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There's a room where the light won't find you

Holding hands while the walls come tumbling down

When they do I'll be right behind you

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I. BUTCH

— Bingo.

El Rowdy verde bajó de los cielos hacia el territorio que había escogido como campo de batalla. Un campo llano, con unos pocos árboles, con una carretera que ya había sido abandonada hace bastante tiempo. Se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas y trató de controlar su respiración y relajarse. Contaba con la "ventaja", si es que podía llamarse así, de que no tendría que hacer ningún disturbio para llamar la atención de su contraparte.

Butch y Buttercup descubrieron su poder especial repentinamente a la misma edad. Sus hermanos consistían en opuestos: hielo y fuego, luz y sonido, pero ellos eran iguales. Dos animales salvajes con sed de destrucción.

Había empezado con cambios en sus cuerpos: agudización de los sentidos, aumento del cabello, la piel se había vuelto más resistente y sus cuerpos más pesados, lo que provocó que se redujeran sus velocidades en comparación de los otros; pero lo más notorio fueron aquellos instintos difíciles de controlar, aquél impulso que llevó a Butch a cazar palomas, entre otros animales, varias veces sin darse cuenta.

Resultaba que los dos verdes tenían la habilidad de transformarse en lobos inmensos. Un poder fuerte pero a la vez peligroso, que requería una inmensa resistencia mental. Recordó que la mayor parte de su entrenamiento había consistido en poder controlarlo, ya que una cosa es que se coma viva a Buttercup y otra es que sea un ciudadano inocente.

Buttercup.

Ella nunca había tratado de controlarse. Lo sabía, lo identificó desde el primer momento en que la vio. Supuso que era porque no recurría muy seguido a su transformación, ya que a decir verdad era bastante incómoda. Pero los años pasaron y la locura que su forma lobo acarreaba comenzó a reflejarse en su forma humana. Sus ojos ya no eran los mismos, eran salvajes, inhumanos, sádicos; sus dientes se habían vuelto más afilados y sus uñas más largas, incluso en su cabello que ahora era largo se demostraba este aspecto.

Debido a todo esto que sabía perfectamente que sería imposible esconderse de ella.

La luchadora más ruda.

Solo haría falta que el ponga un pie sobre la superficie para que sus sentidos se alerten y ella sepa que estaba ahí, parado en un terreno vacío, y lo vaya a buscar. No le preguntaría el por qué de sus acciones, no, el diálogo ya no era una capacidad que Buttercup tuviera, ella simplemente lo atacaría impulsivamente.

La decadencia de su equilibrio mental era sutil, podría haber sido tomado con tranquilidad como un cambio de actitud en la adolescencia, una simple transición de una efusiva súper heroína a una tímida y silenciosa. Pero no, Butch lo veía en sus ojos, lo notaba en el temblor de sus manos.

Después de todo, ella era su igual.

La sintió aterrizar a su espalda y una electricidad le recorrió el cuerpo, que entró en un estado de alerta, con el cabello erizado y los sentidos agudos. Se paró y se dio vuelta para observarla, el verde claro de sus ojos se había vuelto neón, brillante como un desecho radioactivo.

Una sonrisa desquiciada se asomó en el rostro de la joven. Se largó a reír y lo miró por unos segundos. Butch alzó la cabeza y la miró con el mentón en alto.

Yo no te tengo miedo, Buttercup Utonium.

El rostro de la fémina se transformó, mostrando la locura que la consumía poco a poco. La mirada le ardió en rabia y pudo ver como su respiración se agitaba. El Rowdy se puso en posición de alerta antes de que en un movimiento rápido ella embistiera contra él.

Se había rumoreado en el subterráneo que la sangre de la heroína era la más tóxica de las tres, y que la posible razón de su decadencia era un envenenamiento que le era provocado por el líquido que le recorría las venas.

Pero para él, ella era una ménade, una mujer consumida por la locura y el desenfreno, extasiada con el sabor de la sangre de sus enemigos y de la suya propia, que adoraba la violencia y el dolor. Cuanto mayor fuera la crueldad, más se ensanchaba su sonrisa.

No caería en eso, porque no eran iguales.

Butch tenía un arma a favor: su inteligencia. No era tan intelectual como su hermano Brick, pero sabía leer muy bien los movimientos de sus enemigos. Se había vuelto paciente, por lo que sabía cómo y dónde atacar, identificaba fácilmente los puntos débiles de su opositor. Contra la naturaleza salvaje de su contraparte, podría resultar como un arma de doble filo: ella era bruta, pero un tanto impredecible, por lo que debería prestar más atención de lo normal.

Rasguños, golpes, sangre derramándose por doquier. Se estaban dando con absolutamente todo lo que sus cuerpos humanos les permitía. Buttercup peleaba y caía en cuatro patas, como un animal. Cada vez se la veía más y más herida, Butch estaba llevando la delantera debido a que se concentró más en defenderse que atacar, y en los pocos momentos que lo hizo logró darle en lugares clave.

Golpe. Sangre. Golpe. Un diente por el suelo. Sangre. Una parte perdida de su estómago. Más sangre.

Tras un golpe que logró que ella se aparte de él, la heroína gruñó furiosa. El verde de sus ojos comenzó a consumirlos y las venas de su cuerpo se marcaron con fuerza. Antes de que pudiera darse cuenta, el ex villano tenía sobre él a un lobo gigantesco intentando devorarlo. En un rápido movimiento, Butch se elevó por los cielos bajo la mirada colérica del animal.

— Joder.

No pensó que recurriría a ese estado tan pronto, pero es que ella no perdía el tiempo.

Suspiró y recordó las palabras del Profesor Plutonium.

Mientras estés luchando con ella, pierde el control todo lo que quieras. Devora sus tripas y aplasta su cabeza. Pero cuidado con la sangre que consumes, Butch, porque ahí sí te volverás loco y no habrá Dios que te detenga.

El Rowdy tomó un frasco minúsculo con un líquido rojo y espeso. Lo destapó y en menos de un segundo lo ingirió. El sabor óxido le inundó las papilas gustativas y el estado de alerta volvió a su cuerpo.

Respiró profundamente.

Y su consciencia se perdió completamente en cuanto su demoníaca transformación le hincó los grandes y afilados dientes en el cuello a su oponente, y pudo sentir, realmente, la toxicidad de su sangre.


II. BOOMER

Lo primero que tienes que saber, Boomer, es que esa rubia no es idiota.

Boomer tomó su propio cuello por unos segundos y tragó saliva. Conocía todas las tácticas de la rubia, su personalidad atractiva y encantadora que al fin y al cabo te acababa arrancando las cuerdas vocales en un solo movimiento. Y no, no era una exageración.

Bubbles es escurridiza, oscura e inteligente, mucho más incluso que sus hermanas. Era como una serpiente venenosa, te acechaba y en cuanto se le daba la oportunidad te hincaba los dientes. Una mujer observadora, que analizaba los movimientos de sus enemigos, y que además tenía lañ peculiaridad de que no luchaba.

La táctica de La Alegría y las Risas era desconocida, nadie la había visto asesinar a un hombre con sus propias manos, ella simplemente conversaba con ellos y, de repente, aparecían muertos. Ahí fue cuando Boomer entendió que su poder especial iba más allá de lo que todos conocíamos, y que de alguna manera había desarrollado en las sombras una habilidad mortal.

En el subterráneo le llamaban Poncio Pilatos. Era responsable, culpable de cada una de las muertes que hubo desde su llegada, pero a la vez sus manos estaban completamente limpias; es decir, ¿como la culparían de miles de suicidios?

Oh, claro, es que ella solamente les hace dar cuenta de la situación de mierda en la que están, y ellos deciden matarse. ¿Quién no lo haría?

Había escuchado esa patética excusa contada por alguien que la había oído de otro alguien, arriba.

El disturbio que había provocado era silencioso para sus oídos, pero sabía que no para los de ella. Si eso no le había alertado de su llegada, Buttercup lo hizo, con su olfato y su oído desarrollado.

El lugar se encontraba vacío debido a la evacuación que se dió posterior a las acciones del ex villano. Pronto, una silueta descendió de los cielos delicadamente, aterrizando como una bailarina, simulando un ángel celestial que bajaba del Reino de Dios. Ella era perfecta, una ciudadana ejemplar y pacífica, que había resuelto crímenes con su perfecto diálogo.

¡Ghandi la envidiaría!

Cuando la vió, con su sonrisa cínica, Boomer sintió náuseas y fuertes deseos de matarla. Oh sí, él tenía un solo objetivo en esta vida y es llevar a la angelical Bubbles al infierno donde pertenece. Admiraba a sus hermanos por haber tomado una postura centrada en la paz aún conociendo las emociones de los tres, pero el rubio se cagaba en eso. Él estaba enfadado con la perra manipuladora que le arrebató su preciada libertad y cualquier posibilidad de vivir una vida normal, feliz y plena.

La odiaba, definitivamente, y quería verla hundida bajo tierra.

¡Mi Boom Boom! ¡Qué bueno volver a verte por estos lados! Aunque, a decir verdad, hubiera preferido que fuera de otra manera. No has perdido la costumbre.

El susodicho pudo observar la postura relajada de su oponente, realmente no se encontraba dispuesta a luchar. Estaba confiada, hacía años que salía victoriosa sin dar un mísero golpe. Sonreía y le miraba coqueta mientras hablaba, encantadora, y daba pasos cortos lentamente hacia él, que la miraba seriamente.

— Has cambiado mucho. Y para bien, digo, porque mírate. Siempre has sido muy guapo, Boom Boom, hubiéramos hecho una muy bonita pareja; pero eres un chico malo, así que nunca podríamos haber estado juntos. Tú eres un villano, yo soy una heroína, sería un amor prohibido, ¡como la canción!

— Prefiero cortarme el cuello antes de que me toques un pelo, psicópata.

— Ay, qué dramático. Vamos Boomy, piénsalo, deja esto y salgamos a tomar algo – la rubia cada vez estaba más cerca de él –. Tú y yo conquistaríamos el mundo, ¿acaso no quieres tú el poder? Yo te lo daría. Y si eso no te convence, ¿qué tal tu libertad? Conmigo, te aseguro que serías libre.

Se le puso la piel de gallina al escuchar esa palabra y Bubbles sonrió ante la reacción. Sabía que había tocado una fibra sensible. Por supuesto que trataría primero de lograr que Boomer se ponga de su lado, ella no era idiota, sabía que el varón era poderoso y le convenía tener un descendiente de Him en su bando.

¿Y qué pasa con tus hermanas? – preguntó el rubio.

Sus cuerpos chocaron. Una sonrisa se asomó en la cara de la heroína. La duda en la pregunta de su contraparte era un indicio de que su plan estaba funcionando. Había sido más fácil de lo que creía. Una pequeña salida, tal vez un revolcón, y muchas palabras, para que Boomer esté besando el suelo que ella pisaba.

— Ellas siempre han sabido que soy algo romántica, ya sabes, la debilucha del grupo.

— Yo no creo que seas débil.

— Oh, ¡mira que bueno eres! – rodeó sus brazos alrededor de su cuello –. Ya basta, Boomer, haces que sea muy difícil luchar contigo ahora.

Boomer sonrió. Acercó su rostro al de ella y le susurró:

— Creo que eres una verdadera hija de puta.

Un choque de electricidad recorrió el cuerpo de la jóven súper heroína, que exclamó un grito de dolor. En un rápido movimiento, el ex villano se teletransportó lejos de ella, pero sin bajar la mirada. Aquél ataque había sido una declaración de guerra.

Pero Bubbles no peleaba.

— Ja, debí suponerlo – decía entre dientes mientras su cuerpo se sacudía en espasmos –. No es tan fácil convencer a alguien de dejar sus raíces y menos a un terco inútil como tú. No tendría que haber perdido el tiempo contigo, pero, bueno, lo intenté.

Otro choque eléctrico la retorció.

— Hijo de la gran puta, inservible de mierda, cobarde. Te ocultas en las sombras como una rata y luego sales a jugar a que eres Dios, ¿crees que no lo sabía? ¿Acaso sabes con quién mierda estás? Debería haberte matado en cuanto el imbécil de Him te revivió. Aunque, pienso, ¿por qué no lo hiciste tú? – la voz de Bubbles se suavizó – ¿Por qué vives, inútil, si no sirves para nada? Haznos un favor y quiebrate el cuello. Mátate.

Un silencio se hizo en el territorio, la rubia le miraba anonadada mientras temblaba.

— Dije, que te mates, basura. Hazme caso.

— Te voy a cortar la lengua y te la voy a hacer tragar, Bubbles, a ver si dejas de hablar un poco.

Esa fue la primera vez en años que Bubbles dió un golpe.

Normalmente, ella no se andaba con rodeos, simplemente les daba la orden a sus enemigos. Mátate, les decía, y ellos obedecían al instante. A veces se divertía un poco y los obligaba a torturarse antes del golpe final. Así era como funcionaba todo en la vida de la ojiazul, a través de ordenes y respuestas. Todo era una falsedad, porque todos estaban a su merced.

La única razón por la que las Powerpuff Girls no eran cuestionadas por sus crímenes, era porque Bubbles había dado la orden, y todos la habían acatado.

Boomer iba a la velocidad de la luz, que era el elemento que le correspondía a su poder especial. Y, a pesar de que su contraparte heróica respondía bien a sus golpes e incluso le había dado algunos, la estaba destrozando sin piedad. La agarraba de los pelos y le estampaba la cabeza contra los escombros sin piedad.

Pero ella seguía viva.

Hierba mala nunca muere.

Cada vez que veía una respuesta a su ataque, el Rowdy enfurecía. No soportaba que ella esté viva, mirándole, respondiendo aún con la cabeza abierta. Sabía que no iba a ser un oponente fácil, pero su resistencia le sacaba de quicio

En un rápido movimiento, Boomer lanzó a la rubia contra un árbol y, con el poder de sus rayos, la encadenó a él. La electricidad se transportó por todo su cuerpo lo que la obligó a exclamar gritos de dolor que retumbaban el suelo. El varón se acercó a ella, con los ojos de un azul tan profundo como la misma noche y con una furia notoria.

— Ahora tú serás la que vaya bajo tierra, hija de puta.

Bubbles era una mujer muy observadora. Extremadamente atenta. Capaz de sacar las debilidades de sus enemigos en dos simples pasos.

Es por esto que tal vez, si Boomer no hubiera alzado un poco, solo un poco, la voz tal y como lo hizo en ese momento, la rubia no se habría enterado de su pequeña arma secreta:

Que él jamás, en ningún momento, le había escuchado.


III. BRICK

Brick sabía que, si se iba a enfrentar a Blossom, tenía que estar abierto al diálogo.

Porque la curiosidad, definitivamente, mató al gato.

El líder del trío de villanos siempre se había caracterizado por su sed insaciable de conocimiento. Él leía absolutamente todo, preguntaba cosas que a uno jamás se le podría haber ocurrido y a veces hasta él se formulaba sus propias respuestas. Era un ser estratégico, que escuchaba para comprender.

Su mente era poderosa. Si jugaba bien con sus herramientas, sería el vencedor.

Es por esto que sabía muy bien que no debía subestimar a su enemiga, La Comandante Y Líder.El planteamiento de que su contraparte siempre había estado consciente de esta estrategia fue algo que ocupó su cabeza en el último tiempo, hasta la actualidad. No le sorprendería, en ese caso. Blossom también era inteligente y, además, disfrutaba mucho del juego; del demostrar al otro a través de movidas crueles que ella siempre tendría una capacidad intelectual más alta.

Es un puto iceberg, pensó. Pero el caoentamiento global existía, y los hielos se derretían.

Oh sí, el Rowdy no estaba dispuesto a darle el gusto a su querida compañera, la líder de las Powerpunk Girls, de llevar la cabeza de Blossom a casa. Su orgullo era muy grande y, después de todo, este siempre había sido su objetivo. Para esto fue creado.

Su emoción era algo fuera de lugar, estaba en una batalla en la que su muerte constituía un posible resultado final. Pero las ansias de conocer, al fin, el poder de su enemiga y enfrentarlo había sido algo que le encendió la llama interior.

Sí, para esto nací.Además, tenía demasiadas preguntas que hacerle, información que necesitaba sacarle. La pelirroja era un cofre cerrado con miles de candados, tan solo necesitaba abrir una para saciar el hambre de sus dudas. Era como si la joven fuera la poseedora del secreto del universo, y a su manera, si lo era; Blossom era la razón por la cual había estado bajo tierra por años de los cuales había perdido la cuenta. Ella era la fígura suprema en ese infierno en la tierra. Un sujeto digno de investigar, había coincidido con su mentor Plutonium.Cuando la vió llegar, con sus facciones finas y serias, una sonrisa se asomó en su rostro.

— Blossom Utonium. Qué bueno que nos volvimos a encontrar.

— Al fin te dignaste a salir, rata, te he estado esperando por años.

— ¿Siempre lo supiste?

— No eres ni el primero ni el último en planear una movida para derrotarme. Me sorprende que hayas esperado tanto tiempo.

— Tenía que prepararme. ¿Te puedo pedir que me contestes unas preguntas antes de que procedamos a intentar matarnos?

Un silencio se armó en el lugar, mientras la mirada penetrante de la heroína se clavaba en el varón.

— Sólo porque tú si que has sido un verdadero grano en el culo, y te llevarás estas respuestas a la tumba. Aunque respondo solo sí, o no, nada más.

Está bien, eso le servía.

— ¿Eres culpable?

— Sí.

Cínica, fría, totalmente lo que había esperado de ella. Blossom, el fruto de su investigación.

— ¿Siempre fue tu plan?

— No.

— ¿Te corrompiste?

— No.

— ¿Hiciste esto por la muerte de tu padre?

— No.

— ¿Entonces, por qué?

— Dije que solo sí o no.

El silencio volvió a inundar el lugar.

— ¿Mataste a los RowdyRight Boys?

— Sí.

— ¿Este es el poder que quieres?

— Sí.

— ¿Todo esto es un juego del que te aburrirás, y destruirás al final, no?

— Sí.

Una muñeca de porcelana, fina, bella, delicada...

— ¿Te arrepientes?

— No.

Sin sentimientos.

— ¿Sabes que morirás, no?

No respondió. Brick pudo observar en sus minúsculos gestos el pequeño caos que había desatado en ella, sonrió ante este hecho. No se esperaba algo tan directo, un cambio de personalidad tan repentino. Él no daba vueltas, Blossom sabía que, a pesar de su actitud suave, el primer ataque que el realizaría iría directo a su corazón para eliminarla del mapa de una vez por todas.

Los dos se quedaron quietos en sus puestos. Parecían relajados, pero estaban atentos a cualquier ataque. Brick pudo observar como su contrincante respiraba profundo y, de repente, el aire se había vuelto frío. Extremadamente helado.

Hija de puta.

Una fuerte llamarada se dirigió hacia ella, que contratacó al instante con su hielo. Los elementos chocaban constantemente y el vapor inundó el lugar. Pronto, los líderes se encontraban luchando cara a cara. La sustancia x, sangre negra y espesa, pintó el lugar.

Brick podía notar como las quemaduras en el cuerpo de Blossom eran aplacadas con su propio hielo, que ella usaba como una especie de antídoto para regenerarse más rápido. Inexplicable, pero totalmente fascinante.

El Rowdy rojo pensó en una nula posibilidad de que, tal vez, podría capturar a su contraparte y usarla de sujeto de investigación. Todo en ella era un misterio, desde su cuerpo físico hasta el mar profundo de su psiquis; descubrir los secretos de las Powerpuff Girls era tan importante como destapar los archivos secretos del vaticano.

En su mente apareció la respuesta a la pregunta sobre el Profesor Utonium. Si no había sido su muerte lo que desencadenó este infierno, ¿qué fue? ¿Acaso siempre fueron así? No recordaba que ellas hayan presentado este tipo de actitud cuando se conocieron, eran simples pequeñas super heroínas, ¿no?

Supuso que tal vez había detalles que él no había notado.

A veces divagar tanto en tu pensamiento puede ser un signo de debilidad. En un rápido movimiento, Blossom convirtió la sangre derramada de Brick en un arma puntiaguda y filosa y se lo clavó en el hombro; aunque su objetivo había sido su ojo, solo que el pelirrojo le había esquivado. El ex villano se alejó rápidamente tomando la parte herida mientras se quejaba entre dientes, pero pronto la líder volvió a embestir contra él, clavándole las uñas de gel que estaban delicadamente decoradas.

A veces olvidaba que las Powerpuff Girls, después de todo, eran unas simples chicas de clase alta.

Llegó un momento de la batalla en el que la diferencia era muy notoria. Entre vuelos, rasguños, golpes, patadas y demasiada sangre, Brick había acabo destruido y con un fuerte golpe en la cabeza; mientras que su enemiga estaba herida, pero no con tanta gravedad.

Blossom levantó la mano, sosteniendo el duelo de miradas y orgullo que sostenía con su contraparte. Hizo un chasquido y, de repente, una tormenta de nieve se hizo notar a su alrededor.

El líder del trío de villanos sintió como su garganta se cerraba. Si no se moría de una hipotermia segura, probablemente muriera asfixiado ya que en ese remolino de aire frío le era imposible respirar. Era como si la súper heroína congelara sus pulmones poco a poco.

Vio a la silueta femenina acercarse desde las sombras a paso seguro, él cayó con las manos al piso.

— Sé lo que piensas, Brick Him. Estás sediento de saber e incluso prefieres no matarme para no perder la oportunidad de darle respuestas a tus preguntas. Pero ahora, te pregunto, ¿acaso sabías tú que vas a morir?

El aludido levantó la cabeza y observó aquellos ojos rosas que brillaban con más fuerza que antes.

— No lo creo – rió –. Los grandes nunca mueren, ¿verdad? Y tu orgullo si que es gigante, imbécil, te creíste mejor que yo y ahí acabas; muriendo congelado. El mismísimo fuego se apaga, quién lo diría.

La curiosidad mató al gato.

Suerte que Brick no era un gato.

Era el líder de los Rowdyruff Boys.

Un puto demonio.

El suelo tembló por un segundo y Blossom pudo notar como los dedos de su enemigo estaban clavados en el suelo. Él alzó la vista y sonrió.

— En el infierno hace muchísimo calor, y el hielo se derrite, Blossom.

De repente, la tormenta de hielo fue reemplazada por un anillo de lava inmenso que emergía de las profundidades de la tierra y que los envolvía ambos. El aire se volvió caliente, pesado, y tóxico; al menos para ella, ya que el líder pudo sentir como toda la vida volvía a su cuerpo y su fuerza se volvía mas inmensa que antes.

Antes de que su enemiga pueda atacar de nuevo, brazos de lava la envolvieron y la ataron al suelo. Exclamó un grito de dolor y el sonido de su piel ardiendo por el extremo calor de aquél líquido ardiente se intensificó. Brick se levantó poco a poco y se dirigió lentamente hacia ella, agachándose para quedar a la altura de su rostro.

— Blossom Utonium, arde.

Y se marchó.


IIII. THE ROWDYRUFF BOYS

Algo pintaba mal.

Hacía dos horas que buscaba a sus hermanos y no los encontraba. Está bien, Townsville es una ciudad grande, pero el silencio la inundaba. No había señales de nadie, ni de las Powerpuff Girls restantes, ni de ellos.

Debido a la distracción que tuvo centrando su atención en su propia batalla, no podía decir con certeza en qué momento los disturbios de sus hermanos se aplacaron. Además, sus oídos estaban bastante jodidos debido a los estallidos y los golpes, especialmente el que le habían dado en su cabeza, el cual también le dificultaba su visión.

Sentía que se estaba por desmayar, pero tenía que encontrar a sus hermanos.

En estos momentos admiraba los sentidos desarrollados de Butch, que los habría encontrado al instante; o la velocidad de Boomer, que tardaría menos que él en recorrer toda la ciudad.

Sonrió al pensar la cerveza que se tomarían tras su victoria. Allí, afuera, en libertad, sintiendo el viento en sus rostros y el sonido de las copas de los árboles moviéndose. Y, por sobre todo, mirarían el cielo azul del cual se privaron por tantos años.

Pero la Muerte era, en sus palabras, una hija de puta.

Se quedó estático en el suelo en cuanto bajó y se encontró aquél panorama: los cuerpos de sus hermanos tirados, inmóviles, uno encima del otro formando una equis.

Se acercó a ellos temblando y sus piernas dejaron de funcionar justo al frente, cayendo de rodillas mientras las lágrimas inundaban sus rojizos ojos.

A Butch le faltaban todos los órganos que encontraban en su torso y la parte de sus ojos, con ellos incluídos, que había sido arrancada. No eran cortes limpios, eran desgarros. Mientras tanto, Boomer tenía el cuello roto, sangre saliendo de sus orejas (además de todo su cuerpo), los ojos perdidos y la lengua cortada.

Se derrumbó mientras abrazaba los cuerpos de aquella que había sido su única familia.

Lloró por treinta minutos. Sin parar. A los gritos de dolor mientras su pecho se llenaba de su sangre.

Pero luego escuchó un ruido, minúsculo, pequeño pero suficiente, que lo obligó a levantarse y ponerse en alerta.

Vio a las asesinas de sus hermanos emerger de las sombras del bosque en el que se encontraba, justo en frente de la cabaña de Fuzzy. Las miró con odio, ellas sonrieron.

La sonrisa de Buttercup, juntó a sus labios y el resto de su cuerpo, estaban llenos de un líquido negro que sabía precisamente que no era suyo.

Antes de que pudiera atacar, al primer movimiento, Brick pudo sentir el frío en su espalda.

Y en cuanto se dió vuelta, alguien tomó su corazón.

Una joven cuya belleza había sido perdida tras la gravedad de sus quemaduras.

— Dime algo, Him, ¿qué clase de persona en su sano juicio expone a niñas a muerte, masacres, destrucción y sangre? ¿Eh?

Él no pudo responder.

— Nos convirtieron en esto. Nuestro poder es nuestra venganza hacia esta sociedad de hijos de puta. Es lo que se merecen.

Estrujó el corazón mientras el hielo lo envolvía. Brick comenzó a perder el conocimiento y el color y el calor de su cuerpo.

— Saluda a mi padre en el Infierno.

Y su corazón explotó.


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So glad we've almost made it

So sad they had to fade it

Everybody wants to rule the world

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WELL, GOD KNOWS I TRIED. AND BELIEVE ME, I TRIED. No sé realmente qué me tomé para hacer esto, pero salió.

No es normalmente el estilo en el que escribo, no me siento muy cómoda haciéndolo, pero no podía sacarme un AU de ellas siendo las verdaderas villanas. i

Irónicamente, acabó siendo mi trabajo más largo hasta la fecha.

Espero que les haya gustado.

Si no es así, lo entenderé.

Cheers.