Buenas.
Primero, gracias por leer, espero estén disfrutándolo. Sota tiene sus motivos y pronto lo descubriremos.
Me disculpo por no haber actualizado antes, me tomo algunos días escribir el cap, quería hacerlo más largo pero no he estado muy inspirada, así que os dejo esto de momento y haré lo posible para subir la próxima semana.
Disfruten y déjenme sus comentarios.
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HIGURASHI
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Sesshomaru se encontraba en su despacho en el castillo, completamente molesto por los sucesos de los últimos días, para el youkai era imperdonable que alguien hubiera burlado su seguridad. Después de todo él era un poderoso youkai y las cosas siempre salían como él quería, hasta aquel momento en el que la salvó, ¿acaso era un castigo? ¿debía haberla dejado morir? Si era necesario la mataría él mismo para así arreglar todo el desastre provocado.
-Se han marchado todos, señor – dijo Sebastian, su mayordomo entrando a su despacho – con excepción de lady Oyuki y su prometida.
-Por supuesto – bufó el youkai sirviéndose un trago, deseaba un momento, pero seguramente sus deseos no serían concedidos. – Los youkais osos… ¿siguen aquí?
-Sí, mi señor, en el calabozo, tal y como lo pidió.
Sesshomaru asintió y tomó su bebida de un trago para luego salir del despacho con el youkai siguiéndole, camino hasta los calabozos sin prestar atención a nada, allí estaban, sonrió con un deje de maldad y se recogió el cabello en una cola similar a la de su fallecido padre.
-Veamos ¿Quién será el primero? – preguntó acercándose, observo al hanyou y sonrió señalándole – Tráelo a él, general.
La general Irie, un youkai leopardo, se acercó para tomar al hanyou de un brazo y colocarlo de un empujón justo en frente de Sesshomaru.
-Tú, creí que te lo había advertido – comento con una sonrisa diabólica mientras le tomaba el rostro hundiendo sus garras en sus mejillas, le haló hacia él para luego darle un puñetazo.
-¡Asqueroso youkai! – escupió el hanyou frente a él, Sesshomaru sonrió y con un movimiento de sus garras deshizo la ropa del contrario.
-Es hora de divertirnos un poco, Sebastián – dijo extendiendo la mano, el youkai le paso un látigo, el Lord del Oeste se acercó al hanyou lentamente – Te daré cien latigazos en la espalda por tu indecencia, luego utilizare otros métodos de tortura antes de asesinarte frente a tus amigos, hanyou.
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AÑOS ANTES
Muchas cosas habían pasado en la vida de Koga, la mujer de la que se había enamorado no solo había elegido un hanyou, además era del futuro y nunca había regresado.
Los años habían pasado y Koga había seguido su camino, se había vuelto un líder fuerte y confiable, había hecho amistad con Shippo a lo largo de los años y con su general, había participado en cada guerra y vencido y había presenciado el retiro de Chang, su mejor general, con el tiempo, Koga había empezado a ver a Ayame de un modo diferente y habían terminado emparejándose, por supuesto ninguno había olvidado a Aome.
Cuando Ryoga nació fue cuando supo que el conocer a Aome tenía un significado, lo había entendido mal, Aome era su destino, pero no como creía, no como su mujer, sino como su amiga, como un favor que debía.
Había estado lejos de Ayame, no había sido a propósito, pero al enterarse del ataque a su pareja Koga corrió en su ayuda, al llegar se asombró de lo que encontró.
Ayame sostenía en brazos a un niño pequeña con su cabello y con los ojos de su madre, frente a ellas estaba un hombre con el rostro de Aome, un olor bastante similar al suyo e incluso su misma mirada.
-Koga, es un niño – sonrió su esposa a espaldas del monje – estamos bien, este hombre nos salvó.
-¿Qué ocurrió? – cuestionó sin poder apartar la mirada del hombre - ¿Quién es él?
-Souta Higurashi – respondió el monje mirándole con detenimiento, como si dudara si atacar o no.
-Dos youkais me atacaron, me defendí, pero Ryoga nació antes de tiempo y empecé labor de parto, yo creí que moriríamos y entonces él pareció.
-Volvía del monasterio, mi esposa pronto tendrá a nuestra hija, como monje no solemos inmiscuirnos en los asuntos de los youkais, sin embargo dos youkais contra una me pareció demasiado…
-Gracias – cortó sinceramente Koga mirando a el monje Higurashi con seriedad y luego a Ayame para acercarse y observar a su hijo un instante, volvió su mirada al monje. – Le debo una vida, monje Higurashi, no dude que pagare mi cuenta.
El monje Higurashi asintió y pronto siguió su camino al igual que Koga y Ayame.
Koga envió al antiguo general Chang a averiguar acerca del monje, al enterarse que la primogénita era Aome le indico mantenerse cerca y protegerla.
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Sota Higurashi padre y Naomi salían del acuario con una Aome de siete años y el abuelo, se dirigían de vuelta al templo, el señor Higurashi conducía a casa mientras cantaba co su hija una canción infantil.
-Mamá ¿y cuando nacera mi hermanito? – preguntó la niña acercándose al asiento delantero, su madre le sonrió dulcemente volviéndose hacia ella.
-En cualquier momento, cariño.
-¡Ya quiero que nazca! ¡Yo cuidare de él! – exclamo con determinación mientras su padre detenía el auto cerca del templo.
-Esa es mi Aome – sonrió su padre acariciando su cabello antes de bajarse de auto, rodearlo y abrir la puerta de su esposa ayudándola a bajar y luego dirigiéndose a la parte trasera para ayudar a su hija y su padre.
Aome se bajó de un salto corriendo hacia las escaleras.
-¡Aome, hija espera! – llamo su abuelo teniendo un mal presentimiento.
-¡Hay alguien en el templo! – canturreo la niña - ¡Tenemos visitas!
-Cariño, danos un segundo… - Naomi dio un par de pasos hacia la escalera que daba al templo, sin embargo no subió, se quedó inmóvil llevándose la mano al vientre. – Sota…
-¿Naomi? – llamó su esposo abrazándola cuando la mujer se dobló - ¿Estás bien?
-Ya viene – jadeó la mujer, un grito desgarrador llegó desde el templo al tiempo que una energía demoniaca invadía el lugar, la señora Higurashi se sostuvo de su esposo.
-¡Aome! – gritaron los tres adultos mirando en dirección al templo.
-Ve con ella – susurro Naomi besando a su esposo.
-Padre, lleva a Naomi al hospital, porfavor – Sota Higurashi se volvió hacia el hombre mayor quien asintió y ayudo a subir a su nuera al auto.
El monje subió las escaleras con prisa, corrió al templo tomando su espada y la empuño para luego correr hacia el youkai frente a él. Sus cabellos eran fuego, sus ojos rojos sangre, sus garras habían abierto la delicada piel de la pequeña Aome.
-¡Suelta a mi hija, youkai, o te purificare! – rugió el monje cortando con el filo de su espada alimentado con su reiki el brazo del youkai.
-¡Aléjate! – un rugido de dolor siguió aquellas palabras al tiempo que empujaba al monje con su otra mano, Aome había caído al suelo. – Solo deseo la perla que habita en ella, la dejare con vida, después de todo comer sacerdotisas daña la digestión.
-No vas a tomar nada de mi hija, youkai – Sota se acercó a la niña en el suelo, los ojos azules entre abiertos y nublados por el veneno. – Tranquila, papá te protegerá.
-No eres más que escoria, acabaré contigo rápido, te devorare a ti y a la niña. – Sota se colocó en pie apuntándole con su espada, el youkai se había transformado en un dragón enorme, haciendo que cualquier humano luciera como una hormiga, su rugido se escuchó en toda la ciudad, Sota saltó hacia él, el dragón escupió veneno en su dirección, pero el monje la evadió, corrió hacia el templo tomando un par de pergaminos y mientras se defendía de los ataques del dragón dejaba caer los pergaminos haciendo un pentagrama invertido alrededor del mismo. – Deja de jugar, humano, nadie sobrevive a mi veneno, dame la perla si quieres que le perdone la vida a la niña.
-No y tampoco te dejaré escapar, aquí mismo te sellaré, bestia. – Sota Higurashi no podía respirar bien desde hace algunos minutos, su cuerpo se ralentizaba y sabía que caería desmayado por el veneno en cualquier momento, si deseaba salvar a su hija debía actuar rápido y rogar a Kami que alguien la encontrara pronto, el youkai le golpeo con su garra una vez más. Empujándole unos metros lejos de él, la espalda repleta de arañazos, veneno y sangre le escocia, se levantó tomando su espada, pegó el ultimo pergamino en ella, debía enterrarla en el dragón pero sus movimientos eran lentos.
-Morirás – susurró el youkai dragón abriendo sus fauces hacia él, Sota no debía dejar que saliera del pentagrama, corrió hacia él con la espada en alto.
-¡Papá, no! – el grito de Aome le dio valor, aunque no pudo ver como su hija corría hacia él con el rostro lleno de lágrimas, el youkai volvió su cabeza hacia ella, intento atraparla con su garra, sin embargo la niña desapareció antes de ser tomada, en el mismo instante en que el monje clavaba su espada en el corazón del dragón, alguien le sostenía, alguien le había tomado saltando nueve metros hasta allí, sin embargo no le vio, tomo todo su reiki para envolver el youki del dragón y sellarlo para siempre en su espada. - ¡Papá! – el llanto de su hija llegó a él mientras era depositado en el suelo, jadeo, la espada vibraba intentado deshacer el sello.
-Nunca saldrás, te sellé con mi vida, youkai.
-¡Papá! – Aome fue depositada junto a él, la niña completamente asustada se abrazó a su padre, Sota le abrazo y por primera vez observo a los dos youkais.
-Vine para devolver el favor, te debo una vida, monje – Koga se agacho para quedar cara a cara con el monje, había sido él quien adivinando lo que el monje se proponía le había tomado del costado empujándole al pecho del dragón, mientras su general alejaba a Aome del combate. – Los llevare a un hospital, ambos serán sanados.
-Esas son dos vidas, youkai… - Sota sonrió sintiendo demasiado frio, acariciaba el cabello de su hija con suavidad.
-También lo fue cuando salvo a mi esposa e hijo – Koga extendió su mano hacia él – Mi nombre es Koga, ahora, permíteme cumplir mi palabra.
-No me queda mucho – negó el monje con un suspiro y sus ojos se dirigieron a Aome – Estarás a salvo, papá siempre estará contigo. – Beso la frente de su hija y luego tomó su manita llevándola hacía el youkai. – Si quieres quedar en paz, sálvala a ella, Koga.
Koga observó con tristeza al monje, aun así tomo a Aome en sus brazos.
-¡Papá! – chilló ella.
-Por mi honor, juro que la salvaré – dijo mirando al monje y luego al general – Sanalo, pronto.
-No… - susurro el monje antes de caer inconsciente.
-Sí, haré lo que en mi dependa. – afirmó el general tomando en brazos al monje y la espada y empezando a correr.
Koga también corrió, rápido y aún más rápido cuando la niña en sus brazos se desmayó.
-Aome, por favor resiste – pidió antes de entrar al hospital.
Dos horas habían pasado, dos horas en el que habían drenado el veneno en el cuerpo de pequeña Aome y luego de un intento fallido del cuerpo de Sota Higurashi.
Las peores palabras, pensó Koga, no fueron "hora de muerte", sino la canción que cantó el monje antes de expirar, cuando tomó la mano de su hija inconsciente luego de que sanaran sus heridas, minutos antes de fallecer por falta de reiki, por mantener la espada sellada en un lugar con youkais.
Koga nunca olvidaría la canción.
Koga nunca olvidaría el llevar a una inconsciente Aome con la espada al hospital donde estaba Naomi Higurashi con su suegro y un pequeño bebé en brazos.
Nunca olvidaría el llanto, el dolor, la rabia de los humanos y el intento de ser purificado por el anciano monje Higurashi.
-¡Tú lo mataste! – exclamó el anciano sacándolo del hospital, a pesar de haberle explicado lo sucedido. - ¡No quiero que te acerques a mi familia! ¡youkai homicida!
-No… yo…
-Koga, vamos – fue el general quien le obligo a marcharse. – Déjalos llorar.
Koga se dio vuelta, pero no sin mirar atrás, no sin hacer que el general prometiera vigilarles por su bien, por su promesa al padre de Aome, de la mujer que en algún momento amó.
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Años habían pasado desde aquello, el general Chang seguía en su labor en el hospital, casi había olvidado el incidente Higurashi, como solía llamarle. Cuando un alboroto llegó a sus oídos, sollozos y sangre. Salió de su consultorio y preguntó a su secretaria.
-¿Qué ocurre? ¿Por qué tanto alboroto?
-Una humana ingreso con un anciano, un monje, aparentemente atacado por un youkai, está pidiendo ayuda. Las enfermeras creen que es grave pero el seguro de la mujer no cubre nuestros servicios, es el rumor que circula, señor.
-Tonterías – bufó el doctor Chango cerrando su despacho y caminando hacia la entrada del edificio mientras ordenaba – Alguien traiga una camilla. – el doctor intento no mostrarse sorprendido al reconocer el aroma, luego el rostro familiar de la señora Hgurashi. – Señora ¿Qué es lo que ocurre?
-Por favor, ayúdeme, mi padre fue atacado, está herido y es muy anciano, yo…yo lo pagaré, lo juro.
-Señora, el seguro que tiene no lo cubre, por favor márchese – dijo la recepcionista nuevamente, Juan Chang observo un segundo a las enfermeras quienes limpiaban las heridas del anciano monje.
-Ustedes, súbanlo a la camilla, alguien que prepare una habitación, yo mismo lo atenderé – ordenó haciendo que una exclamación general invadiera la sala, el doctor se dirigió a la señora Higurashi – Lo atenderemos, no se preocupe, por favor vaya a la sala de espera. – dijo con amabilidad llamando a una hanyou para que la guiara a un cómodo sofá.
El general Chang ahora el director y dueño de una clínica, había iniciado doscientos años antes a estudiar y practicar la medicina en youkais, hanyous y humanos, era su vocación, tratar con el anciano monje fue complicado desde el inicio por su historia, sin embargo Jun Chang no quería nada a cambio, realmente, su deseo durante los meses siguientes en los que siguió la recuperación del anciano Higurashi se basaban en su vocación y la promesa a Koga.
Sin embargo, Naomi Higurashi fue algo que no espero, su amabilidad, su gracia, la conexión inicial que atribuyo a mera simpatía y agradecimiento, con el tiempo, Jun desarrolló sentimientos hacia la mujer, con el tiempo gracias al monje todos los secretos fueron descubiertos y aun así, la relación funciono. Los sentimientos solo crecieron y la protección que quiso otorgar se volvió personal.
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AHORA
Había transcurrido una semana desde lo ocurrido, seguía hospitalizada, Sota había regresado a casa por la escuela y a regañadientes su madre por el trabajo, sin embargo le llamaban a diario, el Dr Chang y su hijo Yoshiro Chang, solían entrar y salir para verificar su estado, Shippo y Oyuki se habían dejado ver un par de veces.
Aome había tenido mucho en que pensar mientras se recuperaba, su abuelo estaba cada vez más enfermo y lo único que podían hacer era esperar según el Dr. Chang, ya le había preguntado un par de veces si había otro remedio y había sido en vano. Su madre aparentemente llevaba un par de años saliendo en serio con el youkai lobo, sabía por Shippo que estos youkais solían integrar rápidamente a sus parejas a la manada, que Jun Chang iba demasiado en serio con su madre y que si bien no había pedido su mano era porque sabía que de momento solo sería una incordia para ambas familias. "Y eso es mi culpa, en parte" le había dicho Yoshiro, que después de todo, no había estado muy de acuerdo los últimos 24 meses.
También había asimilado que su padre falleció por su culpa, por la perla, por defenderla de un youkai al que había sellado en una espada que su abuelo se había encargado de custodiar durante años, hasta que Sota a los catorce fue llevado al monasterio al que había pertenecido su padre y allí había sido entrenado como monje y con algunas técnicas de exterminador para mantener a salvo a su abuelo, su madre y a ella misma, al parecer Sota se encargaba ahora de la espada y su poder espiritual iba en aumento, Sota, su hermano pequeño, le había ofrecido hacerla más fuerte, entrenarla en el mismo monasterio con la condición de seguir las reglas que se imponían allí.
Era mucho para ella de momento, pensó, suspiro antes de abrir los ojos, a unos metros podía escuchar una voz cantar algo que le sonaba realmente familiar.
-Oh, my darlin', Oh my darlin', Oh my darlin' Clementine. You are lost and gone forever, Dreadful sorry Clementine. – siguió la voz con la mirada, en el mueble de la habitación se encontraba un youkai que a pesar de los años no parecía haber cambiado nada.- How I missed her, how I missed her, How I missed my Clementine, Until I kissed her little sister, and forgot my Clementine!
-¿Koga? – pregunto levantándose apoyada en sus codos, el youkai lobo le sonrió antes de colocarse en pie y acercarse a ella. - ¿Qué estabas cantando?
-Me alegra que despertaras, Aome – se detuvo junto a ella y la envolvió en un abrazo para luego acomodar la cama de tal forma que quedara sentada y pudiera recostarse, lo hizo con tal cariño que Aome solo pudo sentirse como una niña en brazos de su padre – Me quedé bastante preocupado el fin de semana, lamentablemente no pude venir a verte hasta ahora – suspiro tomando su mano con cariño – Cantaba una canción que escuche a un padre humano cantar a su hija para que se calmara, una vez hace muchos años.
-Mi padre solía cantarme esa canción cuando estaba triste – murmuro mirando ahora las manos del youkai, sonrió con suavidad y le miró – Me alegra volverte a ver, tardaste mucho.
-Demasiado para alguien que juró salvarte – suspiro el mayor negando, mientras pasaba una mano por los cabellos azabaches. – Tal vez ahora tengas edad para saberlo.
-¿Sobre la promesa que hiciste a mi padre? – preguntó alzando las cejas, Koga asintió – El Dr. Chang me contó sobre eso y creo que ya lo hiciste.
-Aome, eres mi amiga, eres especial, no me perdonaría si algo te hubiera pasado – gruño el youkai abrazándola, Aome lo abrazo, quería agradecerle y decirle que todo estaba bien, porque lo estaba, seguía viva, después de todo. – Matare a Sesshomaru por ponerte en peligro, si ese hanyou siguiera con vida yo…
-¿Qué hanyou? – pregunto separándose levemente del contrario.
-El hanyou oso que te lastimo, supongo que no lo sabes, Sesshoamru lo torturo hasta la muerte como precedente, un mensaje para quien ose meterse con el Oeste. – bufó – me habría gustado ser yo quien lo hiciera.
Aome sintió un ligero temblor recorrerle la espalda y aparto la mirada, por su culpa alguien había muerto.
-No debió hacer eso. – susurro, Koga iba a responder cuando la puerta se abrió dejando entrar al Dr. Chang.
-Buenos días, señorita Higurashi – saludo el youkai acercándose para examinarla cuidadosamente, unos minutos después parecía satisfecho – te recuperas exitosamente, pronto te daremos de alta, aun así, recomiendo reposo la siguiente semana.
-Claro, gracias – sonrió hacia el youkai quien tomaba una jeringa para administrarle la medicina.
Reposo, Aome se sentía bien y debía ponerse al día con la universidad, aunque quisiera reposar seguramente tenía una larga lista de trabajos y también debía entrenar con Sota.
-Bien, te recomiendo que uses el aseo, recibirás visitas hoy, el desayuno vendrá pronto – dijo con amabilidad el youkai de ojos violetas para luego mirar a Koga – Necesito hablar contigo.
-Vuelvo en un rato, Aome – sonrió Koga hacia ella antes de salir de la habitación.
Aome se colocó en pie con cuidado, camino despacio hacia el baño, las piernas le temblaban por la falta de movimiento, tenía el rostro pálido por falta de sol y el cabello alborotado, le dio la razón al Dr Chang y decidió darse una ducha rápida.
