Sasuke
Volvía de la oficina aflojándome el nudo de la corbata desde que salí del elevador, me sentía sofocado con ella pese a que no acostumbro ajustarla demasiado. Ya estando a escasos metros de la puerta, pude escuchar el sonido de la música proveniente del interior de mi pequeño hogar.
—Naruto —murmuré.
Claro que tenía que ser cosa de él, ¿de quién más si no?
A veces me pregunto en qué estaba pensando el día que le permití quedarse a dormir con regularidad, porque a partir de ahí fue como si le hubiera dado carta abierta a hacer lo que quisiera en mi departamento. De eso ha pasado un año, actualmente tiene invadido cada rincón, de la misma manera en la que invadió mi vida y mi corazón.
Cerré los ojos con fuerza antes de abrir, estaba preparándome mentalmente para encontrarme con el peor de los alborotos. Y es que, en los últimos meses, a mi novio se le había vuelto costumbre el traer a sus compañeros de universidad e improvisar minifiestas llenas de pizza, refresco, un poco de bebidas alcohólicas y música extraña. Música demasiado movida para mi gusto.
Despacio fui empujando la puerta y asomando la cabeza al mismo tiempo, pero nada. Todo en orden.
Justamente eso fue lo que más miedo me dio.
Entré sin hacer un solo ruido, cualquier locura que estuviera haciendo Naruto Uzumaki aquí dentro, lo atraparía en el acto. Me quité el sacó y lo lancé sin fijarme hacia el sofá, con lo que provoqué que algún objeto de cristal se cayera de ahí rompiéndose en pedazos. Lo supe por el ruido que emitió.
Estupendo, yo hablando de los desastres de Naruto y tal parece que ahora yo también soy una amenaza para mi propio departamento. Bendito efecto Uzumaki.
Fui por el recogedor y la escoba a la cocina, me estaba ahorrando el tener que volver por ellos una vez que corroborara lo que rompí. Avancé con desgano hasta encontrarme con una escena un tanto… conmovedora.
Naruto yacía profundamente dormido sobre el sofá de tres piezas, con un bolígrafo en una mano y su laptop encendida en la mesita de centro. Tenía la boca ligeramente abierta y el cabello despeinado, más de lo normal. Traía puesta ya su ropa para dormir, un pijama en tonalidad verde con la cara de una rana a la altura del pecho, la compró por internet hace unos meses y dio mi dirección para la entrega. Increíblemente, sus gustos raros ya no me sorprenden, siento que es como un niño atrapado en el cuerpo de un adulto.
Me dieron ganas de besarlo, pero consideré prudente limpiar primero los restos de un tazón con palomitas que estaba tirado en el suelo, muy cerca del sillón en el que mi rubio estaba descansando. A este chico podría pasarle un elefante encima y no se percataría de nada.
Es un caso perdido, pero es mi caso perdido favorito.
—Sasuke… e-espera… aquí no.
Lo escuché balbucear entre sueños mientras terminaba de recoger los últimos restos del tazón, no era la primera vez que lo oía hablar dormido. Antes me despertaba asustado en plena madrugada, hasta que me percataba de que se trataba de él y sus extraños sueños.
¿Con qué acto inmoral estará soñando ahora?
Pensé en lazarle uno de los cojines del sofá a la cabeza, a ver si así se despertaba y se ponía a terminar sus deberes de una buena vez, pero decidí no hacerlo. Lo despertaría de otra manera, por eso me recosté a su lado cuidando no aplastarlo.
—¿Por qué no? —le susurré en tono sugerente muy cerca del oído, luego paseé mis labios por la piel de su cuello y continué— ¿No te gusta esto?
Lo sentí estremecerse y mover su mano en mi dirección para apartarme. Me aguanté la risa.
—Cálmate, podrían vernos.
—¿Quién? Yo no veo a nadie aquí —proseguí, metiendo mi mano bajo su playera.
—Sa-sasuke, mi madre podría entrar a la cocina en cualquier momento y…
—Eres un degenerado, Naruto Uzumaki —le recriminé con tono severo y enseguida la mordí la oreja con suavidad.
Pegó un gritito y un salto, luego tiró manotazos a lo loco, como si alguien lo hubiera estado atacando hace un momento y necesitara defenderse. No pude más, me reí con todas las ganas del mundo, tanto que hasta el estómago me dolió un poco.
—¡TU! —exclamó señalándome indignado, furioso y completamente rojo de la cara.
—¿Yo qué? —dije de la manera más inocente que pude.
—¿Cuánto tiempo llevas jodiéndome mientras duermo? ¡pervertido!
—¿Pervertido yo? —le reclamé—. No soy yo el que fantasea con tener sexo en la cocina de la casa de su madre. Déjame decirte que eso bastante perturbador eh.
—¡Ay cállate!
Lo vi marcharse dando grandes zancadas hasta encerrarse en la habitación, si sigue así un día de estos va tirar la puerta y entonces se me irán todas las ganas de seguirle haciendo maldades.
Un par de horas más tarde estábamos mirando una película en el cuarto antes de dormir, ya sabía yo que no pensaba irse esta noche tampoco y por supuesto que la idea no me molestaba en lo absoluto. Compartir la cama con él se había convertido en mi momento favorito, de hecho, cuando tiene que irse a su casa porque su madre lo reprende por teléfono, termino extrañando hasta sus ronquidos o sentir sus piernas aplastarme en las madrugadas.
Claramente esto no se lo he dicho jamás. Debo salvaguardar mi dignidad.
El amor me volvió idiota y feliz, en más de un sentido.
Han sido dos largos años los que llevamos como pareja, sé que aunque Naruto parezca un completo desastre, el shampoo que usa es especial para su cabello rubio, que prefiere la comida chatarra por encima de una buena ensalada, que ama pasar los fines de semana por la noche mirando películas como ahora; etc.
También conozco a sus amigos, a aquellos cercanos como Shikamaru e Ino y sus compañeros de la universidad. Está por graduarse y lo no vi quejarse ni una sola vez por la carrera que eligió, pese a que a veces se fastidia con sus trabajos.
Pensé en todo esto mientras él me abrazaba recargado en mi pecho, sentí sus dedos acariciar mis piernas sobre las sábanas. Estaba extrañamente callado ese día.
—Menma está molesto con Itachi —me comentó al cabo de un rato.
—¿Ah sí? —pregunté acariciando sus cabellos— ¿Él te lo dijo?
—No, tampoco es como que haga falta. Cada que llega maldiciendo más de lo acostumbrado sé que es por eso. Lo que se convierte en suficiente motivo para escapar de ahí.
—¿O sea que por eso te quedaste a dormir conmigo?
—En parte.
—Oh, entiendo —agregué con indignación fingida—. Porque pasar tiempo con tu novio no es motivo suficiente.
—No es suficiente con que yo quiera —se apartó de mi para sentarse a mi lado, cruzó sus brazos y me evadió la mirada—, no puedo solo venir cuando yo quiera al departamento de mi novio —sus labios estaban más pronunciados al hablar, el tono sugestivo y cargado con una doble intención fue notable.
Sé lo que quiere, pero había estado postergándolo debido a que… bueno, no lo sé. En algún punto llegué a suponer que no sería necesario decir nada, Naruto ya dormía conmigo en ocasiones, ocasiones que se irían aumentando con el pasar del tiempo hasta que se quedara definitivamente. Incluso le di una copia de mis llaves.
Confirmé que no sería tan sencillo como pensaba.
Mi madre me lo hizo ver un día. Estábamos almorzando en su casa, Naruto y Menma también estaban ahí, Itachi aprovechaba para hablar entre líneas. Sin embargo, mi madre siempre ha sido y será más directa.
—Tu departamento es pequeño, Sasuke. ¿No te parece?
—Está bien para mí —respondí con simpleza.
—Pero no para una familia.
Me acuerdo que me atraganté con la comida, Menma escupió su bebida casi en la cara de Itachi y, Naruto… lucía como si hubiera querido enterrar la cara en el suelo. Al parecer algo habían platicado antes mi madre y él, por lo que en esa misma semana me citó para darme una larga charla sobre la vida, el tiempo y la importancia de valorar lo que se tiene. Ah sí, y recordarme que le gustaría que tanto Itachi como yo le demos nietos, lo cual es medio complicado considerando nuestra orientación sexual y que no estamos en un omegaverse.
Cabe destacar que en realidad yo no necesitaba de dicha plática, la decisión más importante de mi vida ya la tenía tomada y ella me ayudó a escoger aquello que cargaba celosamente en mi portafolio desde hace tres meses.
Sí, tres largos meses.
No había encontrado el momento ideal para pedírselo y temía que por mi vacilación Naruto hubiera empezado a hacerse ideas erróneas, como que no lo quiero o que no iba enserio. No deseaba revivirle viejas heridas ni inseguridades ya superadas.
Me levanté sin decirle nada, sé que debió estar a punto de reclamarme o algo parecido, lo conozco bien. Su rostro se relajó cuando volví a su lado, pero no dijo nada, pausó la película y me miró con curiosidad.
—Mi madre te adora —comencé a decirle una vez que me acomodé de vuelta en la cama—, te la ganaste desde el comienzo sin tener que esforzarte siquiera. Itachi dice que te admira por ser capaz de soportar y amar a alguien tan amargado como yo…
Naruto se rio a carcajadas.
—Y yo lo admiro a él por soportar a Menma. Mira que ese un logro todavía más grande.
Asentía a su comentario y me acerqué para acariciarle la mejilla.
—Será mejor que te grabes a fuego estas palabras porque no las repetiré —le advertí para que se hiciera una idea de lo difícil que era para mí lo que estaba por hacer.
—Sasuke, me estás preocupando ¿qué t…-
Colocando mi dedo índice sobre sus labios le pedí que guardara silencio, hizo un movimiento con su cabeza que me indicó que estaba de acuerdo.
—Roncas al dormir —comencé y él me miró estupefacto—, a veces te adueñas de la cama al punto de casi tirarme de ella, dejas los botes de ramen vacíos en la sala o donde se te ocurra y la ropa tirada en el piso —conforme le fui hablando, su entrecejo se fruncía de a poco. Supongo que sentía como si lo estuviese regañando y antes de que me interrumpiera…—. Pero cuando no estás, cuando vuelves a tu casa y no nos vemos en días, este lugar se siente tan vacío, la sala demasiado ordenada y la cama fría. Mis brazos extrañan estrechar tu cuerpo bajo las sábanas, mis labios disfrutar de los tuyos y mi cabello tus caricias en las mañanas, cuando crees que sigo dormido y no puedo reclamarte por tocarlo —un ligero rubor invadió su rostro y sonrió con vergüenza.
—Oye Sasuke, ¿a qué viene todo eso? —quiso saber.
—Naruto ¿Te casarías conmigo? —pregunté por toda contestación.
Abrí la cajita con lentitud y no hizo falta que dijera nada más, Naruto tomó el anillo con devoción infinita entre sus manos, lo observó a detalle como si creyera que no era real. Se lo colocó de inmediato aun cuando mi intención era hacerlo yo mismo, luego levantó la vista hacia mí.
Tenía sus ojos más brillantes que nunca, quizás por las lágrimas que se juntaban en ellos. Eran lágrimas de absoluta felicidad y por eso, estoy seguro de que aquel sábado tomé la decisión correcta
.
.
.
.
Tres meses después…
Naruto
Cuando era solo un niño ingenuo soñaba con que, cuando estuviera por casarme, me sentiría dichoso y amado por la persona que fuera mi pareja. Que viviría una historia de amor como la de mis padres, aunque claro, esperando que la mía tuviera un final feliz.
Sin embargo, después de mis decisiones equivocadas y malos tragos del pasado, creí que era momento de cambiar de idea, de ser más maduro, más realista. Pero seamos sinceros, la realidad casi siempre supera a la ficción.
Ese es mi caso:
No solo voy a casarme en unos días, sino que me siento completamente amado por él.
Por Sasuke.
Cada que alguien me preguntaba cómo lo conocí, no podía evitar reírme y rascarme la mejilla con cierta pena. La historia es larga, turbulenta, confusa y parece sacada una telenovela de esas que tanto le gustan a Mikoto, mi querida suegra. Pero así es.
La semana pasada me encontré a Temari y Shikamaru con su pequeño hijo, Shikadai. Recientemente cumplió un año, camina, dice algunas palabras y es un niño muy educado, claramente eso es gracias a ella.
—Gaara le envía juguetes, no sé para qué manda tantos si este niño lo único que quiere es dormir —me contó Temari ese día—. Mi hermano lo está consintiendo demasiado.
También me platico que Kankuro había comenzado un negocio en el extranjero siendo apoyado por su hermano menor. Que a ambos les iba bien allá y que Gaara deseaba enviar un regalo de bodas para Sasuke y para mí. Yo me reí, no por burlarme, sino por las vueltas que da la vida.
Hace mucho que no escuchaba hablar de él, de hecho, la última vez que lo vi fue aquella mañana en la que hablamos largo y tendido. Dijo que cambiaría, ahora sé que lo hizo y me da gusto. Tanto Sasuke como yo, deseamos que sea feliz donde quiera que se encuentre.
Tengo entendido que ellos dos no volvieron a tener comunicación.
A Rock Lee me lo encontré alguna vez en la calle, fue tal como el día en el que nos conocimos. Íbamos distraídos y chocamos de nuevo, en cuanto me reconoció quiso huir de mi pero no lo dejé. Platicamos mucho, aclaramos tanto, me pidió perdón de mil formas e inclusive intentó arrodillarse 100 veces, obviamente yo no se lo permití, creo firmemente que no me correspondía juzgarlo. Me dijo que estaba saliendo con Neji, decidió darse una oportunidad para intentarlo con él al año de todo lo acontecido con Gaara, por desgracia y según las noticias y chismes de la red, la relación no duró mucho.
A Neji lo he visto porque a veces acompaño a mi madre a esas reuniones que nunca llegaran a gustarme, en una de ellas se acercó a mí y me preguntó por Sasuke. Mi primera reacción fue ponerme la defensiva, no todos los días se te acerca el ex de tu novio para preguntar precisamente por él, pero me controlé y lo disimulé bastante bien.
Creo.
—Así que después de todo no me equivoqué —me dijo aquella noche, mientras tomaba una copa de la bandeja de un mesero que pasaba en ese instante.
—¿Con qué? —cuestioné al no entender sus palabras.
—A que sí eras tú la persona que vería en Sasuke todas esas cualidades que yo no pude. Aquel que sí fue capaz de enamorarse y enamorarlo —sonreí, luego me palmeó el hombro con gentileza —. ¡Felicidades! —enunció sinceramente y se marchó.
Si en estos momentos vinieran a preguntarme si me gustaría cambiar algo de mi pasado, la respuesta sería no. Un definitivo y rotundo No.
¿Por qué?
Porque si bien es cierto que sufrí, de la mano del gran capricho de mi vida venía la persona que me amaría por lo que soy. El hombre que no vio en mi un signo de pesos, que disfrutó de mi compañía sin darse cuenta, que me abrió las puertas de su casa y me presentó a su familia. A veces pienso que Sasuke y yo parecíamos novios incluso antes de serlo.
Somos polos opuestos, pero nuestros cuerpos encajan tan bien y nuestras almas aún mejor.
Y ahora él está ahí, escuchando atentamente las indicaciones de Shizune junto a Itachi y Mikoto. Desde lejos los observamos, son cuestiones que deben dialogar solo ellos, pese a que siempre nos han dicho que nosotros también somos parte de la familia Uchiha.
—Si Mikoto quiere operarse, no creo que haya mucho que ellos puedan decir. Al final es decisión de ella —agregó mi madre levantándose para llevar las tazas vacías a la cocina.
—Es verdad —Menma la apoyó—, pero Itachi está preocupado por ella. No quiere que se haga falsas ilusiones y a la mera hora no obtenga el resultado esperado.
Solté una pequeña risa que mi gemelo malinterpretó.
—¿Cómo puedes estarte riendo en esta situación? —me reprendió entre dientes, creo que nunca dejará de actuar como si fuera mayor.
—No me rio de la situación, sino de ti —me incliné para apretujarle las mejillas—. Te ves tan tierno preocupado por tu amor, ¿Quién diría que después de todo si tienes corazón Menma?
Creí que me insultaría, me golpearía o me daría el sermón de mi vida, pero solo dijo:
—Itachi es un hombre por el que vale la pena arriesgarse, y en todo este tiempo Sasuke ha demostrado que también lo es. Más le vale seguir así.
Me quedé sin palabras, no quise arruinar el momento con alguna de mis tonterías, por eso sonreí y lo abracé como cuando éramos niños, como aquellos días en los que nuestra preocupación más grande era que mamá no nos dejara sin dulces si nos portábamos mal.
No me lo dice, pero sé que podré contar con mi gemelo siempre y es algo mutuo.
Di una última vuelta por toda la orilla del parque a gran velocidad, fui cuidadoso para ir esquivando a las personas que caminaban a mi paso, yo encabezaba a un grupo de niños al que enseñé a patinar durante el verano. Soy algo así como su héroe o ejemplo a seguir según me han dicho y para qué negarlo, eso hace que mi pecho se infle de orgullo.
Sin embargo, no soy uno de ellos, a mí a veces me duele la espalda o me truenan las rodillas y eso que apenas voy a cumplir 23 años, así que me detuve de a poco hasta sentarme en la banquita a un costado de Sasuke.
—¿Qué pasa? ¿Mi patinador estrella no puede seguir el ritmo de sus pupilos? —me preguntó burlándose de mi estado.
Yo levanté el puño en señal de advertencia y suspiré enseguida. Me sentía agotado por la universidad, mis prácticas, los asuntos de la boda -que originalmente iba a ser sencilla, pero mi madre y Mikoto tenían otras ideas, yo me dejaba llevar y Sasuke también, al menos esta vez no estaba solo en ese proceso-.
Los niños se acercaron hasta a mí.
—Naruto, ¿dónde aprendiste a patinar así? —el pequeño Konohamaru estaba verdaderamente intrigado.
—En realidad la estrella es él —expliqué señalando a Sasuke—. Gracias a él es que aprendí a patinar ya hace tiempo.
—¡Ooh! —dijeron los niños a coro.
—Pero no se hagan ilusiones, es un hombre sumamente amargado y solo yo sé cómo convencerlo de hacer ciertas cosas.
—Claro, diles cómo lo haces —Sasuke me dio un codazo retándome, supe que hablaba con doble sentido por la sonrisa ladina en sus labios.
—¡Con el poder del amor! —exclamé, estiré mis brazos para darle mayor impacto a mis palabras. Lo niños abrieron la boca admirados—. Pero ustedes continúen, yo ahorita los alcanzo, mientras me voy a morir un rato.
Ellos siguieron su camino y yo me desparramé en la banquita. Sin duda, estaba perdiendo el toque. Jodida vida de adulto.
Cerré los ojos en lo que mi respiración volvía a la normalidad, enseguida sentí los labios de Sasuke sobre los míos y me dejé llevar por su muestra de afecto. Me encantaba cuando él tomaba la iniciativa de besarme aunque estuviéramos en público.
—Te amo —confesé en cuando se apartó un poco.
—Definitivamente yo más.
Volvimos a nuestro departamento caminando por las calles cuando ya estaba oscureciendo.
—Naruto —lo escuché hablarme y dirigí mi mirada hacia él—. Ya que te gustan tanto los niños, ¿qué te parecería adoptar?
—¡¿Eh?!
La pregunta me tomó por sorpresa.
—No inmediatamente, me refiero a… 5 o 10 años en el futuro —me explicó.
—¡Me parece una idea genial! —admití entusiasmado— Pero… —él me miró con atención— ¿Qué le diremos a nuestro hijo o hija cuando pregunte cómo nos conocimos?
—Muy sencillo. Le diremos la verdad.
—Te refieres a…
—Sí, que su papá Naruto me arrolló un sábado en el parque por no saber andar en patines.
Le di un ligero golpe en el brazo, pero no pude evitar reírme con su ocurrencia. Sasuke había cambiado, era menos serio y más relajado, creo que tengo algo de culpa en eso. Le tomé la mano y el afianzó el agarre entrelazando sus dedos con los míos, no dijimos nada hasta llegar al edificio.
Tengo todas mis esperanzas puestas en esto que estamos construyendo juntos, y no tengo ninguna duda de que esta vez he elegido amar al hombre correcto.
Notas finales:
Cuando comencé a escribir esta historia, estaba a mitad de la trama de mi primer fic y dije ¿por qué no escribir una historia donde Naruto sea el que quiera estar con Gaara al principio?
Es así como surgió esto jaja
Qué puedo decir, llegué a un punto donde dije hasta aquí, no le encontraba el sentido porque siendo honesta parece telenovela mexicana. Es decir, está bien fumada xD
Bien, ahora que he sacado mis frustraciones quiero dar mis opiniones finales:
He quedado satisfecha, en la forma de que a pesar de que no quería seguirla, busqué la manera de sacarla adelante y me agradó el resultado. No me gusta dejar las cosas a medias, soy muy aferrada y perfeccionista a veces, entonces creo que ahora puedo seguir con mis otras historias más tranquila. Y hablando de mis otras historias, como sabrán hace dos semanas publiqué Humanos como tú (que está inspirada en una de mis canciones favoritas), acabo de actualizarla por si quieren ir a echarle un ojo.
¡Mil gracias por llegar hasta aquí!
