Despertó después de estarse aguantando durante un buen rato las ganas de ir al baño, al sentarse sobre el colchón sintió una ligera molestia en su parte baja, pero nada con lo que no pudiese lidiar. Se mordió el labio al ver a Sasuke de espaldas, con el torso parcialmente descubierto por las sábanas y su cabello revuelto al igual que el suyo. Joder, sí que estaba buenísimo y él había podido disfrutar de un par de sesiones de sexo intenso con semejante hombre.

Le encantaba, lo quería, lo deseaba.

Sin duda, los cambios hechos en su vida estaban resultando para bien, empezando por su relación con ese apuesto individuo.

Cuando regresó del baño, vio la luz led de su teléfono brillar sobre la mesita y no pudo evitar preocuparse al recordar que lo había dejado en vibrador para que no los interrumpieran. Lo desbloqueó con dificultad debido a que el brillo era demasiado, en cuando su mirada se aclaró pudo a leer sus notificaciones con tranquilidad.

Uno de los tantos mensajes recibidos bastó para que decidiera no volver a la cama, tomara una ducha rápida y saliera del departamento haciendo el menor ruido posible. No quiso despertar a Sasuke para no tener que darle explicaciones, no sabría qué decir o cómo justificarse.

Tomó un taxi, el primero que encontró en cuanto salió a la calle, el chofer conducía en una combinación entre torpeza y prudencia. Cuánto se odiaba por no haber querido continuar con las lecciones de manejo, en este momento no tendría que depender de un tercero para llegar a su destino.

Pensó en pedirle el favor a Menma, pero descartó la idea de inmediato, le resultaba obvia la respuesta. Esto sin tomar en cuenta que se estaría poniendo la soga al cuello el solo. Definitivamente no.

Pudo pedírselo también a Sasuke, aunque la idea sonaba todavía más estúpida, ¿Cómo le pides a tu pareja actual que te lleve a encontrarte con tu ex en plena madrugada?

De ninguna manera.

Al poco rato de haber bajado del taxi, lo encontró, sentado en el borde de una fuente, lanzando pedacitos de pan a unas palomas que empezaban a llegar con los primeros rayos de sol a la distancia. Tardó al menos una hora en llegar después de haber leído el mensaje, esto sumado a que ya hacía rato que lo había recibido.

Una punzada le atravesó el pecho, detuvo su andar por inercia y negó fervientemente con la cabeza. El tipo que veía ahí no era ni de cerca el Gaara que conocía y del que en algún momento estuvo enamorado, su ropa de marca estaba desaliñada, su cabello rojizo no brillaba como antes y estaba echo un completo desastre. Supo de antemano que lo encontraría en estado de ebriedad, pero el tenerlo ya ahí, a unos cuantos metros, le causaba cierta consternación.

Se armó de valor para terminar de acercarse, quien sabe cuánto tiempo llevaba ya ahí solo. No podía culpar a la gente del bar por sacarlo después de que se pusiera pesado, la gente con alcohol encima llega a ser insoportable e irracional. Aunque tampoco era justificación, nada lo era.

Naruto deseó haber leído el mensaje un poco antes.

—¿Qué te estás haciendo Gaara? —comenzó a cuestionarlo en cuanto se sentó a su lado—. No fuiste a dormir a tu casa, ¿verdad? Lo sé por el mensaje que me mandaron para que viniera a recogerte, ¿Cuánto bebiste? ¿por qué no te comunicaste con tus hermanos para que vinieran por ti?

Naruto lanzaba una pregunta tras otra y a ninguna el pelirrojo respondía, lo cual conseguía frustrarlo un poco. Los ojos turquesas estaban fijos en el suelo en el que caminaban las palomas, del pan ya no quedaban más que pequeñas migajas.

Esperó pacientemente a que Gaara se animara a hablar.

—Fui a… fui a ver a mi padre —dijo al fin, con la voz atropellada a causa del alcohol—. Dice que m-me parezco a él.

—¿A qué te refieres? —le habló en un tono suave. Dios, le era difícil verlo así—. Físicamente sí, pero bueno eso es lo más lógico. Eres su hijo así que…

—N-no fue por eso —Gaara levantó la mirada finalmente, como era obvio la tenía enrojecida y entrecerrada—. Sino porque los dos estamos jodidos, cada uno a su manera hip claro está, lo cual no hace ninguna diferencia.

—No digas eso, Gaara. Tú aun tienes una vida por delante y en libertad a comparación de él —sus palabras fueron un intento de darle ánimos, pero considero que por ahora lo más importante era llevarlo a casa— ¿Dónde vives ahora?

—En… un departamento cerca de la zona industrial.

—Bien, tomaremos un taxi hasta allá.

El trasladarlo para la dirección que le proporcionó no fue el mayor de sus problemas, sino bajarlo del taxi una vez que llegaron a su destino, pues Gaara se quedó dormido en alguna parte del trayecto y despertarlo estaba siendo una tarea titánica hasta el momento. Tuvo que sacudirlo varias veces para que reaccionara, por un segundo creyó que no lo haría, pero afortunadamente sí ocurrió.

Le pidió que se recargara en él para que pudieran llegar hasta su departamento. Ahí, la tarea más laboriosa estuvo en ayudarlo a encontrar las llaves entre sus bolsillos. Si su madre o Menma lo vieran en esa situación, no viviría para contarlo, por lo mismo no le había avisado nada a nadie.

Una vez que metió al pelirrojo en la ducha, se dirigió al armario y le escogió algo de ropa cómoda, fue ahí cuando decidió apagar su teléfono. Sería lo mejor hasta que estuviera libre de ese compromiso que el mismo se echó encima al haber acudido al llamado de Gaara.

No tenía excusa, eso era cierto. Sin embargo, no se sintió capaz de dejarlo abandonado a su suerte.

¿Qué pensaría Sasuke si se enteraba?

No quiso atormentarse buscando la respuesta a esa pregunta, esperaba que sus acciones no fueran a afectar su relación. No después de todo lo que ya han tenido que pasar para poder estar juntos.

En la cocina preparó un café bien cargado y se lo ofreció al chico que, ya no tan ebrio, yacía sentado sobre el sofá, como intentando ubicarse en el tiempo y espacio.

—No puedes seguir así, Gaara —dio inició a su lluvia de consejos y reprimendas, para entonces el sol ya hacía su aparición completa de entre los edificios—. Debes parar.

—¿Para qué?

—¿Cómo que para qué? —cuestionó incrédulo—. Para que estés bien, para que puedas continuar con tu vida, salir adelante por ti mismo, por tu familia, por tu madre que te adora igual que a tus hermanos. ¿No te parece suficiente motivación?

—No —respondió, muy seguro de sus palabras.

—¿Por qué? —se sentó a su lado, intentaría escucharlo para poder aconsejarle de una mejor manera. Si estaba en sus manos ayudarle una última vez, lo haría con gusto— ¿Qué es lo que necesitas para poder hacerlo?

—Estoy solo ahora, Naruto —«y ebrio» quiso añadir el rubio, pero se abstuvo de hacerlo—. Sin Lee y sin ti, pero tú aun me quieres ¿cierto? Tu siempre me has querido.

Se le encogió el corazón un poquito ante esa pregunta, Gaara se veía como un niño pequeño muy necesitado de amor, comprensión, cariño y atenciones, o quizás era él quien ya estaba alucinando al verlo de ese modo. De sentirse conmovido, pasó a sentirse enfadado, tanto consigo mismo como con el pelirrojo.

Claramente quería manipularlo de esa manera, mostrándose vulnerable, solo, herido. O quien sabe, a lo mejor su exnovio de verdad se sentía así pero no era su obligación reparar lo que no rompió. Si Menma estuviera ahí seguro que se reiría de las condiciones en las que el gran Sabaku no Gaara había estado horas antes, y de cómo ahora parecía un cachorrito abandonado a su suerte.

La cosa es, que Naruto no era como su gemelo.

—Siempre voy a sentir algo de cariño por ti. Fuiste alguien importante para mí y aunque me heriste, no soy de guardar rencor ni mucho menos odio —le aclaró con suma delicadeza, no era un te amo, pero tampoco un te odio bastardo. Solo estaba tratando de mantenerse amable.

Gaara sonrió a medias, la curva en sus labios fue apenas perceptible para el rubio, por lo que supuso que sus palabras sirvieron de algo.

—Quédate conmigo —pidió, deslizándose sobre sofá para acercarse más y más. No quería estar solo, anhelaba conservar el amor del rubio al menos, si no podía tener a Rock Lee de vuelta entonces… —. Perdóname, Naruto. Dame la oportunidad de reconstruir lo nuestro, te lo ruego.

—¿Qué?

Naruto sintió un cálido roce en su mejilla izquierda, eran los dedos de Gaara delineando su rostro con ternura o en un intento de ella. Sus músculos se tensaron en cuanto aquel se aproximó a él más y más.

Tenía que ser un sueño. No. Una pesadilla.

Los ojos turquesas se mantenían fijos en su persona, suplicando en secreto su perdón. Instantes después, pudo percibir el aliento alcohólico mezclado con la menta de la pasta dental sobre sus labios.

Gaara lo besó.


En cuanto despertó buscó a Naruto por todos los rincones de su departamento, empezó por el baño, luego por la sala, después a la cocina y así estuvo por un par de minutos. Su hogar tampoco era muy grande, así que rápidamente pudo darse cuenta de que Naruto se había ido.

¿A dónde?

Revisó su teléfono en busca de algún mensaje o llamada perdida suya, pero no tenía nada. Únicamente un mensaje de Itachi solicitando su presencia en la oficina a la brevedad posible, seguramente para tratar detalles sobre un negocio que apenas estaban por concretar

Maldijo por lo bajo y tuvo que irse a dar un baño rápido, contactaría a su rubio novio en el camino. Quiso mantener su mente enfocada en que regresó a su casa para evitarse problemas con la madre o el esplendido gemelo malhumorado, si la razón era esa entonces todo estaba perfecto. Lo entendía.

Y… ¿si no?

No, no. Era eso, tenía que ser eso.

Naruto le había dicho te quiero, se dedicaron a amarse durante horas anoche, todo estuvo genial para ambos, porque así fue… ¿o no?

No quiso desayunar nada, aquello implicaría perder más tiempo y justamente estaba corto de él. Se arregló a las prisas, dejó la cama descompuesta, había trastes sucios en el fregadero y en su mente un torbellino de dudas, pero no podía detenerse a solucionar nada por ahora.

Aprovechó un semáforo en rojo para escribirle rápidamente a Naruto, la respuesta le llegaría pronto. Claro que sí.


En cuando Gaara entreabrió los labios y trató de colar la lengua en su boca, Naruto lo empujó, lo suficientemente fuerte para regresarlo al espacio en el que estuvo sentado momentos antes de que se acercara.

Se pasó el dorso de su mano izquierda por los labios, limpiando los restos de saliva que aquel asalto a su persona había dejado. Lo invadió la repulsión y un sentimiento de culpa que no creía que pudiera llegar a sentir alguna vez.

—¡¿Qué demonios te pasa?! —exclamó colérico, una versión de Menma en su interior emergió de repente— ¡No puedes besarme cuando se te dé la puta gana! ¡Joder, Gaara! Así no puedo seguir siendo amable contigo. Me largo antes de que te tire los dientes de un… solo… ¡Adiós!

No dejó de reclamarle hasta que tuvo la manija de la puerta entre sus manos para marcharse de una buena vez. Para empezar, nunca debió ir, Gaara no se quedaría tan tranquilo luego de que estuvo tanto tiempo ignorándolo. Idiota, mil veces idiota.

—Naruto, no te vayas por favor.

—Ya cállate, llamaré a Shikamaru para que le diga a Temari que venga a darte una vuelta. Llegaste a mi límite —fúrico como ahora estaba, sacó su celular y lo encendió para hacer lo dicho antes de cruzar la puerta.

—Me gustas.

Dos palabras, simples y cortas palabras que bastaron para que se quedara de piedra en el mismo lugar.

El Naruto soñador de 16 años habría saltado en un pie durante horas y horas de la emoción que aquella revelación le causaría. No obstante, la persona en la que estaba convirtiéndose en el presente no le permitiría tal cosa, al contrario, lo percibió como un escupitajo en el rostro, como una falta de respeto hacia su persona, como una burla. Una mentira más.

Quería mantenerse empático, por dios que lo intentaba, pero Gaara se lo ponía demasiado difícil.

—Me gustas. Ahora me doy cuenta de que sí —siguió hablando aquel, ajeno a la lluvia de pensamientos intrusivos que se presentaban en la cabeza de su expareja.

—Estás demente, solo así podría justificar lo que dices.

—No, Naruto. Escúchame una última vez, por favor —suplicó al borde de la desesperación.

El rubio cerró la puerta y se recargó contra ella, el ser indulgente con los demás generalmente le tría problemas, mas no podía mostrarse apático ante el sufrimiento ajeno. Era consciente de que el pelirrojo requería ayuda, mucha más de la que él le podría dar. Se prometió a si mismo que sí, esta sería la última vez.

—Habla ya.

Pudo ver una sonrisa ligera en los labios del otro, como agradeciendo la oportunidad de dejarle hablar.

—Escucha. Sé que me he portado como el peor de los seres contigo, sé que te mentí, te fallé, traicioné tu confianza y jugué con tus sentimientos. Quiero que sepas que no hay día en el que no me arrepienta de todo lo que te hice, que me odio a mí mismo por no haber visto a tiempo el maravilloso hombre que tenía a mi lado desde hace mucho —ya de pie, intentó acercarse al rubio, pero este le dirigió una mirada de advertencia y prefirió mantener su distancia—. Si me aceptas de nuevo, te prometo que todo será diferente. No voy a volver a dejarte solo, encontraré la manera de hacer las paces con tu familia —Naruto rio amargamente por lo absurdo que sonaba cada una de las frases que le decía, aun así, lo dejó continuar—. Me siento atraído por ti, por tu sonrisa, tu vitalidad…-

—Pero no me amas —le cortó de tajo.

—No, pero eso se puede dar con el tiempo.

—¿Y Lee? ¿Lo has olvidado?

—No entiendo que tiene que ver él en todo esto. Somos solo tu y yo aquí y ahora, ¿no es suficiente para ti?

La molestia en el tono de voz que Gaara empleó esta vez fue bastante notoria, de hecho, quería evitar tocar ese tema. Sin embargo, Naruto tuvo que sacarlo a colación.

—No. No lo es, Gaara

—¿Por qué no? —cuestionó, alzando la voz.

—Porque ya no me interesas, ¿ok? —declaró, tratando de no sonar grosero. Cruzó los brazos y dejó escapar todo el aire contenido en sus pulmones, tenía que ser razonable—. Te amaba, de una forma muy estúpida, ciega e inmadura, pero lo hice. Ya no más.

—No era tan fuerte tu amor entonces —le reprochó.

—Mira, no me vengas con eso ¿tienes idea de cuantos desplantes te soporte? ¿de cuantas veces justifiqué tus acciones? —esperó para ver si se atrevía a agregar algo, mas no dijo nada—. Por un lado me pides perdón, mientras que por el otro minimizas lo que me hiciste, no tiene sentido lo que haces. Y el que en este momento estés tratando de convencerme de quedarme contigo, solo aumenta al daño. Sigo siendo tu segunda opción, tu plan B, y me duele que creas que estoy obligado a aceptarte. No estás siendo justo Gaara.

—La vida es injusta Naruto. Yo no planeé todo esto solo, no fue mi idea y aun así estoy padeciendo como si lo fuera, joder —pateó lo primero que tuvo al alcance, una lampara cayó de una mesita rompiéndose en el acto—. El patrimonio de mi familia se ha ido a la mierda, Rock Lee está con alguien más, tú me dejaste por… Sasuke —casi escupió el nombre— ¿Cómo quedo yo entonces?

Los verdaderos sentimientos de Gaara comenzaban a salir a la luz, cualquier cosa era mejor que quedarse solo. Y aunque a Naruto sí le ofendía el darse cuenta de ello, trataría de hacerlo razonar, con un poco de suerte a partir de ahí podrían hablar con verdadera honestidad.

Enseguida escribió un par de mensajes y los envió.


Mientras su madre platicaba animadamente con sus tíos, durante el desayuno en el comedor de la casa, Menma reprimía su preocupación por el hecho de que su gemelo ingenuo no llegara a dormir anoche. Si bien no era la primera vez, su inquietud estaba justificada, Naruto se notaba ilusionado de nuevo; desde su perspectiva estaba tropezando con una piedra muy similar a la anterior, pero al rubio le importaba un pepino su opinión y todo el conjunto de advertencias que le había hecho en más de una ocasión.

¿Qué manías masoquistas eran esas de complicarse la vida con algo tan fugaz como el amor?

¿Qué se gana perdiendo el tiempo en relacionarse de forma romántica con otro?

Dolor, decepción y un profundo odio contra el mundo.

A él ya se la jugaron una vez y con eso tuvo suficiente. Un hombre vino y se hizo el lindo con él, para luego dejarlo en un mar de confusión y dudas. A pesar de todo aquello, el sexo siempre fue realmente bueno. Su relación se basaba en eso, sexo duro y relajante, por desgracia Menma no pudo evitar desarrollar sentimientos por ese ser y bueno, así como vino, se fue. No venía al caso ni recordar su nombre.

A partir de su mala experiencia, se mantuvo hermético, más de lo que ya lo era. Sus amistades se redujeron, se tiñó el cabello y se enfocó en lo verdaderamente importante. Su futuro y el de su familia.

Así que ahí estaba, desayunando con calma, asintiendo o haciendo gestos de vez en cuando fingiendo poner atención a la conversación, hasta que su celular vibró.

Tengo un asunto pendiente que arreglar, volveré a casa más tarde de lo previsto. Dile a mamá que estoy bien.

Era Naruto.

Como siempre dejándole el paquete de recadero para no tener que lidiar con los regaños de Kushina, por lo menos hasta que volviera la casa. Quería creer que a su gemelo le irá bien, que Sasuke no lo lastimará, que se pueden fiar de él. En serio quería. Sin embargo, estaba tan acostumbrado ya a desconfiar que le parecía imposible.

Itachi le había hablado bien de Sasuke, el hombre siempre estaba abogando por su hermano menor y en parte eso le agradaba, se sentía identificado de alguna manera con él.

Itachi.

Un ejemplo bastante único de integridad y buenos modales, realista, enfocado y… atractivo.

—Mierda —musitó, masajeándose las cienes. No le gustaba para nada cómo había comenzado a sentirse al respecto.

—Perdona, ¿dijiste algo? —le preguntó Nagato a su costado, por un momento se le olvidó que no estaba solo en la mesa.

—Nada importante —agitó su mano restándole importancia al asunto— Voy por una cerveza a la cocina, ¿quieres una?

—Pero Menma, son las 10 de la mañana —Nagato habló entre preocupado y escandalizado por el ofrecimiento de su pariente—. Deberíamos irnos a la oficina.

—Sí, una vez que me tome mi cerveza, ¿quieres o no?

—Está bien.

El pelinegro se encaminó a la cocina, precisaba de un buen trago para poder procesar sus ideas. Aceptar en su fuero interno que Itachi Uchiha le gustaba como algo más que un amigo o compañero para tomar el café en las tardes.


Luego de aquel momento en el que ambos se exaltaron un poquito, los ánimos se relajaron y pudieron dialogar como dos personas civilizadas en el comedor. Gaara preparó un desayuno sencillo con lo que encontró en su cocina y Naruto le ayudó a poner la mesa.

En el ambiente reinaba la tranquilidad ahora. No funcionarían nunca como pareja, pero como amigos las cosas pudieron ser distintas.

—¡¿Lee y Neji?! —Gaara asintió con pesadumbre—. No, debes estar confundido porque… —Naruto no supo qué argumentar, no conocía bien a Lee, menos a Neji, por eso no podía asegurar que no tuvieran algo. Pero las únicas pruebas no eran más que noticias y chismes de la red que también vio tiempo atrás— Ay pues porque no creo que Neji sea el tipo de hombre que mantiene oculta una relación, sobre todo con las especulaciones de la prensa.

—¿Entonces por qué no lo ha desmentido?

—Pues… no lo sé, por falta de tiempo, porque no le importa mucho lo que la gente diga… ¡yo que sé!

—O porque es verdad y simplemente no quiere dar detalles —el pelirrojo no terminaba de acostumbrarse a hablar de ese tema con el rubio. Menos después de todo lo ocurrido. Sin duda Naruto vale oro y tarde se dio cuenta.

—Ok, va —dejó sus cubiertos en la orilla del plato y preparó su mejor réplica—. Supongamos que lo que dices es cierto, ¿Por qué te molestas? No esperarás que Lee se quede estancado y soltero por el resto de su vida, ¿o sí?

—No… —le respondió de inmediato, aunque no muy convencido.

—¿Has hablado con él?

—Quería hacerlo, pedirle disculpas, pero cómo si Neji siempre está "mágicamente" con él.

La situación se complicaba, tampoco es como que el Uzumaki pudiera darle falsas esperanzas entorno a Lee. Gaara la regó en grande y eso nadie podría cambiarlo, lo que sí haría una diferencia serían las decisiones que tomara a partir de ahí. Si quería seguir en el mismo agujero o no.

—En conclusión —Naruto se rascó la cabeza nerviosamente, no poseía una solución mágica ni nada parecido, solo quería ayudar—. Yo no sé si entre ustedes quede algo que se pueda arreglar, no conozco su historia y siendo sincero no quiero saberla, pero no puedes pretender que una disculpa lo arregle todo. Las acciones valen más que mil palabras, Gaara. Si de verdad estas arrepentido tiene que notarse, debe haber un cambio en tu persona, uno para bien claro está. Asume tu consecuencia y conviértete en un hombre digno, alguien capaz de amar a plenitud y así, tal vez, algún día, puedas tener una oportunidad con Lee de nuevo. Y si no, debes seguir adelante.

Gaara evitó mirarlo a los ojos, ya bastante vergüenza sentía de si mismo. El rubio tenía la boca llena de razón y él poca fuerza para mantenerse inmutable en este punto.

—De verdad hablas mucho —añadió.

Naruto se encogió de hombros y sonrió.


—Hey, Sasuke.

La pronunciación de su nombre y el chasquido de dos dedos frente a su rostro, bastó para traerlo de vuelta al presente.

—¿Eh? ¿Qué?

Itachi dejó los documentos a un lado, con su hermano divagando por otro lado no podrían avanzar para nada. Algo andaba mal ahí.

—Te noto preocupado ¿Pasa algo?—se animó a indagar.

—No, no es nada —Sasuke sacudió la cabeza como si con eso pudiera alejar los malos pensamientos que lo embargaban— ¿Me decías?

—Te comentaba que llamó mamá, está organizando una subasta de algunos de sus cuadros y los de otros artistas de la ciudad a beneficio de una casa de día. Quiere que Naruto le ayude con algo creo, pero al parecer no le entran las llamadas —no era eso de lo que conversaban, pero no tenía caso hablarle de trabajo ahora. Por eso prefirió cambiar el tema de raíz.

—Sí, las mías tampoco —contestó inconscientemente.

A Sasuke le gustaría decir que se quedó tranquilo una vez que recibió un mensaje de Naruto hace aproximadamente una hora, mas no era así. Se encontraba más inquieto que antes, su mente iba a mil por hora, ya había imaginado los peores escenarios o eso creía, la verdad es que conforme pasaba el tiempo peores ideas surgían de la nada y le atormentaban.

¿Qué demonios tenía que hacer Naruto con Gaara?

¿Por qué

¿Cómo?

¿Qué hacían?

¿De qué hablaban?

No desconfiaba de Naruto, sino de aquel individuo necio que alguna vez consideró su mejor amigo. Sabía muy bien que la obsesión de Gaara con el rubio no iba a desaparecer de buenas a primeras, a pesar de que ya supiera que era su novio.

Celos.

Rara vez en su vida los sintió y ahora que los experimentaba en una relación amorosa, no tenía idea de cómo lidiar con ellos sin volverse loco en el intento.

—Así que es eso —comentó Itachi sonriendo con burla disimulada— ¿Problemas en tu noviazgo?

—No que yo sepa —y era cierto, no sabía si existían problemas entre ellos.

—Ay hermanito, hermanito.

—¿Qué? No me jodas ahorita Itachi. Solo vamos a trabajar en paz ¿quieres?

El mayor no insistió en el asunto, probó a darle un voto de confianza a su hermano para variar un poco el tema y animarlo a contarle sus problemas en el futuro.

—Sasu, ¿Te parece que soy muy viejo?

—¿Viejo? —levantó la mira de los documentos que empezaba a revisar y enarcó una ceja— ¿Como para qué?

—Bueno —lo meditó un instante, tal vez no se estaba dando a entender—, me refiero a en forma general, ¿te parezco viejo?

—No inventes Itachi, apenas andas rosando los 30. Eso no es nada.

El aludido sonrió satisfecho, aceptando de buena gana las palabras de su hermano. Al menor se le hizo raro su interés en algo tan superfluo como la edad o su aspecto, Itachi no se interesaba en esos detalles, lo que sin querer despertó su curiosidad.

—¿Me vas a decir por qué la pregunta?

—Muy sencillo. Es porque me gusta Menma —reveló.

Sasuke abrió los ojos de par en par, tosió un par de veces y esperó a que su hermano le dijera que era una broma, que solo quería ver su reacción ante semejante revelación y que le mostrara el punto de la oficina en el que se encontraba la cámara escondida. Cosa que no sucedió.

Las veces en las que él lo había molestado con el tema, solo lo hacía por joder. Jamás creyó que se convertiría en una realidad, ni que se lo confesaría así como si nada.

Itachi se reía internamente, logró sacar a su hermano de sus malos pensamientos y de paso declarar eso que traía atorado en su pecho.


Gaara mentiría si dijera que le bastó con la charla motivacional que acababa de tener con Naruto Uzumaki, pero al menos ahora tenía otra perspectiva de las cosas, de su situación y de su vida. Veía claramente sus errores y las posibilidades que aún tenía para tratar de remediarlos o, en su defecto, de evitar seguirla regando.

Asumiría sus responsabilidades, dejaría de victimizarse y en lugar de eso, reconstruiría su vida y su persona. Él no tenía por qué seguir los pasos de su padre, ni parecerse más allá del aspecto físico.

—¿Qué es lo quieres entonces? —preguntó. Era lo mínimo que podía hacer por Naruto después de todo lo que este había hecho por él, después de haberlo lastimado tanto antes e incluso actualmente. Por primera vez estaba tomando en cuenta sus deseos y opiniones.

—A Sasuke —respondió con una seguridad digna de envidiar—. Me enamoré de ese engreído sin darme cuenta, él me quiere y no deseó perderme la oportunidad de construir una bonita historia a su lado. Por eso quiero ser libre de amarlo sin que tú sigas interponiéndote.

Gaara exhaló al no saber cómo reaccionar ante sus palabras.


En las últimas horas de la tarde, llovía.

El cielo descargaba toda su furia contenida en esas oscurecidas nubes, pero Sasuke no dudó ni un segundo en dirigirse la casa de la familia Uzumaki en cuanto salió de la oficina. Había recibido un mensaje de Naruto diciéndole que lo esperaría allá.

Se preparaba mental y emocionalmente para lo peor, para terminar conduciendo bajo la lluvia torrencial de regreso a su departamento, maldiciendo internamente cuando una lágrima rebelde se escapara de sus ojos por la impotencia contenida. Al menos esta vez, no sentía haber perdido el tiempo. Lo vivido con Naruto le trajo días de alegría aun desde antes de que iniciaran una relación.

Detuvo el coche, apagó el motor y suspiró, todo estaba en manos de Naruto, no tenía caso que se agobiara tanto. Sea cual sea la decisión del rubio, no le quedaría de otra más que aceptarla y continuar.

Había llegado ahí con los pensamientos más pesimistas del mundo, ahogándose en su propio charco lodoso de emociones y sentimientos negativos. Cubierto de inseguridades y las sombras de malas experiencias del pasado, pese a que, por fuera, parecía ser el mismo de siempre.

¿Desde cuándo se volvió tan inseguro?

Justo cuando iba a guardarse el celular en el bolsillo para bajar de su auto, la pantalla se encendió para indicarle que acababa de recibir un nuevo mensaje. Lo desbloqueó y desplegó la barra de notificaciones, solo le tomaría unos segundos ver de qué se trataba. Aun sin tener el numero guardado ya entre sus contactos, lo reconoció de inmediato.

Era Gaara.

Ni bien terminó de leer el mensaje, cuando dos toquecitos en el cristal de la ventana lo obligaron a voltear. Ahí, cubierto con un paraguas transparente y su resplandeciente sonrisa, estaba Naruto, que seguramente lo vio llegar desde su balcón.

—Tonto, ¿Qué crees que haces? —le increpó mientras el cristal descendía.

—Cine, palomitas, refresco y besos sabor dulce y salado, ¿Qué dices? —preguntó, ignorando su pregunta anterior y agitándole un par de boletos casi en la cara.

—Supongo que no tengo opción —sonrió de medio lado, sus miedos se disiparon como por arte de magia—. Sube.

—Espera, voy a cerrar.

Naruto corrió enseguida con cuidado de no salpicarse los zapatos con el agua que se encharcaba en la acera. Por su lado, Sasuke lo observó girar las llaves en el portón de la casa, luego devolvió la vista a teléfono y releyó el mensaje.

Hazlo feliz.

Solo un par de palabras que no supo cómo interpretar, si como un comentario, una orden o una sugerencia. De lo que sí estaba seguro es de que no necesitaba que se lo dijera, pues ese era su plan desde el principio.

Fin


¡Hey! ¡hey! ¡hey!

¿Qué dijeron, ya es todo?

Pues no, falta el epílogo que viene dividido en dos partes pero… lo subiré entre lunes y martes, igual que el segundo capítulo de mi otro fic porque esta semana estuvo mortal, trabajo, escuela. En fin, la vida. No quería fallarles hoy y pues aquí está el capítulo final. Las dudas que hayan quedado, prometo aclararlas con el epílogo. Gracias por leer :3