gala en dónde lo conoció, mandó su carpeta de fotos a la dirección de correo que venía en la pequeña pero valiosa tarjeta que le dio. Una semana después y tras pensar que no se habían interesado, recibió la llamada de una de las representantes pidiéndole que asistiera a una prueba de modelaje y ver su potencial. Así que no podía dejar pasar esta gran oportunidad, sus hermanos entenderían.
Megumi esperaba en la parada de autobús a dos cuadras hacia abajo en la colina dónde se encontraba su edificio, dicho autobús lo dejaba en la puerta de la universidad a la que asistía y que solo demoraba veinte minutos en llegar. Rechazando varias veces que Gojo lo llevase, pues su hermano empezaba con esa compulsión de saber santo y seña de quienes lo rodeaban, empezando con interrogatorios a profesores y compañeros encubiertos de charlas banales. Lo sabía, era por la seguridad de todos pues nunca se sabe bien de quién se rodea uno, pero no todo tenía porque saberlo su hermano y él podía defenderse solo, hacer sus propios juicios y criterios de la gente que conocía en su camino.
De repente sintió que los vellos de su nuca se le erizaban y empezó a sentirse incómodo, justo como venía sintiéndose la última semana cuando tomaba el autobús, era como si alguien estuviera observandole y sus sentidos supieran que no era para nada bueno…o solo se le habían pegado las manías de Satoru y en realidad no pasaba nada.
Sabía en la mierda en la que estaban hundidos sus hermanos y cómo llegaron ella, no había sido gran cosa cómo se enteró, siendo tan observador como era y tras sumar dos más dos fue directo a preguntarles y estos le dijeron la verdad, junto a otros detalles que hubiera preferido no saber, pero agradece la honestidad, y de verdad lo hace, no diciéndole a sus otros dos hermanos; Yuuji es demasiado inocente para siquiera llegar a entenderlo aparte de distraído para suponer cosas y sin contar la reticencia de Satoru a que en especial Yuuji lo sepa. Nobara estaba demasiado concentrada en sí misma para que le interesara averiguar y Junpei...Junpei tenía también otro secreto que agregar, pero no era tampoco de su incumbencia así que los dejaba estar.
El tenía sus propios propósitos y metas en la vida y no negaría la ayuda de sus hermanos por muy manchado que estuviera aquel dinero para lograrlos. No lo malentiendan, se preocupa por ellos y le ha dolido en el alma las pérdidas de Kechizu y Yuu , pero no puede evitar pensar siempre que es la mala suerte que les ha tocado y que siempre tendrán, incluso desde que nacieron, pues todos ellos fueron abandonados y dejados atrás por personas a quienes jamás les ha importado. A veces se pregunta qué demonios pensaban sus padres biológicos al haberle puesto un nombre de chica con un significado que no lograba entender: esperanza. Bueno, jamás lo sabría.
Megumi sale de sus pensamientos al escuchar al autobús frenar frente a él, levanta la mirada y ve al chófer que mira hacia el frente, ajeno a todo y concentrado en el camino. Si, él también solo necesita concentrarse en su propio camino, lo demás no importa mucho.
—Si, lo seguiré hasta su universidad y en la salida lo abordaré, definitivamente es a quien busca el jefe Uraume-san.
