Todo parecía tan calmado, tan tranquilo, tal vez demasiado, Akane y Kumiko quienes estaban junto a Aome se quedaron estáticas, había algo en el aire que estaba muy mal, antes que nadie dijera nada saltaron sobre ellas una gran manada de youkais osos.
-¡Tú!- casi rugió uno de ellos abalanzándose sobre Aome, era un hanyou el cual la miko reconoció- ¡Maldita! ¡Te dije que esto no quedaría así!
Hubo un grito general cuando le hanyou lanzo por los aires a la chica tomándola solo de los cabellos.
-¡Que te pasa!- gritó Akane corriendo hacia Aome.
-No te metas- le gruño el hanyou- He venido sólo por está humana.
-Tonterías- dijo una voz masculina haciendo que todos se dieran vuelta- No se llevaran a nadie.
-¡Monje Grey!- dijo Nanami que había alzado a Mei Ling mientras Saori corría junto a su protegida.
-Así que quieren jugar- se burló el hanyou- Muy bien chicos, hagan lo que les plazca con los humanos y las youkais, pero déjenme a la sacerdotisa Aome.
Un segundo después el pacifico rio se volvió un campo de batalla inundado de sangre.
Aome sentía la cabeza adolorida mientras un líquido rojizo bajaba hasta su espalda, el cuerpo le dolía y tal vez se hubiera roto algo, trato de llegar a su carcaj rápidamente.
La sacerdotisa Kumiko, el monje Grey, los exterminadores, Kana, Akane, Kai, Haku, el monje Shaoran, Nanami y Saori se habían visto envueltos por la gran manada de youkais.
-¿Buscas esto?- dijo el hanyou alzando con una mano el arco y el carcaj de Aome y sonriéndole con malicia mientras se acercaba a ella y la tomaba de la barbilla- Sé mía y te lo daré, sé mía y le perdonare la vida a la niña que se esconde tras las youkais.
-Ni se te ocurra tocarla- gruño Aome sacando la espada de la cintura del hanyou y hundiéndola en un costado del mismo.
-¡Que atrevida!- rugió tomándola por los cabellos y dándole una cachetada para luego tirarla al suelo- Te enseñare como tratarme.
Aome frunció el ceño mientras apuntaba con la espada, el hanyou soltó una risotada.
-No me asustas, niña.
-Tú a mí tampoco, hanyou, te purificare- dijo aunque apenas recordaba cómo.
El hanyou le apunto con una de sus flechas.
-Me tienes harto- dijo soltando la flecha que cayó en el hombro de la humana haciéndola gritar de dolor.
-¡Aome!- gritaron tres voces al tiempo en distintos lugares de la región.
-Así me gusta- sonrió el hanyou cuando la chica dejo caer la espada, la tomo en brazos y dio un salto cinco metros lejos del lugar para desvestirla rápidamente.
-¡Suéltame, pervertido! – dijo Aome pateando lo más fuerte que podía.
-Me alegra que vivas, humana, no voy a con la necrofilia- susurro en el oído de la miko mientras deslizaba una mano por sus blancos pechos.
-¡Bastardo!- se oyó un grito antes que el hanyou fuera lanzado varios metros lejos de la humana.
~ooo~
Dentro del grandiosamente enorme castillo del Lord del Oeste estaría por empezar una de las reuniones más importantes de todas, los representantes de cada tribu youkai estaba allí, youkais osos, youkai grullas, youkai tortugas, youkais zorros está siendo representada por Shippo y una joven Kitsune que se había ofrecido a ayudarle, youkais perros, youkais tigres, youkais águila, youkais de todo tipo…aun así faltaba una tribu muy querida por los miembros del consejo, los Lores, incluso los humanos, la tribu de los lobos.
Y como era tan querida por todos, habían decidido esperarlos.
Los youkais eran conscientes que los humanos tenían su mañana libre, consientes que se habían tensado y comenzaron a pelear pero no le dieron importancia, el Oeste se caracterizaba por ser seguro y benigno con sus invitados, o eso garantizaba Shippo con frecuencia… los youkais no lo creyeron más cuando sintieron el horrible olor, y delicioso para algunos youkais, el olor a sangre, sangre humana, una sangre muy pura, dulce y sagrada, la sangre de una miko. Oyuki y Shippo se miraron con preocupación, sabían que no debían irse, Shiro se acercó tenso a ellos quienes observaban a Sesshomaru y Mitsuki susurrarse cosas al oído.
-Sesshomaru y Mitsuki creen que debería ir a mirar, tal vez quieran venir conmigo- murmuro Shiro lo más bajo que pudo.
Shippo estaba muy preocupado e iba a asentir cuando escucho un grito a lo lejos, el grito de la mujer que quería como una madre, aunque recordaba a sus padres biológicos y les honrada, recordaba sus muertes y donde ocurrieron, para él Aome había sido su todo después, era alguien a quien deseaba proteger, ahora él ya no era un niño y podía hacerlo, saber que podía y oírla gritar tan desgarradoramente lo atormento.
-¡Aome!- rugió y su rugido hizo eco con el de Sesshomaru y Oyuki.
-Shippo- llamó casi en una orden el Lord de cabellos plateados- Trae a esa miko AHORA mismo.
Shippo asintió, no tenía que decírselo, se habría ido sin permiso, pero saber que contaba con el frio del lord le daba mucha ayuda, un ejército completo de ayuda. Cuando salió detrás de él salieron Shiro y Oyuki.
-Vuelve adentro- pidió mientras se acercaba a los guardias.
-No, ella es como tu madre y eso la hace casi mi suegra- le guiñó un ojo la peliblanca- sé cuánto la quieren no permitiré que vayas solo.
El kitsume asintió y luego se dirigió al general Azuma.
-General Irie, traiga a sus soldados, vamos a traer a unos cuantos seres despreciables.
-Si señor- asintió la youkai desapareciendo para dar la orden. Shippo volvió a correr en dirección de Aome junto a Shiro y Oyuki.
~ooo~
La tribu de los lobos solía ser cálida y andar siempre en manada, sus familias por lo general eran grandes. Habían cuatro tribus: norte, sur, este y oeste, claramente, pero hace demasiados años la tribu del norte y la del oeste se habían unido en un matrimonio.
Koga y Ayame.
Juntos dirigían ambas tribus, con sus familias, por lo general la hermana menor de Ayame lideraba la tribu del oeste pero cuando debían reunirse con otros youkais iba Ayame, Ayame en representación de su familia, sus padres y su tribu natal y su esposo Koga representando los intereses del norte.
La tribu del sur y del este llegaron junto a ellos, o más bien sus representantes, y su familia más cercana, Sora y Kai, representantes del sur y Kaya y Kenji, representantes del este.
Y con las familias más cercanas de las cuatro tribus se formaba una inmensa manada que era una sola, como siempre, como es la verdadera alma de los lobos, una sola familia.
Koga iba hablando con su antiguo general, el antiguo general de su padre, el general Chang quien se había retirado hace quinientos años más o menos por cosas personales, Jun Chang era un gran hombre de confianza para Koga y asistía a regañadientes por sus hijos. El olor de la batalla inundo sus fosas nasales y el general se puso en alerta como acostumbrara hace tantos años, ubico a sus hijos y decidió no perderlos de vista.
-Aome- susurro Koga, el general le miro extrañado.
-¿Así no se llamó la mujer humana de quien su señoría estuvo enamorado?- preguntó con respeto, aun así observándolo como al hijo de uno de sus mejores amigos.
-Así es, huele a ella- dijo Koga deteniéndose en seco cuando el olor a sangre se hizo más que obvio, toda la manada se detuvo con él como era de esperar.
-Koga ese olor es de Aome- dijo Ayame saltando a su lado de inmediato.
-Hakkaku, Ginta- llamó el líder de la tribu a sus dos mejores hombres- Quedan a cargo.
-¡Si, señor!- asintieron los youkai.
-General, ¿le importaría acompañarme?- pregunto Koga con seriedad.
-Voy con usted, mi señor- asintió el antiguo general Chang.
-¡Padre déjanos ir!- dijeron al tiempo dos de los hijos de Koga- Ya tenemos edad.
-Ryoga vendrá con nosotros, Ranma en tus manos dejo a tu madre, hermanos y a la manada- dijo Koga antes de salir corriendo con el general y con algunos youkais de las otras tres tribus.
Koga corrió lo más rápido que pudo, dejando a unos metros a sus compañeros que le seguían el paso, el olor se hizo más fuerte y entonces los vio, sangre, lucha, Aome bajo un estúpido hanyou.
-¡Bastardo!- grito lanzando lejos al hanyou y agachándose junto a la pelinegra chica.
-¡Aome!- Koga volteo a ver a Shippo y una exterminadora que se acercaban lo más rápido que sus piernas daban.
-¿Koga?- susurro Aome antes de cerrar los ojos.
-¿Qué está pasando?- pregunto Koga pero Shippo negó sin saber.
-Una manada de youkais osos nos atacó, venían por Aome- dijo la exterminadora jadeando, sus heridas ya habían empezado a sangrar.
Shippo ordeno que capturaran a los youkais osos y los llevaran a los calabozos, también que enviaran por alguien para llevar a los humanos al castillo.
-Padre- dijo Ryoga observando a la chica que Koga había alzado en brazos.
-Ve por la manada, explícale a tu madre que Aome estuvo en grave peligro- dijo Koga y luego de hacerle una seña al general fueron al castillo
Ryoga asintió y corrió, él de todos sus hermanos era quien más rápido corría, también el que mejor peleaba, tal vez era por ser el mayor, todos decían que era la estampa de su padre, y ahora, le atraía la misma mujer que a su padre le atrajo en antaño.
~ooo~
-General Chang, no sabe cuánto agradezco su ayuda- dijo Shippo mirando aun preocupado a una inconsciente Aome.
-No me tiene que agradecer- sonrió el hombre youkai terminando su trabajo- llevo doscientos años ejerciendo la profesión, tengo una clínica en Tokyo la cual dirijo y ya tiene muchas sedes en Japón y algunas en Europa. La medicina me gusta mucho más que ser general.
Shippo le sonrió agradecido y asintió.
-De todas maneras- dijo el kitsune.
-No entiendo porque Aome está aquí- dijo Koga interrumpiendo la conversación.
-Es la nueva sacerdotisa del Oeste- dijo Shippo alzándose de hombros.
-¿La niña que sostiene Oyuki es suya?- pregunto curiosa Ayame
-No, no es su hija, solo es la niña que debe cuidar, es su niñera, me alegra que Mei esté bien- sonríe Oyuki quien carga con cariño a la pequeña.
-Comprendo- asiente Ayame observando a la niña y luego a Aome con cariño.
-¡¿Pero porque Aome?!- dijo Koga sin dejar el tema- ¡Hay tantas sacerdotisas!
-Déjalo ya, Koga- pidió el doctor Chang- entiendo que quieras protegerla pero este es su destino, ¿no lo has pensado?
Koga bufó, él siempre había querido lo mejor para Aome, incluso cuando su general se retiró le pidió que vigilara la familia Higurashi, observo que jamás sufrieran, creyó que la mujer que tanto amó estaría bien pero ahora, ahora ella se metía en un maldito nido de youkais.
-Ella es muy frágil- bufó Koga
-Estará bien, papá- dijo con cariño Sakura, su hija mayor, la segunda si contaban a Ryoga, Sakura que era muy amiga del hijo de su antiguo general estaba haciendo de enfermera en ese momento, junto al hijo de Jun Chang.
Aome abrió los ojos con lentitud y lo primero que vio fue a Shippo y después a Koga, sintió unas manos tocando su muñeca y dirigió su mirada a un hanyou de cabellos oscuros y mirada violeta, parecía un hanyou Okami quien le sonrió.
-Tiene buen pulso, padre- dijo el chico con una voz suave como si no quisiera perturbar un sueño.
-Me alegra, está estable ahora- sonrió un hombre alto de espalda ancha, su rostro aparentaba los cuarenta, la piel trigueña, ojos violetas y el cabello corto negro, vestía con ropa humana aunque claramente era un youkai- Dime, ¿cómo te llamas?- le preguntó, Aome respiro tratando de sentarse.
-Déjame ayudarte- le dijo Shippo tomándola en sus brazos como un hermano mayor que acomoda en la silla a su hermanita.
-Aome, Aome Higurashi.- respondió parpadeando varias veces.
-Un gusto, señorita Higurashi- le sonrió el youkai- Mi nombre es Jun Chang y él es mi hijo menor, Yoshiro.
-Hola- murmuro Aome con un gran dolor de cabeza.
-¿Puedes por favor repetir nuestros nombres?- preguntó el doctor, Aome asintió.
-Jun Chang y su hijo, Yoshiro- dijo Aome sintiendo una punzada de dolor.
-Muy bien, ¿recuerdas el nombre de alguien en esta habitación?- preguntó el Dr Chang
Aome asintió e hizo una mueca de dolor.
-Shippo, Koga, Ayame, Oyuki, Mei Ling, Shiro…- murmuro ella.
-¿Te duele algo, Aome?- pregunto Yoshiro Chang
-La cabeza- murmuro ella.
-Recuéstate, temo que debería llevarte a mi clínica, necesitas una transfusión de sangre y algunos exámenes- dijo el Dr Chang. Aome hizo una mueca ¿Qué clínica? Seguro una cara…
-¿Es necesario, Jun-sama?- pregunto Mitsuki entrando de improviso a la habitación- Sesshomaru me pidió ver como seguía la sacerdotisa y los demás humanos, parece que todos necesitan un médico.
-Sí, mi consejo es trasladarlos a una clínica, pero como es obvio que no pueden contar a otros humanos sobre los youkais, les aconsejo que los lleven a la mía, atendemos humanos, hanyous y youkais- dijo el youkai a la prometida del Lord del Oeste quien asintió.
-Entonces les enviaremos inmediatamente- dijo la youkai dándose vuelta- todo va por nuestra cuenta, iré a pedir a la servidumbre que aliste las cosas.
Aome suspiró, ella no quería ir a una clínica, menos a una que obviamente no pudiera pagar, cuando se había tratado de su abuelo ella había pagado junto a su madre una carísima clínica en Tokyo y aun debía el préstamo del dinero a su cuenta universitaria que tenía en el banco.
-¿Por cuánto tiempo debe estar allí?- preguntó Oyuki preocupada
-Unos días mientras mejora, Lady Oyuki, como sabrá el cuerpo humano es mucho más frágil que el de un youkai, incluso el de un hanyou es muchísimo más fuerte- dijo el dr. Chang observando a Aome quien los ojos le pesaban.
-En ese caso tendremos que retrasar la fiesta de esta noche- suspiro Oyuki- Sesshomaru estará feliz, aunque ya habían llegado casi todos los invitados.
-Sí, pero no es posible hacer una celebración sobre los acuerdos con humanos cuando los humanos están heridos- asintió Shippo- En cuanto a eso, Oyuki, necesito que te encargues de todo, me gustaría acompañar a Aome.
-Está bien, cariño- le beso la kitsune antes que Aome perdiera de nuevo el sentido.
~ooo~
Para cuando Aome abrió los ojos de nuevo ya no estaba en el castillo del Oeste, era obvio, todo era blanco, su cama, las paredes, la mesa, todo menos un gran sillón negro y el televisor que estaba apagado, oía una suave música en algún lugar. ¿Dónde estaba? No lo sabía, pero se hacía una idea, estaba conectada, así que era una clínica, ¿Cuánto tiempo llevaba allí?
La puerta se abrió para dejar ver a una hermosa chica de rubio cabello y orejas de gato con un uniforme blanco y una insignia que reconoció, era la costosa clínica a la que había llevado a su abuelo.
-Buenas noches, señorita Higurashi- le sonrió la mujer acercándose a ella- Mi nombre es Yuki y soy su enfermera esta noche.
¡¿NOCHE?! Gritó internamente Aome.
-Buenas noches- saludo ella confundida- ¿cómo que noche?
-Van a ser las ocho de la noche, señorita, llego usted antes del mediodía, su familia está afuera, ¿desea ver a alguien en especial?- preguntó la chica de ojos grises con suavidad.
-Yo… ¿está Shippo?- preguntó confundida, la chica asintió- ¿podría por favor pedirle que venga?
La enfermera volvió a asentir y se marchó de la habitación, unos minutos después entro el kitsune con unos jeans oscuros y una camisa color turquesa.
-Aome ¿cómo te sientes?- le preguntó el Kitsune halando una silla para sentarse junto a ella.
-Bien, ¿Qué fue lo que paso? ¿Cómo llegue aquí? ¿Cómo es eso que mi familia está aquí?
-Bueno, te desmayaste en el castillo y te transportamos aquí, parte de tu contrato es vigilar tu seguridad y salud, aquí te atenderán los mejores médicos ahora, a ti y a tu familia, sólo puedes inscribir tres personas además de ti, creo que te bastan. Los demás representantes también están en esta clínica, es muy buena, fuiste la última en despertar, perdiste mucha sangre. Fui al templo y tu amiga estaba, recibió a Mei y me dio el número de tu madre, le dije que yo trabajaba contigo y les había comprado pasajes, que tú estabas aquí, llegaron hace un par de horas, tu madre ya conocía a Jun-sama pero creo que es mejor que ellos te lo cuenten.
-¿Lo conocían?- dijo Aome asombrada, Shippo asintió- ¿Dices que mi mamá, mi hermano y el abuelo están aquí?
-No, al parecer dejaron a tu abuelo con la enfermera en casa- dijo Shippo con tristeza- tu madre me contó que está grave, lo siento Aome.
Aome asintió, ella lo sabía, llevaba tres años realmente enfermo y no le quedaba mucho, tenía enfermera de día y enfermera de noche, por eso Aome tenía tantos trabajos, ella intentaba darle lo mejor, sabía que su madre también trabajaba de más y su hermano había dejado de salir con amigos por cuidar al abuelo.
-Shippo, ¿puedes llamar a mi madre y a mi hermano?- pidió Aome, el kitsune asintió, salió de la habitación y cuando volvió entrar le siguieron dos personas. Una mujer de cuarenta y tantos, con el rizado cabello cayéndole hasta la mitad de la espalda y un pantalón y una camisa color lila, indicándole a Aome que su madre probablemente habría corrido de su trabajo a la clínica. El joven que entro a la habitación vestía de deporte, era alto y tenía los ojos y el cabello castaño, una mirada llena de preocupación rondaba en su joven rostro de dieciséis años.
-Aome, hija, me alegra que despertaras- dijo Naomi Higurashi acercándose a la cama de su hija.
-Lamento haberlos asustado- dijo Aome tomando la mano de su madre.
-¿Qué fue lo que paso, hermana?- preguntó Sota colocándose junto a su madre.
-Bueno…pues…- ¿y que les iba a decir? ¿Qué un hanyou la había agredido? ¿Qué trabajaba ahora como sacerdotisa? Bueno, podría decirlo pero era demasiado para decir en ese momento.
-¿Quién te ataco?- pregunto Sota frunciendo un poco el ceño, Aome sintió la energía espiritual de su hermano crecer y sintió temor por Shippo quien aún seguía en la habitación.
-Un hanyou- suspiro Aome, se asombró de que su madre o su hermano no se sorprendieran.
-¿Un hanyou?- preguntó Naomi Higurashi con preocupación- ¿Qué fue lo que paso?
-Es una larga historia- murmuro Aome bajando la mirada- deberían sentarse.
La puerta se abrió dejando entrar a un youkai y dos hanyous, el youkai camino despreocupadamente hacía la señora Higurashi y la abrazo.
-¿Cómo está?- pregunto el Okami con tanto cariño que todos se sintieron en el lugar equivocado, Sota se colocó rojo y Aome observo a otro lado.
-Señor Chang, la paciente ya está despierta- sólo atinó a susurrar una sonrojada Yuki quien observaba sus zapatos.
-Lo lamento- dijo el doctor levemente nervioso y observo a la miko, sin pasar desapercibido la mirada inquisitiva y la ceja alzada de Shippo, para el Okami era obvio que el Kitsune lo sabía, o al menos sospechaba en ese instante de los sentimientos que tenía con la humana.
-Tal vez deberíamos iniciar con los exámenes- dijo Yoshiro acercándose al otro lado de la cama, donde estaba Shippo, para cambiar el ambiente- ¿No te parece, padre?
-Supongo- dijo el youkai aclarándose la garganta mientras la mujer que estaba a su lado se reía por lo bajo tapándose la boca con una mano y con la otra acariciando la espalda del youkai.
